0907-La divulgación cultural china: las primeras grandes enciclopedias impresas en grandes tiradas

Fue un error, porque Moravia servía de tapón contra éstos, que, desde entonces, atacarían sin impedimento germania e Italia. Sin encontrar protección en nadie, el Papa Formoso intentó la alianza de Arnulfo de Carintia, coronándolo en el 896 como emperador. El centro de gravedad europeo se había vuelto a desplazar hacia el Norte, a Centroeuropa. A partir de entonces los Papas eran designados por la nobleza italiana. Incluso hubo tres mujeres que jugaron un papel decisivo en tales nombramientos: Teodora, esposa del senador romano Teofilacto, y sus dos hijas, Marozia y Teodora “La Joven”. En Alemania fue elegido rey Konrad o Conrado Iº, duque de Franconia, que se vio obligado a luchar contra los demás nobles. Sólo recibió el apoyo de la Iglesia, temerosa de la depredación de la aristocracia. En el 898, a la muerte de Odón, se reinstauró la dinastía carolingia en Francia, coronando como rey a Carlos “El Simple”, hijo de Luis “El Tartamudo” y nieto de Carlos “El Calvo”. La debilidad del reino franco animó a muchos condes de la Marca Hispánica a proclamarse independientes.

Entre ellos el conde de Barcelona, Wilfredo, apodado “El Velloso”, el último designado por un rey franco, que nunca había reconocido a Odón como monarca legítimo, ni recibido la ayuda de éste para la defensa de los ataques andalusíes. Al parecer era nieto de Belló, conde de Carcasona, perteneciente a la nobleza visigoda emigrada a Narbona, partidaria del rey Ardón. Con ello se inició la llamada dinastía bellónida en el condado de Barcelona, que pasó de ser cargo regio a título hereditario. Los normandos, que reiteraban constantemente sus ataques, no pudieron ser expulsados de la cuenca del Sena. Sin embargo eran conscientes de que no se les permitiría permanecer allí, debido a su ensañamiento con los cristianos y la destrucción de conventos. Así que a Hrolf [1] se le ocurrió bautizarse con el nombre germánico de Roberto [2]. Con ello los normandos quedaron firmemente asentados en Francia. De inmediato asimilaron su nueva situación, abandonando los saqueos de lo que ya era suyo, y se acomodaron como huestes y aristocracia feudal, no comportándose de modo muy diferente al de los demás señores con sus vasallos.

La cultura más antigua de la que los conquistadores y misioneros españoles conseguirían información verbal, recuerdos y relatos, más o menos legendarios, fue la tolteca. Se denomina como tal la que tenía como base la mítica ciudad de Tula o “De los juncos”. Se inicia tras su invasión de la altiplanicie mechicana, mandados por Michcoatl o “Serpiente de Nubes”, según tales relatos, aunque los investigadores actuales suponen que ya sus antepasados habían contribuido a la decadencia de Teotijuacán. El carácter despótico de sus caudillos, sus destructivos dioses tribales, y el hallazgo de fósiles de mastodontes, les llevó a una visión cosmogónica cíclica, según la cual los dioses creaban y destruían mundos, habiendo sido el hombre creado para reinar sobre el quinto de ellos, tras cuatro destrucciones o aniquilamientos anteriores. Sus esculturas reflejan atlantes, de varios metros de altura, y ornamentan sus templos con relieves de calaveras, de tamaño superior al normal, jaguares y águilas devorando corazones y cuerpos.

Su quinto rey sacerdote, según tales relatos, ce acatl Topilzin, se añadió el nombre de Quetzalcoatl, “La Serpiente con plumas” [3], la antigua divinidad mechica. Debió enfrentarse a su rival Tezcatlipoca [4], “El Espejo Humeante”, personaje histórico de otro grupo chichimeca, que lo derrotó, obligándolo a huir con sus partidarios, hacia el Yucatán. Dicha lucha entre dioses, que llegarían a ser de los más importantes de los mechicas, se convirtió en la explicación filosófico-religiosa de los futuros constantes enfrentamientos entre caudillos rivales. Y en la expresión del dualismo religioso americano, pues, mientras al primero le repugnaban los sacrificios humanos, el segundo ansiaba la sangre. Tales enfrentamientos, junto con periodos de malas cosechas, conllevaron el hundimiento de la cultura tolteca. En el 904 los mahometanos se hicieron con Tesalónica, el más importante centro comercial y cultural bizantino. El periodo de anarquía por el que pasaba China casi aniquiló a la nobleza agraria. Tomó fuerza una ascendente clase media de comerciantes y propietarios de grandes talleres artesanales. Parecerían unas condiciones pre-capitalistas que hacen incomprensible, si no se profundiza más, por qué no se produjo el salto hacia el liberalismo.

