0630-Un nuevo imperio para una nueva religión: el mahometanismo.

Para evitar que volviera a repetirse ordenó cerrarlas, prohibiendo dicho juego, lo que, al poco tiempo, se ignoró, y el consumo de alcohol, que sí mantienen aún sus seguidores. Li Chij-min hizo con su padre lo mismo que éste hizo con su tío: lo obligó a abdicar en el 626, tras haber asesinado al heredero legítimo, su hermano mayor. Tomó el nombre imperial de T’ai-tsung. Derrotó a los turcos, extendiendo las fronteras chinas más allá de la cordillera Pamir, hasta el curso superior del Indo, en Afjanistán. En el 629 Dagoberto Iº sucedió a su padre, Clotario IIº. Con ayuda del obispo Arnulfo de Metz trató de dominar a la nobleza, que éste había contribuido a embravecer. Finalmente Mujammad pactó con La Meca la peregrinación a la piedra negra de la Kaaba. Al incumplir dicha ciudad tal acuerdo, la asaltó en el 630, destruyendo todas las imágenes [1] de dioses y sus templos, tras lo cual la mayoría de las tribus árabes se le sometieron.

Fue fundamental para su victoria que la represión llevada a cabo hizo a los mahometanos de La Meca ocultar su religión, de modo que sus dirigentes desconocían hasta qué punto estaba infiltrada entre las capas bajas de la población, las mayoritarias, las que nuren las filas del ejército, y hasta qué punto deseaban la victoria de los suyos, los enemigos de sus señores. En el 632 hizo la última peregrinación a La Meca, muriendo poco después el único fundador de una religión y un imperio simultáneamente. A pesar de haber tenido hijos con diez mujeres, ninguno de los que le sobrevivió era varón. Varias de estas mujeres eran hijas de fieles adeptos suyos, en cuya fidelidad, que les obligaba a jurarle, y capacidad confiaba. Era el caso de Abu Bakr, el primer chalifat rasul al-Laj [2]. Ordenó añadir al Corán la tradición no compilada de las enseñanzas de Mujammad, hasta entonces transmitidas oralmente por sus seguidores, y ordenar sus capítulos o suras por orden de mayor a menor extensión. Se trata, ante todo, de un libro poético, prosa rimada, según las tradiciones orales árabes, o prosa poética.

Tiene bastante similitud con los oráculos paganos, los vaticinios de los vates irlandeses, o las profecías de Nostradamus, posiblemente porque el objetivo de todos ellos era la memorización. Por eso el Corán repite frecuentemente las sentencias. Entre ellas la que utilizan los muecines para llamar a la oración. Puede que intente imitar los textos cristianos de los etíopes, escritos en sabeo modificado, que se cantan. O los cánticos ortodoxos y católicos gregorianos y pre-gregorianos. O “El Mejor de los Cánticos” [3], que se cree que utilizaba, con distinta letra, las canciones de noche de boda, que entonaban los invitados a la espera de que el novio enseñara la sábana ensangrentada por la desfloración. O los Salmos o Salmodías, que se cree que utilizaban músicas populares judías. No hay Historias Sagradas, que los mahometanos consideran mera mitología. Se trata, sobretodo, de especulaciones sobre la naturaleza de al-Laj, alabanzas a su nombre, descripción del juicio final, los placeres del paraíso, los tormentos del infierno, y un conjunto de sentencias útiles, que lo convierten en un libro sapiencial, de proverbios -como algunos de los papiros egipcios, que inspiraron la colección bíblica- y que utilizan como norma los jueces mahometanos.

Recuérdese que Mujammad era caíd. El mahometanismo es contrario a un estamento sacerdotal, aunque se paga a los imanes para que dirijan los cantos de oración. Aunque tanto a éstos como a los que hagan sus veces, miembros destacados de la comunidad, como a los ulemas, conocedores del Corán y de las leyes, se les confiere gran prestigio. En este sentido la “revolución” iraní ha impuesto un profundo cambio, una nueva teocracia, la vuelta a las épocas del “imperio cristiano o de la cristiandad”, que se pretende imitar por todas partes. Especialmente es el punto de vista de talibán y “La Base”, en árabe al-Kaeda. El Corán impone cinco deberes principales, por lo que se le simboliza con la palma de una mano, con los dedos juntos y extendidos hacia arriba, gesto de salutación propio de buddistas y romanos: la valerosa confesión de su fe, pagar un tributo o limosna obligatoria para los pobres, rezar cinco veces al día, lavarse ritualmente, con agua [4] siguiendo pautas muy específicas, ayunar [5] en el mes del Ramadán, que es en el que fue revelado el Corán, y besar la piedra negra de la Kaaba al menos una vez. También Medina o Jerusalem se hicieron lugares de peregrinación.

