1.862: Otto von Bismarck-Schönhausen, canciller de Prusia

En base a ello su objetivo era conquistar la capital de la Unión. Esta forma de pensar iba a reiterarse por parte alemana en futuros enfrentamientos. Los federales, tras haber dejado la responsabilidad del inicio de las hostilidades a los sudistas, con lo que justificaban su postura frente a los Estados esclavistas de Delaware, Maryland, Missouri y Kentucky, que no habían abandonado la Unión, también debieron concluir lo mismo. De este modo la Guerra de Secesión se iba a desarrollar, fundamentalmente, en dos Estados esclavistas: Virginia y Maryland, aunque en bandos opuestos, tal vez por las circunstancias, al menos en el caso de este último. Así que los federales se pusieron en marcha, enfrentándose a los invasores el 21 de julio, en Bull Run, a sólo 40 kmtrs. al Oeste de Washington. El General McDowell ordenó un ataque en tromba contra las posiciones del General Beauregard, que consiguió rechazar a los federales, causándoles una grave derrota. Uno de los Generales que resistieron la acometida fue Jackson, que se conocería con el apodo de “Muro de piedra”, Stonewall. Los federales debieron retroceder hasta Washington, para protegerla. Su Comandante en Jefe era el virginiano General Winfield Scott, triunfador de la guerra contra Méjico. Comprendió que se enfrentaba a una larga guerra, de desgaste, y propuso atacar el curso inferior del Mississippi, cortando en dos a la Confederación. De haber seguido su propuesta se podían haber ahorrado muchas vidas y muchos años de sufrimientos.

Pero, siguiendo los mismos razonamientos que los sudistas, sus superiores pensaron que la guerra debía ser breve, por lo que había que atacar directamente Richmond. McClellan se encargó de preparar un ejército para ello. Se tomó medio año en hacerlo. La clase dirigente británica era partidaria de los Estados Confederados de América. Estos eran sus proveedores de algodón y de tabaco, carecían de Marina, ni siquiera mercante, por lo que precisarían de ellos, así que podrían fijar precios y condiciones. Y el Norte, tras la secesión, quedaría tan debilitado, tan empequeñecido, que no volvería a suponer una amenaza económica. De modo que los reconoció como parte beligerante. Los confederados enviaron dos Senadores a Londres y París, para negociar el reconocimiento diplomático y la compra de armas, en un vapor británico.

Charles Wilkes –sobrino del que había sido alcalde de Londres y de la primera santa, convertida al catolicismo tras la muerte de varios familiares, su esposo y dos hijas, por tuberculosis, y su estancia en Italia, descendiente de hugonotes y episcopalianos, fundadora de la primera escuela y la primera congregación católicas, a imitación de la fundada por San Vicente de Paul, las Damas de la Caridad, de Estados Unidos, capitaneó una expedición de su país a través del Atlántico y del Pacífico, como botánico catalogó numerosas plantas, y fue el primero en sospechar que la Antártida no era una gran isla, sino todo un Continente- al mando de un buque de guerra estadounidense, abordó la nave y apresó a los diplomáticos confederados. Hechos semejantes, aunque de sentido contrario, habían provocado la guerra entre Estados Unidos y Gran Bretaña 49 años antes. El Gobierno británico envió una colérica nota de protesta con el objetivo de provocar la guerra. Pero el muribundo príncipe Alberto, enfermo de tifus, rey consorte de Gran Bretaña por ser esposo de la reina Victoria, modificó la nota hasta hacerla aceptable. Absolutamente lo contrario de lo que haría su compatriota Bismarck con el “telegrama de Ems”, en alemán Emser Depesche. El Secretario de Estado mantenía que una guerra con Gran Bretaña haría que la Confederación se pusiera de parte de los demás Estados, volviendo a la Unión. Lincoln no dio opción a tales experimentos, impuso disciplina a su subordinado, presentó excusas al Reino Unido y dejó en libertad a los apresados.