En el 907, Chu Ch’uan-chung, antes partidario de Juang Ch’ao, se coronó emperador, iniciando la dinastía Liang. Sin embargo, con ello, no se restauró la integridad imperial, que permaneció escindida en diversos reinos. Los tibetanos extendieron el uso del té, como condimento de una especie de gofio o puré de harina de arroz, con sal y pimienta. Sin embargo ya eran conocidos sus efectos estimulantes, energéticos e insomnes, por lo que dicho preparado alimenticio se hizo habitual entre los monjes y en el ejército, una especie de arma secreta, como lo serían la coca, el café, el cacao, el ron [5], las galletas con proteínas de huevo [6], la heroína [7], o la Coca-Cola, que, en su origen, aunque se recomendaba para deshabituar a los alcohólicos, tenía cocaína, posteriormente sustituida por cafeína. En poco tiempo el té se convirtió en uno de los principales artículos de comercio e incluso de exportación. El intento estatal de monopolizar su producción y distribución fracasó, dada la fuerza de los grandes comerciantes, que lo acapararon, aunque siempre se precisó licencia imperial.

Lo mismo ocurrió con la porcelana, que se producía, en su mayor parte, para la Corte, por lo que, durante siglos, estuvo sometida a control estatal, entre otras razones para mantener su monopolio, aunque no se consiguió evitar que los persas la imitasen. Desde la Corte se reexpedía, fundamentalmente como obsequio a Estados extranjeros, como medida diplomática y demostración de poder, tecnología y riqueza. Se descubrió la porcelana pura, lo que los franceses llamarían biscuit, o bizcocho, por su porosidad, si no se vitrifica, y cuya materia prima conocemos como caolín, deformación del lugar en que se extraía, originalmente, en Kauling o Kao-lín, donde se fundaron los famosos monasterios de la secta buddista, habitados por los monjes-luchadores, expertos en un estilo de kung-fu creado por ellos para su defensa, dadas las riquezas que poseían, fruto de la apetencia internacional por la porcelana china. Sin embargo, nada de ello, como tampoco ocurrió con la seda, la impresión de libros, el papel-moneda, o la actividad financiera, produjo una auténtica burguesía.

En parte por el control estatal sobre las actividades más productivas del comercio, por la pertenencia o vinculación de los grandes comerciantes con la Corte o las inmensas familias imperiales y cortesanas, a causa de lo que denominamos poligamia [8] y del extendido sistema del concubinato, y porque las ciudades no pasaron nunca a ser centro de poder burgués, como sucedería en Europa, especial y primeramente en las repúblicas italianas y Londres. Las ciudades chinas no eran centros comerciales o artesanos, productivos, sino administrativos, funcionariales, lo que mermó su actividad e iniciativa progresista. Las clases medias, aprovechando las buenas vías de comunicación, actuaban de forma dispersa, lo que impidió su proliferación, pero, sobre todo, su afincamiento urbano, en barrios exclusivos, que pudiesen acumular poder, agruparse en gremios, de tipo europeo, compitiendo y disputando la primacía a la aristocracia o al inmenso funcionariado. El buddismo “zen”, de siempre una secta meditativa, se fue haciendo cada vez más contrario al ritualismo y a los dogmas, centrándose en la salvación individual.

Entre los pintores se hizo frecuente la reiteración de la escena en la que un patriarca rompe los rollos de escritos religiosos, y se calienta con una hoguera con tallas de Budda hechas astillas. Los libros impresos dejaron de ser exclusivamente textos buddistas. Se imprimieron enciclopedias, destinadas a los más ilustrados, especialmente a los funcionarios, así como antologías literarias y filosóficas. Además, sus grandes tiradas permitieron el abaratamiento de sus precios, consiguiendo la expansión de los conocimientos, hasta llegar a capas burguesas. El año 909 es la última fecha reflejada, como final de un ciclo maya de 7.200 días, en escritura jeroglífica en una pequeña joya de jade. Es la última noticia sobre dicha cultura, la más intelectual del Continente, que desaparece. El pueblo que la sustentó abandonó sus tierras, sus canales y sus magníficas ciudades, que fueron reconquistados por la selva pluvial. No se han encontrado vestigios de guerras, como incendios, armas o cadáveres desperdigados. Tampoco de epidemias, que, igualmente, hubiesen dejado enterramientos de emergencia.

