1.338-La Guerra de los Cien Años

Luís IVº aún dio un paso más: coronarse emperador en Roma, a pesar de la oposición del Papa, aprovechándose de que éste residía en Aviñón. La mención más antigua sobre el uso de cañones en Europa se refiere a una revuelta, en 1.324, de ciudadanos de Gante, en Flandes. El franciscano fray Guillermo de Ockham estudió y fue profesor en Oxford. Inició el nominalismo filosófico de la baja Edad Media, y desarrolló los principios fundamentales de la lógica del lenguaje moderna. Defendió que la predestinación divina no podía estar condicionada por los méritos humanos, por lo que se le convocó a la corte pontificia de Aviñón, para defenderse de la acusación de herejía. En lugar de acudir a ella se refugió en la de Luis de Baviera, desde donde apoyó la absoluta separación de Iglesia y Estado, y que se promulgaran leyes para impedir la intromisión papal en materias profanas, a semejanza del rechazo eclesiástico a las injerencias políticas. Con lo que se estaba anticipando al lutheranismo. Desde el siglo IXº hay constancia de que los saharianos comerciaban con los andalusíes “kerba bersil”, un tinte que luego se transformó en bresil y palo-brasil. Los árabes trataron de monopolizar su comercio, buscándolo por todas las tierras ecuatoriales alrededor del mundo, durante diez siglos. En 1.325 aparece la “ilha do brasil” en el mapa de Angelino Dalorto o Angelin Dell’Orto. Muj Jan encabezó una revuelta contra su padre, proclamándose sultán como Mujammad ibn Tugluk. Reconquistó el Sur de la India. Su sobrino Gurchap se le rebeló, por lo que sería desollado vivo, su carne, cocida con arroz, enviada a su esposa e hijos, y su piel, rellena de paja, expuesta al público. Los impuestos produjeron constantes revueltas, el abandono de la agricultura, millares de muertes de hambre y la huida de Deli, a quienes las tropas cazaban como a animales. Imitando la circulación fiduciaria china, reformó la moneda con base en el cobre.

Sin embargo, la acuñación era tan rudimentaria que facilitaba la falsificación, por lo que, en pocos años, se vio obligado a recomprar todas las monedas con plata y oro. Cien años después aún existían montañas de monedas de cobre. Una campaña contra el Jimalaya acabó en fracaso, lo que produjo más revueltas y la independencia de las regiones sureñas. Coxcox, rey de Coljuacán, derrotó a los aztecas, sometiéndolos a esclavitud. Cuando entró en guerra con Xochimilco envió a los esclavos de dicha etnia al combate, quienes demostraron su valor. Quizás ensoberbecidos por ello, pidieron la mano de la hija de un rey vecino, para fundar su propia dinastía. Pero, una vez obtenida, prefirieron sacrificarla al dios de la guerra, por lo que entraron en ella: fueron derrotados y perseguidos, debiendo buscar refugio de nuevo en su pequeña isla. Se supone que en este año se fundó Tenochtitlán, la actual Méjico. En 1.326, Cristóbal IIº decidió imponer tributos a la nobleza, para solucionar la desastrosa situación económica de Dinamarca. Los nobles, haciendo uso del recién conseguido derecho de deposición, se lo aplicaron directamente a quien se lo había otorgado. Como no podía ser de otro modo, la falta de rey legítimo degeneró en guerra entre distintos aspirantes. Resultó vencedor Valdemar IVº, que logró imponerse a la nobleza. Go-Daigo se negó a abdicar, en cumplimiento de lo que habían pactado ambas ramas de la familia imperial nipona, por lo que fue desterrado. En 1.327 Luís IVº se dirigió a Italia con un pequeño ejército y el apoyo de los Scaliger de Verona, los Visconti de Milán y todos los demás gibelinos, siendo coronado rey de Lombardía. Conquistó Pisa, se alió con el aragonés Fadrique (Federico) IIIº, entonces rey de Sicilia, y fue coronado emperador por los cuatro Síndicos, que, además le concedieron la signoria de la ciudad, por un año, en nombre del pueblo romano, que, dirigidos por Sciarra Colonna, aprovechando la ausencia papal, habían restablecido una república democrática.

