0749-El imperio mahometano comienza a desgajarse

Quizás se acusaran mutuamente, ante el califa, de apropiación indebida y malversación de fondos de la comunidad islámica, por lo que fueron llamados a su presencia, y ya no regresarían. En el 714 el gobernador mahometano de Gijón, según las crónicas andalusíes, apresó a un cuatrero denominado Pelagio, quizás el mismo Pelayo de las crónicas cristianas, que, al mando de una cuadrilla de forajidos, se dedicaban a robar ganado. Consiguió huir y formó un núcleo de resistencia los Picos de Europa, que se uniría a otros en la cornisa cantábrica. En el 715 Abd al-Asís completó su campaña por el occidente andaluz y Portugal, hasta el Tajo, trasladando la capitalidad a Córdoba, peor comunicada con Marruecos, pero mejor con el centro peninsular, a través de la ruta califal, que la unía con Toledo, por un recorrido semejante al actual del ferrocarril de alta velocidad, francés, por supuesto, aunque la carretera de unión con Madrid sigue siendo la de la invasión castellana de Andalucía, a través de Despeñaperros, imponiendo un rodeo de unos 150 kmts.. Ajila renunció a sus aspiraciones al trono, aunque mantendría el poder, su dominio, adeptos y vasallos, en algunas zonas del Norte hasta el 716, en que murió.

La nobleza eligió a Ardón, que quizás fuese su hermano, como sucesor. Se estableció en Narbona, dominando la zona transpirenaica, más fácilmente defendible de los invasores, y Cataluña. Entre ese año y el 717 los mahometanos volvieron a ser rechazados en otro ataque marítimo a Constantinopla, como siempre, gracias al uso del “fuego griego” o petróleo incendiado, que flotaba sobre el mar. En el 721 Abd al-Rajman al-Gafequí derrotó definitivamente al visigodo Ardón, consiguiendo los mahometanos la máxima expansión de su imperio, no superada por ningún otro, ni antes ni después. Sin embargo las escasas fuerzas árabes, que llegaron a la península Ibérica sin mujeres, y los marroquíes que les acompañaron, sólo se afincaron en las zonas más fértiles, estratégicas, llanas y de mejor climatología, dejando espacios libres de su poder, como el País Vasco, o Asturias [1], el Sobrarbe y las nogueras pallaresa y ribagorzana. En el 722, se sitúa la mítica batalla de la Cueva de la Señora [2]. Tras la cual se supone que Don Pelayo fijó su resistencia en Cangas de Onís. En el 726, el andalusí Ambasa derrotó a los francos en Carcasona y Tolosa.

El emperador León IIIº se declaró públicamente partidario de la iconoclastia, retirando la imagen de Cristo de la puerta de su palacio. Ante la resistencia popular, en el 730, convocó una asamblea de dignatarios laicos y eclesiásticos, a los que propuso un edicto de destrucción de todas las imágenes. Germano, el patriarca de Constantinopla, lo rechazó, así que lo destituyó, nombrando en su lugar a Anastasio. Abd al-Rajman al-Gafequí reinició una campaña que expandió aún más al-Andalus, conquistando toda la Septimania, la actual Provenza. Una nueva sublevación contra los bizantinos llevó al exarca de Rávena a pedir la alianza del lombardo Liutprando. Este aprovechó la oportunidad y, en el 732, cambiando de bando intempestivamente, conquistó Rávena. Carlos Martel derrotó al gobernador de al-Andalus [3], Abd-el-Rajman al-Gafequí, en Poitiers. Asustado por el poder que lograban los lombardos, el Papa se puso de parte de los bizantinos, consiguiendo que reconquistaran Rávena. Sin embargo la nueva amenaza mahometana y los ataques búlgaros, que sucedieron a los eslavos, cuando ya éstos habían dejado de ser un peligro, impedía al emperador tener un amplio ejército en Italia.

