0001-Derivaciones del complejo de Edipo en la génesis de mucha mitología politeista

Los más antiguos documentos hallados hasta ahora corresponden al IV milenio antes de nuestra era y a Sumer [1], regada por los tramos finales de los ríos Tigris y Éufrates, en lo que hoy pertenece a Irak ¿O a Estados Unidos de América? De su literatura destacan los proverbios, lamentaciones, algunos ensayos, poemas épicos, como el de Gilgamech [2], y mitos como el de la creación. Según éste, hubo cuatro creadores: An, dios del cielo, Ki, diosa de la tierra, Enki, dios del agua, y Enlil, dios del aire. Para crear todo el universo les bastaba con pensar lo que deseaban y decir su nombre [3]. Para mantener el cosmos en movimiento continuo y armonioso, y evitar la confusión y el conflicto, ordenaron leyes inmutables universales que obligaban a todo lo creado [4]. Todo esto prueba la incuestionable lógica de este pueblo del que muchos otros, hasta la actualidad, aprendieron la construcción de canales y pirámides escalonadas, la agricultura de regadío, los números, la escritura, las matemáticas, la contabilidad, la estadística, la astronomía, la astrología y la organización del Estado.

Más “materialista”, carnal y humana era la visión griega del mismo trasunto: En el principio existía el Caos, del que nació el Cosmos [5] o Universo. De él nació Gea o Gaya, diosa de la Tierra. De ella nació Urano, dios del cielo. De la unión incestuosa de éste y su madre nacieron los titanes y los “hecatónquiros”, que tenían cincuenta manos en cada brazo y cincuenta cabezas. Urano, temiendo que, con semejante poder, pudieran derrocarlo, los encerró, por lo que Gea pidió al titán Cronos, dios del tiempo, que liberase a sus hermanos. Así que éste castró a su padre y conquistó su reino celestial. Gea, que no deseaba tal desenlace, se quedó preñada con la sangre que Urano derramó, pariendo, entre otros monstruos y seres vengativos, a Tifón, de cien cabezas, que arrojaba lava por el volcán Etna [6]. Cronos temió que lo destronaran, por lo que volvió a encerrar a sus hermanos los “hecatónquiros” y los titánicos, excepto a la titán Rea [7], y se comió a los hijos que tuvo con ella, salvo a Zeus [8], que ésta ocultó, sustituyéndolo por una piedra envuelta en pañales.

De mayor, Zeus castró a su padre y le hizo vomitar la piedra y sus hermanos dioses [9], liberando a los apresa­dos, los cuales, abusando de su poder monstruoso, relegaron a aquellos a un segundo plano. Por ello Zeus promovió una coalición [10] de todos los dioses, haciéndoles jurar fidelidad ante la laguna Estigia [11], hija del titán Océano, en un pacto cósmico [12], por el que, tras la victoria sobre los monstruos, tomaría la direc­ción del cielo olímpico. Aunque prometiendo respetar a los demás dioses y comportarse democráticamente con los deseos mayoritarios de éstos. Con ello se refleja el desarrollo pac­tis­ta, tolerante, contractual, comercial, legislativo, jurídico y democrático, “político”, no estricta­men­te imperialista, que los helenos habían llegado a alcanzar.

El mito griego de Edipo de Tebas relata que, a su nacimiento, un oráculo profetizó que mataría a su padre, el rey Layo, y mantendría relaciones incestuosas con Yocasta, su madre. El rey de Tebas, decidido a eludir su destino, ordenó a un esclavo que asesinara al recién nacido. Pero, cada vez que intentaba ejecutar el crimen, se lo impedía la sonrisa del niño, de modo que lo dejó colgado de un árbol, cabeza abajo, en la montaña, a sabiendas de que así provocaría su muerte. Antes de que ésta se produjese, lo encontró un pastor trashumante y se lo llevó a Corinto [13], cuyo rey decidió adoptarlo [14] ocultando su procedencia. De mayor, Edipo consultó a un oráculo, que reiteró que mataría a su padre, el rey, y se casaría con su madre, la reina. Creyendo huir de su destino se marchó a Tebas. Fue entonces, antes de llegar, cuando topó con su verdadero padre, y, suponiendo que se trataba de un salteador de caminos emboscado [15] y su banda, lo mató.

Más tarde encontró a la esfinge [16], quimera de leona con cabeza y torso de mujer [17], que le preguntó, bajo la amenaza de comérselo [18] si erraba la respuesta: “¿qué animal anda a cuatro patas, luego sobre dos y, de viejo, sobre tres?” A lo que Edipo respondió: “el hombre, que primero gatea, después camina, y acaba apoyándose en un bastón” [19]. Acertada su adivinanza, derrotada, la esfinge se suicidó arrojándose por un barranco. Los tebanos, creyendo que a Layo lo habían matado asaltantes desconocidos, convencieron a la reina viuda para que, en agradecimiento por haberles librado del monstruo criminal, se casara con el héroe, cuyo valor e inteligencia eran superiores a los del difunto, por lo que esperaban que fuese incluso mejor rey. La peste asoló el país y, al preguntar al oráculo por el posible remedio, contestó que se trataba de un castigo de los dioses por haber acogido como rey al asesino del anterior, y permitir que sobrevivieran sus hijos incestuosos.

Comprendiendo lo que había ocurrido, Yocasta se suicidó [20]. Edipo se arrancó los ojos [21] y abdicó como rey [22]. Tras ser desterrado [23] se refugió en un santuario de Atenas hasta su muerte. Ya para entonces el incesto y el enfrentamiento contra el padre debían considerarse conductas vergonzosas, puesto que los protagonistas no deciden cometerlos voluntariamente, sino que ignoran la trascendencia de lo que hacen. Posiblemente se trate de una versión “revisada” o “censurada” del mito primigenio, dado que el castigo es incoherente con la inocencia, y, según la tragedia “Edipo Rey”, de Sófocles, el relato más antiguo del mismo que nos ha llegado, sólo puede culparse de los acontecimientos al ciego y cruel destino.

En todo caso parece injusto que se castigue por ello a los hijos. Al menos desde una percepción moderna, no vengativa, de la justicia. Creonte, hermano de Yocasta, fue nombrado regente. Según narra Esquilo en la tragedia “Los Siete contra Tebas”, Etéocles, hijo menor de la pareja incestuosa, en ausencia de su hermano mayor, Polinices, reclamó el trono. Éste, indignado, invadió el país con un ejército extranjero. Tal enfrentamiento es una deformación posterior del mito original, como se explicará más adelante. En la lucha murieron ambos. Creonte prohibió que el rebelde fuese sepultado. La hermana de ambos, Antígona,  amante de Hemón, hijo de Creonte, incumplió la orden, argumentando que las leyes divinas estaban por encima de las humanas [24]. Dado que sostenía que el entierro aseguraba la vida de ultratumba, se la condenó a ser sepultada viva. Con lo que Hemón perdió su objeto amoroso por la autoridad del rey, su padre, y se completó el castigo contra Edipo, Yocasta y sus hijos. Así Tebas quedó libre de las desgra­cias enviadas por los dioses. Entre ellas se sobreentendería, en su época, que se estaba justificando la posterior pérdida de la capitalidad de la Liga helenística, y sus continuas guerras contra Atenas y la Liga del Peloponeso. Hemón se suicidó, y, a consecuencia de ello, también su madre, Eurídice [25], la esposa de Creonte, final contrapuesto al del mito edípico, e incluso a la propia naturaleza, puesto que los hijos deben sobrevivir a sus padres.

El mito se reproduce en Orestes, hijo de Agamenón [26], rey de Micenas, jefe de las fuerzas griegas contra Troya, que no podían zarpar por culpa del viento del Norte. Consultaron a un adivino, quien respondió que se trataba un castigo de Ártemis [27], diosa de la caza, por haber matado sus tropas a uno de los animales salvajes que protegía en su bosque [28], y que cesaría si sacrificaban a Ifigenia, hija de Agamenón [29]. Algo que resulta bastante injusto [30]. El mismo asunto se recoge en la Biblia, cuando Jefté se ve obligado a ofrendar a su hija, tras la victoria sobre los amonitas, por haber prometido inmolar a la primera criatura que se le apareciese [31]. Y también con Ayaz y Manasés [32], cuyos nombres suenan a griego y egipcio, respectivamente. Aunque era tradición hebrea sacrificar a sus primogénitos, como demuestran los millares de vasijas con huesos de niños encontrados en las ruinas del templo del cerro de La Alcudia, Elche La Vieja o Ilici. Después la costumbre se trastocaría, entregando a los primogénitos varones al Templo de la Sagrada Salem [33] sólo para que fueran escogidos como sacerdotes [34], si superaban las pruebas. También se repite el mismo tema en la narración de Plutarco sobre Meandros, que prometió sacrificar a la Reina del Cielo a la primera persona que le felicitara [35] por su conquista de Pessinos. Resultó ser su primogéni­to, Arquelao. Sin embargo, sintió arrepentimiento [36] y se ahogó arrojándose en el que, desde entonces, es conocido como río de Meandros.

