1.837: La ¿cuarta? Constitución española

Como era débil mental, Meternich instituyó un Consejo de Regencia, del que él formaba parte, de modo que, prácticamente, él se quedaba con el poder absoluto. La “monarquía de julio” continuaba perdiendo popularidad y ganando enemigos. Los legitimistas se agruparon en torno a la duquesa de Berry, tramando conspiraciones. El partido republicano adquirió caracteres societarios, es decir, del socialismo pre-científico anterior al marxismo. Con ello se hizo mucho más popular, dado el problema obrero creado por el desarrollo industrial y del capitalismo, y, por tanto, constituía la máxima alternativa de poder. Los obreros, que se habían convertido en el principal soporte revolucionario, se veían defraudados por las sucesivas revoluciones, por el provecho que la alta burguesía sacaba de ellas. George Sand y otros litreratos reflejaron, y popularizaron, tal circunstancia. Consecuencia de todo ello Luis Felipe sufrió numerosos atentados. En uno de los cuales el corso Fieschi utilizó un fusil de 24 cañones, antecedente de las ametralladoras rotatorias de tiro automático continuado. Con él asesinó a 18 personas, aunque el rey resultó ileso. Más demoledora era la constante crítica en periódicos, panfletos y revistas satíricas. El Primer Ministro Guizot le propuso disminuir el límite impositivo del censo electoral, por debajo del cual se carecía de sufragio, para con ello ampliar el número de votantes, y que sirviese de válvula de escape a los descontentos. Pero el rey rechazó la propuesta. Así, cuando le exigían que se aumentara el número de electores, Guizot les respondió: “enriqueceos y seréis electores”. Acortando la frase en “enriqueceos”, las revistas satíricas sacaron gran provecho, colaborando a desprestigiar a la monarquía burguesa. En realidad es la misma receta que, desde hace decenios, propaga el neo¿liberalismo? tachando de tontos o de flojos a los que no son ricos. Y aún así la gente le hace caso y vota por quienes defienden tales falsías. Tras la independización de Egipto y la conquista de Argelia por Francia, Turquía restableció su dominio sobre Tripolitania, como medida precautoria. Indudablemente con el beneplácito de Gran Bretaña, pues, dado el dominio del Mediterráneo oriental por ésta, su influencia sobre el imperio otomano y Egipto, en este último caso compartida con Francia, si hubiese querido, podría haberlo evitado.

Para entonces Inglaterra exportaba 51 millones de yardas de paño a la India: había multiplicado por más de 50 tal intercambio comercial en sólo 21 años. Lógicamente, la producción hindú de tejidos se hundió. Lo mismo ocurría con la sedería, la siderurgia, la cerámica, el vidrio y el papel. Se concedió la Vernacular Press Act, por la que se restablecía la libertad de publicaciones en dicho subcontinente. El Presidente Jackson comenzó la segunda guerra contra los semínolas en Florida, que duraría 8 años, sin obtener ninguna victoria. Estados Unidos había pedido, ofertado, reiteradamente, comprar Tejas, lo que ningún Presidente mejicano podía aceptar, dado el desprestigio que supondría. López de Santa Anna derogó la Constitución de once años antes, iniciando un régimen dictatorial centralista. Esto causó la rebelión de los federalistas. La Constitución de Méjico había abolido la esclavitud, pero los inmigrantes estadounidenses en Tejas sobornaron al Gobierno para que no fuera de aplicación en dicha provincia. No conformes con ello pidieron una administración autónoma, lo que les fue denegado, en coherencia con el enfrentamiento que mantenían con los federalistas. Así que, aprovechándose de la rebelión constitucionalista y federalista, los tejanos proclamaron su independencia, y conquistaron casi todos los reductos mejicanos. Posiblemente creyeran contar con la colaboración de Estados Unidos, pero éste, complicado con problemas internos, se declaró neutral. No obstante, el Estado de la Estrella Solitaria (Lone Star) de su bandera, consiguió ser reconocido por varias naciones. Sin embargo los colonos no estaban preparados para una larga campaña, por lo que, al llegar el invierno, la mayoría de ellos volvió a sus tierras de origen en Estados Unidos. López de Santa Anna interpretó que se trataba de mercenarios de dicho país, por lo que escribió una carta a su Presidente considerando que tales tropas eran piratas y que serían fusilados todos los que hiciesen prisioneros. Posiblemente dicha amenaza no fuera conocida por los voluntarios independentistas, en realidad, en su mayoría, unionistas respecto de Estados Unidos.

