1.865: La (Iª) Guerra del Pacífico (?) esta vez contra Perú y Chile

El 11 de diciembre se produjo el terremoto de Nueva Madrid, el más grande que se haya producido en el centro y Sur de Estados Unidos, y, al año siguiente, la guerra de dicho país contra Gran Bretaña, que le produjo una humillante derrota, en coalición con Tecumsej y sus tribus, si bien los estadounidenses le persiguieron hasta el actual Canadá, dándole muerte. Durante dicha guerra se produjo el bombardeo británico de Fuerte McHenry, en Baltimore, Maryland, desde la bahía de Chesapeake, durante el cual un abogado aficionado a la poesía contempló cómo la bandera de Estados Unidos seguía ondeando, lo que expresó en un extenso poema, Defence of Fort McHenry, posteriormente conocido como The star-spangled banner (“La bandera tachonada de estrellas”) y que se hizo muy popular. La gente la cantaba con la música de la canción inglesa To Anacreon in Heav’n, 34 años anterior, que más tarde fue adoptado como himno de la Marina de Guerra de Estados Unidos, después por el Ejército de Tierra, y, 117 años después de ser escrita, como himno nacional de dicho país, aunque sólo se acostumbra a cantar su primera estrofa. Al parecer, “El profeta” estaba haciéndose un retrato, 25 años depués de la batalla de Tippecanoe, mientras que los presentes discutían sobre las elecciones, cuando profetizó que Harrison no seríe dicho año Gran Jefe Blanco, pero sí cuatro años después, aunque moriría durante dicho mandato. Los demás adujeron que jamás un Presidente de Estados Unidos había muerto durante un mandato presidencial, a lo que les respondió que la muerte de Harrison recordaría a la de su hermano Tecumsej (esto no se cumplió, puesto que Tecumsej murió en combate ¿de un disparo en el pecho? ¿ahogado en el lago Ontario? luchando en Canadá, y Harrison de neumonía) y que morirían durante el suyo todos los Grandes Jefes Blancos cada 20 años.

Así Harrison murió en 1.841, durante su primer mandato, 30 años después de la batalla de Tippecanoe y 5 después de la profecía, Lincoln fue asesinado en 1.865, en su segundo mandato, Garfield en 1.881, en su primer mandato, McKinley en 1.901, en su segundo mandato, Harding murió en circunstancias aún no esclarecidas, quizás de un ataque cardíaco, en 1.923, durante su primer mandato, Roosevelt también en extrañas circunstancias, al parecer de una hemorragia cerebral que se relacionó con la poliomielitis que padecía, durante su cuarto mandato, en 1.945, y Kennedy en 1.963, durante su primer mandato. En cambio no se cumplió dicha profecía ni con Reagan ni con George W. Bush. Sin embargo, en 1.981, 170 años después de la batalla de Tippecanoe, 145 después de la profecía y 140 después de la muerte de Harrison, durante su primer mandato, Reagan sobrevivió a un disparo: fue el único Presidente de Estados Unidos que ha sobrevivido a una herida producida en un atentado con arma de fuego ¿Tendría fecha de caducidad la profecía? Murió en el 2.004, 16 años después de completar su segundo mandato, de neumonía, como Harrison. Sin embargo se ha sabido que padecía la enfermedad catalogada por Parkinson y demencia senil en estados avanzados, y que también había sufrido al menos un ictus o hemorragia cerebral (como Roosevelt, aunque éste no lo superó) durante su presidencia, de forma que bien se podría decir que tenía muerte cerebral. George W. Bush ha sido el único Vicepresidente que ha accedido a la Presidencia sin que su antecesor haya muerto o dimitido durante su mandato en 152 años. Sin embargo, durante su presidencia, mientras veía un partido de pelotabase, se atragantó con una galleta y estuvo a punto de morir asfixiado. De este modo Andrew Johnson, Vicepresidente de Lincoln, se convirtió en el 17º Presidente de Estados Unidos. La guerra había costado 5.000 millones de dólares. Se debieron crear impuestos para asumirlo. La deuda pública había pasado de 64 a 2.773 millones de dólares. Pero lo más grave fue la mortandad causada. El Norte perdió 360.000 combatientes, y el Sur 260.000 ciudadanos. Se trataba de la primera “guerra total” de la Edad Contemporánea, en la que el objetivo no era desarmar al enemigo, sino aniquilarlo.