Durante los diez años que duró la guerra, la esposa de Agamenón, Clitemnestra, tal vez odiándole por haber ofrendado a su hija [37], se enamoró de Egisto. Éste era hijo de Tiestes, que rivalizó con su hermano Atreo por el trono [38] de Micenas,  a causa de lo cual sedujo a su cuñada [39] para robar el vellocino de oro [40]. Con él logró que el pueblo lo escogiese como rey. Hasta que Zeus invirtió el curso del sol, haciendo que se pusiera por el Este [41], lo que forzó a la sustitución del monarca. En venganza por la traición de Tiestes, Atreo le invitó a un gran banquete, al final del cual le informó que había comido la carne de sus dos hijos [42] varones, mostrándole sus cabezas. Tiestes reaccionó maldiciendo a su hermano y a toda su descendencia. Sobre el modo de vengarse interrogó al oráculo de Delfos [43]. Le contestó que su destino era violar a su hija y casarla con Atreo, ocultándoles padre e hija que era sobrina del que iba a ser su esposo, y que estaba embarazada. Decidió que, si de este modo iba a lograr su venganza, no se opondría a su destino. Cuando Egisto, fruto de esta relación incestuosa, se hizo mayor, le forzó a que matase a su padre putativo [44]. Al retornar Agamenón de la guerra [45] con la princesa troyana Casandra [46], recibida [47] en recompensa por el triunfo obtenido, Egisto [48] y Clitemnestra los asesinaron. De todo lo cual resulta que los celos, así como la disputa amorosa, fueron los motivos del parricidio. Electra [49] convenció a su hermano Orestes para que matase a los adúlteros asesinos [50].

Los griegos clásicos fueron insuperables al reflejar en su mitología las pulsiones más significativas en el desarrollo evolutivo de la Humanidad [51], de la forma más descarnada y auténtica. En su maravilloso libro “Totem y Tabú” [52], Sigmund Freud [53] sostiene que, al principio, los padres expulsaban de la familia a los varones cuando llegaban a la pubertad. Investigaciones de finales del siglo pasado descubrieron que dicha conducta también era propia de todos los demás mamíferos que viven en familia, aunque no de los que viven en manadas. Sin embargo, en los chimpancés y gorilas sólo se aplica a los más díscolos y perturba­do­­res de la comunidad [54]. Mientras que admiten la permanencia de los que renuncian a la rivalidad sexual, a acosar a las hembras [55], y aceptan ser considerados como ma­chos débiles, al menos temporalmente. Lo que conlleva reprimir sus instintos sexuales y acatar pacíficamente la autoridad de los machos (dominantes) de jerarquía superior. Es decir: el “orden social establecido”.

Lo que Freud considera su “hipótesis primigenia” es que, en determinado momento, los hermanos se coaligaron para matar y comerse al padre, repartiéndose su harén, que in­cluía a sus respectivas madres. Según él, la rememoración ritual de este hecho es la “euca­ris­­tía” [56]. Es de suponer que también lo sea la cena ritual moisíaca [57] de los alimentos puros, que no pueden preparar ni repartir las mujeres en periodo de mens­trua­ción, o que hayan mantenido relaciones sexuales -ni tampoco los hombres en iguales circunstancias- en los tres días previos. De dicho crimen primordial devendrían el comportamiento llamado “complejo de Edipo”, la vida en socie­dad, la obediencia y cuidado reverenciales a los ancianos, la pro­hi­bición del incesto y el invento de la religión [58], las leyes, la política, el consejo de ancianos, seniles o se­na­dores, y la primitiva democracia, evitando el ataque de sus hijos cuando la fraternidad (her­mandad, cofradía) de asesinos se hiciesen viejos y débiles, y así asegurar su supervivencia.

Estudios de los últimos años han revelado que los chimpancés también hacen “política”. Que no sólo usan la fuerza para conseguir el dominio sobre los demás machos, sino que establecen bandas, mediante la “amistad”, actitudes “simpáticas”, sumisas, abrazos y despulgado, para actuar conjuntamente e imponerse a sus rivales, repartiendo con los coaligados los privilegios del rango: por ejemplo, los mejores trozos de los monos cazados y las mejores hembras. Que también entre los chimpancés es frecuente el “adulterio”, engañando los jóvenes a los machos dominantes, a base de señas secretas, mediante gestos, a distancia, a las hembras. O hacerles “regalos” a escondidas, por ejemplo trozos de carne de caza. O cuidar y protegerles sus crías. Si son descubiertos por el dominador de dicha hembra, o por alguno de sus “súbditos”, partidarios o “trepadores”, que esperen “ascender socialmente” o conseguir “prebendas” con ello [59], y se lo informan a éste -no se sabe cómo- el grupo de los machos superiores matan y se comen al “infractor” [60].

Relata Freud en el citado libro que, en África central, se mantiene que los dioses dan muerte automática y directamente a los incestuosos. Pero, si el castigo se demora, deben ser los humanos quienes lo ejecuten en su lugar, ahorrándoles tal molestia. Una vez asumida, interiorizada, dicha prohibición, se genera un sentimiento de vergüenza, de ocultación de que semejante deseo haya llegado a existir. Quizás para evitar que se propague, que se considere algo normal, inquietando la convivencia comunitaria. Un mito de dicha zona geográfica narra que su dios creador necesitó cruzar el Níger. Así que hizo muñecos de barro y les dio vida para que le construyeran una barca y remasen: sus descendientes somos el resto de los humanos. En este simplificado mito creador no aparece ninguna relación sexual, ni siquiera algún elemento femenino. Ni los hijos se rebelan contra el padre, ni tan siquiera, disimulando tal enfrentamiento, como proyección, bajo la aparien­cia de lucha entre hermanos, entre iguales. O se trata de un mito muy antiguo, o la “censu­ra” ha actuado en profundidad, o ambas cosas a la vez.

Para los egipcios, el dios creador era Osiris [61]. Moldeó al primer hombre, de barro, en un torno de alfarero [62], le enseñó la religión, la ley, a hacer fuego, la agricultura, a leer y escribir [63] y todas las ciencias [64]. Era hermano de Set [65], dios de los infiernos. Esta fraternidad es antecedente de los dioses persas Ormuz, del bien, y Arimán, del mal. Como individualidad, Set lo es de Satán [66] o Luzbel [67]. Sin embargo Lucifer [68] no es más que el nombre del planeta (lucero) personificación de las diosas del amor y la belleza grecorroma­nas Afrodita/Venus [69]. Y Belcebú es la defor­ma­ción de Baal-Sbu [70]. Con todo ello se cumple el aforismo antropológico de que los dioses de las culturas derrotadas se convierten en demonios de las culturas triunfantes. Set odiaba y envidiaba a su hermano, y deseaba a la esposa de éste, Isis, hermana de ambos, diosa madre personificación de la lealtad conyugal y del amor materno hacia su hijo único, Horus [71], engendrado tras la resurrección paterna [72]. Isis buscó, unió y revivió [73] los trozos del cuerpo [74] de su esposo, que Set, tras asesinarlo, había esparcido y escondido para evitar que fuese resurrecto. Sin embargo la vitalidad del resucitado estaba re­du­ci­da a su permanencia en los límites del infierno, por lo que pasó a ser dios de los muertos y esperanza de un juicio justo/misericordioso y de la resurrección de los humanos de corazón puro. Horus [75] lo vengó matando a Set, el “otro yo” o proyección de la figura paterna [76].