Algo así como lo recientemente ocurrido en Crimea respecto de Rusia, excepto que, en este caso, había antecedentes históricos de pertenencia a un mismo Estado, por ejemplo el imperio zarista, adscripción reconocida previamente por todos los países, quizás excepto el imperio otomano, que fue quien la perdió. Para reconquistar dicho territorio, López de Santa Anna reclutó forzosamente el Ejército de Operaciones de Tejas. En vista de todo ello, y tras haber conquistado Béjar, los tejanos encontraron una Misión abandonada, en ruinas, en las afueras de San Antonio de Béjar (la actual San Antonio) denominada El Alamo, con muros de casi un metro de espesor, como defensa frente a los comancheros e indios comanches, pero de adobe y mezcla de arena y cal, por lo que difícilmente podía resistir un bombardeo artillero. Para unir las distintas edificaciones se alzó una empalizada, lo que suponía un perímetro defensivo de 400 mtrs., que rodeaban una superficie de 3 acres, 1’2 Hectáreas. Para su defensa contaban con un centenar de hombres, a todas luces insuficiente, pero esperaban seguir recibiendo refuerzos, que nunca superaron los ciento cincuenta. Houston comprendía que la resistencia era imposible, de modo que envió al Coronel Bowie para que destruyese el emplazamiento y se uniese con los cañones y hombres allí instalados a las fuerzas que estaba entrenando en los bosques pantanosos de Sabine. Sin embargo no encontró animales de tiro y le pareció un desperdicio inutilizar tales piezas y reducto sin utilizarlo. Así que escribió a Houston informándole que había decidido resistir y le pidió hombres, dinero, fusiles y pólvora para ello. El ejército mejicano tampoco tenía mulas suficientes para transportar el grueso de la impedimenta. Los civiles contratados para el transporte, al no percibir los salarios estipulados, abandonaron. A los reclutas, muchos de los cuales no sabían para qué servía el punto de mira, y otros se negaban a apoyar el fusil en el hombro cuando disparaban, por el dolor que causaba el culatazo del retroceso, iban acompañados de “soldaderas” prostitutas, mujeres y niños, por lo que hubo que racionar los alimentos. Ni Argentina ni Chile podían consentir el poder de la confederación de Bolivia y Perú, por lo que la atacaron hasta que consiguieron su disolución. En 1.836, María IIª da Gloria se casó con el duque Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha. Thiers fue nombrado Primer Ministro.

