1.852: Napoleón IIIº

Las ventas al exterior de Méjico y Río de la Plata, que se decuplicaron, se habían hecho equivalentes en 40 años, a pesar de que las exportaciones de plata boliviana ya no pasaban por Buenos Aires, pero sí buena parte de la producción agroganadera argentina, destinada al mercado externo en gran medida. Situación intermedia era la de Colombia y Chile, que mejoraban muy lentamente, compensando con la exportación de cuero la crisis minera. Chile se vio beneficiado por la producción de cobre, cuya cotización se incrementó más que las de la plata o el oro. En 1.851 fue coronado el emperador manchú Jsien-feng. Al extenderse su revolución, el “rey celestial” Jung Jsiu-ch’uan proclamó el Estado de Dios sobre la Tierra. Se llevó a cabo en Londres una exposición internacional. La intención era mostrar los avances tecnológicos y productivos, y la cantidad de materias primas que el Imperio Británico estaba en condiciones de exportar al resto del mundo. Su interés era, por tanto, eminentemente comercial, desde una perspectiva propiamente capitalista. La muestra de materias primas de las que disponían para su venta era hacer jactancia de su expansión imperial. Como para vender se necesitan compradores, además de hacer propaganda sobre dicha exposición, que sería imitada por los países que querían seguir la senda de bretánica, tuvieron que invitar a otras naciones para que también expusieran su tecnología y productos, con lo que aseguraban la asistencia internacional que les permitiera realizar las apetecidas propaganda y publicidad, y las consecuentes transacciones e intercambios comerciales. El resultado fue una muestra propiamente planetaria. Junto a las materias primas se exponían rasgos culturales típicos, ilustrativos, delimitatorios, de cada país, de cada colonia, y, sobre todos ellos, la preeminencia tecnológica occidental, especialmente de Gran Bretaña, seguida de la estadounidense. Fue el pistoletazo de salida para la industrialización de Centroeuropa, Francia, Bélgica, el Norte de Italia y Escandinavia. Pero también para la competencia por la expansión imperialista. Para acogerla se realizó el Palacio de Cristal, primer edificio enteramente de hierro y vidrio, una especie de estufa o invernadero de inmensas proporciones, luminoso, caliente, en el que podían crecer las plantas, incluso las tropicales.

En su inauguración, el príncipe Alberto, rey-consorte de Gran Bretaña, expuso que se atravesaba una etapa de transición hacia el objetivo de la Historia Universal: la unidad de la Humanidad. El edificio y la exposición era una buena representación de ello. Aunque, desde hacía siglos, ya se empleaba fuera de Europa, particularmente en China y Japón, el aire a presión para eliminar las impurezas (escorias, cenizas, pero, sobre todo, exceso de carbón, oxidándolos, convirtiéndolos en gas o espuma ligera, que flotaba sobre el acero licuado) de la colada de fundido, fue William Nelly, en el Reino Unido, quien desarrolló el primer proceso industrial para conseguir acero de alta calidad. Otto von Bismarck fue designado representante de Prusia en la Dieta de Frankfurt. Intentó resolver la pugna por la dirección de la Confederación Germánica equilibrando las atribuciones y prerrogativas de Austria y Prusia en ella. Nasir-ud-Din, desde su coronación, apoyado en su Primer Ministro, Mirza Taki Chan, realizó en breve tiempo una serie de reformas espectaculares en Irán. Reorganizó el ejército siguiendo los esquemas occidentales. Intentó mejorar la economía y fundó en Tejerán la primera Escuela Superior. Sin embargo, inexplicablemente –quizás como resultado de reacciones tradicionalistas, o porque no se acababa con la sublevación babí, que fuese quizás el objetivo de dichas reformas- destituyó a su Primer Ministro y todo volvió a su situación anterior. En Bombay se unieron la Sociedad de Terratenientes y la Sociedad de la India Británica en la Asociación de la India Británica, que editó la revista “El Patriota Hindú”. Murió Rama IIIº, rey de Siam. M. Singer perfeccionó la máquina de coser. En Estados Unidos, en 1.852, Harriet Beecher-Stowe publicó “La cabaña del tío Tom”, que planteaba que podían existir esclavos negros buenos, cristianos, reflexivos, sentenciosos, que daban buenos consejos, colaboraban con sus amos blancos, e incluso los amaban, sobre todo a sus hijos, aunque éstos se comportaban con ellos con extrema crueldad, sádicamente. Es decir, que los negros podían tener “el alma blanca”, aunque los blancos se portaran con ellos, la mayor parte de las veces, como si tuviesen el alma negra, o, mejor, como unos desalmados. En pocas ocasiones una obra literaria ha tenido más consecuencias en aglutinar un estado de opinión colectivo.