También en el mito griego de Perséfone [77] ésta es raptada por Hades [78], dios del infierno y del destino. Su nombre en griego era Aides, que podría ser deformación de “aidios” [79], significando “eterno”, “innato”, de “aidoion”, que es traducible por “desnudeces”, “partes pudendas”, o de “aidoios”, en el sentido de “venerable”, “augusto”, “el que perdona”, o “re­con­ci­lia­dor”. La madre de Perséfone, Deméter, diosa griega de la agricultura [80], la acompañó al infierno [81], por lo que todas las plantaciones de la tierra se secaron durante este tiempo, hasta que con­ven­cie­ron a Hades. Éste puso como condición que Perséfone se casara con él. Comprendiendo que pretendía escapar, Hades le dio de comer un grano de granada, el fruto de los muertos [82], que la obligaba a regresar todos los inviernos. Aunque lo hacía acompañada de su amante, Adonis [83], conviviendo los tres bajo tierra durante los meses más tristes y fríos del año [84]. Para los hebreos Adonai significa “Señor”. También se cita en la Biblia como Tammuz, nombre del solsticio [85] de verano [86], que tomaron de la mitología babilonia, que, a su vez, lo derivaron de Dumu-zi, de la sumeria. Por su muerte lloraban las mujeres de Israel, incluso en el Templo de Jerusalem [87], demostrando la impiedad a la que se había llegado.

Una primigenia divinidad creadora, maternal, y de la fertilidad de la tierra, se denominaba Aba, Jaba o Jeba, según las diferentes grafías mesopotámicas o hititas. En la Biblia se llama a Javvaj [88] madre de todo lo viviente, así que su relación con Adam [89] también pudiera ser incestuosa [90]. A la misma conclusión se llega reflexionando sobre la creación de Eva a partir de una costilla de Adam, lo que la haría clon o hermana de éste. De cualquier forma el incumpli­mien­to de la prohibición del Creador es claramente una rebeldía contra la figura paterna. Caín [91], personificación de los agricultores, odiaba y envidiaba a su hermano menor, Abel, personificación de los pastores. El nombre hebreo original de éste, Hebel, que significa soplo, fugacidad, pudiera estar relacionado, además de con su corta vida, con el nomadismo del pastoreo transhu­man­te, y ser epónimo de “heber”, en castellano “hebreo”. El motivo de la discordia era que Dios, figura indudablemente patriarcal, prefería las ofrendas de Abel [92], por lo que su hermano acabó asesinándolo. Como escribió Antonio Machado: “la envidia de la virtud [93] / hizo a Caín criminal / ¡Gloria a Caín! hoy el vicio / es lo que se envidia más”. En esta versión del mito también se oculta el elemento materno, si bien la oposición al padre resulta patente por los reproches divinos y el castigo del crimen. En la Biblia se cita a los “hijos de Dios”, que se interpreta que serían los descendientes de Set [94], el tercer hermano, y a las “hijas del hombre” [95], que se supone lo serían de Caín [96].

Cuando Abram [97] llegó a Egipto presentó a su esposa Sarai [98] como su hermana, para evitar que su belleza pudiera desatar las ansias de los poderosos y que lo mataran. Efectivamente el faraón decidió tomarla como concubina. Así que Dios envió plagas contra él y su familia. Al comentarle a Sarai sobre tales desgracias, le informó que, en realidad, era la esposa de Abram. El faraón se enfureció, preguntándose qué habría ocurrido si hubiera llegado a llevársela a la cama, y los expulsó de Egipto [99], aunque respetándole los regalos que les había hecho. Igual les ocurrió en Guerar con el rey Abimelec: intercedió también Dios [100] recibiendo ambos más regalos. Con el mismo rey se repite el percance respecto de Isaac y Rebeca. Parece como si la Biblia tratara de disimular una especie de prostitución, o engaño basado en la prostitución, de la esposa/hermana, confusión de personalidad que, a su vez, oculta la mitificación de los deseos primigenios por la madre. En sentido contrario José tuvo problemas con la esposa/hermana de Putifar. Todos ellos reproducen, en realidad, el “Cuento de los dos hermanos”, que aparece en múltiples papiros egipcios.

También hay oposición fraterna entre Esaú [101], perso­nificación de los violentos cazadores, y Yacob [102], personificación de los pacíficos pastores, que engañó a su padre ciego, haciéndose pasar por hijo primogénito, con la colaboración de su madre. La oposición al padre se refuerza porque Dios luchó con él durante toda una noche: por ello lo denominó “Isra-El” [103]. Tal vez sea el relato mitificado de uno de los primeros intentos de invadir Canaam cruzando el Yordán, posiblemente en la confluencia con el arroyo Yaboc, donde pactarían la confederación de las tribus israelitas en un ejército unificado, y del que tomarían tal nombre, posteriormente trastoca­do.

Debieron sufrir un ataque nocturno de los filisteos [104], al que habrían conseguido resistir, aunque con tantas bajas que les obligarían a abandonar la expedición, volviendo a la otra orilla. La Biblia lo escenifica como el rapto y violación de una de las hermans, personificación de la tribu decimo tercera, que justifica la invasión de las demás tribus en su venganza. Como sería incoherente reconocer tal rechazo [105] lo explicarían como que Dios no estaba, entonces, dispuesto a cederles dicha tierra, de su parte (luchó contra Yacob, contra Israel) aunque el sueño de la escalera hacia el cielo indicaría que, más adelante, llegarían a lograrlo, y a construir un templo en dicha tierra. Ammón [106], hijo mayor del emperador David, violó a su hermanastra Tamar, que huyó avergonzada a casa de su otro hermanastro Absalom. Éste [107], dos años más tarde, consiguió emborrachar y asesinar al heredero del trono [108]. Con ello y otras demagogias se atrajo al pueblo para rebelarse contra su padre, mante­nien­do ante la vista de todos relaciones sexuales con las concubinas de éste [109]. Joab, general de David, consiguió derrotarlo [110] y lo mató [111] de una lanzada cuando quedó colgado de un árbol, al enredarse su larga cabellera en una rama mientras huía al galope.

En las leyendas de Arthur, o Artús, la bruja Morgana envidiaba a su cuñada, la reina Ginebra [112], y era contraria a la pseudo-democracia [113] cortesana de los caballeros de la mesa redonda [114]. Pretendía un reino tiránico y militarista que lograse el triunfo definitivo sobre los anglos [115] y los sajones [116]. Para ello narcotizó a su hermano y tuvo con él un hijo [117], que se rebelaría contra aquél, alanceándose ambos [118] en la batalla resultante. También se reproduce dicho mito en “Hamlet”. Aunque se oculta que deseara sexualmente a su madre [119] se deja claro que estaba loco y que muera al final de la obra, después de matar, en duelo, al asesino de su padre. Shakespeare [120] era homosexual, de cultura escasa, nunca estuvo en Italia, y fue amante del filósofo Sir Francis Bacon, que sí vivió tres años en Italia, desvalijando sus bibliotecas, llevándose libros a toneladas a Inglaterra, especialmente de historia. Por todo ello se cree que Bacon es el verdadero autor de las obras que se atribuyen a William Shakespeare. Igualmente se sospecha que éste no era el verdadero padre de “sus” hijos, uno de los cuales se llamaba Hamlet, y murió de fiebre, siendo muy pequeño. También tenía un nombre parecido el padre de dicho productor, empresario, director y actor teatral [121]. Así que la citada tragedia puede escenificar [122], no sólo el complejo de Edipo, sino el dilema [123] entre desvelar la cruel verdad o proseguir en la mentira. En el caso de Shakespeare, la que él ocultaba, habría conllevado la pérdida de su prestigio social y la protección que la reina [124] le dispensaba.

Igualmente se refleja, muy oculto y deformado, en el cuento de Blancanieves. Ésta se comporta como madrecita de los enanitos, que perderían la custodia de su cuerpo cuando, al dejarlo caer, por un tropiezo, expulsó el trozo de manzana envenenada, obstruido en su garganta, y retornó a la vida. Sin embargo no queda clara la oposición “hijos”/enanos y ¿padre?/príncipe, sino entre los personajes femeninos: la madrastra, que manifiesta una rivalidad activa [125], y la hijastra, que presenta una actitud pasiva ¿Rivalidad, celos, respecto de quién? Como la figura paterna no tiene acusado protagonismo en este relato, habría que suponer que se proyecta en el príncipe. Así queda perfectamente narrable a los niños. No obstante, si sustituimos los personajes disfrazados de la representación por los reales, deja de parecer tan infantil. Felipe IIIº envió al joven príncipe Felipe, de dieciséis años, al Tirol, para que conociera la tierra de sus antepasados paternos. Allí se enamoró de Maria Edelweiss, la flor blanca [126] endémica de los Alpes, que, durante el invierno, sobrevive bajo la nieve. El apellido de la joven también era un derivado de nieve, igual que el nombre del condado de su padre. Allí poseían una mina de carbón, que, como era normal en la época, explotaban enanos y niños. Con ello se lograba disminuir el tamaño de las galerías -aho­rran­do trabajos de perforación y reduciendo tiempos improductivos y costos- y pagar salarios más bajos.

