0008-Mitos religiosos y mitos literarios

Es lo mismo que hizo Franco con los carnavales [1] de Cádiz, cuyas letras debían presentarse a concurso en el Gran Teatro de Falla, someterse a la censura, imprimirse y repartirse sus libretos a la policía, que debían apresar a los que cantaran otra cosa o alterasen la letra autorizada: hoy, en cambio, olvidado este origen represivo, el pueblo de Teófila Martínez, se niega a que le cambien el teatro, sin comprender que la fiesta inicial era callejera.

Para explicar los cánticos, se instituyó que el protagonista, en un monólogo, contase su historia, su tragedia. Se fue complicando, de forma que el coro le interrumpía, advirtiéndole del lío en el que se estaba metiendo, el castigo que iba a sufrir y le culpaba por su comportamiento. Posteriormente apareció el antagonista, con el que el personaje dialoga. Más tarde se introduce un tercer personaje, dialogando entre todos ellos. De esta forma los mitos griegos pasaron de la tradición oral a la literatura, unificándose en una cultura compartida.

Es el trabajo que, en otras religiones, realizó la casta sacerdotal, en beneficio de las teocracias imperiales. Pero, en el mundo griego, la unificación imperialista era voluntaria, en forma de alianzas, ligas o confederaciones (algo así como, en teoría, la Unión Económica y Monetaria Europea, no como el Imperio Alemán de Hitler: es el neoimperialismo) y el poder era civil, no sujeto a herencias dinásticas, ni susceptible de “apropiación” personal o familiar sacramentada por la casta sacerdotal. Por lo que el imperialismo, y su apoyo teológico, no se basaba en el interés personal o familiar, sino en el colectivo de las clases dirigentes, no existía una poderosa casta sacerdotal, y la mitología resultó artística, humana, lógica y racionalista, desprovista del misticismo, del misterio inescrutable, del mundo mágico-milagrero de las demás religiones, sino en el carácter destructivo de las pasiones humanas y divinas y su descontrol.

Así Pitágoras creó una comunidad religiosa y escuela filosófica, en la que, por primera vez, que se sepa, también admitían a mujeres.


[1] Nombre prohibido: eran “Fiestas de Primavera”.

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