1.885: El Pacto de El Pardo

Sólo tras la destitución de éste, Fernando Iº se reconcilió con Rusia. Al calderín balcánico, su incipiente desarrollo económico y social y los contactos culturales con el resto de Europa y el mundo mahometano adicionaban al problema nacionalista los sociales, revolucionarios y de política internacional. Alfonso XIIº murió de tuberculosis -tal vez contagiada por de su primera esposa o frecuentar prostíbulos- sin hijos varones, pero dejando a la reina, que asumiría la regencia, embarazada. Es dudoso que lo hiciese estando su enfermedad tan avanzada. Se comenta que llamaron la atención del futuro rey sobre que había un miembro de la guardia con un asombroso parecido a él. Le preguntó a éste si su madre había estado en Madrid o si el rey anterior, el difunto Alfonso XIIº, había visitado su pueblo, a lo que le respondió negativamente, pero añadió que su padre sí había vivido en palacio, ya que también había sido miembro de la Guardia Real. Por el pacto de El Pardo, Cánovas del Castillo y Sagasta se comprometieron a apoyar a la dinastía borbónica y a la reina regente, en situación tan difícil, y, para ello, respetar la Constitución de 9 años antes y mantener el turnismo, sin peligrosas estridencias ni crispación políticas. En el congreso de Bruselas se fundó el Partido Obrero Marxista belga. Salisbury fue nombrado Primer Ministro del Reino Unido. Bajo su gobierno, con especial influjo de Chamberlain, se estableció la “norma de los dos poderes” (two-power-standard) por el cual el poderío de la Marina de guerra británica debía superar a la suma del de los dos Estados que le siguiesen en potencia naval. Indudablemente pesaba en ello el recuerdo de los Pactos de familia, y de Godoy con Napoleón Iº. Gran Bretaña abandonó el librecambismo, sustituyéndolo por una estructura pseudofederal de las “colonias blancas”, de la que se esperaba que la unión dinástica, el idioma común, aranceles preferenciales y el patrón oro de la libra esterlina mantuviese el control económico sobre ellas. En Francia ganaron las elecciones los monárquicos, agrupados en torno al Ministro de la Guerra, Boulanger. Se concluyó la Conferencia sobre el Congo de Berlín. Tras renunciar a las reclamaciones en Nigeria, Alemania consiguió el reconocimiento británico a su “protectorado” sobre lo que denominaría Africa Oriental Alemana. Cecil Rhodes conquistó Bechuanalandia para Gran Bretaña. En Sudán quedó aplastada la revuelta del Majdí. Italia se apoderó de Eritrea.

Francia impuso su “protectorado” en Madagascar. La política reaccionaria de Lord Lytton, virrey de la India, y la agitación provocada por el rechazo de la propuesta de que los británicos debieran someterse a los juzgados hindúes (Ilbert bill o propuesta Ilbert) deben considerarse los antecedentes para que el liberal británico Allan Octavian Hume diese vida al movimiento político Congreso (en inglés tiene el sentido de Unión) Nacional de toda la India. Aquel año se reunió en el College de Sánscrito Gokuldas Techpal de Bombay, confirmando la elección, el año anterior, del bengalí, cristiano, W. C. Bonnerjee. El programa inicial pretendía mejorar las relaciones entre la India y Gran Bretaña. Con este fin trataron de evitar que los intelectuales hindúes se implicasen en la lucha contra los dominadores. Para ello tuvieron que optar por exigir reformas sociales, económicas, fiscales, financieras y educativas, y la participación de los hindúes en la administración y Gobierno del país. La negativa británica a dar cauce a tales pretensiones originó una división del Congreso Nacional entre moderados y extremistas. Por el Tratado de Tientsin, China terminó aceptando el de Jué, de dos años antes, por el que Francia se quedaba con Annam, Tonkín y todo el Norte de Vietnam, anteriormente dominios feudales chinos. El avance francés por Indochina, hacia el Oeste, hizo concebir a Birmania posibilidades de recuperar su integridad territorial. Ante la coalición de ambos, los británicos pidieron garantías para su comercio y un nuevo pacto de “protección”. Transcurrido el plazo sin obtener repuesta, un ejército anglo-hindú ocupó Birmania, sin encontrar resistencia. Como no encontraron ningún heredero dispuesto a hacer de títere, integraron al país en la India. La actitud imperialista europea en la zona sufrió un cambio completo. Si antes había sido mercantilista, en el sentido de pretender el beneficio comercial y del tráfico naval, a partir de entonces se impuso el dominio absoluto, la anexión total, controlando y desarrollando toda la estructura política y productiva, en vistas a su máxima explotación, contradictoriamente a lo que se intentaba con las “colonias blancas”. Japón tuvo que aceptar nuevamente Tratados comerciales desiguales. Estaba claro que, si no quería llegar a la misma situación que atravesaba China, debía buscar “un lugar bajo el Sol”, una demostración de fuerza que hiciese desistir de ulteriores empeños en el mismo sentido.

