1.816: La independencia de Argentina

Durante el bloqueo comercial, mientras toda Gran Bretaña sufría grandes restricciones, los terratenientes disfrutaron de una época dorada, con inmensos beneficios debido al alza de precios de los cereales. Al reanudarse el libre comercio los precios volvieron a bajar, lo que ocasionó su protesta, con la que consiguieron unos aranceles proteccionistas que aún perduran: ¡justicia, Señor! Pero, por mi casa ¡no! Los mismos británicos que defienden el librecambismo, con todo tipo de argumentos y teorías, extorsionando y amenazando a los demás Estados para conseguirlo, cuando beneficia a sus capitalistas no se amilanan de practicar el proteccionismo a su conveniencia. Es lo mismo que hace actualmente Estados Unidos. Los tontos somos los demás, que prestamos oídos a tales cantos de sirena, en lugar de atender a los hechos, a las realidades, a los intereses de cada cual. Especialmente a los de la mayoría de la población. Tales medidas proteccionistas significaban que los alimentos se encarecían, a pesar de los bajísimos salarios, el desempleo y la depresión económica, de la que aún no habían salido. El periodista William Cobbett consideró todo ello una gran injusticia y comenzó a publicar artículos en defensa de los trabajadores, quienes, con tal apoyo, radicalizaron sus posiciones. Con una visión distinta, también David Ricardo publicaría artículos en contra del proteccionismo. Mantenía que el aumento del precio de los alimentos supondría una presión al aumento de los salarios (por ejemplo, porque parte de la población no podría pagar el coste de subsistencia, moriríra, disminuyendo la población trabajadora, y el “mercado” obligaría a aumentar los salarios para cubrir la oferta de empleo) de forma que, al final, no sólo los agricultores, sino todos los empresarios, verían disminuidos sus beneficios sin que el proteccionismo beneficiase a nadie. Los sufrimientos y muertes de hambre de los trabajadores no le merecían la menor consideración ética o moral. Robert Owen y los metodistas centraron sus esfuerzos en paliar las negativas consecuencias de la industrialización, como el problema de la vivienda o la insuficiencia de los seguros de vejez. Pero sólo tuvieron éxito en conseguir una Ley que prohibiese el trabajo de los menores de 9 años, aunque tardaría 4 más en aplicarse.

Era la primera Ley, aparte de las leyes de Indias en el imperio español -que nunca llegaron a aplicarse con rigurosidad- que el liberalismo y el sistema capitalista permitían a favor de los trabajadores. En este caso, a restringir la oferta de mano de obra, a disminuir “el ejército de reserva” de parados. Las presiones ultrarrealistas obligaron a Luis XVIIIº a que hiciese renunciar a Talleyrand. En tal ambiente retrógrado, ultraconservador, el patriciado noble se había impuesto en muchos cantones suizos. Como reacción a las decepcionantes conclusiones del congreso de Viena, respecto de una estructura política que sustituyese, con eficacia, al Imperio Alemán (el Reich) pero desde un perspectiva liberal, como la mayoría de los centroeuropeos deseaban, y propugnaban los intelectuales, se fundó en Jena, cuya Universidad es una de las de mayor tradición cultural y científica alemana, cercana a Weimar, la asociación de estudiantes alemana. Escogieron como distintivo los “colores imperiales”, el negro, el rojo y el oro, y se declararon dispuestos a luchar por el honor, la libertad y la Patria: el romanticismo sustituía al racionalismo revolucionario. Una nueva sublevación de los servios logró reimponer la autonomía pactada con los turcos, e incumplida por éstos. Aunque a cambio, debieron pagar impuestos a los otomanos. Quizás como compensación a las aspiraciones imperiales europeas napoleónicas, Luis XIIIº inició un imperialismo francés en Africa, a través de Senegambia, que se sometió definitivamente a su jurisdicción. Se realizaron intentos de establecer una producción tropical a base del cacahuete. Muy pronto, a diferencia del colonialismo británico, que confiaba en mantener su dominio con el apoyo de sus ejércitos y Marina, Francia decidió extender el suyo como una expansión cultural de la “nación francesa”, quizás a imitación de lo que habían hecho españoles y portugueses, aunque de modo más planificado, artificioso, queriendo quemar etapas. Morelos, al igual que Hidalgo, fue derrotado, secularizado por el Santo Oficio de la Inquisición de Herejes, y fusilado por los imperialistas. Los españoles reconquistaron Cartagena de Indias. Boves conquistó Valencia, obligando a Bolívar a retirarse a Nueva Granada, mientras Pablo Morillo, enviado por Fernando VIIº a Venezuela, sometió a los insurgentes, iniciando la reconquista de Nueva Granada. Un segundo intento argentino por conquistar el Alto Perú acabó en derrota en Vilumá.