Estos volvieron a Europa, pero no consiguieron sus objetivos, de modo que los Estados Confederados de América perdieron la opción de una alianza en la que confiaban, lo que resultó el más erróneo de sus análisis. Aprovechándose de que Estados Unidos se desgarraba en una cruel guerra civil, Napoleón IIIº estableció un imperio mejicano, con innegable intención de acabar anexionándolo al francés, imponiendo como emperador a Maximiliano de Austria. Gabriel García Moreno fue elegido Presidente de Ecuador, acabando con un periodo de inestabilidad en el que se impusieron los militares. Con el apoyo del clero y la “aristocracia” latifundista se mantuvo en el poder, dictatorialmente, durante 14 años. Bartolomé Mitre fue elegido Presidente de Argentina.

Fomentó el comercio, las comunicaciones, la colonización interior y la enseñanza, reorganizó las finanzas e incrementó la autoridad del Estado sobre las provincias. En 1.862 terminó el régimen parlamentario de Otón Iº. Tras varios intentos revolucionarios para derrocarlo, las potencias que le apoyaban le recomendaron que abdicara. Sin embargo la consecuencia fue una guerra civil, que terminaría cuando las potencias que apadrinaban el proceso griego presentaron la candidatura del segundo hijo de Cristián IXº de Dinamarca, que reinaría como Gueorge Iº de Grecia. Finalmente, antes de poner en juego su dinastía, Guillermo Iº accedió a nombrar a Bismarck jefe del Gobierno (canciller) como última posibilidad, confiando en poder dirigirlo y convencerlo. Este “solucionó el problema de los liberales” gobernando, durante años enteros, en contra de la mayoría parlamentaria. Incluso los presupuestos del Estado y los incrementos impositivos se fijaban por reales decretos, con absoluto desprecio a la representación de la soberanía popular. Redujo aún más la libertad de prensa y aumentó el autoritarismo. Los planes de militarización ansiados por el rey se llevaron a cabo ignorando las restricciones parlamentarias. Obnubilados por el nacionalismo, con sus esperanzas y atención centradas en la unificación alemana, los prusianos aceptaron sumisamente la situación: se estaban sentando las bases para el fascismo y el nazismo. De Cádiz partió una presunta misión científica, destinada a realizar determinadas investigaciones en el Pacífico sudamericano, formada por cuatro buques de combate.

En realidad se trataba de impresionar, al puro estilo británico (con intención de imponer condiciones o conquistar territorios) a los peruanos y obligarles a abonar las indemnizaciones por su independencia, impagadas desde hacía 40 años. En Rusia, Iván Turguéniev, en su novela “Padres e hijos”, expresó, por primera vez, el término “nihilismo”, que rechaza cualquier forma de imposición o coacción sobre el individuo. Sobre tal concepto, el anarquismo tomaría carta de naturaleza. La represión policial hizo que, lo que originariamente fue una doctrina filosófica, una actitud vital, personal, se atrincherase en organizaciones secretas, evolucionando hacia la revolución o el terrorismo.

Francia invadió lo que se conocería como Somalia Francesa, lo que estimularía al enfrentamiento con el Imperio Británico en Sudán, al intentar ambos la conexión de todas sus colonias africanas. Murió Dost Mujammad, después de haber recuperado Jerat y grandes extensiones de terreno. Le sucedió Cher Alí como chaj de Afganistán, que volvería a ser terreno de disputa entre británicos y rusos. Portugal exigió y consiguió de China iguales preferencias comerciales y de navegación que las demás naciones occidentales. Agobiado por los rebeldes, Tu-Duc debió firmar un Tratado con Francia, por el que ésta se anexionó el Sur de Vietnam, incluyendo el delta del Mekong, al que denominó Cochinchina oriental, consiguió el tránsito por dicho río de sus buques mercantes y de guerra hacia Cambodia, y la garantía de que Vietnam no cedería ningún territorio a ningún país extranjero sin el consentimiento francés. Es decir, algo muy parecido a un “protectorado”. Inocentemente, España, que había colaborado con tropas en la campaña, se conformó con las garantías dadas por los annamitas de permitir la propagación del cristianismo. Siam, con la justificación de restaurar a Norodom en su trono, invadió de nuevo Cambodia. El Vicario Apostólico en dicho país, el obispo Miche, pidió a los franceses que forzaran la intervención de Vietnam, lo que el Gobernador francés cumplió con mucho gusto. Catorce años después del primer intento, John Macdonell Stuart consiguió atravesar desde el Sur hasta Darwin, en el Norte, pasando por el mortífero desierto central australiano.

