1.649: La Revolución de Cromwell

Carlos Iº asumió el papel de mártir por sus derechos dinásticos, y mostró tal templanza durante su multitudinaria ejecución, en 1.649, que consiguió conmover al pueblo y preparar el terreno para la restauración de los Estuardo, once años después. Cromwell decidió reinstaurar el orden interno, pero las disensiones en el Parlamento suponían un obstáculo para ello, de modo que se vió obligado a disolverlo en varias ocasiones. Terminó por suprimir la Cámara Alta, en la que se concentraba el partido monárquico, apoyado en la aristocracia. Pero hasta en el “Parlamento incompleto” se encontró sin apoyos. Así que lo disolvió, privó a sus adversarios el derecho de elección y convocó otro nuevo, en el que casi todos sus miembros eran calvinistas independientes. Pero, ni aún así, encontró apoyo suficiente. Llegaría a ser un lugar común que en la mayor parte de los experimentos revolucionarios la democracia se demostraría como un obstáculo, un apoyo objetivo a la reacción. La Maryland Toleration Act prohibía las disputas religiosas al tiempo que imponía la pena de muerte a quienes negaran la divinidad del Cristo en dicha colonia, “La tierra de María”, referido a la católica Mary Tudor, reina de Inglaterra y esposa de Felipe IIº. En 1.650 se llegó a un acuerdo con los suecos para que fuesen abandonando, poco a poco, las regiones alemanas que retenían. Francia había desplazado a España como potencia hegemónica mundial, lo que significaba que, a partir de entonces, la política de equilibrio de poderes exigía continuas alianzas contra ella, del mismo modo que, durante 50 años, ésta las había estimulado contra el imperio español, aunque también con la esperanza de adquirir su propio potencial, como ocurrió. Así, a costa del imperio otomano, se desarrolló el imperio austro-húngaro. Los dirigentes de las Provincias Unidas se negaron a continuar la guerra contra España, por lo que Guillermo IIº de Orange intentó un golpe de Estado, para acaparar todo el poder. Pero su repentina muerte frustró tal intento. Ante el peligro evidenciado, se suprimió el cargo de Gobernador, lo que pudo lograrse porque Guillermo IIIº de Orange, hijo del anterior, era menor de edad.

Con ello la aristocracia perdió su preeminencia, siendo sustituida por el patriciado de la gran burguesía, cuyo objetivo era más la expansión comercial marítima que mantener un costoso ejército con gran capacidad militar. Holanda era un pequeño país, de escasa población, que se había hecho muy rico, sobre todo en base a su comercio y a su dominio de los mares, pero que iba a desatender el esfuerzo económico y militar de mantener un poderoso ejército permanente. De modo que se convertió en objetivo de las grandes potencias. Nicón, Patriarca de Moscú, secundado por un círculo de dignatarios eclesiásticos, inició un movimiento reformista en la Iglesia ortodoxa, centrado en rituales litúrgicos, del estilo de si se debían utilizar dos o tres dedos para santiguarse, y la rectificación de los textos religiosos, que, tras sucesivos errores de traducción o copia, se habían alejado de los originales griegos. El clima bengalí y las epidemias diezmaron a los ingleses, que decidieron trasladar su capitalidad a Jugli. Sidemen, de Yelyel, asumió el poder supremo de la zona de Bali, reprimiendo varias rebeliones en el archipiélago y manteniendo relaciones pacíficas con Java. La Ley de Navegación de Cromwell, de 1.651, que obigaba que las naves que comerciasen con Gran Bretaña o sus colonias fueran de propiedad británica, o tuviesen tal nacionalidad la mitad de sus tripulantes, algo a lo que los británicos se opondrían en el futuro respecto de las leyes de otras naciones alegando el libre uso de los mares según la doctrina de Hugo Grotius, iba directamente contra Holanda. Se organizó una Iglesia católica en Pekín. El chogunado había aumentado continuamente las tierras bajo su administración directa, hasta el punto de más que triplicar, desde primeros de siglo, su producción de arroz, de modo que controlaba por sí mismo un tercio de la producción agraria de Japón.