Pasado más de un siglo, durante el movimento a favor de los derechos civiles para la población de raza distinta a la blanca (“de color”) la perspectiva había cambiado. Entonces la extrema bondad y resignación del “tío Tom” fueron consideradas demostración de cobardía, de colaboracionismo con los opresores blancos que hacía imposible conseguir la igualdad de derechos. Los que se comportaban como tales eran denominados “tío Tom” y se les marginaba, se les despreciaba e, incluso, en algunos casos, fueron objeto de discriminaciones, violencias y hasta asesinato. En sólo 4 años la situación en Europa había cambiado radicalmente. En el Parlamento francés los extremistas acosaban al Gobierno, con la ayuda de los monárquicos, que esperaban de ello la caída de la república. Anticipándose a los acontecimientos, Luís Napoleón Bonaparte organizó un golpe de Estado en su propio beneficio, tras lo cual convocó un plebiscito, al estilo de los de su tío Napoleón Iº, por el que concitó apoyo popular para proclamarse emperador, bajo el nombre de Napoleón IIIº, ya que su primo, el fallecido Napoleón IIº, con cuatro años de edad, había sido emperador durante unos días, desde que abdicó su padre hasta que fue destronado, ilegítimamente, por las tropas invasoras. Si como Presidente de la república se esperaba de Bonaparte un comportamiento moderado, entre otras razones porque debía apoyarse en los parlamentarios monárquicos, su título y nombre imperial resucitaron todos los temores, si no hacia la revolución, sí hacia un nuevo periodo de expansionismo napoleónico, que los hechos no harían sino confirmar. En base a todo ello Rusia se opuso a reconocerlo. Gran Bretaña vio entonces su oportunidad para acabar con la preeminencia rusa, reconociéndolo de inmediato, en lo que fue secundada por Austria y Prusia. De improviso, Rusia se había quedado aislada. Las consecuencias de la sublevación polaca y su represión comenzaban a mostrar sus efectos. Sin comprender la trascendencia de lo ocurrido, Rusia se implicó en un conflicto más, siguiendo su secular estrategia de expandirse a costa del imperio otomano, creyendo que iba a ser apoyada por sus antiguos aliados. Gran Bretaña, la primera en advertir el peligro de la influencia rusa, inmediatamente se opuso a tal actitud, con el apoyo, más o menos decidido, del resto de Estados europeos.

