1.845: La ¿quinta? Constitución española

Era, por tanto, desde el punto de vista jurídico, ilegal, puesto que hurtaba la mayoría cualificada senatorial exigida constitucionalmente. Si hubiese sido para integrar un Estado abolicionista, libre, los esclavistas de ningún modo lo habrían aceptado, amenazando con su desfederación o secesión, como ya habían comenzado a hacer en otras ocasiones, sacando provecho de tal extorsión. Más tarde una sentencia del Tribunal Supremo permitía las votaciones conjuntas de Congreso y Senado para autorizar nuevas incorporaciones a Estados Unidos en el futuro. Pero era aún más ilegal desde el punto de vista del derecho internacional: ambas Cámaras habían aprobado una anexión sobre un territorio que no les pertenecía, ni podía considerarse “indómito”, es decir, no dominado (sólo por los indios, pero ¿quién iba a prestarles atención a los indios, a considerarlos sujetos de derechos, dignos de tener propiedad sobre nada?) sino que era un Estado independiente que como tal había reconocido, como habían hecho otras naciones. Además, en otras casos se había firmado un Tratado por ambas partes: una solicitando la integración por parte de los territorios “sin dueño” reconocido, aunque con alguna forma de autogobierno, y la otra comprometiéndose a realizar los trámites para su autorización parlamentaria. Algo semejante a lo que se hacía para dar “legalidad” a la apropiación de tierras de los indios derrotados o a los que se les comprase las tierras de su pertenencia, obligándoles, en ambos casos, a desplazarse hacia el Oeste y apoderarse de parte de los territorios de otras tribuas. Para “solventar tal escollo” se pasó a votación a la Cámara legislativa de Tejas, tras lo cual se incorporó a la Unión, junto con Florida, ambos Estados esclavistas. Méjico advirtió que consideraría tal anexión como una declaración de guerra y rompió sus relaciones diplomáticas con Estados Unidos, lo que a éste no le asustó en absoluto. Todo ello iba a preparar el ambiente para una cruelísima guerra civil, entre otras razones porque hizo creer a los esclavistas que todo les estaba permitido, que ni las leyes ni la Constitución servían para nada, que podían violentarse cuando y cuanto quisieran mediante actos de fuerza, de extorsión, voluntaristas, a su interés y conveniencia, actitud en la que coincidían con los planteamientos habituales de los nacionalistas de todas partes.

En 1.845 se aprobó en España una Constitución, la cuarta, esta vez conservadora, término que ya no puede interpretarse como feudalista. Eliminaba toda referencia a la soberanía popular y establecía un Senado, que, como en Francia, y como en la Cámara de los Pares de dicho país, ejercía la máxima potestad jurídica. La corona y el Gobierno se reservaban casi todas las facultades, de modo que Narváez pudo actuar como un dictador cuando lo creyó necesario. En la Confederación Germánica se habían ido creando partidos políticos. Las tendencias constitucionalistas, románticas, republicanas y democráticas iban consolidando un radicalismo exacerbado por los abusos del capitalismo en ascenso. Aunque la situación no era comparable a la francesa, ya que Alemania seguía siendo mayoritariamente agrícola. La falta de protección de la industria alemana frente a la competencia inglesa actuó en el mismo sentido. La situación política se había ido complicando en Suiza durante los cinco años anteriores. Los departamentos católicos de Lucerna, Uri, Schwyz, Interwal, Zug, Friburgo y Valais formaron la Liga separatista Sonderbund. En Italia hubo otra rebelión en Rimini. Los misioneros fundaron en Freetown el Furah Bay College, que daría formación univesitaria a generaciones enteras de intelectuales en Africa occidental. Nuevamente Siam volvió a invadir Cambodia, y Vietnam acudió en “su defensa”, ocupando muchas ciudades cambodianas. Florida y Tejas fueron admitidos en la Unión, como Estados esclavistas. Con ello desaparecía el muro de contención que analizaba Alamán. Cuando Polk, de Tennessee, un Estado esclavista, fue nombrado 11º Presidente de Estados Unidos se le ocurrió pensar (o quizás se lo tuvieran que advertir) que Oregón, que, por sus dimensiones, podía dividirse en más de un Estado, sería abolicionista, libre, decidió que, pese a su campaña electoral, no haría el menor esfuerzo por su integración. Además, Gran Bretaña era una gran potencia. Pero Méjico no. Así que azuzó al Congreso para declararle la guerra, con el objetivo de anexionarse la alta California y Nuevo Méjico. Pero éste no se dejó arrastrar. Ganó las elecciones presidenciales el Mariscal Ramón Castilla, que había luchado a favor de los realistas (igual que había ocurrido en otros países hispanoamericanos) aunque aceptó la independencia de Perú cuando fue proclamada. Durante este primer periodo de 6 años consiguió restablecer la paz y reorganizar el país.

