1.034-Retorna el predominio político cristiano en los territorios hispánicos

Sancho Garcés IIº se dedicó a construir monasterios e iglesias, completando la cristianización de los núcleos vascones, y expandiendo Navarra por Cantabria y los condados pirenaicos. En el 996 heredó Egipto al-Jakim, tercer califa fatimí, un fanático que intentó aplicar literalmente los preceptos coránicos, en su interpretación ismaelita. Arrancó viñedos y prohibió la importación de bebidas alcohólicas, así como la música y el ajedrez. Para inspeccionar el cumplimiento de tales normas, que se castigaban con la muerte, creó una policía correccional. Este cambio de tendencia, aunque episódico, pudo llevar al traste la prosperidad conseguida por Egipto. El Imperio Chino perdió sus dominios occidentales a favor del Estado tangutano de Jsi-Jsia o Jsia Occidental, lo que suponía perder la puerta de las rutas terrestres de la seda. En el 997, Otón IIIº se estableció en Roma, como capital imperial, sus tropas encarcelaron y mutilaron bárbaramente a Juan XVIº, sacándole los ojos y cortándole la lengua, la nariz y las orejas, y lo paseó en burro por Roma, reponiendo a Gregorio Vº. Muerto éste nombró Papa a Gerberto, arzobispo de Rávena, que tomó el nombre de Silvestre IIº. El entorno del cambio de milenio fue especialmente tenebroso.

Como, contraviniendo las profecías de los cristianos, el mundo no se terminó con el fin del Imperio de Occidente, se reinterpretaron tales predicciones posponiéndolas hasta el fin del siguiente milenio. Y esa fecha era la que se iba a cumplir. No obstante, conforme se superó y no ocurrió nada, se extendió una visión vitalista, contraria a la tradicional del medievo, con exigencias de progreso social para los más desafortunados, y puesta en cuestión de los fundamentos de la sociedad, inclusive los religiosos. Otón IIIº se proclamó “siervo de los apóstoles”, con lo que pretendía colocarse al mismo nivel de poder eclesiástico y temporal que el Papa, tanto como apropiarse de todos los bienes eclesiásticos, calificando de falsedad la “donación constantiniana” [1] y rechazando las carolingias. La decadencia tolteca llevó a una emigración masiva hacia Yucatán, siguiendo el rastro de los relatos del derrocado ce acatl Topilzin Quetzalcoatl, lo cual tuvo una incidencia decisiva, tanto para el fin de dicho imperio, como para la transformación definitiva de la cultura maya. La intransigencia religiosa de al-Jakim llevó la sublevación a Egipto, que proclamó sultán a Badr al-Yamalí, su visir y Generalísimo de los ejércitos.

A su muerte, en el 1.002, se produjo una insurrección general. Aunque, teóricamente, Alemania continuaba siendo una monarquía electiva, el derecho hereditario se había impuesto como costumbre, por lo que se ofreció el trono al duque Enrique de Baviera, cuyo padre, sobrino segundo de Otón Iº, se había rebelado en varias ocasiones contra el emperador. Cambiando de perspectiva sobre sus antecesores, tras su coronación como Enrique IIº su principal objetivo fue consolidar el poder en Alemania. Tampoco lo conseguiría, precisamente por caer en el extremo opuesto. La batalla de Calatañazor es una invención del orgullo patrio: no la citan las crónicas andalusíes, y se hace participar en ella al rey de Castilla, reino que no existía en tal fecha, además de los de León y Navarra. A la muerte de Almanzor le sucedieron sus hijos Abd al Malik y Abd-el-Rajman “Sanchuelo”, que era descendiente por línea femenina de Sancho Garcés IIº de Navarra. Se apoyaron en el ejército, como su padre, y en la facción bereber. En el 1.004, Enrique IIº invadió Italia y se hizo coronar como su rey.