Por si fuera poco, el nuevo Papa, Gregorio IIIº, condenó la iconoclastia, dando comienzo al cisma de oriente. El emperador reaccionó pasando todos sus territorios italianos y la iliria dálmata, en Yugoeslavia, a la autoridad del Patriarca de Constantinopla, que controlaba, y que situó al mismo nivel que el Obispo de Roma. Comprendiendo lo que esto significaba respecto de la amenaza lombarda, el Papa tuvo que pedir ayuda militar al franco Carlos Martel. Este se la negó, porque previamente había pactado con Liutprando y quería ser fiel a su compromiso, ya que lo necesitaba para hacer frente al posible reintento del expansionismo mahometano. En el 737 parece que Favila sucedió a su padre, Don Pelayo. Según la leyenda lo mató un oso, en el 739, durante una cacería. Le sucedió su cuñado, Alfonso Iº, hijo del duque de Cantabria. Aprovechando que los mahometanos estaban reprimiendo continuas sublevaciones, consecuencias de cinco años de sequía y hambre, conquistó Galicia, la parte Norte de Portugal, y se extendió por la casi deshabitada orilla Norte del Duero. Se supone que adoptó el título de rey.

A pesar de sus luchas contra Bizancio, Liutprando consiguió un intenso comercio con el Imperio, sobre todo en las ciudades del Norte de Italia, anticipando el desarrollo de las futuras repúblicas italianas. En el 742 llegó a un Tratado de Paz con el Papa Zacarías, por el que renunció a reconquistar Rávena y Roma. San Juan Damasceno, distinguido poeta árabe, alto funcionario omeya, en Damasco, abandonó su cargo para hacerse monje ortodoxo en Jerusalem. Opuesto a la iconoclastia, publicó “Fuente del conocimiento”, en la que expone los dogmas cristianos desde la óptica aristotélica, por lo que prepara el camino de la recuperación del  aristotelismo para el cristianismo. También se le atribuye, sin fundamento, la novela “Barlaam y Josafat”, que, situada en la India, reproduce las leyendas sobre El Budda, aunque sustituyendo sus prédicas por la implantación del cristianismo. En el 744, Rachis, duque de Friul, sucedió a Liutprando. En el 749, a petición del Papa, éste abandonó el sitio de Perugia, por lo que le depusieron, y se retiró a un convento. Los descendientes de Abbas, tío de Mujammad, llamados abassíes, se unieron a los partidarios de Alí, ambos de la misma tribu del profeta.

Abu Abbas se proclamó califa y trató de exterminar a todos los descendientes de los omeyas, aunque Abd al-Rajman, nieto del califa Jixam, se le escapó, llegando hasta al-Andalus, donde, aprovechándose de los enfrentamientos entre sirios y bereberes, logró proclamarse emir de Córdoba. Todo ello posiblemente con la ayuda de Marruecos, que se había proclamado independiente del sultanato, alegando la ilegalidad del cambio dinástico, para lo cual le era ventajosa la existencia de un heredero supérstite. Igual que a los zaristas les interesaba mantener la leyenda de Anastasia como superviviente del asesinato de su familia, en el sótano del palacio veraniego en el que estaban prisioneros, ante la cercanía del ejército blanco, que había cortado la comunicación con Moscú. Más aún considerando que el autoproclamado emir independiente de al-Andalus aceptaba la superioridad marroquí, a la que se mantuvo lealmente. En el 751 se enfrentaron, cerca de Samarcanda, los imperios mahometano y buddista chino, siendo derrotado éste último. De tal contacto llegarían a occidente las primeras informaciones sobre la fabricación del papel y la porcelana.

Sin embargo ninguno de los contendientes estaba en condición de penetrar, de conseguir anexionarse, siquiera fuese parcialmente, el territorio de su rival. Así que fue sólo el fin del expansionismo mahometano ininterrumpido por oriente, aunque aún habría conquistas posteriores en el subcontinente indio. Mientras, comenzaba a desmoronarse por el Oeste, con sucesivas secesiones. Para entonces China había llegado a uno de los cénits de su poder. Tenía 53 millones de habitantes. Xian tenía dos millones, ocupaba un cuadrado de 10 x 8 kmtrs., surcado por 25 grandes avenidas que se cortaban perpendicularmente, y rivalizaba como centro cultural y comercial, especialmente de mercancías de lujo, de ámbito universal, con Bizancio y Bagdad. Uno de los puntos fuertes del imperio chino era su burocracia, tanto la centralizada como la regional, habitualmente eficaz, cuya estructura, más o menos efectiva, perduró hasta 1.911, cuando el ya agonizante y desperdigado imperio se transformé en república.

