1.857: La insurrección de los cipayos

Sin embargo un conjunto de corruptelas le impidieron patentarlo, en beneficio de Alexander Graham Bell y la Western Union Telegraph Company: una serie de tropelías con las que Estados Unidos y sus “inventores” privilegiados, respaldados por las grandes empresas estadounidenses, se apropiaban, patentaban, descubrimientos robados a otras personas de incluso otros Continentes, auténtica piratería. El teléfono no precisaba de transcriptores ni de un lenguaje especial, que sí precisaba el telégrafo, por lo que permitía la comunicación directa, privada, con todos los matices de la voz humana y su entonación, de modo que revolucionó las telecomunicaciones. Se fundó el Partido Republicano, aglutinando sobre todo a puritanos y tradicionalistas de elevada religiosidad, que no podían admitir que el liberalismo supusiese descreimiento y pérdida de la moral pública. Entre ellos suponían un número considerable los abolicionistas, por considerar que la esclavitud era intrínsecamente inmoral, contraria a los principios del cristianismo (otros propugnaban que la propia Biblia admite la esclavitud y condena a determinadas razas, algunos de los descendientes de Noé, a sufrirla, en castigo por haber visto desnudo a su padre y haberse reído de él, estando borracho, cuando descubrió que el zumo de uva se convertía en vino) incluso los que defendían la guerra, si fuese necesaria, para alcanzar su prohición definitiva en todos los Estados Unidos. Los liberales mejicanos, encabezados por el General Alvarez, Melchor Ocampo y Benito Juárez, consiguieron aglutinar suficientes apoyos para lanzarse a la revolución. López de Santa Anna, cansado y anciano, se vio incapaz de oponérseles. Así comenzó el periodo que se conoce como “La Reforma”, una auténtica y larga guerra civil. Sus objetivos eran acabar con el dominio eclesiástico sobre extensas propiedades y con los privilegios de los conservadores. En Perú, el Mariscal Castilla consiguió triunfar sobre el General Echenique, que había sido elegido Presidente. Mantendría el poder durante otros 6 años. Decretó la abolición de la esclavitud, lo que supuso la aglutinación de los propietarios, apoyados por las publicaciones periódicas, que exigieron el pago de indemnizaciones por lo que consideraban una confiscación de sus derechos y propiedades. En marzo de 1.855 murió Nicolás Iº, sucediéndole su hijo, Alejandro IIº.

Al contrario que su antecesor sí había sido educado para la tarea que le esperaba. Se mostró aperturista, consciente de la necesidad del progreso. Aunque haciéndolo compatible con el mantenimiento de la autocracia, en lo que cifraba la estabilidad de su imperio, que, por entonces, atravesaba una grave crisis, no sólo militar, ante una guerra que se perdía, sino también monetaria y económica, política y social. Así, se observaba carente de aliados internacionales, e incapaz de solucionar sus problemas con su sólo imperio. Quizás por ello se propuso acabar con los elementos anticuados en la economía, la administración pública y el ejército. Ante la resistencia de Sevastopol, Austria quiso sacar provecho a su neutralidad tratando de intermediar. Pero lord Palmerstone pretendía una victoria definitiva, y Napoleón IIIº en absoluto deseaba poner en peligro su alianza con Gran Bretaña, que le permitía salir del aislamiento en que se había mantenido a Francia desde el resurgimiento revolucionario. Además, personalmente necesitaba un triunfo para consolidar su problemática situación en su propio país. Ante su fracaso diplomático, los austríacos consideraron que no podían mantenerse al margen, puesto que comprendían que ahora iban a ser ellos los aislados, ocupando la indeseable posición internacional que antes había desempeñado Francia. Así que pactaron con ésta y Gran Bretaña, aunque sin tomar parte activa en la guerra. Rusia volvió a verse sorprendida por los acontecimientos. Si bien conquistó Kars, punto estratégico de Anatolia, Sevastopol terminó rindiéndose. El sentimiento humanitario que se iba extendiendo por Europa, impulsado, sobre todo, por los debates sobre el esclavismo o la cuestión social, se vio conmovido por la crueldad de dicha guerra, en especial durante el sitio de Sevastopol. La princesa Elena Pavlovna organizó el primer cuerpo de enfermeras para atender a los combatientes heridos o enfermos. Sin embargo fue la enfermera inglesa Florence Nightingale, que también se presentó en dicho escenario de guerra, tras vencer la resistencia británica a contar con una mujer en tal ambiente, la que, con la posterior ayuda de la fundación de la Cruz Roja Internacional, la que recibiría en exclusiva el reconocimiento de casi todo el mundo.