Como no encontró otro enemigo menor, pero de suficiente entidad, declaró a Corea, que se aceptaba internacionalmente como soberanía china, “zona de intereses comunes”, asemejándose en ello a las potencias imperialistas. Dada la lentitud con que se tramitaba el proyecto constitucional, para calmar a los impacientes se fueron tomando medidas parciales. Siguiendo el modelo prusiano se establecieron 5 niveles de nobleza. Se concedieron 500 títulos nuevos a elementos reformistas. Los 300 miembros de la Cámara alta deberían pertenecer a la nobleza. Ito fue nombrado Primer Ministro. Toda la reforma meiyi se financiaba mediante la reforma fiscal, que hacía recaer todo el esfuerzo en las propiedades agrarias. Muchos campesinos tuvieron que vender sus tierras, cambiando la estructura de propiedad. Un 45% de las tierras pasaron a explotarse en régimen de alquiler. Aún así la agricultura continuaba siendo excedentaria. Sus beneficios se aplicaron a la industrialización, aunque también a la modernización agrícola. De modo que sólo un 10% del incremento de la producción agropecuaria se puede explicar con la ampliación de la superficie de cultivo. Durante muchas décadas el incremento de la producción arrocera fue parejo al demográfico, de modo que Japón apenas tuvo que importar alimentos básicos. Bismarck terminó comprendiendo la importancia económica de las islas oceánicas, por lo que realizó una de sus complejas maniobras diplomáticas, apoyando a Francia en su problema con Egipto como presión para que los británicos reconocieran las pretensiones alemanas sobre Nueva Bretaña y el Norte de Nueva Guinea. Se concedió la garantía del Reich a las empresas colonialistas y se creó el “protectorado” sobre las colonias alemanas del Pacífico: lo que más tarde se llamaría Costa de Guillermo IIº, islas Marshall y archipiélago de las Bismarck. Con ello el imperio colonial alemán alcanzaba casi su máxima extensión. En un plazo increíblemente breve. En Nueva Granada, Rafael Núñez derogó la Constitución federal, proclamando como unitaria la República de Colombia. A partir de 1.886 la política francesa entró en una fase de extremismo. Georges Boulanger, Ministro de la Guerra, creó el movimiento que se conoce por su apellido, nacionalista y autoritarista, integrando a los conservadores, los nacionalistas radicales y los bonapartistas.