En lugar de las campanas cristianas, al Angelus, vísperas, maitines, etc., utilizaban la voz en grito de almuecín, con un repetitivo sonsonete o estribillo [6] generalmente desde un lugar elevado, para que se les oiga mejor. A su muerte, los ángeles juzgan a los fieles, pero la sentencia no se pronunciará sino hasta el día del juicio final, en el que se producirá la resurrección de los muertos. Sólo los mártires, muertos en la lucha por la expansión de la fe, van directamente al paraíso, ganando ese tiempo intermedio de disfrute. Los mahometanos tienen la obligación de difundir su fe, para lo que deben aceptar cualquier sacrificio o yijad: este es el fundamento teórico de la “guerra santa”, la renuncia, la abnegación, la privación de placeres.

Convencidos de contar con el apoyo divino, de la superioridad de su religión, el fanático ejército mahometano, estimulado por la promesa de disfrutar de inmediao de los placeres del paraíso, junto con el tradicional reparto de los botines, herencia de cuando se dedicaban al saqueo de caravanas, se enfrentaron a los desmoralizados mercenarios, agotados por prolongadas y continuas guerras, a cuyos pagos la capacidad económica de los imperios sasánida y bizantino no podía hacer frente, y a unos soldados-campesinos cuyo interés objetivo era, obviamente, el pacifismo, y no las guerras continuadas durante decenios que venían soportando. Para la oración privada, incluso, en principio, para la colectiva, la del ejército o la ciudad, cualquier lugar era bueno, como en medio de la calle. Pero la acumulación de fieles exigió reservar recintos específicos. Inicialmente sólo un cercado de lona, tejido de lana o pelo de camello, madera, arcilla, adobe o ladrillo.

Posteriormente copió el patio de la casa de Mujammad, que también podía imitar al patio de la Kaaba, o al arte románico español y sus claustros, o al compluvium, o estanque de recogida de las aguas de las lluvias de las villas romanas, rodeado por galerías de columnas, donde, como hacía el profeta, se aprende de los comentarios sobre el Corán, protegidos del sol. Es el origen de las madrassas, que terminarían convirtiéndose en centros de estudios coránicos, “universidades” mahometanas, que se extendieron hacia todas las ramas del saber, como ocurrió con los monasterios y universidades cristianas, europeas. Más tarde se le añadió la fuente, tanto para realizar las abluciones y lavados rituales como para refrescar el ambiente, mostrando opulencia y hospitalidad, para los moradores del desierto, pero también añadiendo calma, sosiego espiritual. El muro [7] principal, inicialmente, dirigía la oración hacia Jerusalem, pero más tarde se giró hacia La Meca, cuando o estaban situadas en la misma dirección. Finalmente se concretó la orientación en una hornacina o mijrab, desde la que el imán invitaba a la oración, y que concitó la primera ornamentación, que el profeta rechazaba porque la consideraba antesala del politeísmo.

También se le añadió una especie de púlpito, posiblemente a imitación de los cristianos ortodoxos, para dirigir la oración y predicar. Y al-minar para que al-muecín convocara desde lo alto a la oración al mayor número de oyentes posibles, sus gritos alcanzarsen mayores distancias. Como carecían de cuerpo de campanas podían ser mucho más estilizados, menos costosos, que los cristianos. Posteriormente se añadió una cúpula [8] a imitación de los templos ortodoxos, en principio como la Santa Sabiduría [9] aunque después utilizarían el posterior modelo bizantino de la cúpula sobre tambor o cilindro con grandes ventanales, imitando los linternarios greco-romanos. En el 633, durante el IVº Concilio de Toledo, se reimplantó la monarquía electiva [10], lo que demuestra la pérdida de poder de los reyes visigodos y el aumento del de la nobleza, en la que se incluían los obispos, nombrados de entre la misma, todos terratenientes. En el 634, Dagoberto fracasó en sus pretensiones: la nobleza le exigió que nombrase rey de Austrasia a su hijo, de tres años de edad, y que residiera en Metz, bajo el control de Grimoaldo, hijo de Pipino El Viejo, quien obligó al rey niño, Sigiberto IIIº, a que adoptase a aquél como hijo.