Era un nuevo tipo de guerra que iba a terminar imponiéndose, igual que el uso militar del ferrocarril o el telégrafo o la ventaja de la artillería y la necesidad de cavar trincheras -como ya lo habían hecho los romanos en los asedios, para resistir las fechas lanzadas desde las murallas- y parapetarse para protegerse de ella y de la fusilería. La eficacia de las modernas armas de fuego y su cadencia de repetición demostraron imposible la estrategia ofensiva, a campo abierto, que, en el transcurso de la guerra, se sustituiría por la estrategia de posiciones. En Europa se tardaría 50 años en asumir tal cambio. Salvo en España, donde se utilizaron las trincheras durante la “penúltima” (asumiendo que la última guerra civil haya sido una guerra carlista, entrre otras cosas) guerra carlista. La brecha abierta entre el Norte y el Sur continuaría sin cerrarse, aunque el escarmiento de la guerra había sido demasiado terrible como para tener que repetirlo. Johnson impuso sus amendments (añadidos, correcciones, rectificaciones, enmiendas) en una especie de condiciones de paz. La primera, 13ª enmienda de la Constitución de Estados Unidos, abolía la esclavitud en toda la Unión. Esto significaba traicionar a los Estados esclavistas que se habían mantenido leales a la Unión y a los que la legislación de Lincoln les permitía seguir siéndolo. Tras todo ello, la aceptación de una estructura federal, no confederal, y la abolición del esclavismo, desaparecían los motivos concretos de la discordia, aunque no de resentimiento, ni mucho menos. Los republicanos radicales nordistas se hicieron con el poder real en el Sur, ayudados por el ejército de ocupación, y se explayaron en depredar, adueñarse de cuanto podían, humillar a los derrotados y vengarse con ellos. Para tales fines se sirvieron especialmente de las Compañías y Batallones de voluntarios negros, sobre todo si sus Oficiales también eran afroamericanos, a los que sus mandos blancos habían tratado con desprecio y crueldad, a pesar de que se suponía que los blancos nordistas habían ido a la guerra para su liberación. O quizás, precisamente, culpándoles por ello. Lo cierto es que en algunas ciudades se establecieron verdaderos regímenes de terror -no siempre como venganza contra los culpables de mal trato a sus esclavos- comparable al que se había producido durante la Revolución Estadounidense o Francesa e iba a reproducirse en la Soviética.