En 1.816, el suizo Karl Ludwig von Haller comenzó a publicar “Restauración de las ciencias políticas”, en la que defiende que la misión fundamental del Estado, que es propiedad patrimonial del príncipe, es conservar el orden preestablecido. Era obligación del príncipe preservar y administrar del mejor modo posible el patrimonio que había heredado, es decir, el Estado, pensando siempre en el bienestar de sus súbditos (una concesión al sentimiento ilustrado) a los que niega ningún derecho político: la obligación de éstos es obedecer a su príncipe -que sólo debe responder, rendir cuentas, ante Dios, que era, en definitiva, quien le había hecho hijo de su padre y heredero de sus propiedades- y colaborar al engrandencimiento del Estado. Es decir, de la Hacienda principesca. Y, la de la Iglesia, apoyar al príncipe: la religión al servicio de la política, y no al revés, como había ocurrido en la Edad Media, incluso en la Moderna, excepto en Francia e Inglaterra. Luis XVIIIº convocó elecciones para ambas Cámaras tributarias, no legislativas. Dado el temor y la frustración que se había apoderado de los liberales tras la derrota napoleónica, los ultrarrealistas obtuvieron un triunfo rotundo. Por recomendación de Alejandro Iº y de la conferencia de embajadores, anuló tales elecciones y las convocó de nuevo. Tal muestra de magnanimidad, de lo inasumible de tales resultados, y de la necesidad de su presencia, permanencia, en los órganos más o menos representativos, dio garantías a los liberales, esperanzas de que algo se podría hacer y convencimiento de que, de otro modo, todo podía ser mucho peor. De forma que los constitucionalistas resultaron mayoritarios, por lo que Francia, junto con Inglaterra y Estados Unidos, volvían a ser los Estados más progresistas, refugio de los liberales y muestras de parlamentarismo en evolución. En las nuevas Cámaras francesas se establecieron claras divisiones de Partidos, que disputaron por el lugar de asiento, por grupos de afinidad, estableciendo los conceptos de “derecha” e “izquierda” política, tal vez por analogía respecto de la frase evangélica de la separación de los resucitados tras del juicio final. Se suscitaron amplios debates sobre el derecho electoral o la libertad de prensa. Cuatro Estados centroalemanes, ente ellos Sajonia-Weimar, aprobaron Constituciones. Los servios concertaron con la Puerta Sublime una administración compartida servio-turca en su país.

Sin enbargo se comprobó que no había condiciones para una estructura política liberal, por lo que se produjo una nueva insurrección, encabezada por Miloch Obrenovic. En Ggana (“rey guerrero”, nombre del antiguo imperio, más de 5 siglos anterior, de donde también deriva Guinea, a través del francés) los británicos ayudaron a los fanti a acabar con los ataques de los achanti, derrotándolos. A partir de Penang, Gran Bretaña conquistó, en 5 años, la provincia de Wellesley y toda Malaca. Volvió a intentar un nuevo Tratado comercial con el imperio chino, más ventajoso, pero tampoco pudo conseguirlo. Indiana fue admitido como 19º Estado de la Unión. James Monroe fue elegido Presidente de Estados Unidos. Morillo consiguió restablecer el virreinato de Nueva Granada. Los españoles reconquistaron Bogotá, acabando con el independentismo del Alto Perú, y Simón Bolívar fue derrotado en Venezuela, debiendo abandonar el país con el resto de sus tropas. José De San Martín era hijo de un hidalgo palentino que, por sus méritos en las campañas del Norte de Africa, había sido ascendido a Teniente -algo inusual para los no pertenecientes a la alta aristocracia- y destinado al virreinato de La Plata, en donde llegó a ser Teniente Gobernador del Departamento de Yapeyú, en Las Misiones Guaraníes, regentadas por los jesuitas, tras la expulsión de éstos. Cuando José De San Martín tenía 5 años de edad, su familia volvió a España, donde su padre se compró una casa con sus ahorros de toda su vida, lo que demuestra que, si bien fue muy torpe y despótico con los indios, acostumbrados al respeto con que los trataban los jesuitas, sí fue muy honrado en su administración económica. Tras estudiar en el Real Seminario de Nobles de Madrid, José De San Martín se incorporó al ejército. Por su actuación en la batalla de Bailén fue ascendido a Tenientecoronel. En la batalla de La Albuera, a 22 kmtrs. de Badajoz, en la ruta a Sevilla, combatió a las órdenes del General William Carr Beresford, el mismo que dos años antes había conquistado y perdido Buenos Aires. Luchando contra los franceses conoció al escocés Lord Macduff, que le incorporó a una Logia secreta que preparaba la independencia sudamericana. Ya antes había pertenecido a la Logia Integridad, de Cádiz, y a la Logia de Caballeros Racionales. Con ello tomó contacto con liberales y revolucionarios. Solicitó la baja del ejército español y se fue a Londres.