Pero sólo durante unos meses, tras los cuales el “rey ciudadano” lo sustituyó por el conde Molé. Se inició una crisis económica, sobre todo en Europa Central. Diez mil boers, deseosos de escapar de la legislación británica, que mermaba sus aspiraciones y dominio sobre los africanos, iniciaron lo que se llamaría “Gran Marcha” (Treck, en holandés) de ocho años de duración, hacia el Noroeste y hacia el Norte. Tuvieron que subir montañas con sus carromatos tirados por bueyes, y abrirse paso mediante duros enfrentamientos por tierras de matabelé y zulúes. A la muerte de Mantta-Ttourat, Rama IIIº se anexionó el reino de Luang Prabang, que sometió a la jurisdicción siamesa durante el resto del siglo. Al contrario de su comporamiento respecto de Vientiane, para Luang Prabang supuso una época de paz y tranquilidad. Arkansas fue admitido como 25º Estado de la Unión. Era esclavista. Se fomó un Partido denominado whig contrario a Jackson, en especial a sus presiones al Banco de los Estados Unidos. Se imponía un lberalismo extremo, opuesto a monopolios, concesiones y privilegios económicos. De modo que se revocó la concesión del segundo Banco nacional. Estados Unidos no volvería a tener un auténtico Banco central, con lo que ello supondría de perturbar su desarrollo económico. Simultáneamente la democracia se extendía desde las viejas colonias a los nuevos Estados. Sucesivas leyes habían eliminado cualquier discriminación electoral o para ejercer cargos públicos en función de la riqueza, el pago de más o menos impuestos o la religión, fijándose como único requisito la mayoría de edad. Y, “lógicamente”, ser varón. Aunque en algunos Estados se matizaba respecto a ser ciudadano libre o a ser de raza blanca. Martin Van Buren fue elegido Presidente de Estados Unidos. Para superar el problema de la lenta recarga de las armas de fuego de la época se habían realizado varias contribuciones. En el Norte de Africa se utilizaba la espingarda, de retrocarga, pero de escaso alcance y precisión. Además eran muy frágiles como para soportar una bayoneta y su uso como lanza, como asta, hacer esgrima con ella. Los Tercios españoles utilizaban bolsas individuales de cuero, que incluían la bala, la yesca y la pólvora correspondientes a un disparo. Iban colgadas del correaje por una cuerdecilla, de modo que, al tirar de dicho cartucho de cuero se desprendía de la tapa, que quedaba unida al correaje, permitiendo recargar el arma.

Posteriormente el propio cuero de la bolsa se utilizó para atracar la pólvora y la bala, sustituyendo a la yesca. La siguiente idea fue introducir, directamente, toda la bolsa de cuero, atracándola hasta romperla, reventarla, de modo que la pólvora saliese fuera y pudiera iniciarse la explosión al incendiarla con la chispa del pedernal. Pero esto precisaba una gran cantidad de energía de ignición y tiempo de propagación de éste, durante el cual hacía un ruido, un zumbido, como el de un mosquito, lo que dio origen a los nombre franceses de mosquete (en España se transformó en mosquetón, para diferenciarlo del pistolón de la caballería, de los mosqueteros, a los que se aplicó inicialmente) y la onomatopepya de fusil. Un proceso semejante a la denominación palestina de “drom” a los aviones, originariamente israelitas, pilotados a distancia, que asesinan civiles mediante radiocontrol. Mejor resultado dio sustituir el cuero por un cartucho de papel o cartón, que se rompía con más facilidad. La necesidad de una gran cantidad de energía de ignición y el tiempo que precisaba de propagación se solucionó con pequeños cilindros de fulminato de mercurio, que, aplastados por el martillo, podían prender en la pólvora. Incluso sin abrir el cartucho de papel o cartón, y hasta de cuero. Más tarde la propia vaina de cuero llevaba su propia cápsula de fulminato, o un añadido de fósforo o un componente mixto, un mixto, sobre la que golpeaba el martillo, provisto para ello de una prolongación aguzada. Para que la presión fuese suficiente para producir la ignición, se hizo necesario un culote reforzado metálico, así como para situar con exactitud el fulminato, iniciador o mixto, y que pudiera ser golpeado con éxito por el martillo. Más tarde toda la vaina se hizo metálica, del barato y ligero cobre o latón. Aún así era lento y requería espacio disponible abrir el arma, basculante, y recargarla. A Napoleón le ofrecieron este tipo de fusiles, basculantes, que rechazó por considerar que el uso fundamental de este era como asta para utilizar la bayoneta, que un arma basculante sería menos sólida, más fácil de que se partiese, y la más rápida recarga también supondría mayor consumo de munición. También a Hitler le ofrecieron la posibilidad de utilizar fusiles ametralladores, que rechazó, imbuido de la idea de los asaltos a las trincheras a la bayoneta, que había sufrido durante la Iª Guerra Mundial.