Europa, de modo poco consciente, olvidadas las penalidades de las guerras del cambio de siglo, y despreciando las ventajas del amplio periodo de paz, se encaminaba a otra larga etapa belicosa, en especial en el Este. Gran Bretaña y Francia coincidían en su deseo de evitar la Marina de guerra rusa en el Mediterráneo, aunque por razones distintas. La primera porque necesitaba mantener abierto Egipto, como país de tránsito de su comercio con la India. Y Francia porque deseaba seguir expandiéndose por el Norte de Africa. De modo que ambos pretendían unas buenas relaciones con el imperio otomano, para que no intentara oponerse a sus deseos. Austria buscaba la conquista de los Balcanes, que no deseaba compartir con Rusia. Menos aún porque la estrategia de ésta de debilitar a Turquía aventando los nacionalismos y las diferencias religiosas tenía inmediata repercusiones en sus dominios húngaros, italianos, polacos, balcánicos y checos. Y ya había experimentado gran dificultad para reprimir las primeras insurrecciones de este tipo. A esto se añadía la intención rusa de preeminencia contrarrevolucionaria, lo que colocaba a sus aliados en una posición de inferioridad. Esto irritaba a Austria, anteriormente impulsora del congreso de Viena y aspirante a dirigir un nuevo imperio alemán. Pero, sobre todo, a Prusia, que tenía la misma aspiración, y se veía con más fuerza y menos derecho para conseguirlo. En tales circunstancias, la llamada “cuestión de Oriente”, iba a acabar con un largo periodo de paz continental, trufado de insurrecciones revolucionarias. Durante casi 20 años Europa retrocedió hacia un resurgir de los enfrentamientos nacionalistas. De inmediato Francia y Gran Bretaña salieron en ayuda de Turquía contra Rusia. Al poco se les unió Cerdeña-Piamonte, que vio una oportunidad de conseguir inmejorables aliados en sus pretensiones de dominar toda Italia. Era el único Estado italiano que había podido mantener un régimen constitucional frente a los reaccionarios. Su Presidente del Consejo de Ministros, liberal y nacionalista burgués, el conde Camillo Benso di Cavour, había fraguado un plan que precisaba la participación en las decisiones europeas, ganándose a las naciones liberales y que apoyasen los nacionalismos. Austria y Prusia, que de ninguna forma deseaban un refortalecimiento de Francia, decidieron mantenerse neutrales, en principio.

Más aún Austria, dada la incorporación de Cerdeña-Piamonte a tal alianza, que hacía temer que, tarde o temprano, terminase enfrentada a ella por sus posesiones italianas. Napoleón IIIº deportó a Argelia a los trabajadores republicanos derrotados en su intento de impedir el ilegal retorno a la monarquía. La colonización de dicho país se produjo a costa de los mahometanos, a los que, en muchos casos, se les desposeía de sus tierras sin ninguna consideración. Igual que hacía Estados Unidos con los auténticos y legítimos norteamericanos: los indios. Como en la actualidad hace Israel con los legítimos habitantes de la antigua Palestina. Las interminables luchas impedían que la colonia de El Cabo pudiera ser rentable, por lo que Gran Bretaña decidió reconocer la independencia de los pequeños Estados de emigrantes boers al Norte del Vaal. El primero fue Sand River Convention. Mirza Taki Chan, el destituido Primer Ministro reformista iraní, fue asesinado. La sublevación babí fue sangrientamente reprimida. Aún así los babíes continuaron siendo perseguidos con saña durante todo el reinado de Nasir-ud-Din. Muchos de sus fieles debieron exiliarse, por lo que hoy agrupa a 6 millones de fieles en 247 países. El movimiento se escindió entre los bajaíes (de bajá, “la gloria”) y los azalíes (que son muy minoritarios) que debieron mantenerse en la clandestinidad. Los t’ai-p’ing atravesaron Junan, avanzando hacia el Este a lo largo del Yang-tse. Los ejércitos imperiales que se les opusieron fueron puestos en fuga. En la India se fundaron la Asociación de Bombay y la Asociación Nativa de Madrás. También alcanzarían importancia la Madrás Majayana Sabba, la Asociación de la Presidencia de Bombay y la Asociación India, bengalí, dirigida por Surendranaz Baneryi. Los birmanos no se daban por vencidos, saboteando la colaboración con los residentes británicos. Se produjo así la segunda guerra anglo-birmana, por la que lord Dalhousie se anexionó Pegu. De modo que Birmania acabó quedándose sin salida al mar. Los holandeses informaron al chogun que Estados Unidos preparaba una Flota para exigir la apertura comercial japonesa.