Los sudistas reaccionaron organizando partidas secretas de venganza e intimidación, terroristas, sobre todo cuando las fuerzas de ocupación abandonaron el Sur, y, con ello, a los negros “liberados”, a su suerte. Como el “Clan del Cuclillo” (Ku-Klux Klan) que se cubrían con sábanas con dos orificios para los ojos, como si fuesen fantasmas, para no ser reconocidos, y cuyas consecuencias llegan hasta hoy, manteniendo representantes políticos. Los negros dejaron de ser unos seres despreciables encerrados en las propiedades o que hacían la compra para sus amos, para convertirse en unos seres despreciables que vagabundeaban por las calles, no sólo se cruzaban en ellas con los blancos, como si tuvieran los mismos derechos, sino que ocupaban puestos, se mezclaban con ellos, en las mismas colas para buscar trabajo. Todo lo cual elevó el odio racial por encima del que había habido antes. Como no había dinero para pagar salarios se les entregaba un trozo de tierra para su cultivo de autoconsumo, y un tercio de la recolección. Es decir, igual que habían hecho los romanos “cristianizados” del bajo imperio, se sustituía la esclavitud por una especie de servidumbre de la gleba. Claro que ahora eran “libres”, en un régimen liberal y capitalista. Los que concluyeron que no había condiciones de subsistencia en tal ambiente y emigraron al Norte, se encontraron con que la acogida no era muy diferente. Que el abolicionismo era una actitud mayoritariamente teórica, incluso retórica, pero que no suponía reconocer los mismos derechos a los antiguos esclavos, a veces disfrazando actitudes racistas con clasistas. Ni que se estuviera dispuesto a asumir ninguna consecuencia concreta, personal, de tal liberación que interpretasen negativa. Es lo que suele ocurrir cuando la ley antecede al convencimiento ciudadano y, tal vez, a la evolución social. Junto con la inmigración, instigada por la elevada paga ofrecida a los que se enrolasen durante la guerra, supusieron un exceso de oferta, que empeoró las condiciones de los trabajadores. La cultura de ganar dinero, triunfar haciéndose rico, por cualquier medio, como único objetivo social, lo inundó todo. La lógica consecuencia sería la extensión del gangsterismo. Toda la legislación social que antes propagaban los republicanos radicales, por analogía con el abolicionismo, frente al liberalismo radical, cayó en el olvido. Muy pocas leyes de tal enfoque perduraron.

Como la de la jornada de 8 horas, sólo para los trabajos públicos. Lo cual iba a repercutir en que dicha limitación se extendiese a todos los trabajadores. La situación económica, además de la destrucción habida, tampoco colaboraba a ello. Además del bloqueo naval, que impidió vender las cosechas sudistas al extranjero durante casi toda la guerra (con cuyo importe hubiesen podido comprar más armas, incluso pagar mercenarios, o atraer inmigrantes, como hizo el Norte) los mercados se habían perdido. Los compradores habían tenido que sustituir a sus proveedores. El más perjudicado fue el del algodón. Se suponía que la abolición de la esclavitud iba a significar un aumento de coste de producción, que imposibilitaría la recuperación de dicho mercado. Muchos latifundistas sureños se vieron en la necesidad de dividir, vender o alquilar sus tierras. La vetusta pseudoaristocracia pseudofeudal, esclavista, fue sustituida en la mayoría de las explotaciones agrarias por la burguesía comercial urbana o, peor aún, norteños sin escrúpulos, dispuestos a lucrarse con las gangas provocadas por la destrucción, las calamidades y la necesidad. De todo ello, así como de la propia guerra, con bastante simpleza, popularmente los sudistas culparon a los negros. Se produjeron persecuciones y linchamientos, que iban a reproducirse, como expresión de irracional conducta frustrada, cada vez que bajasen los precios internacionales del algodón, con su secuela de depresión económica para parte del Sur. El Ku-Klux Klan también influiría en ello. Sin embargo, la guerra y el monopolio británico sí habían provocado un incremento del precio internacional del mismo, y la producción mediante contrato de trabajo libre, a salarios de subsistencia, no se demostró mucho más costosa que la esclavista, aunque conllevaba la incomodidad de requerir dinero líquido para pagarlos antes de que se vendiesen las cosechas, o soportar los intereses financieros correspondientes, que no todos los agricultores estaban en condiciones de conseguir. Así que el Sur, finalmente, logró recuperarse. Estos cambios sociales conllevaron la implantación de industrias, en principio basadas en las capacidades y mercados ya existentes, como la elaboración de tabaco en Carolina del Norte, las madererías del Suroeste, o la minería, sobre todo del carbón, en Tennessee y Alabama, que el Norte demandaba.

