1.321-El Renacimiento en Italia

Nada más acabarse la guerra contra Francia, en 1.297, Inglaterra se enfrascó en la conquista de Escocia, que se había rebelado contra su sometimiento feudal. Tampoco Francia se vio libre de problemas: la guerra en Flandes había tomado tintes nacionalistas, y prosiguió. Durante la guerra entre Francia e Inglaterra, Adolfo de Nassau cobró sobornos por ambas partes, a cambio de no intervenir a favor del rival de cada una. Todas sus ambiciones personales fueron utilizadas para que una asamblea de príncipes electores, celebrada en Maguncia en el 1.298, lo desposeyese, a favor de Alberto Habsburg. Lógicamente, eso conllevó una guerra, en la que éste salió victorioso. Prosiguió la política de su padre, especialmente la fiscal, para recuperar el poder del Imperio, pero se basó más en las ciudades, a las que suprimió los impuestos del Rhin. Quizás por esa nueva política los príncipes electores renanos se rebelaron, necesitando varias campañas para derrotarlos. Bonifacio VIIIº, que había apoyado a los príncipes electores por su temor a un poderoso Imperio Alemán, tras entrar en conflicto con Francia y comprender lo irreversible de la situación, se ofreció a coronarle emperador, a cambio del derecho papal a aprobar las elecciones imperiales. Con toda lógica, Alberto Iº se negó a ello. En el siglo XIIIº, las Cortes de Castilla, que se fusionarían con las de León, consolidando un reino único -lo que no ocurrió con las futuras uniones, hasta el Decreto de Nueva Planta, de Felipe Vº- incorporaron la representación de las principales ciudades, inicialmente como privilegio, y en compensación por determinadas concesiones al rey, generalmente pecuniarias. Este órgano asesor consiguió adicionar los derechos de petición, a influir en las decisiones políticas, como declaraciones de guerras o propuestas de paz, imposición de tributos, aprobación de leyes o determinar el orden sucesorio.

Frente a los gremios, independentistas, los ricos comerciantes flamencos eran pro-franceses, por lo que recibían el apoyo de los gobernadores impuestos por Francia. A la muerte de Andrés IIIº de Hungría se extingue la dinastía Arpad. En 1.299 Osmán Iº se proclamó sultán del Imperio Otomano, que iba a durar más de seis siglos. Hacia el 1.300, Safi al-Din fundó en Azerbaiyán una Orden sufí sunnita. En 1.301, Osmán conquistó Nicomedia, Nicea y hasta el mar de Mármara. El enfrentamiento social estalló durante la feria de Brujas, en el 1.302, aniquilando a la guarnición francesa. Francia reunió unos 50.000 hombres, contra 20.000 piqueros, picardos o pícaros flamencos. La pica o asta era una lanza larga, de unos tres metros, rematada en un vástago de un metro, de hierro, de forma que no pudieran partirlo con las espadas. Erizadas, impedían que la caballería pudiera saltar sobre ellas. Si eran más largas que las del enemigo, como les ocurría a las legiones romanas, o las largas lanzas de la falange macedonia, podían derrotarles sin permitir que se acercasen, y con pocas bajas. Los flamencos se situaron en Kortrijk, Courtrai para los franceses, una zona de canales. Se alinearon al otro lado de uno de ellos, y allí esperaron. Los franceses enviaron a sus ballesteros, que lanzaron sus saetas y glandes o bellotas de plomo o acero, capaces de perforar o abollar las armaduras, hasta herir a sus usuarios. Los flamencos resistieron en sus posiciones. Así que, mientras los ballesteros recargaban sus armas, los impacientes franceses enviaron su infantería, que quedó empantanada en el canal, sin poder abrir la línea de picas y obstruyendo la labor de los ballesteros, que, continuando persistentemente con sus disparos, habrían terminado aniquilando a los insurrectos, u obligándoles a cruzar el canal, empantanándose ellos, o a huir, dando la espalda, con lo que la caballería de línea, aristocrática, francesa, los habrían alanceados a placer. Pero ésta no podía comprender que un ejército inferior, de meros villanos, les estuviera deteniendo, por lo que se lanzaron a caballo. No les importó pisotear a sus propios ballesteros e infantería, que también estorbaban para su carga.

