1.713: El Tratado de Utrecht

Marx y Engels lo denominarían modo de producción asiático. Así se construiría el canal de Suez, y, en Rusia, la Flota del Báltico, fortalezas, caminos y canales, e incluso se dotó de mano de obra a las nuevas industrias. Se asignaban obras a las aldeas o bien se las ponía en venta, de modo que quienes pretendieran lucrarse con el trabajo de los aldeanos aportasen a las arcas estatales. Con todo ello el poder de los grandes propietarios se hizo incluso mayor que antes. La deslealtad del rey moldavo Dimitri Kantemir, que cambió de bando aliándose con Pedro Iº, aumentó la influencia de los fanariotes, ricos aristócratas griegos del barrio de Fanar, en Estambul. Sustituyeron a los nativos boyardos como Gospodar (“El Señor”) de Moldavia y Valaquia, y ocuparon puestos importantes en el Ministerio de Asuntos Exteriores, como “intérpretes de la Sublime Puerta”. En Tripolitania, en la actual Libia, posiblemente estimulados por la independización de Argelia, Marruecos y Túnez, se produjeron una cadena de movimientos en el mismo sentido que la dinastía de bayás Karamanli supo controlar durante casi un siglo. Fue coronado Mamari Kulubari como rey bambara (etnia entre las actuales Mali, Guinea, Burkina Faso y Senegal) de Segu. Creó la casta político-militar de los “esclavos de la comunidad”, a los que exigía obediencia personal incondicionada. Con ellos unificó el reino. En 1.712, Berna y Vaud derrotaron a los cantones católicos. Por la Paz de Aarau se reconoció la igualdad de derecho a ambas confesiones y se exigía a los derrotados, para garantizar una comunicación segura por toda la Confederación, la entrega de Baden y el Freiamt Inferior, lo que prolongó el descontento católico durante el resto del siglo. Murió Bajadur chaj Iº, pasando el trono mo-gol a Yajandar chaj. Abolió los impuestos personales e intentó un acuerdo con los marattas, pero los dos hermanos Sayyid lo asesinaron en 1.713, sustituyéndolo por Farruj-siiar.

Inglaterra  y España concluyeron el Tratado de Asiento, que suponía el reconocimiento por parte de aquella a Felipe Vº como rey de los españoles, a cambio de la autorización por 30 años a una Compañía inglesa para que transportase a un mínimo de 4.800 esclavos negros al año a Hispanoamérica. Las Antillas, donde la rudeza y capacidad de supervivencia africana llegaron a estimular el exterminio de la población autóctona, tal vez por sobreexplotación, Venezuela y Río de la Plata concentraron tales importaciones. Pero no se conformaron con esto, y, por dicho portón, aprovecharon para infiltrarse decisivamente en todos los mercados. La Paz de Utrecht reconocía a Felipe Vº como rey de España, a cambio de que nunca ésta pudiese compartir soberano con Francia, que cediese a Saboya el reino de Sicilia y reconociese a Inglaterra sus conquistas de Gibraltar y Menorca. Además los británicos se quedaron con los territorios de Francia en la bahía de Hudson, Nueva Brunswick, Terranova y Acadia, desde entonces conocida como Nueva Escocia, anulando lo anteriormente pactado en el Tratado de Rijswijk. Para los estadounidenses fue la Queens Anne’s war, “La Guerra de la Reina Ana”. Así las colonias francocanadienses quedaban aisladas del Océano Atlántico por el Norte, por lo que una futura guerra parecía inevitable. Holanda conseguía algunas fortalezas fronterizas al Norte de Francia, y ésta recuperaba Lille, la más sólida fortaleza europea, que, no obstante, fue conquistada en dos ocasiones durante dicha guerra. La unión dinástica con Inglaterra fue catastrófica para Holanda: tras los nueve años ininterrumpidos de guerra contra Francia y los trece de la Sucesión Española, había agotado su capacidad combativa, por lo que tuvo que ceder su hegemonía en el Mar del Norte a los británicos. Al emperador Carlos VIº se le ofrecieron algunas compensaciones territoriales, pero se opuso al Tratado, considerando que tenía posibilidades de quedarse con todo.

