1.616: La condena de Galileo de Galilea y la obstrucción católica al progreso científico.

La situación era caricaturesca: los polacos defendían sus murallas mientras que las tropas del segundo falso Dmitri las asediaban. Ante la gravedad del peligro un Consejo de boyardos convocó una asamblea de “los Estados (Estamentos Generales o Generalidad de Estamentos) de Moscovia”, que eligió zar al príncipe polaco Ladislao, hijo de Segismundo, rey Polonia y Lituania, aunque imponiéndole las siguientes condiciones: que garantizase la peculiaridad y las estructuras sociales del imperio ruso y su ortodoxia religiosa, a la que se debería convertir, y nuevos derechos, entre ellos una participación permanente, representativa, en el poder, que se reservaba la suprema administración de justicia, la suprema promulgación legislativa y la imposición tributaria a la Duma (cámara aristocrática) o al debate conjunto de ella y el zemskii sobor. Indudablemente Rusia estaba cambiando. Estas condiciones no eran aceptables para Segismundo. Particularmente se negaba a que su hijo se hiciese ortodoxo, lo que podría tener negativas repercusiones en el interior de su propio reino. Así que confió en su ejército para unificar, en su propia persona, tales monarquías. Cuando sus intenciones se hicieron evidentes el pueblo ruso reaccionó. Por fin se publicó, anónimamente, Chin P’ing Mei, obra maestra de la literatura universal, cuya autoría se atribuye a Uang Chij-chen, que había sido Ministro de Justicia chino y célebre escritor, muerto 17 años antes. Se trata de la novela del adulterio de Loto de Oro con un joven y rico médico, de las rivalidades que ello le conlleva con la primera esposa y otra de las concubinas de éste, y de la venganza que sufrió ella de su legítimo esposo. Muestra el comportamiento de una familia burguesa china de la época, plagado de descripciones eróticas, incluso multitud de jueguetes sexuales, por lo que en algunos países europeos aún sigue prohibida.

En realidad es una reelaboración de un capítulo de Chui-ju chuan (“Narración de la orilla del río”) colección de leyendas de 109 bandidos que, al final del imperio Sung del Norte (el jefe de los bandidos se llama Sung Chiang) expulsados y marginados por la clase dominante (una especie de “Equipo A” o A Team, el “Barquero de Cantillana”, más conocido como Curro Jiménez en la actualidad, “El Pernales” u otros “bandidos generosos”) toman venganza sobre funcionarios corruptos, Ministros miserables y militares cobardes. No sorprende que la totalitaria dinastía Ming lo tuviese prohibido. Ambos textos cuentan aún con muchos lectores. Realizaron exploraciones Hudson, y, por cuenta de la Company of the Merchants of London Discoverers of the North-West Pasage, Baffin, James y otros muchos aventureros. En aquella década los jesuitas se dedicaron a evangelizar a los indios de Guaycurú, del Chaco y de los valles medio y superior del Paraná. Pero habían sido misiones temporales. La primera permanente se estableció en San Ignacio Guazú, en el valle medio del Paraná. Más tarde se fundaron dos más en Guairá. El Gobernador del Paraguay pretendía con ello hacer efectivo el control español hasta la línea de demarcación establecida en el Tratado de Tordesillas. A la muerte de Carlos IXº le sucedió en el trono sueco su hijo Gustavo IIº Adolfo, de 17 años de edad. Quizás intentando aprovecharse de ello, Cristián IVº de Dinamarca pretendió reunificar las tres coronas escandinavas, por lo que inició, en 1.611, una victoriosa guerra contra Suecia, de dos años de duración. Por las ordenanzas del Gobernador Alfaro los indios de las reducciones quedaban libres de encomiendas y exentos de tributos al rey durante diez años. A la muerte del emperador Rodolfo IIº, en 1.612, le sucedió su hermano Matías. Queriendo acabar con el conflicto por la herencia del ducado de Jülich-Cleves, cedió ante los protestantes, lo que le supuso severas críticas del duque de Baviera.