Los espías (¿el espejo mágico [127]? ¿la madrastra? ¿la bruja, es decir, la madrastra disfrazada?) informaron al rey del problema que se presentaba, puesto que dicha familia era fiel a la Iglesia Reformada luterana, y la pretendida no estaba dispuesta a abjurar de su religión [128]. Así que fue muy oportuno que muriera [129], en beneficio de la Santa Madre Iglesia Católica. Y también se repite en Don Juan Tenorio [130]. Aunque el deseo por la madre se proyecta en Doña Inés, una novicia que, de haber continuado en el convento, bien podría haber llegado a la categoría de “madre” superiora o abadesa. En la obra de José Zorrilla la figura paterna aparece repartida en cuatro personajes [131]. El auténtico padre acude a la Hostería del Laurel con antifaz, ya que el drama se desarrolla durante las fiestas de carnaval, recuerdo de las fiestas romanas de fin de año. En ellas se conmemoraba cómo los dioses griego Cronos y romano Saturno, personificaciones del tiempo, se comían a sus hijos (¿los hombres?) por lo que éstos se apresuraban a mantener todas las relaciones sexuales que pudieran y a coger borracheras “crónicas” o “saturnales”, casi mortíferas, casi cumplidoras de la advertencia mítica. De modo que dicha festividad resultó vilipendiada y proscrita, incluso en nuestros días, y sus practicantes precisaron ocultar su rostro. Trataba aquél de salir de dudas sobre los rumores de que su hijo no respetaba a ninguna mujer ni la vida u honor de ningún hombre. Así se lo increpó tras oír el relato de sus tropelías, pero intentando evitar la vergüenza de reconocerse públicamente como su padre. Don Juan, tras exigírselo y no ser obedecido, le arrebató el antifaz de un manotazo, lo que aquél interpretó como que lo había abofeteado en público, ofensa medieval que significaba retar en duelo.

También acude con antifaz el “otro yo” paternal, el Comendador, padre de Doña Inés [132]. Y Don Luis Megía, el “alter ego” (cuasi hermano) de Don Juan, en el que se proyecta la rivalidad respecto del padre. Tras escuchar la relación de sus afrentas contra “la moral y las buenas costumbres” [133], el Comendador rompe el compromiso de casar a su hija con Don Juan. De modo que éste decide raptarla, así como seducir y deshonrar a la prometida de Don Luis, la noche antes de la boda de dicha pareja. Con ello desharía el empate, reconocido por todos los presentes, respecto de sus listas de despropósitos, obteniendo la victoria definitiva sobre su rival. La Quinta del Guadalquivir, la “…apartada orilla / (donde) más pura la Luna brilla / y se respira mejor…”, es, en realidad, el palacio [134] de Don Miguel de Mañara y Vicentelo de Leca [135], el auténtico “Don Juan”. En él se encerró con su esposa, que lo había apartado de su vida de adulterios y duelos, para escapar de la peste [136]. Pero la epidemia traspasó las murallas de la ciudad y mató a la joven, lo que produjo en Miguel de Mañara una tremenda pesadumbre y arrepentimiento. Por eso fundó la Orden de los Caballeros de la Caridad y se integró en ella, quemando y enterrando en cal, en los sótanos de las iglesias y el foso de las murallas, a los apestados. Cuando cesó la epidemia continuaron sepultando a los pobres y ajusticiados [137], ofreciendo misas por su descanso y socorriendo a las viudas y huérfanos de los mismos que lo precisaran.

Convertiría dicho palacio en Hospital de la Caridad [138], donde aún se acogen viejos y enfermos pobres. En su capilla, de barroquísmo decadente, se conservan las pinturas de las “postrimerías” o podredumbre e inutilidad de las ambiciones tras la muerte, obra de Valdés Leal. En dicho marco coinciden de nuevo dos de las figuras que componen la personalidad paterna. Y allí el Tenorio les da muerte, en presencia del objeto de la rivalidad amorosa, al que se ve obligado a renunciar ante la llegada de las fuerzas del orden público [139], que pretenden imponer el sometimiento a lo establecido. Vuelven a coincidir, ya muertos, salvo el protagonista, en el panteón [140] que el verdadero padre de Don Juan construyó para los tres personajes paternos y Doña Inés, con el patrimonio que desheredó a su hijo. Por lo que éste, en presencia del sobrecogido capitán Centellas [141], se burla imprecándoles: “si buena vida os quité / mejor sepultura os di”. E invita a cenar a la estatua del Comendador [142]. Acabada dicha (última) cena, desconcertados todos por la presencia del fantasma [143], el capitán mata al Tenorio en duelo [144]. También coinciden, tras la muerte, en la escena final, en la que sólo el amor, casi materno, de Doña Inés, habla a favor del pendenciero [145], obteniendo el perdón para quien había optado por vivir huyendo, alejado de su tierra [146], a la que sólo regresó para unirse (eternamente) con su objeto amoroso. Igualmente aparece el mismo mito en “La vida es sueño” [147], aunque ocultando el deseo sexual hacia la madre [148], prácticamente ausente en dicha obra, como cualquier otra figura femenina [149] destacable.

El complejo de Edipo se supera o “resuelve” (en los casos en los que no se trunca el recorrido hacia la madurez viril) cuando el niño comprende que es imposible la rivalidad con su padre y que debe renunciar a su madre como “elección de objeto”, según la terminología freudiana, proyectándolo hacia otro elemento femenino, habitualmente su hermana mayor, que, más tarde, se suele transferir a una profesora.


[1]  En realidad este nombre deriva del acadio Chumerum: los hoy conocidos como sumerios se llamaban a sí mismos cabezas negras, no se sabe por qué, y a su territorio Ki-engir. La palabra edén parece derivada de otra sumeria que significa llanura, siendo la que ellos habitaban inusitadamente fértil, repleta de agua potable y animales. Actualmente se sospecha que eran pastores expulsados por la desertización del Sajara (en vascuence sakarraj significa “malas hierbas”) igual que los habitantes de muchos otros pueblos, que, en su caso, aprendieron o desarrollaron la metalurgia del cobre tras pasar por la península de Sinaí, donde este metal es abundante.

[2]  Hoy se mantiene que se trataba de un rey auténtico, de la ciudad de Uruk, la actual Uarka. Según el poema, para resucitar a su amigo Enkidu (¿significaría “hacer de la tierra cielo”?) pidió consejo a Ut-Napichtim -que había construido un barco en forma de arcón para salvar a una pareja de animales de cada especie durante el diluvio- quién le dijo que, bajo el mar formado, había una flor (semejante al mito griego de la mandrágora; tablillas posteriores se refieren a un fruto) de la vida eterna. Pero su aroma produjo a Gilgamech un profundo sopor durante el cual se la robó una serpiente, por lo que el sufrimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte se hicieron inevitables en la Tierra.

[3]  Esto recuerda el inicio del evangelio de San Juan: “En el principio era el verbo (es decir, la palabra) y el verbo era Dios”. En griego, el idioma en el que fue escrito, “logos” también significa pensamiento.

[4]  ¿No coincide esto con los postulados de Keppler, Newton, Leibnitz, Einstein, y la mayoría de los físicos, químicos, astrónomos, matemáticos, biólogos, evolucionistas, e incluso filósofos?

[5]  ¿Hay en esta genealogía alguna similitud con el “Big Bang” o “Gran Explosión”?

[6] Donde recaló, tras del diluvio (o “doble lluvia”, producida al abrirse, simultáneamente, las compuertas de las aguas superiores e inferiores) el arca de Deucalión, en la que transportaba todas las semillas, animales y hombres del mundo. Aunque según otros escritos arribó al monte Parnaso, el lugar favorito de las musas.

[7]  Que, en griego, significa accesible, complaciente, afable.

[8] Deus, Deo o Teo, según los distintos dialectos griegos, equivalente al romano Júpiter o Iove, de donde provienen joven, jovial, juvenil, júbilo, jubileo, jubilación, y el día de la semana Jueves.