Sin la ayuda de las potencias navales sólo cosechó fracasos, viéndose obligado a aceptar la Paz de Rastatt, por la que adquiría Flandes, Milán y Nápoles, a cargo de España -que se quedaba sin posesiones imperiales en Europa- y Cerdeña, a costa de Francia. Esta, en compensación, se quedaba con Alsacia y Strassburg. De modo que, en conjunto, ganaba territorio, consolidaba su poder en Italia, pero cedía una región que sería estratégica en el futuro desarrollo industrial, motivo o incentivación para guerras futuras. El inglés se establecía como idioma internacional para la comunicación marítima mediante banderas de señales. Con ello se trataba de evitar erróneas interpretaciones y conflictos innecesarios en alta mar. Más tarde se ampliaría a la comunicación radiotelegráfica, incluso a la navegación aérea, hasta sobre tierra. Portugal afianzó su independencia, constantemente amenazada cada vez que España recuperaba el orden interno y su capacidad económica y militar. Tal vez fue eso lo que llevó a aquel país a los brazos de Gran Bretaña. Felipe Vº continuó con su unión dinástica con Francia, que le había reafirmado en el trono. Esperaba de ella colaboración para recuperar los territorios perdidos. En especial las posesiones italianas entregadas a Austria. Reprodujo en España el sistema centralista francés, que tan buenos resultados había dado al país vecino. Y, además, se hizo sin ningún tapujo, por lo que todo el mundo percibió que era un castigo a Cataluña, Valencia y Aragón por haber apoyado al archiduque Carlos, para entonces el emperador Carlos VIº, el aspirante derrotado. Así todas las Cortes quedaron integradas en una sóla, nacional, del Estado en su conjunto. Por primera vez desde el califato de Córdoba, las Hispanias volvían a constituir un Estado unitario. Por primera vez desde Leovigildo y los últimos visigodos, volvía a constituirse Hispania como unidad política. Aunque sin Menoría ni Gibraltar. Se podría decir que la Guerra de Sucesión Española había sido la primera guerra carlista, entre el mantenimiento de un absolutistismo caduco, basado en el continuismo, el tradicionalismo y un dominio ilimitado del catolicismo fanático, y el racionalismo del despotismo ilustrado.

Una Pragmática Sanción importó de Francia la llamada “ley sálica” (atribuida a los francos salios) que impedía reinar a las mujeres, en contra de la tradición castellana. Mediante acuerdo de Inglaterra con Saboya aquella se injería en el comercio mediterráneo, y la Levante-Kompanie, formada por ingleses y holandeses, cerraba Flandes a las importaciones francesas. Murió Anthony Shaftesbury, continuador en la filosofía de Hume sobre la moral del sentimiento. Es decir, que el sentido moral era innato en el hombre, fruto de una vivencia interna, y no se basaba en la razón ni en ninguna coacción externa, sino en amor a sí mismo y en simpatía hacia los demás. Que era un desarrollo armónico de las disposiciones humanas naturales, lo que podría relacionarse con el neoplatonismo. La virtud sería amor a sí mismo, al orden y a la belleza. De manera que, para él, el sentimiento era fuente de conocimiento del bien y del mal. Todo ello influiría en Diderot y, posteriormente, en el romanticismo alemán. Federico Iº demostró ser pródigo y dado a los lujos, lo que se evidenció en la reconstrucción de su palacio. Prusia-Brandenburg estaba al borde de la ruina, por lo que el príncipe heredero debió tomar las riendas del país desde varios años antes. A la muerte de Federico Iº fue coronado como Federico Guillermo Iº. Sus objetivos fueron superar la bancarrota y hacer de Prusia una potencia de primer orden, para lo cual necesitaba un ejército poderoso y perfectamente entrenado, y una sólida Hacienda Pública para costearlo. Odiaba el lujo y el despilfarro, por lo que redujo los gastos de palacio y su aparataje. Y el de la Corte en un 80%. Ordenó hacer presupuestos de ingresos y gastos, fijando normas estrictas para éstos. Reglamentó toda la actividad económica. Sus normas sobre los procesos de producción eran verdaderos manuales, con lo que inicia el sendero del despotismo ilustrado, que proseguiría con el enciclopedismo: divulgar y llevar a la práctica los nuevos avances científico-técnicos que podrían mejorar la economía.