Quizás este aviso evitara la reacción de resistencia que la llegada y petición imprevistas pudieran haber producido. Los consejeros ancianos consultaron a los daimi-o, la mayoría de los cuales se mostraron en contra de aceptar la petición, que, posiblemente, los holandeses habían transmitido de forma más radical a lo que sería en realidad. Sin embargo era evidente que carecían de Marina de guerra ni ejército capaz de oponérsele, por lo que se concluyó que la única posibilidad era entablar conversaciones dilatorias y, en todo caso, hacer concesiones muy limitadas. La crisis, hambruna, descontento, los enfrentamientos políticos en los que Méjico estaba envuelto, así como los agentes de López de Santa Anna, hicieron que los conservadores le ofreciesen de nuevo la Presidencia, siempre que se comprometiera a defender la religión católica (o sea: los intereses eclesiásticos) a acabar con el federalismo y reorganizar la división del territorio y el ejército. Y así lo hizo. Impuso tributos sobre todo, por ejemplo, sobre los perros de compañía, lo que no deja de ser una demostración de lujo. Permitió la vuelta de los jesuitas, expulsados en tiempos del virreinato, y les encomendó la educación de la juventud, al más puro estilo conservador. En Nueva Granada se instauró una Constitución que instituía el sufragio universal masculino, abolía la esclavitud y la pena de muerte, y excluía las atribuciones eclesiásticas de las instituciones del Estado. En 1.853 Estados Unidos compró a Méjico el Sur de los actuales Arizona y Nuevo Méjico, un territorio denominado La Mesilla, más de 77.000 kmtrs. cuadrados que ¿necesitaban? para construir un ferrocarril ¿Tanto? La propuesta original, del General Gadsden, pedía, además, la Baja California, Sonora y Chihuahua. Posiblemente, como la anterior ampliación de fronteras de Tejas, fuese sólo un intento de “justificar” una nueva guerra con más anexión de territorio. Un paso más en el “todo Méjico”. O todo el Continente. Así que el ejército de Estados Unidos se preparaba para una nueva guerra. Pero, contra todo pronóstico, López de Santa Anna entró en negociaciones, y lo hizo tan bien que dejó la cesión a “sólo” dicho territorio de La Mesilla, a cambio de 10 millones de pesos. El Congreso de Estados Unidos, posiblemente defraudado porque no se hubiera podido llegar a una guerra, conquistar más territorio, rebajó el precio a 7 millones de pesos ¿Se puede llegar a acuerdos con Estados Unidos? ¿Sirve para algo?

López de Santa Anna, también insospechada y pragmáticamente, tras la anterior experiencia militar, no puso objeciones a tal merma. Un millón de pesos “desapareció” antes de llegar a ciudad de Méjico. El pueblo, con más orgullo nacionalista que sentido de la realidad, se indignó. Así que, posiblemente para generar mayores simpatías y justificar la toma de poderes absolutos, comenzó a hacerse monumentos por todo el país, reinstauró las órdenes imperiales, de corte aristocrático, asumiendo su supremo maestrazgo, por lo que debió tratársele de Alteza Serenísima. Se proclamó dictador vitalicio y una extraña y secreta embajada por las Cortes monárquicas europeas hizo sospechar que trataba de reinstaurar la monarquía, tal vez coronando a un príncipe europeo, algo difícil de creer, dadas sus ansias personales de poder. Murió Alamán, el ideólogo del conservadurismo mejicano. Los liberales aprovecharon la ocasión para reorganizarse y agrupar fuerzas. Pedro Vº sucedió a María IIª como rey de Portugal. Un movimiento regeneracionista devolvió la paz al país. Rusia pretendía acabar con el imperio otomano, entre otros motivos para conquistar la totalidad de Ucrania y los países caucásicos, controlar el mar Negro, conquistar el Bósforo y los Dardanelos, abriendo las puertas del Mediterráneo a su Flota en dicho mar, que así podría interconectar con la del Báltico, y expandirse por los Balcanes. Por ello alentaba todas las tendencias separatistas en dichos países (eslavismo) al tiempo que hacía propaganda de la necesidad de unificar tales movimientos (paneslavismo) para conseguir fuerzas suficientes contra los turcos, en especial si ella los dirigía a todos. Dentro de dicha estrategia, el embajador de Nicolás Iº, Aleksandr Menchickov, exigió a Turquía importantes concesiones respecto del paso por los Dardanelos, que ésta no podía aceptar por las buenas. En el mismo sentido influyó la recomendación del británico G. Stratford Canning de Redcliffe. La reacción rusa, que ya tendrían preparada, fue la ocupación de los principados danubianos. Todas las potencias intentaron mediar en el conflicto. Austria consideró que se había rebasado la línea roja que no debía permitir.

