1.792: La Iª República Francesa

Washington obtuvo la totalidad de los 69 votos de los compromisarios, y fue elegido primer Presidente de Estados Unidos de América. Resistió las recomendaciones de algunos congresistas de proclamar reino al nuevo país y ser designado rey. Nombró a Alexander Hamilton Secretario del Tesoro y a Thomas Jefferson Secretario de Estado. El Gobierno residió provisionalmente en Nueva York. Las asambleas estatales elegidas expresamente para la ratificación de la Constitución federal ya habían producido enfrentamientos entre federalistas y antifederalistas, preludiando un sombrío horizonte: el de la Guerra de Secesión entre unionistas y confederados. La propuesta de James Madison de 10 artículos adicionales (amendments) a la Constitución, así como la actitud de Washington, que unos califican de prudente y otros de paternalista, e incluso de indolente, despreocupado, consiguieron calmar los ánimos, impidiendo que la Unión se fragmentara. La capital se trasladó a Filadelfia, y, más tarde, a una nueva ciudad recién construida, a orillas del Potomac, cuyo cruce nocturno, en barcas, fue uno de los momentos decisivos en la guerra de independencia estadounidense, y que se denominaría Washington, en honor del primer Presidente, el que encabezó el cruce de dicho río. Hamilton pretendía consolidar los 50 millones de dólares de Deuda Federal y los 20 de los Estados, a satisfacer con los futuros impuestos y derechos de aduana, aún no aprobados. Esto y el rechazo a la radicalidad revolucionaria francesa dividió al Gobierno y al país en dos Partidos. Los republicanos, antifederalistas, apoyados por los latifundistas de las grandes plantaciones, los granjeros, pequeños comerciantes, artesanos y masa populares democráticas, dirigidos por Jefferson, George Clinton, Philip Freneau y Samuel Adams, que se hicieron oposición. Y los federalistas, apoyados por la alta burguesía y los profesionales liberales, dirigidos por Hamilton, John Adams y Jay.

Hamilton consiguió estabilizar el dólar, la nueva moneda, que imitaba a la dobla española (equivalente a dos pesos, monedas de ocho reales u ochavos, o reales de a ocho; incluso su símbolo, la S atravesada por dos barras verticales, era una simplificación de las columnas de Hércules y la banderola de plus ultra del escudo de los borbones españoles, tal vez extraída del esquematizado escudo a la puerta de la ceca de Santo Domingo, que se reprodujo en algunas emisiones locales caribeñas, pero, lógicamente, omitiendo el escudo borbónico, su corona y su collar del Toisón, o vellocino, de Oro) crear un Banco federal que emitió billetes de la nueva moneda, y conseguir crédito hacia el Gobierno federal, cargado de deudas. La consecuencia, quizás prevista, fue el incremento de la industria, el comercio y la navegación, mientras la agricultura se estancaba. Jefferson dimitió como miembro del Gobierno. Washington, que fue difamado, soportó con serenidad y entereza las críticas, especialmente contra la neutralidad ante los enfrentamientos entre la Francia revolucionaria y Gran Bretaña. A la muerte de José IIº, en 1.790, le sucedió Leopoldo de Toscana, como Leopoldo IIº de Austria. Puso especial interés en su Gran Ducado de Toscana, que convirtió en prototipo de despotismo ilustrado, cuando ya los demás monarcas habían comprendido los peligros que la Ilustración acarreaba y regresaban al absolutismo represivo. Allí transformó el ejército permanente en milicia urbana, promulgó un nuevo Código en el que se suprimía la pena de muerte y la tortura, reformó la enseñanza, expulsó a los jesuitas, incautando sus bienes, fomentó la higiene y la salud públicas e intentó sancionar una Constitución. Edmund Burke, dirigente whig de la Cámara de los comunes, distanciandose del ala liberal de su Partido, publicó “Reflexiones sobre la Revolución en Francia”, la primera crítica sería de sus ideas y métodos, que pondría a toda Inglaterra y parte de Europa en contra de ella. Planteaba una falsa continuidad histórica, insostenible bajo el menor análisis, poniendo como prueba la historia inglesa, más excepcional que ejemplar, y que tampoco estuvo exenta de revoluciones, evolución y transformación, por más que se intente manipular en otro sentido. Este punto de vista, aunque más evolutivo, quizás sirvió de base a Hegel.