En 1.652, la Fronda llegó a aliarse con España, con la intención de proclamar un nuevo rey en el Sur de Francia: había demasiadas subdivisiones de la familia real (los Conté, los Guisa, Turena, Orleáns) como para que faltasen candidatos. Se enfrentaban a los planteamientos absolutistas del Cardenal Mazarino, continuador de la línea seguida por Richelieu, como la centralización administrativa o la abolición de los tribunaldes feudales, de los señoríos. Finalmente estalló la guerra naval entre Holanda y Gran Bretaña, de dos años de duración. Aquellos conquistaron la región del Cabo de Buena Esperanza, vital para el tráfico hacia Asia. Los colonos holandeses, que se autodenominaban boers (posible deformación de burgués, dado que, en principio, se trataba de comerciantes de especias, más tarde traficantes de diamantes y oro, y, posteriormente, relacionados con dicha minería y el ganado) se dedicaron a la ganadería trashumante, dada la escasez de pastos y tierras de cultivo de calidad, absorbiendo el crecimiento poblacional que se estaba produciendo en su país de origen, que, de este modo, continuó escasamente poblado y con dificultades para reclutar un gren ejército. Los mongoles habían ayudado al 5º dalai lama, Lob-sang Yia-tso, a rechazar la invasión de Be-ri, rey del Tibet oriental, de su territorio. En un viaje a Pekín, el emperador manchú le reconoció su dominio sobre ambos Tibet. Con ello también declaraba su derecho imperial sobre dicho territorio, a nombrar o, al menos, reconocer a tales reyes. En 1.653, el emperador alemán, aprovechándose de las rivalidades entre los Estados y confesiones, logró que se nombrara Rey de Romanos a su hijo, y, en la Dieta de Augsburg, renovar la constitución jurídica respecto del nombramiento de herederos y elección imperial, tal como imponía el Tratado de Westfalia, pero del modo más beneficioso para los intereses imperiales. De inmediato, a consecuencia de ello, se formó un grupo opositor entre los príncipes, encabezado por el joven Gran Príncipe Elector, Federico Guillermo Iº de Brandenburg, que consiguió derrotar la propuesta tributaria del emperador. Cromwell volvió a disolver el Parlamento, y, a proposición del ejército, asumió el título de Lord Protector.

De modo que lo que había comenzado como un intento de restablecer el poder “democrático” parlamentario, instaurar una república en Gran Bretaña, había acabado en una dictadura militar, del tipo de la de Julio César. Tal hecho, repetido posteriormente en casi todas las revoluciones burguesas y populares, lleva a la reflexión sobre si ampliar la base social en la que se asienta, precisa de un periodo dictatorial para consolidar el cambio democrático. El ejército campesino asedió Berna, donde fue derrotado. Tras varias otras derrotas la alianza campesina se disolvió, sufriendo sus componentes duras represalias. Tal levantamiento había recibido el apoyo de los grandes terratenientes, que temían que la Confederación degenerase en una administración centralizada, absolutista, según la ideología de la época. La guerra de los Treinta Años había contribuido a ello, al exigir gobiernos que adoptasen decisiones rápidas, para lo que hubo que dotarlos de poderes excepcionales. Por ejemplo, para los planes de fortificaciones y defensas, el racionamiento de cereales -exigencia de los cantones con menor producción agraria- la tasación del precio de la carne, la manteca o la madera, todo lo cual perjudicaba a sus productores, o la intervención para mantener la cotización de la moneda. También se superponía un problema de pérdida de cohesión social, motivado por la inmigración de fugitivos de las guerras religiosas, que contribuirían a la expansión del comercio y la industria, y al aumento del poder de la burguesía. Dada la escasez de materias primas en Suiza, éstas se adquirían en el extranjero, se reelaboraban en pequeñas industrias transformadoras domiciliarias, para burlar la reglamentación gremial, y, debido a la baja demografía helvética, volvían a reexpedirse al exterior. De este modo Basilea se hizo famosa por sus sederías, Ginebra por su industria relojera, y otros cantones por la pañería y tejidos, así como sus derivados lácteos.