En cambio Virginia había perdido sus minas de carbón e industria florestal, que quedaron en territorio de Virginia Occidental. Como una forma de humillación adicional, se exigió a los Estados secesionados que volviesen a solicitar su federación. Se estudió ésta en cada caso, analizando sus Constituciones estatales, obligándoles a incluir artículos o enmiendas (añadidos) contrarias a la esclavitud, o asumir los cambios unificadores con el resto de la Unión en lo que creyeron oportuno, demorándose la aceptación de su reincorporación, Estado por Estado, cuanto estimaron conveniente. Tres buques de guerra españoles se unieron a la “expedición científica” y bloquearon el puerto de Lima, El Callao. Con tal extorsión, Pezet firmó el Tratado Vivanco-Pareja, con el nuevo Contralmirante de la Escuadra española, en el que reconocía al Comisario Especial y Extraordinario Regio y una indemnización de 3.000.000 de pesos por los “daños ocasionados”. Al explicar tales hechos al Congreso entró en disputa con el Mariscal Castilla, que le rompió la mandíbula de un puñetazo, por lo que fue deportado a Gibraltar. Ni el Congreso de Perú ni Napoleón IIIº, que envió secretamente ayuda militar a los peruanos, ya que no podía consentir una restauración imperial española, admitieron dicho Tratado. El Coronel Prado inició una insurrección que derrocó a Pezet, y se proclamó Jefe Supremo de la República. Chile, también exportador de guano, se vio amenazado, igual que toda Sudamérica, por la actitud española, y comienzó una actitud hostil, negándose a abastecer a los buques españoles y ridiculizando a la reina, algo que se tenía sobradamente merecido. Pareja exigió un desagravio, entre otras cosas mediante el saludo a su Escuadra con veintiuna salvas, bajo la amenaza de destruir los principales puertos chilenos. Ante la negativa de éstos comenzaron por bloquearlos. De modo que Chile, que prácticamente carecía de Armada, se alió con Perú, Ecuador y Bolivia, y llamaron a unirse a las demás repúblicas sudamericanas. Se inició con ello lo que en España se denomina (Iª) Guerra del Pacífico y, en Sudamérica, Guerra contra España o Hispano-Sudamericana, ya que reservan el nombre anterior para la Guerra del Guano y Salitre, entre Chile, Bolivia y Perú. Desde Europa llegaron cañones para fortificar el puerto de El Callao, para que no pudiese ser bloqueado nuevamente.

Una Goleta española fue apresada por una chilena, que se acercó bajo falso pabellón británico, en el combate de Papudo. Ante la suposición de que otra goleta también hubiese sido apresada, Pareja se suicidó, siendo sustituido por el Capitán de Navío Casto Méndez Núñez, que recibió orden de bombardear los puertos de Valparaíso y El Callao, hasta recuperar la Goleta apresada. Perú perdió una Fragata, su mejor buque, recientemente adquirido a Francia, junto a otras dos, tras encallar. Los países vecinos no podían soportar la desfavorable comparación con un Paraguay pujante, estable, próspero e independiente de cualquier intromisión neo o archicolonial. Así que Brasil, Argentina y Uruguay se unieron contra ella, en una larga e inútil guerra, que los guaraníes resistieron heroica y letalmente. El argentino Bartolomé Mitre encabezó los ejércitos aliados, como Generalísimo, contra Paraguay. En 1.866, Italia exigió y consiguió de China iguales preferencias comerciales y de navegación que las demás naciones occidentales. Una vez excitada la tensión y asegurado el Frente diplomático, Bismarck sólo tenía que encender la mecha. Así que propuso la convocatoria de un Parlamento alemán en el que Austria estaría muy poco representada, ya que se excluía de su proporción a la población no germánica. Austria presentó una contrapropuesta y planteó ante la Dieta federal la administración común de Schleswig-Holstein. Prusia simplemente utilizó sus tropas en Schleswig para invadir Holstein, al tiempo que pedía en la Dieta la expulsión de Austria de la Confederación Germánica, acusándola de fomentar la confrontación entre los miembros de la misma. Austria, que ya había movilizado su ejército, pidió que hiciese lo propio el ejérctio federal, lo cual parece injustificado, puesto que no había, en principio, ninguna amenaza de intervención extranjera. Más bien era una demostración de debilidad, de falta de confianza en enfrentarse a Prusia, de devolverle el golpe por sí sola. Tratando de no decantarse por ninguna de las partes, la Dieta llamó a una movilización parcial. Prusia adoptó una posición ofendida y aprovechó para abandonar la Confederación Germánica y movilizar a su ejército.