Al negarle juramento de fidelidad el duque de Polonia, inició contra él una guerra que duraría 15 años, tras lo cual debería reconocer los territorios que éste había conquistado, a cambio de que aceptase la soberanía alemana. En el 1.006 heredó Borgoña de su tío Rodolfo IIIº, con la oposición de sus súbditos, y mantuvo guerras contra los condes de Holanda y Flandes, que empezaron a actuar como Estados soberanos independientes. Los mayas quedaron relegados a la península del Yucatán, donde el anterior influjo cultural fue menor. Tras un siglo de oscuridad se mezclaron con los nuevos emigrantes toltecas. Así se evidencia en Chichén Itzá, cuyos edificios más antiguos presentan el estilo Puuc de la región montañosa, mientras que la parte más moderna, como el palenque del “juego” de la pelota, el remozamiento de sus edificios o la decoración de la fachada de sus templos, presentan caracteres foráneos, especialmente de Tula. No se construyeron pirámides tan altas como en Tikal, pero sí palacios mayores y más impresionantes, indicio de una disminución del carácter teocrático y aumento del poder civil, político. El idioma superviviente fue el maya, lo que hace sospechar que el colectivo predominante fue de tal origen.

Sin embargo los dioses e ideas que pervivieron fueron toltecas, ya que la clase dominante, quizás de estrato guerrero, fue de tal origen. Así Quetzalcoatl se convirtió en Kukulcán, que, en maya, significa “Serpiente con plumas”. El problema de esta zona es que es mucho más seca, con lluvias, cursos de agua o lagos escasos. Pero posee abundantes cenotes,   que es como los mayas denominaban a las tolvas naturales formadas por el hundimiento de galerías subterráneas, que dejan al descubierto las capas freáticas. De ellas se aprovisionaron para sus poblaciones y riegos, habitando sus inmediaciones y considerándolos lugares sagrados, a los que ofrecían sacrificio de jóvenes, especialmente de muchachas, criadas para dicha misión, que arrojaban a tales cenotes recubiertas de joyas. Su característica principal fue su tribalidad, con una gran diversidad cultural, contrarias a la uniformidad del apogeo clásico maya. Y también un gran independentismo, que, poco a poco, fue agrupándose en torno a las ciudades de Uxmal, Chichén Itzá y Mayapán. Finalmente, en el 1.007, una Liga con base en este último centro político impuso la jurisdicción de la dinastía de los Cocomes.

La vieja escritura jeroglífica, propia del estamento sacerdotal, fue sustituida por otra más simplificada, práctica. En los relieves aparece, por primera vez en América, el arco y la flecha. Tanto los edificios como las esculturas se hacen más simples, inexpresivas, formalistas, predominando la verticalidad, como las columnas o pilares prismáticos, recubiertos de relieves. Como elemento peculiar de sustentación, derivado de la idea del pilar, aparece la serpiente de cascabel, con una inmensa cabeza, boquiabierta, que deja ver dientes, colmillos redondeados y lengua, más parecidos a los de un jaguar. El tronco tiene relieves de escamas alargadas, verticales y algunas dobladas, inclinadas, en tramos de franjas horizontales, que parecen plumas u hojas de hierba o de maiz con las puntas redondeadas, y, en el extremo superior, adelantado y hacia arriba, consecutivamente, se presenta la forma inconfundible del cascabel, formado por restos endurecidos de cambios de su piel, las mudas, en su función de asustar a quienes se les acerquen, y, arquitectónicamente, contener balaustradas o arquitrabes, con un perfil como de apertura de signo de interrogación con ángulos rectos.

El dios del fuego, Chac-Mool, recostado, con las rodillas dobladas, formando como una letra N, de la que sobresale la cabeza, inexpresiva, que mira al espectador de costado, y con un tocado o yelmo cilíndrico y grandes orejas u orejeras longitudinales, cuadrangulares, todo lo cual le da una apariencia de autómata o robot mecánico, porta una bandeja sobre el vientre, quizás como altar de sacrificios u hogar. Todos estos elementos se pueden constatar en el pabellón de Méjico de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, en la antigua calle Eritaña, redenominada por los pepero-populistas Avdª de la Guardia Civil, frente a la Casa Rosada. En el 1.009, “Sanchuelo” quiso proclamarse califa, al tiempo que demostraba su ineptitud militar, por lo que la aristocracia omeya, junto con los Generales bereberes, se sublevaron y le dieron muerte. Al derrocar al califa se inició una guerra civil, alimentada por los desequilibrios sociales y divisiones étnicas, que instauró el terror y la inseguridad, y acabó con el comercio y las finanzas, ya muy maltrechos. La situación, había dado tal vuelta que, al contrario de lo que ocurría en tiempos de Abd-el-Rajman IIIº, ahora eran los reyes cristianos quienes arbitraban entre los contendientes andalusíes.