Se basaba en una carrera funcionarial objetiva, mediante exámenes, sin discriminaciones de castas o linajes, que podía prepararse en academias provinciales y en las universidades de las dos capitales. Incluía tribunales, que, aunque aplicaban la tortura en los interrogatorios, debían someter a los acusados a juicio público. Había seis Ministerios, cuyas funciones se entremezclaban, controlándose mutuamente. El Ministerio de los Funcionarios realizaba los exámenes estatales para los niveles inferiores del funcionariado, adjudicaba las plazas o los degradaba. El Ministerio de los Ritos controlaba los cultos y sacrificios imperiales, pero también controlaba las oposiciones a los niveles superiores del funcionariado [4], asesoraba a los embajadores extranjeros y controlaba la correspondencia con otros países. El Ministerio del Ejército se encargaba de la fabricación de armamentos [5] y la confección de mapas exactos, mientras que el de Obras Públicas se encargaba de las carreteras, depósitos de agua, diques, fincas de propiedad estatal, fortificaciones y abastecimiento, por los que ambos tenían grandes competencias económicas. También había un Ministerio de Censura.

Y, además, un presidente y un vicepresidente de la administración civil del Estado, una cancillería, un secretariado, una academia, y una administración de la casa imperiales, todo lo cual confería gran complejidad, mutuos controles y desconfianza, estimulando las intrigas palaciegas. La biblioteca de palacio era también biblioteca central, archivo del Estado y de su contabilidad, y confeccionaba una crónica de palacio, todo lo cual era utilizado por los historiadores para redactar la historia oficial de las dinastías, según las normas confucianas, que juzgaba la bondad y adecuación de los emperadores fallecidos. Había entre 10 y 15 provincias, 350 prefecturas y circunscripciones especiales militares, especialmente en las fronteras y países conquistados, cuyos gobernadores militares tenían también jurisdicción sobre la administración civil, incluso sobre la de las prefecturas cercanas a la frontera, lo que les daría un inmenso poder. Yang Kuei-fei, la favorita de Ming-juang, denominado póstumamente Jsuan-tsung, y su canciller, Li Lin-fu, habían creado mal ambiente mediante intrigas y favoritismos en los nombramientos. El Tibet se independizó, formándose allí una nueva clase dominante turco-mongólica.

A consecuencia de la derrota frente a los mahometanos se produjo una gran conmoción, ya que nadie podía esperar que el poderoso Imperio Chino, con su inmenso ejército y sus avances tecnológicos, fuese superado militarmente, lo que, estimulado por la independencia del Tibet, aprovecharon otras provincias del Sur para secesionarse. En Corea se edificaron pagodas para guardar reliquias [6] del Budda histórico [7], o de algún gran maestro de dicha religión. Una de ellas guardaba en un escondido relicario, bajo un monolito, una colección de aforismos religiosos, que, si procede de la época de su construcción, es el libro impreso más antiguo que se conoce. A Abu Abbas le sucedió su hermano al-Mansur, que trasladó la capital a Bagdad, ciudad construida cerca de Ctesifonte. Los visires se hicieron cargo de todo el Gobierno, quedando el califato en mera representación ceremonial. A Rachis le sucedió su hermano Astolfo, que en el 753 ya había conquistado Rávena y todo su exarcado. A este, en el centro y Norte de Italia sólo le quedaba Roma. Y contra ella se dirigió. Después de la experiencia con Carlos Martel el Papado había tomado sus precauciones.

Así Esteban IIº coronó, como rey de los francos, al mayordomo arnolfingo Pipino IIIº, apodado “El Breve”, posiblemente porque fuese bajito, que era hijo de Carlos Martel. Era la primera vez que un Papa coronaba a alguien que no fuese emperador. Con ello Pipino se revestía de una autoridad, interna e internacionalmente, que no le correspondía ni por derecho hereditario ni electivo, asambleario. Igualmente el Papa le designó patricius romanorum, como se venía haciendo con el exarca de Rávena. A cambió debió jurar defender al Papado y a la Iglesia Católica. Es lo que se denominó Pacto de Quiercy, del 754, que constituye el fundamento de la estructura medieval, pero que llega, de una u otra forma, hasta la unificación de Italia. En base a ello Pipino invadió Italia y derrotó a los lombardos: el exarcado de Rávena y sus dominios accesorios pasaron a ser posesión papal, constituyendo, junto con el ducado de Roma, el fundamento de los Reinos Pontificios. Los lombardos tuvieron que aceptar su dependencia de los francos. Entre los favorecidos por Li lin-fu estaba An Lu-chan, gobernador militar que había derrotado a la federación de tribus mongólicas kitan. A la muerte de aquél, viendo peligrar sus cargos, reunió un ejército de 200.000 hombres y se proclamó emperador.