El tránsito Este-Oeste, de mayor recorrido, aún se resistiría más. No obstante, los colonos, siguiendo los pasos de los exploradores, cada vez se internaban más en el interior, descubriendo nuevos pastizales y empujando a los nativos -personas y fauna- hacia tierras inhóspitas, de mínimas posibilidades de supervivencia. El Mayor General Ulysses Simpson Grant era partidario de las tesis de Scott de avanzar hacia el curso del Mississippi, por lo que, a pesar de la oposición de sus mandos, en febrero tomó los fuertes Henry y Donelson en la cuenca del Cumberland-Tennessee, así como el resto de dicho Estado.

Con ambas batallas obligó a Johnston a retirarse al Oeste de Tennessee, al Norte del Mississippi, en dirección hacia Alabama. El ejército nordista vio la oportunidad de lanzar una ofensiva hacia allí, pero por desavenencias de Grant con sus superiores y rencillas personales, se eligió para tal misión al Mayor General Charles Ferguson Smith, mientras se le obligaba a él a permanecer en Fuerte Henry. El 6 de marzo la Unión botó el “Monitor”, un buque acorazado que seguía los diseños de los “buques-tortuga” coreanos y chinos, todo recubierto de acero, pero sumándole dos casamatas, también de acero, desde las que disparaban sendos cañones de grueso calibre, una chimenea y una máquina de vapor, situada bajo la línea de flotación, dado el enorme peso de la nave, para su pequeño tamaño, lo que dificultaba aún más hacer blanco en ella, y propulsada por hélices, menos expuestas al fuego enemigo que las ruedas de paletas. El 8 de marzo los confederados reflotaron un barco hundido, lo acorazaron y rebautizaron “Virginia”, dirigiéndolo a romper el bloqueo que también había propuesto Scott. Hundió todos los buques de guerra que le enviaba la Unión, que eran de madera. Pero el 9 de marzo llegó el “Monitor”. Estuvieron intercambiando disparos, sin sufrir daños de consideración, hasta que agotaron sus municiones: había comenzado la época de los acorazados. Desde entonces no se volvieron a enfrentar ambas Flotas en zonas costeras, dada la capacidad destructiva demostrada por estos primitivos buques acorazados. Todas las Marinas del mundo comprendieron que ese era el futuro, y comenzaron a construirlos.

Esta batalla naval y sus circuntancias constataban otro eror más en los planteamientos sudistas. Partiendo de la base del dominio marítimo británico, su orgullo y la imperiosa necesidad que consideraban que tenía Gran Bretaña de su algodón, pensaban que los nordistas jamás se atreverían a bloquear ni su comercio ni sus puertos. Todos ellos supuestos erróneos. Gran Bretaña tenía aprovisionamiento asegurado de algodón en la India y, además, había impulsado su cultivo en Egipto. El bloqueo nordista hizo subir el precio del algodón, ciertamente, por lo cual se aumentaron las áreas de cultivo tanto en la India como en Egipto, hasta llegar a satisfacer su demanda. Mientras tanto lo británicos pudieron subir el precio de sus productos manufacturados, compensado el incremento de costes.