Los caballeros que caían al canal, o a las ciénagas, tal vez empujados por los que les seguían, o tropezando contra sus propias tropas de a pie, no podían levantarse, dado el peso de sus armaduras. Estaban acostumbrados a que se les pidiese la rendición, se les ayudara a levantarse y se les tratara bien para cobrar un rescate. Pero tenían enfrente un ejército fanático, acostumbrados a que no hubiese piedad para los villanos, desprovistos de armaduras, para los que la guerra era una matanza. Se tomaron como trofeo 700 espuelas de oro, por lo que se la conoce como Batalla de las Espuelas, lo que demuestra que una cifra similar de nobles pudo perder la vida, o, al menos, ser descabalgados de su montura. En Italia, la Paz de Caltabellotta reconoció a Fadrique (Federico) IIIº como rey de Sicilia, y a Carlos de Anjou, de Nápoles. El emperador bizantino, Andrónico IIº Paleólogo, pidió contratar como mercenarios a los almogávares. Jaime IIº  consideró que era una buena forma de desprenderse de ellos, así como frenar las posibles ambiciones de sus rivales, Carlos de Anjou y Venecia, haciendo ver que estaba dispuesto a apoyar al decadente Imperio bizantino, además de que debió de cobrar su “fichaje” correspondiente. Los envió al mando de Roger de Flor, que había sido expulsado de la Orden del Temple bajo la acusación de hacerse dueño de parte de sus tesoros, durante la defensa de San Juan de Acre, en la que actuó valientemente. Aniquilaron a los genoveses de Constantinopla, que imponían sus criterios al emperador, y conquistaron Filadelfia, Magnesia, Efeso y gran extensión de territorio a ejércitos turcos más numerosos. Florencia pretendía independizarse. Dante Alighieri tomó parte en tales enfrentamientos políticos, oponiéndose a las intromisiones del Papa. Cuando éste, con apoyo del emperador alemán, se alzó con el poder, lo desterró y condenó a muerte. Dante buscó refugio en la corte de los Scaliger de Verona, y, finalmente, en Rávena. Felipe IVº también trató de conseguir poder frente a la Iglesia.

Sus juristas defendían que el derecho real era más antiguo que el de los pontífices. Así que impuso tributos sobre los bienes eclesiásticos. Bonifacio VIIIº montó en cólera, publicó la Bula (así llamada por los sellos en plomo o de oro, pequeñas bolas o balas, que se calentaban y machacaban con el escudo papal, confirmando su autenticidad) Unam sanctam, basada en la teoría de las dos espadas (la civil o militar y la eclesiástica, cada una en su ámbito) por la que prohibía toda donación del clero al Estado. Ya antes había promulgado otra, Clericis laicos, por la que amenazaba con excomunión automática a quien impusiera tributos al clero sin permiso papal. Tras lanzar contra el Papa acusaciones de todo tipo de delitos, desde herejía y hechicería, de colgar sus imágenes en las iglesias para que las adorasen, hasta de haber asesinado a su predecesor, y, lo que era peor, llamar herejes a los franceses, intentar destruirlos o decir que prefería ser un perro a un francés, tratándole como si fuese un sacerdote extranjero y no el ancestral vicario de la cristiandad universal, en el 1.303, Felipe IVº convocó Estados Generales, es decir, a la generalidad de los estamentos, nobleza, clero y burguesía, que lo respaldó. Antes de que el Papa pudiese excomulgarlo, con el apoyo de los Colonna, enemigos del Pontífice, un destacamento lo apresó en su residencia de verano. Poco después fue liberado, pero para morir en breve plazo. Benedicto XIº, su sucesor, murió en 1.304, por lo que Felipe IVº presentó como candidato al arzobispo de Burdeos, que fue elegido como Clemente Vº, obligándole a residir en Aviñón, así como a sus sucesores, durante 70 años. Los almogávares realizaban grandes matanzas en sus batallas, puesto que, al contrario de lo que imponían las normas de caballería y nobleza en el combate, ante la huída de sus enemigos, los perseguían y degollaban. Como no utilizaban corazas, cotas de malla ni túnicas, sino una simple pelliza y calzas o faldas cortas, durante todo el año, era imposible escapar de ellos. Así que los turcos no volvieron a enfrentárseles.