La revuelta campesina, a pesar de todo, demostraba que había calado un sentimiento de igualdad democrática. Los cantones estaban dirigidos por un Gran Consejo, que, en las ciudades gremiales, estaba formado por los presidentes de los gremios. En él se escogía al Pequeño Consejo y al burgomaestre. En todos ellos era determinante el dominio de las familias más poderosas. Al pasar la situación de peligro en Rusia, el zemskii sobor fue perdiendo importancia, hasta el punto que sus asambleas dejaron de convocarse. Sin embargo continuó siendo un talismán contras las crisis, para enaltecer el sentimiento nacionalista frente a las invasiones, por lo que, en tales casos, se volvía a recordar y a aprovechar su existencia. Lob-sang Yia-tso nombró a su hijo, Sang-yias Yia-tso, como regente laico. Fue una decisión trascendente, porque, entre los periodos entre la muerte de un dalai-lama y otro, o durante la minoría de edad de éstos, tendría gran influencia. En 1.654 murió Cristina de Suecia, sucediéndole Carlos Gustavo Xº. Tras una experiencia mística, Pascal, que ya era jansenista, abrazó la certeza absoluta de la fe. Renovó la incondicionalidad religiosa del protocristianismo, aunque manteniendo que la fe no era una posesión segura, sino una gracia que se conseguía sólo mediante el esfuerzo y los merecimientos, con lo que consolidaba las conclusiones católicas tredentinas. En su “Pensamientos”, mezcla de pasión religiosa e intelectualidad, presenta la fe como una conquista constante, cuya certeza siempre se escapa. Según su antropología filosófica cristiana, el hombre, en contínua tensión con su espíritu religioso, encierra miserias y grandezas: es lo más frágil de la naturaleza, una simple caña, pero una caña pensante. Como San Agustín, intentó definir los límites entre la ciencia y la fe. La Flota británica consiguió imponerse a la holandesa: su supremacía de los mares apenas había durado medio siglo.

La Dieta alemana, quizás a consecuencia del fracaso de la anterior propuesta impositiva, autorizó a los señores territoriales a recaudar tributos, tanto a campesinos como a ciudadanos, para el mantenimiento de las fortalezas y guarniciones. Se justificaba en la necesidad de salvaguardar la paz, pero iba a tener la consecuencia contraria. La finalidad encubierta era costear un ejército imperial permanente, pero su resultado fue descentralizar, no sólo dicha imposición tributaria, sino la misma declaración de guerra, que quedaban hurtadas a la representación de los estamentos. Esto conllevaba la mayor autonomía de los territorios y, por lo tanto, que se formaran federaciones de ellos, cambiantes alianzas, incluso con la injerencia de potencias extranjeras, en las cuales la confesionalidad dejó de ser determinante. Así Brandenburg, a la muerte del Rey de Romanos, encabezó una unión anti-austríaca, que apoyaba al católico príncipe elector de Baviera para suceder al emperador Fernando IIIº. Un Concilio aprobó las reformas eclesiásticas propuestas por Nicón, pero un movimiento opositor propagó que lo que se estaban cambiando eran cuestiones de principio. Nicón argumentó que se trataba de volver a las antiguas costumbres rusas, pero, al poner como referencia los textos griegos y la teología reformista ucraniana, dio argumentos a quienes se oponían a cualquier cambio, que consideraban extranjerizante, encabezados por el archipope Avvakum Petrovich. Contra ellos se desató la persecución, que incluía destierros y crueles represiones. Se creó así un grupo de marginados sociales, que serían futura fuente de problemas. La propia Iglesia oficial comprendió el peligro del cisma, y se reposicionó para oponerse a cualquier cambio de costumbres que pudiera considerarse occidentalizadora.