La asociación feniana pretendía una república irlandesa independiente. Para atajarles el paso, y como la desestatificación de la Iglesia anglicana y la imposición de la enseñanza obligatoria no habían conseguido pacificar el país, Stewart Parnell, con el apoyo de Gladstone, propuso la Norma Interior (Home rule) que propugnaba su autonomía, y que el Parlamento británico rechazó. Rusia completó el tendido del ferrocarril transcaspiano. Gran Bretaña se apoderó de Kenia. Por el Tratado de Uchale (Uccialli en italiano) por la población cercana al campamento de Melenik IIº, donde se firmó, “Abisinia” (Etiopía) tras haber sido invadida por Italia, pasaba a convertirse en “protectorado” italiano, según el texto en dicho idioma, aún reconociendo a dicho rey como negus, ya que lo obligaba a relacionarse con el exterior a través de las autoridades italianas. Era un absurdo intento de estafa, porque la versión en amárico sólo recomendaba consultar con el Gobierno italiano sobre las relaciones con otras potencias europeas. Esta situación sólo podía degenerar en la guerra que se pretendía eludir de modo tan torticero. Francia impuso su “protectorado” sobre las islas Comores. Se fundó en la India el College anglo-védico Dayananda. Francia debió intervenir para proteger a sus colonos y misioneros contra la rebelión en Vietnam. Una vez sofocada decretó la Unión Indochina, que incluía la Cochinchina, Cambodia y Tonkín, eliminando las diferencias entre colonia y “protectorado”, si bien respetó a sus soberanos: había aprendido que lo importante era mantener sus intereses económicos, y que no se podía imponer el dominio directo sobre pueblos tan extensos tan alejados de la metrópoli. Es decir, había aceptado las tesis del neocolonialismo en fecha tan temprana. Gran Bretaña renunciaba, a favor de Alemania, a sus aspiraciones sobre el Norte de las islas Salomón, y, parcialmente, a las Carolinas y las Marshall, a cambio de que ésta le dejase el camino libre en las Gilbert. Finalmente España extendió la prohibición de la esclavitud a todas sus colonias, incluida Cuba, lo que podría haber influido en la última insurrección, también instigada por los grandes hacendados y propietarios de ingenios azucareros, casi todos ellos estadounidenses.

En 1.887 el Reino Unido pactaba con Austria-Hungría e Italia la que se conocería como triple alianza del Mediterráneo o de Oriente, por la que se trataba de garantizar el statu quo existía en dicho mar, la independencia de Turquía y sus derechos sobre Bulgaria, lo que terminaba de aislar a Francia. La ley de mercados pretendía garantizar el predominio comercial británico. Entre otras condiciones exigía que todos los productos ultramarinos expresasen su país de procedencia. Se suponía que el nacionalismo británico daría preferencia a los del British Empire. Sin embargo terminó imponiéndose la presunción de calidad a todo lo que fuese made in Germany. El velocípedo, especie de bicicleta que se accionaba empujando con los pies en el suelo, se hizo popular. No era necesario levantar el peso del cuerpo a cada zancada, para que el otro pie no roce con el suelo, por lo que se conseguía mucha mayor velocidad y recorrido con menor esfuerzo que corriendo o andando. Pero transmitía directamente las irregularidades del terreno al coxis y a la columna vertebral. Más tarde se le añadieron pedales para accionar directamente las ruedas, o a través de palancas o cadenas. Dunlop, un veterinario escocés, sustituyó las llantas de goma maciza del triciclo de su hijo, que debía sufrir los baches de las calles de Belfast, por tubos de caucho, tal vez de los utilizados para inhalar gases medicinales, rellenos de aire, como se hacía con los balones de balompié, atados con vendas recubiertas de lona con caucho: había inventado el neumático. Más tarde se aplicaría una cubierta de caucho vulcanizado, de mayor duración y agarre. Sin embargo, cuando fue a patentar su “invento” descubrió que ya había sido patentado, 40 años antes, por el escocés Robert William Thomson, en Francia y en Estados Unidos. Como tantas veces ocurriría, por ejemplo con Thomas Alba Edison, los tribunales estadounidenses se decantaron por los intereses comerciales o productivos de su país, de modo que, contra toda evidencia, Dunlop obtuvo la exclusiva, desposeyendo de ella a Thomson, el verdadero y primitivo inventor ¿Es eso piratería? ¿Para eso sirve la propiedad “intelectual”, para favorecer siempre a Estados Unidos? Así es cómo se conquista la supremacía productiva y el control de los mercados, impidiendo que el resto de competidores pueda hacer lo propio, con “justicia” a la carta.