Francisco Suárez publicó su Tractatus de legibus ac Deo legislatore, en la que exponía la nueva doctrina del populismo, elaborada por eminentes teólogos y juristas españoles del siglo anterior. Mantenían que la soberanía radicaba en la comunidad, en su conjunto. Que, por ello, ninguna autoridad podía ser despótica. Y, que si lo fuese, significaría incumplir la ley de Dios, por lo que la comunidad tenía derecho a la rebelión, incluso al tiranicidio. Esta doctrina sería propugnada en las Universidades hispanoamericanas por dominicos y jesuitas. La nobleza funcionarial, el campesinado y los cosacos, acaudillados por la Iglesia moscovita, se aglutinaron contra los polacos. Dirigidos por el príncipe Posharski reconquistaron Moscú. Acabó la guerra entre turcos y persas mediante la Paz de Sarav, por la que éstos recuperaron Tabriz, Erivan, Chirvan, Kars y todas las regiones perdidas desde un cuarto de siglo antes. Abbas llevó adelante su reforma administrativa, mejoró las relaciones comerciales, construyó carreteras y caravanserais. Esfaján, a la que llevó la capital, con 600.000 habitantes, tenía 162 mezquitas, 273 baños públicos y 1.802 caravanserais. Había gran tolerancia religiosa. Con mapas absolutamente inexactos, más propios de la Edad Media, los ingleses se aventuraron a disputar el Océano Indico a los portugueses. Se aprovecharon de que éstos estaban siendo arrinconados por los mahometanos, aunque éstos tampoco conseguirían recuperar su ventaja, debido al inesperado arribo de los nuevos mercaderes. Estos también sacaron provecho de las guerras entre los sultanatos, los rachput y los mo-gol, si bien el clima causó devastadores estragos entre sus tripulaciones. A pesar de ello, el Capitán Best consiguió privilegios mercantiles oficiales de Surat. La East India Company se hizo cargo de las exportaciones hindúes a Europa, por valor de unas 800.000 rupias anuales.

Con ello se superaba la fase en la que capitalistas individuales asumían enormes riesgos en azarosos viajes, sumamente largos, y de incierto resultado, que, además, se interferían, combatían y perjudicaban mutuamente. Los ingleses se presentaron en la Corte de Ayuddia, rey de Siam, con una carta de Jacobo Iº. Los siameses también establecieron relaciones con Japón, si bien los intereses económicos contrapuestos de ambos países impidieron que prosperasen. En 1.613, los británicos establecieron relaciones comerciales con Japón, que importaba seda -cruda y tejida- plomo, mercurio, oro y cobalto (para la porcelana azul) de China, especias, cuero, drogas y marfil del Sudeste asiático, armas de fuego, sobretodo arcabuces, pólvora, tejidos de lana, relojes, instrumentos ópticos, vidriería, tabaco y arte industrializado de Europa, a cambio de plata, cobre, productos metálicos, por ejemplo espadas, y lacas. Para delimitar las relaciones con Holanda, evitando enfrentamientos en ultramar, se pidió dictamen al jurisconsulto Hugo Grotius, pero no se alcanzó ningún acuerdo. Bajo la influencia de Filareto, Patriarca de Moscú, se convocó al gran zemskii sobor, que proclamó zar al hijo de éste, de sólo 16 años, Mijail Fiodorovich Romanov, como Miguel IIIº, con lo que llegó al trono la segunda y última dinastía rusa, si bien era el metropolitano, su padre, el verdadero dueño del poder, que intentó introducir en Rusia los inventos e instituciones europeos, aunque procurando que no trastocasen la estructura social. Comprendiendo su situación de debilidad, Miguel IIIº convocó al zemskii sobor a sesión permanente, que asumió funciones de Gobierno, semejante a lo que ocurriría en Alemania. Sin embargo, el resultado de ello no fue la consolidación de ún régimen estamental en Rusia, menos aún el inicio evolutivo hacia la democracia, sino que dicho órgano asambleario se demostraría que contribuyó al restablecimiento del absolutismo autócrata ruso.

