1.864: El segundo imperio mejicano

El 20 de junio se aprobó la constitución de Virginia Occidental, desgajada del secesionista Estado de Virginia, del que las separan los ríos Ohio y Potomac, dado que las tropas nordistas habían llegado hasta allí, a pesar de estar situados ambos al Norte de la Línea Mason-Dixon: el primer castigo que se dio a los separatistas. Mason y Dixon fueron dos topógrafos británicos a los que se encomendó resolver el problema de que las colonias de Pennsylvania y Maryland habían fijado como límites los paralelos 39º y 40º, por lo que cada una se internaba, sin el menor derecho, en territorio de la otra, aún sin haber sido completamente colonizados, o sea, robado todo su territorio a la población indígena, en las postrimerías del dominio británico, próximo al estallido revolucionario, separatista del imperio británico. Así se resolvió una guerra de colonos vinculados a los Penn o al barón de Baltimore. Por el Compromiso de Missouri, de 23 años antes, dicha línea se convirtió en la divisoria entre abolicionistas y esclavistas, pero también delimita la diferenciación cultural entre los norteños y los sudeños de Estados Unidos. El 28 de junio, Lee estaba en el Sur de Pennsylvania. Hooker fue sustituido al mando del ejército del Potomac por Meade. El 30 de junio vanguardias de ambos ejércitos se enfrentaron en Gettysburg. Poco a poco se fueron añadiendo el resto de las unidades, durante tres días, 83.000 federales contra 75.000 confederados, hasta llegar a convertirse en la mayor de las batallas que se han librado en occidente. Algo semejante a lo que ocurriría en Verdún, aunque siguiendo una estrategia en parte distinta. El 1 de julio Lee estaba dominando, pero no tenía Caballería, que, actuando por su cuenta, se había alejado, sin poderla localizar ni informarle que se estaba produciendo una batalla de suma importancia. Esto significaba, además, que carecía de información más allá del alcance visual. El 2 de julio, tras lograr la igualdad, después de tantas derrotas, la Unión comenzó a inclinar la batalla a su favor. Alguna vez tenía que ocurrir. Lee envió 15.000 hombres de refresco, al mando de Pickett, para romper las líneas enemigas. No pretendía hacerlos huir, sino llevar a los federales a la derrota. Pero estos habían descubierto la maniobra, y emplazaron su artillería esperándolos.

Se produjo la más romántica acción militar de la guerra, conocida como “la carga de Pickett”, muy semejante a “la carga de la Brigada Ligera”, de 9 años antes, en Crimea, si bien ésta fue un error de interpretación de una orden, y el número de efectivos implicados fue muy inferior. Lo cierto es que 4/5 de los atacantes fueron barridos, y el resto retrocedió en desorden. Al día siguiente Lee ordenó la retirada. Los unionistas habían tenido 22.000 bajas (incluyendo muertos, heridos, capturados y desaparecidos) y 31.000 los sudistas. Si Meade hubiese contraatacado podía haber destruido el ejército confederal. Pero sus tropas estaban agotadas y castigadas, por lo que le faltó la decisión, lo que permitió que Lee regresase a Virginia con los restos de sus fuerzas. Simultáneamente Grant tomaba Vicksburg, dominando todo el Mississippi. La Confederación carecía de medios para reparar sus ferrocarriles, que recibieron varios ataques nordistas, de modo que en sus vanguardias había hambre y no llegaban los refuerzos. Prusia aprendió de esta guerra la importancia estratégica de la artillería, utilizada masivamente, los ferrocarriles y el telégrafo, como medio de comunicación inmediata. La Unión prometía una paga elevada, por lo que un tercio de sus fuerzas eran inmigrantes llegados para alistarse, mientras la Confederación no recibía ayuda. Sin embargo tenía sus partidarios, sus simpatizantes en el Norte. Y los descontentos con la guerra. La movilización general, decretada por Lincoln, fue muy mal recibida entre ellos. Entre los inmigrantes irlandeses de Nueva York se extendió la idea de que estaban luchando para que los negros liberados les quitaran sus puestos de trabajo, cobrando sueldos inferiores, que había sido el punto de vista “sindical” desde decenios antes: el anarquismo a la americana. Entre el 13 y el 16 de julio se sucedieron disturbios, durante los cuales se asesinaron a muchos negros, por cuya libertad, teóricamente, estaban luchando. Los daños ascendieron a millones de dólares. El 19 de septiembre, Rosecrans estaba cerca de los altos del arroyo de Chickamauga Creek, en el extremo Nordoccidental de Georgia. Contra él lanzó Braxton Bragg sus tropas confederados, rompiendo las líneas unionistas. El virginiano Thomas mandaba una unidad que resistió, permitiendo al resto de los federales retroceder ordenadamente.