Su canciller, Buol, realizó firmes exigencias que no podían interpretarse sino como un primer paso, una justificación (igual que iba a ocurrir con los acontecimientos posteriores al asesinato de Sárayevo, que precipitaron la Iª Guerra Mundial) para entrar en la alianza con franceses, británicos y sardopiamonteses. La sorprendida Rusia reaccionó cediendo a las exigencias austríacas. Sin embargo Turquía respondió que no se consideraba satisfecha con ello. Así que Rusia le declaró la guerra. Napoleón IIIº analizó que era una inmejorable oportunidad para sacar a Francia del aislamiento, y conseguir un triunfo que le consolidase en el trono imperial, frente a la oposición que podría unificarse en su contra. Así que planteó a Gran Bretaña una alianza contra Rusia. El Primer Ministro británico, Aberdeen, era contrario a ello. Pero no lord Palmerston. Rusia comprendió, demasiado tarde, lo complejo del juego que se estaba tramando, y se retiró de dichos principados, que, de inmediato, se repartieron Austria y Turquía. Pero ya era tarde: la maquinaria ya estaba en marcha. Los t’ai-p’ing conquistaron Nanking. El “rey celestial” (el imperio chino siempre se había autoproclamado Imperio Celestial, a sus caballos, caballos celestiales, y a su emperador el único Hijo de Dios, lo cual parece haber influido no sólo en dicha revolución sino incluso en el inicio del cristianiasmo: era de comprender el desprecio que sentían por los arrogantes europeos que trataban de venderles “cosas útiles”, como relojes de cuerda, que interpretaban como una especie de autómatas que sonaban campanillas y hacían que determinadas imágenes y señales se moviesen, algo así como los que se sentaban ante ante la portezuela de las primeras lavadoras automáticas, para ver cómo se movía la ropa en su interior, y más aún cuando trataban de predicarles “la única religión verdadera”) la proclamó capital del “Reino celestial”. Para entonces aglutinaban a un millón de activistas y controlaban todo el Sur y Sureste chinos. Sin embargo el movimiento perdió empuje y la expansión se detuvo. Intentaron conquistar Chanjai y no lo consiguieron. Durante dos años aquella región permaneció bajo el poder de la violenta Sociedad de la Pequeña Espada, que defendía los mismos ideales que los t’ai-p’ing. Desengañados de que el imperio en crisis pudiese ofrecerles seguridad, muchos ciudadanos buscaron protección en los distritos extranjeros, donde se había establecido una convivencia respetuosa con los británicos.

Comerciantes, marineros, banqueros, aventureros de todo tipo, opiómanos, jugadores, prostitutas, traficantes de drogas y asesinos de todas las razas daban a la zona prosperidad y peculiaridad, un ambiente irrepetible, irreal, extraterritorial. Estados Unidos, espoleado por los ventajosos acuerdos conseguidos por Gran Bretaña con China, tras la Guerra del Opio, consideró que debía intentarlo de nuevo con Japón. Así que envió a la bahía de Uraga, cercana a Edo (la actual Tokio) al Comandante Matthew C. Perry, con dos fragatas de vapor, a paletas, y otros dos de vela, que se remolcaban las unas a las otras según careciesen o no de vientos útiles, y una carta del Presidente Fillmore con sus pretensiones. Abe Masajiro pidió consejo al emperador y a los daimi-o sobre si debía abandonarse la política de aislamiento. Aunque, desde una perspectiva democrática, la consulta, en casos de especial repercusión o dificultad, supone, evidentemente, el comportamiento más racional, para un régimen militarista, como era el chogunado, demostraba su absoluta decadencia, perplejidad, indecisión y falta de poder. En 1.854 murió Friedrich Wilhelm Schelling. A partir de los conceptos de Fichte, denominó espíritu al “yo”, y naturaleza al “no-yo”, pero considerándolos conceptos semejantes, de forma que la naturaleza sería un espíritu visible e inconsciente y el espíritu naturaleza invisible y consciente. Esta concepción no antagónica de espíritu y materia parece especialmente propicia para el surgimiento de la psicología freudiana. Para Schelling el espíritu humano sería la expresión más perfecta de las fuerzas espirituales latentes en la naturaleza. Idea que tendría gran aceptación entre los poetas románticos. La década “moderada” supuso tanto un gran desarrollo económico para España como el inicio del problema social en las grandes ciudades. Lo cual se superponía a la impopularidad de los Gobiernos, autoritarios, hasta el punto de violentar la ya poco garantista Constitución, que eran intrigantes, y, como suele ocurrir con todos los despotismos, corruptos. Encabezados por la propia Isabel IIª y su camarilla. Los progresistas conspiraban contra tal situación. Anticipándoseles, el “moderado” General Leopoldo O’Donnell, inició un pronunciamiento militar en Vicálvaro, que se conocería como “la vicalvarada”.

