0313-El césaro-papismo

Pero Constantino no le dio más oportunidades, de modo que lo apresó. Moriría en la cárcel, posiblemente asesinado. En el 311, Galerio y Decio otorgaron un edicto de tolerancia, que se cita en muy pocas ocasiones. Sin embargo, el emperador romano de Oriente, Maximino Daya, prosiguió dicha persecución hasta el 313, con toda virulencia. En el 312, debilitado el poder de Majencio, y con el apoyo del augusto Liciniano, Constantino se dirigió a Roma y lo derrotó. Así que Flavia Máxima Fausta, que más debieron llamar infausta, dada en matrimonio a Constantino porque su padre pretendía controlarlo, tuvo que soportar cómo su marido, el favorecedor de los cristianos, el que fue bautizado en su lecho de muerte, tras muchos años de catecumenado, dejaba morir en la cárcel, si es que no dio orden de asesinarlo, a su padre, y presenciar el cruel escarnio que hizo con el cuerpo de su hermano. Al final, su marido ordenó que fuese ahogada en un baño de agua hirviendo.

Se duda si el motivo fue porque le fue infiel con su hijo primogénito, Crispo, o por haberlo acusado falsamente de violación sexual, cuando, tras la ejecución de su pena de muerte, Constantino comprendió que había sido una maniobra para dar primacia en la herencia al trono a los hijos de ambos, Constantino IIº, Constancio IIº y Constante. En este momento parece adecuado referirse a la leyenda [1] de San Mauricio [2]. Al parecer era uno de los jefes de la Legión Tebana [3]. Según la misma, al negarse a ofrendar sacrificios a los dioses [4] fueron diezmados [5]. Sin embargo sólo se conocen los nombres de cinco decapitados [6]. Cuando Constantino se dirigió contra Majencio quizás precisase el apoyo de la Legión Tebana [7] y ésta se negase a hacerlo, porque no quisieran luchar contra Roma, porque entre las tropas italianas hubiese cristianos o contasen con el apoyo de éstos, porque su religión les prohibiese luchar contra otros romanos o contra cualquier ser humano, lo que no cumplieron cuando acabaron con la revuelta en las Galias, unos decenios antes, o como medida de presión para que se aboliese el decreto de expulsión de los cristianos del ejército. Así que Constantino debió negociar con el obispo Ossio de Córdoba para que convenciese a tales tropas.

Se debió acordar la ampliación el decreto de tolerancia a todo el imperio a cambio de que los cristianos renunciasen a la abolición de la esclavitud. Quizás fuese el momento en que, según otra leyenda, dijo a sus tropas que había visto en sueños que triunfaría con el signo de la cruz [8] empleando la espada como muestra de tal signo. Cuando entró triunfalmente en Roma no hizo la tradicional procesión sacrificial al Capitolio. Pero sí repartió monedas entre la plebe, lo que le parecería más propiciador. Poco después erigió su estatua en el Foro con la cruz como signo de victoria. Es decir, el cristianismo pasaba de ser religión perseguida a la principal sostenedora del Imperio Romano, sin solución de continuidad. Sin embargo, Constantino siguió ostentando el cargo de Pontífice Máximo de Júpiter, el dios oficial del Estado romano, según tradición de tiempos de la dictadura de Cayo Julio César, quien obtuvo dicho nombramiento sobornando a los sacerdotes. Además de seguir recibiendo adoración, como dios-emperador, Constantino también emitió monedas en las que personificaba al dios solar Helios. Pero, en la ceca de Tréveris, en la Renania, acuñó otras inscribiendo en su casco las letras griegas XP [9].