Concluía que ninguna idea o Constitución podía cambiar artificialmente ni el Estado, ni la sociedad, ni la cultura. Ni siquiera el Derecho, lo que es bastante menos explicable. Este continuismo es la idea básica del conservadurismo. De él se concluye que la Iglesia, la familia, la monarquía, la propiedad o la estructura social heredada, constituyen la base de tal continuismo, por lo que su defensa, preservación, intactos, sin modificaciones, lo garantizan, de forma que constituyen su objetivo. Murió el escocés Adam Smith, catedrático de Etica y Lógica. Dejó escrito “Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones”. Su punto de partida es reflexionar sobre cómo era posible que el trigo americano fuese más barato en Londres que el cultivado en su campiña. A partir de ahí desarrolla un estudio sobre la teoría del valor, coste y precio de los productos. Como en Norteamérica la tierra era gratuita (ya que se la robaban a sus legítimos propietarios, los indios) el cereal de dicho origen era más barato, incluso a pesar de los inmensos costes de transporte. De lo cual concluye que es necesario tener una gran Marina mercante (y de guerra, para defenderla) y libertad de puertos y comercio para beneficiarse de tal competencia en precios. Algo de sumo interés para la potencia hegemónica, naval, del momento, y que posteriormente ha seguido propagando su sucesor, Estados Unidos de (Norte)América, y continúan haciendo propaganda de ello e imponiéndonoslo, aunque en la actualidad es la potencia económica y naval, mercante, no de guerra, china la que se está beneficiando de ello. El otro componente de los precios es la mano de obra. La cual, a su vez, depende del precio de los alimentos, especialmente del trigo, al menos en Europa, donde constituye el alimento básico. De forma que un mercado libre, que garantice la llegada de trigo barato, permitirá mantener bajos los sueldos, los costes de los artículos, y altos los beneficios de las empresas, estimulando la inversión y creación de puestos de trabajo, y, finalmente, mediante la competencia, ajustando dichos precios a los niveles inferiores, lo cual redundaría en nuevas reducciones salariales, lo que garantizaría un desarrollo ecónimico y tecnológico (para conseguir el modo más barato de producción permanentemente) continuo.

Hasta que la creación de empresas y puestos de trabajo hicieran escasear la mano de obra disponible, subiesen los sueldos, bajasen los beneficios empresariales e hiciesen necesaria una nueva crisis económica, para disciplinar a los trabajadores y hacerles aceptar sueldos más reducidos. Expuso con ello el carácter cíclico de la economía capitalista, liberal. Su obra es inconexa, muestra incoherencia, tal vez evidenciando sus propias reflexiones y cambios de opinión conforme avanzaba sus investigaciones, sus meditaciones. Así, dentro de dicha teoría del valor, bascula en otorgar la preeminencia a la renta o alquiler de la tierra, de la que, a través del precio de los alimentos, considera que dependen todos los demás. O del trabajo humano, que es lo que hace que un bien natural de libre disposición (por ejemplo las tierras robadas a los indios, o las minas explotadas en su suelo) pueda convertirse en un producto dotado de valor. Y, frecuentemente, todo ello desde una visión crítica, como corresponde a su visión filosófica, moral, ética, que era el objetivo de sus escritos, como docente univesitario de tales asignaturas. En lo cual tiene bastante parecido la que se conoce y reconoce, en la actualidad, como primera escuela “económica”, la impropiamente denominada “escolástica”, que reune a los jesuitas de Coimbra (aunque éstos se dedicaron sobre todo al Derecho, en especial al Derecho de gentes o internacional) y los dominicos de Salamanca, que, en sus libros de confesiones, o sea, de ayuda a los confesores, exponen sus dudas sobre lo que puede considerarse como paulatina consolidación del capitalismo, consecuencia de la colonización y explotación americana, deambulando desde la primigenia defensa de los precios tasados (por el rey o por los gremios) y lo pecaminoso de su incumplimento, así como de los intereses, hasta la asunción de precio de subasta (almoneda, en el castellano de la época) como auténtico valor de las cosas, de mercado libre, de la cotización de las divisas, del interés como precio del dinero, y la oposición a los precios que desvirtúen dichos precios libres (acaparamiento, usura, y, sin nombrarlo, porque podría interpretarse como oposición al rey, los precios tasados, estancos) y, por supuesto, al monopolio, monipodio, como se denominaba en el castellano de la época.