Cuando son las industrias o inventores estadounidenses los perjudicados entonces lo consideran cuestión de Estado y amenazan con represalias comerciales, aduaneras, tributarias o diplomáticas para conseguir sus objetivos. Así se conquistan los “libres mercados”. Carnot fue elegido Presidente de la República en Francia. En Holanda se aprobó una nueva Constitución. La radicalidad francesa, consecuencia, en parte, de las humillaciones acarreadas por la guerra franco-prusiana, la derrota de Bulgaria a Servia, más que aliada de Austria-Hungría, y la rivalidad balcánica entre ésta y Rusia, así como su lógica insistencia en abrirse paso hacia el Mediterráneo, lo que impidió rehacer el Pacto de los tres emperadores, empujaron a Bismarck a firmar el llamado Tratado de contraseguro con el conde Paul Chuvalov, embajador ruso en Berlín. Fundamentalmente para impedir que Rusia se acercase a Francia. Ambas naciones se comprometían a permanecer neutrales en caso de guerra con una tercera potencia, salvo que Rusia atacase a Austria o Alemania a Francia. Se ratificaba la influencia rusa sobre Bulgaria y Rumelia, lo cual era contradictorio con las alianzas alemanas respecto de Austria-Hungría y de Rumania, y se ratificaba el cierre del paso entre el Mar Negro y el Mediterráneo a buques de guerra que no fuesen turcos. Además contenía un protocolo adicional secreto, por el que Alemania se comprometía a apoyar moral y diplomáticamente a Rusia si intentaba forzar dicho paso. El entramado de Pactos de Bismarck ha sido criticado muchas veces, y se le ha culpado de la Iª Guerra Mundial. Hay que analizar que su objetivo no era sólo asegurar la paz, sino disuadir de la guerra, aislando a Francia. O, al menos, desviar la confrontación hacia fuera de Europa. La incentivación, o, en todo caso, condescendencia a que Rusia atacase a Turquía, llevaba la intencionalidad de forzar a Gran Bretaña a un pacto, que era el elemento insoslayable para que Francia se sintiese sola y no pudiese albergar ninguna esperanza revanchista, de reconquistar Alsacia y Lorena. Lo cierto es que tan complejo, abigarrado y maquiavélico entramado de alianzas y Pactos funcionó perfectamente mientras Bismarck, el único que tenía en su cabeza su finalidad e intrincaciones, podía manejar los hilos. Cuando no fue así, cuando no hubo nadie con su capacidad y conocimiento de cómo debían funcionar, se demostró una bomba de relojería.

La Democracia Social comenzó a ganar votos en Suiza, a costa de los liberales radicales. Acabaron los gobiernos liberales de izquierda de Depretis, siendo sustituido por Crispi, que inició la política de protección aduanera en Italia. Debió enfrentarse a la resistencia abisinia a su invasión, por lo que transformó Eritrea en colonia. China era prácticamente una colonia, despedazada por los “pactos desiguales”, no sólo a favor de las potencias occidentales, sino también de Japón. En tal ambiente la autoridad imperial era sumamente precaria, ya que dichas potencias extranjeras sobornaban a las autoridades provinciales y locales, incluso a muchos militares, para que incumpliesen las leyes, a su favor, garantizándoles, además del precio convenido, la impunidad. Esto era verdadera traición a la Patria, más aún para la mentalidad confuciana que, teóricamente, debía impregnar al funcionariado. Mientras tal ambiente se extendía, se multiplicaba, los únicos apoyos con los que contaba la dinastía manchú eran sectores conservadores, recalcitrantes, confucianistas, que impedían ninguna reforma que hubiese podido mejorar la situación. Las factorías comerciales y las legaciones diplomáticas en las grandes ciudades de la costa, Uujan y Pekín (Beiying) funcionaban como complejos internacionales, aunque otras zonas eran coto exclusivo de una sola nación. Así Portugal se quedó con todo el territorio de Macao. Las misiones cristianas eran verdaderos puestos estratégicos, repartidos por todo el imperio. Tras ellos se ocultaba el poder político de las potencias occidentales, que situaban a “sus” misioneros en una posición de influencia, desde la que pudiesen proteger a “sus fieles” en el desacato a las autoridades imperiales. Al propagar que Dios se encargaba (se encargaría) de castigar las malas acciones esparcían la idea de incumplir el mandato confuciano de respetar las leyes y normas, buscar el equilibrio y la justicia, la equidad, en todo comportamiento. Como demostración de la superioridad de sus religiones exhibían las ventajas técnicas occidentales, de sus máquinas y descubrimientos. Con ello cuestionaban las enseñanzas confucianas de evitar la ambición, conformarse con lo que se tuviera, mantener el orden y la continuidad de lo establecido, sin aspirar a cambios radicales, a peligrosas innovaciones.