De sus legiones desaparecieron las efigies augustas y las insignias de águilas o lobas [10] capitolinas, sustituidas por el signo de la cruz, el pez [11] las letras griegas antedichas, o las alfa y omega, significando principio y fin de la Historia, la eternidad. Es decir: el ejército romano pasaba a ser ejército cristiano. Comprendiendo que Roma, la península italiana, era una ratonera, si un ejército traspasaba los Alpes, barrera que, además retrasaba las comunicaciones con la asediada frontera Norte, trasladó la capital a Rávena [12] y a Milán, lo que produjo un serio rechazo por los patricios, que el obispo de Roma aprovecharía para hacerse su valedor, a cambio de que nombrasen determinado número de senadores cristianos, aunque dicha institución ya era un mero título nobiliario. Al año siguiente, con el apoyo de Constantino, Liciniano derrotó a Maximino Daya. Acordaron que Constantino pasara a ser augusto de Occidente, puesto que era, en realidad, el que detentaba el verdadero poder, el mando sobre las tropas, y Liciniano de Oriente. No fue hasta entonces, muerto ya Diocleciano, cuando Constantino se decidió a cumplir su promesa, copiando exactamente el edicto de tolerancia de Galerio.

Por tal edicto, publicado en Milán, capital del Imperio Occidental, por entonces, en el año 313, se devolvían los bienes confiscados a la Iglesia cristiana y se le confería capacidad para recibir herencias y legados, sin que se pudiese alegar ilegalidad a los mismos. Además, los obispos obtuvieron igual consideración y derechos que los senadores. Es decir: la Iglesia cristiana comenzaba a suplantar la estructura del Estado, confundiéndose investiduras [13] seglares y clericales. Diocleciano había creado unos consejos [14] militares, compuestos por duxes [15] marquises [16] y comites [17]. Se les añadiría la presencia de los obispos de Roma y Constantinopla, para asegurar el sometimiento de la retaguardia -ante la escasez de tropas pretorianas- y el éxito de las nuevas reclutas [18]: es el antecedente de las cortes estamentales, hasta que acabasen con ellas las revoluciones de Cromwell, durante la República de Inglaterra -auque en Gran Bretaña perduró la Cámara de los Lords, hasta que su nombramiento se hizo electivo y sin necesidad de poseer títulos nobiliarios- estadounidense y francesa. El obispo de Cartago, Donato, tal vez comprendiendo la deriva que tomaba la Iglesia, de forma tan inmediata, exigió que se destituyese a todos los obispos que, durante las persecuciones, no habían mostrado la debida diligencia en proteger los textos cristianos, y que se anularan los sacramentos que hubiesen impartido.

Tal vez pretendía segar el posible apoyo que pudiesen obtener de sus bautizados y confesados. La Iglesia, tomando el rábano por las hojas, proclamó que la eficacia de los sacramentos era independiente de la inmoralidad de quienes los administrasen. Los donatistas reaccionaron nombrando obispos disidentes en el Norte de Africa. Es lo que se conoce como “secta de los iluminados”, que planteaba una religión ejemplar pero minoritaria, volviendo a la propiedad comunal de los bienes y al desprecio por el matrimonio, que consideraban una incitación a la concupiscencia [19]. Negaban que debiesen existir sacerdotes, lo que era imitar a las religiones que denomiaban “paganas”, sino “perfectos”, sin autoridad, salvo su carácter ejemplar. Lo que significaba rechazar cualquier jerarquía o alto cargo eclesiásticos. Comprendiendo el peligro en momento tan crítico, cuando el cristianismo no estaba, ni mucho menos, consolidado, Constantino convocó el 314, en Arles, en Francia, un “concilio” (la Iglesia actual no lo reconoce como tal, igual que con el de Elvira, sino cómo sínodo) de obispos, es decir, en el que no intervinieron los militares. Pero no fue posible llegar a un acuerdo.