Sin embargo quedaron inmovilizados en Chattanooga, al Sudeste de Tennessee. Lincoln puso a Grant al mando de todas las tropas al Oeste de los montes Allegheny. Este comprendió que Rosecrans podía ser obligado a rendirse, por lo que se dirigió allí a marchas forzadas, mientras ordenó que Thomas sustituyera en el mando a Rosecrans. Entre el 24 y el 25 de noviembre derrotó a Bragg, liberó Chattanooga y volvió con su ejército a Georgia. De la Confederación sólo quedaban los hambrientos Estados costeros en el Sudeste. Sólo podían dedicarse al corso. Gran Bretaña había fabricado para ellos unas magníficas naves, hasta que la Unión amenazó con la guerra y dejaron de entregarlas. Llegó al puerto de Lima, a El Callao, tras casi un año de recorrer las costas sudamericanas, la presunta misión científica española, formada por 4 buques de guerra. Poco después se produjeron incidentes entre unos colonos españoles, llegados 4 años antes, y el hacendado que los contrató para sus plantaciones de algodón, por los que, en un tiroteo, murió un vasco de origen alemán, y un peruano, del grupo enviado por dicho hacendado para castigar la osadía de aquél, que le había amenazado con darle una pedrada ante el intento del hacendado de azotarlo con las bridas de su caballo, por haber pedido trabajar en un cultivo distinto, además de varios heridos por ambas partes. Sin embargo sólo dos vascos fueron condenados. El Contralmirante Luis Hernández-Pinzón, al mando de la expedición “científica”, protestó por tales hechos. En 1.864, España exigió y consiguió de China iguales preferencias comerciales y de navegación que las demás naciones occidentales. El General Gordon reconquistó Changchou y Nankín. El “rey celestial” se suicidó. En Londres se fundó la Asociación Internacional Obrera o Iª Internacional, que cayó pronto en manos de los anarquistas, siendo desalojados de ella los marxistas. Las tropas austroprusianas cruzaron el Eider y entraron en encarnizadas luchas contra los daneses. Como el asalto a la línea fortificada Düppel, misión asumida por el ejército de Prusia. Este se demostró preparado para la guerra, como Guillermo Iº y Bismarck habían apetecido. Ante la superioridad de los atacantes, por la Paz de Viena, Dinamarca cedió los ducados de Schleswig, Holstein y también de Lauenburg, a los invasores.