Reguló el comercio exterior y minorista, los pesos y medidas, el asentamiento de artesanos, las calidades de los materiales, la provisión de granos, la rotulación y poblamiento del pantanoso Havelland. Reorganizó los impuestos, en base a la extensión, calidad y tipo de producción de las fincas, con lo que acabó con el endeudamiento y los subsidios, voluntarios u obligatorios. Creó unos modélicos almacenes en Berlín, en los que se hilaba, teñía, tejía y se vendían hilaturas, gruesas y finas, y pañerías, incluso a domicilio, utilizando sólo la producción lanera interior, que se prohibió exportar. No obstante no hizo nada en acercar la diferencia económica entre el medio rural y el urbano, sobre todo por los distintos sistemas tributarios. En línea con el despotismo ilustrado odiaba a la aristocracia, sus lujos, pereza, inutilidad y espíritu rebelde, por lo que frenó el poder tiránico de ésta en sus posesiones. Para ello los incorporó como oficiales a su ejército, ingresando obligatoriamente a sus hijos en centros de cadetes: al poco la nobleza prusiana fue el núcleo del ejército, y con tal carácter se mantendría hasta tiempos de Hitler, así como el soporte dinástico. Por el contrario, igualmente en línea con el doctrinario del despotismo ilustrado, que se puede decir imitaba su comportamiento, simpatizaba con la clase media, sumisa, laboriosa y productiva. El ejército absorbía el 75% de los presupuestos del Estado. Se decía que si los demás países se apoyaban en sus ejércitos, en Prusia era el ejército el que se apoyaba en el Estado. Si la aristocracia aportaba la oficialidad y la burguesía los elevados impuestos con los que costearlo, los campesinos eran quienes lo conformaban, mediante prestación personal obligatoria de tres meses al año, que les exigía un constante entrenamiento, subordinación y disciplina. Cuando el cupo de recluta era insuficiente, se acudía a mercenarios extranjeros.

Así se convirtió en el cuarto ejército de Europa, aunque, desde luego, el mejor preparado del mundo. Llegó a ser un país tan militarizado que las administraciones civiles y militares acabarían confundiéndose. El rey sólo vestía de uniforme militar, costumbre que terminarían imitando los demás monarcas, al menos en celebraciones públicas. Ante la negativa de la aristocrática Dieta polaca a reconocer su reino, proclamó la indivisibilidad de Prusia, otorgando un estatuto que contravenía los compromisos de su antencesor respecto a los derechos de Polonia sobre el anterior ducado de Prusia Oriental. Incluso pretendía anexionarse mayores territorios polacos. Rompiendo la política de neutralidad asumida por Federico Iº en la Guerra del Norte, entró en la coalición contra Suecia. Acabada la epidemia en Polonia, se cernió sobre ella una gran hambruna, una última catástrofe que llevaría al pueblo a la miseria, la resignación o la anarquía. Todos los intentos de reconstrucción, económica o política, parecían fracasar. No podía ser más opuesto a los sueños de Augusto “El Fuerte” -que mejor debería conocerse como “El Ceporro”- cuando inició la Guerra del Norte. Derrotado respecto de la unión dinástica con el imperio hispano-americano, Carlos VIº se dedicó a fortalecer su propia dinastía. Así, mediante una pragmática sanción, imponía la preeminencia de sus hijas, ya que él carecía de hijos varones, sobre los herederos de su hermano José. Es decir, lo contrario de la llamada “ley sálica”. Consiguió que sus posesiones patrimoniales, Hungría, Bohemia y todas las grandes potencias, tras negociación diplomática, se aviniesen a tal norma, que impedía la sucesión bávara de Austria. En Champassak, otra de las regiones escindidas de Laos, se adueñó del poder Nokassat, hermano de Kitsaratt, dominador de Luang Prabang.