Todo ello se “supera” sometiendo severamente a “censura” las ideas de Smith, que se simplifican habitualmente ocultando todo lo que no sea favorable al liberalismo económico más liberal. Marx, que, en el fondo, lo admiraba, también desde su posición de filósofo, de visión crítica, asumió una inmensa cantidad de sus postulados (por ejemplo, la teoría del valor basado en el coste de la mano de obra, en el trabajo humano, o el equilibrio a precio de coste a largo plazo, si bien en sus razonamientos se percibe no tener clara la diferencia entre hechos cortoplacistas y largoplacistas, teóricos, lo que lo hace negar la importancia del mercado y los desvíos del precio de coste a corto plazo) lógicamente los más críticos, “revolucionarios”, precisamente los que habitualmente se “censuran”, se ocultan, en las Universidades. Pero lo hizo, igual que Kopernik respecto de Ptolomeo, sin divulgar de dónde los tomaba, tal vez por no dar mayor credibilidad, hacerle propaganda, al que ya habían coronado, de forma bastante manipulada, como padre del capitalismo. De modo que muchos marxistas, desconocedores de la Economía clásica, le otorgan muchos aciertos que no son propiamente suyos. Otra sublevación había proclamado la República de las Provincias Belgas Unidas. La oposición austríaca se había fortalecido. Para salvar la monarquía, Leopoldo IIº debió moderar sus reformas. Especialmente se vio obligado a restablecer la anterior Constitución húngara. Con todo ello sus intentos reformistas, muy cercanos a la revolución francesa, quedaron truncados. En Francia se aprobó la constitución civil del clero, por la que los obispos y los párrocos quedaban sometidos al Estado, del que cobrarían un sueldo: un hecho entonces revolucionario que hoy nos parece absolutamente normal, que el Estado subvencione a la Iglesia Católica, pero impidiéndole cobrar sus propios impuestos, los diezmos y primicias bíblicos, o sea, el 10% y la primera cosecha, parto u obra de cada año. En contrapartida serían elegidos por los ciudadanos mayores de 25 años incluidos en el censo fiscal. Es decir, sólo los burgueses y los campesinos propietarios, los que pagaban impuestos, tenían derecho a elegirlos. En cambio se les prohibía solicitar la sanción pontificia, que se consideraba injerencia extranjera. Algo semejante al presbiterianismo británico. Así, de hecho, se creaba una Iglesia nacional separada de la romana, como hicieron antes los anglicanos, y todos los lutheranos.