Además de insultar la conciencia nacional china, que siempre habían mantenido, asegurado, que el máximo exponente técnico y científico había sido chino, con muchos siglos de adelante sobre los occidentales recién llegados a la cultura y al conocimiento, a la sabiduría. Entre las demostraciones del progreso técnico occidental, ergo superioridad religiosa, presentaban el armamento, el conocimiento astronómico, los telescopios y lentes (luego, también las gafas) y los relojes, que era un instrumento de navegación, para conocer la diferencia de latitud respecto del puerto de partida, calculando la diferencia entre la hora local y la de dicho puerto o punto de comparación (Observatorio Astronómico de la Marina Real británica en Greenwich, a las afueras de Londres) para lo cual los navíos debían contar con dos relojes, uno que se adecuaba diariamente al meridiano solar y otro que mantenía inmutable la hora del punto de referencia. Con ello, además de herir el orgullo nacionalista chino (olvidando que tanto la pólvora, las armas de fuego, como la brújula, habían sido inventos chinos) humillarlos, ponían en cuestión que toda la cronología, la historiografía chinas (para ellos los acontecimientos estaban relacionados con las estrellas, “escritos” en ella, por lo que era imprescindible mantener un registro continuado de los hechos significativos ocurridos en la Tierra, o sea, en China, y en las estrellas, para estudiar posteriormente qué relación habían entre unos y otros, poder predecir el futuro) sino que cuestionaban el poder imperial sobre las observaciones astronómicas y el “tiempo”. Al contrario que en Europa, donde los relojes se habían inventado para poder llamar a la oración a los monjes de clausura durante la noche, y que las Iglesias se habían apropiado del servicio de “información horaria”, a través de las campanas de las iglesias, llamando a misas, oraciones y ceremonias litúrgicas, en China era el emperador y sus delegados, los mandarines o los jefes del ejército, a través de los observatorios astronómicos, los que, a toque de tambor y corneta o disparando cohetes o cañones, informaban la fase del día en que se encontraban, para realizar las distintas faenas o dejar de hacerla. O sea, era el poder imperial quien imponía el tiempo, ordenaba lo que había que hacer.