De allí partió hacia Buenos Aires, junto con otros seis militares españoles, incorporándose todos al ejército del primer triunvirato argentino. Junto con Carlos María de Alvear (nieto del fundador de las bodegas de dicho nombre, en Montilla, Cñórdoba; según el diario íntimo de una hija de éste, era tradición familiar que De San Martín era hermano bastardo de su padre, hijo de una india, que lo entregó a los De San Martín para que lo criasen como si fuera suyo; siempre se sospechó que era mestizo por el color cetrino de su piel; lo que sí eran ambos es “hermanos” masones) fundó una filial de la Logia de los Caballeros Racionales, a la que rebautizaron Flor de los Americanos, más tarde Logia Independencia, Logia San Juan y Logia Lautaro -en honor del cacique araucano que, tres siglos antes, se sublevó contra los españoles- cuya misión principal era conseguir la independencia sudamericana, obteniendo ambos el grado de Maestro, aunque algunos historiadores consideran insultante tal vinculación, una minoría la niegan, sin aportar pruebas, y, los más de éstos, mantienen que no eran propiamente masónicas, sino revolucionarias, como si no fuese la revolución liberal el auténtico objetivo de toda masonería secreta, teórico, las más de las veces, o práctico, cuando las opciones eran factibles. A dicha Logia se incorporó Juan Martín de Pueyrredón. Su constitución era similar a la de Cádiz, Londres o Venezuela, a la que pertenecieron Miranda y Bolívar. En dicha Logia preparó el derrocamiento del primer triunvirato y su sustitución por el segundo. Sustituyó a Belgrano, hijo de un italiano, en el mando del Ejército del Norte, tras sus fracasos en el Alto Perú. El cual ya había sustituido a Martín de Pueyrredón por los mismos motivos. Belgrano, además, levantaba sospechas por haber pertenecido a la corriente carlotista, que trataba de ofrecer la corona de Río de la Plata a Carlota Joaquina de Borbón, esposa del regente y heredero del trono portugués, y hermana de Fernando VIIº. Lo cual tenía la ventaja de poder recibir la ayuda de tropas y financiación brasileña. Y el inconveniente de que, antes o después, habría que luchar contra los imperialismos brasileño o portugués, y el despotismo de ambas dinastías.

Más tarde, cuando Belgrano viajó con Rivadavia en embajada a Londres, ante la falta de apoyo británico, trató de coronar a Francisco de Paula de Borbón, otro hermano de Fernando VIIº, con el beneplácito del destronado Carlos IVº, sin saber que su compañero de viaje llevaba instrucciones de ofrecérsela a un príncipe inglés. En el Congreso de San Miguel de Tucumán, el 9 de julio, De San Martín y Belgrano proclamaron la independencia del virreinato del Río de la Plata. Su lejanía de la Península Ibérica, estar al Sur del Brasil y de otras colonias que también luchaban por su emancipación, así como el control de los mares por los británicos, obstruyó la llegada de tropas realistas para reconquistarla. Este hecho, junto con la tradicional escasa importancia económica, en comparación con Perú o Méjico, aunque la siuación había cambiado en los últimos tiempos, hizo que la independencia de Argentina nunca estuviese realmente amenazada, consiguiendo De San Martín la emancipación de su país de nacimiento, aunque era hijo de españoles y había hecho en España su carrera militar. A partir de ella irradió el independentismo hacia el resto de las colonias sudamericanas, bajo el mando de los Generales De San Martín y De Sucre. En 1.817, falto de apoyo externo, tras la caída de Napoleón, el conde Montgelas fue destituido en Baviera. Durante la fiesta de Wartburg, conmemorativa de la reforma lutherana y de la batalla de Leipzig, o “de las Naciones”, se pronunciaron discursos radicales, exigiendo la unidad y libertad del pueblo alemán y pasar a la acción. Se quemaron el acta de la Confederación, símbolos federales y escritos reaccionarios. Gran Bretaña, haciendo uso del acuerdo del congreso de Viena, proclamó que impediría el comercio en los mercados europeos a todos los Estados negreros. Se estaba arrogando con ello una preeminencia europea que parecía excesiva. Sin embargo su dominio del mar le daba muchas posibilidades. Además de su “cruzada” en contra de la esclavitud, propiamente liberal, también pretendía beneficiar a su industria y preeminencia comercial y, sobre todo, naval. Se estableció una comisión internacional en Londres que debatiría sobre ello, controlando el cumplimiento de la prohibición del tráfico de esclavos.

Obrenovic ordenó asesinar a Karadjordje, fue elegido “alcalde” supremo, con carácter vitalicio y hereditario, y, mediate hábil diplomacia con Rusia y Turquía, logró ser reconocido como tal por ésta. Los británicos comenzaron a implantar sistemáticamente en la India su sistema educativo. El más notorio profesor fue el medio portugués Henry Louis Vivian Derozio, del Hindu College, a pesar de su corta vida: comenzó a dar clases con 17 años y murió con 23, propagando las enseñanzas de Voltaire, Locke o Hume. Mississippi fue admitido como 20º Estado de la Unión. Los indios semínolas eran particularmente belicosos. El ejército los había empujado hacia La Florida, desde donde, refugiados entre sus bosques y pantanos, repetían sus ataques de represalia en los territorios que ancestralmente les pertenecían. El no menos belicoso Monroe autorizó al ejército a introducirse en territorio del imperio español, aunque no controlado por éste. Se suponía que consegurían su objetivo rápidamente y no quedarían testigos de ello. Así Andrew Jackson inició la primera guerra en el Golfo de Méjico contra los indios semínolas y los esclavos negros fugitivos que se habían asentado en la zona.

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