Tampoco se ha reconocido el antecedente de la reina Isabel, durante la guerra de Granada, en la que se instalaron los primeros hospitales de campaña, identificados con una cruz roja sobre bandera blanca, a los que dio orden de atender indiscriminadamente y sin preferencias a cristianos y mahometanos, a pesar del estandarte identificativo. Nightingale protestó por el trato que se daba a los heridos y enfermos, amontonándolos para que muriesen, desangrados, de sed, de hambre, de frío e infecciones, mientras que se pedían más y más tropas. Para los Generales era más práctico recibir tropas de refresco que esforzarse con tullidos, heridos, enfermos y convalecientes, de los que no esperaban que recuperasen su capacidad combativa. Nightingale les convenció de que era preferible curarlos para que pudieran reintegrarse al combate, que dejarlos morir, que precisasen amputaciones, se convirtiesen en inválidos permanentes y propagaran sus sufrimientos, desmoralizando a las tropas, mientras esperaban la llegada de refuerzos, siempre azarosa, a tan lejano destino. Además, las tropas novatas carecían de experiencia de combate, desconocían la rudeza del entorno (nieve y hielo en invierno, barro en primavera y otoño, pantanos y enjambres de mosquitos en verano) y el trato dado a los heridos y prisioneros de guerra, lo cual les producía un experiencia traumática que precisaban meses en asumir. Henry Bessemer, un ingeniero dedicado a la fundición de tipos para la imprenta, que se hizo rico inventando una fórmula secreta para producir “polvo de oro” barato, una purpurina a base de pintura y polvo de latón, con la que se doró toda Inglaterra, propuso, durante la guerra de Crimea, un proyectil muy eficaz. Los militares lo rechazaron, objetando que los cañones de hierro fundido de la época no podrían resistir la presión que se requería para propulsarlo. Estudió el problema y concluyó que se necesitaba un proceso barato para producir grandes piezas de acero de fundición de alta calidad. Diseñó un cucharón en forma de pera, basculante, con una sola apertura, además de las toberas internas de insuflado de aire comprimido, forrado de material refractario, que, adoptando sucesivamente las posiciones horizontal y vertical, en tres etapas, completaba el proceso de modo similar al desarrollado por William Kelly.