Su intento nacionalista le había costado una sangrienta guerra para, al final, perder, no sólo la posibilidad hereditaria, sino territorios antes no disputados. A partir de tal fracaso, el escandinavismo, inicialmente un movimiento cultural, se transformó en un proyecto político, unitarista, encabezado por Dinamarca. La administración conjunta de dichos territorios, quizás tal como Bismarck esperaba, no hizo sino aumentar las tensiones entre Austria y Prusia. Obsérvese que, hasta entonces, nada en la actuación de Bismarck contravenía los propósitos de Guillermo Iº. Y, sin embargo, imperceptiblemente, estaba llevando a ambos países al enfrentamiento. El desarrollo de la industria siderúrgica requería coladas mayores que las que el convertidor Bessemer podía procesar, por lo que se diseñó el horno Martin-Siemens, por el que, añadiendo cal al arrabio (hierro fundido procedente de alto horno) para absorber el fósforo y el azufre, altamente perjudiciales para el recubrimiento refractario, se sopla aceite, gas de coquería o gasógeno, a veces mezclado con los gases del propio alto horno, alternativamente por uno y otro extremo, para depurar la escoria, con lo que se consiguen coladas de hasta 500 toneladas. En la Convención de Ginebra, Dunant consiguió que casi todos los Estados europeos admitiesen la presencia de la Cruz Roja en sus confrontaciones. La guerra de Austria y Prusia contra Dinamarca, y la falta de decisión de los valedores de Polonia, permitió a Rusia aniquilar a los rebeldes, tomándose una terrible venganza. Acabó la autonomía polaca y se llevó a cabo la rusificación de sus más importantes instituciones políticas. El pueblo ruso, en el que iba calando su propio nacionalismo e imperialismo, apoyó dicha política, exigiendo que se rusificaran todas las zonas imperiales. Sin embargo, en Rusia, Alejandro IIº continuó con sus reformas, que llevó al ejército. Se estableció el servicio militar obligatorio. No obstante, las esperanzas cifradas en dichas reformas no se confirmaron en la práctica: siguió habiendo tensión social y no se logró la integración nacional. Los siervos de la gleba liberados esperaban que se les repartiese tierras para subsistir, puesto que, si bien habían adquirido su libertad, ahora no tenían medios de adquirir alimentos. Era una situación semejante a los libertos romanos manumitidos en la decadencia el imperio, o lo que iba a ocurrir en breve plazo con los esclavos negros en Estados Unidos.

En cierta medida los grandes propietarios se vieron librados de una carga, de la obligación de mantener, alimentar y albergar a sus posesiones humanas, hubiese o no trabajo, demanda, rentabilidad. Ahora, los liberados volvían para suplicar a sus antiguos dueños que les permitiesen trabajar a cambio de la comida, y estos podían negárselo si no veían negocio en ello. En cierta forma su poder no había mermado. Sin embargo la aristocracia rusa no era capaz de comprenderlo, obsesionada en la tradición y el poder omnímodo, el prestigio social que la servidumbre conllevaba, y la reclamación “su propiedad” perdida, aunque había sido indemnizada, por sus propios siervos, que recibieron créditos para pagarla. Así que se reagrupó en asociaciones políticas absolutamente reaccionarias, consiguiendo llevar dichas reclamaciones al Gobierno. Tampoco los liberales y ni la naciente opinión pública se sentían satisfechos, puesto que reclamaban una Constitución que acabase con la autocracia. Dada la consolidación reaccionaria, la única salida fueron las organizaciones secretas, formadas por intelectuales políticamente inquietos, desconectados de las exigencias populares. Sayyid Ajmed Jan Bajadur inició sus esfuerzos por mejorar la educación en la India construyendo una escuela británica. Francia deseaba que bandas chinas procedentes de la insurrección t’ai-p’ing aterrorizasen la zona de Tonkín, demostrando al emperador de Vietnam su incapacidad de resistencia a las pretensiones francesas. El acuerdo conseguido con los daimi-o se demostró ineficaz. El emperador de Japón seguía oponiéndose a los Tratados comerciales, muestras de debilidad frente a las potencias extranjeras. Le secundaban los daimi-o de Chochu, Mito, Satsuma y Tosa, fundamentalmente, la mayor parte de ellos “reinos” (jan) provincias casi independientes del chogunado, al que se resistían. Grant recibió el mando de todos los ejércitos de la Unión. Decidió avanzar en dos Frentes. El dirigiría, personalmente, el ejército de Virginia, y su subordinado, William Tecumeseh Sherman, de su total confianza, el de Georgia. Su estrategia era simple, nada brillante, brutal.