Constantino y sus sucesores no estaban en condiciones de llevar una persecución en toda regla contra los iluminados en Africa, que cuestionaría el prestigio del cristianismo, debilitando sus apoyos, ni retirar sus legiones de la frontera, de forma que subsistió hasta la invasión mahometana. En el 316 el Imperio Chino volvía a desaparecer, huyendo la aristocracia y parte del campesinado hacia el Sur: un nuevo impulso para la expansión buddista. Poco a poco los cultos “paganos” fueron considerados inmorales en el Imperio Romano-Cristiano. Se utilizó como argumento determinados ritos fertilizantes, que sólo correspondían a unos pocos cultos religiosos, no todo el mundo practicaba, ni era la única liturgia existente. Los cristianos destruyeron lugares de cultos de otras religiones, reutilizando los expolios arquitectónicos para sus templos. Se abolió la crucifixión como ejecución de sentencias de muerte atormentante y humillante. Aunque conocían otras muchas alternativas. En el 319 se prohibió, oficialmente, incluso los sacrificios “paganos” privados. En el 321 se declaró el domingo día de descanso legal, en conmemoración de la resurrección de El Cristo.

Pero lo cierto es que era el día de fiesta y liturgia mitraica, el día del Señor Mitra, del dios-sol [20]. Si antes a los cristianos se les consideraba sospechosos de deslealtad, Constantino consideró más conveniente conceder algunos altos cargos a los mismos. Al obispo de Roma le entregó, para que fuese su residencia, el palacio que Nerón expropió a la familia patricia Laterani, posteriormente conocido como Letrán. Cuando el Papa exigió su “derecho” a los Reinos Pontificios, aduciría un documento de donación sellado por Constantino, lo que se demostró que era una falsificación. Liciniano se sintió amenazado por los cristianos, que apoyaban a Constantino, por lo que reemprendió acciones para limitar su creciente poder. Así que éste se vio obligado a salir en defensa de los mismos. En el 324 Constantino lo derrotó, haciéndose augusto único de todo el Imperio. Se limitó el derecho a disponer de los esclavos y a castigarlos. Se retiraron de circulación las monedas con emblemas paganos, reacuñándolas con signos cristianos, como la cruz [21]. Para Arrio, presbítero de Alejandría, y sus seguidores, El Cristo no era Dios, sino un segundo ser, el Logos, con capacidades divinas, creado por el Padre, por lo que no era eterno, infinito, sino que había tenido un principio.

Constantino volvió a comprender el peligro de una temprana escisión, por lo que exigió al obispo de Roma, Silvestre Iº, la convocatoria de un “concilio ecuménico” [22], es decir, universal. Se reunieron 250 obispos en el palacio que el emperador tenía en Nicea [23], en Turquía, donde veraneaba, el año 325. Insuflada por San Atanasio, obispo de Constantinopla, entonces en construcción, llena de artesanos y obreros cristianos, que anteriormente había sido excomulgado en otros concilios (actualmente no reconocidos como tales, sino como sínodos de obispos) en los que los arrianos eran mayoría, se acordó una declaración de las creencias -o credo– que se consideraban definitorias del cristianismo, en la que se profesaba que El Cristo era “Dios sobre Dios, luz sobre la luz, Dios Verdadero sobre Dios Verdadero (todo lo cual recuerda al título de Rey de Reyes de los persas) engendrado, no creado, de igual sustancia, fisiké, que el Padre” [24]. También se acordaron las distintas festividades litúrgicas cristianas, entre ellas la Pascua, diferenciándola de su originaria hebrea, y se prohibió que los clérigos pudiesen vivir con mujeres que no fuesen su madre y sus hermanas.

Arrio y los suyos fueron condenados al destierro si no se retractaban, y se castigó con pena de muerte la posesión de sus escritos: una vez que el cristianismo dejó de ser perseguido, sólo 12 años después, comenzó a perseguir, con tal saña, a los mismos cristianos disidentes, heréticos. Ironías de la historia: los desterrados, expulsados de los límites del Imperio, pudieron bautizar a los godos [25], de modo que el Imperio Romano-Cristiano acabaría invadido y dominado por el arrianismo. Paradójicamente, aquel mismo año en que se condenaba a muerte la posesión de determinados libros teológicos, se prohibieron los espectáculos de gladiadores [26]: durante siglos los autos de fe los sustituirían para pública diversión. Constantino consideró extremista, poco hábil, poco política, la decisión tomada, por lo que anuló el destierro de Arrio.