Sólo Karl Marx, en una serie de artículos periodísticos publicados bajo el título, bastante eufemístico, de “La revolución en España”, comprendió toda la carga de transformación que acumulaba, y sus repercusiones para el futuro, que desembocarían en la Iª República Española.  Aunque fracasó, como había concitado el apoyo de las masas populares progresistas, descontentas tanto por la situación política como por la forma en que el capitalismo y la industrialización tomaban cuerpo en el país, la reina tuvo que encargar el Gobierno, nuevamente, al General Espartero. Se inició con ello lo que se conoce como bienio progresista. Se había descubierto que, al introducir una barra imantada en un solenoide (una bobina de conductores eléctricos) se “excitaba” (inducía) una corriente eléctrica. Se intentó unir dicha barra a un muelle o membrana elástica, para que generase electricidad de modo energéticamente ventajoso, pero no dio resultado. En cambio se demostró que dicha membrana podía vibrar con la voz humana, convirtiéndola en impulsos eléctricos. Fue el primer micrófono, que también podía servir de altavoz, al transformar los impulsos eléctricos en sonido, cambiando el tipo de energía originaria. El francés Charles Bourseul publicó un artículo en el que analizaba que se podría reproducir la voz, por tal medio, a gran distancia. En Inglaterra se produjo una segunda importante reducción aduanera. Gran Bretaña envió a Rusia un ultimatum aviso contra sus ataques a dominios turcos, que ésta rechazó, por lo bloqueó sus puertos del Báltico y conquistó la fortaleza de Bomarsund y las islas Aaland. Ante la amenaza de que la guerra pusiese en peligro sus posesiones, Suecia, junto con Noruega, apoyaron a Gran Bretaña y Francia, que, al contrario que Rusia, garantizaban su integridad territorial, ya que difícilmente podían mantener posiciones permanentes tan alejadas de sus países. En agosto, Gran Bretaña y Francia invadieron la península de Crimea. La confrontación con Rusia se transformaba con ello en una guerra que llegaría a alcanzar la categoría de europea, aunque librada en las alejadas costas del mar Negro. Los rusos perdieron las batallas de Alma, Balaklava e Inkerman, aunque los aliados sufrieron muchísimas bajas. Finalmente la guerra pareció estancarse en el asedio a Sevastopol. A la muerte de Mujammad Alí le sucedió Mujammad Sa’id.