En el 634, Omar, otro suegro de Mujammad, sucedió a Abu Bakr como califa, continuando la primera campaña mahometana en Siria, contra el ejército de Heraclio, el emperador bizantino, acabándola triunfalmente en el 636. Otro ejército de tropas escogidas, en el 637, derrotaba a los sasánidas y conquistaba su capital, Ctesifonte. Esta rápida expansión está relacionada con el comportamiento respetuoso respecto de las poblaciones conquistadas, concediéndoles una amplia autonomía administrativa, y permitiéndoles conservar sus formas de gobierno, sus leyes, religión, e incluso sus dirigentes, que tenían más libertad de acción que bajo los anteriores imperios. Esto era debido tanto a una inteligente política, como a la situación objetiva de carencia de base demográfica, y, sobretodo, de preparación cultural, para colocar a los suyos como dirigentes por todas partes. Además, para consolidar su dominio y evitar rebeliones, hubiesen necesitado desperdigar a su ejército, con lo que la expansión militar, que era, simultáneamente, ideológica, religiosa, se habría embotado. Las únicas obligaciones de los sometidos eran no rebelarse contra los invasores y pagar los tributos, que no eran más odiosos que los impuestos por bizantinos y sasánidas. En el 639 murió Dagoberto.

Le sucedió, en Neustria, Clodoveo IIº, menor de edad. En el 643 se aprobó el Edictus Rothari, que compilaba el derecho lombardo. En el 644 un esclavo persa asesinó a Omar, aunque no fue un crimen político. Le sucedió Otmán como califa. La distancia entre las diversas regiones y sus gobiernos semiautónomos, continuadores de la anterior organización imperial, eran un semillero de intrigas, como ya habían demostrado repetidamente en sucesivos imperios y épocas. Para garantizar la lealtad de los gobernadores sustituyó a algunos de los existentes por miembros de su familia. Entre ellos designó como gobernador de Siria a su sobrino Muauiya, que fundaría la dinastía omeya. Los gobernadores destituidos se unieron en torno a Aixa, la más joven viuda de Mujammad, y del yerno de éste, Alí ibn Abi-Talibs. En el 647, tras la conquista de Palestina y Egipto, los derrotados bizantinos sobornaron a los mahometanos para que no continuasen avanzando por el Norte de Africa. En el 652, el duque de Asti sucedió a Rotario, como Ariberto Iº, que se convirtió al catolicismo, consolidando el poder lombardo.

En el 653 fue coronado Recesvinto, quien promulgó el Liber Iudiciorum [11], que equiparaba los derechos de toda la población sometida a los visigodos, sin distinción de origen étnico. A la muerte de Sigiberto le sucedió Dagoberto IIº, que, de inmediato, fue ordenado sacerdote y deportado a Irlanda. Le sucedió, como rey de Austrasia, Childeberto IIIº, el hijo de Grimoaldo. En el 656, Otmán fue asesinado misteriosamente, y Alí fue proclamado califa en Medina. Al parecer fue poco respetuoso con su suegra, que se unió a los jefes de tribu envidiosos de Alí. Además, según la tradición árabe, Muauiya debía vengar el asesinato de su tío. Estalló, por tanto, una guerra civil, produciéndose una tremenda escisión entre los mahometanos, tanto por intereses políticos como por convicciones dogmáticas, mutuamente intrincadas. Muauiya tuvo la inteligencia de presentarse como fiel seguidor de la sunna [12], por lo que sus partidarios, los sunníes o sunnitas, pronto se hicieron mayoritarios, al tiempo que acusaba a sus oponentes, los chiíes o chiitas [13], de desviacionistas. En el 657, durante la batalla de Siffin, los sirios colocaron una hoja del Corán en la punta de sus lanzas, llamando a sus contrincantes  a evitar una lucha entre correligionarios.