Esto se producía mientras el zar contrataba a extranjeros como expertos militares y altos oficiales para reformar el ejército, especialistas en armamento, artesanos, médicos, farmacéuticos, científicos y comerciantes, para engrandecer y modernizar a Rusia. Esta contradicción de criterios llevó a la orden de expulsar a los extranjeros no ortodoxos a un barrio de las “afueras de la ciudad” (nemekia sloboda) de Moscú. La consecuencia fue contraria a la pretendida, ya que se convirtió en una concentración de fuerzas desde la que irradiaban impulsos europeístas sobre la Corte y las clases dirigentes moscovitas. Así, desafiando a los eclesiásticos, se impuso la moda, las pelucas, la música y el teatro occidentales. El influjo era mucho más profundo que meras apariciencias, llegando a la economía y al funcionariado. Para cubir las necesidades militares se crearon industrias metalúrgicas y de armamento en Tula y los Urales, tropas “del orden nuevo”, y se reformó la burocracia, en un sentido plenamente absolutista, según los patrones europeos de la época. Todo ello originó severos cambios sociales. Rusia, a pasos de gigante, llegaba a la altura de sus vecinos occidentales y se convertía en potencia europea. Cromwell dio plena eficacia al Tratado entre el Presidente de Surat y el Gobernador de Goa, cuyas disposiciones habían sido ampliadas, por el que Portugal reconocía el derecho inglés a comerciar libremente en todas las posesiones lusas: con ello desaparecía el dominio portugués de las rutas asiáticas. Calvert fue expulsado del poder, la Ley de Tolerancia de Maryland fue incumplida, y los católicos perseguidos. Ante el temor de que las divergencias religiosas y las sucesivas insurrecciones acabasen disolviendo la Confederación, en 1.655, Johann Heinrich Waser, burgomaestre de Zurich, propuso un pacto de federación general, que debería renovarse cada 25 años. Los cantones del interior lo rechazaron, celosos de que su consecuencia fuese la pérdida de su autonomía.

Esto dio lugar a que los cantones católicos, apoyados por el Nuncio Pontificio, renovasen la alianza borromea, de 69 años antes. Lógicamente, los cantones protestantes hicieron lo propio. Adicionalmente, la influencia de los Habsburg, España y Saboya había ido sustituyéndose por la de Francia, debido a la persistente actividad diplomática de Mazarino. En tales circunstancias, bastó lo que se consideraba una injusticia contra una familia protestante, para que las distintas ciudades, cantones y alianzas, en una diabólica carambola, fuesen entrando en guerra. Un antecedente de lo que iba a iniciar la Iª Guerra Mundial. Sólo algunos, más sensatos, y la intervención de potencias extranjeras, consiguieron que todo el problema permaneciese latente, volviendo a una paz que no solucionaba la situación. Inglaterra entró en conflicto sobre la libertad de comercio en la isla de Jamaica, colonia que utilizaba como base de contrabando para todo el imperio hispanoamericano, volviendo a demostrar que era la primera potencia marítima del mundo. Rusia había obtenido considerables victorias sobre Polonia, lo que ponía en peligro los intereses suecos. Al tener conocimiento de que los rusos planeaban conquistar Livonia, Carlos Gustavo Xº de Suecia atacó a ambos contendientes, con intenciones expansivas. Aprovechándose del enfrentamiento sueco-polaco, y tras cambiar dos veces de bando, en 1.656, Brandenburg consiguió el reconocimiento de Suecia de su soberanía sobre Prusia oriental, en el Tratado de Labiau. Juan IVº, iniciador de la dinastía Braganza, ratificó el pacto de amistad y comercio con Inglaterra: Portugal quedaría vinculada, sometida, a ella, indefinidamente. El pulimentador de lentes holandés, de antepasados portugueses, Baruch Spinoza, fue expulsado de su comunidad judía por considerársele opuesto a la doctrina religiosa moisíca.