En 1.846 se produjo una carestía alimentaria en Alemania que duraría dos años, que también colaboró a radicalizar la situación. Carlos María Isidoro había abdicado como pretendiente al trono, para favorecer el matrimonio de su hijo, Carlos Luis, con Isabel IIª, su prima, entonces de 16 años. Sin embargo el Gobierno prefirió seguir manejándola, por lo que la forzó a casarse con otro primo suyo, Francisco de Asis, duque de Cádiz, que tenía fama de homosexual. Carlos Luis, desairado, se proclamó Carlos VIº e inició la segunda guerra carlista. Influyó en ello la crisis económica. Y también las impopulares medidas de Narváez, como la recluta obligatoria de quintas (un quinto de los jóvenes) el impuesto de consumos o la imposición de la propiedad privada en tierras catalanas de uso comunero. En realidad fue la continuación de los grupos bandoleros en los que se habían convertido los carlistas que no se habían rendido al final de la guerra anterior, sobre todo en Cataluña, tras la muerte de Zumalacárregui y el “abrazo de Vergara”, entre Maroto y Espartero. Tambien se la conoce como guerra de los matiners (“madrugadores”) porque atacaban a las tropas liberales al amanecer. Persistirían durante 3 años, dirigidos por Cabrera, sin conseguir éxitos notorios. Siguiendo la tesis librecambista de Adam Smith, se produjo en Inglaterra una reducción de los derechos aduaneros. En Berna y, sobre todo, en Ginebra, se aprobaron una serie de reformas constitucionales, que darían la mayoría a los sectores liberales y democráticos. El Papado se había opuesto siempre a las insurrecciones italianas, tanto como institución religiosa supranacional como en tanto que poder temporal, con sus propios intereses de dominio sobre sus propios Reinos. Le traía recuerdos del sometimiento, humillación y apresamiento napoleónicos, y el temor al resurgimiento del republicanismo liberal, que desmembrase sus territorios de soberanía pontificia. Sin embargo se produjo un hecho que se puede considerar revolucionario, dentro del catolicismo: el nombramiento de Pío IXº, el primero y uno de los poquísimos Papas liberales que ha habido. De inmediato atrajo las simpatías y las esperanzas de los italianos. Los Reinos Pontificios, Toscana y Piamonte, a imitación de Alemania, acordaron una unión aduanera: un paso más en sus respectivas reunificaciones.

Gran Bretaña hacía las mismas consideraciones sobre el Estado Libre de Orange que antes había hecho con la República Independiente de Natal, por lo que también se lo anexionó, integrando ambos territorios a la colonia de El Cabo. Komei fue nombrado emperador de Japón. Estados Unidos fracasó por segunda vez al intentar establecer relaciones comerciales con él. A pesar de su belicosa campaña electoral, Polk no entró en guerra con Gran Bretaña. Quizás le convencieran que Oregón sería abolicionista, por lo que no merecía una guerra. En lugar de ello negoció dividir el Territorio en dos partes casi iguales, siguiendo el paralelo 49º, que constituía la frontera con Canadá acordada al Este. Algo muy alejado de la franja 54-40 de su campaña electoral. El Norte se integró en Canadá y el Sur constituyó el nuevo Estado de Oregón. Iowa fue admitido como Estado abolicionista de la Unión. Con ello volvían a empatar en el Senado con los esclavistas. Elias Howe inventó la primera máquina de coser útil. Méjico no había reconocido la independencia de Tejas, no admitía los límites que dicho Estado se había arrogado, puesto que, como provincia mejicana, sólo llegaba hasta el río Nueces, y tampoco su anexión por Estados Unidos. Esto sólo podía acabar en guerra. Pero Méjico no era Gran Bretaña, por lo que Estados Unidos podía actuar con impunidad. Los imperialistas Polk y su Secretario de Estado, James Buchanan, ordenaron que un destacamento estadounidense, a las órdenes de Zachary Taylor, cruzase el río Nueces, frontera de la antigua provincia española, que Estados Unidos pretendía llevar hasta el río Grande, lo que significaba duplicar la extensión dominada. Como esperaban, los mejicanos se le enfrentaron, y fueron derrotados. También envió un embajador que ofreció la compra de dichos territorios adicionales por 15 millones de dólares. El Gobierno mejicano se negó a recibir dicha embajada, de modo que Polk “informó” que Méjico había rechazado y desairado a su embajador, y que soldados estadounidenses habían sido asesinados por tropas mejicanas en territorio de Estados Unidos, lo que era falso, por lo que el Congreso ahora sí se dejó arrastrar y declaró la guerra a Méjico. Todo un antecedente de lo que iba a ocurrir (con algunas diferencias, salvedades) en la declaración de guerra a Japón, casi un siglo después.