Ante la negativa de ambos ejércitos a combatir, se decidió que un tribunal imparcial determinase de qué lado estaba la posición justa. El dictamen, tratando de no comprometerse en tan problemático debate, rechazó ambas posturas, así como las acusaciones contra Otmán, lo que Muauiya aprovechó para declarar ilegítima la confabulación contra su tío. Ese mismo año, Kao-tsung, hijo y sucesor de T’ai-tsung, derrotó a los turcos, extendiendo aún más las fronteras chinas, más allá de la cordillera Pamir, por el curso superior del Indo, en Afganistán. En el 661 se produjo un golpe de Estado en Lombardía, y el duque de Benevento, Grimoaldo, fue reconocido por los demás duques como rey. Ese mismo año Alí fue asesinado, y se proclamó califa en Jerusalem a Muauiya Iº. El hábil Grimoaldo, con el apoyo de los duques lombardos, consiguió un poder que no habían logrado los reyes anteriores, además de aprovecharse de las debilidades de sus convecinos. Derrotó repetidamente a los francos, a las ávaros, las nuevas invasiones eslavas, y al emperador de Bizancio, conquistándole todo el sur de Italia. A consecuencia de ello dicho emperador, Constante IIº, fue asesinado.

La aristocracia austriaca no estaba dispuesta a soportar que un arnolfingo fuese rey, de modo que, en el 662, asesinaron al franco Grimoaldo y a sus hijos. Se hizo cargo de Neustria y Austrasia, nominalmente, la reina Batilda, aunque, en realidad, gobernaba su mayordomo palaciego. Ahora las guerras civiles no las hacían los reyes coherederos francos, muestra de su decadencia, sino sus mayordomos, en nombre de ellos.Muauiya Iº prosiguió la expansión, conquistando Kabul, en Afjanistán, en el 664. En el 668 Kao-tsung, aliado con el reino de Silla, sometió toda Corea al dominio chino. Sin embargo sus victorias militares se vieron empañadas por su debilidad política y amorosa. Su concubina Uu Tse-t’ien consiguió casarse con él, ejerciendo como auténtico emperador. Ese mismo año Muauiya atacó por mar Constantinopla, durante dos años, lo que repitió desde el 674 al 678. Llevó las fronteras hasta el Turquestán chino y el Indo, y derrotó al exarcado de Cartago, aunque los bereberes organizaron una resistencia guerrillera. Había conseguido que, a su muerte, eligiesen califa a su hijo Yazid, pero, cuando ésta se produjo, otros grupos prefirieron a herederos más directos de Mujammad, como Jusaín, el segundo hijo de Fátima, que se puso al frente de un pequeño ejército de chiíes.

Fue derrotado en el 680, en Kerbela, en el Irak. Los muertos en la batalla se consideraron mártires por los suyos, los chiíes, que siguen conmemorando el día del sacrificio por tal causa, flagelándose, golpeándose y haciéndose sangre, los varones, públicamente. En el 687, Pipino de Heristal, llamado “El Joven” o Pipino IIº, nieto del obispo Arnulfo de Metz y de Pipino El Viejo, se impuso a todos los demás mayordomos. Cuando en Bizancio se extendió el monotelismo [14] el exarca de Rávena, por orden del emperador de Oriente, condenó y envió al exilio a Martín, Sumo Pontífice. Sólo cuando los mahometanos se apoderaron de las provincias monotelistas bizantinas, su jerarquía eclesiástica se avino a un nuevo concilio, el sexto de los celebrados en Constantinopla, de tipo “conciliador”. El poder de Bizancio se comprueba en que muchos pontífices fueron griegos o sirios. En un concilio no considerado ecuménico, también en Constantinopla, se acordó abolir el celibato, a lo que se opuso el Sumo Pontífice, Sergio Iº. El emperador lo ordenó arrestar, pero las tropas bizantinas en Roma se negaron a hacerlo, si bien Sergio Iº debió huir.