Basándose en tales nombramientos populares se consideró dirigente de la cristiandad, depuso al Papa, condenándole a muerte por hereje, y nombró antipapa a Nicolás Vº, de la orden menor franciscana. Sin embargo el mismo pueblo le exigió que derrotase a Roberto de Nápoles, quizás el objetivo de todos estos nombramientos, y, como se negó a ello, lo expulsaron de Roma, junto con su Papa. Entonces no sólo las ciudades italianas, sino también las de Alemania, se volvieron contra él, por lo que trató de llegar a un acuerdo con la curia aviñonense, que Juan XXIIº rechazó. Alfonso IVº “El Benigno” sucedió a Jaime IIº. Reemprendió la conquista de Córcega, aunque tampoco lo consiguió. Los príncipes de Moscú habían mantenido, escarmentando de las sucesivas incursiones de castigo que habían soportado, una actitud de sumisa obediencia respecto de los tártaros, con los que colaboraron en las expediciones contra otros principados. Así obtuvieron una autonomía que no utilizaban en su beneficio, salvo que el largo periodo libre de saqueos permitió aprovechar la confluencia de rutas comerciales en su capital. Cuando Iván Danilovich Kalita (“Bolsa de Oro”) junto con tropas tártaras aplastó una rebelión de sus vecinos rusos del principado de Tver contra la Horda de Oro obtuvo de sus dominadores el título de Gran Príncipe de Toda la Tierra Rusa, y el derecho a recaudar impuestos para los tártaros en todos los principados limítrofes. Los beneficios que lograba de ello los empleó en comprar aldeas, franjas de terrenos e incluso pequeños principados. Eduardo IIº supo que su nuevo favorito, Roger Mortimer, era amante de su esposa. Como la rebelión latente no le permitía enjuiciarlo, encarcelarlo o asesinarlo, optó por la deportación.

Pero la reina Isabel, hija del rey de Francia, Felipe IVº “El Hermoso”, no estaba conforme con tal separación, por lo que, de acuerdo con su amante y, posiblemente, con su padre, se unieron a los rebeldes, depusieron al rey y lo encarcelaron. Eduardo IIº murió en prisión, posiblemente asesinado. Le sucedió su hijo, Eduardo IIIº, aunque el poder real lo siguió ejerciendo Mortimer. Los tres hijos de Felipe IVº, Luís Xº, Felipe Vº y Carlos IVº murieron sin descendencia, por lo que se extinguió la dinastía capeta por línea directa masculina ¿Otra maldición de los templarios? La “Ley de Varones” prohibía que el trono francés fuese ocupado por mujeres, pero no que éstas pudieran transmitirlo. Y ésta era la situación de Eduardo IIIº de Inglaterra, nieto del rey de Francia por línea materna. Igual que había ocurrido con Enrique IIº, fundador del imperio angevino, que era hijo de Matilde de Normandía -hija de Enrique Iº de Inglaterra- y Godofredo de Anjou, apodado “Plantagenet”. Así que, en 1.328, se reunieron los Estados Generales y dictaminaron que, puesto que las mujeres no podían ser reinas de Francia, tampoco podían transmitir el derecho a la corona. Esto impedía la unión dinástica de Inglaterra y Francia -en lo que el sentimiento nacionalista también debió influir- mediante la sucesión por Eduardo IIIº, a favor del más alejado Felipe VIº de Valois, sobrino de Felipe IVº “El Hermoso”. Los flamencos aprovecharon la coyuntura para sublevarse contra el conde de Nevers, posiblemente con ayuda de Mortimer, a pesar de lo que debía agradecer a la ayuda francesa, igual que la reina madre, su amante. Felipe VIº debía demostrar su entereza como monarca para desanimar a sus opositores, por lo que se dirigió contra los piqueros flamencos. Estos lo esperaron en Cassel, cerca de Courtrai, aunque la posición no era tan favorable como en batallas anteriores. Los flamencos pensarían que podían repetir la heroicidad anterior, por lo que no se plantearon que su fuerza era muy reducida.