Desde entonces se enfrascó en sus meditaciones filosóficas. Intentaba exponer la ética mediante métodos geométricos, siguiendo la visión matemática de la filosofía de su época. De los infinitos atributos de Dios sólo consideraba cognoscibles el mundo del pensamiento y el mundo de la extensión cuantitativa, en lo que parece seguir a Descartes. Concluía que Dios y el Universo, la naturaleza, eran una misma cosa, por lo que se le despachó con la simpleza de que era panteísta, como a aquél. Partiendo de que Universo y Dios compartían la misma sustancia, negaba que pudiese existir el azar o la casualidad, por lo que se aproximaba al determinismo protestante, concluyendo que la realidad debía ser perfecta tal como la percibíamos. Se puede concluir de ello que la libertad no existe, o bien que ésta se limita a la aceptación del comportamiento necesario, a la perfección de la naturaleza humana mediante el dominio de las pasiones, la búsqueda del conocimiento y el amor a la Unica Sustancia Infinita. Para él, obrar rectamente era seguir la razón, lo que significa que desconocía la racionalidad de los intereses materiales. Mejmet IVº nombró gran visir a Mejmet Koprülü, que emprendería una serie de acertadas reformas, recuperando el impulso otomano, hasta conseguir arrebatar Creta a los venecianos. A los 80 años murió Roberto Nobili, el primer misionero que intentó aprender las lenguas hindúes, su religión, lieratura e instituciones sociales, con intención de evangelizar a los brajmanes. Vestía con ropajes hindúes y se decía brajmán de Roma. Consiguió una enorme aceptación. Britto, discípulo suyo, continuó su labor. Rusia invadió Ingria y Livonia. Holanda, intentando mantener el equilibrio en la zona, también se implicó en el conflicto. Para entonces Polonia ya había quedado fuera de combate, y comenzaba a temerse que Suecia y su aliado, Brandenburg, se la repartieran. Así que, en 1.657, también Polonia admitió la soberanía de Brandenburg sobre Prusia oriental, mediante el Tratado de Wehlau.

Ello fue posible debido al poderoso ejército permanente que Brandenburg había creado, pues, en otro caso, su ambiciosa y osada política de cambios de bando hubiese sido suicida. Para mantener dicho ejército debió implantar un sistema impositivo unitario, tanto urbano como rural -lo que perjudicaba en gran medida a los campesinos- y eficaz, así como a aglutinar a los dispersos elementos étnicos y jurídicos de su territorio, mediante una política propagandística sobre la primacía nacional y el orgullo patrio. Para cercenar un movimiento opositor, como el que él mismo estaba llevando a cabo en el Imperio, redujo los poderes de la Dieta prusiana respecto a la aprobación de tributos, mediante la fórmula de “impuestos de guerra”. Tal antecedente impulsaría la errónea decisión del Partido Socialdemócrata Alemán, a comienzos de la Iª Guerra Mundial. Pero en Prusia oriental encontró resistencia, por lo que “ajustició” o encarceló en fortalezas a los que se opusieron. Creó “comisarios provinciales de la guerra”, a los que responsabilizó del aumento recaudatorio. Poco a poco, mediante un impulso planificado de la economía del país, estos tomaron competencias en nuevas tareas administrativas, industria, comercio, roturación y reforma agraria, construcción de caminos, diques y canales, con todo lo cual se sentaron las bases de un funcionariado centralizado. Todo ello constituiría el paradigma de futuros Estados militaristas. Sin embargo, el ascenso de Prusia no puede explicarse sin la recepción de apoyos económicos por sus aliados extranjeros. Lo cual le impelía a mantener y alternar dichas alianzas, de modo aparentemente inconstante, y a implicarse en sucesivas guerras, al mejor postor, sacando provecho de su bien adiestrado ejército, pero también considernado sus propios intereses expansionistas. Murió el anatomista inglés William Harvey, que demostró, mediante observaciones empíricas, el doble circuito sanguíneo y los dos movimientos del corazón, al contraerse o sistólico, y al distenderse o diastólico.