Ni de que sus príncipes-sacerdotes hubiesen ordenado la emigración, tal vez atendiendo a profecías o mandatos divinos, puesto que, en todo caso, los supervivientes, los emigrados, los derrotados o los triunfadores, habrían dejado constancia de un suceso tan significativo en sus inscripciones epigráficas. En Tula, que los toltecas llamaban Tollan, a 1.200 kmtrs. de distancias, sí hay pruebas de una gran emigración mechica, que confirman los relatos recogidos por los españoles. Es un hecho que el suelo subtropical se agota rápidamente. En realidad, contra lo que se supone, las selvas y bosques son suelos muy poco fértiles. Precisamente por ello han persistido vírgenes hasta la fecha, pues, en otro caso, habrían sido talados y roturados para la agricultura permanente. El último fracaso de este tipo lo “cosechó” Jrushev, con su plan de puesta en explotación de las tierras vírgenes, uno de los motivos por los que sería destituido. Si el bosque, la selva, nos parece fértil es porque, tras milenios reiterativos, la hojarasca, las ramas, los frutos y los troncos se han reciclado, con el concurso de bacterias, hongos, escarabajos y roedores, volviendo a refertilizar el mismo suelo del que procedían.

En cambio, las explotaciones agrarias o forestales, al segar, talar, extraer la madera, la leña, recolectar los frutos o quemar la hojarasca o los rastrojos, van debilitando reiteradamente dicha fertilidad, que debe ser sustituida mediante el descanso, el barbecho, los cultivos alternos, especialmente los nitrificantes, o el abono pecuario o artificial, sin los cuales el terreno se desertiza. Aunque, si hay suficientes precipitaciones o recursos hídricos, la vegetación, tras varios decenios, termina reconquistando lo que le perteneció. El único vestigio de un levantamiento popular se encontró en el interior de una pirámide en Tikal: en una estela, bien conservada en el resto, inaccesible tras el abandono de la población, la cabeza de un dignatario aparece destruida.

Quizás se produjese una concatenación de hechos: agotamiento de la fertilidad del suelo, periodos sucesivos de adversa climatología, malas cosechas, hambre, epidemias, ataques enemigos, descreimiento en los dioses como protectores de la comunidad y en el sacerdocio que lo representa, que domina la población, desestructuración social, abandono del mantenimiento de los canales de riego y navegación, orden de emigración dictada por las autoridades, levantamiento o desobediencia popular. Tal desestructuración social explicaría el final de la cultura, la discontinuidad en el relato de los acontecimientos por los supervivientes emigrados. En el 912, el anciano emir Abd-al-Laj, bajo cuyo mando la insurrección se había generalizado, el muladí [9] Omar ben Jafsun creó un efímero y troglodita reino cristiano-árabe-marroquí en Andalucía, y la familia Banu Kasi, que también gobernaba en Toledo, la independencia de Aragón respecto de Córdoba -lo que aprovecharon León y los condados catalanes para llevar las fronteras hasta el Duero, Navarra y Tarragona- fue relevado por su nieto, Abd-al-Rajman IIIº. En el 913 fue coronado emperador de Oriente el hijo de León, Constantino VIIº, aún menor de edad.


[1] En inglés Rolf, en francés Rollin, castellanizado como Rollón.

[2] Robert, “El Señor Rojo” o “El que será noble”.

[3] Quizás relacionado con el descubrimiento de algún fósil de algún ave primitiva, aún no evolucionada respecto de los reptiles.

[4] Más tarde convertido en dios tribal.

[5] Durante la Guerra de Cuba, contra los españoles, la que los estadounidenses denominan Guerra Hispanoamericana, estos lo llevaban en sus cantimploras, dado que, al ser transparente, en su variedad incolora, lo hacían pasar por agua, siempre que no diese el olor, o, para evitarlo, mezclarlo con Coca-Cola, recomendada por los médicos para evitar o prevenir el alcoholismo, y, al ingerirlo, gritaban “¡por Cuba libre!”

[6] Que alimentaban sin enmohecer ni ponerse rancias.

[7] Así denominada porque, con ella, cualquier soldado podía ser un héroe, enfrentarse a la muerte sin temor, temerariamente, sin sentir dolor, andar kilómetros, de día o de noche, con calor o con frío, bajo el sol, la nieve o la lluvia, sin comer ni beber, y entrar de inmediato en combate, hasta caer agotados. Aunque más tarde se descubrió que también se hacía difícil hacerles obedecer.

[8] En realidad deberíamos denominarlo poliginia: muchas o varias mujeres, no muchos o varios sexos. Puesto que a las mujeres se le imponía la monoandria forzosa.

[9] “Hombre latino”, “ladino”, es decir, cristiano. Generalmente latino o romance-parlante.

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