Ante estas circunstancias los británicos no veían el menor interés en enfrascarse en una guerra naval que podía obligarles a comprometer buena parte de su Flota, lo bastante como para que los franceses sintieran la tentación de sacar provecho de ello. Por lo menos hasta que no se aclarase de qué lado estaría la victoria. Menos aún tras el descubrimiento de la potencia de fuego de los acorazados y su capacidad destructiva, utilizados en bahías, estuarios y otras zonas costeras, donde la superior maniobrabilidad o velocidad no podían emplearse provechosamente. A mediados de marzo Lincoln consideró que McClellan ya había perdido demasiado tiempo instruyendo tropas y los envió, por mar, a Virginia. Allí este tuvo la desgracia de enfrentarse a Robert Edward Lee, posiblemente el mejor General que haya tenido Estados Unidos. El y Stonewall Jackson formaron un dúo tan compenetrado como Marlborough (ascendiente de Churchill) y el príncipe Eugenio, siglo y medio antes. Jackson, con fuerzas relativamente reducidas, correteando arriba y abajo por el valle de Shenadoah, derrotó repetidamente al cuádruple de tropas unionistas, simulando dirigirse a Washington, con lo que impidió que McClellan recibiese refuerzos, mientras Lee se enfrentaba a él. Con fuerzas siempre muy superiores, y magníficamente entrenadas, McClellan reiteradamente estuvo en condiciones de derrotarlo. Pero era tan temeroso que siempre estimaba las fuerzas oponentes en el doble o el triple de la realidad, escogiendo constantemente la retirada. De tal forma, el “ejército del Potomac” no pudo lograr sus objetivos.

Aunque tampoco pudieron alcanzarlos los confederados, con sus continuas retiradas. Smith resultó herido. Finalmente el propio Lincoln forzó a que se diera el mando a Grant en la operación contra Johnston, antes de que éste reorganizase su ejército. Entre el 6 y el 7 de abril se libró la cruel batalla de Shiloh o de Pittsburg Landing, en el Sudoeste de Tennessee. Sus incompetentes superiores sólo le pusieron obstáculos. La Confederación lanzó una ofensiva por sorpresa para desalojarlo de los pantanos de Owl Creek, antes de que el Mayor General Don Carlos Buell llegase con su Ejército del Ohio. Grant tuvo que replegarse hacia el Nordeste, llegando hacia Pittsburg Landing, pero encontró una hondonada en la que la artillería pudo darle refugido.

En aquel primer día de combate murió el General Confederado Johnston. Su segundo al mando no quiso atacar las posiciones del Ejército de Tennessee durante la noche. Al atardecer del día siguiente llegó Buel con sus tropas, sumando 65.000 hombres frente a 45.000 confederados. Fue la batalla más sangrienta librada hasta entonces por Estados Unidos. Cada bando sufrió unos 1.700 muertos y 8.000 heridos, 8.500 los nordistas, que, además, dieron por desaparecidos (cierto número debían ser desertores, otros deshechos por las explosiones de granadas de artillería) o capturados, el triple que los sudistas, unos 2.900, lo que dejaba a estos en una notoria inferioridad numérica, a pesar de sufrir, en conjunto, una cifra absoluta algo menor de bajas, por lo que tuvieron que retirarse. El 24 de abril, el Almirante (el primer estadounidense de tal graduación, y el primer Vicealmirante y Contralmirante, ya que, antes de la Guerra de Secesión, se consideraba que tales rangos eran titulaciones monárquicas) David Glasgow Farragut (hijo de un menorquín, Capitán de la marina mercante española, emigrado) tomó Nueva Orleáns, dificultando aún más las exportaciones de la Confederación y la llegada de armamento y provisiones. En base a ello Grant retomó la propuesta de Scott de partir al Sur en dos. Sin embargo sólo se admitió como maniobra de desvío de fuerzas. Harto de la ineficacia de McClellan, Lincoln puso su ejército al mando del General Pope, que había tenido algunos éxitos en el Oeste. Tratando de mostrar la diferencia con su antecesor, el 29 de agosto buscó enfrentarse a Lee y Jackson, en la segunda batalla de Bull Run ¿“Corrida de Toro”?