En su lugar, desviaron contra ellos a los nuevos invasores alanos y escitas, a los que también derrotarían. Por todo ello el emperador bizantino nombró megaduque y césar del Imperio a Roger de Flor, le entregó en feudo todo el territorio que habían conquistado en Turquía, excepto las ciudades, y lo casó con su sobrina, hija del zar de Bulgaria. A Miguel IXº, hijo del emperador y asociado a éste en el Gobierno, le parecieron excesivas concesiones, que ponían en riesgo su herencia. Esta historia, muy fantaseada, es la base de Tirant Lo Blanc, Tirante “El Blanco”, aunque suponiendo que la heredera del trono, comprendiendo que a una mujer, en la situación catastrófica en que se encontraban, no la iban a permitir conrolar el poder, le pide que la deje embarazada. Los nobles, que tenían otras perspectivas, acaban entonces con ellos y con el nasciturus. Surgen entonces la venganza de los españoles y la emperatriz, comprendiendo lo viejo del emperador, que o podría controlar ni a los nobles ni a los turcos, trama con el lugarteniente de Tirante, el que ha dirigido la venganza, asesinar al emperador, casarse con él y nombrarlo emperador. A la muerte de ella se casa con la hija de ésta, legitimando su corona, y estableciendo una nueva dinastía que dio muchos años de estabilidad y supervivencia al decadente imperio. Todo ello narrado con un sorprendente realismo, a pesar de lo novelado de la hstoria, que se adelantaba en casi siete siglos a dicho movimiento literario, hasta incluso a la literatura propiamente pornográfica. En realidad, en 1.305, durante un banquete, el coemperador asesinó a un centenar de jefes almogávares. Temiendo la reacción de éstos les atacó, pero fue sucesivamente derrotado. De forma que los almogávares se quedaron con los ducados de Atenas y Neopatria, arrasando desde Tracia hasta Macedonia, en lo que se conoce como “venganza catalana”.

Sabiendo que un rey de Aragón había llegado a enfrentarse hasta con el Papa por defender sus feudos en Francia, enfeudaron dichos ducados a Jaime IIº. Aunque éste no les ofreció ninguna ayuda, durante siglos los reyes españoles continuaron luciendo tales títulos, mucho más tarde de la conquista por los turcos de tales territorios. A estos unirían el de rey de Jerusalem, dignidad absolutamente desprovista de sentido, que debieron comprar en algún momento a algún poseedor anterior. Los Reyes Católicos hacían alarde del mismo, tal vez para justificar su cristiandad, su ecumenicidad, aunque se estaban enfrentando con el Papa, aliado de los franceses, en Italia. En el 1.306 fue asesinado el rey de Bohemia. Alberto Iº de Alemania (y de Austria) lo consideró feudo vacante y se lo otorgó a su hijo Rodolfo. Sin embargo éste murió repentinamente un año después, heredando el trono Enrique de Carintia, yerno de Wenceslao IIº. En 1.307 Eduardo IIº sucedió a su padre. Se demostró un rey corrupto. Los magnates, encabezados por Thomas de Lancaster, se rebelaron contra el favorito real, Piers Gavesto, de Gascuña. Para defenderlo, quizás contando con no cumplir lo acordado, cedió a las reclamaciones (ordinances) de los rebeldes, que privaban al rey de parte de sus poderes. Así que se encargó la reforma del reino a 21 Lords ordainers: 8 condes, 6 barones y 7 obispos. Sin embargo surgió una escisión entre los rebeldes, encabezados por el conde (Earl) de Pembroke, que proponía imponer las ordinances en consenso con el rey. Quizás con la intención de que no pudiera volverse atrás seguidamente. Felipe IVº de Francia necesitaba mucho más dinero, entre otras cosas para pagar sus deudas a los poderosos Caballeros Pobres de Cristo y del Templo de Salomón, una orden hospitalaria, que combatió heroicamente en las Cruzadas, recibiendo inmensas donaciones, quizás de quienes no se sentían con fuerzas de cumplir el mandato papal de luchar por los Santos Lugares. El rollo de cobre es un documento encontrado en las cuevas de las torrenteras de Kunram, a orillas del Mar Muerto. Es un metal muy resistente a la corrosión, duradero. Al enrollarlo, si se intenta desplegar, sin métodos hábiles, sin darle calor adecuadamente, por igual, se parte, dificultando la lectura de las inscripciones, las letras grabadas, en alfabeto hebreo. E igual ocurría si se golpeaba para desenrollarlo. Es decir: era una especie de precinto.