Sin aceptarlo se quedó sin munición en su invasión de la Unión de Repúblicas Socialistas Asamblearias, especialmente en Ucrania. Así que tuvo que prohibir el “tiro de gracia”: sólo se podía emplear un cartucho por cada fusilado. Lo cual significó que muchos fueran enterrados vivos. Ya los japoneses venían enterrando vivos a muchos chinos, no sólo para ahorrar munición sino como estrategia terrorista, como clavar sus bayonetas en niños y mujeres embarazadas, aunque esto también con la intencionalidad de limitar su superioridad demográfica. Finalmente Hitler, cuando ya no tenía suficiente reserva de hombres, había acabado con el fondo demográfico, accedió a la fabricación de fusiles de asalto, ametralladores, cuando ya no pudieron significar una contribución estratégica. Remington ideó el sistema de aguja percutora, que transmitía la fuerza mecánica del martillo, por lo que el arma no tenía que ser basculante, sino que podía ser rígida, con una ventana que permitía acceder a la recámara, mediante un mecanismo de cerrojo. Con ello el fusil mantenía toda la potencia expansiva de la pólvora, aumentando el alcance, la duración del arma, y su rigidez para usarlo en el más común ataque a la bayoneta, sin romperse. Además sustituyó la bayoneta tradicional por el cuchillo-bayoneta, que podía ser utilizada como arma blanca independientemente del fusil de soporte, no sólo como arma incisiva, sino cortante. Sin embargo tenía dos inconvenientes. Uno era su peso, ya que el cañón debía estar muy reforzado para absorber toda la presión explosiva. Sobre todo porque, para mantener un máximo alcance, también tenía el enorme calibre de las armas de su época, pero, para soportar el recalentamiento por una recarga más rápida, debía ser mucho más grueso. El otro era que, con la avancarga se podía administrar la pólvora, en función del alcance que se deseara, constituyendo un sistema más barato, ahorrativo, lo cual era una gran ventaja en situación de desabastecimiento. Por ejemplo en posiciones defensivas. Otra línea evolutiva fue la escopeta de cañón doble, a imitación de las pistolas del mismo tipo. Como arma de guerra no triunfó por su elevado coste y peso, casi el doble que un fusil de cañón único. Aunque ya vimos que se fabricaron engendros, excesivamente caros y pesados, de cañón múltiple. En lugar de ello se experimentó con fusiles de doble recámara, basculante transversalmente.

Así, mientras se podía disparar con una, la otra quedaba accesible para su vaciado, limpieza o recarga. Samuel Colt, refundiendo ambas líneas de experimentación, fabricó una pistola de recámaras giratorias o revolver, que giraban al accionar el resorte del martillo, mediante una uña metálica, y que basculaban junto con el cañón, para permitir la extracción de los casquillos y su recarga, lo que revolucionaría la guerra y la paz. Más tarde se añadirían otros avances, como el amartillado al accionar el gatillo, mediante una acción continuada en dos fases, hasta llegar a un máximo que, al sobrepasarlo, producía el disparo. O también un reborde interior de las recámaras, unido a un eje concéntrico con muelle, que facilitaba la extracción de las vainas. O el basculado transversal de dichas recámaras, manteniendo fijo el cañón, lo que daba más consistencia y durabilidad al arma, mediante un segundo eje, el basculante, externo al cilindro que arrojaba las recámaras. El eje principal coincidía con la posición tradicional del guarda-baqueta, y que, al permitir su extracción parcial, dejaba libre el cilindro de las remáras revólveres, giratoria, para que pudiese bascular lateralmente. O eliminar dicho factor basculante, lo que aumentaba dicha consistencia, fiabilidad y durabilidad, pero dificultando la extracción de los cartuchos y su recarga, pues las recámaras sólo eran accesibles por una ventana lateral, de compuerta deslizable, en la cazoleta posterior que recubría las recámaras. La hélice se conocía desde tiempo inmemorial. Leonardo Da Vinci, que también había diseñado armas de cañón múltiple, aunque en paralelo o divergentes, no alrededor de un eje, propuso la hélice como medio de propulsión, por ejemplo para una especie de helicóptero, algo así como un tornillo de grandes aristas, filetes, con el eje en posición vertical, posiblemente utilizando cartón rígido como material poco pesado al que se pudiera dar tal forma, de muy poco espesor, aumentando su rigidez, su resistencia, mediante cables o tirantes, si bien accionada mediante manivela, sin ningún tipo de motor, que, entonces, no se conocían, salvo el de resorte de cuerda de fleje metálico de los relojes. Ya anteriormente había diseñado una especie de paracaídas: una pirámide cuadrangular de la que podría colgarse un hombre. Fulton había aplicado la hélice a sus submarinos.