Con todo ello se iniciaron continuas guerras entre los distintos reyes, que, frecuentemente, recurrían al apoyo extranjero. En Brasil fueron negreros portugueses y holandeses los que continuaron aprovisionando de esclavos. A la muerte de la reina Ana, en 1.714, sin ningún hijo que la sobreviviera, la corona de Gran Bretaña pasó a su primo Jorge Iº de Hannover, según había establecido la Ley de Establecimiento o de Situación. La unión dinástica de ambos países se mantendría durante más de un siglo. Igual que ocurriría con su hijo, Jorge IIº, se sentían más alemanes que ingleses. Ni siquiera aprendieron bien el inglés. En agradecimiento a los whigs, sabiendo que a ellos debía su trono, y que desconocía todo sobre sus súbditos, con los que ni siquiera podía comunicarse adecuadamene, descansó en ellos, y en el Parlamento en su conjunto, las tareas de Gobierno. Tanto a la larga historia parlamentaria inglesa como a la entronización de una dinastía que no había tomado conciencia de la vastedad de sus dominios imperiales británicos, entonces aún incipientes, corresponde el primer caso de monarquía auténticamdente parlamentaria de la Humanidad. Nombró como Ministros a los jóvenes whigs James Stanhope, Thomas Townshend (lord Sydney, en cuyo honor se denominaron las ciudades de Nueva Escocia, en Canadá, y en Australia, que en castellano conocemos como Sidney) y Robert Walpole, que demostraron una inteligencia inusual. Los whigs desplegaron una continuada, pertinaz y soterrada estrategia en ir socavando el poder de los tories. Lo hicieron con astucia, aprovechando las muertes para sustituir los cargos por miembros de su Partido. Pero también las situaciones propicias, como las insurrecciones, tanto en Inglaterra como en Escocia, que atribuyeron a los tories, por lo cual los depusieron de sus puestos más influyentes, en especial los palaciegos. Todo ello creó gravísimas tensiones entre ambos Partidos. Felipe Vº tenía tendencia a la depresión nerviosa, rasgo heredado de la rama borbónica a la que pertenecía, al contrario de la reinante en Francia. De él la heredarían algunos de sus descendientes, con graves repercusiones para el país.

Su situación de viudedad agravó tal problema, por lo que casó en segundas nupcias con la intrigante parmesana Isabel Farnesio, de 22 años, última heredera de los Médicis y del trono de Parma. Ambos esposos comenzaron la colección pictórica que posteriormente dará origen al Museo del Prado. Su máxima aspiración fue que sus propios hijos fueran reyes, en lo que contó con la colaboración de Giulio Alberoni, Cardenal de Málaga, al que nombró Primer Ministro como primera medida, quizás como regalo por haber conseguido su matrimonio. Como Felipe Vº ya tenía herederos, Luis y Fernando, el matrimonio coincidió en recuperar para los hijos posteriores las posesiones italianas, con lo cual España volvería a obtener mayor presencia europea, pero sin despertar excesivos recelos por la ruptura del equilibrio de poderes. De modo que el país se sometió a rápidas reformas, siguiendo los presupuestos del despotismo ilustrado, que deberían sacarlo de la devastación y el agotamiento de la larga guerra por el trono, y prepararlo para nuevas guerras de conquista. El Sur de Flandes (Bélgica) ahora dominio de Austria, permaneció en una estructura centralista y absolutista, mientras las Provincias Unidas del Norte mantenían su régimen republicano federalista aristocrático-burgués, escogiendo un pensionario del Consejo (un síndico especializado en asuntos jurídicos) con funciones de representación del Estado, cada 5 años. Sin embargo, los Gobernadores fueron casi siempre sucesores de Guillermo Iº de Orange, quienes ocuparon tal cargo en 5 de las 7 Provincias Unidas. Entre sus funciones estaba el mando militar. Dinamarca, Hannover y Prusia se adueñaron de todos los territorios suecos en suelo alemán. Rusia conquistó Finlandia, asegurando su acceso al Báltico y su dominio sobre los países de la zona. En tales circunstancias, Carlos XIIº, con unos pocos seguidores, cabalgando durante 14 días, abandonó el imperio otomano, atravesó Hungría y Alemania, se unió a la batalla de Stralsund, y, tras la toma de dicha ciudad, volvió a Suecia. De inmediato se lanzó contra el ejército permanente danés estacionado en Noruega.