Pero los franceses, en vez de pretender arrollarlos, como en otras ocasiones, las rebasaron, atacándolas por ambos flancos y su retaguardia, lo que, además del previo bombardeo, desorganizó sus filas, haciendo ineficaces la barrera de las largas picas. Esta victoria volvió a dar confianza a los franceses en su aristocrática caballería de línea, lo que tendría nefastas consecuencias durante la guerra de los cien años. Navarra se separó de la corona francesa. En 1.329, Orján, hijo de Osmán Iº, completó el dominio de Turquía, llegando a los suburbios de Constantinopla. En 1.330, Eduardo IIIº logró deshacerse de Mortimer, consiguiendo el poder efectivo. En 1.331 murió el franciscano Oderico de Pordedone, dejando un relato sobre su viaje al Tibet. Ya de antes se tenían noticias de dicho país por las crónicas chinas, los “Vedas” hindúes, las sagas árabes e, indirectamente, por Heródoto. Por ellos se supone que el Tibet influyó en la génesis del hinduismo. Siete siglos antes el rey Song-tsen-gam-po había introducido la escritura, imitando la entonces existente en la India, que se cree que podía derivar de los jeroglificos o de la griega arcaica. Los tibetanos veneraban a los libros, a los que rendían culto, por su capacidad de transmitir pensamientos, sabiduría, religiosidad. Tenían muchas y grandes bibliotecas, públicas y privadas. Pero, aunque los había históricos, derivaban todos los temas al sentido religioso. También Marco Polo, en su “Libro de las Maravillas”, aportó noticias sobre este reino. De todo ello sabemos que realizaban sacrificios de animales y humanos, tras torturarlos partiéndoles los huesos. Los asistentes debían repetir la fórmula de que los dioses y los espíritus podían conocer los pensamientos, y que les tratarían a ellos igual si cambiaban su modo de pensar. Los tibetanos siempre fueron fanáticos, tradicionalistas y conservadores. Y también militaristas, expansionistas, que estaban en contínuas guerras con China.

No obstante, mantuvieron con ellos, a veces, un activo comercio, ya que controlaban los pasos del Jimalaya. A sensu contrario hay que interpretar que la mayor parte del tiempo constituyó un obstáculo para la interconexión entre las dos grandes culturas e imperios asiáticos: China y la  India. Con la llegada del buddismo los reyes tibetanos aceptaron un Consejo de monjes, por lo que pasó a ser un Estado semiteocrático. Al movimiento inicialmente campesino, en el que no hay ninguna prueba de que participase ningún Wilhelm Tell (¿Cuento del Yelmo Legado?) cazador del cantón de Uri, cuyo legendario relato tiene similitudes con algunas sagas nórdicas, la ascendente burguesía comercial fue incorporando las ciudades que controlaba. Así, en el 1.332, Lucerna se unió a la Confederación Helvética. A la muerte de Ladislao Iº Likietek en el 1.333, heredó Polonia su hijo, Casimiro IIIº “El Grande”. Tras prolongadas guerras con la Orden Teutónica y con Juan de Luxemburg, se llegó a un tratado de paz gracias a la intermediación del rey de Hungría, Carlos Iº Roberto de Anjou. Por ella el rey de Bohemia renunciaba a sus aspiraciones a Polonia, a cambio de la rica Silesia, se veía libre para oponerse a Luís de Baviera, como rey de Alemania, y para implicarse en la guerra entre ingleses y franceses, y, junto con Hungría, consiguió que las rutas comerciales alemanas hacia el Este pasaran por Praga y las llanuras húngaras. De esta forma la riqueza agrícola, ganadera y las minas de oro de Hungría entraban en valor, y Polonia se veía suficientemente segura como para iniciar su expansión hacia el Norte y el Este. Favoreció el acuerdo el reconocimiento del Vaticano al reino de Polonia. Como suele ocurrir con el último soberano de cada dinastía, más aún si se le considera extranjero e ilegítimo, Togam Temur, al que los historiadores chinos denominan Chun-ti, acumula todo tipo de acusaciones y maldades. Las intrigas políticas y las rebeliones continuaron.