Diseñó un inmenso buque de guerra accionado a vapor, cuyas ruedas de paletas estaban ocultas dentro de la borda, con lo cual protegía, o, al menos, tapaba, este elemento tan vulnerable, que limitaba su capacidad combativa. También era otra limitacion la falta de maniobrabilidad de dichos barcos. Más aún para la navegación por los estrechos cauces de los ríos, repletos de meandros y bancadas de arena de aluvión, como el Mississippi. Y sin embargo su uso en ellos era frecuentísimo, dadas sus innegables ventajas sobre los de velas, que de ninguna manera podían impedir que fuesen lanzados a las orillas o a los bancales por los vientos, arrastrados por la corriente, si no era favorable, o quedasen paralizados a falta de aquéllos. A John Ericsson, de origen sueco, se le ocurrió aplicar la hélice a los buques de superficie. A pesar de los consejos de Alamán, que veía en Tejas un muro de contención frente al notorio imperialismo estadounidense, López De Santa Anna no reconoció su independencia. Aquel invierno fue sumamente frío. La nieve alcanzó en Tejas casi medio metro de altura. Además el cuerpo expedicionario mejicano sufrió una epidemia de disentería y el repetido ataque de los comanches. Los tejanos habían incendiado el puente de madera sobre el río Nueces, por lo que los mejicanos tuvieron que construir un paso improvisado, bajo la lluvia, con ramas y barro. El Tenientecoronel de la Legión de Caballería, Travis, abogado y masón, recientemente divorciado, había llegado a El Alamo con 30 soldados. También llegó David Crockett con otro puñado de voluntarios. El Coronel Neill, el Oficial “regular” de más alto rango, delegó en Travis el mando al marchar de la Misión, según unos para cuidar a un familar enfermo, según otros para reclutar más voluntarios, en todo caso prometiendo regresar en 20 días, lo que no cumplió. Travis informó a Sam Houston y a todas las guarniciones cercanas de los avances de los mejicanos, pidiendo refuerzos reiteradamente.