Para asegurarse del cumplimiento de sus órdenes, respecto del control de los gastos, Federico Guillermo Iº fundó la Cámara General de Cuentas, que debía manterlos siempre por debajo de los ingresos: se puede decir que la Unión Europea, su Comisión y su Banco Central, con sus secuaces sucursales nacionales, antiguos Bancos Centrales de los respectivos países anexionados por el Imperio Alemán de hoy en día, son herederas de esta interpretación prusiano-neo¿liberal? Federico Guillermo Iº agregó su patrimonio privado a los presupuestos generales, mediante su arriendo a ciudadanos solventes. Con ello pretendía dar idea de generosidad, de servicio al país. Todo ello en la línea del despotismo ilustrado. Pero, en la práctica, a diferencia de lo que podía hacer el emperador, se quedaba con todo el patrimonio del Estado a su servicio, o sea, al del ejército. Además conseguía mejorar y rentabilizar la producción, implicando en ella a la burguesía. Tales mejoras, como analizó perfectamente Adam Smith, aunque se oculta en las Facultades de Economía, y sólo Karl Marx lo subrayó, tenían como efecto el contínuo aumento de los alquileres, las rentas, dinamizando el país y mejorando las finanzas del Estado. Cuando la burguesía tomase conciencia de hasta qué punto el Estado dependía de ella y cómo era “esquilmada” (en realidad los auténticamente explotados eran los trabajadores, los únicos que realmente producen todo lo que existe, todo lo que producimos o utilizamos, y a los que se despoja de la posesión de dicho producto, a cambio de un salario que es sólo una escasa parte de tal producto: de otra forma los capitalistas no obtendrían beneficios) rompería la baraja exigiendo la propiedad y el control de todo. Y así sigue. Para controlar sus propiedades, Federico Guillermo Iº creó el Directorio Superior de Finanzas. Y para administrar los impuestos militares, sobre el consumo (urbano) y la contribución agraria, el Comisariado General de la Guerra.

Comprendiendo la importancia que tenían para el desarrollo del Estado, formó un cuerpo de funcionarios, que no podían ser extranjeros pero tampoco ejercer en la región de procedencia. Fieles, ahorrativos, puntuales, ordenados y diligentes: la envidia del mundo. El propio rey se inmiscuía en la administración, repitiendo siempre, o escibiendo sobre los expedientes: cito, cito, que en latín significa “rápido, rápido”. Además de favorecer las ciencias, ayudó a realizar estudios universitarios a sus funcionarios. No obstante, a diferencia de los demás déspotas ilustrados, no gastó nada en arte, que consideraba siempre suntuario. Venecia entró en guerra con Austria, que se prolongaría durante cuatro años. El imperialismo maratta se hizo patente, reclamando su dominio sobre toda la India. Francia estaba asqueada de guerras, en las que no había obtenido brillantes victorias, exhausta de impuestos, y con el comercio hundido. El rey y el Gobierno eran criticados abiertamente, a lo que se unía la anterior decisión, igualmente impopular, de perseguir a los jansenistas, entre los que había aristócratas y altas jerarquías eclesiásticas. Las incesantes guerras no sólo habían traído grandes sacrificios al pueblo llano y graves dificultades económicas, sino que, al final, no se habían podido mantener todas las conquistas de la época de esplendor: Francia caminaba en retroceso, perdida ya su hegemonía europea. Todo ello preparaba la situación pre-revolucionaria. Así que, cuando, en 1.715, murió el longevo Luís XIVº, se produjo una satisfacción generalizada: la muchedumbre lanzó piedras a la comitiva fúnebre. Casi toda su familiar había muerto de epidemia de viruela, por lo que le sucedió su biznieto, Luis XVº, con cinco años de edad. Se hizo cargo de la regencia su tío Felipe de Orleáns. De inmediato los problemas reprimidos por el absolutismo del Rey-Sol surgieron a la luz. Entre ellos el jansenismo, que cada vez ganaba más terreno, y la exigencia del Parlamento a obstruir un decreto real antes de que fuese promulgado.