Contenía una columna de nombres y dos de cifras. Había al menos dos copias de él. Muchos nombres corresponden a los de calles de la antigua Jerusalem, según los documentos y tradiciones judías, aunque de otros se desconoce qué indicaban, incluso qué significaban. Aunque modernamente se han reinstaurado tales nombres, no coinciden con la situación real, que se desconoce, de las antiguas calles, sino que fueron asignados arbitrariamente bajo el dominio británico, tal vez a partir de los nombres árabes que les resultaban parecidos, o en las cercanías de los Santos Lugares o del presunto camino del Monte Calvario, en griego Golgota, Calavera, bien por sus piedras redondeadas, por ser yermo o porque era redondeado y había en él dos cuevas que parecían cuencas oculares. Puede ser que las cifras fueran los números de las casas de cada calle y el peso en oro, correspondiente al tesoro del templo, que, ante la conquista de Roma, pudieron desperdigar por la ciudad, por ejemplo en casas de rabinos, miembros del Sanedrim, fariseos, celotes o zelotes, fanáticos religiosos, en los que cupiese confiar. Quizás parte de la fortuna de los templarios fuera realmente el tesoro del templo de Jerusalem, que lograron descubrir. O que les entregasen los propios judios conocedores del secreto, antes de que cayeran en manos mahometanas. O para financiar el mantenimiento de la independencia de dicha ciudad. Los templarios no podían ser controlados por los obispos, tenían sus propias fortalezas y eran un poder autónomo, dentro del Estado y dentro de la Iglesia. En parte eran una organización secreta, y, según se cree, tenían conocimientos de medicina adquiridos de judíos y árabes en Palestina, con los que atendían a los peregrinos, incluso a los leprosos y apestados. Lo que les daba fama de envenenadores. También habían aprendido de los judíos las técnicas prestamistas y aumentaban sus riquezas practicándolas, a salvo de persecuciones y levantamientos populares contra ellos. Se convirtieron en el centro financiero europeo. Y Felipe IVº, además de dinero, pretendía el poder absoluto, sin exclusiones. Si había sometido al Papado, también podía someter al Temple. No tenía forma de pagar la inmensa suma que les debía. Aunque sacaba dinero a su antojo a prestamistas judíos e italianos, sin pensar en devolvérselo, con los templarios no era igual, porque contaban con un gran ejército. Además podían poner de su parte a otras instituciones eclesiásticas, anulando o limitando el poder conseguido al someter al Papado.