La Virginia Company atacó Port Royal y aniquiló una colonia francesa en la costa del Maine: comenzaba un enfrentamiento intercolonial que no terminaría hasta la independencia de Estados Unidos. El conflicto por la herencia del ducado de Jülich-Cleves se resolvió finalmente en 1.614, mediante un Tratado por el que el Palatinado-Neuburg se quedaba con Jülich y Berg, y el príncipe elector de Brandenburg con Cleves, Mark y Ratisbona. En 1.615, con la conquista de Osaka, Tokugaua Ieyasu, el “tercer unificador”, acababa con el último daimío rebelde. Su organización del Estado japonés, según las disposiciones buchi o guerreras, que regulaban todo el comportamiento, público y privado, de toda la aristocracia y del campesinado, el 80% de la población, que entonces se acercaba a los 30 millones, y que dependía de sus señores feudales, sobrevivió durante dos siglos y medio. Distribuyó el territorio de los daimío en función de su cercanía a Kioto, Edo, las vías de comunicación o la posesión de las principales ciudades, entre 23 líneas de parientes, de las que tres eran descendientes directos suyos, y podrían heredar el chogunado si la línea principal se extinguiese, y, el resto, según su antigüedad en el mantenimiento de la lealtad al chogún, en cumplimiento del juramento exigido. Para ello se valió, sobre todo, de las tierras ocupadas a sus enemigos. También la muerte de señores feudales sin herederos daba la oportunidad de redistribuir tierras, compensando o castigando en función de dicha fidelidad. Los daimío eran responsables de una administración eficaz y favorable al pueblo. Los que no cumplían tales preceptos, o la debida sumisión al chogún, podían perder, parcial o totalmente, el feudo recibido, que se podía volver a distribuir para mejorar la organización prevista y la lealtad. Cada daimío debía tener fijada una sóla residencia principal, en la capital de su territorio.

Se prohibía construir nuevos castillos, y para reparar los antiguos se precisaba autorización expresa del chogún: esto era similar al desmochado de almenas de los castillos rebeldes a los Reyes Católicos. También estaba prohibido construir naves de alta borda, que eran las adecuadas para la navegación ultramarina. Para más garantía, las esposas e hijos de dichos señores debían residir permanentemente, igual que ellos seis meses cada dos años, en Edo, prácticamente en calidad de rehenes. El chogún se reservaba un dominio que le permitía movilizar un ejército superior al de todos los demás daimío juntos, la propiedad de las ciudades de Edo, su residencia, Kioto, la del emperador, Nagasaki, único puerto autorizado a recibir comercio internacional, Osaka y Otsu, y las minas de Sado, Izu y Achio, lo que le posibilitaba acuñar monedas de oro, plata y cobre, y controlar el sistema  monetario. No había un reconocimiento personal del individuo, sino en tanto que parte de un estamento, una familia y un rango dentro de ellas: jefe, padre, heredero, segundo hijo, hija, primera esposas, etc.. Una vez llegada la paz, los guerreros, el 7% de la población, asumieron todas las funciones administrativas. Debían jurar fidelidad al daimío al que estaban enfeudados, que podían llegar a movilizar hasta 10.000 vasallos-guerreros. Los buchi (samurais) podían recibir territorios en feudo o una soldada, según su rango y función desempeñada. Podían ser consejeros o representantes del daimi-o, o intermediarios entre éste y el chogún, mandar grandes contingentes de tropas o ejercer de jueces en el territorio de su señor, encargarse de la administración, militar o civil, la construcción y reparaciones, la recaudación de impuestos, la policía, la enseñanza, o hacer de soldados, escuderos, pajes, ordenanzas o auxiliares de la administración, según su rango.