Estos y los judíos quedaban equiparados ante la Ley. Se suprimían las órdenes religiosas, excepto las que se dedicaran a la enseñanza o al cuidado de enfermos. Es decir, era la consumación del galicanismo y del jansenismo, siguiendo la senda del anglicanismo, pero llevándolo a su extremo, basada en la tesis de que los eclesiásticos eran “manos muertas”, improductivas. Sin embargo tal radicalidad enajenó a muchísimos sacerdotes de la revolución, a cuya venida habían colaborado inicialmente. Se celebraron fiestas de confraternidad, en las que se sustituyó el concepto de súbditos de la monarquía, de ningún señor, por el de la unificación nacional. En ellas se propagó el lema “libertad, igualdad, fraternidad”, puramente masónico, propuesto por Danton. Se suprimieron todos los tratamientos nobiliarios, hasta los de señor y señora, tan franceses, que fueron sustituidos por los de ciudadano y ciudadana. Después de cuatro años de reunión y debate permanentes, lo que no era ordinario según la perspectiva medieval, ya que las Cortes sólo se convocaban de vez en cuando para resolver asuntos específicos, por lo general la subida de impuestos -lo que se “solucionaba” en unos cuantos días- la Dieta polaca aprobó una Constitución. En ella se consolidaba una monarquía electiva parlamentaria, pero, simultáneamente, se suprimían los derechos de liberum veto y de confederación de la aristocracia. Además se garantizaba el acceso a la Dieta y a los cargos públicos de la ciudadanía (es decir, la burguesía) todo lo cual dejaba en precario el poder de la nobleza: al que no quiere caldo, dos tazas. Murió Ngolo Diara, rey bambara de Segu. Murió el político independentista revolucionario y físico estadounidense Benjamín Franklin, descubridor del pararrayos. Demostró experimentalmente que los rayos no eran sino chispas electrostáticas. Para él la electricidad era una especie de fluido inmaterial que existía en todos los cuerpos, aunque era indetectable hasta que ésta no se movilizaba. Si se añadía electricidad a un cuerpo éste se sobresaturaba, quedaba cargado positivamente. Por el contrario, si se le extraía electricidad quedaba cargado negativamente. Hoy sabemos que el fluido al que se refería eran electrones, y que éstos tienen signo contrario al que él suponía. Rhode Island, el más pequeño de los trece Estados, fue el último en ratificar la Constitución federal de los Estados Unidos de (Norte)América, que, finalmente, pudo entrar en vigor.

Estados Unidos producía 4.000 balas de algodón al año, equivalente cada una a 500 libras inglesas. En abril de 1.791 murió el conde de Mirabeau, el revolucionario que se había convertido en el principal valedor del mantenimiento de la monarquía, dejándola sin una de sus mayores defensas. En junio, Luis XVIº intentó fugarse al extranjero, al comprender su situación de rehén y su imposibilidad de dominar la Asamblea. Por fin el 3 de septiembre entró en vigor la Constitución francesa. Francia pasaba a ser una monarquía parlamentaria, del tipo inglés, con división de poderes, según las tesis de Montesquieu. Sólo el Parlamento tendría capacidad legislativa. Esto hoy nos parece lo más lógico, pero anteriormente nadie podía cuestionar que el rey pudiese dictar leyes por sí mismo. Sólo en Inglaterra, y, en otros países, en algunas materias, se había conseguido limitar tal poder. Sin embargo, el soberano conservaba un derecho de veto suspensivo sobre las decisiones del Parlamento francés. Ya no sería rey de Francia, sino rey de los franceses (este matiz dejaba implícito que no se trataba de un hecho de predestinación, sino que, según las tesis de Rousseau,  de la misma forma que su reinado había sido aceptado por sus súbditos, también podía ser rechazado, es decir, derogado) y a la gracia de Dios se añadía “y en virtud de la Constitución del Estado”. Es decir: que podía ser sustituido en cualquier momento por otra persona. Se le reservaba la política internacional y el mando supremo del ejército, aunque no de la Guardia Nacional, que tomaba la responsabilidad de mantener el orden interior y dependía directamente el Parlamento. Los jueces eran elegibles y, para procesos penales, se establecían jurados populares, al estilo sajón, pero, sobre todo, estadounidense. Las elecciones parlamentarias se celebrarían cada dos años, a imitación de Estados Unidos (aunque el mandato es por cuatro años, los escaños son renovables por mitad cada vez, cada medio periodo) por los inscritos en el censo fiscal, es decir, los que pagasen impuestos directos. El mismo requisito se exigía para ser miembro de la Guardia Nacional, de forma que la burguesía y los propietarios campesinos se reservaban el dominio de la sociedad: el poder legislativo, la representación de la soberanía popular, y el mantenimiento del orden interno, de imponer eficazmente dicho poder.