Se supone que la disolución del Temple fue el precio de Clemente Vº para comprar el apoyo que le valdría la tiara. Es decir, los votos de los cardenales franceses. Igual que la exigencia de que residiese en Aviñón, la garantía de Felipe IVº de que iba a pagar tal precio, si valoraba su vida. Así que ambos llamaron al Gran Maestre de la Orden, que residía en Chipre, para tratar de una nueva Cruzada. No le dijeron que esa “cruzada” sería contra su Orden. En un solo día apresaron a todos los templarios que pudieron, sometiéndolos a tortura hasta que confesaran ¿Qué tenían que confesar? ¿Dónde escondían el oro? ¿Que eran herejes y brujos? Sólo en París murieron 36 sin hacerlo. Pero otros, entre ellos el Gran Maestre, no mostraron tal resistencia: admitieron todo lo que les acusaron. Juan de Monte Corvino, el primer misionero europeo en la India y China, fue nombrado primer arzobispo de Pekín por el Papa Nicolás IVº. Alberto Iº fue asesinado en el 1.308 por su sobrino Juan de Suabia. Felipe IVº de Francia se creyó con poder suficiente para presentar candidato a heredarlo a su hermano Carlos, conde de Valois. Entre otros motivos porque en su reino, en Aviñón, residía la corte pontificia, a la que controlaba. Sin embargo los príncipes electores continuaron con su política de designar a candidatos menos poderosos, decantándose por Enrique VIIº, duque de Luxemburg, y hermano del arzobispo de Tréveris. Simultáneamente depusieron al rey de Bohemia. Contra todo pronóstico Enrique VIIº contó con el reconocimiento de Clemente Vº, que le prometió coronarlo emperador. La primera medida de éste fue devolver a los príncipes electores renanos las tierras y rentas que habían perdido, por su anterior rebelión contra Alberto Iº. Nombró rey de Bohemia a su hijo Juan, que estaba casado con una hija de Wenceslao IIº. Con el apoyo del Papa la corona húngara pasó a Carlos Roberto de Anjou. Ese año murió el franciscano fray Juan Duns Scoto, que fue profesor en Oxford y en París. Se opuso a las explicaciones tomistas sobre Aristóteles.

Mantenía que la decisión libre del ser humano trascendía a la razón. Con ello propugnaba el individualismo y el libre pensamiento, y se anticipaba al lutheranismo, al liberalismo, y a las modernas corrientes filosóficas. Los distintos reinos de Java decayeron, en beneficio de Malaca, que antes había sido ocupada por ellos, igual que Sumatra. Así se quedó con sus rutas comerciales, que incluían las excelentes relaciones de Sumatra con Africa oriental, y las rutas del oro etíope, sudanés y sudafricano. En 1.310, contando con el apoyo de las ciudades gibelinas, e incluso de algunos jefes güelfos, Enrique VIIº inició una campaña en Italia, coronándose en Milán, donde apoyó a los Visconti contra sus oponentes, como rey de Lombardía. Tanto Dante Alighieri, como Génova y Pisa le recibieron calurosamente. Brescia, en cambio, debió ser asediada y derrotada. En el 1.312 fue coronado emperador en el Laterano, puesto que la basílica de San Pedro estaba ocupada por tropas del rey de Nápoles. Sin embargo Florencia ofreció una dura resistencia. Los Estados Generales franceses aprobaron la Ley de Varones, que excluía al trono la línea femenina. Con ello se impedía que Isabel, la reina madre inglesa (y su amante Mortimer) pudiese reinar en Francia, tanto como las descendientes de Felipe IVº ni de su hermano, que tampoco tenía herederos directos varones. Más tarde se justificó en leyes de los francos salios que prohibían a las mujeres heredar tierras, que se consideraban propiedad militar, por lo que se la conoce como ley sálica. Tales leyes refieren, entre otras cosas, que la mujer que abandone a su marido debe ser enterrada viva en barro. A la muerte de Fernando IVº heredó el trono su hijo Alfonso XIº. Durante su minoría de edad volvió a asumir la regencia su abuela, María de Molina. Por entonces las ciudades hispanas también habían alcanzado un importante desarrollo. En Aragón, los puertos de Barcelona y Valencia, debido al comercio de textiles (particular relevancia, en éste, tenía la seda, artículo de lujo que había sido, durante siglos, casi monopolio mahometano) hacia Italia, con cuyas ciudades-repúblicas competían en comercio, navegación e industria textil, tanto como con Francia, todo lo cual formaría el escenario de más de dos siglos de guerra, y hacia el Norte de Africa. En Castilla eran Burgos, el mayor mercado del reino, y los puertos de Bilbao y Sevilla.