Aprovechándose de ello, en el 1.010, los condes de Barcelona, Ramón Borell, y de Urgel, Ermengol, saquearon Córdoba, si bien a éste le costó la vida. En Inglaterra, acosada por las invasiones danesas, en el 1.013, hubo que recaudar el danegeld, tributo o soborno para mantenerlos alejados de Gran Bretaña. La familia de los Túsculo impuso como Papa a su pariente Benedicto VIIIº. Los Crescencio nombraron un antipapa, que tuvo que buscar refugio en la corte de Enrique IIº. Benedicto VIIIº, inteligentemente, se ofreció a coronarle emperador en el 1.014, ofreciéndole una esfera de oro y pedrería rematada por una cruz, imitando al símbolo del orbe imperial anteriormente representado en pinturas. A partir de ello Enrique IIº cedió el gobierno de Roma a los Túsculo. Los sarracenos saquearon la costa italiana y ocuparon Cerdeña, por lo que Benedicto VIIIº coordinó las Flotas de Génova y Pisa, que, gracias a ello, se convirtieron en potencias marítimas mediterráneas, y derrotaron a los mahometanos, que debieron abandonar Cerdeña. También fomentó las sublevaciones contra los bizantinos. Sumó a ello a unos caballeros normandos en peregrinación, que llamaron en su ayuda a sus compatriotas.

Aunque fueron derrotados en la batalla de Cannas, se asentaron en el sur de Italia, donde conseguirían crear un Estado normando. Ni los Papas, ni los sucesivos emperadores y regentes que se lo propusieron, fueron capaces de reformar la Iglesia italiana, bajo las bases de la orden monacal francesa de Cluny. Así que no pudieron evitar el desprecio al celibato, ni los enfrentamientos sanguinarios entre familias y partidos políticos, relacionados con lo anterior. La causa original de todo ello era la concepción de la carrera eclesiástica como una dignidad aristocrática, o una profesión de tipo funcionarial, más que una vocación teológica. El desprestigio de la corona, tanto por las invasiones danesas, como por el pago de sobornos a éstos y su recaudación correspondiente, llevó a la renuncia de Etelredo, por lo que en el 1.016 la aristocracia, incluyendo la eclesiástica, decidió nombrar rey de Inglaterra al danés Canuto [2], que juró respetar las leyes inglesas. Esto significaba que ingleses y daneses se regirían por sus propias leyes y costumbres, cada uno. Quizás esperaban que esto trajese la tranquilidad a las costas.

El dominio a distancia obligó a delegar el poder en cuatro duques, lo que supondría la debilidad permanente de la corona inglesa y su necesidad, a largo plazo, incluso tras la derrota de Napoleón Iº, de buscar apoyo en la burguesía, de lo que ésta sacará provecho impulsando soterradamente el liberalismo, mientras la aristocracia se dedicaba a combatirlo. A la muerte de Ramón Borrell, en el 1.018, el condado de Barcelona llegaba hasta cerca de Tarragona. Le sucedió su hijo Berenguer Ramón Iº. En el 1.022, el sínodo de Pavía impuso severos castigos contra los matrimonios de sacerdotes y el robo de bienes eclesiásticos. Enrique IIº, que llegaría a ser canonizado en el siglo XIIº, junto con su esposa, Cunegunda, la primera reina coronada de Alemania, absorbió tal jurisdicción al mandato imperial. Con el mismo fin, en el 1.023, firmó un pacto en Lorena con Roberto “El Piadoso”, de Francia, para convocar un Concilio. Con igual objeto, así como preservar los intereses imperiales, dispuso y depuso a obispos y abades en exclusiva y a su conveniencia política, aunque siempre con elevados criterios de honestidad y valía personal, y redujo sus propiedades cuando lo exigían las necesidades imperiales y militares.