A partir de las prescripciones del buchi se reglamentó en el código de honor Buchi-do (“camino, lucha, esfuerzo, comportamiento del guerrero) aplicable a toda la aristocracia, sobre la capacidad guerrera y en todas las tareas que debían ejercer, la entrega, la lealtad, la integridad moral del samurai, su cultura y su trato humano y amable respecto de sus inferiores. Los artesanos y comerciantes, tan necesarios para las otras clases sociales como despreciados por ellas, dado el concepto confuciano de que eran clases inútiles (sólo la tierra da frutos, no el comercio o las demás cosas, como el dinero; el catolicismo también reproducía esta concepción, tan faborable a la nobleza, durante mucho tiempo) no estaban reglamentados, por lo que desarrollaron su propio estilo de vida, mucho más libre, y formaron sus propios barrios. Sin embargo, por ello mismo, estaban sometidos a disposiciones caprichosas, impuestos especiales y autorizaciones o licencias. Conforme la paz convertía a los guerreros de vasallos feudales a funcionarios a sueldo, obligándoles a asentarse en las grandes ciudades, se iban “urbanizando”, dependían cada vez más de artesanos y comerciantes. Así viejos samurai se dedicaron a ello, especialmente con la intención de surtir a los ejércitos. La alta aristocracia tomó, con igual objetivo, a artesanos y comerciantes a su servicio directo, sobre todo si antes habían sido samurai. Así se desarrollaron grandes casas comerciales, Bancos para financiar las transacciones, y Bolsas, en las que se fijaba el precio del arroz para todo el país. Ante la publicación de pretendidas continuaciones de las aventuras quijotescas, Cervantes escribió la “Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha”, en la que deja a éste curado de su locura, muerto y enterrado, de modo que no pueda volver a protagonizar más relatos novelescos.

Es lugar común ver la contraposición entre el realismo del inculto Sancho Panza y la locura fantástica, idealista, de su señor. Pero lo cierto es que ambos personajes son, sucesivamente, ingenuos y avispados, ilusos y racionales, fantásticos y realistas, se advierten, recriminan, aconsejan y concuerdan, se dan la razón o se discuten, presentando una vital complejidad que supera tal reduccionismo simplista, que es habitual en la literatura hasta tiempos muy cercanos, y un deseable ambiente de tolerancia, de predisposición a escuchar, a dialogar, a aprender de los demás, por parte de todos los personajes que van apareciendo por ambas obras, superando, poco a poco, cualquier diferencia de partida de clase social, de educación o estado civil o religioso, incluso entre hombres o mujeres, que no todos han llegado a percibir. Ciertamente, para su época, constituía un igualitarismo revolucionario. La excepción es el trato para con el vizcaíno, incapaz de comprender la situación ni de resultar inteligible, en su habla vascuence mal traducida, palabra a palabra, literal, al castellano, pero sin adaptar la sintaxis: el único personaje que, aparte de la pareja protagonista, termina golpeado y sangrando, tal vez en castigo por todo ello. Johannes Kepler creía firmemente en las tesis copernicanas, y pretendía, a partir de ellas, demostrar la perfección de la obra divina, superando las “recesiones” o movimientos de retrocesos orbitales inexplicables. Era, además, pitagórico, o sea, de la escuela mística de los discíplos de Pitágoras, y, por tanto, mantenía que las “esferas celestes”, en las que estaban comprendidos cada uno de los astros, tenían entre sí tal proporcionalidad que podían inscribirse en los 12 sólidos o cuerpos geométricos perfectos, dentro unos de otros, como si fueran muñecas rusas. Pero tenía la dificultad de ser corto de vista, debido a ser sietemesino y a una viruela infantil. Así que decidió presentarse en la Corte de Tyge (latinizado como Tycho o Tico) Brahe, un aristócrata danés de una visión prodigiosa, que se había construido el palacio de Uraniborg (“Ciudad de Urania”: Urano era el dios del cielo para los griegos) que convirtió en instituto de observación astronómica, diseñando instrumentos de medida de mucha mayor precisión que los entonces existentes.