La lógica de la petición era que, en el esquema absolutista, nadie podía negarse a la decisión real, una vez configurada en derecho, pero no había razón que impidiese rebatirla, obstruirla, limitarla, objetarla o modificarla, antes. El regente no tuvo otra opción que autorizarlo, lo cual suponía un triunfo innegable del parlamentarismo, resquebrajando el entramado absolutista. La reorganización de la Hacienda Pública se encargó al economista irlandés John Law. Para entonces la población francesa llegaba a los 18 millones de habitantes. Murió el Capitán Savery, que había conseguido diseñar y financier una máquina que aspiraba agua, a partir de la condensación de la previamente evaporada utilizando el calor del fuego, en circuito cerrado: era la primera máquina de vapor, conocida públicamente, no como artilugio para asustar, para incrementar el poder de los sacerdotes, ocultando sus fundamentos técnicos, como la que abría las puertas o sonaba una sirena en algunos templos griegos. Finalmente, tras siete años de guerra, por la Paz de Estocolmo, Prusia consiguió su sueño de arrebatar a los suecos Pomerania Anterior. Ante lo indominable de la Dieta aristocrática polaca, el Ministro Fleiming propuso a Federico Guillermo Iº la cesión de diversos territorios, entre ellos Pomeralia y la Prusia polaca, a cambio de que los prusianos entrasen en Polonia y ayudasen a las tropas de Augusto IIº a establecer el absolutismo. Ante la amenaza de insurrección de la nobleza y la intromisión rusa, Augusto “El Fuerte” tuvo que olvidarse de tales planes: reconocía con ello la superioridad de Rusia, que comenzaba a decidir el escenario europeo, especialmente como árbitro de los asuntos polacos. No obstante, a cambio, consiguió el compromiso de Pedro Iº de defender a Polonia de intrusiones prusianas. Sin embargo utilizó dicho acuerdo en forma muy distinta: cuando una coalición aristocrática se organizó contra él tropas rusas y sajonas se internaron en Polonia.

Maryland dejó de ser colonia de la corona inglesa. Consolidada la paz con los borbones, Austria reinició su guerra contra los otomanos, en 1.716, con una campaña que duraría dos años. En ella el príncipe Eugenio de Saboya derrotó a los turcos en Peterwardein. Los whigs lograron imponer la Septennial Act, que ampliaba el mandato eletoral desde los 3 a 7 años. Solventadas con ello las tensiones entre ambos Partidos, Walpole decidió encarar el problema del endeudamiento del Estado. Creó para ello un fondo de amortización (en inglés sinking fund, que algunos “traducen” como “fondo hundido”) al que se dedicarían la recaudación de algunos impuestos, con el fin de cancelar o recomprar la Deuda del Estado. Lo cual requería un continuado y pacífico crecimiento económico, contrario a la política belicista de Stanhope, favorito del rey, secundado por Sunderland. Esto rompió a los whigs en dos bandos, obligando a Walpole y Townshend a pasar a la oposición. John Law, siguiendo el modelo inglés, fundó un Banco en Francia. Carlos VIº publicó la Pragmática Sanción por la que se daba preferencia a las hijas del rey sobre los hijos del hermano de éste. Desde entonces su política, exterior e interior, respecto de sus dominios y Estados imperiales, fue conseguir garantías de respeto, o incluso de la aplicación de la misma. No obstante tantos esfuerzos y compromisos el resultado no podía ser otro que la Guerra de Sucesión. Por mediación de Pedro Iº se concluyó en Varsovia un Tratado de Pacificación de Polonia, por el que se hacía obligatoria la reunión de la Dieta cada dos años y el control del Gobierno por un colegio de “senadores residentes”.

A Rusia le interesaba la situación oligárquica polaca, que hacía imprescindible su presencia e intromisión. De esta forma los magnates de Polonia comprendieron que les era de utilidad pactar con Rusia. La Dieta polaca, bajo la amenazadora presencia de tropas sajonas y rusas con la bayoneta calada, lo aprobó sin discutir, en lo que ha pasado a la Historia como “sesión muda”. Sin embargo el mantenimiento de tropas rusas en el país convertía a Pedro Iº en el auténtico dueño de la situación. Rusia reforzó su expansión hacia el Este, puesto que sus posiciones en el Oeste ya no estaban amenazadas. Aprovechándose de la debilidad de Persia, envió allí una misión exploratoria, que concluyó un Tratado Comercial y conquistó las orillas al Oeste y al Sur del Mar Caspio. Con ello, además de asegurar el acceso a Persia, se impedía su anexión por los otomanos. Los futuros zares no lograrían mantener tales conquistas. La creación de los jefes de distrito intentaba estimular la autonomía administrativa. En la misma línea de fomentar la autorresponsabilidad de las ciudades, se confirió a los miembros de las clases acomodadas la elección de los magistrados. Si creía que con ello se fomentaba el poder de la burguesía y su extensión como clase, a imitación de lo que estaba ocurriendo en Europa occidental, especialmente en Inglaterra, se equivocó: la nobleza amplió su poder omnímodo, hasta en las propias ciudades y en el funcionariado. Se intentó atraer a los armenios, desviando la ruta de la seda, que controlaban los turcos. El progresivo debilitamiento de éstos les hizo reflexionar sobre sus causas. Aumentó la influencia europea en su cultura, se escribieron textos de análisis político, sobre la estructura interna del imperio otomano y su estructura social e institucional.