Sabía que tenía tiempo de sobra, dada su mejor organización, funcionamiento, y el uso metódico de redes de espías, telégrafos y ferrocarriles, como se había comprobado en la Guerra de Secesión americana, que le permitían conocer los movimientos de los austríacos y desplazarse con más velocidad. La Confederación Germánica se rompió, como sin duda Bismarck esperaba. Los Estados del Sur y algunos de los mayores del Norte, quizás temerosos del poder de Prusia, se pusieron de parte de Austria. En una maniobra perfectamente estudiada y diseñada, desde tiempo atrás, por el Mariscal de Campo von Moltke, movilizados mucho más rápidamente, dos ejércitos prusianos, desde Holstein y Westfalia, en direcciones contrapuestas, invadieron Hannover. Otro, desde Nassau, atravesó el electorado de Hessen y conquistó Würzburg. Un cuarto, desde los Estados Turingios, invadió Baviera y tomó Nürenberg. Otros tres, desde el Norte de Leipzig, atravesando Sajonia, el Sur del ducado de Brandenburg, y Silesia, este último ejército al mando del príncipe heredero, convergieron, transportados hasta las cercanías en ferrocarril, sobre las tropas austríacas en Sadowa, actual Hradec Králové, donde sabían que estaban debido a los informes de los espías independentistas checos, transmitidos por telégrafo, el 3 de julio, en la batalla que también se conoce como de Königgraätz, en la actual Chekia. Se enfrentaban 140.000 prusianos contra 90.000 austríacos, más 25.000 aliados sajones. Los austríacos, que confiaban en su arma secreta, un nuevo fusil de repetición, escogieron una situación excelente, en la que se mantuvieron a la defensiva, esperando que los prusianos se estrellaran y desangraran contra sus tiradores. Y así fue en un principio. Los austríacos ya habían empleado dicha táctica contra los italianos, y no les sirvió. Aunque ahora tenían sus nuevos fusiles de repetición, en cuya ventajosa cadencia de fuego confiaban. La posición austríaca incluía una prominencia de terreno que dominaba todo el valle. Los Generales prusianos, desde el primer momento, comprendieron la importancia de dicha cota, y se empeñaron en conquistarla. Les costó cinco asaltos. A las 12 habían tomado la colina y, utilizando las propias piezas austríacas, las volvieron para bombardear las posiciones de estos.