Rodolfo IIº, apasionado por la astronomía, lo nombró matemático imperial, para que hiciese cartas astrales e interpretaciones astrológicas para sus consejeros, permitiéndole que se afincarse en Praga. Brahe demostró que los cometas no eran fenómenos atmosféricos, sino externos a la Tierra. Se dio cuenta de cómo la refracción de la luz alteraba las observaciones astronómicas, corrigiendo todas las tablas astronómicas con dichos cálculos. Impresas bajo patrocinio del emperador se conocen como Tablas Rodolfinas. Brahe fue el primero en comprender que las supernovas eran estrellas que nacían, mediante una gran explosión. Era un ser apasionado, que en un duelo con otro estudiante sobre cuál de los dos sabía más matemáticas, había perdido parte de la nariz, que sustituyó con una prótesis de plata. Era un hombre mujeriego, propenso a los excesos de comida y bebida, que se mofó del religioso Kepler (había sido seminarista luterano, aunque abandonó tales estudios de Teología cuando le ofrecieron un puesto de profesor de matemáticas en una escuela lutherana) durante 24 años, prohibiéndole el acceso a sus anotaciones. A su muerte, su familia no mostró ningún interés en su obra, por lo que permitió que Kepler se adueñara de sus observaciones. A partir de ellas comprobó que las órbitas de los astros no eran circulares, ni tampoco se adecuaban a los cuerpos pitagóricos, sino que eran elípticas, y que la velocidad de desplazamiento orbital no era constante, sino que se aceleraban al acercarse al Sol, que ocupaba uno de los focos de dichas elipses, y se enlentecían al alejarse, en proporción a la superficie barrida por los radios vectores de dos de sus posiciones de comparación relativas. Es decir: era una relación cuadrática (de doble dimensión o exponente de segundo orden) inversamente proporcional a la distancia respecto del Sol. Esto le causó una grave crisis religiosa, pues no creía que algo tan imperfecto pudiera ser obra de Dios. O sea: creyó en la veracidad de las observaciones de un hombre lascivo, incrédulo, poco religioso, más que en su propia ideología religiosa. En los hechos constatados, empíricos, más que en sus deseos espirituales. Escribió una novela en la que la Luna tenía habitantes.

La Inquisición le persiguió por todo ello. Como logró escapar, apresaron a su madre, que era curandera, acusándola de brujería. Durante 6 años aportó pruebas y alegatos hasta que consiguió liberarla. Pero al poco tiempo murió, por los padecimientos sufridos, lo que produjo la angustia de Kepler, que se consideró culpable, durante el resto de su vida. El ejército manchú contaba con unos 160.000 soldados. Llegó a la India el primer enviado oficial inglés, sir Thomas Roe, que consiguió licencia para fundar asentamientos en el Sind, Guyerat y Bengala. La táctica inglesa fue siempre ganarse el apoyo de poderosos gobiernos locales. Así las líneas de penetración inglesa en la India partieron de las costas de Bombay, Madrás, que convertirían en la capital hindú del Sur, y Bengala. Sin embargo no se consideraba a Inglaterra potencia de primer rango. Las actuaciones de los contrabandistas, como Weddell, que estableció fundaciones por su propia cuenta y entabló relaciones con el rey de Biyapur, mientras pirateaba a los navíos hindúes, entorpecieron tales acuerdos. Malaca rechazó el ataque del reino de Atyej, al Norte de Sumatra, con ayuda de la Flota de Goa. A partir de Surat se exploraron lentamente las costas, intentando fundar plazas comerciales y establecer contactos con Java, Sumatra y el extremo oriente. El francés Champlain llegó a los Grandes Lagos, la mayor extensión de agua dulce líquida del planeta. La malaria, los continuos ataques de la confederación de tribus pieles rojas paujatan y la escasa fertilidad del suelo hicieron zozobrar a Jamestown. Sin embargo, como el tabaco crecía salvaje allí, se decidió su plantación, que resultó un floreciente negocio, atractivo para el arribo de más colonos y capitales.