[9]  Entre ellos estaba Hera -equivalente a la romana Juno, a cuyo honor se dedicó el mes de Junio- diosa del matrimonio, con la que se casaría. Su nombre en griego puede significar terres­tre, enamorada, ascendida, cosechar -lo que justificaría la elección del mes de la dedicatoria- apartar, quitar de en medio, o satisfacción, gusto, con raíz semejante a “eros”. Es curiosa la progresión genealógica de los nombres de las esposas/ma­dres o hermanas de los sucesivos dioses supremos: GEA-REA-HERA ¿La Tierra-por ser complaciente-fue ascendida? GHA-PEA-HPA, escrito en griego.

[10] ¿Mitificación de las Ligas o confederaciones de Estados griegos?

[11] Que rodeaba la Isla de los Bienaventurados, es decir, de los muertos, a los que el perro (en latín “can”) Cerbero, de tres cabezas y colas de serpientes, dejaba entrar pero impedía salir. Estaba dividida en Campos Elisios, de los héroes y justos, y Valle de Lágrimas, el reino del dios Tánatos, para los impíos y criminales. Esta extraña formación, de una laguna rodeando una isla, reproduce el paisaje de la mítica isla de Zera, posiblemente la que actualmente conocemos por su nombre veneciano: Santorini. Se supone que es la que dio origen al mito de la Atlántica: la caldera de un inmenso volcán que estalló, en cuyo interior el magma se solidificó dando origen a una nueva isla, concéntrica con los restos de la antigua, los bordes semiemergidos de dicha caldera. Se cree que tal estallido y las olas gigantescas que originaría causaron la desaparición de la elevada cultura cretense. Y quizás fuese la explicación de la primitiva acumulación de agua salada en el Mar Muerto.

[12] Con él sustituyó el poder de Caos por el orden del Cosmos o Universo. Algo semejante a la separación de las aguas, superiores (que producían la lluvia) e inferiores (que producían los mares, lagos, manantiales y ríos) de la tierra seca respecto del barro primiti­vo, que narra la Biblia, ya que para los judeo-israelitas el universo era una especie de submarino, vaciado de agua en su interior, pero inserto en el océano cósmico. Según los aztecas los dioses echaron barro sobre esterillas de mimbre flotantes hasta formar la tierra emergida, reproduciendo la forma en que los mixtecas o mechicas de Tenochtitlán, redenominada Mechico, México o Méjico, formaban zonas flotantes de cultivos sobre la laguna en que fue edificada y le servía de protección.

[13] Los venecianos la redenominarían Lepanto.

[14] Se interpreta que el nombre que le puso significa en griego “pie hinchado”, pues así lo encontró el pastor, consecuencia de haber permanecido atado y colgando por los pies. Yo creo que la verdadera etimología es “miraba hacia abajo”, lo que, aplicado a las posteriores relaciones con su madre, podría explicar por qué se arrancó los ojos, que, para los psicólogos, es equivalente a castración. Recuérdese que, según la Biblia, Noé condenó a su hijo Cam y a toda su descendencia, incluido Canán -epónimo de Canaam- a ser siervos de sus otros hijos, Sem y Jafet, y de sus descendientes, sólo por reírse de verlo desnudo durante su borrachera. Terrible castigo, porque en latín “servus” significa esclavo: Servia es el país de los esclavos, porque se pobló libertando a los que quisieron irse a vivir allí, al otro lado del Danubio, a riesgo de ser atacados por los bárbaros del Norte, sin defensa posible.

[15] En inglés se dice “ambush”.

[16] En árabe se dice “cherub”, de donde puede derivar el hebreo “querubim” u hombres con alas, al añadirle la desinencia del plural, castellanizado como “querubines”.

[17] Posible símbolo de la fiereza disimulada bajo la silueta maternal, especialmente cuando defiende a sus hijos. Y también de la engañosa ternura femenina, aparentemente infantil.

[18] ¿Símbolo de deseos libidinosos?

[19] Es de notar que esta adivinanza resalta la decrepitud de la vejez y lo antinatural del desarrollo humano, que se yergue orgullosamente sobre dos extremidades, sin estar de modo innato adaptado para ello, y mantiene dicha posición con ayuda de aditamentos artificiales cuando ya faltan las fuerzas para hacerlo por sí mismo.

[20] ¿Otra similitud con la esfinge?

[21] ¿Símbolo de castración, ocultada posteriormente para hacer el relato más presentable?

[22] Es decir, perdió su autoridad paterna, o renunció a competir con su padre.

[23] ¿Del paraíso? Más adelante se justifica esta analogía al referir la expulsión de Egipto de Abram.

[24] ¿Disimulaba así un amor injustificable por dicho hermano? ¿O por ambos? Esto explicaría por qué se  culpabiliza a los hijos de una relación incestuosa: no la del padre/hermanastro con la madre de todos ellos, sino de otra, al menos en forma de deseo, entre hermanos, posteriormente reformada, adecentada, oculta.

[25] Nombre de la desgraciada ninfa, fugaz esposa de Orfeo -hijo de Apolo, dios de la música y la poesía, y la musa Calíope de la poesía épica; era el mejor músico de entre los mortales, capaz de amansar a las fieras, quizás porque la música, en especial la proferida por una flauta, les haga parecer a los hombres pájaros de grandes proporciones, ni peligrosos ni comestibles- a la que, recién desposada, mató una víbora. Orfeo descendió a los infiernos y convenció a Hades con sus cantos para que la resucitara, advirtiéndole éste que no mirara hacia atrás hasta que no saliesen del abismo. Pero, al ver la luz del día, se volvió para comprobar que Eurídice lo acompañaba, de modo que ésta se desvaneció para siempre en la región de los muertos. Esto recuerda el castigo bíblico a la esposa de Lot, por mirar atrás al abandonar Sodoma. Orfeo vagó por los desiertos hasta que un grupo de dionisíacas, furiosas porque rechazó sus ofrecimientos sexuales en honor de su dios, lo despedazaron. El río Hebro arrastró su cabeza, que clamaba continuadamente por Eurídice, hasta la isla de Lesbos –patria de las lesbianas- donde las musas la enterraron. Su lira ascendió a los cielos convirtiéndose en la constelación de dicho nombre.

[26] Hermano de Menelao, cuya esposa, Helena, había sido raptada por Paris, príncipe troyano.

[27] Equivalente a la romana Diana, que tocaba el cuerno de caza (el “toque de Diana”) para despertar la vida.

[28] Derivado del alemán “bosch”, igual que el nombre/apellido italianizado Bosco, y el inglés arcaico Bush.

[29] Éste la hizo acudir al puerto de Áulide haciéndola creer que la casaría con Aquiles, el mayor héroe griego.

[30] Eurípides, en su obra “Ifigenia en Áulide”, lo evita haciendo que Ártemis la sustituyese por una cierva, lo que se asemeja a la sustitución de Isaac por una cordero, que fue su salvación.

[31] En el libro de Jueces, XI, 29.

[32] Según refiere el 2º libro de Reyes, XVI, 3, y XXI, 6.

[33] En griego Jero-Salem.

[34] Más tarde se incluyó a las niñas-vírgenes sirvientes.

[35] Se supone que sería la que más le amase o adulara.

[36] Al contrario de lo que ocurre con los hebreos. El relato sobre la orden de Yajvej a Abrajam para que le sacrificara a su hijo Isaac debe ser posterior, puesto que se lo impide en el último momento, sustituyéndolo por un cordero.

[37] O por castigo divino, pues por aquella época casi todas las religiones empezaban a rechazar los sacrificios humanos.

[38] Otra inferencia edípica.

[39] Madre de Agamenón -lo que hace de Egisto otra visión del mito de Edipo – y de Menelao.

[40] Posiblemente sea una fabulación sobre el método empleado en el Cáucaso para buscar oro, haciendo pasar el agua de las cascadas por vellocinos, vellones, toisones, tusones, lanas, zaleas o pieles de corderos, que atrapaban las pepitas. O también porque el vellón, al secarse, tras su esquila, toma un color de bronce dorado. Por ello a la primitiva moneda de real se le dio antiguamente dicho apodo.

[41] Se supone que esto provocaría la desorientación o desnorte de los barcos, lo que significa atribuir a dicho reino un poder marítimo que, hasta ahora, no se ha comprobado: tal vez sea una retroargumentación, hacia el pasado, del futuro esplendor griego y del peligro de Creta, Rodas, Fenicia o Persia, situadas al Este, o de Egipto, al Sur.