Muchos Estados abolicionistas protestaron de que se trataba de una invasión injustificada, sin provocación, por mera codicia de los Estados esclavistas, que, con ello, se verían reforzados. Venezuela siguió un proceso similar al de Colombia, respecto a su política interior y a sus relaciones con la Iglesia Católica. Los hermanos Monagas establecieron una dictadura que duraría 12 años. En los 24 años transcurridos desde la proclamación de independencia de Brasil, el milreis había perdido la mitad de su valor.  En 1.847, Luis Felipe perdió el apoyo de la alta burguesía y se encontró con que la agitación obrera comenzaba a dar sus frutos. En tal situación su permanencia sólo podía basarse en actos de fuerza. Narváez, haciendo uso de las facultades otorgadas por “su” Constitución, actuó de forma despótica para dominar la guerra carlista. Federico Guillermo IVº aprobó la cédula de constitución de la Dieta (del alemán die tag, o sea, “el día”, “la orden del día”, el temario) unificada. Sin embargo se le atribuían unas mínimas competencias, y, como la medieval, no debía reunirse periódicamente, sino a convocatoria del rey, por lo que la burguesía liberal se consideró engañada, perdiendo su confianza en éste. Una Dieta suiza con mayoría liberal-democrática decidió intervenir contra la Liga Sonderbund. En breve tiempo los católicos fueron derrotados, tras lo cual, a pesar de la oposición de los conservadores y las grandes potencias, que temían que, con ello, perdiese su neutralidad, Suiza se convirtió en un Estado federal firmemente estructurado, tras siglos de indefinición. Aunque siguiese considerándose una confederación, sin serlo. Tras un viaje de dos años por el Mediterráneo, Heinrich Barth, el primero de los exploradores alemanes de Africa, se unió en Trípoli, con Overweg, a la expedición inglesa de Richardson al Sudán. Tras derrotar a su principal enemigo, Abd el-Kader, Francia consumó su conquista de Argelia, iniciando una ardua tarea de colonización, en la que a los emigrantes franceses al Magreb se sumaron los italianos y los españoles. Se mejoraron las carreteras y la agricultura, convirtiendo a Argelia en un importante productor de vino y cereales. También con Túnez intensificaría sus relaciones, hasta llegar a conquistarla.

Por el contrario, la dinastía marroquí, presuntamente descendiente de algún jerife o charif, es decir, noble, respetable, aplicado a los descencientes de la hija de Mujammad, Fátima Zajra, por lo que también se les conoce como fatimíes, y su esposo Ali ibn Abi Talib, por lo que también se les denomina alauí, permaneció independiente. De modo que sólo Tripolitania mantuvo su dependencia nominal del imperio turco. A partir del asentamiento de esclavos negros liberados en Monrovia, Estados Unidos forzó la proclamación de la república libre e independiente de Liberia, para acoger a más de ellos. Constituiría el primer Estado moderno del Africa negra. Los sudistas podían temer bien a las claras el derrotero que seguía la política esclavista. La colonia de El Cabo se expandió hasta el curso inferior del Orange. Suecia y Noruega exigieron, y obtuvieron, de China, Tratados comerciales semejantes a los firmados con otras potencias occidentales, incluyendo la cláusula de nacion más favorecida. Tu-Duc fue entronizado como emperador de Vietnam. La política expansionista del rey siamés Rama IIIº le llevó a constantes enfrentamientos con familias del Sur de Vietnam respecto del dominio sobre Cambodia, cuya parte occidental ya hacía mucho tiempo que había sido dominada por los zai (“los libres”, porque llegaron allí dos milenios antes huyendo de China) o siameses. Finalmente se llegó a un acuerdo de reparto de jurisdicciones, por el que Siam se quedaba con 5 comarcas, entre ellas Angkor. Siam se convertía en la potencia continental del Sudeste asiático. An Duong era reconocido como legítimo soberano de Cambodia por Vietnam y Siam, que retiraban sus tropas del resto del país, pero a cambio de que prestara vasallaje a ambos rivales. Es decir: era un soberano sin soberanía. Como ocurre actualmente con los países que aceptan las condiciones de la Unión Europea. La perspicacia de Rama IIIº le hizo comprender la necesidad de asimilar los influjos culturales y las ciencias aplicadas europeos, especialmente los británicos. Es admirado, y, en parte, ridiculizado, en “El rey y yo”, también versionado como “Ana y el rey”, según el relato de la institutriz inglesa de sus más de 30 hijos. Gracias a tal comportamiento su dinastía pudo impedir la conquista de su país por los europeos, tanto por su potencialidad militar como por sus aciertos diplomáticos y permeabilidad al comercio ultramarino.