El “estandarte sanguinario” (¿sangrante?) como dice la letra de “La Marsellesa”, violeta, violáceo o violado, morado, del lillium, lirio o flor de lis, con dicha flor bordada o estampada en oro, fue sustituido por la bandera tricolor, la cual se basa en la holandesa, ésta en los colores de la británica (igual que la estadounidense) modificando su tonalidad, y ésta en las banderas noruega y danesa, con sus cruces respectivas de dichos colores, distribuidos de distinta forma, herencia a su vez de tiempos de dominio de los viking, los “sin rey”, aunque escogían uno como jefe militar para los tiempos de guerra o de razias, asaltos y piratería, que llegaron a ser permanentes y cargos hereditarios. La escarapela con tales colores se hizo símbolo de unidad nacional, y casi todos los hombres, y toda la Guardia Nacional, la llevaban en sus sombreros y gorros, y las mujeres revolucionarias sobre su pecho o en el pelo, como una flor. Se podría decir que era una Constitución republicana, aunque las tareas del Presidente se encomendaban a un rey. Todo lo contrario de lo que ocurría en Estados Unidos, cuyo Presidente ostentaba los mismos poderes que un monarca parlamentario. Luis XVIº tuvo que jurarla, aunque era consciente del papel meramente decorativo que en ella se le otorgaba. Para entonces, la labor aristocrática en todas las Cortes europeas para invadir Francia y reponer la situación a su estado anterior comenzaba a dar frutos. Fue un año decisivo para el clasicismo. En París se erigía el arco del triunfo de la Plaza de la Estrella, de un solo vano, el más alto del mundo hasta entonces, de 50 mtrs. de altura. Dos siglos más tarde lo superarían “arcos” sin arcos, sin su belleza ni estilismo, arquitrabados, rectilíneos, debiendo emplear cemento armado y vigas de acero. O, en Estados Unidos, una simple curva, especie de arco iris o fleje en los que se sujetaba el toldo de las carretas. También se edificaron en París el Panteón y la iglesia de la Magdalena.

Y en Berlín la puerta de Brandenburg, la que comunicaba con dicho ducado, posiblemente el monumento más definitorio del neoclasicismo, majestuoso pero bastante frío, incapaz de reproducir los “trucos” efectistas que emplearon los griegos para dar idea de belleza y armonía, como superponer elementos triangulares, intercalar distintas dimensiones para que proyectasen una sombra que causara la sensación de líneas en las edificaciones, aumentando su elegancia, o curvar, combar, negativamente, las líneas de diseño para que, por efecto de la perspectiva, parecieran ser absolutamente rectas, contrarrestar el efecto visual del combado, dando al conjunto un aspecto bello, armonioso, y elegante, alegre, optimista. O sea: todo lo contrario de lo que ocurre con las obras clasicistas. Sobre la misma época, la puerta de Alcalá, en Madrid, obra del italiano Sabatini, mantiene la típica decoración rococó de banderas enlanzadas, cascos, armaduras y panoplias (por la época en que estuvieron de moda, y por su apariencia de colguijos, se la denominó decoración de pelucones) así como el palacio de Oriente. Y, en Barcelona, la fachada de la Lonja. Como consecuencia de las insurrecciones de Bélgica y Hungría, Austria debió firmar la Paz de Sistovo, que le supuso perder Moldavia y Valaquia, excepto Orchova. Con un restringido contingente militar, China llevó a cabo una triunfadora campaña contra Nepal, que duraría dos años, haciéndolo tributario. El bajo Canadá, de población mayoritariamente francófona, con capital en Québec, quedó separado administrativamente del alto Canadá, con población mayoritaria anglófona, con capital en Ontario. El sistema de doble Cámara introducido por el Gobierno británico, con parlamentarios elegidos por los colonos y un Consejo legislativo designado por el monarca, parecía compaginar ambos intereses. Se tomó la resolución de utilizar toda la recaudación impositiva y los derechos aduaneros de la colonia exclusivamente para equilibrar los presupuestos de ella: Gran Bretaña no estaba en condiciones de imponer su voluntad en todo, después de la experiencia con la revolución americana. Aún cuando la Iglesia Católica y los acuerdos franceses fueron especialmente protegidos, la anglización se hizo constante.