El desarrollo del Norte estaba directamente influenciado por la exportación de la lana, controlada por el Honrado Concejo de La Mesta, que, a su vez, dominaban las Ordenes religioso-militares. Más de dos millones de ovejas trashumaban por las cañadas castellanas, buscando los pastos adecuados a cada época del año. La Mesta tenía el dominio de prácticamente todo el mercado europeo de la lana. Lo cual, bien administrado, hubiese permitido imponer sus precios a la pañería, y estimular la industrialización de Castilla. Pero no fue así. En cambio sí pudieron controlar la mayor fuente impositiva de los reyes castellanos, lo que utilizaron en beneficio de la aristocracia, principal propietaria ganadera, en detrimento de la evolución social española. Tras pactar con Federico IIIº de Sicilia contra Nápoles, el emperador Juan, en el 1.313 falleció repentinamente. Los príncipes electores designaron a dos candidatos, Luis de Baviera y Federico de Austria, hijo de Alberto Iº. El resultado no podía ser otro que una nueva guerra civil. Juan XXIIº exigía no sólo la confirmación papal a dicha elección imperial, sino participar directamente en ellas con derecho a voto, y el dominio sobre toda Italia, puesto que consideraba que la corona imperial estaba vacante, y sólo el Papa podía, en tal caso, disponer de ella, mientras no la cediese a alguien más digno de ceñirla. Como Luís no le hizo el menor caso, se alió con sus oponentes. En 1.314, Eduardo IIº fue derrotado por Escocia, que recobró su independencia, consolidando su sentimiento nacionalista. Los templarios que confesaron no salvaron su vida: tras castigarlos humillantemente se les obligó a repetir reiteradamente sus confesiones, durante cinco años, para, al final, quemarlos vivos, el 19 de marzo. El Gran Maestre, casi septuagenario, aprovechó sus últimos minutos para negar públicamente todo lo que había confesado. Un relato cuenta que emplazó al Papa y al rey de Francia a comparecer ante la Justicia Divina antes de terminar el año: el primero murió al mes siguiente, el 20 de abril y el segundo el 20 de octubre, seis meses después que el anterior.

La Iglesia y los distintos Estados se repartieron sus posesiones, por lo que todos ellos se avalanzaron a conquistar sus fortalezas y acabar de inmediato con su poder militar, ejecutar su disolución, y se creó el antecedente para perseguir la brujería, si bien éste ya se había producido en Roma. A una racha de envenenamientos de patricios se culpó a las hechiceras que se hacinaban en las cloacas abandonadas, en desuso, a las que denominaban catacumbas, deformación del griego katekúmene, o lugar donde se celebraban los rituales de iniciación a la magia, semejante al vascuence akelarre. A nadie se les ocurrió culpar a las esposas de los envenenados, las principales beneficiarias, aunque hubiesen utilizado venenos fabricados por las curanderas, que no eran más que viudas o solteronas paupérrimas, que no tenían derecho a la propiedad ni hijos varones que pudieran sostenerlas. Se las torturó pero no “quisieron” confesar. Se las amenazó con matarlas y dijeron que no tenían otra esperanza que la muerte. Así que se las condenó a ser crucificadas o quemadas vivas. Junto con la persecución de los esclavos rebeldes de la tercera guerra de los esclavos, la encabezada por Espartaco, así como la guerra contra la rebelión de los Macabeos y la persecución de los nasreos o esenios, constituyen el antecedente de la persecución de los judíos y cristianos. Y, posteriormente, de herejes y brujas. En el 1.315 los Habsburg intentaron disolver la Confederación de los tres cantones suizos, que luchaban por su independencia, a los que Enrique VIIº había prometido su libertad respecto del Imperio. Estos derrotaron, en el castillo del monte Morgarten, a Leopoldo Iº de Austria, hermano de Federico, mientras que éste fue apresado por Luis IVº de Baviera, con el apoyo del rey de Bohemia, Juan de Luxemburg. Tras tal victoria, el Papa le instó a renunciar a la corona, ya que, sin su confirmación, consideraba que disponía de ella de modo ilegítimo. Como, comprensiblemente, Luis IVº no le hizo el menor caso, le excomulgó, anulando el juramento de fidelidad de todos sus súbditos. Luis IVº reaccionó acusando al Papa de hereje, por haber rechazado la doctrina franciscana de pobreza, así como de abuso de su dignidad, en todo lo cual concitó el apoyo del sector más radical de los franciscanos. En 1.318 Magdus Ladulas fue depuesto por la nobleza sueca, por haber asesinado a sus hermanos.