Los relojes occidentales, eran más que una curiosidad, demostraciones de alta tecnología, un juguetito, como toda la tecnología innovadora: era una llamada al desacato imperial, una demostración de su perdido poder. Todo ello, indudablemente, favoreció el dominio imperialista de los extranjeros, con sus beneficiosas repercusiones económicas para dichas potencias. Pero supuso el descrédito para tales misiones religiosas, que quedaron desenmascaradas ante la ciudadanía del país. La desesperanza, la frustración, se adueñó de todos. La intelectualidad comenzó a plantearse que sólo un movimiento revolucionario podría alterar tal estado de cosas. Francia creó la Unión Indochina. En Japón terminó una fase de transición, en la que los bienes de consumo, manufacturados o semimanufacturados, debían importarse, lo que se compensaba con la exportación de seda cruda y de té. Para entonces se destinaban 219.000 Ha. al cultivo de moreras y 150.000 al algodón. A partir del despegue económico se consiguió un crecimiento constante medio del 20%, alcanzando el autoabastecimiento. Ya antes de la Era Meiyi, en Satsuma, al Sur de Japón, se observó que la climatología era adecuada para el cultivo de la caña de azúcar. Como dicho jan despreciaba la autoridad del chogunado, la fabricación, venta, e incluso exportación, de azúcar, era una demostración de autonomía, de capacidad, de desacato, de no seguir las reglas, y una fuente de beneficios, de financiación, entre otros objetivos para comprar armas y adiestrar a su ejército bajo las enseñanzas y siguiendo patrones occidentales. Más tarde se descubrió que el clima también era bueno para plantar algodón. Como en Inglaterra varios siglos atrás se comenzó la producción masiva de tejidos mediante el cardado, hilado y telares a domicilio, en zonas rurales, ejecutado por mujeres, no en las horas libres”, sino bajo jornadas extenuantes. Más tarde, como en Inglaterra, se agrupó a las mujeres en naves industriales. Pero, curiosamente, sin emplear máquinas de vapor, al menos en principio. Esto fue posible gracias al espíritu de sacrificio, obediencia, disciplina, sumisión, hay que decir, destreza manual, de las japonesas, así como el carácter montuoso del país, que permite cursos de rápidos y saltos de agua con los que accionar molinos hidráulicos.

Además, un monje sintoista (palabra que, etimológicamente, significa “procedente de China”, y que designa la mezcolanza de confucianismo y buddismo japonés, aunque oriundos de aquél país) descubrió que introduciendo a presión el algodón en rama en cilindros metálicos rotatorios se conseguía hilado de aceptable calidad a gran velocidad de producción. De esta forma Satsuma entró en la era industrial (como Inglaterra o Cataluña) proveyendo no sólo a su jan, sino a todo Japón, e incluso exportando. Posteriormente se necesitó importar máquinas de vapor, por lo que Satsuma se convirtió en el motor de presión para que se anulasen las restricciones al mercado exterior. Parte de las primeras máquinas fueron destinadas a su despiece e imitación, como siempre han hecho los japoneses, saltándose cualquier monopolio legal bajo la especie de derecho de patente. De modo que en poco tiempo fabricaban dichas máquinas para todo Japón. Referirse a la Revolución (Restauración para los japoneses, es decir, recuperación del poder imperial, y que para ellos cualquier revolución tiene connotaciones campesinas, incultas, desesperadas, que contravienen las enseñanzas confucianas y buddistas: obsérvese la inmensa labor que debió acometer Mao Tsé Tung para hacer que el pasí más poblado del mundo asumiese que Confucio era el primer revolucionario y que el comunismo, más exactamente el maoísmo, derivaban de dichas enseñanzas) Meiyi sin aludir a Satsuma, a su participación en la derrota militar del último estertor del chogunado, supone una grave injusticia o ignorancia. En 1.888 Cecil Rhodes iniciaba la conquista de lo que se denominaría Rhodesia. La política proteccionista aduanera, su legislación social, la política que denominó “vuelta (¿cuándo la habían tenido antes?) al Estado del bienestar”, así como la persecución de los socialistas, llevaron a los liberales a la radical oposición, la enemistad, el odio, hacia Bismarck. A la muerte de Guillermo Iº heredó el título imperial su hijo Federico IIIº. En él los liberales tenían todas sus esperanzas. Pero murió a los casi 100 días ¿Influiría Bismarck en ello? Ocupó su puesto el joven, ambicioso, militarista, creído, pretencioso, vanidoso, Guillermo IIº. Cuarenta y seis años menor que Bismarck, pronto tuvo grandes divergencias con él.