Esto provocó una insurrección de los soldados imperiales, que obligó a Ming-juang a presenciar el ahorcamiento de Yang Kuei-fei, su concubina, y, más tarde, a abdicar en su hijo, que, con una coalición de caballerías turca, tibetana y oigur, derrotó a An Lu-chan. Algunos de los Generales de éste, como el turco Shij Sij-ming, así como bandas de saqueadores tibetanos y oigures, aliándose y combatiendo, sucesivamente, entre sí y con los eunucos palaciegos, que controlaban la corte, y la aristocracia agraria, cada vez más poderosa,  impidieron la recaudación de impuestos y llevaron al imperio chino a una nueva decadencia. Al tiempo que se necesitaban cada vez más tropas en la frontera, para resistir a kitan y tibetanos, en el interior era preciso recurrir a mercenarios extranjeros, de esos mismos pueblos, para intentar reinstaurar el orden: era una situación muy semejante a la del fin del imperio romano. Los gobernadores militares, apropiándose de los impuestos, los empleaban para sus propios ejércitos, nombrando funcionarios, incluso a título hereditario, de forma que se iba imponiendo, de nuevo, el feudalismo. La guerra civil prosiguió, desolando los restos del imperio. En el 756 Desiderio sucedió a Astolfo como rey de los lombardos.

En el 757, Fruela Iº sucedió a Alfonso Iº, llevó la capitalidad a Santianes de Pravia y fundó Oviedo. La derrota de los mahometanos en Poitiers no fue un hecho puntual, puesto que siguió una presión constante de los francos, que, en el 759, con el apoyo de la nobleza hispano-visigoda partidaria de Ardón, que se habían asentado en los alrededores de Narbona, reconquistaron toda la Septimania, haciéndolos retroceder hasta los Pirineos. Pipino, con la aprobación de los grandes del reino [8], lo dividió entre sus hijos, Carlos y Carlomán, como solían hacer los francos. En el 768, Aurelio sucedió a Fruela Iº como rey de Asturias. A imitación de lo que hizo el Papa Esteban IIº, el lombardo Desiderio intentó una serie de pactos que le permitiesen cambiar la situación, reconquistando los territorios perdidos. Utilizó para ello la política matrimonial, casando a sus hijas con Carlos, el nuevo rey franco, y el duque bávaro Tasilón IIIº, sobrino del anterior. Sin embargo, el Papa Adriano Iº deshizo sus planes, pues convenció a Carlos para que repudiase a su esposa lombarda, y rompiese su alianza. Así que, en el 773, los francos volvieron a invadir Italia. Tras un año de sitio Carlos conquistó Pavía, la capital lombarda, apresando a su rey y a toda su familia.

Carlos se autoproclamó rex francorum et longobardorum, anexionándose todo el Norte y centro de Italia, excepto las posesiones pontificias, tras apresar a su suegro y su familia. Carlomán murió prematuramente, como solía ocurrir curiosamente a los reyes hermanos francos, aunque previamente había renunciado a la corona a favor de Carlos y se hizo monje. Los grandes del reino reconocieron a Carlos como soberano único, título con el que fue coronado de nuevo, añadiendo la expresión “por la gracia de Dios”, para justificar la falta de respeto a la línea dinástica impuesta por la herencia de su padre, al no considerar los derechos de sus sobrinos. El Sur de Italia volvió a ser bizantino, hasta su conquista por los mahometanos. Tasilón, que había cumplido su pacto de alianza con Desiderio, fue condenado a muerte, pero se le conmutó por el enclaustramiento de por vida, junto con toda su familia, y Baviera fue anexionada. Carlos hizo que el Papa coronase a sus hijos Pipino y Ludovico, como reyes de Italia y Aquitania, respectivamente. En el 774, Silo sucedió a Aurelio como rey de Asturias. En el 775, León IVº fue coronado emperador de Oriente.