Entregaron la corona de Suecia al sobrino del rey anterior, Magnus VIIº Eriksson, que ya era rey de Noruega por herencia materna. La desaparición de Tollan (“La ciudad de los juncos”) o Tula, capital de los toltecas, produjo un inmenso caos. Durante él una serie de pueblos que se designaban colectivamente como chichimecas (“de la raza del perro”, no se sabe si como animal totémico, hipótesis no confirmada por las representaciones plásticas, o porque se alimentaban de ellos, al menos en los tiempos de escasez de caza y malas cosechas) y que, a los ojos de los toltecas, eran bárbaros, penetraron desde el Norte, atraídos por las riquezas, especialmente el oro, y la fertilidad del suelo. Se afincaron en el lago Texcoco, donde construyeron la ciudad de dicho nombre y Tenayuca, en la orilla opuesta. Eran de lengua nájuatl, y sólo durante un corto espacio de tiempo, quizás durante la invasión de los nuevos territorios, estuvieron unificados bajo la jefatura de Xolotl. Su densa red de canales (Méjico se conoció como la Venecia del Nuevo Mundo; desecado por los conquistadores, hoy sólo queda el vestigio de los jardines flotantes de Xochimilco; en realidad había canales por todo su dominio, especialmente en el Yucatán; también los hubo en Venezuela, a lo que debe tal nombre: “Pequeña Venecia”) permitían dos cosechas anuales. Entre ellos estaban los michtecas (aztecas) los últimos en llegar. Al parecer provenían del desierto, lo que podría explicar su carácter sufrido (semejante explicación podría darse a los judíos, los habitantes de Yudá o Yudea) y su crueldad, que los convertían en temibles guerreros. Así como su escasa población. Tras recorrer muchas zonas fueron expulsados de todas. Según la “Historia de los reinos de Colhuacán y México”, el año “8 conejo” se inició México-Tenochtitlán, en Chapultepec (“La colina de la langosta”) en medio del lago Texcoco, aunque ya antes los mexitin (aztecas) habían construido allí unas pocas cabañas. Sólo encontraron refugio en un pequeño y estéril islote en el centro del lago, por el que nadie había demostrado interés.