Es hoy el único país de su entorno que mantiene la monarquía, y, curiosamente, las tradiciones y cultura que los más retrógrados no pudieron defender. Gómez Farías llamó de nuevo a López de Santa Anna para revertir la situación. Derrotó a Taylor en la Batalla de la Angostura, la más humillante derrota (ya antes Taylor había sufrido otras derrotas, como la de Palo Alto) que jamás han sufrido los Estados Unidos de (Norte)américa, pero debió retirarse antes de aprisionarlos y tomar sus armas, porque los ataques de Gomez Farías contra los intereses del clero con sus medidas desamortizadoras habían causado la “sublevación de los polkos” (civiles que se alistaron a la Guardia Nacional para defender la capital, llegado el caso, mientras el ejército combatía en la frontera, los puertos y las vías de acceso a ésta; pertenecían a la alta burguesía y eran católicos fanáticos y aficionados a la polka, de donde deriva su nombre, no a que fuesen traidores que apoyaban al Presidente Polk de los Estados enemigos) en la ciudad de Méjico, y debió acudir a reprimirla. A partir de entonces cambió de bando una vez más (ya lo había hecho con los absolutistas, los españolistas, los realistas, los imperiales, los liberales, los federalistas y los unionistas) y se alió a los conservadores. Posteriormente fue derrotado en varias ocasiones. Polk sustituyó a Taylor al mando de las tropas de invasión, después de que éste derrotase a los mejicanos en Buena Vista, 250 kmtrs. al Oeste del río Bravo o Grande del Norte -ya que empezaba a temer que se hiciera demasiado popular -por Winfield Scott, quien desembarcó en Veracruz, 300 kmtrs. al Este de la ciudad de Méjico, después de bombardearla. Tras vencer en todas las batallas, pese a la ventaja numérica mejicana, tomó la capital, mientras otro ejército estadounidense conquistaba Santa Fe y toda California. Prácticamente no hubo resistencia, pues la Iglesia de Méjico, cuyos intereses estaban siendo atacados, arengó a la ciudadanía (y también a los militares) para que colaborasen con los invasores estadounidenses. Cuando recibió la rendición del General Anaya, Scott le exigió la entrega del parque de artillería, pues le habían informado que no lo había hecho, a lo que aquél le respondió que si hubiese tenido parque no habrían llegado hasta allí. López de Santa Anna decidió exiliarse de nuevo.