[42] Otra repetición de los mitos de Urano y Cronos.

[43] En griego significa hermano, ya que allí, en el monte Parnaso, situó Gea la piedra que Urano vomitó junto con los hermanos dioses, y la defendió con la monstruosa serpiente Pitón. Hasta que su nieto Apolo -equivalente al romano Febo, a cuyo honor dedicaron su mes Duodecember o Febrero, último del año- dios solar, de la agricultura, la ganadería, la medicina, la verdad, las ciencias, las profecías, la poesía, la música, el deporte y la belleza masculina, la matase, haciendo con su piel un taburete sobre el que, descendido a un pozo con emanaciones de gas natural, la “pitonisa” profería incoheren­cias, que los sacerdotes interpretaban.

[44] Aunque, en realidad, era su tío.

[45] Durante ella había disputado con Aquiles por la propiedad de la princesa cautiva Briseida. Como Aga­me­nón había hecho creer a su hija Ifigenia que Aquiles sería su esposo, se trata de otra relación edípica.

[46] A la que Apolo, a cambio de sus favores, otorgó el don de la profecía, pero que, al no cumplir ésta sus promesas, no pudiendo el dios faltar a las suyas, le añadió el castigo de que nadie la creyera. Sabiendo que Troya y su familia iban a ser destruidas, e incapaz de evitarlo, se volvió loca.

[47] Fue rescatada por Ayax, durante el incendio de Troya, del templo de la advocación Atenea, Azenea o Ateniense de la diosa Palas, la Virgen (en griego Partenon) en el que había ingresado por considerar que ya era mayor para que encontrase marido. Se la integró en el botín de guerra a repartir y aceptó con resignación que la entregasen como esclava a Agamenón, y que éste la utilizara como concubina, ya que lo había profetizado. Le predijo, en el viaje de regreso, que ambos iban a ser asesinados si llegaban a Grecia.

[48] Su primo/sobrino y her­ma­nas­­tro imputado.

[49] En griego significa “ámbar”, considerado entonces una piedra semipreciosa, cuya propiedad de atraer pelusas y motas de polvo, cuando se la frotaba, denominaron eléctrica o electrici­dad los jónicos, en griego iónicos o iones.

[50] Por lo que personifica el desmedido amor de las hijas respecto de su padre, dando nombre al complejo que no es sino la femenización del de Edipo.

[51] Que, posteriormente, pasa­rían al desarrollo evolutivo de cada individuo.

[52] El más enrevesado y difícil de entender de todos los que escribió.

[53] Que era aficionado a la antropología.

[54] Tal vez más afectados por las hormonas sexuales en dicha difícil eta­pa.

[55] Especialmente a sus hermanas.

[56] En griego significa “acción de gracias”.

[57] De la cual procede la anterior.

[58] En realidad desarrolla que se trata de etapas sucesivas: “omnipotencia de ideas” (materialización de los deseos con sólo pensarlos) magia (exige un ritual) y animismo, que cree en espíritus, poderes y voluntades superiores.

[59] Entre los cuales hay que incluir a otras hembras que aspiren a sustituir a la “adúltera” en su “posición social”, o en los favores del macho dominante.

[60] Salvo que consiga huir del clan o renuncie a su posición de macho de nivel dominante, si es que la tenía, y se someta pasando a la categoría de débil, lo que implica no volver a mantener relaciones sexuales. A la hembra “adúltera” le dan una gran paliza, a veces la matan y se la comen, junto con sus crías, o la reducen, más habitualmente, a “categorías” inferiores, entregándosela a algún macho de menor nivel, en castigo para ella y sus crías y como regalo para él, compensación por algún favor adeudado o avasallamiento futuro, deber el favor, a estilo feudal o mafioso.

[61] En realidad ésta es una versión posterior: originariamente el creador fue Ptaj, dios de la medicina, la magia y todas las ciencias, del que toma nombre el país, que significa “Regalo de Ptaj”, apelativo que los griegos transcribieron como Aegyptos. Es posible que el concepto de regalar un país influyera en la “herencia” o tierra prometida del moisianismo. Osiris personificaba el sol en el ocaso.

[62] Perfeccionamiento técnico de la primitiva cerámica.

[63] Esto se reproduce en el mito griego de Prometeo –podría traducirse por cuidar, atender- que incumplió la prohibición expresa de Zeus de enseñar tales avances a los hombres, para impedir su orgullo y rebeldía.

[64] Se trata de una actualización de un mito más antiguo, según el cual los faraones mamaban de las ubres del árbol de la sabiduría, sin duda antecedente del bíblico árbol de la ciencia del bien del mal.

[65] Algunos papiros establecen que Set era sobrino de Osiris, lo que podría reforzar la ocultación del conflicto primigenio padre/hijo.

[66] Que en hebreo significa oponente. La traducción griega de la Biblia lo denomina Satanás.

[67] Quizás deformación de “lutzb-El”, que en hebreo significaría castigo o juicio de Dios.

[68] Tal vez deforma­ción de “lucífero”, que en latín significa dador de luz, en griego “fósforo”.

[69] De donde provienen “afrodisíaco” y “venéreo”, o sexual, y el día de la semana Viernes.

[70] En fenicio Señor de las moscas, que acudían a los sacrificios para llevar comida a los dioses tras el ayuno ocasionado por el diluvio universal, durante el cual no habían recibido ofrendas, por lo que prometieron no repetirlo.

[71] De donde parece derivar la palabra “orígenes” o hijo de Horus. Personificaba al sol naciente.

[72] Por lo que supondría una prueba de la misma.

[73] Por eso también se la considera la diosa de la magia.

[74] Antecedente del monstruo del Doctor Frankenstein, de Mary Shelly, hija única, educada en el socialismo por su padre, que la convirtió en una especie de monstruo a ojos de las demás mujeres (lo que puede estar representado en la escena de la niña que comparte flores con el mismo, y a la que termina causando la muerte) y contra el que se rebela al huir y convivir con un discípulo de él, abjurado en el desviacionismo anarquista, todo lo cual encaja en el dilema dramático, hamletiano y bíblico, entre la libertad, la autonomía individual, personal, los nuevos horizontes, escapar al confinamiento, volar solo, o en pareja, y la obediencia a los mandatos y prohibiciones paternos.

[75] Que parece un “alter ego” o desdoblamiento de la figura o espíritu de Osiris revivido, ya que en ningún momento se enfrenta a él: una especie de Hamlet vengador.

[76] Set era rival de Osiris por el amor de la esposa de éste, hermana de ambos y madre de Horus, el vengador. Sin embargo, tras su muerte, permanece “vivo” en los infiernos, como dios del mismo, que reclama y castiga a los difuntos pecaminosos. Así que el castigo tal vez no fuese la muerte, que no parece que se cumpliera, sino el confinamiento en los infiernos, o impedirle la resurrección.

[77] Hija de Zeus y Deméter, hermana de éste. Era equivalente a la romana Proserpina. En su honor se celebraban en la ciudad griega de Eleusis ritos sado-masoquistas y orgiásticos que aseguraban la resurrección. Según los misterios eleusinos los titanes habían despedazado y comido a Dionisio o Yaco (excepto su corazón, que Zeus se comió originando al nuevo e inmortal Dionisio o Baco) hijo de Perséfone y Zeus, porque éste pretendía hacerlo rey del universo, así que fulminó con un rayo a dichos titanes. Con sus cenizas creó a los hombres que, por ello, heredaron los deseos carnales y agresivos titánicos, y el alma (en griego “psique”, que también significa soplo) artística y vital dionisíaca: mortificando el cuerpo y reprimiendo sus deseos y necesidades se conseguía el triunfo del espíritu y, tras varias reencarnaciones -si se vivía en santidad- la liberación del cuerpo y del infierno, y la inmortalidad. Nerón pidió la catequesis (iniciación) en dichos rituales, pero fue rechazado por su vida depravada, lo que pudo originar la persecución de las religiones mistéricas o de resurrección, como la moisíaca y su secta cristiana. El último emperador romano de Oriente y Occidente, el cristiano Teodosio Iº el Grande, nacido en Coca (Segovia) prohibió dichos ritos. Cuando la población de Tesalónica (Grecia) se rebeló, su represiva persecución religiosa produjo la muerte de siete mil “paganos”, calificativo que los cultos e imaginativos greco-romanos aplicaban a las aldeanas, toscas, religiones mesiánico-cristianas, y los seguidores de éstas replicaron, injustificadamente, en contra de la de aquellos.