La fertilidad del suelo se agotaba en tres o cuatro años, lo que obligaba a la continua ocupación de tierras, entrando en confrontación con las explotaciones indias de maizales, lo que provocaría devastadores ataques de castigo, durante casi 30 años, contra los colonos. Galileo Galilei (De Galilea) era un investigador, posiblemente de origen judío, que sólo extraía conclusiones filosóficas a partir de resultados comprobados, lo que lo aproxima a Hume y al empirismo inglés. Se dedicó a la matemática aplicada, la física práctica y la astronomía. Sus investigaciones sobre la propulsión y la caida libre (o sea, eliminando cualquier tipo de rozamiento, incluso con el aire, lo que mostraba su exacta proporcionalidad, simplificando los razonamientos y cálulos) de los cuerpos sentaron las bases de la mecánica del movimiento. Tras conocer la invención del telescopio en Holanda, a partir de lupas para el análisis de la estructura de piedras preciosas, para su corte y pulido sin riesgo de rotura indeaseada, se construyó uno, con el que observó las irregularidades en la superficie de la Luna; que la Vía Láctea era un cúmulo de estrellas separadas; que Venus presentaba fases, como la Luna; que Júpiter tenía satélites y que sus órbitas, describían movimientos semejantes a los periodos de un péndulo (cruzando el diámetro mayor de dicho planeta, desapareciendo tras de él y volviendo a aparecer más tarde por el extremo opuesto) que también había investigado y establecido sus leyes matemáticas; que Saturno estaba rodeada de anillos; que el Sol tenía manchas (las visualizó utlizando como filtro un papel manchado de aceite) que cambiaban de forma, aparecían y desaparecían; que éste giraba sobre sí mismo, igual que la Tierra. Con todo lo cual confirmaba las tesis de Kopernic y de Kepler. Así que, en 1.616, fue condenado por la Iglesia Católica, por exponer la veracidad del heliocentrismo copernicano, y no como una mera hipótesis, como antes era tenida, prohibiéndosele enseñar tales doctrinas. Llegaron buques franceses a las Molucas.

Murió Ieiasu Tokugaua, el iniciador de una dinastía de chogún que, exceptuando los primeros años de persecución del cristianismo, y los últimos, de enfrentamientos respecto a la respuesta que debía darse a la amenaza estadounidense exigiendo el libre comercio ultramarino, reportó más de 260 años de paz y estabilidad, basadas en concepciones confucianistas, después de dos  siglos de guerras civiles. Para evitar ninguna perturbación a aquellas, el único puerto que tenía autorizado recibir mercancías europeas, Nagasaki, estaba sujeto a censura previa de los libros a los que se les permitiría entrar. La contrapartida que hubo que pagar por dichas paz y estabilidad fue la inmovilidad de los estamentos sociales, el tradicionalismo, el estancamiento en el desarrollo tecnológico y la debilidad económica, todo lo cual serían causas del propio fin del sistema, su derrota por las potencias extranjeras, que terminaron imponiendo, siquiera fuese parcialmente, el modo de pensamiento occidental. Los samurai, que tenían prohibido dedicarse a los denigrantes oficios del comercio o la artesanía, intentaban elevar su nivel de vida expoliando a los campesinos, cuya situación económica era miserable. La burguesía comercial, en cambio, continuó su proceso expansivo y acumulativo, de modo que terminaron imponiendo su punto de vista, que se retornase al libre comercio internacional. La oposición entre capital, guerreros y trabajo, entornos urbano y rural, llegó a ser tan exasperante que el sistema acabó reventando. La ocupación holandesa del Norte de Brasil empujaría a la población portuguesa hacia el interior de la selva amazónica. Pero, para que ello llegara a ser posible, fue necesario previamente la exploración y colonización de dicho territorio. Esta fue obra de los bandeirantes, “abanderados”, aunque también “bandoleros” o “bandidos”. Inicialmente eran colonos portugueses buscadores de metales preciosos, aunque también participaron en las bandeiras indios tupí. Para encontrar las zonas mineras interrogaban a los indios de la selva. Pero, si la respuesta no les satisfacía, los torturaban. Cualquier objeto de dichos metales que encontraban suponía tremendos sufrimientos para sus tribus. Al poco se convirtieron en depredadores de cualquier objeto de valor, no sólo de los indios, sino de los colonos, portugueses o españoles, que encontraran.