 [1] Fue escrita casi siglo y medio más tarde de los hechos que relata, y contiene anacronismos y contradicciones como para hacerla poco creíble. Por ejemplo, acusa del martirio a Maximiano Hercúleo, augusto de Occidente en fecha posterior a la época a la que parece referirse el relato. También es posible que, por entonces, aún no fuese augusto, sino simplemente mando militar. Igualmente anacrónicas son las denominaciones de los cargos militares, como primicerius, que es el nombre que les daban los romanos a los jefes militares bárbaros.

[2] En latín Mauritius, en otras lenguas europeas Maurice, Moritz o Morris. Posiblemente fuese un apodo, significando marroquí o mauritano. Según la escultura que lo representa en su abadía, en el cantón suizo de Valais, era negro.

[3] La inmensa mayoría de los hagiógrafos la refieren a Tebas de Egipto, aunque algunos historiadores dudan de que se llevasen a Italia, a la Galia o a Suiza, tropas de dicha procedencia. Yo apuesto por la originaria Tebas de Grecia, donde la práctica homosexual era corriente, en especial en el ejército, lo que en el romano, a pesar de la tolerancia sexual entre los ricos -que ya empezaba a rechazarse, no por el retorno a la severidad y censura inicial patricia, sino por la expansión de nuevas visiones ético-filosóficas, como demuestra el senequismo, que preparó el terreno para la incorporación al cristianismo de las clases dominantes- conllevaba la pena de muerte. Investigadores minoritarios sugieren que fue dicha tendencia sexual la que los llevó a rechazar el mitraismo y, dada la tolerancia de la nueva religión ascendente, su demagogia respecto de todos los estamentos sociales entre los que pretendía expandirse, prometerles cambios legales que les fueran favorables cuando obtuviesen suficiente poder, lo que sólo cumplieron respecto de los compromisos con las clases dominantes, como constatarían, por ejemplo, los esclavos, hacerse cristianos.

[4] No parece razón para semejante castigo, teniendo en cuenta el descreimiento religioso de los romanos de la época. Puede que se tratara de hacerles abjurar del jristianismo, dentro de una persecución global contra dicha religión, lo que parece adecuado si, como indican las primeras constancias de tal leyenda, se produjo al finales del siglo IIIº, si bien entonces parece difícil de creer que toda una legión fuese cristiana. Otros afirma que fue por negarse a combatir, precisamente alegando que lo impedía tal religión. Pero el hecho es que habían cumplido las órdenes de Maximiano de sofocar una revuelta en la Galia. Quizás a lo que se negaran fuese a atacar a sus correligionarios, tras de sofocar dicha rebelión. O que el dios en cuestión fuese el divino César, ya que esto significaría desobediencia, y, por tanto, redición militar. O, como infieren algunos investigadores, que el verdadero delito fuese su homosexualidad.

[5] Es decir, conducidos a una carretera de montaña, junto con otra formación militar de tamaño superior, en dos columnas, posicionando a la que se iba a castigar del lado del precipicio. En determinado momento se les ordenaba parar y girar hacia el abismo. Los oficiales contaban hasta diez y, al que le tocaba, se le alanceaba por la espalda y despeñaba por el barranco. No parece creíble que fuese cierto: el último diezmado de que se tiene constancia lo realizó el emperador Galba, más de dos siglos antes, y Roma, en tal época, estaba demasiado falta de combatientes como para permitirse semejante lujo.

[6] Que, además, parecen apodos o nombres ficticios, inventados: Mauricio, como ya se ha comentado, Cándido, es decir, “Blanco”, “Limpio” u “Honesto” –de donde proviene la palabra “candidato”- y Exuperio, o sea, “Alto”, “Elevado”. Victor, es decir, “Triunfador”, “Victorioso”, no pertenecía a dicha legión, sino a otra, estaba jubilado, licenciado, pasaba por allí y criticó la matanza, declarándose también jristiano, por lo que recibió igual castigo. Puede que sólo se dejase constancia de los más altos cargos.