Para entonces el Reino Unido producía 65.000.000 de toneladas de carbón y 3.000.000 de acero, Francia 7.000.000 y 600.000, Alemania 8.000.000 y 326.000, Rusia 250.000 contando sólo el acero, Austria 2.000.000 de carbón y 225.000 de acero, y Bélgica 200.000, Suecia 150.000 y España 27.000, contando sólo el acero, respectivamente. Mojammed Bey se hizo cargo del Gobierno de Tunicia, instaurando una Constitución en el país. Declaraba la libertad de culto, comercio y adquisición de propiedades, incluso a los extranjeros, y la igualdad ante la Ley. Se inició una rebelión de la minoría mahometana en Yunnan, en China, que tardaría 18 años en ser sofocada. Los t’ai-p’ing enviaron un pequeño ejército de sólo 50.000 efectivos, que no pudo conquistar Pekín. De esta forma, aunque el imperio sufrió un gran descalabro, uno más, la dinastía manchú no llegó a estar en peligro. Al considerárseles meridionales no encontraron apoyo entre los norteños. No se les ocurrió aliarse con otros grupos rebeldes, dado que éstos representaban a minorías étnicas y religiosas. Quizás el mismo influjo religioso, que le dio tanto éxito inicial, mermase su capacidad de expansión, de nuevos proselitismos. Tampoco se les ocurrió pactar con las sectas secretas, tal vez por las mismas causas. Lo más probable es que fuese la radicalidad de sus ideas, para la China de la época, la que les restase poder de convicción. No sólo la pequeña aristocracia, sino también los pequeños terratenientes se oponían al reparto de tierras y la abolición de la propiedad que propagaban. El puritanismo moral y religioso también era motivo de desencuentro, al destruir templos, pagodas y estatuas buddistas. La dinastía manchú, que, en principio, parecía abandonada, descubrió que no podía confiar en los ejércitos de banderas, formados por compromisos étnicos o sociales, que demostraron su renuencia a entrar en combate. En cambio sí podía hacerlo en funcionarios leales, de gran capacidad, y que anteponían la idea de la unidad nacional y la tradición china, como Tseng-Kuo-fan y Li Jung-chang. Organizaron milicias campesinas, que se autofinanciaban, en Jsiang y Juan. Los dirigentes t’ai-p’ing cayeron en el nepotismo, la poligamia, los placeres, la vida cómoda, y las rivalidades, como era tradición china.

Rusia, la primera que lo había intentado, no podía consentir quedarse fuera del comercio japonés, por lo que llegó a un acuerdo que incluía la demarcación fronteriza de las islas Kuriles, y dejar sin dividir la de Sajalin. Holanda, que siempre había mantenido un puerto para su comercio, consiguió también un Tratado que ampliaba sus relaciones mercantiles. Ante tal situación, Abe Masajiro propuso reforzar el potencial del ejército, comprando armas modernas a los holandeses, construir fortificaciones en la costa y fundar academias navales y militares al estilo occidental. Se produjo un terremoto en Edo, la actual Tokio. Abe Masajiro, consciente de que el Japón que había conocido se desmoronaba, y que no sabía como atajarlo, dimitió como presidente de los consejeros ancianos, tal vez forzado por las críticas y las presiones, siendo sustituido por Jotta Masaiochi. Townsend Harris, cónsul general de Estados Unidos en Chimoda, le exigió que firmase un nuevo Tratado comercial, que preveía el intercambio de diplomáticos con total libertad de residencia, el libre comercio en seis puertos, incluyendo Chimoda y Nagasaki, la libre residencia en Osaka y Edo (Tokio) para los estadounidenses a partir de 7 años después, con extraterritorialidad y jurisdicción independiente (es decir, aplicación de la legislación y tribunales estadounidenses cualquiera que fuesen sus fechorías) tarifa aduanera fija del 5%, ayuda recíproca en la navegación comercial y la prohibición de importar opio, todo lo cual produjo el rechazo del país. Sin embargo, consultados de nuevo los daimi-o, tras el precedente anterior, éstos se mostraron favorables en su mayoría. Ahora fue el emperador, tomando, por primera vez en siglos, una posición preeminente, quien se negó a la firma, prueba de la debilidad del chogunado. Murió el chogun Iesada. Tokugaua Niriaki, de una línea colateral, daimi-o de Mito, se postuló como su sucesor. El emperador también se negó a ello. Tokugaua Niriaki atacó a los consejeros ancianos. Estos nombraron canciller a Ii Naosuke, que actuó con la máxima resolución. Sólo un año después del Tratado desigual impuesto por el Comodoro Perry, bajo la amenaza de sus naves de vapor, Japón adquirió su primer buque de guerra propulsado por hélices.