No había suficientes metales preciosos para respaldar el volumen de transacciones a que había llegado el Imperio Chino. Se utilizaron cordones de mil monedas de cobre, que tenían la peculiaridad de un orificio cuadrangular en su centro. Pero no era una alternativa válida para operaciones de importantes cuantías. Así que el imperio chino comenzó a emitir, en monopolio, papel-moneda, casi siete siglos antes que en Europa. Lo cual, unido a los impuestos que se pagaban a los Estados nómadas, generó una gran inflación. Se estima que la masa monetaria china alcanzaba los 70 millones de cordones de mil piezas de cobre. Enrique IIº murió en el 1.024 sin haber materializado sus proyectos. Le sucedió su pariente más cercano, Conrado IIº, perteneciente a los francos salios, por lo que inaugura una nueva dinastía. Se enfrentó a una coalición del rey de Francia, Guillermo de Aquitania y Odón de la Champaña, que se oponían a que asumiera la corona de Borgoña. Fue coronado rey de Lombardía, y emperador, por Juan XIXº (es curioso que, a pesar de considerarse antipapa a Juan XVIº, hermano del aristócrata romano Crescencio IIº, se respetase el ordinal, de forma que el siguiente Papa Juan no lo repitió, sino que se le asignó el ordinal XVIIº) que era hermano de Benedicto VIIIº. Casó a su hijo Enrique con Gunilda, hija de Canuto “El Grande”.

La alta nobleza italiana [3], en la que se incluían los obispos y cardenales, era hereditaria, mientras que las tierras enfeudadas a la pequeña aristocracia eran vitalicias, revirtiéndose a la muerte del señor feudal. Esto provocaba continuos enfrentamientos entre ambas y sus vasallos. Ambas partes pidieron la intermediación de Conrado, quien, como ya existía en toda Europa, optó por hacer hereditarias también las tierras de la baja nobleza, la más numerosa. Con ello consiguió unos fanáticos defensores. Así como asentar el feudalismo. Pero la Iglesia, formada por familiares de la alta aristocracia, se puso en su contra. Las consecuencias fueron terribles. Conrado depuso al obispo de Milán, que se negó a obedecer. El disoluto y corrupto Benedicto IXº lo excomulgó. Conrado deportó a otros obispos a Alemania, y sitió Milán, que resistió. A partir de entonces, los Papas, familiares y partidarios de la alta nobleza, se opusieron a los intereses imperiales, justificándolo con un tinte de nacionalismo, de resistencia al dominio extranjero. Resulta así que, en tal confrontación social italiana tiene su origen el nacionalismo europeo, la lucha por las investiduras eclesiásticas, y, en última instancia, la reforma lutherana y el liberalismo.

Tales luchas llevarían a Conrado a conceder un pequeño feudo, al Norte de Nápoles, al príncipe normando Rainulfo, origen del Estado normando en el Sur de Italia. A la muerte de Gunilda, Enrique IIIº, que había sucedido a su padre, se casó con la piadosa Inés de Poitou, princesa borgoñona hija de Guillermo Vº, duque de Aquitania. Impulsó la cristianización, pretendiendo un arzobispado que incluyese Islandia y Groenlandia [4]. Los nobles sajones, siguiendo el ejemplo de los mahometanos, cobraban un impuesto especial a los “infieles”, por lo que, igual que aquellos, no tenían el menor interés en su conversión: otro motivo más de disputa con su soberano. Tras los breves reinados de los hijos de Canuto, se entregó el reino a Eduardo “El Confesor”, así denominado por su mojigatería, hijo de Etelredo, el último monarca anglosajón, y de Emma de Normandía. Tras superar el levantamiento del duque de Kent, en cuyo territorio los inmigrantes jutos se oponían a la “ley común”, igualitaria respecto de escandinavos y anglo-sajones, así como a su fusión étnica, nombró a sus amigos normandos con dignidades eclesiales, militares y administrativas.

Alfonso Vº continuó la “reconquista” de Portugal, y prometió a una hija suya con el conde castellano García Sánchez, que fue asesinado cuando iba a casarse. Esto originó una guerra entre Navarra y León, por la que, en el 1.034, el navarro Sancho Garcés IIIº, apodado “El Mayor”, ocupó León, proclamándose emperador hispánico, y Bermudo IIIº, heredero de Alfonso Vº, debió refugiarse en Galicia. El rey de Navarra aparece en algunos documentos congregando los títulos de soberano de Aragón, Sobrarbe, Ribagorza, Pallars, Alava, Castilla, León, Barcelona y Gascuña, bien por herencia, conquista o reconocimiento de su autoridad hispánica, e incluso transpirenaica. Introdujo la reforma cluniacense. De modo que la zona menos romanizada de España, la que había resistido la invasión carolingia, ahora abría las puertas a la europeización, en la que el camino de Santiago reforzaba la función habitual de los canales comerciales. En el 1.035, su primogénito, ilegítimo, Ramiro Iº, heredó Aragón, pero como feudo del primer hijo legítimo, García Sánchez IIIº, que heredó Navarra, en la que incluía el País Vasco y casi toda la Rioja.