Se trataba de poner en juego la superioridad en hombres, armas y medios unionistas, contra todos los ejércitos confederados, hostigándolos continuamente, sin considerar las pérdidas, manteniendo la lucha incluso con las tropas en derrota, de uno u otro bando, sin permitir que los confederales conjuntaran sus esfuerzos, uniesen sus tropas, las desviasen de un escenario a otro, tuvieran descanso ni tiempo para reorganizarse o fortificar sus posiciones. El 4 de mayo se consideró en condiciones de avanzar. Tras un mes de crueles combates llegó cerca de Richmond. Lee luchó hábilmente en retirada, pero sufría bajas continuas, mientras Grant recibía constantes refuerzos. Así que Lee fingió un nuevo ataque contra Washington. Con McClellan le hubiese dado resultados. Pero Grant simplemente lo ignoró, tanto como las órdenes angustiosas de sus superiores, manteniendo su presa y sus objetivos, mientras Sherman empleaba igual violencia contra Atlanta. Por esas fechas se desarrolló la campaña electoral: era la primera vez que se llevaba a cabo en Estados Unidos en tiempos de guerra. Una guerra en su propio territorio y de una brutalidad incomparable. Lincoln prefirió respetar las normas, las leyes, la Constitución, por encima de la conveniencia de la guerra. Quizás esta decisión sea de las que más consolidaron la democracia en Estados Unidos. Un ejemplo que el resto del mundo no ha sabido seguir. El rival de Lincoln fue McClellan, que podía haber perdido la guerra y los Estados del Sur. Si Lincoln hubiese postpuesto las elecciones aquél podía haber utilizado tal violación de las normas en contra de éste. Grant luchaba por conquistar Petersburg, 30 kmtrs. al Sur de Richmond. Estaba sitiando, agotando, al ejército de Lee. Pero para los votantes lo único evidente era que la guerra se prolongaba sin resultados tangibles. El 19 de junio, el “Alabama”, buque corsario sudista, fue finalmente hundido por el buque de guerra de la Unión “Kearsarge”, en las costas de Cherburgo, en Francia. El 5 de agosto el Almirante Farragut tomó Mobile, en Alabama, a pesar de que su puerto estaba minado.

Entonces a las minas explosivas submarinas se las denominaba torpedos, puesto que, como tal pez (que defiende su territorio a cabezazos, propinando descargas eléctricas que, al menos, desconciertan a los peces de mucho mayor tamaño) estaban destinadas a chocar con los barcos. Al ser advertido de ello respondió “al diablo con los torpedos”, y continuó su avance por dichas aguas. Con ello se cerraba el último lugar por el que los confederados hubieran podido recibir suministros. El 1 de septiembre Sherman tomó Atlanta, en Georgia. El 31 de octubre se integró Nevada como el 36º Estado de la Unión. Al hacerse palpable que estaban ganando la guerra, los votantes se decantaron por el tozudo Lincoln. Pero, sobre todo, por los republicanos extremistas. Los sufrimientos de la guerra fomentaron un espíritu de revancha que iba a tener hondas repercusiones, no todas negativas. Sherman entró en Savannah el 21 de diciembre. Los conservadores mejicanos, como última posibilidad, acudieron a las potencias extranjeras para derrotar a los liberales. Las agotadas Haciendas Públicas de los países iberoamericanos, entre otras razones por sus excesivos gastos militares y de conflictos bélicos (sólo Costa Rica consiguió zafarse de dicha “lógica”, con resultados diferenciales evidentes) necesitaron endeudarse con las grandes potencias. Estas, de tal modo, conseguían una buena rentabilidad para sus finanzas, y mantener el control de los jóvenes países americanos, exigiendo contrapartidas comerciales o políticas. Esto hizo Francia. Pero el triunfo de los liberales ponía en cuestión la posibilidad de cobro de los empréstitos contratados con los conservadores mejicanos.