Entraron en vigor los 10 artículos adicionales a la Constitución de Estados Unidos de (Norte)América, que hacían las veces de declaración o garantía de derechos, Habeas Corpus, que los republicanos antifederalistas reclamaban. El navegante estadounidense Robert Gray, a bordo de la “Columbia”, descubrió la desembocadura de un río en el Pacífico, en los territorios inexplorados de Oregón, al que denominó como su barco. Australia se incorporó al imperio británico. En 1.792, ante las perspectivas de guerra contra Francia, Austria dejó de presionar en la frontera turca, con lo que esta zona conoció la paz, después de más de cien años. La temprana muerte de Leopoldo IIº impidió la realización de sus proyectos reformistas. Le sucedió su hijo Francisco IIº en el trono imperial. Manuel Godoy y Alvarez de Faria Sánchez Ríos Zarzosa, guardia de Corps de palacio y amante de la reina, fue nombrado primer Secretario de Despacho, o de Estado, y Ministro Universal. Es decir, Presidente del Gobierno. Con ello, entre otras cosas, se intentaba acabar con la pugna entre Floridablanca y Aranda y sus partidos respectivos, que dificultaban la gobernabilidad del país. Así como cambiar de perspectiva respecto de las reformas enciclopedistas, ya que la experiencia en Francia demostraba lo peligroso que podía ser obstruirlas. Es lógico que la nobleza se pusiera en su contra desde el principio. El pueblo lo llamó “el choricero”, por su parecido físico con el retrato del vendedor de chorizos de la serie de personajes populares de Velázquez. Quizás desde entonces chorizo se entienda como sinónimo de ladrón. Thomas Paine publicó en Inglaterra “Los Derechos del Hombre”, en el que expresaba su admiración por las revoluciones estadounidense y francesa. Cumplidos sus fines, la Asamblea Constituyente fue sustituida por una Asamblea Legislativa, que asumió las funciones de lo que la Constitución denominaba Parlamento. La mayoría de sus 745 representantes eran, inicialmente, partidarios de Luis XVIº. Sin embargo, según fue transcurriendo el año, se hicieron notoriamente republicanos. Los aristócratas huidos estaban reuniendo tropas al otro lado de la frontera, al Este de Francia, con ayuda de los príncipes alemanes. Consiguieron una declaración de Austria y Prusia contraria a los revolucionarios y en apoyo de los monarcas. Si pretendían amedrentar a aquellos, su consecuencia fue la opuesta.

Los sacerdotes fieles a Roma excitaban al pueblo contra los eclesiásticos electos, constitucionales. Al contrario de la Asamblea Legislativa, que reaccionó airadamente, los reyes se mostraban comprensivos con tales hechos, lo que aumentó la sospecha de que colaboraban con la oposición y los Estados extranjeros. Ante todo ello los girondinos consiguieron que la Asamblea Legislativa aprobase la declaración de guerra a Austria, que el rey debió promulgar, ya que era su competencia constitucional. Se intentaba que dicha declaración de guerra provocase la unión frente al peligro colectivo, reduciendo las tensiones internas, y alentase a los demás países a iniciar su propio proceso revolucionario, así como obligar a decantarse al rey, demostrar a todo el mundo que apoyaba la revolución. O, en caso contrario, justificar que debía ser destituido. Era un juego muy peligroso. Sobre todo considerando que Prusia estaba de acuerdo con Austria. Tal vez se creía que  Inglaterra iba a defender la democracia. No conocían a Inglaterra. Nunca lo ha hecho: sólo defiende sus propios intereses. En lugar de ello alentó una coalición de todos los países europeos, excepto Rusia, contra la revolución. Sin embargo, fueron los ejércitos austríacos y prusianos los que tomaron la iniciativa y se dirigieron a Francia. Con ello comenzó la primera guerra de coalición, como se llegó a conocer, que duraría 5 años. El duque Fernando de Brunswick, General en Jefe prusiano, publicó un manifiesto amenazando con terribles represalias si se dañaba a los reyes. Si creía que con ello iba a asustar a los revolucionarios sus efectos fueron los opuestos. Los parisinos asaltaron violentamente el palacio de las Tullerías, residencia de los monarcas y donde se reunía su Gobierno, vencieron la resistencia de la guardia de palacio y se llevaron a la familia real a la fortaleza templaria de El Temple (¿otra venganza de ultratumba de los caballeros templarios?) que estaba siendo empleada como cárcel contra los traidores al Estado revolucionario. Esto suponía incumplir la Constitución y las prerrogativas conferidas al rey. La Asamblea Legislativa decidió disolverse y convocar elecciones a una Convención Nacional, que debería aprobar una nueva Constitución, puesto las prerrogativas que el rey aún conservaba ahora se consideraban excesivas.