A final del siglo, bajo el califato de Abd al-Malik, la resistencia bereber hizo replegarse a los mahometanos hasta la Cirenaica. Sin embargo, con grandes refuerzos y el convencimiento, consiguieron atraérselos, hasta el punto de que la frontera llegó al océano Atlántico, y colaboraron activamente en la conquista de Hispania. La dinastía omeya consiguió estructurar el imperio, que dejó de ser un conjunto de regiones ocupadas, pero que seguían controlada por funcionarios cristianos o zoroastristas, sin una organización uniforme. Poco a poco se les impuso, aún manteniéndolos en sus puestos, una supervisión superior. Se crearon el dinar de oro y el dirjan [15] de plata, que representaban un peso metálico constante. Dicha innovación, que hacía imposible que se devaluasen, las convirtió en patrones monetarios de intercambio internacional durante siglos.


[1] En griego iconoclastia, “rotura de iconos, de imágenes”.

[2] “Representante del profeta de Dios”. Obsérvese que este título de representante es propiamente constantiniano, fundamento del césaro-papismo. Aunque, ya para entonces, en Europa y el área de influencia bizantina, se había escindido en dos poderes diferenciados, y que comenzaban a ser divergentes, configurando intereses opuestos, ejercidos por instituciones y personas diferenciadas. La evolución futura lutherana y liberal haría que el poder de la Iglesia cristiana se hiciese oculto, a veces ilegal, deviniendo en un poder fáctico. Es decir, un contrapoder, que impone su influjo ideológico para retardar el desarrollo democrático y progresista, al que se opone desde el principio. En cambio, en el mundo mahometano, el poder eclesiástico y político continúan confundidos. Incluso en los casos en que se asienta en personas e instituciones diferentes, consolidando con ello una trabazón conservadora, inmovilista. Una reflexión más profunda debe llevarnos a la conclusión de que no hay gran diferencia, en este sentido, en planteamientos que intentan presentarse como opuestos, cuando confluyen en la misma visión conservadora, aunque en distintas fases de desarrollo social. Como es el caso de la “guerra a favor del terrorismo”, puesto que sus métodos son manifiestamente terroristas y no hará otra cosa que estimularlo, iniciada por (am)Bush IIº, aunque se llevó a cabo sin el apoyo de una estructura sacerdotal, basándose en los postulados de la secta evangélica del movimiento reformista lutherano, sin declaración de santidad de dicha guerra, y, presuntamente, como herencia de la revolución liberal, si bien, analizado con más detenimiento, concluyamos que, en muchos aspectos, como la garantía de los derechos individuales, constitucionales, el Habeas Corpus (“Tengamos el Cuerpo”, o sea, “Preséntenlo ante el Juez”) o la igualdad ante la Ley, discurre en sentido opuesto.

[3] Habitualmente traducido, desde mi punto de vista incorrectamente, como “El Cantar de los Cantares”.

[4] En el desierto o lugares donde escasee el agua se permite sustituirla por arena.

[5] Es decir, abstenerse de comer, e incluso de beber, fumar, divertirse o mantener relaciones sexuales, y hasta realizar trabajos o esfuerzos excesivos, lo que es lógico, si no se bebe ni se come, mientras haya luz solar. En las ciudades, un cañonazo, toque de trompeta, sirenas o llamada a la oración avisan de cuando terminan las horas de abstinencia.

[6] “¡Al-Laj es grande! Doy testimonio de que no hay más al-Laj que al-Laj y que Mujammad es su profeta: ¡venid a orad!”

[7] En árabe kibla.

[8] Que para ellos era símbolo del cielo.

[9] En griego Jaguia Sofía.

[10] Recuérdese que el Concillium era, inicialmente, un consejo asesor militar, y que los reyes eran, inicialmente, jefes militares.

[11] En la Edad Media se le denominó, en lengua romance, Fuero Juzgo, que podría traducirse como “Derecho Procesal”.

[12] “Costumbre” o “tradición” del profeta.

[13] De chia, “partidario”, de Alí.

[14] Que acepta la existencia de dos naturalezas de El Cristo, pero una única voluntad. Una especie de solución de compromiso entre el trinitarismo y el monofisismo.

[15] Ambos nombres derivan del denarius romano, o rodaja  de una décima parte de un as, un pequeño lingote estriado, para que quedase la señal si se limaba, acuñado por sus extremos con la imagen de una vaca, y que equivalía al precio de una res.

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