[7] Otra versión de dicha leyenda indica que, por segunda, vez se negaron a presentar dichas ofrendas, o cometieran el mismo delito, fuera el que fuese, y que, por eso, fueron asesinados todos. Es difícil asesinar a toda una legión si no se la desarma y apresa primero. En todo caso no podría estar presente en dicho acontecimiento, a menos que tal legión se hubiese reconstituido, con nuevos reclutas, lo que rompería la relación entre ambos hechos.

[8] Hay que señalar que, durante el siglo Iº, los primitivos jristianos negaban con vehemencia que El Jristos hubiese sido crucificado (recordemos que se trataba de una muerte humillante, reservada en principio a traidores y, tras la invasión de Anibal, a todos los Generales derrotados, pues no podía admitirse que Roma fuese derrotada si no era mediante la traición, y más tarde ampliada a piratas y terroristas, es decir, gente indigna) y lo achacaban a invectivas para desprestigiar a su secta. No se han encontrado documentos que indiquen que ninguno de los que se presentaban como Mechiaj fuese crucificado. De los cuatro de los que se han encontrado constancia, de uno no se conoce de qué forma murió, de otros dos se sospecha que lo hicieron en combate, tras alzarse en armas contra Roma, y sólo de uno hay cierta presunción de que fue ejecutada su sentencia de decapitación.

[9] Abreviatura de Jristos.

[10] Los cristianos denominaban, repetidamente, lupanar o guarida de lobas, a la alta sociedad romana y sus costumbres licenciosas, un juego de palabras entre el origen mitológico y las casas de lenocinio o meretrices, ya que, ni siquiera los romanos, podían comprender que las mujeres, si no eran ricas,  pudiesen vivir de sus propios recursos, sin refugiarse en el monte o las cloacas, “catacumbas” o lugares de iniciación, haciéndose brujas o curanderas, como parecía el destino de viudas y solteronas sin hijos varones. Además de que, en las lupercalia, los hombres, disfrazados de lobos o de corderos, con un látigo en la mano, flagelaban a todas las mujeres pecaminosas. Lógicamente, las honestas no debían salir de su casa dicho día. Quienes lo hicieran, o demostraban masoquismo, o querían volver a su casa azotadas para implorar el perdón de sus maridos por algún hecho que éste conociese.

[11] La explicación que se da a este símbolo es que, en griego, ixtios, pez, es acróstico de Iesus-Xristos, Dios (Teo) salvador de todos los justos, mezclando griego y latín.

[12] Ya antes Diocleciano había iniciado una segunda capitalidad en Grecia, que Constantino concretó en Bizancio, que denominó Constantinópolis. No se comprende adecuadamente, ni siquiera la mayoría de los historiadores, la repercusión de tal hecho. Para hacer la nueva capital se necesitó una ingente cantidad de esclavos, la mayoría de los cuales, para tal fecha, eran jristianos. Terminadas las obras dio orden a parte de la aristocracia, los patricios y magnates, que se trasladasen a la nueva capital. Pero éstos se negaron. Con muchos frentes por cubrir, los emperadores no consideraron oportuno enfrentarse a la clase dirigente. Esta, temiendo el castigo imperial, pactó con la jerarquía cristiana para que, llegado el caso, saliese en su defensa. A cambio ésta exigió que, utilizando el privilegio de cooptación, designasen senadores cristianos para cubrir los escaños que se quedasen vacantes. De esta forma el cristianismo, secta judía, religión de esclavos, comenzó a expandirse entre las clases dominantes como forma más fácil de llegar a senadores. Las viviendas desocupadas en Constantinopla hicieron que el precio de las mismas fuese casi gratis, por lo que los esclavos que la habían construido se afincaron en ella. Temiendo que esto pudiese conllevar a una rebelión, el emperador debió negociar con el patriarca constantinopolitano para asegurar la paz social.

[13] Investimentas o investimentos, que, en castellano, traducimos erróneamente como “inversiones”.