Fernando Iº se convertía en rey de Castilla, que así lograba su independencia, añadiéndole posesiones leonesas entre el Cea y el Pisuerga, que eran la dote de su esposa, la hermana de Bermudo IIIº. A Gonzalo le dejaba los condados de Sobrarbe y Ribagorza. A Bermudo IIIº le devolvió León a cambio de que reconociese tales mermas, así como la independencia de Castilla. No cabe duda de que Sancho Garcés no deseaba recomponer el reino visigodo, sino beneficiar a todos sus hijos y legarles la paz entre ellos y con Bermudo IIIº: un completo error. Berenguer Ramón Iº dividió también el condado de Barcelona entre sus hijos. Ramón Berenguer Iº consiguió reunificar toda la herencia paterna, ampliándola mediante la compra de los condados transpirenaicos de Carcasona y Razés, y la conquista de parte de los reinos de Zaragoza y Lérida. Bermudo IIIº trató de recuperar al menos la integridad de León, pero el rey castellano le derrotó en el valle del Tamarón, en el 1.037, y murió en la batalla. No teniendo descendientes la corona pasó a su hermana, Sancha, por lo que su esposo, Fernando Iº, se consideró emperador de Castilla y de León. Recuperó la actividad expansionista, relegada durante 50 años de enfrentamientos entre los reinos cristianos, conquistando Coimbra.

Logró el vasallaje de los reinos de Zaragoza y Toledo. Ramiro Iº, que aspiraba a reunir la totalidad de la herencia por considerarse el hijo mayor, aunque ilegítimo, no podía enfrentarse a tal potencia militar, pero entró en guerra con sus hermanastros García, resultando derrotado en Tafalla -por lo que debió renovar su vasallaje respecto de Navarra- y Gonzalo, a cuya muerte se quedó con sus condados. Más tarde añadió el de Pallars. Tras encarnizados enfrenamientos, especialmente entre el 1.040 y el 1.042, el Imperio Chino constató que no podía derrotar a los Jsi-Jsia, por lo que optó, con gran inteligencia, por compartir con ellos el lucro del comercio de la seda, mediante el pago de un tributo de 250.000 cordones de mil monedas de cobre anuales. Igual política se siguió respecto de los demás Estados tribales nómadas, los kitan y los ju-chen, mediante el pago de 100.000 y 250.000 onzas de plata, y 200.000 y 250.000 bobinas de seda al año, respectivamente. Aunque los más conservadores, militaristas, deploraban la vergonzosa demostración de debilidad, de sometimiento, que tales pagos, fastuosos para los nómadas, significaban, en realidad sólo suponían un 2% del presupuesto imperial, muy inferior a lo que hubiese supuesto una política de continuo enfrentamiento militar.

Más aún considerando que tales pagos revertían, casi en su totalidad, en demanda de artículos suntuarios, como el té o los tejidos lujosos, pero también de cereales, como suplemento alimenticio o forrajes para el ganado de dichas tribus nómadas. Es decir, como ocurre, por ejemplo, con la ayuda económica estadounidense, incluido el Plan del Secretario del Tesoro, General Marshall, al final no resultó ser sino una subvención al comercio y la industria imperial. Por otro lado, el incremento de las relaciones comerciales, y sus importaciones de artículos de lujo, supuso la sedentarización de los invasores nómadas, su culturización (o aculturización, según se mire) su “chinización”, de forma que, aunque territorialmente el Imperio se vio disminuido, culturalmente se mantuvo, perviviendo un concepto de unidad transfronteriza e incluso transétnica.

La principal beneficiaria de tres siglos de paz, tanto exterior como interior, sin guerras ni rebeliones, y prosperidad, fue una burguesía, no sólo comercial, a larga distancia, internacional, sino de los artesanos privados (gran parte de la industria, inteligentemente, era propiedad imperial) que se desarrollaba y expandía en un ambiente de progreso y libertad, fundamentalmente en las seis mayores ciudades, las que superaban el millón de habitantes. El tráfico marítimo asiático pasó a ser casi un monopolio chino. Sus inmensos champanes podían transportar varias docenas de toneladas, disponiendo de brújulas operativas. Intercambiaban seda y porcelana de lujo por especias y maderas tropicales, perlas, marfil y coral. Esto suponía compartir cultura y prosperidad con los puertos de atraque y ciudades comerciales, fundamento de los florecientes imperios de Japón, Vietnam, Cambodia, Birmania, Bengala y la India, donde conectaba con la ruta marítima de la seda, hacia el resto del mundo mahometano y Europa. Los gaznavíes, así llamados porque procedían de Gazni, desde las montañas afganas se expandieron entre los países vecinos. Una tribu turcomana, que se denominaban selyúcidas [5], se pusieron a su servicio, colaborando en tal expansión.