Así que Napoleón IIIº desembarcó sus tropas en Méjico, obligó a Juárez a replegarse hacia el Norte, e impuso a Maximilian von Habsburg-Lothringen (correspondiente al castellanizado apellido Habsburgo-Lorena) hermano del rey de Austria-Hungría (en realidad se sospecha que era hijo del Rey de Roma, Napoleón IIº, que había sido novio de la madre, poco antes de que ésta se casara, y, por tanto, primo de Napoleón IIIº; aunque también se sospecha que éste no era hijo de Luis Bonaparte, por lo que no tendrían relaciones de cosanguineidad) que se había quedado sin su virreinato de Lombardo-Véneto (por ser demasiado liberal para su hermano, el rey) con el título de emperador Maximiliano Iº de Méjico, que fue recibido con alborozo por los mejicanos, que veían en él una esperanza de recuperar los viejos tiempos, terminar con las guerras, las insurrecciones y la bancarrota generalizada. Como no tenía hijos, adoptó a los nietos de Agustín Iº, una maniobra perfecta para evitar que se considerara que se trataba de imponer una dinastía extranjera. Sin embargo comprendió que no podía acabar con las consecuciones de “La Reforma”, dada la intrincación de comerciantes y terratenientes que se habían beneficiado de ella, y el temor de sumar partidarios a Benito Juárez, que continuaba resistiendo. Esto defraudó a los conservadores, que no comprendían la realidad de la situación, por lo que perdió apoyos. Bajo el mandato del federalista Falcón, la república de Venezuela pasó a denominarse Estados Unidos de Venezuela. A la independencia de Perú dicho país había reconocido determinadas deudas a España, que nunca pagó. Hay que tener en cuenta que, a pesar del documento, firmado tras la batalla de Ayacucho, España consideró que aún tenía mayoría de partidarios en dicho país, que podía esperar a revertir los hechos y, al menos, restablecer allí su dominio, incluso servirle de base para, una vez recuperado su antiguo poder militar y naval, reconquistar lo perdido, por lo que no reconoció a sus Gobiernos ni estableció con ellos relaciones diplomáticas. Parece lógico que, en tal situación, tampoco Perú pagase dicha deuda.

Apremiada por los tenedores de bonos de guerra del citado país, emitidos para sufragar el conflicto civil, y cuyo cobro estaba en entredicho, tanto en poder de españoles como de peruanos afincados en España, ésta envió a un Comisario Especial y Extraordinario de la Reina, Isabel IIª, título poco meditado, puesto que coincidía con el que utilizaban los inspectores de la Hacienda Regia, imperial, coloniales. Perú interpretó que era una demostración de que no se reconocía ni su independencia ni a su Gobierno, que, desde la muerte del General San Román, ejercía su Vicepresidente, el General Pezet, por lo que se negó a recibirlo. La reacción española fue que la expedición “científica”, formada por dos Fragatas y una Corbeta de hélices, y una Goleta protegida, es decir, levemente acorazada con un delgado cinturato, además de algún verdadero científico, que habían desempeñado algunas labores durante todo este tiempo, conquistase las islas Chinchas, ricas en guano, es decir, heces del ave guanaaní, detritus de su alimentación a base de anchoas, de elevada concentración en nitrato amónico y olor nauseabundo, una de las principales exportaciones peruanas de la época, que no sólo era un demandado fertilizante para la agricultura, sino que podía servir para la fabricación de pólvora y explosivos. Ante tal hecho Perú adquirió 4 buques de guerra adicionales, aunque sólo llegaron dos antes del fin de las hostilidades. El incendio de una Fragata española la dejó inoperativa, reduciendo la fuerza de la expedición “científica” utilizada para la misión invasora. En 1.865, Bélgica exigió y consiguió de China iguales preferencias comerciales y de navegación que las demás naciones occidentales. Por la Convención de Gastein, Prusia asumió la administración de los derechos comunes sobre Schleswig, y Austria sobre Holstein. Como Prusia no había hecho ningún pronunciamiento sobre la guerra de Crimea, aparecía como la única alianza fiable para Rusia. Gran Bretaña, además de continuar en su línea de no implicarse, si podía evitarlo, en conflictos europeos (el “espléndido aislamiento”) recelaba del incremento de poder e intervencionismo internacional de Napoleón IIIº, a pesar de su anterior alianza con él durante la guerra de Crimea. Tras la derrota de Austria en Italia se había evidenciado que aquella no podía ejercer ya las funciones de contrapoder en Europa continental.