Su esposa, Irene, era contraria a la iconoclastia, lo que tendría suma importancia durante su reinado y el desarrollo posterior de los acontecimientos. Los Pirineos resultaron no ser una defensa adecuada para las incursiones mahometanas en Francia. En el 778, Carlos llegó a España a petición del gobernador andalusí de Zaragoza, para apoyar una rebelión contra el emir de Córdoba. Pero la población tenía otras intenciones: impidió que se abriesen las puertas y la ciudad no pudo ser tomada, porque una sublevación sajona, que se aproximaba al Rin, obligó a Carlos a cruzar de nuevo los Pirineos, a marchas forzadas, con el grueso de su ejército. Dejó atrás a su retaguardia, al mando de Roldán o Rolando, conde de Bretaña, con la orden de demoler las murallas y fortificaciones que le impidiesen ocupar toda la zona hasta el Ebro, en futuras campañas. Una de ellas fue Pamplona. Las tribus vascas, al parecer, se aliaron con los andalusíes para vengarse de los francos en Roncesvalles: esta es la base histórica de la posterior Chanson de Roland, “El Cantar de Rolando”. Lo cierto es que, quizás para protegerse de futuras acciones francas, en el 781, los navarros se hicieron tributarios del emir independiente Abd al-Rajman Iº.

Esta política explicaría el temprano abandono de la “reconquista”, que dejó a Navarra su actual forma de triángulo, apresada entre los expansionismos castellano y aragonés, lo que estimuló que se centrasen en sus relaciones con Francia y en su desarrollo cultural interno, y en relación con el europeo, desentendiéndose en gran manera respecto del resto de reinos hispánicos. Sin embargo, en los núcleos de resistencia catalanes, que habían sido partidarios de Ardón y obedientes a su capitalidad en Narbona, la incursión de Carlos produjo el efecto contrario, solicitando su alianza Cerdaña, Urgellet, Gerona y otros frente a los francos. En China, teóricamente, todos los agricultores pagaban los mismos impuestos, en grano o en seda, puesto que todos tenían igual extensión de terrenos, unas siete hectáreas de cultivo, de las que una era granja de frutales y moreras, “propiedad eterna”, hereditaria e intransferible [9], y el resto, campos, arrozales y pastizales, tenían asignación vitalicia, hasta la muerte o jubilación [10] del agricultor. Todo ello hacía imprescindible una burocracia eficiente, inamovible y objetiva, imparcial, con catastros precisos, pero también una continua expansión de las rotulaciones, al ritmo de la demografía. Cuando esto no era posible había que reducir la extensión asignada a cada campesino, o realizar colonizaciones y desplazamientos poblacionales [11].

En cambio, los funcionarios, según su rango, podían tener entre 26 y 470 Ha., además de las propiedades de los monasterios, taoístas o buddistas, donadas por los emperadores o por particulares, que eran explotadas en pequeños arrendamientos. Estos monasterios se solían situar en las rutas comerciales, tanto para realizar proselitismo entre los viajeros, sobre todo los extranjeros, de las grandes rutas, así como para protegerles de los bandoleros, darles posada y hospital, servir de postas para sus caballerías, almacenes para sus productos, centros de avituallamientos, depósito y custodia para sus bienes de gran valor, peligrosos de transportar, emitiendo y pagando cuentas corrientes y de corresponsales, letras de cambio, efectos de comercio, cartas de crédito y otras operaciones financieras, llegando a emitir monedas en forma de efigies de Budda, de valor prefijado. El invento de la xilografía, o imprenta de tablas de madera, permitió la emisión de papel-moneda, a base de hojas de morera o sobre papel de seda.