Pero, en el 1.044, se habían convertido en una gran potencia militar, derrotaron a los gaznavíes y los obligaron a refugiarse en la India, con lo que provocaron la mahometanización del subcontinente. En el 1.046, los Crescencio depusieron a Benedicto IXº, reemplazándolo por su familiar Silvestre IIIº. Si no iba a ser Papa, el túsculo decidió sacar un último provecho de su título: renunció oficialmente a la tiara y le vendió el cargo a un sacerdote romano, ascético, que cayó en la simonía, con la santa intención de salvar a la Iglesia, tomando el nombre de Gregorio VIº. Sin embargo Silvestre IIIº no lo reconoció, como era de esperar, por lo que Benedicto IXº, tal vez por no ser menos que el Crescencio, o para sacar nuevo provecho de la situación, reclamó el Papado. El resultado fue una guerra italiana en la que tuvo que intervenir Enrique IIIº. En los sínodos de Sutri y Roma depuso a los tres Papas, y promulgó un edicto condenando la simonía: una estupidez que iba a volverse pronto contra él. Así Gregorio VIº fue castigado al destierro, en Colonia, a donde le acompañó el monje Hildebrando, que compartía sus puntos de vista y estilo de vida. Se eligió como nuevo Papa al obispo de Bamberg, que tomó el nombre de Clemente IIº.

En pago coronó emperador a Enrique IIIº. Además, éste obligó al pueblo romano a que le nombrara patricius, lo que podía interpretarse que le autorizaba a designar al Papa. Su intención era alentar la reforma eclesiástica, pero el Papa se volvió contra él, contra lo que interpretaba como injerencia estatal. Los normandos se hicieron fuertes en el Sur de Italia, ocupando posesiones bizantinas: un poder declinante estaba siendo sustituido por un peligro emergente. En el 1.048, a la muerte de Clemente IIº y su sucesor, también alemán, Enrique IIIº eligió al alsaciano arzobispo de Toul, que tomó el nombre de León IXº. Con él el espíritu de la reforma cluniacense, por fin, llegó a Roma, a donde se presentó con hábito penitente, junto con el monje Hildebrando. Persiguió la simonía y los matrimonios de sacerdotes. A la muerte del duque de Lorena, el emperador alemán dividió el ducado entre Godofredo “El Barbudo” y Gozelos, hijos de aquél. Godofredo, que aspiraba a heredar la totalidad, con la alianza de los condes de Holanda y Flandes, se sublevó. Enrique IIIº, con la ayuda del rey de Dinamarca e Inglaterra, Eduardo “El Confesor”, que le envió una Flota, consiguió derrotarlo.

En Inglaterra, la entrega de cargos a los normandos produjo un nuevo levantamiento del duque de Kent. Sin embargo, a su muerte, su hijo Harold se puso del lado de  Eduardo “El Confesor”. Benevento, en el Sur de Italia, en la Campania, se independizó de Constantinopla, y para asegurarse de no volver a caer en su dominio, se sometió al Papa. Pero los normandos no respetaron tal sumisión, y la atacaron. El Papa fue a Alemania, donde consiguió que el emperador le transfiriese el dominio sobre dicha ciudad.


 [1] Se refiere a un documento conservado en el Vaticano, por el que Constantino Iº legó determinadas posesiones y privilegios al obispo de Roma. En tal acusación de falsedad, de montaje documentario, se anticipó a los planteamientos renacentistas.

[2] Knud en danés, Knut en inglés y en noruego.

[3] Capitanei. De capitano, del latín capita: cabeza, dirigente. Quizás sea el origen del término capital y capitalista.

[4] “La Tierra verde”. Debieron descubrirla en verano, porque en invierno es blanca.

[5] Se decían descendientes de un mítico rey Selyuk ¿Seleuco?

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