Lee jugó con él, atacándolo por sorpresa por el flanco izquierdo, por lo que debió retroceder, con muchas bajas, hacia Washington. McClellan, al que se le había dado el mando de otro ejército, podía haber acudido en su ayuda. Pero prefirió que su sustituto quedara como un inútil. Lincoln no tuvo más opción que devolverle a McClellan “su” ejército. Lee consideró que una derrota de la Unión en su terreno podía cambiar el parecer de Gran Bretaña y Francia, que, al menos, rompieran el boqueo naval y suministrasen armamento a la Confederación. Lincoln confiaba que un decreto de abolición de la esclavitud pusiera a todos los liberales de Europa de su parte. Pero no podía hacerlo hasta obtener una victoria evidente, pues, en otro caso, se consideraría oportunismo.

Por pura casualidad llegó a manos de McClellan todo el plan de operaciones de Lee en Maryland. Sabía exactamente de qué fuerzas disponían los confederados, dónde estaban, hacia dónde se dirigían y por qué ruta. Con fuerzas muy superiores se enfrentó a él en Antietam, en Maryland, el 17 de septiembre. Pero lo hizo tan lentamente que Lee se le escapó, volviendo a cruzar el Potomac con sus tropas. Lincoln consideró tal retirada estratégica como una victoria sin paliativos, por lo que el 23 de septiembre proclamó el edicto de emancipación de los esclavos de los Estados sublevados, no de los leales. Pretendía no enfurecer a los Estados esclavistas que no se habían decidido a secesionarse. Además, lo justificaba como una necesidad estratégica, militar, para debilitar a los rebeldes, sin mencionar ninguno de sus anteriores argumentos éticos o jurídicos. Pero lo hizo con efectos de principio del año siguiente, quizás con la intención de estimular a que algunos Estados rebeldes cambiasen de bando en dicho plazo, con la esperanza de que se les permitiría mantener la esclavitud en ellos, como se hacía con los que luchaban del lado de la Unión. McClellan fue sustituido de nuevo. Esta vez por el General Burnside. El 13 de diciembre se enfrentó a Lee en Fredericksburg, en Virginia, a mitad de camino entre las capitales de ambos contendientes. Ordenó a sus hombres tomar las colinas en las que los confederados habían situado sus 13 cañones, con los que estos consiguieron aniquilar a los atacantes. Lincoln llegaría a decir que Burnside era capaz de arrancar la derrota de las mismísimas fauces de la victoria.

Los prusianos la conseguirían en Sadowa, donde los austríacos tenían una posición semejante. Tras el mayor desastre federal, Burnside fue sustituido por Hooker. En 1.863, Dinamarca y los Países Bajos exigieron y consiguieron de China iguales preferencias comerciales y de navegación que las demás naciones occidentales. Cuando Isabel IIª consideró que O’Donnell ya había sufrido suficiente desgaste y desprestigio, volvió a entregar el Gobierno a Narváez, cuyos métodos alentaba. Entre otras razones porque conocía su propia impopularidad, y pretendía mantenerse como reina bajo tales muestras de fuerza. En dichas circunstancias los radicales sólo podían aspirar a la revolución. Bismarck continuaba con sus planes de expulsar a Austria de la Confederación Germánica, única forma en la que consideraba que podría llegarse a la unificación alemana.