En 1.856 Gran Bretaña reconoció la independencia de la República del Transvaal, que se extendía desde el Vaal hasta el Limpopo, formado por emigrantes boers. En cambio Natal pasó a ser colonia de la corona británica, recibiendo una gran cantidad de emigrantes ingleses. Espartero no pudo acabar con los desórdenes, por lo que Isabel IIª volvió a designar Jefe del Gobierno a Narváez, quien actuó con su habitual rudeza. Aunque los tumultos se extinguieron, muchos “moderados” comprendieron que tal comportamiento no tenía futuro. Entre ellos O’Donnell, que aglutinó a todos los verdaderamente moderados en la Unión Liberal. Su intención era conciliar las dos tendencias mayoritarias, para lo cual evitó las concreciones ideológicas. Ante la catastrófica situación rusa, Alejandro IIº se vio incapaz de continuar la guerra, llegando al Tratado de París, que restringía considerablemente su preeminencia en el mar Negro y los Balcanes. La guerra de Crimea había cambiado todo el equilibrio de poderes logrado en el congreso de Viena. Algo que no habían conseguido los múltiples levantamientos revolucionarios. Entre otras razones porque éstos salieron triunfantes, en casi todos los casos, en Francia, nunca en Rusia, Prusia o Austria, y no afectaron a Gran Bretaña. Esta fue la gran beneficiada por la guerra, imponiendo sus condiciones, que garantizaban su tráfico comercial con la India. Francia no sólo salía de su aislamiento político, sino que rompió la alianza reaccionaria de Rusia, Prusia y Austria. Si bien esto último se debe más a la falta de tacto de Nicolás Iº que a la diplomacia de Napoleón IIIº. En cambio sí hay que reconocerle a éste el el acercamiento político de ambos monarcas, aprovechando las negociaciones para el Tratado de paz. Tras la guerra de Crimea la disputa volvía a centrarse en el Danubio y los Balcanes. Napoleón IIIº apoyó la autonomía de Valaquia y Moldavia, donde los movimientos nacionalistas se habían hecho poderosos. Esto favorecía las aspiraciones rusas, por lo que, tal como Napoleón IIIº esperaba, se estrecharon las relaciones entre ambos países, que iban a mantenerse de modo secular, aunque intermitentemente, alejando a Rusia de su coalición con Prusia y Austria. Cavour, siguiendo su plan, aprovechó las negociaciones para poner sobre el tapete la situación italiana. A Napoleón IIIº le gustaron las propuestas de Cavour.

Su idea imperial, siguiendo la anterior estrategia de su tío-abuelo (aunque más tarde éste la había cambiado, unificando un reino de Italia para su hermano, que aspiraba unir a Francia) era imponer el dominio francés en la península. Para ello era preciso que los austríacos admitiesen la independencia de tales territorios. Pero en absoluto deseaba un Estado unificado, que dificultaría sus planes de dominio. Sin embargo sus victorias militares, de muy elevado coste, y políticas, no consiguieron acallar a su oposición interior, por lo que se vio obligado a recoger las ideas sociales que los elementos revolucionarios habían conseguido propagar entre los franceses. Con ello la política de Napoleón IIIº adquirió una perspectiva populista. Otra consecuencia de las negociaciones del Tratado de Paz para finalizar la guerra en Ucrania fue la presión a Turquía para que continuase con sus reformas. Especialmente las relacionadas con su dominio sobre los Balcanes. Así, un nuevo decreto otomano prometió continuar con ellas, aboliendo la tortura, hacer más justos la imposición tributaria y el sistema judicial, permitir la libertad religiosa y establecer la igualdad de derechos políticos para todas las religiones y nacionalidades. La contrapartida era que todas ellas quedaban igualmente obligadas al servicio militar, lo que desagradó a judíos y cristianos, que preferían pagar el rescate para no hacerlo. Además era contrario a la Constitución mahometana, por lo que también contó con la oposición de muchos turcos, que veían en ello la desintegración imperial. Persia, estúpidamente, intentó adueñarse de Jerat, en Afganistán. El Reino Unido veía con ello frustradas sus expectativas, bien de expansionismo o de mantener un Estado tapón, que frenase al imperio ruso. Así que, sorprendentemente, desembarcó en el Golfo Pérsico ¿Primera “Guerra del Golfo”? ¿Es que era la primera guerra en dicha zona? ¿Es que no ha habido más guerras en otros Golfos? ¡Hasta qué punto llega la ignorancia estadounidense y de quienes aceptan acríticamente sus invenciones! Yang Jsiu-ch’ing había derrotado en Nankín a un ejército imperial. Parecía aspirar al trono celestial. Su rival, Uei Ch’ang-jui, ordenó que lo asesinaran, junto con toda su familia y su séquito. Los británicos continuaban con su contrabando de opio con China en completa impunidad.