Gran Bretaña, Francia, Austria-Hungría, Italia, Turquía, Alemania, España y Holanda firmaron en Estambul la convención de Suez, por la que se garantizaba la libertad de tránsito de buques mercantes y de guerra por el canal. Gran Bretaña se quedó con el “protectorado” del sultanato de Brunei, completando su dominio sobre el Norte de Borneo. El emperador de Japón creó un Consejo Privado de destacadas personalidades, con carácter vitalicio, para asesorarle respecto de la Constitución y tras la aprobación de la misma. Se creó una comisión franco-británica para resolver los problemas que el expansionismo en Oceanía pudiese ocasionar entre dichas potencias colonialistas. El imperio de Brasil, por iniciativa de la princesa Isabel, presionada por el ejército, abolió la esclavitud. Los hacendados del Nordeste, hasta entonces el más sólido apoyo del imperio, lo consideraron una traición, y lo abandonaron a su suerte. Así que se quedó sólo con el prestigioso Mariscal Deodoro Da Fonseca, quien, con grandes esfuerzos, consiguió controlar a los militares. En 1.889 fallecía Luis Iº de Portugal. Boulanger tuvo que huir a Bruselas, donde se suicidó. Con ello se conjuraba, definitivamente, la amenaza monárquica, y, temporalmente, la conservadora y nacionalista radical en Francia. Ante lo cual los revolucionarios consideraron llegada su oportunidad. Se fundó el Partido Socialista sueco. Se promulgó en Alemania la ley del seguro obligatorio de vejez e invalidez. Durante esa década se había atravesado el túnel de San Gotardo, entre Italia y Suiza, y construido el primer vehículo propulsado con motor de explosión de gasolina. Se suicidó, junto con su amante, menor de edad, sin conseguir el divorcio de su esposa, el príncipe Rodolfo, tras la derrota electoral de los liberales, en cuyo triunfo había puesto sus esperanzas. Con ello la doble corona austro-húngara se quedaba sin heredero. Turquía había comprendido que no podía mantener enfrentamientos permanentes con todos sus vecinos, ni depender exclusivamente del apoyo del imperio británico. Así que había iniciado acercamientos hacia el Reich. Aquel año Guillermo IIº visitó el imperio otomano. La oposición turca se radicalizó e intensificó. La formaban intelectuales y Oficiales del ejército, sobre todo en las ciudades. El grupo opositor más importante fue la Sociedad para el Progreso y la Unidad, fundada por los estudiantes de la academia militar de medicina de Estambul.

Francia impuso su “protectorado” sobre Costa de Marfil. El emperador chino Kuang-jsu fue proclamado mayor de edad. En Japón se habían formado un Partido Liberal (Yiiuto) otro Progresista (o Reformista) Constitucional (Kaichinto) y un Partido del Gobierno Imperial (Teiseito) formado por conservadores y burócratas. Correspondiendo a la época inicial del liberalismo (en la que continúa, por ejemplo, Estados Unidos) sus estructuras eran poco rígidas, estaban muy influenciados por determinados miembros del Gobierno y altos funcionarios, y servían para equilibrar los distintos intereses en el mismo, ampliando su base de apoyo, especialmente en los enfrentamientos entre la administración civil y la militar respecto de los presupuestos de las fuerzas armadas, necesarios para un política expansionista. Otro importante grupo de presión lo formaban, mezclado con personalidades pertenecientes a los otros dos, los banqueros e industriales. Se aprobó una Constitución. El “divino emperador”, símbolo de la independencia nacional y de la continuidad histórica ininterrumpida, retenía el derecho exclusivo sobre el poder ejecutivo, decidía sobre la guerra y la paz, firmaba acuerdos con las potencias extranjeras y era el comandante supremo del ejército. De modo que considerar a Japón una monarquía constitucional parece excesivo: sólo de nombre, nominalmente. Le asesoraba un gabinete formado por su Presidente y 11 Ministros, además de su Consejo Privado. Aparecía una Cámara baja por primera vez elegida por el pueblo, pero sobre un censo reducido de unas 450.000 personas, es decir, el 1% más rico de la población. Verdadera democracia burguesa. Aún así no tenía plenas atribuciones.

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