Cuando se simplifica su descubrimiento al de la circulación de la sangre, se demuestra ignorar que ya la conocían los médicos griegos y, posiblemente, sus maestros egipcios. Es cierto que el anatomista español Miguel Servert, quemado vivo por los calvinistas porque su libro sobre los sacramentos contradecía tanto a éstos como a los católicos, ya lo había supuesto, pero no mediante constataciones empíricas, ni llegando al análisis del efecto aspirante-impelente del pulso cardíaco. Con todo ello las hipótesis galénicas quedaban definitivamente superadas. Cheng Ch’eng-kung cambió su estrategia de guerra pirata por la lucha en Chino. La Compañía de las Indias Orientales, posiblemente porque la destrucción de las guerras revolucionarias inglesas había acabado con las oportunidades de inversiones rentables a corto plazo, consiguió suscripciones por 740.000 libras. En base a ello Cromwell le dio carta de libertad. Un incendio redujo a Edo, que para entonces, debía superar el millón de  habitantes, la mitad de los cuales eran comerciantes y artesanos, a cenizas. La misma proporción existiría en Kioto y Osaka, sobre unos 400.000 habitantes cada una. Sin embargo, en Nagasaki y Sakai, que tendrían unos 65.000 cada una, los artesanos y comerciantes eran destacadamente mayoritarios. Por entonces el 10% de los japoneses debía residir en ciudades de más de 10.000 habitantes. Esto significaba una “urbanización”, un sentimiento de ciudadanía en el que los comerciantes iban tomando conciencia de su poder económico, del capital acumulado, y del aprecio a la libertad. Es decir, una verdadera conciencia de clase separada. Finalmente el emperador alemán prometió ayuda militar a Polonia, y Dinamarca declaró la guerra a Suecia y atacó a Bremen. Brandenburg, en cierta medida, se vio obligado a cambiar, de nuevo, de bando, poniéndose del lado danés, para garantizar su soberanía sobre Prusia oriental. Sin embargo, los suecos mantuvieron sus posiciones, con la alianza de Brandenburg, que volvía a cambiar de bando.

El Cardenal Mazarino logró sofocar la revuelta de La Fronda, casi una guerra civil de cinco años de duración. Murió el emperador Fernando IIIº, por cuya sucesión la rivalidad entre Francia y Austria se agudizó, ya que volvía a surgir la posibilidad de reunificación dinástica entre los imperios alemán e hispanoamericano. Todo el mundo recuerda a Chaj Yajan por haber mandado construir el mausoleo del Tach Majal (“Palacio de Tach”) para su esposa favorita. Cuando el estilo de construcción mo-gol de la época era la arenisca roja, en la que está construido el palacio amurallado que lo contiene, las dos edificaciones que casi lo reproducen, a menor escala, y los cuatro miradores en las esquinas del recinto, todo del mismo color (hoy el predominante es el verde de la vegetación y la pradera) que la tupida y extensa alfombra de tulipanes y enmarcado en un frondoso bosque de inmensos árboles, resaltaba el mármol blanco, material casi desconocido por la cultura india hasta entonces. En el mismo, como en otras construcciones posteriores, se incrustan piedras semipreciosas, así como estucados y azulejos, componiendo filigranas, arabescos y estructuras vegetales de gran colorido, que resaltan sobre el fondo blanco, en un admirable contraste. Todo ello reflejado y reproducido, invertido, en el extenso estanque situado entre el palacio y el monumento funerario, separando y uniendo, simultáneamente, el espacio de los vivos y de la muerte, quizás relacionado con la mitología grecorromana. Se alza sobre un podio, una elevación o terraza, como una tarta, del mismo material, elemento típico de la arquitectura religiosa hindú.