Sin el apoyo de su rey esperó pacientemente una oportunidad que le fuese favorable. Los daneses intentaron modificar la situación de Schleswig-Holstein, establecida por el protocolo de Londres de once años antes, al proponer su Parlamento una Constitución que incluía como territorio nacional los ducados del Elba. Bismarck consideró que, lo que interpretaba como violación de las actas de Londres, dejaba en libertad a los Estados alemanes para actuar a su libre albedrío. Así que directamente se los anexionó. Se trataba de una política de alto riesgo, porque podía incitar a la intervención de los demás países europeos. Con una extraordinaria habilitad diplomática hizo propaganda de dicho incumplimiento, exigiendo a los daneses que se retractaran. Austria, ante la alternativa de perder aún más prestigio ante la Confederación Germánica, se vio obligada a secundar tal política. Así Prusia, poco a poco, se destacaba como el Estado dirigente de la misma, cuyas decisiones los demás sólo podían asumir. Alejandro IIº había encomendado al conde Wielopolski la administración civil polaca. Este intentó una vía intermedia reforzando la estructura económica y cultural, e insinuando la posibilidad de una federación rusa. La política reformista del zar, los triunfos del nacionalismo italiano, así como la intervención de las potencias europeas en contra de Rusia durante la guerra de Crimea, hicieron que los radicales concibiesen más esperanzas, aumentando sus exigencias. Wielopolski tuvo que abandonar su política, lo que produjo manifestaciones populares y actos violentos radicales individuales. Rusia respondió con la fuerza, por lo que estalló un nuevo levantamiento, no sólo aristocrático, sino en muchos núcleos de población.

Se produjeron guerrillas, que se extendieron hasta Lituania. Prusia, que deseaba mantener buenas relaciones con Rusia, firmó con ella la Convención de Alvensleben, por la que se comprometían a apoyarse mutuamente para sofocar el levantamiento. Aunque nunca pasó de ser una mera declaración, Francia, Gran Bretaña y Austria, esta última pretendiendo un protagonismo que iba en contra de sus propios intereses, dada la efervescencia independentista, incluso revolucionaria, en sus propios dominios, salieron en defensa de Polonia.

Gortchakov, Ministro de Asuntos Exteriores ruso, les hizo ver que se estaban inmiscuyendo en temas internos. Napoleón IIIº no consiguió que sus aliados llegasen más lejos. En Turquía se fundó el Robert College, que impartía enseñanzas en inglés. En Rusia, Chernichevski publicó “¿Qué hacer?” (una de las posibles traducciones del vascuence Eguin) título que imitaría Lenin 54 años después. En él, junto con los planteamientos anarquistas, que delimitaría y teorizaría Bakunin, marxista durante una época, se comenzó a debatir la posibilidad de que una revolución o, en su defecto, acciones terroristas, pudiesen acabar con la injusticia social en Rusia. Todo ello espoleó la creación de sociedades secretas rusas. Simultáneamente el problema social tomó cartas de naturaleza en dicho país, a través de la radicalización de las ideas, la ilustración y la organización de las clases sociales inferiores. A ello contribuían las clases cultas, en una doble vía, reformista, en línea con la Ilustración, o revolucionaria, heredera del primigenio liberalismo. Aparecieron los narodniki (“populistas”) que se distribuían entre el pueblo ejerciendo como maestros (los “pioneros” comunistas continuarían tal planteamiento en los comienzos de la revolución soviética) escribientes o colaborando de cualquier otra forma con las clases populares. Su intencionalidad era conseguir una formación cultural. Rápidamente comprendieron que la primera labor debía consistir en acabar con la credulidad del campesinado, que asumía el origen divino del zarismo.

De modo que, lo que originariamente era una labor filantrópica, culturizante, terminó haciéndose política, y se fijó como meta inmediata acabar con el poder absolutista de la monarquía. Es decir, planteamientos similares al enciclopedismo. Sólo que ahora no iba a ser la burguesía la que llevase las riendas, sino que, con la experiencia adquirida en los procesos revolucionarios occidentales y el desarrollo del sector obrero, de la industrialización, sería éste el que tomase la dirección, fijase los objetivos, adquiriendo conciencia de que era el mayoritario en dicho movimiento, aunque no en la sociedad rusa. O sea, que fue el fracaso del liberalismo el que llevó a Rusia hacia la revolución social, transcendiendo de la exigencia de democracia. Curiosamente cuando era un sector poblacional mucho más extenso el que tomaba la iniciativa que en la Revolución estadounidense, francesa o cualquier otra liberal anterior.