Al propio tiempo, el Comodoro Perry, que posteriormente bloquearía la bahía de Tokio amenazando con bombardearla y conquistarla si no se permitía el “libre” comercio con Estados Unidos (igual que había hecho Francia en Argentina, Uruguay y Méjico: la “política” de las cañoneras, que sería más tarde la especialidad estadounidense, en Hispanoamérica e incluso en China, y que Alemania también empleó en Tánger) bloqueó y tomó la ciudad portuaria de Frontera, en Tabasco, dirigiéndose hacia su capital, San Juan Bautista (hoy Villahermosa) donde fue derrotado. En una segunda Batalla de Tabasco lo lograría, nombrando un Gobernador estadounidense de todo el Estado, aunque sólo conquistó tres de sus ciudades. Entre los estadounidenses había 200 voluntarios católicos irlandeses para defender los intereses de la Iglesia, que, por desavenencias religiosas, se pasaron al bando mejicano. Scott los juzgó por felonía, ahorcando a 50 de ellos. La (relativamente) fácil victoria contra Méjico hizo aumentar el número de partidarios de los que propugnaban “todo Méjico”. Es decir, la anexión completa de dicha república federal. Quizás como primer paso para adueñarse de todo el Continente, como parecían pretender desde su primigenio congreso continental. En 1.848 la revolución liberal volvió a estallar en toda Europa. Esta vez con más unidad que 18 años antes, cuando la “Revolución de Julio”. Ahora, al consolidarse el movimiento obrero, derivaba hacia la revolución social, con connotaciones socialistas, por primera vez. Palermo, Toscana y Cerdeña aprobaron sus Constituciones. En el mismo sentido se produjo un levantamiento en Nápoles. Austria amenazó con intervenir en ayuda de los borbones napolitanos, si no se calmaba la situación. Suiza, eufórica por el triunfo final del liberalismo, la democracia y el federalismo en su territorio, respondió que entraría en guerra contra Austria si ésta intervenia en Nápoles. La situación, bastante esperpéntica, no pasaría a más porque en breve plazo otros hechos más acuciantes iban a centrar la atención. Exagerando bastante, Marx y Engels iniciaron su “Manifiesto (del Partido, de la Liga) Comunista” (o de los Comunistas, que de todas estas formas se ha traducido) con la frase histórica: “Un fantasma (es decir, un temor) recorre Europa”: el comunismo.

Aunque ya en escritos anteriores había teorizado sobre ello, fue con este pequeño texto -una especie de catecismo en el que se contestaban las preguntas básicas sobre el socialismo- con el que popularizó su carácter científico, estructurado, presentado como un devenir histórico insoslayable, como antes lo habían sido el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo. Si hasta entonces la crítica social había sido tarea de intelectuales humanistas, movidos por el sentido de la justicia y el apiadamiento, como respecto de la liberación de los esclavos, ahora se pedía a los trabajadores que se organizaran por sí mismos, que tomasen parte activa en la lucha política y exigieran participar en las decisiones, en defensa de sus propios intereses, contrapuestos a los de la burguesía, y no actuar como fuerza de choque dirigida por ella, engatusada por bellos conceptos que, a la postre, sólo a ella beneficiaban. Que no permitiesen la democracia burguesa o censitaria, que mantenía en el poder a las clases acaudaladas, a aristócratas y burgueses de gran renombre, pero que en absoluto se preocuparían de sus problemas, sino del incremento de las rentas de su patrimonio. La perspectiva sería un mundo en el que la propiedad de los medios de producción fuese colectiva, cuyos beneficios se aplicarían a satisfacer las justas necesidades de toda la comunidad, bajo la dirección de los trabajadores, a cuyo esfuerzo se debe todo lo que se produce. El miedo a tal posibilidad forzó la alianza de liberales y conservadores moderados, actitud que era, en principio, ideológicamente incomprensible, pero que, ante el enemigo común, la clase obrera, perdura hasta la actualidad, en mayor o menor grado. Aunque el conservadurismo ya en absoluto cuestionaba el sistema capitalista, ni el constitucionalismo, ni la representación parlamentaria (cuando esto ocurre se traspasan los límites de lo que se puede entender por conservadurismo contemporáneo) ni pretende el retorno del feudalismo. Pero sí defiende el recorte de los derechos civiles, el aumento de la represión, y la intromisión eclesiástica en la dirección del Estado y su monopolio (o, al menos, posición preponderante) sobre la enseñanza, e incluso, en algunos casos, la monarquía, siempre al objeto de mantener el poder, el pensamiento conservador, de modo indiscutible, excluyente, para el futuro.