Su última carta terminaba con la frase “Victoria o muerte”, semejante a la “guerra a muerte” que había caracterizado la independencia de Venezuela hasta que De Sucre pactó con los españoles el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, que garantizaba, por primera vez en el mundo, el trato humanitario a los vencidos de ambos bandos, y conseguía tiempo para reorganizar y aumentar la recluta de independentistas, lo que fue ensalzado por Bolivar, el que había proclamado la “guerra a muerte”. En realidad los tejanos no creían que el asedio comenzase antes de la llegada de la primavera, sobre todo por el mal tiempo reinante. Pero la proximidad de la avanzadilla mejicana aconsejó a los habitantes de Béjar que habían colaborado con la rendición de la ciudad, a 40 kmtrs. de El Alamo, a huir. Los voluntarios les ayudaron. Quince de ellos decidieron marcharse también, y, como despedida, organizaron una fiesta aquella noche. Al conocer tales hechos, López de Santa Anna ordenó a los Dragones de Caballería que se apoderaran de El Alamo, que había quedado desguarnecido, pero las intensas lluvias habían hecho infranqueable el río Medina. En Béjar los insurrectos izaron una bandera mejicana sustituyendo el escudo del águila atrapando una serpiente sobre una chumbera sobre un montículo sobre un lago (signo con el que, según la leyenda, se escogió el emplazamiento de la ciudad de Me-chi-co) por dos estrellas doradas, significando a los Estados independizados de Coahuila y Tejas. Al acercarse las tropas mejicanas arriaron la bandera y se la llevaron a El Alamo. Al llegar a él la vanguardia mejicana ésta izó la bandera roja, que significaba que no darían cuartel. Una delegación leyó ante los insurrectos las condiciones de rendición. Travis, en cuanto comenzó la parte de las amenazas si no lo hacían, para evitar que se cumpliese el objetivo de acobadar y sembrar las dudas entre los amotinados, respondió disparando el cañón de mayor calibre que poseía. El “Coronel” Bowie (el cantante David Bowie se llamaba anteriormente David Jones, pero cambió su nombre artístico en honor de éste porque coincidía con el de un miembro del grupo The Monkies) que no aceptaba la autoridad de Travis sobre sus voluntarios, creía que éste se había precipitado, por lo que envió un mensajero a López de Santa Anna con una carta dirigida “al Comandante de las fuerzas invasoras en Béjar” del “Comandante de las fuerzas voluntarias de Béjar”.

Según unos la carta pedía una rendición honorable, para otros pedía la rendición de los invasores. Lo cierto es que López de Santa Anna consideró una insolencia tanto la designación del destinatario como que el remitente se considerase su igual, por lo que se negó a recibirla. Los insurrectos habían ocupado varias casas como posiciones avanzadas, que los mejicanos debieron desalojar. El asedio duró diez días, y no hubo empleo masivo de artillería, como hubiera sido lógico, especialmente por la baja resistencia de los muros de la Misión. Algunos achacan este hecho a que el dictador se había enamorado de la hija del alcalde de Béjar y que no quería causarle molestias durante su galanteo y escarceo amoroso, que trataba de impresionarla, que no deseaba exponer sus propios cañones al fuego de los abundantes del enemigo, que infravaloró la resistencia de lo que consideraba un puñado de forajidos, o que pretendía dar experiencia en el combate cuerpo a cuerpo a sus reclutas forzosos. Necesitó tres asaltos para tomar el reducto. Antes del tercero, intentando amedrentar a los resistentes, forzar su rendición o mermar su eficacia combativa, hizo sonar el “toque de degüello”, que significaba que no habría sobrevivientes. Cuando los mejicanos saltaron la empalizada la mayoría de los defensores intentó huir de la ratonera, siendo perseguidos por la Caballería, que los aniquiló. Siete u ocho tejanos se rindieron y fueron fusilados, lo que se consideraba normal tras el toque de degüello. No se respetó a los enfermos y heridos, y esto sí se consideró una crueldad innecesaria en su época, incluso por algunos historiadores mejicanos. En cambio se respetó a los civiles que se habían refugiado allí, quienes narraron los hechos, aunque posteriormente fueron novelados e insertos de mitos y leyendas. Tras de ello, para acabar con todas las guarniciones rebeldes, López de Santa Anna dividió a su ejército en varias columnas, y las desplegó por todo Tejas. El se reservó 700 hombres y un solo cañón, para no retrasar el avance, en persecución de los 800 de Sam Houston -tal vez enviado a Tejas por el Presidente de Estados Unidos, para conseguir su anexión- que huían.