[14] Concillium.

[15] Guías, conductores, caudillos, dirigentes militares.

[16] Responsables de la defensa de una Marca, o porción de territorio fronterizo.

[17] Enviados, comisionados, encargados de una tarea o misión específica, como podía ser una incursión de represalia en territorio bárbaro, o en perseguir a las tribus que hubiesen traspasado las fronteras. El territorio sobre el que eran comisionados se terminó denominando condado.

[18] Las legiones ya no eran triunfadoras, no apresaban botines ni esclavos, un quinto de cuyo producto era entregado al emperador, otro al senado, otro a los jefes militares y el resto repartido entre las tropas. La mortandad era grande, y no se repartían tierras, que ya no conquistaban, puesto que la estrategia era defensiva, no expansiva, entre los escasos supervivientes. La recluta debió hacerse forzosa, pero no había el menor empeño en ofrendar la vida por la Patria, que nada prometía a los desposeídos. Así que algunos jóvenes se amputaban el dedo pulgar de la mano derecha, sin el cual no se puede empuñar una espada, ni una lanza, ni realizar muchísimas tareas, para eludirlo: en tales condiciones es muy difícil que el Imperio pudiese subsistir. Tal vez ésta sea la verdadera explicación de la estrategia constantiniana de cristianizar el Imperio: instaurar un nuevo impulso ideológico.

[19] Esta secta, con algunas variantes, reaparece repetidamente en la Historia. Así se podría considerar vinculada a los albigenses, los cátaros, e incluso a Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, o el moderno Opus Dei.

[20] En inglés Sunday, o Día del Sol.

[21] En muchos casos se cambió o reestampó la cara, la efigie, de algún dios, por ejemplo, el emperador, o alegoría mitológica, con la cruz.

[22] Para la mayoría de autores es el primero de este estilo, aunque otros anteponen el de Jerusalem del año 70.

[23] Ciudad consagrada a la diosa alada, con zapatillas aladas, de la Victoria: Niké.

[24] Discrepo de la traducción latina. Si no se hubiese intercalado la extraña preposición latina de, y acudiendo al vascuence, relacionado con el ibero, el bereber, el etrusco, el cretense minoico, el armenio y algunas lenguas caucásicas antiguas, tal vez como consecuencia de la emigración tras la desertización del Sahara (sakarra, en vascuence, significa “hierba mala”) se podría traducir como “El más poderoso de los dioses, la más potente de las luces, el más verdadero de los dioses”. Al mismo resultado se llegaría, desde el griego, si se hubiera empleado el genitivo. Por ejemplo, además de significar que había otros reyes tributarios suyos, Rey de Reyes, a mi entender, se debería traducir como El más poderoso de los Reyes, vanidad de vanidades como la mayor de las vanidades, y El Cantar de los Cantares como El mejor de los cánticos, lo que cuadra por corresponder su métrica a las canciones de noche de boda judías, de letras picantes, con doble sentido, siempre con posible interpretación sexual, con las que los invitados incitaban al novio esperando hasta que saliese del tálamo para enseñar la sábana manchada de sangre, en prueba de la desfloración de la nueva esposa.

[25] Gotten significa “dioses”, lo que podría aludir a su politeísmo. Curiosamente el arrianismo impide que se pudiese caer en otro tipo de politeísmo a través del misterio de la Santísima Trinidad.

[26] El origen de éstos eran las orgías y las luchas agonísticas funerarias etruscas, por las que se debía verter sangre y semen para alimentar al espíritu del difunto y, que éste pudiese descansar tranquilo (R.I.P.) en paz, y resucitar de entre los muertos. Si no fuese así éstos saldrían de sus tumbas buscando la sangre de los vivos, bien en forma humana semicorrupta, bien como grandes gusanos o roedores, que denominaban lemures. Los romanos escribían en sus epitafios “que la tierra te sea leve”, en siglas, en latín, T.T.L.E., deseando que pudiesen levantar la tierra que los cubría, sin dificultad, cuando llegase la resurrección.

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