Incluso la propia necesidad de un soberano, siguiendo los ejemplos de Azenas y Roma (en su etapa netamente republicana) de las repúblicas italianas, la Confederación Helvética, las Provincias Unidas (bajo la dirección de la holandesa) la República de Inglaterra de Cromwell y, sobre todo, Estados Unidos, ahora se cuestionaba. La campaña electoral coincidió con los éxitos iniciales del avance de prusianos y austríacos. El ejército estaba al mando de aristócratas. Al huir éstos los franceses se quedaron casi sin Oficialidad y sin disciplina. Los que quedaron no tenían ninguna confianza en el éxito, conocedores de las dificultades militares para vencer a tan poderosos ejércitos. De estas derrotas se culpó al desinterés de los girondinos. Si los atacantes confiaban en desmoralizar a los revolucionarios, se encontraron con que habían estimulado un desconocido sentimiento nacionalista, que se superponía a la voluntad de defender la libertad conseguida, revolucionaria. Así que, el 20 de septiembre, contra todo pronóstico, aún de forma desorganizada, pero comprendiendo que su mejor alternativa era emplear la fusilería protegidos tras los arbustos (los estadounidenses habían llegado a parecida conclusión, tras los setos, vallas o muretes que delimitaban las fincas) en tácticas defensivas, en vez de formar líneas en lucha a la bayoneta contra soldados profesionales, experimentados, los revolucionarios consiguieron detener a los invasores en la batalla de Valmy. Con lo cual, la revolución conjuraba el peligro exterior, de una invasión que acabara con ella. Para Goethe esta victoria marca el inicio de una nueva época en la Historia de la Humanidad. La Convención Nacional fue elegida por votación general indirecta, en distintos niveles electivos intermedios, lo que permitió participar a las clases más bajas, que eran, lógicamente, las más radicales, y dar sesgo a las mayorías. Si el ataque de los ejércitos extranjeros se atribuyó a la pasividad girondina, la “victoria” de los patriotas franceses, se le otorgó a los radicales. De inmediato aquella decidió la abolición de la monarquía y la constitución de una república. Para bastantes historiadores éste es el punto que marca el inicio de la Edad Contemporánea. Hasta final de año las tropas francesas dieron la vuelta a la situación, avanzando hacia Maguncia y la Baja Austria. No sólo demostraban que podían derrotar a los ejércitos feudales, sino que hacían propaganda directa de la revolución entre las clases populares de sus atacantes. En Polonia, la oposición aristocrática, incumpliendo la Constitución, organizó la confederación de Targowica, que, con el apoyo de Rusia, pretendía “restablecer el orden”, que es como llaman los desalmados anticonstitucionalistas a acabar con las constituciones progresistas. Posiblemente los hechos revolucionarios en Francia, tanto como el apoyo ruso, estimularan esta reacción aristocrática para acabar con cualquier veleidad que pretendiese expandir dicha semilla. El rey tuvo que ceder, entregando a Rusia más territorios en compensación: 236.000 km2 en este caso.

Lógicamente, los prusianos aprovecharon para pedir “su parte” del botín: Danzig, Torún, Gniezno, Poznan, Kalizs, etc. Unos 55.000 km2 en total. Es lo que se conoce como segundo reparto de Polonia. Un fanático opositor aristócrata asesinó a Guillermo IIIº de Suecia en un baile de máscaras.

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