Además de su seguridad frente a los robos también garantizaban frente a la reacuñación depreciativa de la moneda (no respecto del resellado) o la prohibición de movilización de capitales en las circunscripciones militares, en épocas de disturbios o por balances comerciales desfavorables para determinadas regiones, dada la facilidad con que podía trasladarse a escondidas. El Estado terminó emitiendo también cédulas de depósito, que permitían regular la masa monetaria en circulación, pero también que los funcionarios se dedicaran a la usura, aunque tales billetes tenían fecha de vencimiento. La penuria económica llevaba a los pequeños campesinos a solicitar autorización para vender su “propiedad eterna”, muchas veces para pagar impuestos. Y también para atender los altos costes de los sepelios buddistas. Los funcionarios no se oponían a ello, lo que aumentaba las posesiones de los latifundistas, a cuya seguridad se encomendaban los campesinos sin tierra, fomentando el feudalismo. En el 780 se acabó con tal ficción: se reconoció legalmente la existencia de latifundios y se obligó a pagar los impuestos en dinero [12], en proporción a la extensión de las tierras, ya que el Estado estaba exhausto.

El resultado fue la extensión, aún mayor, de los latifundios, aprovechándose de la imposibilidad de los campesinos de atender a las cargas tributarias, todo lo cual multiplicó la desvertebración social y económica. Muerto León IVº, le sucedió su hijo, Constantino VIº, coronado emperador de Oriente a los 10 años de edad, bajo la regencia de su madre, la emperatriz Irene. Tras haber estado utilizando, mediante acuerdo, su amplio atrio para los cultos colectivos mahometanos, Abd al-Rajman Iº compró una iglesia visigótica de Córdoba, que derribó, aunque conservando su recinto amurallado. Construyó en él una mezquita, basándose en la arquerías del elevado acueducto dicromático de Mérida, cuyos arcos de herradura de piedra caliza y ladrillo rojo son especialmente resistentes a los terremotos [13], para sostener una techumbre de bóvedas de medio cañón para canalizar las aguas de la lluvia, imitando los toldos de las jaimas del desierto, recubiertas internamente por artesonado de madera. Desde el primer momento, su madrasa fue fuente de erudición, atrayendo alumnos de todo el mundo árabe, e incluso de reinos cristianos.

En Bagdad se edificaban numerosos palacios, a partir de inmensos pórticos de múltiples arcadas, que se basan en construcciones sasánidas, posiblemente para albergar gran cantidad de invitados a las comidas rituales zoroástricas, destinadas a los pobres. Tal construcción, a su vez, puede ser imitación en piedra de los entoldados de las jaimas del desierto. Posteriormente tales pórticos serían asumidos por las mezquitas, y, más frecuentemente, en panteones o monumentos funerarios, como el Taj-Majal. En el 783, Mauregato sucedió a Silo como rey de Asturias. En el 786, Idris logró escapar de la matanza de los alidas, fundando la ciudad de Fez. En el 787, la emperatriz Irene convocó el IIº Concilio de Nicea, séptimo ecuménico, último de los reconocidos por la Iglesia Ortodoxa. Lo presidió el emperador, su hijo. En él se condenó la iconoclastia como herejía, aunque la situación no se retrotrajo a épocas anteriores.

Así se concluyó que sólo Dios podía ser adorado, aunque se admitía que la Virgen y los Santos podían ser objeto de culto, de características inferiores, y se rechazaron las peticiones papales de que se reconociera su primacía sobre toda la Iglesia cristiana, y que se devolvieran a ésta la autoridad sobre los territorios transferidos a la constantinopolitana por el anterior emperador, Constantino Vº. Los iconoclastas se congregaron en torno a Constantino y lo impulsaron a que luchara contra su madre, revocando su regencia. En el 788, Bermudo Iº sucedió a Mauregato como rey de Asturias. Sajonia fue conquistada por Carlos, que decapitó a 4.500 de los nobles que se le habían resistido, en un sólo día. El resto de su población fue deportada y distribuida por toda Francia. También derrotó a los ávaros, situados a lo largo del Danubio, que desaparecen de la Historia, y a los eslavos situados al Sur del Báltico. Simultáneamente todos estos pueblos fueron cristianizados. Para conseguirlo, en el 789 hizo traducir a las lenguas germánicas los fundamentos del cristianismo, todo un antecedente del lutheranismo. En el 790, Irene, acosada por su hijo, tuvo que abandonar el palacio imperial.