Hay documentos que lo consideran consagrado, no sólo a los tradicionales placeres del harén, sino a ritos sexuales lamaístas. Sin embargo los mongoles le respetaban. Aunque ello puede deberse a que, bajo su autoridad, se permitían burlar a la administración civil, violentar todas las normas y ejercer un despótico y explotador dominio. Go-Daigo, con el apoyo de los funcionarios que le eran fieles, los grandes monasterios y los enemigos de las familias Joyo y Minamoto, consiguió recuperar el poder. Achikaga Takauyi, Comandante en Jefe de las tropas imperiales, cambiando de bando, conquistó Kioto y Kamakura, donde el “administrador” Joyo y 200 súbditos se hicieron decapitar, tras abrierse el vientre, según el ceremonial jarakiri. El emperador japonés intentó restablecer la administración civil, pero los funcionarios que designó carecían de formación, experiencia y apoyo de los terratenientes, mientras que se consideraban superiores a la aristocracia militar, de modo que ésta acabó tomando el poder, aunque de modo encubierto. Benedicto XIIº, en 1.334, persistió en exigir el derecho de confirmación papal a la elección del emperador alemán, incitado por el rey de Francia.

El joven rey inglés estaba imbuido de ideas caballerescas, como lo demostró al hacer de San Jorge (de Capadocia, en Turquía, aunque se crió en Lod de Palestina, legendario conde o comes de Diocleciano, torturado hasta la muerte por negarse a perseguir a los cristianos) que ya era patrón de los cruzados y de los caballeros teutónicos y del Temple (¿otra venganza de los templarios desde el más allá?) patrón de Inglaterra, por el sólo hecho de que, montado sobre un caballo blanco, y provisto de armadura, alanceó a un dragón para salvar a una princesa, lo que reproduce el mito del dios frigio Sabacio, de Perseo, Pegaso y Andrómeda, el arcángel San Miguel derribando al arcángel Lutzbel -y no Lucifer o Lucífero, en griego Fósforo, “Dador de Luz”, que era el apodo de Afrodita/Venus- o la versión romántica del Santiago Matamoros. También creó la Orden de la Jarretera, con pretensión de revitalizar el espíritu caballeresco, y le dio el mismo patrón. Un tal Roberto, que se hacía apellidar Artois, nombre de la parte occidental flamenca, pretendía tener más derecho sobre Flandes que el duque de Borgoña, según el texto de la “Ley de Varones”. A Felipe VIº le pareció que era más prudente no enemistarse con la poderosa Borgoña y sonsacar más a los levantiscos flamencos, por lo que lo rechazó. Roberto “De Artois” declaró que el rey incumplía la “Ley de Varones”, despreciando que dicha norma sólo era de aplicación a la monarquía, y se fue a Inglaterra defendiendo el derecho de Eduardo IIIº al trono francés. Este, sobrino de Carlos IVº de Francia por parte de madre, y que se hacía llamar “Plantagenet”, como su chozno, lo que demuestra sus ansias “imperiales”, reclamó el trono, alegando que la decisión de los Estados Generales había sido posterior a la muerte de su tío, por lo que no podía tener efectos retroactivos.

Posiblemente sólo lo hiciese para que el rey francés viese crecer su oposición interna, tuviese que hacer concesiones a sus nobles y no pudiese continuar la política de ir ocupando las posesiones continentales inglesas. Sin embargo, Felipe VIº reaccionó apoyando a David IIº de Escocia y confiscando Guyena, último feudo inglés en Francia. Eduardo IIIº amenazó con prohibir las exportaciones de lana a Flandes, lo que paralizaría su industria textil. Los flamencos, entonces, se aliaron con los ingleses contra Francia y el conde de Flandes, Luis de Nevers. Simultáneamente buscaron una alternativa a la lana inglesa, para no verse maniatados en el futuro. Así comenzaron las importaciones de lana castellana, enriqueciendo a los ganaderos, con lo que consolidó el feudalismo en Castilla, incluidas las órdenes religioso-militares, lo que pondría en peligro sucesivamente el poder monárquico, y enriquecería a la ciudad portuaria de Santander. Se sospecha que, además de los legendarios periplos de Flotas egipcias y fenicias alrededor de Africa, genoveses, portugueses, catalanes, mallorquines y normandos ya habían enviado expediciones marítimas exploratorias de sus costas occidentales. Sin embargo sólo ha quedado constancia del arribo del genovés Lancelloto -versión italiana del Lancelot (¿Muchas lanzas?) del Lago, del ciclo arturiano- Malocello, en 1.335, a la isla que, en su honor, se conoce como Lanzarote ¿Lanzas rotas? En 1.336, Pedro IVº “El Ceremonioso” sucedió a su padre, Alfonso IVº de Aragón. Finalmente Takauyi reimplantó la administración militar, volviendo a conquistar Kioto. Go-Daigo se refugió en el Sur, en Yochino, provincia de Yamato, originando una escisión que se mantuvo 50 años. Takauyi nombró emperador de Japón a Komyo.