Murió Mujammad Saíd, que había tendido la primera línea de ferrocarril en Egipto y autorizó a Ferdinand De Lesseps a construir el canal de Suez a Port-Saíd. Aunque había abolido la esclavitud, en dichas obras se empleó el tradicional sistema de recluta obligatoria de trabajadores (trabajos forzados) como habían hecho los faraones para construir sus pirámides, y, anteriormente, los sacerdotes para las obras de irrigación, canalización, construcción de pozos, cisternas y embalsado de aguas, lo que puede considerarse modo de producción asiático, según la terminología final, revisada por ellos mismos, de Marx y Engels. Tales obras, a pesar de la recluta forzosa, obligaron a Egipto a contraer enormes deudas, que comprometieron su economía, e incluso su autonomía política. Le sucedió su hijo Ismaíl. Abdul Latif fundó la Sociedad Literaria Mahometana hindú. Norodon de Annam, que había entrado en guerra contra Siam por la anexión de los últimos restos del reino jmer, pidió ayuda a Francia, que aprovechó para extender su jurisdicción en Indochina. Así el Almirante de La Grandière consiguió que Norodom firmase un Tratado por el que Cambodia pasaba ser “protectorado” francés: el envenenado fruto de la ambición sin base material. Holanda conseguió que el sultanato de Bandyarmasin, en el Sur de Borneo, y grandes zonas de las islas Célebes se le sometiesen.

Después de tres años de terrorismo chichi, atacando a las legaciones extranjeras y sus edificios, y el bombardeo de barcos forasteros, iniciado por el emperador, en el Estrecho de Chimonoseki, las potencias occidentales, tras exigir el cumplimiento de los Tratados firmados -aunque de forma bastante violenta, ilegítima, lo que anula el libre acuerdo de voluntades que legitima cualquier tipo de pacto o contratación- e intentar la vía diplomática ante el emperador, con lo que se le daba una presunción de poder del que carecía, pasaron a la acción. Una Flota británica bombardeó e incendió Kagochima, en el Sur del archipiélago principal. Otra, aliada, compuesta por 17 naves, destruyó las baterías costeras de Jirochima/Chochu, en la costa Oeste. Los federales habían tomado todo el Mississippi, excepto Vicksburg, en el Estado de Mississippi.

Los sudistas la habían fortificado hasta hacerla casi inexpugnable. Contra ella enviaron al obstinado Grant. A cada fracaso comprendía qué método era ineficaz y siempre se le ocurría alguna alternativa. El 1 de mayo Hooker, nuevamente en superioridad numérica, se enfrentó a Lee y Jackson en Chancelorsville, unos 10 kmtrs. al Oeste de Fredericksburg. Ante el temor a la capacidad militar de Lee, los unionistas decidieron permanecer a la defensiva, por lo que fueron aplastados. El 2 de mayo le informaron a Jackson que habían descubierto el final de las líneas federales, lo que les daba opción de realizar una maniobra envolvente. Jackson quiso comprobarlo por sí mismo, ya que era una información de suma trascendencia, pues también podía tratarse de una añagaza para que llevase sus tropas hacia allí, donde las estarían esperando. Así que encabezó una partida a caballo de reconocimiento nocturno. A su regreso, bajo la lluvia, fue tiroteado por sus propios hombres, que dispararon sin identificar a la patrulla. Murió 8 días después. Desde el principio de la guerra la Confederación no tenía que conquistar nada. Sólo debía esperar que los federales se cansaran, se hastiaran. Eran estos los que debían estar interesados en retomar la situación anterior, conquistando el Sur. Pero Lee seguía insistiendo en conseguir una victoria en el Norte, que fuese allí donde sufrieran los daños, cuando ellos estaban dispuestos a ofrecer la paz sin exigir ninguna contrapartida, salvo su libertad de secesión. Así que el 15 de junio Lee volvió a cruzar el Potomac, entrando en Maryland por segunda vez.

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