Sin embargo sus cuatro minaretes, en los cuatro vértices de dicho podio, sus cúpulas y la propia estructura central, son propiamente persas, de grandes pórticos de arcos apuntados, que, originariamente, en la cultura mazdeista, parecían imitar las tiendas de campaña del desierto, aunque habían evolucionado al flanquearse por un doble piso de pórticos-ventanales. Es curioso que lo que consideramos máximo exponente de la edificación hindú corresponda a una dinastía y siga parámetros extranjeros. También edificó el Fuerte Rojo (en realidad es un espacio amurallado que contiene varios palacios, parques, jardines y cursos de agua) en la tradicional piedra arenisca, de Ddeli. Así como el trono del pavo real: un diván con pies de oro, con incrustraciones de piedras preciosas, en el que se invirtieron 7 años y casi diez millones de rupias. Todo ello gracias a la explotación de unos vasallos azotados por la miseria, el hambre y las epidemias, que apilaban cadáveres en las calles y llegaban a practicar el canibalismo. Al parecer, una enfermedad hizo que estallara una guerra entre cuatro de sus ocho hijos, tratando de asegurar su sucesión. Aurangseb derrotaría a los demás, los llevó a juicio y los condenó a muerte, o los asesinó, junto a sus familias, apresó a su padre y lo mantuvo encerrado, bajo vigilancia, hasta que murió, haciéndose dueño del imperio mo-gol. Acabada la revolución puritana, Calvert fue restablecido en el poder, y se volvió a respetar la Ley de Tolerancia de Maryland. Tras muchos años de lucha indecisa, la alianza de Francia e Inglaterra, a la que se unirían Maguncia, Colonia, Palatinado-Neuburg, Hessen-Kassel, Suecia, como Estado imperial, y el ducado de Brunswick (antecedente de las futuras alianzas del Rin) en 1.658, derrotaron a España en la segunda o tercera (según se incluya con tal nombre la de los bajíos de Kent, en las costas inglesas) batalla de Las Dunas, entre Dunkerque y Nieuport. Murió Oliver Cromwell sin haber establecido un orden constitucional estable en Inglaterra. Su hijo Richard no tenía mejores dotes, perspectivas ni oportunidad para conseguirlo.

Por la Paz de Roskilde, Suecia conseguía el dominio de las provincias costeras, desde Bohuslän hasta Blekinge, así como la región noruega en torno a Drontheim, lo que no sólo le garantizaba el acceso al Báltico, a través del Sund, sino al Mar del Norte, a costa de Dinamarca. Sin embargo, pocos meses después, Carlos Gustavo Xº lo incumplía, ya que buscaba la derrota total de Dinamarca y controlar todos los accesos al Báltico. Rusia no lo podía permitir, por lo que, tras las derrotas danesas, intervino para forzar una tregua de tres años, que Suecia utilizó para declarar la guerra a Brandenburg. Este, junto con Austria, consiguieron aislar diplomáticamente a Carlos Gustavo Xº. Como la economía sueca no permitía mantener su ejército permanente sin botines de guerra, atacó a Dinamarca. Austria, Brandenburg y Polonia, junto con otras potencias continentales, se oponían al aumento de poder de Suecia, por lo que forzaron negociaciones de paz. Murió el emperador mo-gol Chaj Yajan. Le sucedió su hijo Aurangseb. Los ingleses, tras consolidar sus asentamientos en las costas bengalíes, llegaron a la desembocadura del Majanadi, el “río grande” de Orissa, estaleciendo fundaciones, de las que tuvieron que retirarse por la mortandad causada por el clima y las epidemias. Ibrajim, inconsecuente con su fanatismo mahometano, se hizo alcohólico, perdió cualquier autoridad moral sobre su pueblo, que lo despreciaba por haber abandonado las tradiciones combodianas. De modo que su hermano mayor, con la ayuda de los annamitas y una princesa de la casa Nguyen, lo destronó y lo envió a Annam, en una jaula de hierro, coronándose como Batum Richi. El Cardenal Mazarino utilizó todos los medios a su alcance para impedir la elección de Leopoldo Iº como emperador, aunque fracasó en tal empeño.