Las autoridades de dicho país apresaron en Cantón un lorcha (barco con casco al estilo occidental, de gran calado, pero con aparejo chino) tripulado por chinos, que transportaba opio, bajo pabellón británico, al parecer sin justificación para ello. Se inició así la Segunda Guerra del Opio, de 4 años de duración, en la que Gran Bretaña, con el objetivo de derrotar también a las fuerzas terrestres chinas, aprovechándose de que gran parte de ellas estaban implicadas en luchar contra los T’ai-p’ing, solicitó la alianza francesa, experimentada en Crimea. En Calcuta se fundó la Asociación Musulmana. Castilla proclamó una nueva Constitución para Perú, que originó una nueva guerra civil de dos años de duración. En 1.857 murió el emperador mogol Bajadur chaj IIº. La administración británica no hizo nada por industrializar la India ni ayudarla a su desarrollo económico. Su dominio se reducía a esquilmar sus recursos, absorber capitales y riquezas y “colocar” los productos ingleses. Así la India acumuló una deuda de 57 millones de libras. Los cipayos, nombre derivado del portugués, y éste del persa spaji, sepaji o sipaji, que significa “jinete”, eran mercenarios hindúes contratados por las potencias dominantes. Como tantas otras cosas, la Compañía de las Indias Orientales se quedó con el monopolio de ellos, que ya eran, mayoritariamente, tropas de infantería, más baratas de pertrechar. Suponían unos 200.000 efectivos, frente a 38.000 europeos, que, además, estaban distribuidos por toda la India, lógicamente. Para los historiadores nacionalistas hindúes su sedición supone el primer intento de independencia. Esto es, evidentemente, un anacronismo, puesto no existía, en tal época, un espíritu nacionalista hindú. Para otros fue una conjura de los mahometanos contra los hinduistas, o de los aristócratas contra las reformas europeístas. Influyó en ello el pésimo trato que la Oficialidad británica les deparaba, que, para otros, estaba justificado por su indisciplina. En el ejército bengalí existían altos porcentajes de rachput y brajmanes, difíciles de controlar. Al obligarles a prestar servicio fuera de la India se violentaba su compromiso contractual, así como su concepción de casta, que les impedía viajar por mar. Posiblemente el fondo del asunto esté relacionado con la contradicción entre la cultura tradicional hindú y las innovaciones sociales y legislativas que los británicos introducían.

Y también constatar cómo se perdía el sentimiento de comunidad. Tanto frente a los europeos como a consecuencia del aglutinamiento de territorios antes separados. Así los cipayos contaron con el apoyo de todas las clases sociales que habían sido despojadas por los británicos, de alguna forma. Por ejemplo los talukdar de Oudh o Auadd. O los príncipes mogoles. O los latifundistas. En cambio las clases sociales que habían sido favorecidas por el dominio británico permanecieron neutrales o, incluso, apoyaron a los dominadores. El detonante fue un nuevo tipo de vaina de cuero que traía incorporada grasa para el más fácil deslizamiento y carga de la bala por el cañón del fusil. Debía romperse con los dientes, verter la pólvora por la boca del arma, escupir en ella la bala, que, untada con manteca, se mantenía mientras tanto en la boca, y, luego, introducir el cuero del cartucho y atascarlo con la baqueta. Los mahometanos exigieron garantías de que ni el cuero ni la grasa eran de cerdo, animal que consideran prohibido, impuro, indigno. Así que se les aseguró que eran de vaca. Estos debieron bromear con los hindúes sobre el número de sus animales sagrados, intocables, que los británicos estarían sacrificando para fabricar tanta munición. Téngase en cuenta que comer alimentos mahometanos, aunque fuese sin intención, podía provocar la pérdida de la casta. De esta forma se inició el levantamiento, la negativa a emplear tales cartuchos, cuyo castigo provocó el enfrentamiento militar. Por el Tratado de París terminó la guerra anglo-persa, forzando a Irán a importantes concesiones económicas, en “compensación” por haber invadido Afganistán, como la explotación exclusiva de casi todas sus minas, la fundación y administración del Banco Nacional iraní, etc.. Así Persia quedó incluída en la zona de influencia británica, extensión de su dominio de la India. En el desarrollo de la segunda Guerra del Opio las Flotas británica y francesa bombardearon y conquistaron Cantón. Estados Unidos firmó un “Tratado” con Somoa para asentar allí una base para su Marina de guerra.