El emperador Luís IVº se alió con Eduardo IIIº de Inglaterra, a favor del cual los príncipes imperiales, que también se veían amenazados por la injerencia papal y francesa, que hacía peligrar el varlo a su derecho al voto imperial al exigir la confirmación del Papa, dictaron sentencia, sin que nadie se lo pidiese, a sus pretensiones dinásticas, considerándolo legítimo rey de Francia. Igualmente, Luis IVº convocó una Dieta en Rense del Rhin, cerca de Coblenza, en 1.337, en la que la nobleza, laica y eclesiástica, proclamó que la designación imperial por mayoría de los príncipes electores era un derecho del reino, que no precisaba confirmación papal. Murió Kankan Mussa, el más célebre de los soberanos de Mali. Entre otras razones porque los cronistas y viajeros Ibn Battuta, nacido en Tánger y que vivió en Granada, donde dictó sus memorias al secretario del visir, de sus viajes por 100.000 kmtrs. de Africa, todo el territorio mahometano y China, y el tunecino, de ascendencia sevillana, Ibn Jaldún, dejaron noticias escritas sobre él. El difunto rey consiguió monopolizar el comercio transahariano, igual que los mongoles habían hecho con la ruta de la seda. Estableció contactos diplomáticos con muchos reinos africanos y europeos. Como era mahometano, peregrinó a La Meca, donde repartió 20.000 monedas de oro en limosnas. A su regreso empleó el resto de lo que llevaba para el viaje en Egipto, lo que devaluó el precio del oro en El Cairo durante 12 años. No lo hizo de forma completamente desinteresada: consiguió con ello consolidar los intercambios comerciales, no sólo con Egipto, sino con la comunidad veneciana allí afincada, lo que le aseguraba el contacto con Europa. Conquistó las ciudades que le parecieron importantes para asegurar las rutas de caravanas. Todo ello incitó la codicia de los benin, que se aprestarían para intentar el monopolio de las rutas del oro hacia Guinea y Sudáfrica. En 1.338, otra Dieta en Frankfurt no sólo confirmó la anterior, sino que promulgó que la elección de rey de Alemania conllevaba automáticamente los derechos y dignidades imperiales.

Y todo ello a pesar de la excomunión dictada: los tiempos habían cambiado. Incluso el propio pueblo era contrario a los pontífices títeres de los franceses: el lutheranismo avanzaba antes del nacimiento de Martin Luther. La situación entre Francia e Inglaterra no podía terminar de otro modo que en guerra: lo que nadie podía preveer es que aquellas primeras escaramuzas iban a desangrar ambos países durante 100 años. Si se trató de una maldición de los templarios, estuvo bien cumplida. Takauyi se proclamó chogún. Estableció su Cuartel General en el barrio de Muromachi, cerca del palacio imperial de Kioto, para tenerlo controlado. La división del imperio japonés, entre Norte y Sur, dio excusa a los Generales para emplear sus tropas para sus venganzas personales; felonías, asesinatos y oportunismos eran constantes. En 1.339, Casimiro IIIº de Polonia y Carlos Iº Roberto de Hungría llegaron a un pacto de familia para unir ambos reinos. Aparecen señaladas las islas canarias en las cartas marítimas del mallorquín Angelino Dulcert, que se sospecha sea el mismo Angelino Dalorto de los mapas portugueses y Angelin Dell’Orto italiano. Como los ingleses precisaban dominar el Canal de la Manga (en francés Manche, para los ingleses Canal Inglés) aprovecharon que la Flota francesa estaba congregada en Sluys, en L’Ecluse, en 1.340, para aniquilarla. Durante 20 años el Canal sería real y exclusivamente inglés. La situación social en el agonizante Imperio Bizantino terminó siendo insoportable, y estalló la revolución. Un movimiento popular en contra del feudalismo se extendió por Tracia, Macedonia y Tesalónica. En esta última el Partido popular de los zelotas la constituyó en República Popular durante diez años, con capitalidad en Salónica, la segunda ciudad en importancia que quedaba al Imperio bizantino. Confiscaron los bienes de los grandes propietarios, incluida la Iglesia, y los repartieron entre los campesinos y las clases bajas ciudadanas.