[78] También se le conoce como Hado o Fatum. O, en griego, Plutón, que significa El Rico, porque se suponía que todos los metales salían del infierno, a través de los volcanes, o de las minas o agujeros en la tierra.

[79] De donde proviene idiosincrasia.

[80] Hermana de Zeus y equivalente a la romana Ceres, diosa de los cereales. O a la de la fertilidad, la heleno-turca Cibeles, cuyos sacerdotes debían castrarse. En realidad todas ellas suponen otra genealogía de pare­ja/ ma­dre/hermana/sobrina de dioses supremos: Gea/Gaya-Rea/Ceres/Cibe­les/De­mé­ter-Perséfone/Proserpina.

[81] Su antecedente puede ser el poema sumerio sobre cómo Ichtar, diosa de la Luna, descendió a los infiernos.

[82] Tal vez por su color rojo, de sangre, con el que se coloreaba a los muertos desde el neolítico, para hacerles parecer como eternamente vivos.

[83] Hijo de una relación incestuosa del rey de Chipre y su propia hija. Era el símbolo de la belleza masculina. Según el mito fenicio, del que procede, descendía a los infiernos y resucitaba al tercer día. Aunque lo mató un jabalí, Perséfone consiguió que Hades lo resucitara: una curiosa historia de amor que elude la rivalidad.

[84] Lo que representa el entierro y resurrección de los cereales

[85] En latín significa “sol inmóvil”, porque en sus proximidades el astro rey cambia muy poco su declinación de un día para otro, pareciendo estar fijo, al mediodía al Norte del ecuador celeste, visto desde el hemisferio Norte.

[86] Era la fiesta de San Juan y sus hogueras. Recuérdese que los solsticios duran 5 días, por lo que tanto éste como Navidad pueden coincidir con tales fechas si no se los hace coincidir con la primera.

[87] Ezequiel VIII, 14.

[88] Castellanizada como Eva.

[89] Que en hebreo significa Hombre, en el sentido de Humani­dad, aunque “adama” es tierra fértil.

[90] Esta situación queda tergiversada al anteponer la creación de Adán a la de Eva.

[91] Su nombre hebreo, Cayin, significa herrero.

[92] La grasa arde, mientras que las hortalizas sólo lo hacen cuando se secan, así que no son materia adecuada para el “holocausto”, en griego sacrificio con fuego, salvo cuando ya son incomestibles, están estropeadas.

[93] En realidad, del amor paterno.

[94] En hebreo significa Consuelo, aunque su relación con el mito egipcio es evidente.

[95] También podría interpretarse, literalmente, que eran “hijas de la tierra fértil”. O sea, oriundas de Sumeria.

[96] Entre sus descendientes estaba Tubalcaín, inventor de la metalurgia. De forma que los mayores avances de la Humanidad provienen de la herencia cainita. Lo que evidencia, que, al menos para los judíos, los del desértico reino del Sur (no necesariamente para los israelitas, posteriormente llamados samaritanos, los del fértil y culto reino del Nor­te) los progresos del conocimiento eran malignos. Recuérdese: el árbol de la ciencia del bien y del mal.

[97] Dios lo denominaría Abrajam o “Padre de muchas naciones” tras su circuncidación, ritual de procedencia centroafricana que, indudablemente, aprenderían los judíos de los egipcios, que también lo practicaban. En realidad practicaban ambas, posiblemente método centroafricano para reducir la fertilidad en zonas de difícil alimentación: la circuncisión masculina y la ablación o infibulación vestibular de la vagina. Los pueblos más machistas mantuvieron la segunda y “olvidaron” la primera, y los que presumían de su virilidad lo hicieron al revés.

[98] Dios la denominaría Sara, que significa Princesa en hebreo, después de que su marido se circuncidase.

[99] ¿Del paraíso? Según Freud todos los niños son “expulsados del paraíso” cuando pierden la inocencia, llegan a conocer los secretos del sexo, renuncian a los deseos hacia su madre, comprenden que tienen obligaciones y prohibiciones que cumplir, que pueden caer enfermos, que su padre no es todopoderoso, no puede evitarles todos los peligros y sufrimientos, ni va a acceder a todo lo que le pida, con lo que acaba una etapa que, distorsionada, se recuerda posteriormente como de completa felicidad. Es posible que la actual permisividad, mimos y, también, despreocupación, indiferencia, hacia los hijos conduzca al retraso en la edad del conflicto intergeneracional y la extendida inmadurez –un ejemplo: la drogadicción- que hoy existe.

[100] Los árabes llaman al patriarca “Ibrajim al-jalil al-Laj”, es decir, el amigo de Dios.

[101] En hebreo significa peludo.

[102] En hebreo significa “agarrándole el tobillo”. Es decir, que nació después que su hermano mellizo. Pero recuerda a la etimología tradicional de Edipo.

[103] Que, además, tiene un sonido semejante a lo que en árabe signifi­ca “¿cómo te llamas?”, y cuya fonética es semejante a “ismael”. Recuérdese que los árabes son denominados ismaelitas en la Biblia, el Libro, encuadernado al estilo de la ciudad de Biblos. Esta era la pregunta que los romanos y muchos pueblos hacían a los dioses de las ciudades que conquistaban, para poder exorcizarlos. Igual que hizo Jesús -en griego Iesus, en hebreo Ye­chua, Yochua, Yochuej o Yochef, apócopes de Yejochua, que significa “Yejovaj es la salvación”; aunque hoy se admite que es un error de traducción de YJVJ (que, antiguamente, se escribía sin vocales) ya que no tiene ningún significado, y que la correcta deber ser “Yajvej”, interpretable como “Yo soy el (Único) que vivo, viví y viviré”- al demonio del poseso.

[104] Nombre dado por los griegos a lo que los árabes llaman “falastín”, de donde proviene la abreviatura “al-Fa-Taj”, el “Falastín Tajarir”, la Palestina Libre.

[105] Ya que, según la Biblia, les correspondía por “herencia”, como regalo divino.

[106] Nombre egipcio del dios-sol, igual que Ra. Ambos personificaban el mediodía, el cenit solar. Dioses solares del desierto eran, en su origen, el árabe al-Laj (castellanizado Alá) y el judeo-israelita Elí, Eloí o Elojim (“El Altísimo”, aunque la desinencia del plural del último nombre ha hecho que algunos lo traduzcan como “los gigantes” o “los dioses”) tal vez deformación de las palabras iniciales del poema babilonio “Enuma Elich” (en amorreo “Érase una vez en las alturas…”) según el cual los hijos del dios Apsu y Tiamat, diosa del caos, se rebelaron contra sus padres. Marduk, dios de la tormenta, la luz y la vida,  se encargó de matar a su madre, de cuyo cuerpo inmolado salió el mundo, posible explicación del desorden terrestre, y símbolo de cómo la tormenta puede causar la muerte y originar vida. Por su “proeza” sus hermanos dioses lo proclamaron rey del universo. Reorganizó el cielo (pero no el mundo) y creó al hombre.

[107] Tercer hijo del rey. El segundo era Salomón. Obsérvese todo lo que ello implica de luchas religiosas.

[108] Posible relato mitificado de una persecución religiosa contra los seguidores de las divinidades egipcias, que podrían haber estado próximos a dominar el imperio judeo-israelita con apoyo del heredero del trono.

[109] Lo que eviden­cia­ba que le había arrebatado su poder, su autoridad.

[110] Tal vez sea el relato mitificado de la derrota del partido monoteísta. David debió haberse aprovechado anteriormente de monoteistas y politeistas. Salomón, su heredero, fue tolerante con el politeismo y muchas de sus esposas (es de suponer que, también, de sus hijos) lo fueron. Por ejemplo, la reina de Saba.

[111] Según  la Biblia, tenía orden de respetarle la vida, lo que podría haber acarreado más problemas en el futuro. David haría que muriese posteriormente, enviándole a una batalla sin posibilidades de éxito, para quedarse con su viuda.

[112] Gwenhwyfar en galés, Genève para los trovadores normandos, Genf para los alemanes.

[113] Más bien oligarquía.

[114] En la que el rey sólo era uno más, aunque el primero, entre los demás pares o iguales, nobles o señores de la guerra.