Así que el Reino Unido estaba predispuesto a no impedir la formación de un Estado fuerte en Europa central, que sirviese de equilibrio entre Francia y Rusia, para cuyo cometido contaba con fronteras en ambos. Napoleón IIIº cifraba toda su política exterior en dos puntos básicos, tras sus enfrentamientos con los liberales, demócratas y radicales en el interior: el apoyo a los nacionalismos y conseguir tajada de ellos, que pudiese presentar como un triunfo a sus súbditos, como la expansión y esplendor del Imperio. Así que expuso sus peticiones: se mantendría neutral a cambio de llevar la frontera de Francia hasta el Rin, como había conseguido su tío. Para asegurarse ventajas en cualquier caso, llegó al mismo acuerdo con Prusia y con Austria. Ganase quien ganase él sacaría su tajada. Al menos eso era lo que suponía. Así que, a partir de entonces, su verdadero interés sería que la guerra, finalmente, estallara. Ganase quien ganase. Simultáneamente lanzó propaganda nacionalista en los pequeños Estados alemanes. Con ello trataba de impedir que los posibles Estados limítrofes se integrasen en el imperio alemán, fuese cual fuese el dirigente del mismo, estableciendo Estados tampones que le sirviesen de seguridad. Y debilitando al imperio unificado resultante. Bismarck, que consideraba a Prusia como la única triunfadora posible, no podía interpretarlo sino como una indisimulada hostilidad. Sin embargo aceptó la propuesta francesa. Estos pactos secretos violaban el acta federal, que prohibía a ningún miembro de la Confederación Germánica concluir alianzas con potencias extranjeras en contra de otro miembro. Y los habían firmado tanto Prusia como Austria. Napoleón IIIº, tratando de reconquistar su ascendencia sobre lo italianos, pactó con ellos conseguirles el Véneto, fuese cual fuese el vencedor. El General Faidherbe reorganizó, en un trabajo de 11 años de duración, todo el Africa occidental invadida por los franceses, partiendo de Senegambia (conjunto de las futuras Senegal y Gambia) “pacificando” sistemáticamente toda la zona del interior, en un esfuerzo colonizador muy superior al que Portugal había realizado nunca en sus posesiones ultramarinas. La insurrección mahometana de Kansu, en China, fue reprimida, tras costar muchas vidas humanas y sacrificios económicos.