La política del Estrecho de los reyes castellanos se comprobó acertada cuando los benimerines desembarcaron para reconquistar, al menos, parte de la Península. Su rápida detección permitió una alianza con Portugal, que también se vería amenazada, con lo que se les derrotó en el río Salado. En 1.341, a la muerte del jan Usbek, la Horda de Oro se disgregó en diversos janatos, que saqueaban reiteradamente las tierras rusas, tal vez por su incapacidad de recaudar de ellas sus tradicionales impuestos. Todo ello hizo cambiar la estrategia de los príncipes moscovitas, que ahora se presentaban como protectores de los rusos. En 1.344, con la ayuda de Pedro IVº de Aragón, Alfonso XIº conquistó Algeciras. A pesar de las buenas perspectivas iniciales, la dificultad para conseguir un aumento de los impuestos que financiara la guerra obligaron a los ingleses a aceptar una tregua, que rompieron en 1.346, al desembarcar en Normandía y dirigirse a París, como harían los ejércitos aliados más de seis siglos después. Sin embargo, al tener noticias de que Felipe IVº de Francia había reunido un ejército que triplicaba al suyo, incluyendo 12.000 caballeros, y 6.000 ballesteros genoveses, se retiró hacia Flandes. El emperador alemán creyó conveniente cambiar de bando. Para entonces se había anexionado el Tirol y la Carintia, con escasa justificación, lo que le deparó la enemistad de la familia Luxemburg y sus partidarios. Perseguido por los franceses, Eduardo IIIº comprendió que no podría evitar el enfrentamiento. Así que escogió el terreno que le pareció más favorable, en Crécy, a lo largo de una loma, con el flanco guarnecido por un arroyo. Por delante cavaron pozos para detener a la caballería. Los franceses no podían cargar al galope, puesto que el terreno escogido les obligaba a tomar un giro cerrado a la izquierda, quedando con el sol del ocaso deslumbrándoles. Además, la tormenta había enlodado el suelo.

Sólo eran 4.000 infantes, por lo que aparecían muy dispersos. Entre ellos situó sus 8.000 arqueros, armados con los novedosos arcos simples de madera de tejo, de dos metros de altura, capaces de disparar flechas que atravesaran las armaduras, en rápida cadencia, lo que aventajaba a los ballesteros, así como algunos cañones, que aportaron sus aliados flamencos. A los ingleses les pareció un arma terrorífica, por su ruido más que otra cosa, por lo que se dedicarían a perfeccionarlos y fabricarlos seguidamente. Los franceses venían agotados por la persecución, por lo que debieron haber esperado al día siguiente, a que el suelo se secase, reconocer el terreno, y atacar con el sol a la espalda, a su favor, deslumbrando a sus enemigos. Pero esperar no era de caballeros, y los aristócratas, que estaban descansados sobre sus monturas, pidieron acción inmediata. Los ballesteros genoveses dispararon, pero los ingleses mantuvieron sus filas. Así que se les ordenó que avanzasen más, para ser más efectivos. Entonces se pusieron al alcance de los arqueros, que los diezmaron. Los supervivientes iniciaron la retirada. Los caballeros franceses decidieron impedir el presumible avance inglés. Sin embargo éstos permanecieron en sus posiciones, a la espera de órdenes. La caballería francesa, tras pisotear a los ballesteros en retirada, perdió su orden de línea, tal vez también por el efecto sobre sus cabalgaduras del estruendo de los cañones, además de su metralla, y atacó sin ninguna coordinación, por lo que fue prácticamente aniquilada: se calcula que murieron 1.550 aristócratas, así como infantería suficiente para igualar a las fuerzas inglesas, lo que constituyó un duro golpe para la aristocracia francesa. Tras lo cual Eduardo IIIº cambió de rumbo y rindió Calais, convirtiéndola en bastión para el dominio inglés del Canal, durante más de dos siglos. Pedro IVº aprovechó para reconquistar el Rosellón. También reconquistó Mallorca y Menorca, en las que reinaba una rama colateral, un bisnieto de Jaime Iº y cuñado suyo. Como no tenía hijos varones trató de que los aristócratas reconocieran la sucesión a su hija.