Allí era fácil la defensa (quizás este fuera el motivo de su desecación, tras la dificultad que los españoles encontraron en reconquistarlo tras su huida en “La noche triste”) y estaba asegurado el suministro de agua. La leyenda explica la elección en que encontraron el símbolo de un águila comiéndose una serpiente (¿una serpiente “emplumada”, el dios tolteca?) sobre una chumbera, sobre un picacho rodeado de agua. El problema era la comida, cuando agotaron la escasa caza, aunque la pesca era abundante, así como las huevas de los gusanos de agua y las aves que llegaban al islote. Lo solucionaron mediante un ingenioso sistema de siembra sobre esteras flotantes de mimbres y césped del lago, sobre las que extendían tierra y estiércol. Es posible que el inicio de este método de cultivo fuesen plataformas para atraer a las aves para su caza, cuando el crecimiento demográfico no dejó espacios de tranquilidad para que éstas se posaran en el islote. Así obtenían tomates, habichuelas, chícharos, frijoles, calabazas y otras muchas hortalizas. Recuérdese que más de la mitad de las plantas domésticas comestibles fueron seleccionadas artificialmente por los indios americanos, durante la revolución neolítica, hace entre 10.000 y 8.000 años, tras la última glaciación. No necesitaban regar dichas balsas o almadías, ni casi trabajarlas, ya que el sustrato permitía su fácil abosorción de agua y oreo, y su aislamiento las protegía de la invasión de plagas y malas hierbas, que, además, dado dicho sustrato, se arrancaban con gran facilidad y sevir de forraje para el ganado. Así, con un mínimo esfuerzo que alentaba la holgazanería y las depredaciones sobre los vecinos del lago, conseguían alimentos para cien familias con sólo 86 Ha. de chinampas o cultivos flotantes, mientras que en las regiones fértiles mesoamericanas, como Oaxaca o Guatemala, precisaban 650 Ha. de tierra, y 1.200 en el resto de zonas, menos fértiles. De modo que los aztecas pasaron, en poco tiempo, a convertirse en un verdadero problema y una potencia demográfica respecto de su entorno. En 1.320 fue coronado Cristóbal IIº como rey de Dinamarca, que estaba en plena bancarrota, por culpa de su antecesor, Erik VIIIº Menved. Los nobles seguían con su actitud rebelde, llegando a obligarle a que les reconociera el derecho de elección, a imitación de lo que ocurría en Alemania, y el de deposición.

Ladislao Iº Likietek consiguió unir casi todos los principados y ducados dispersos en un reino polaco, aún distante del mar. A imitación de lo ocurrido con la unión del gran Norte, de Noruega y Suecia, los eslavos pretendieron la unificación en un sólo reino. Tal fue la intención de los Anjou de Hungría, los Luxemburg de Bohemia, los Jagellón de Polonia y los Habsburg. El origen de ello puede estar en la prolongada inmigración de alemanes, provenientes de la región entre el Sena y el Rhin, parte de la primitiva Lotaringia, que rechazaban el incipiente sentimiento nacionalista francés. Un rápido aumento del número y extensión de las rebeliones en China pusieron en peligro el dominio mongol. El emperador Yen-tsung había impulsado la cultura china. Tras él se sucedieron cuatro emperadores, doce años de continuas y sangrientas intrigas palaciegas, basadas en los distintos partidos aristocráticos. Después haberse adueñado de inmensas propiedades, los mongoles entraban en competencia entre ellos, la única forma de conseguir más poder y más dominios. Tras cuatro años de guerra, Gasi Malik se proclamó sultán de Deli, como Guiyas-ud-din Tugluk, y reconquistó el Norte de la India. En 1.321 murió Dante Alighieri. En su juventud escribió Vita Nuova, en la que aparece, bajo una forma mística y visionaria, Beatriz, su amor de juventud, muerta a los 24 años, que él había conocido con sólo 4 años, cuando él tenía nueve. También escribió Il Canzoniere, conjunto de poesías de contenido erótico, filosófico y satírico, bajo el denominador de admiración a toda forma de belleza: es el inicio del renacimiento, el retorno a la visión clásica que la Edad Media había desplazado. En el Convivio, una obra filosófica, sorprendentemente en italiano, en la que, imitando “El banquete” de Platón, se opone a la visión tomista del aristotelismo, hay otra visión superadora del medievo. En Monarchia sostiene que el poder civil y el eclesiástico deben estar separados y considerarse de igual rango.

Poco antes de morir concluyó su “Divina Comedia”, en la que Virgilio, el poeta romano, que personifica el destino y la visión de Occidente, y Beatriz, simbolizando el influjo divino, algo así como Doña Inés para Don Juan Tenorio, le enseñan, estando ambos muertos, la vida de ultratumba. Eduardo IIº continuó delegando en favoritos. El descontento creció, unido a la sensación de fracaso del rey por la derrota ante Escocia. Thomas de Lancaster volvió a rebelarse, pero, en 1.322, fue derrotado y ajusticiado, revocándose las ordinances.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s