¿Por qué iban a hacer distingos? Sus expediciones suponían auténticas incursiones militares, aunque forajidas. Para aprovisionar a sus asentamientos mineros necesitaban promover una mínima colonización agrícola de su entorno. Para una y otra labor utilizaron esclavos indios. Así que se convirtieron en cazadores y comerciantes de esclavos de dicho origen. Inicialmente operaban desde Sao Paulo, donde la mayoría de su población, blanca o mestiza, se dedicó a la trata de esclavos para la plantaciones de Santos, Río de Janeiro y toda la costa Sur. Al estar dicha ciudad al final del Paraná, las expediciones paulistas siguieron el curso de esta magnífica red fluvial hasta las zonas selváticas del interior. Más tarde los bandeirantes se extenderían a Salvador, en Bahía, y a Recife, en Pernambuco. Durante los sesenta años que los imperios hispano-luso permanecieron unidos los bandeirantes gozaron de plena libertad de acción. Gracias a ello Portugal consiguió todo el dominio del inmenso Brasil, sobrepasando los límites del Tratado de Tordesillas. No sólo expulsaron a los españoles, tanto misioneros como colonos, de la Guaira, sino que, los del Norte, se adueñaron de los dominios que los castellanos habían hecho del delta y del valle inferior del Amazonas, incumpliendo el mismo Tratado. También lo hicieron los colonos portugueses, al establecerse cerca de la actual Belem do Pará, en el lado español de la línea de demarcación. El emperador Matías, que no tenía hijos, llegó a un pacto secreto, en 1.617 con Felipe IIIº de España, por el que éste heredaría la Alsacia, a cambio de renunciar a sus pretensiones sobre los reinos de Hungría y Bohemia en favor de Fernando de Estiria, primo del emperador y paladín de la contrarreforma. Cuando fue conocido, Francia se inquietó, ante lo que parecía un nuevo dogal hispano-alemán. Pero también, lógicamente, los protestantes alemanes, sobretodo sabiendo que los católicos preparaban un ataque contra el Palatinado y otros territorios protestantes.

Bohemia aceptó a Fernando de Estiria como sucesor al trono. Gustavo IIº Adolfo de Suecia continuó la política expansionista de su padre, consiguiendo Carelia e Ingria por la Paz de Stolbowa. Con ello Rusia se quedaba sin accesos al Báltico. La primera persecución formal contra los cristianos en Japón se había producido cuando Ieyasu Tokugaua tomó el poder y algunos daimi-o cristianos se le opusieron. Pero fue bajo su sucesor cuando se ejecutaron sentencias de muerte contra algunos misioneros, con un creciente rigor. Se les obligó a pisotear planchas de bronce que representaban imágenes cristianas. Los que se negaban fueron torturados hasta la muerte. Se calcula que así se llegó a los 30.000 mártires. Tras haber conseguido que se condenase por alta traición a su protector, el Conde de Essex, en 1.618, Francis Bacon fue nombrado gran canciller de Inglaterra. Una intriga palaciega, bien orquestada por el confesor del rey, provocó la caida del duque de Lerma, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, que se había enriquecido inmensamente especulando con terrenos y palacios con el doble traslado de la Corte a Valladolid (al parecer también pretendió con ello alejar al rey de su tía, María de Austria, monja de las descalzas reales de Madrid, que aconsejaba a su sobrino en contra de él) y retorno al Escorial. Comprendiendo lo que estaba en juego, el duque de Lerma pidió al Papa su consagración como Cardenal y se retiró a sus propiedades en Lerma, con lo que salvó su vida. No menos hábil fue su hijo, Cristóbal Gómez de Sandoval-Rojas y De la Cerda, marqués de Cea y de Denia, que el rey engrandecería como duque de Uceda, puesto que, al ver cómo se cerraba el cerco contra su padre, se puso en contra de él. La jugada fue de órdago, ya que, aunque con poderes más reducidos que su antecesor, consiguió la privanza real.

Cabe decir que hay historiadores que niegan las acusaciones contra el duque de Lerma, achacándolas a fabulaciones del confesor del rey y del Conde de Olivares, alentadas por la envidia de su especulación inmobilaria, que, aunque hoy consideremos plenamente legal, en una época pre-capitalista iba en contra de la estabilidad estamental.

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