Los Estados iberoamericanos heredaron las tendencias centralistas de sus metrópolis, de modo que, acabadas las guerras independentistas, en las que se demostró la escisión de sus propias sociedades entre los que defendieron la situación imperial, en la que se sentían consolidados, y los que deseaban la constitución de nuevas realidades políticas en las que pudiesen medrar, surgió la pugna entre los terratenientes, que, inicialmente, habían apoyado a las autoridades imperiales, que les aseguraban sus ventas en la metrópoli, y la burguesía comercial, la que había propiciado la independencia, el liberalismo y el librecambismo, que se materializó en enfrentamiento entre centralismo y poderes territoriales, que se manifestaban en regiones, provincias, municipios e incluso haciendas. Las más de las veces triunfó el centralismo, frecuentemente acudiendo a formas dictatoriales. Sin embargo, la tendencia al federalismo, por influjo imitatorio hacia el “Gran Vecino del Norte”, no dejó de hacerse sentir. Para las masas de mestizos, mulatos, negros e indios la independencia no supuso ningún cambio, en principio, en su posición social: continuaron marginados de la vida política, circunstancia que aún perdura en bastantes países, aunque ya circunscritos a determinadas zonas rurales, pero también al universo chabolista de los suburbios de las grandes ciudades, en todos los cuales la marginación, la guerrilla o el mundo selvático aparecen como formas de vida sin alternativa posible. El hacendado terrateniente, en cambio, aún aumentó su poder. Sus territorios constituían una comunidad autárquica organizada en castas al servicio de su propia familia, en una mezcla de visión feudal, servil, y aún más arcaica, asiática, a la que se llegó por la mera reproducción de comportamientos despóticos, sin ningún patrón teórico al que imitar, dada la imposibilidad de resistencia a sus grupos armados. La nueva situación incrementó su poder, al delegar en ellos el Estado la reaudación de impuestos y la “administración de justicia”, incluso en los núcleos urbanos ubicados dentro o en el área de sus inmensas posesiones. Continuando con su visión feudal, emparentaban entre ellos, con intención de incrementar sus propiedades mediante lazos matrimoniales, ligado al concepto patrimonial.