En lugar de hacerlo, instigados por el hermanastro del rey, se coaligaron en la Unión Aragonesa y la Unión Valenciana, alzándose en armas. El Partido aristocrático no podía consentir el proceso revolucionario que se llevaba a cabo en el Imperio de Bizancio. Así que los nobles bizantinos pactaron con los otomanos. Y es que los mayores enemigos se unen (pasaría igual, por ejemplo, entre el IIº Imperio, Reich, Alemán y Francia, a la que habían invadido, para acabar con la revolución comunarda o comunera, de París, liberando incluso a los prisioneros de guerra y rearmándolos para que se dedicaran a la represión de los que habían implantado la IIIª República) si se trata de aplastar a los revolucionarios. Marx analizó que las disputas dentro de la misma clase social dominante son como peleas de tenderos, que terminan en cuanto se ven obligados a defender sus intereses comunes. Por la gracia del sultán turco Orján, Juan de Cantacuceno, jefe del Partido aristocrático, fue coronado emperador de Bizancio en Adrianópolis, como Juan Vº. Al extinguirse los Ascania, el emperador alemán consideró que el margraviato de Brandenburg quedaba vacante, y se lo apropió. Todo ello enfureció a los príncipes electores, que, en 1.347, nombraron rey a Karl von Luxemburg, hijo de Juan de Bohemia y nieto de Enrique VIIº. Fue coronado como Carlos IVº en Bonn, ya que Colonia permanecía fiel a Luís IVº. Había nacido en Praga y vivió en París. Era un político muy culto y brillante. Como rey de Bohemia había reorganizado su país, impulsando la industria y el comercio, con relaciones con Venecia y la Liga Hanseática. Había conseguido que el obispado de Praga fuese arzobispado, haciéndolo independiente de Maguncia. Todo ello en un solo año. Tras enviudar, Pedro IVº volvió a casarse, teniendo dos hijos varones. Carlos IVº apoyó la fundación de la primera universidad alemana, convirtiendo a Praga en un gran centro espiritual y cultural. Su primer objetivo, aparte de incrementar el poder de su familia, fue preservar la paz.

Por ello renunció al Tirol, se casó en segundas nupcias, en 1.349, con Ana del Palatinado, acordando con su familia, los Wittelsbach, la reintegración del margraviato de Brandenburg. La peste negra o bubónica, así llamada por las ampollas o bubas, de gran tamaño, que terminaban ennegreciéndose, llegó a Europa, segando la vida a un tercio de sus habitantes. Quizás por ello los flagelantes alcanzaron su mayor difusión, pensando que el sacrificio atraería la conmiseración divina contra la plaga. Un catastrófico desbordamiento del Joán-jo impuso la construcción de obras de contención. Sin embargo, como era tradicional en China y en Egipto (lo que Marx y Engels consideraron el “modo de producción asiático”, excepción a su concepto de que la estructura de propiedad determinaba el modo de explotación) se hizo mediante trabajos forzados de la población, lo que acarreó una gran revuelta. La peste, unida a las tensiones sociales surgidas en ambos países, determinó una tregua en la guerra de los cien años. Alfonso XIº había conseguido imponer el poder real sobre los aristócratas, que, durante la época anterior, se habían aprovechado de las regencias de su abuela, María de Molina, y su débil hijo, para disputárselo, además de luchar entre ellos.

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