Tras varias victorias consideró que el único objetivo de los independentistas era llegar a la frontera y escapar, así que dio descanso a sus agotadas tropas en la confluencia de los ríos San Jacinto y Buffalo Bayou, antes de lanzarse a la definitiva derrota del enemigo, impidiéndole que pudiesen cruzar la frontera, pero sin proveer una defensa o vigilancia eficaz. Contra todo pronóstico Houston decidió dar su última batalla, se revolvió y derrotó a los mejicanos, en lo que se conoce como batalla de San Jacinto o “matanza de la siesta”. El dictador cayó prisionero y Houston lo obligó a firmar la independencia de Tejas a cambio de su libertad. Cuando llegó a Méjico, desprestigiado por tal desastre, López de Santa Anna fue destituido. El Estado de la Estrella Solitaria (Lone Star) de su bandera consiguió ser reconocido por varias naciones. Lo que hizo Gran Bretaña, de inmediato, como con todas las repúblicas hispanoamericanas que se creaban, dado que su política consistía en evitar una republica panamericana a la que no pudiese colonizar económicamente. Igual que hacía Estados Unidos, como amenaza ante intentos intervencionistas de la Santa Alianza. Sin embargo, las relaciones de España -que ya sólo mantenía las colonias americanas de Cuba y Puerto Rico- con dichas nuevas repúblicas quedaron rotas durante largo tiempo. Poco a poco se fueron restableciendo los intercambios comerciales. Y, más tarde, el reconocimiento político. La primera en lograrlo fue la de Méjico. Curiosamente la única colonia que no había logrado, directa ni indirectamente, por sí o con ayuda de aliados, una derrota definitiva del ejército imperial español, sino sólo un pacto de independencia fraudulento, inicialmente rechazado por España, y, en todo caso, basado en noticias contradictorias sobre la auténtica correlación de fuerzas, si no en connivencia entre los firmantes. A continuación, durante el reinado de Isabel IIª, una tras otra, se reconocieron todas las demás, en lo que también debe advertirse la mano y el pensamiento liberal. Muerto “El Libertador”, Bolivia y Perú se debatieron entre crisis económicas y guerras. Los terratenientes acusaban la falta de capital para alcanzar una adecuada rentabilidad de sus explotaciones, semejante a la minería, que no lograba aumentar su productividad. Los comerciantes urbanos pasaban de periódos de auge a profundas depresiones. Sólo los cultivadores de los regadíos costeros, con mercados relativamente asegurados, mantenían su prosperidad.

A todo ello se sumaba una ambiciosa Oficialidad militar, deseosa de poder, de corrupción, depredación y acaparación. Todo esto llevó a un largo periodo de guerras civiles y limítrofes, hasta que el Presidente boliviano, Andrés de Santa Cruz, impuso a Perú la confederación de ambos países. Sin embargo, la hostilidad demostrada contra Chile conllevó una nueva guerra, contra este país. En 1.837 murió Akbar IIº, sucediéndole Bajadur chaj IIº como emperador mogol. Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha, esposo de la reina María da Gloria, fue nombrado rey de Portugal. No obstante los disturbios civiles perduraron diez años más. Ante la exigencia de los liberales exaltados de reinstaurar la Constitución de Cádiz, se llegó a un consenso con una tercera (cuarta, si se considera como tal el anterior Estatuto Real) bastante más moderada que las otras: parecía que en España el proceso era hacia atrás, a cada Constitución más moderada que la anterior, aunque ésta superaba el previo Estatuto Real, mejorando sus derechos y garantías. Victoria fue coronada como soberana del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda. Durante su reinado, la clase obrera, con sus exigencias políticas, y el problema social fueron ocupando el primer plano de las preocupaciones, ya que el esplendor económico, promovido por el expansionismo imperialista, y la seguridad, interior y exterior, debida al dominio de los mares, al triunfo del equilibrio de poderes en el Continente, y el voluntario aislacionismo, la no intervención en asuntos de otros países, garantizaba sólo la prosperidad de las clases superiores y medias. En tales circunstancias se desarrolló un liberalismo original, en continua evolución. Gran Bretaña era, simultáneamente, causa de admiración y de odio, ejemplo a imitar y enemigo a batir, y sorpresa, al desviarse de los postulados teóricos propagados, para los políticos liberales de todo el mundo.

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