Desde esta perspectiva su historiografía alcanzó planteamientos científicos como no se lograrían en Europa hasta la asunción del materialismo histórico, tras los aportes filosóficos y sociológicos del marxismo. Murió Na’ima, teórico otomano de la historiografía. Defendía que la Historia no era un simple relato de los hechos, sino que debía incluir un análisis, incluso un juicio de los mismos. Que dicho juicio debía siempre producirse desde una visión seria y profunda. Que era imprescindible incluir el estudio de la situación social para explicar los acontecimientos, y que la recopilación de datos precisaba la crítica de las fuentes, y su credibilidad. Inició su chogunado Yochimune, séptimo sucesor de la dinastía Tokugaua, que introdujo una serie de reformas llamadas Kyojo: legislación contra los lujos, impulso al ahorro oficial, reacuñación monetaria -es decir, devaluación- control estatal del comercio y de los precios, reestructuración fiscal y agraria, que no dieron resultado. Al contrario: produjeron rechazo de todas las clases sociales. Los grandes señores feudales se enfurecieron al imponérseles tributos especiales sobre los daimi-o. Especialmente por la forma injusta en que se hizo, eximiendo a los miembros de la familia, clan y bandera del propio chogún. También los samurai, por el hundimiento de los precios, sobre todo el del arroz, a consecuencia, especialmente, del incremento conseguido en la producción. En compensación se les condonaron sus deudas con los comerciantes, los cuales se rebelaron contra el Gobierno por tal arbitrariedad, que se sumaba a las expropiaciones y préstamos forzosos, así como los controles y licencias exigidas para comerciar. A los agricultores se les fijaron impuestos anuales, para garantizar los ingresos del Estado y de los terratenientes. Lo cual era más injusto que cuando se calculaban sobre cada cosecha.

También les afectaba el hundimiento de los precios, los controles, impuestos y la mayor explotación, que los terratenientes y los samurai que actuaban como funcionarios repercutían sobre ellos como reacción para recuperar su tasa de ganancias. Igualmente aumentó el malestar entre los trabajadores, ya que los salarios se fijaban en función del precio del arroz, por lo que, al bajar éste, vieron mermar sus ingresos en términos nominales. En 1.717, las reformas administrativas borbónicas precipitaron la decadencia de la Casa de Contratación, que fue trasladada a Cádiz, posiblemente con la intención de evitar el contrabando existente, que llegaba a duplicar el tráfico controlado, ya que el calado de los barcos de la época impedían que la mayoría de ellos pudiesen llegar a Sevilla. Pero sólo se consiguió que fuese dominado por la corrupción, sin que la situación real llegase a cambiar. El temor a los ataques de otras potencias europeas, en especial Inglaterra, seguía imponiendo el sistema de Flotas: dos al año, en invierno y en verano. Esto significaba que las mercancías debían acumularse hasta que se formara la Flota siguiente. España invadió Cerdeña. Simultáneamente, Alberoni contactaba con Pedro “El Grande” de Rusia, Carlos XIIº de Suecia, y con los jacobitas, los frustrados partidarios de los Estuardo, con objeto de anular la presión británica, que pretendía que España la devolviese. Los británicos sabían que, de permitirlo, los siguientes objetivos podían ser la anulación del Tratado de Asiento, por el que comerciaban descontroladamente en Hispanoamérica, y la reconquista de Menorca y Gibraltar. Thomas Newcomen, en lugar de aplicar la aspiración directa, que tenía muy limitada capacidad ascensional, encerró el vapor de agua en un cilindro, dentro del cual corría un pistón. La mayor presión de dicho vapor empujaba al pistón y su émbolo. Al condensarse atraía de nuevo al pistón.

Con ello se generaba un movimiento oscilante, aunque muy lento, que, aplicado a una bomba aspirante-impelente, podía utilizarse para achicar las inundaciones en buques y minas. John Law fundó la Compañía de Occidente, que más tarde se denominaría Compañía del Mississippi, para explotar dicha cuenca, en la que se habían descubierto riquísimos yacimientos de plata.

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