[115] Llegaron a Britania tras haber conquistado la región de Angeln, en el Lander o Territorio de Schleswig-Holnstein, en Germania, pero procedían de Langeland (Tierra de Lange) Fyn y otras islas al oeste de Sjaelland, en Dinamarca. Aunque se dice que su nombre se lo dio el emperador romano Marco Aurelio, al llamar ángeles a unos esclavos de dicho origen, porque su piel blanquecina y su pelo rubio coincidían con las descripciones de los ángeles según el eu-angelios (“portador de buenas noticias”) o heraldo (en alemán “herr-ald” o señor noble, de donde proviene el nombre Gerard o Gerardo) que acordaba el momento y lugar del inicio, vigilaba el comportamiento noble, el respeto a las normas de la guerra, y contaba las bajas, declarando el fin y el bando vencedor de las batallas.

[116] “Saxones” en latín, “sais” en galés, “sassanach” en gaélico. Invadieron Gran Bretaña o Isla de los Britanos -a quienes los cronistas normandos hacían descender de Eneas, rey de Troya, a través de Brut o Bruto el Troyano- al parecer a partir de la costa de Sussex, tras haber conquistado Sachsen en Germania, aunque, en realidad, procedían de Dinamarca.

[117] Obsérvese el protagonismo activo, propio de la cultura trovadoresca, que hace masculinizante a Morgana.

[118] Un mito posterior permite que Arturo sobreviva, al enviarlo su hermana a la isla de Avalon, en galés Avallach, o “Tierra de las manzanas”, una especie de Elíseo donde los héroes victoriosos disfrutaban de eterna juventud por comer dichas frutas, semejante al mito griego de las manzanas doradas del jardín de las Hespérides, cerca de Tartessoss. Así mantuvieron la esperanza de su retorno y del triunfo británico sobre sus invasores germánicos.

[119] La escena en la que besa los inexistentes labios de la calavera del bufón, y afirma que lo amaba, parece presentarlo como homosexual, lo que podría suponer una especie de explicación.

[120] Dicho nombre parece un apodo, significando “Lanza agitada”, de connotaciones fálicas.

[121] Esta actividad era muy denostada en Inglaterra hasta entonces –se consideraban, como terminaría ocurriendo en todo el orbe católico, espectáculos depravados, por lo que los personajes femeninos debían ser representados por homosexuales- cuando la reina Elizabeth Ist, que había heredado de su padre el gusto por las artes –aunque, al contrario que éste, no llegó a ejercitar ninguna- especialmente las literarias, apreció dichas obras, que se representaron en palacio, bajo su protección.

[122] Además de la historia, más o menos legendaria, de la dinastía que anexionó gran parte de Inglaterra -Tierra de los Anglos- y Escocia al imperio vikingo de Dinamarca, o marquesado o frontera danés.

[123] “Serlo o no serlo” -ser fiel a su rey actual, que lo trataba como a un hijo, y a la reina (que era su madre) o al fantasma de su padre- como expresa el conocido monólogo, habitualmente mal traducido y comprendido.

[124] Recordemos que, cuando su padre, Henry VIIIth, forzó al Parlamento a que lo reconociera como máxima autoridad de la Iglesia Cristiana Reformada Anglicana, ordenó al arzobispo de Canterbury que lo divorciara de la reina, Catalina de Aragón, para que la madre de la futura reina, Ann Boleyn, pasara de amante a nueva esposa y reina (posteriormente, al no aceptar el divorcio los fieles al Papa, ordenó al mismo arzobispo que anulara su anterior matrimonio, argumentando que era pecaminoso, por ser su primera esposa viuda de su hermano, lo que convertía su posterior matrimonio en incestuoso, y no ser válida para esta materia la dispensa papal otorgada) y que sería juzgada y sentenciada por su tío, el Duque de Norfolk, y decapitada, junto con cuatro hombres (un quinto fue ahorcado, ya que era músico y no noble) entre los cuales se encontraba el propio hermano de Ann, acusados de mantener relaciones sexuales incestuosas con ella, siendo infieles al monarca, y conspirar todos ellos para derrocarle. Se  sospecha  que  el  auténtico  motivo  -igual que el del anterior divorcio y nulidad matrimonial- era no haberle dado al rey un heredero varón, y no poder parirle más hijos, pues pocos días después de la ejecución de la sentencia su viudo volvió a casarse con su nueva amante, Jane Seymour, que sería madre del enfermizo y efímero Edward VIth.

[125]  Lo que le confiere un carácter perverso, antinatural, inadecuado a su presumible edad, masculinizante.

[126]  El nombre auténtico de la sevillana iglesia de Santa María “La Blanca” es Santa María de las Nieves.

[127] Había muchos espejos similares en su época. Aún se conserva uno en la casa-museo de Blancanieves. Detrás de él hay un tubo metálico, en espiral, de unos 9 metros, que comienza y acaba en una bocina o tolva unida a dicho espejo. Cuando se habla ante él produce eco. Claro que hay que hacer la pregunta exacta, y en alemán. Así si se le inquiere “dime tú, espejito”, “respondería” espejito. Pero si se le dice “espejito, dime”, la respuesta sería “dime”, que parece una actitud de predisposición a ejecutar la orden. Si se le pregunta ¿quién es más guapa, Blancanieves o yo? la respuesta sería “yo”. Pero si se le pregunta en alemán, anteponiendo, en alocución mayestática, impersonal, el cargo de reina, por ser de superior rango, la respuesta sería “Blancanieves”.

[128] ¿La venenosa “manzana de la discordia”?

[129] Además los planes del rey pasaban por continuar la política de matrimonios para la expansión imperial.

[130] Apellido de raíz italiana.

[131] El primero en resaltar la doble personalidad o esquizofrenia de este mito fue Prosper Mérimée, en “Las ánimas del purgatorio”.

[132] Lo que establece una inferencia fraternal entre la pareja protagonista.

[133] Es decir, los requisitos para la convivencia pacífica, como indica Freud en Totem und Tabu.

[134] Construido, igual que la Maestranza de Artillería y la Delegación de Hacienda, sobre las ruinas de las inmensas naves de piedra de las atarazanas o astilleros de Sevilla, obra colosal para su época.

[135] De ascendencia italiana.

[136] Que también acabó con el escultor Juan Martínez Montañés.

[137] Esto los convertía en únicos testigos de las ejecuciones y en exigir el cumplimiento de todas las formalidades procesales y ejecutorias de las sentencias.

[138] Sus jardines, hoy destrozados y “modernizados” por las obras del Auditorio-Teatro de la Maestranza (de Artillería) frente a dicho palacio y más tarde hospital, fueron rediseñados por mi abuelo antes de ser Jefe de Servicio de Parques y Jardines de Sevilla.

[139] Otro símbolo de la autoridad paterna, que pudiera sustituir al entonces ausente padre de Don Juan.

[140] Durante la construcción de los cimientos del pabellón de Argentina de la Exposición Iberoamericana de 1.929, hoy Instituto Murillo, a orilas del río, cercano al muelle, jardines, repleto de estatuas románticas, y Paseo de Las Delicias, en sus aledaños aparecieron diversas tumbas con el apellido Tenorio.

[141] Otro truhán, pseudo-hermano del protagonista, como Don Luis Megía.

[142] El inicio literario del mito es “El burlador de Sevilla y convidado de piedra”, de Tirso de Molina.

[143] En la versión operística sobre libreto de Goldoni, musicada por Wolfgang Amadeus Mozart -cuyo apellido parece de ascendencia judeoespañola, deformación de “mozárabe”, u “hombre del arte”, mixtificado- el fantasma es el del verdadero padre de Don Juan, lo que lo asemeja a “Hamlet”.

[144] Esto confirma su relación de rivalidad, es decir, de cuarto símbolo paterno, edípico.

[145] En contra de tres de los personajes que representan la figura del padre, quienes exigen justicia -principio de autoridad patriarcal, opuesto a la misericordia y reiterado perdón maternales- ante el Padre Eterno. Aunque realmente ya habían sido vengados por la cuarta representación paterna, al vencer ésta a Don Juan.

[146] Terrible castigo para un sevillano.

[147] Habían predicho al rey de Bohemia que su hijo Segismundo lo derrocaría, por lo que lo encerró en una torre de donde sólo lo sacó para darle una oportunidad, que resultó ser trágica.

[148] Su autor, Calderón de la Barca, acabaría consagrándose sacerdote.

[149] Por aquella época la Iglesia empezaba a atacar al teatro, especialmente por la vida lujuriosa de las actrices.

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