Este año se considera el momento de mayor esplendor de la cultura clásica maya, ya que 19 de sus centros ceremoniales registran la fecha final de sus ciclos de 7.200 días. En el 791, Alfonso IIº El Casto, hijo de Fruela Iº, sucedió a Bermudo Iº. Trasladó la capitalidad a Oviedo, en donde convocó un Concilio. Restauró las instituciones visigóticas, a las que añadió rasgos carolingios. Según la leyenda, que pudo ser inventada por el obispo de Santiago, para apoyar su candidatura a primado de Hispania, una estrella o meteorito cayó en el bosque de Gibredón. Obsérvese que los meteoritos parecen ser el origen de la Kaaba y otras piedras adoradas por los árabes, quizás por proceder del cielo. Al excavarse la zona, quizás para utilizar el duro metal [14], se descubrió un cementerio [15] romano, en el que muchos esqueletos llevaban atado un plomo con un nombre. Se consideró que eran mártires. Uno de tales nombres era Iacobus [16], que, de inmediato, se identificó con el apóstol, construyendo una iglesia en la zona  en su honor.


[1] Es decir, las mismas zonas que más de 700 años antes resistían a Roma.

[2] En latín Cova Dominica, deformado como Covadonga. Puede que sea una invención para legitimar el reino de Asturias, en la época en que el obispo de Oviedo, junto con los de la Seo de Urgell y de Santiago de Compostela, aspiraban al cardenalato primado de Hispania, tras ser anulado el de Toledo, por haber condenado un Concilio en dicha ciudad bajo su presidencia a los “espontaneamientos”, es decir, insultar a Mujammad en las audiencias judiciales, en las mezquitas, lo que implicaba condena de muerte, no siempre ejecutada, que consideron acto de suicidio, cuando San Esteban y la mayor parte de los eclesiásticos, sobre todo los que residían fuera de los dominios mahometanos, lógicamente, los alentaban como mártires. Así se propagó que Don Pelayo había sido escudero o guardián de la espada, “espatario”, de Don Rodrigo. El nombre que transcriben los cronistas árabes apunta a procedencia lombarda.

[3] Según Blas Infante, el Padre de la Patria Andaluza, se trataría de una deformación de joandalus, que significaría “las tierras del Norte”, vistas desde Africa. Magreb significa “las tierras de Occidente”, vistas desde Egipto o Arabia.

[4] Recuérdese que la organización funcionarial era consecuencia del análisis y las propuestas de Kung-Fu Tsé

[5] A lo que puede deberse el gran desarrollo tecnológico alcanzado por China, especialmente en dicha materia y en navegación.

[6] ¿Será éste el origen de la tradición de las reliquias medievales cristianas?

[7] Sakyamuni.

[8] La nobleza militar y eclesiástica.

[9] En lenguaje decimonónico es lo que se entendería por “propiedad amortizada”, o mortecina, ya que no podía venderse, lo que, según los teóricos liberales de la época, también impedía su explotación rentable, directa, y, sobre todo, la competencia en prpoducción y precio del suelo.

[10] A los 60 años, ampliados hasta los 70 durante la dinastía Sui.

[11] Recuérdese que esto mismo ya había ocurrido en Grecia y en Roma, colonizándose, sucesivamente, los Balcanes, el occidente anatolio, Italia y todo el Mediterráneo, dando origen a la expansión imperial.

[12] El Estado chino recaudaba, cada año, un millón de toneladas de cereales, 27 millones de fardos de seda y 2.000.000.000 de monedas de cobre, que debían valorar, recaudar, transportar, almacenar, custodiar, administrar y convertir en valor de cambio para las transacciones estatales, lo que requería una ingente multitud de funcionarios.

[13] Por ello aún se conservan en pie el mayor tramo de los tres acueductos que llevaban a dicha ciudad el agua de tres embalses, aún existentes, de sorprendente moderno diseño, mediante diques escalonados y cóncavos de hormigón de mortero.

[14] Acero de alta calidad, debido a su intenso temple térmico. En latín siderus, es decir, “planetario”, posiblemente referido a Marte, el planeta del dios de la guerra, de donde se creía que provenían.

[15] En latín compositum, de donde debe derivar Compostela. Desde niño he negado que tal nombre significase “campo de la estrella”, puesto que tal etimología debía dar lugar a “Campostela”.

[16] Del hebreo Yacob, por lo que, en gallego, se consideró Sant Yago, castellanizado como Santiago, en francés Jacques, en inglés James, en catalán Jaume, castellanizado como Jaime.

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