Como alternativa apoyó al príncipe elector de Maguncia, Juan Felipe de Schörnborn, archicanciller del Imperio, a crear una alianza equidistante de Francia y Austria, con lo que esperaba impedir el aumento del poder de ésta. Sus esfuerzos fueron rentables, ya que Schörnborn consiguió que el Imperio no prestase apoyo militar a España. Para hacer que el emperador cumpliese dicha condición constituyó la alianza del Rin. Con la financiación francesa, Schörnborn logró crear una especie de Gobierno imperial paralelo, bajo su dirección, como jefe de la diputación permanente, con lo que la oposición al poder austríaco se fortaleció. Con todo ello España tuvo que aceptar la Paz de los Pirineos, en 1.659, por la que Francia se quedaba con el Rosellón, parte de la Cerdaña e importantes plazas flamencas. A cambio de ello España recuperaba Cataluña, cuyos independentistas dejaban de contar con el apoyo francés. Igual compromiso se logró respecto de Portugal, pero en este caso fue incumplido. Para garantizar la paz, Luís XIVº se casó con María Teresa, hija de Felipe IVº, lo que traería como consecuencia su derecho a heredar la corona, si muriese sin hijos el sucesor de su suegro. El General George Monck encabezó un golpe de Estado militar que derrocó a Richard Cromwell. El Parlamento inglés, en 1.660, reinstauró la dinastía Estuardo, entregando la corona a Carlos IIº, hijo de Carlos Iº, decapitado por tiranía. Y, de inmediato, volvió a intentar la imposición del absolutismo que le había costado la cabeza a su padre. No comprendía que Inglaterra llevaba una línea evolutiva distinta a la mayoría de países europeos. Así reinstauró la Cámara Alta, de los lords, en la que se concentraban sus partidarios, y la Iglesia Anglicana o Alta Iglesia. La Ley de Uniformidad monopolizaba todos los cargos y prebendas eclesiásticos para los anglicanos. Todo ello reavivó los enfrentamientos parlamentarios y religiosos, aún más radicalizados.

Gran número de calvinistas, puritanos e independientes, así como otros grupos religiosos, denominados en conjunto “disidentes”, al estar fuera de la Iglesia estatal, prefirieron la emigración: la mayoría llegaron a Norteamérica. Las continuas guerras asolaron la economía danesa. Para mantener los ingresos del Estado se precisó aumentar la presión tributaria, lo que provocó un levantamiento popular, puesto que el endeudamiento llevaba a la esclavitud al campesinado. El rey lo alentó, puesto que pretendía acabar con la potestad electiva de la alta nobleza, aunque, de facto, ya de antiguo la monarquía era hereditaria. Con el apoyo de la burguesía y el clero en la Dieta, lo consiguió. Murió Carlos Gustavo Xº de Suecia, lo que permitió que fructificaran las negociaciones en la Paz de Oliva, por la que los Vasa polacos renunciaban a Suecia y a Livonia, y la de Copenhagen, por la que Suecia mantenía los territorios conquistados. Le sucedió Carlos XIº, aún menor de edad, por lo que, como durante la minoría de la reina Cristina, el país volvió a quedar regido por tutores, en lo que se conoce, por ello como “régimen de 1.634”, lo que supuso para Suecia un peculiar ordenamiento constitucional y administrativo, que ningún monarca ratificó, por lo que fue origen de futuros conflictos.

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