Una Flota aliada, formada por 9 barcos, que realizaron una demostración de fuerza en la bahía de Jiogo (la actual Kobe) y las gestiones diplomáticas occidentales, con la colaboración del chogunado, obligaron a que el emperador japonés ratificase los Tratados. Jefferson Davis nombró a Lee General en Jefe del ejército confederado. En realidad debería haberlo hecho mucho antes, si bien no se puede achacar a sus militares falta de coordinación en sus ofensivas, aún careciendo de tal nombramiento oficial. Si algo sobraba a los sudistas era combatividad, disciplina (sólo infringida en románticas demostraciones de heroismo y decisión personal) y la ascendencia, la aceptación de la superioridad de Lee como estratega. El 25 de marzo este intentó romper las posiciones de Grant en Petersburg. Al no conseguirlo optó por retirarse, evitando el embolsamiento. Su plan era unirse a otro ejército confederado, bastante maltrecho, que, por el Sur, retrocedía ante el avance de Sherman. Grant se lo impidió, por lo que, ante la amenaza de caer en una pinza, sin ninguna posibilidad de maniobra, el 9 de abril firmó la rendición incondicional en el Palacio de Justicia de Appomattox, en Virginia. Era una decisión militarmente inteligente, como todas las suyas. Pero que no cuadraba en el espíritu romántico (me niego a calificar de idealistas a los que defendían la esclavitud) heroico, de los sudistas. Así que muchos lo consideraron una traición, y continuaron luchando por su cuenta, acabando como forajidos o bandoleros. Es lo que ha ocurrido en las diferentes guerras que han perdido los carlistas, los ucranianos o los afganos. En este ambiente hay que situar el asesinato de Lincoln el 14 de abril, por un actor perturbado mental, simpatizante de los confederados: John Wilkes Booth. Coincidencias entre Lincoln y Kennedy: ambos fueron segundos hijos de sus padres, fueron elegidos congresistas, nominados y rechazados para la Vicepresidencia y elegidos Presidentes con 100 años de diferencia, igual que el año de nacimiento de sus respectivos asesinos. Sus sustitutos, ambos sureños del Partido Demócrata (en el caso de Lincoln un gesto de benevolencia hacia los sudistas, en el de Kennedy para atraer el voto de los conservadores) se apellidaban Johnson.

Ambos se enfrentaron a problemas sobre los derechos civiles de los negros, y los años en que consiguieron que se pusieran en marcha sus propuestas en tal sentido difieren en cien. A ambos le dispararon en la cabeza en presencia de sus esposas, que fueron ambas salpicadas de sagre y sesos de sus maridos, en un viernes. A Lincoln le dispararon en el Teatro Ford y a Kennedy en un coche Ford Lincoln. Los asesinos de ambos murieron de disparos antes de ir a juicio, en el caso del de Lincoln efectuados por la policía, que le perseguía. Durante la Guerra de Secesión el Almirante Wilkes luchó en el bando unionista y el General Lee por los Estados Confederados de América. Booth disparó al Lincoln en un teatro y se escondió en un almacén, mientras que Lee Harvey Oswald disparó a Kennedy desde un almacén y trató de esconderse en un cine-teatro. Una de las principales películas del asesinato de Kennedy, que se utilizaron en el análisis de los hechos, la realizó un transeunte que se llamaba Abraham. La secretaria privada de Kennedy se apellidaba Lincoln. Sin embargo es falso que Lincoln tuviese un secretario privado apellidado Kennedy, como se repite insistentemente, y que sería la máxima de las coincidencias. También se podría decir que Lincoln visitó Monroe, en el Estado de Maryland, y Kennedy visitaba a Marilyn Monroe, si bien esto último no ha sido demostrado. Por otro lado está la maldición de Tecumsej (que se puede traducir como “Estrella fugaz”, “Flecha voladora” o “Pantera que cruza el cielo”) o de los 20 años, si bien la realizó un hermano de éste, Tenskuataua, apodado “El profeta”, ambos derrotados en la batalla de Tippecanoe (a poca distancia del poblado “Ciudad de los profetas” o Prophetstown, donde Tecumsej tenía su capitalidad, mientras que éste viajaba por el Sur para conseguir una gran alianza de tribus, entre las que se encontrarían los crrek y los cherokee) por el General Harrison, que remontó el río Wabash con más de 1.000 hombres en un “ataque preventivo”. “El profeta, considerando que aún no estaban preparados para tal ofensiva, propuso a Harrison negociar la paz, que éste aceptó. Pero, a la madrugada siguiente, el 7 de noviembre, un grupo de las tribus confederadas para la guerra, que no estaban conformes con negociar la paz, atacó la colina en la que Harrison acampaba. Este resistió, por lo que dichas tribus abandonaron la confederación, que se deshizo.

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