Con frecuencia se agrupaban en torno a un caudillo, que solía ser un gran terrateniente, en defensa de sus intereses, llegando a imponer, cuando triunfaban, dictaduras en las que impregnaban su programa político e ideológico, acaparando, como Presidentes de las diversas repúblicas, el poder ejecutivo, pero también el legislativo y el judicial, coherente con sus planteamientos propiamente aristocráticos, aunque desfasados. Curiosamente, la demanda de materias primas necesitadas por la industrialización europea fomentó tal proceso, al tiempo que originaba grandes cambios que iban a hacer tambalear dicha situación. La elevada proporción de comercio exterior e inversiones extranjeras, europeas, la sustitución del imperialismo clásico por el neoimperialismo económico, suponía la imbricación en un mercado mundial del que se hacían dependientes. Esto significaba verse implicados en las crisis económicas internacionales, como la que hubo dicho año. Beneficiándose de la existencia de dos candidatos liberales, el Partido Conservador de Ospina alcanzó el poder en Nueva Granada. Hasta 1.858 la Compañía de las Indias Orientales británica siguió conservando su dualidad entre empresa privada y organismo público. No obstante Cornwallis ya había separado las actividades comerciales de las militares. Estas últimas fueron encargadas al Convenanted Indian Service, creado para tal fin. Con ello se alejaban las posibilidades de corrupción. La Compañía continuó con una explotación racional, repartiendo unos dividendos entre el 7 y el 10%. Sin embargo, el Gobierno, conforme veía que la balanza comercial se descompensaba por el lado asiático, impuso medidas restrictivas y proteccionistas. La consecuencia fue un importante contrabando, que la Compañía vendiese en Gran Bretaña té chino, más barato, y que exportase a Cantón la mayoría de los productos hindúes, donde no sufrían ningún tipo de limitaciones. Los cipayos llegaron a ocupar Deli, que se iba a convertir en una ratonera para ellos. Sus jefes carecían de dotes políticas ni la capacidad de organización de los Generales británicos, que, tras un largo asedio, la reconquistaron. Entre otras razones debido a la ayuda prestada por sikj y gurja, así como por la tenaz resistencia de un reducido contingente británico, que impidió en Lucknow el paso de un inmenso número de hindúes.

Durante la contienda ambas partes cometieron infinitas atrocidades, con cruel ensañamiento. Finalmente se llegó a un Tratado de Paz. Sayyid Ajmed Jan Bajadur, que recibiría el título de Sir por el imperio británico, pertenecía a una familia de funcionarios del imperio mogol. Desde los 20 años trabajó para la Compañía de las Indias Orientales y como funcionario para los dominadores británicos, ejerciendo tareas judiciales. Era un escéptico, crítico, no dogmático, profundamente contrario a los hindúes, a los que consideraba animales inmundos, sin ningún derecho ni considracion. Estaba convencido de que, si los británicos eran expulsados de la India, los mahometanos serían excluidos de cualquier tarea de Gobierno o de la administración. Así que se mantuvo leal a los dominadores durante la insurrección, e hizo todo lo posible para conseguir un equilibrio de poder entre los mahometanos y los británicos. En adelante los príncipes hindúes serían tratados de otro modo. El 1 de noviembre el Gobierno británico tomó directamente la administración de la India, arrebatándosela a la Compañía de las Indias Orientales, y la convirtió en colonia de la corona. Los administradores generales de la Honorable Compañía de las Indias Orientales fueron sustituidos por Gobernadores Generales, con título de virreyes y mandato por 5 años, a los que asistía un Consejo Ejecutivo de 5 miembros. Para evitar nuevos levantamientos como el padecido se tomaron una serie de medidas que incrementaban el control y dominio británicos sobre el territorio. A los 500 principados semiautónomos se les prometió no entrometerse en sus asuntos internos (es decir, que mantuviesen su poder tiránico tradicional, lo que, indirectamente, impedía el progreso social, cultural y, sobre todo, económico, la imitación a los modelos y procedimientos europeos, que se demostraban triunfantes) a cambio de no cuestionar su sometimiento a la soberanía británica. Esto supuso esclerotizar la división territorial del subcontinente, que estallaría de forma conflictiva cuando el Gobierno surgido tras la independencia tratase de imponer una soberanía nacional, acabando con tales principados: un legado pernicioso adicional para la posteriordad. Además había 250 distritos, dominados de modo absolutista por los collectors, herederos de los antiguos cobradores de los impuestos arrendados o anticipados al anterior estamento dirigente.

En el Gobierno británico existía un Secretario de Estado para la India, asistido por el Council of India, compuesto por 15 consejeros, a los que se les exigía 9 años de experiencia directa en dicho virreinato. Desapareció la anterior permisividad. Se prohibió a los hindúes participar en la administración pública y llevar armas. A los de religión mahometana se les consideró especialmente culpables de la insurrección. Se desató contra ellos una cruel campaña de represalias.

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