Sin embargo éste demostró carecer de la inteligencia de su padre, por lo que Egipto comenzó a perder la independencia recién adquirida respecto de Turquía, para caer en las redes británicas. Francia inició la exploración del Senegal. También el General Faidherbe realizó exploraciones en el interior de Africa, utilizando tropas senegalesas. Gran Bretaña reconoció la independencia del Estado Libre de Orange, formado por emigrantes boers. Murió Abbas Iº. Estalló en Guichou la rebelión de la minoría étnica miao, que resistiría durante 18 años contra la dinastía manchú. El Gobernador General Dalhousie mantenía el “principio de reversión” -¿Hacia qué? ¿Qué había antes? No el dominio británico, por supuesto- o “doctrina del lapso”, por el que, si una dinastía se quedaba sin herederos, Gran Bretaña se adueñaba de su territorio. Las legislaciones hindúes permitían la adopción, pero, interpretando a su conveniencia el derecho británico, tal adopción, para transmitir la corona, debía ser aprobada por la autoridad, no democrática, sino invasora. Es decir, por el propio Gobernador General. De este modo se apropió de inmensas regiones, como Yaipur o Auadd u Oudh. Aunque no se puede ignorar que edificó escuelas, Universidades y centros de estudios técnicos superiores, que, en principio, sólo estaban abiertos a las clases dominantes. Comenzó el tendido del ferrocarril y del telégrafo, cuya línea Calcuta-Agra alcanzaría 1.500 kmtrs. de longitud. Se creó la Asociación de Plantadores (grandes propietarios de grandes plantaciones) de índigo, es decir, añil. Esta serie de sociedades que se iban fundando buscaban la defensa y coordinación de sus intereses comerciales. La clase media hindú que se estaba creando no sólo integraba a comerciantes, sino también a propietarios, sobre todo los de medianas explotaciones agrarias, así como directivos, funcionarios, empleados, abogados, médicos, profesores, escritores, periodistas, artistas, etc.. Abe Masajiro, presidente de los consejeros ancianos, sin tener ninguna autorización para ello, firmó con Perry el Tratado de Kanagaua, la actual Iokojama, que concedía licencia a los buques estadounidenses para que pudieran surtirse de agua, víveres, carbón y madera en los puertos de Chimoda, en la península de Izu, donde se podrían establecer cónsules o agentes comerciales, y Jakodate, en el Sur de Jokkaido.

Se garantizaba el alimento y la residencia a los náufragos, y, en su artículo 9, disimulado entre los demás, una cláusula concedía a Estados Unidos el carácter de nación más favorecida. Es decir, no autorizaba el libre comercio, sino sólo el intercambio de algunos productos supervisados por el Gobierno japonés, aunque con algunas ambigüedades. Era, por tanto, un Tratado razonable, a pesar de haber sido impuesto por la fuerza, bajo amenaza del bombardeo de sus ciudades costeras. La pregunta era si Estados Unidos tenía la menor intención de cumplirlo en la parte restrictiva, una vez rota la primera línea de defensa japonesa, demostrada su vulnerabilidad y predisposición a aceptar extorsiones. Gran Bretaña no podía consentirlo, y ésta era una amenaza más directa, que había demostrado que podía derrotar al inmenso ejército chino y a su marina, includos sus “buques tortuga”, de cubierta redondeada forrada de hierro, que navegaban lentamente, semisumergidos por su peso, lo que aumentaba su invulnerabilidad, disparando sus cañones mientras que las balas enemigas rebotaban o resbalaban en su casco, erizado además de inmensos pinchos, de forma que no pudiera ser abordado por otros buques, a los que podía embestir con ellos. Durante la Guerra del Opio a los británicos se les ocurrió disparar contra ellos balas desarboladoras, es decir, medias esferas huecas unidas por cadenas. Al salir de las bocas de fuego ambas mitades se separan por efecto aerodinámico, tensando la cadena que se enganchaba en los mástiles derribándolos. Después dispersaron a los pequeños buques auxiliares, condenando a dichos “buques tortuga” a permanecer inmóviles, en pleno Océano Pacífico, agotando sus reservas de agua y comida hasta que se pudriese su madera y se hundiesen. Así que Gran Bretaña consiguió iniciar relaciones comerciales con Japón. Elisha Graves Otis inventó un sistema de frenos automáticos de seguridad para los ascensores. Lo probó en Nueva York él mismo, haciendo cortar el cable de sujeción. Con ello se abría la posibilidad de construir grandes rascacielos. El italiano Antonio Meuci, perseguido por su participación en la unificación de su Patria, había emigrado a Estados Unidos. Allí construyó un aparato semejante al que Bourseul teorizó, al que denominó teletrófono.

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