El socialismo científico (nombre que trataba de intermediar entre el llamado “socialismo de cátedra”, teórico, que preconizaba que llegaría por sí mismo, a consecuencia del propio desarrollo económico, sin necesitar ningún esfuerzo, y el socialismo utópico, vulgar, popular o indígena, que todo lo basaba en el voluntarismo sin atender a un adecuado análisis de la realidad) o marxista pronto se encontró con la escisión del anarquismo, más basado en el socialismo utópico, voluntarista, acientífico, incluso en el propio liberalismo, aunque radicalizado, que propogaba que se podía acabar con el Estado, como organización represora del proletariado (desde el punto de vista liberal, con las “clases medias”, algo tan indefinido, indeterminado como ficticio, inexistente: o se es trabajador o no se es, pero no hay término medio) mediante un simple acto de fuerza. Frente a unos y otros surgió lo que se podría denominar justicialismo social cristiano, que, contra la lucha de clases, oponía que empresarios y obreros debían llevarse bien, como buenos hermanos, como buenos cristianos, desconociendo la esencia misma del problema: la apropiación de unos del producto de los esfuerzos de los otros, a consecuencia de su mera propiedad de parte del capital invertido. Y, a veces, sin siquiera exponer capitales propios. Para que funcionase, los empresarios con tal conciencia social cristiana debían otorgar mejores condiciones de trabajo que sus competidores liberales, lo cual no siempre era rentable o aseguraba la pretendida paz social. Fue en este tipo de empresas y sindicatos cristianos, o católicos, que utilizaban la bandera blanca y amarilla el Vaticano (de donde proviene la denominación de “sindicato amarillo”) donde más se extendió el anarquismo. De modo que también fueron estos empresarios los que más se involucraron en el pistolerismo, en pagar a matones para que amenazaran, golpearan o asesinaran a los dirigentes más radicales, especialmente los anarquistas, cerrando un círculo de violencia mutuamente realimentada. En cada país el movimiento obrero se organizó y manifestó de diverso modo, si bién socialistas marxistas y anarquistas se esforzaron por instituir organizaciones mundiales que lo coordinasen. También existió un sindicalismo inicialmente apolítico, como en el caso de Inglaterra, que se centró en conseguir mejoras sin atender a ninguna propuesta de futuro.

La creación del Partido Laborista, a partir de la dirección sindical de las Trade Unions, terminaría con dicha tendencia. Guizot se opuso a una reforma del derecho electoral. En protesta por ello, los radicales franceses intentaron realizar un acto que el Gobierno prohibió. En protesta por ello, en febrero se realizaron manifestaciones de estudiantes y obreros. Guizot fue destituido, lo que ya no sirvió para calmar a las masas, sino para darles conciencia de que podían conseguir cuanto se propusieran. Los obreros, fundamentalmente, ataviados con sus habituales blusones azules, irrumpieron en el hemiciclo de la Cámara francesa, en el propio recinto del palacio real, donde había estado desde siempre, llevando banderas tricolor, tomaron la mesa presidencial, proclamaron la IIª República Francesa, y leyeron los nombres del Gobierno provisional. Alphonse de Lamartine sería Ministro de Asuntos Exteriores, y Ledru-Rollin del Interior. Luis Felipe abdicó. La primera Ley que aprobó el nuevo Gobierno fue para garantizar un puesto de trabajo para todos. Para ello se crearon talleres nacionales, semejantes a las Fábricas Reales de tiempos de la Ilustración, y quizás también al París de la Iª República, amenazado por la invasión extranjera. Sin embargo, al poco se demostraron inviables. El 4 de marzo se proclamó el sufragio general (masculino) e igualitario. La revolución llegó a Prusia. En Berlín trabajadores y ciudadanos levantaron barricadas y se enfrentaron a los militares en encarnizadas luchas, con multitud de muertos y heridos. El entierro de los “caídos de marzo” fue una demostración de duelo nacional. En Mannheim pidieron libertad de prensa, tribunales jurados, derecho de reunión, un Parlamento alemán único para los distintos Estados germánicos (pangermanismo) y hasta la distribución de armas al pueblo para defender su derecho a tales exigencias. El Gobierno de Baden, atemorizado por lo ocurrido en Francia, cedió de inmediato, lo que estimuló que los hechos se propagasen en varios lugares. En algunos hubo enfrentamientos, aunque por regla general los Gobiernos cedieron. El 9 de marzo, la Dieta de Frankfurt abolió la censura de prensa y admitió que el águila y los colores negro, amarillo y rojo, imperiales, eran símbolos federales, lo que impedía que fuesen encarcelados quienes los portasen, anulando con ello la proscripción federal impulsada por Metternich, y que traspasaba la política interior de los diversos Estados confederados.

Conforme se desplazaba hacia el Este el movimiento revolucionario se hacía nacionalista, o se complicaba con tal perspectiva. Chekia y Hungría insistieron en formar su propio Estado, aunque aún no se planteaban la plena independencia, sino imitar el pacto bicefálico del Imperio Austro-Húngaro. Sí lo hacían, abiertamente, los dominios austríacos italianos.

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