A las dos de la tarde habían completado el ascenso y posicionamiento de su superior fuerza artillera, y comenzaron a machacar concienzudamente a los austríacos. Algunos de sus mandos dieron orden de romper el cerco, que, dada su táctica defensiva, habían permitido que se formase. Pero ya no era posible. Las líneas prusianas ya eran muy sólidas, estaban convencidas de su victoria, y rechazaron los ataques austríacos siguiendo la táctica que antes éstos habían empleado: mantenerse en sus posiciones disparando, sin entrar al cuerpo a cuerpo a la bayoneta, que era como se realizaban tradicionalmente las batallas, igual que cuando se usaban lanzas y picas. Aunque, durante la Iª Guerra Mundial, esta táctica iba a volver a imponerse, especialmente por carencia material para fabricar tantas municiones. Los austríacos sólo esperaban que llegase la noche para poder escapar de aquel infierno. Aún así les resultó difícil atravesar las líneas. A la mañana siguiente los prusianos pudieron comprobar la envergadura de su victoria: los austríacos habían tenido 25.000 bajas, entre muertos y heridos, más 20.000 prisioneros, con lo cual su inferioridad numérica era manifiesta. Las bajas alemanas no fueron tan insignificantes como han hecho creer durante más de un siglo: sufrieron unas 10.000 muertes. Los austríacos sólo sabían que no lograban reunir a su ejército, pero ignoraban si era debido a las bajas sufridas, si sus tropas habían caído prisioneras o se habían desperdigado y desorientado durante la noche. Sólo comprendían que era necesario defender Viena. Así que, sin esperar a que aparecieran más supervivientes, iniciaron el retroceso, antes de que los prusianos les adelantasen y copasen. Estos avanzaron en dos columnas paralelas, al mando de von Herwart y el príncipe Federico Carlos (no se consideró prudente que el príncipe heredero se internase tanto en territorio enemigo) alcanzando a los defensores austríacos a ambos lados de Viena, el 20 de julio, en Stoekerau y Ganserndort. Tras dichas batallas la defensa austríaca era imposible. Aprovechándose de la guerra austro-prusiana, Cavour, lógicamente, se puso de parte de Prusia. Confiaba que Austria concentrase todos sus esfuerzos en la invasión de Prusia, lo que le permitiría conquistar el Véneto. Pero no fue así: sólo obtuvo derrotas en Custozza y Lissa.

Para evitar el completo dominio prusiano, Austria solicitó la intermediación de Napoleón IIIº, al que Bismarck no deseaba darle ningún motivo para que se sintiese acreedor a nada. Por ello, y para evitar ninguna intervención extranjera, que tan rotunda victoria podría atraer, en contra de la voluntad de Guillermo Iº, pero contando con la aprobación del príncipe heredero, se firmó el Tratado preliminar de Nikolsburg, confirmado por la Paz de Praga. Terminaba con ello la que se llamaría guerra de las siete semanas. La Confederación Germánica quedaba disuelta. Austria reconocía las conquistas de Prusia en el Norte y Centro de Alemania, que les daba a los prusianos continuidad territorial sobre unos dominios antes dispersos. Austria aceptaba la reestructuración de Alemania, y se comprometía a pagar una indemnización de guerra de 20 millones de táleros de plata, moneda que aproximadamente equivalía a dólares y doblas españolas de la época. A cambio las tropas prusianas abandonarían todo el territorio conquistado a los Estados del Sur. Con la ayuda de Napoleón IIIº, que, de forma estúpida, guiado por su tradicional estrategia de debilitar a los austríacos, sin comprender que el peligro en ese momento era Prusia, los italianos consiguieron el Véneto en la Paz de Viena, a pesar de sus derrotas. De inmediato Prusia integró sus nuevos territorios en la Confederación de Alemania del Norte, con la intención de extenderla a toda la actual Alemania. En base a dicha política inició gestiones diplomáticas para establecer alianzas defensivas e incluso ofensivas con los Estados del Sur. Bismarck hizo público el doble juego de Francia, que había intentado garantizar su petición de llevar sus fronteras hasta el Rin, tanto por parte de Prusia como de Austria, ganase quien ganase. En base a ello, simplemente la ignoró, con lo que no le dio opción de reaccionar. Si intentaba un nuevo triunfo ante sus súbditos, Napoleón IIIº sólo consiguió un nuevo fracaso. Carol fue coronado como príncipe de Rumania. Los últimos grupos aislados de t’ai-p’ing que mantenían la resistencia fueron derrotados por las fuerzas imperiales chinas. Sin embargo el levantamiento mahometano de Yakub Bey en Turquestán consiguió la separación de dicho territorio. Se fundó la escuela hindú Dar-al-Ulum.

Una expedición francesa encontró la ciudad de Vientiane, asolada por Rama IIIº 39 años antes, completamente invadida por la selva, cuyos árboles enraizaban y trepaban por sus templos. El daimi-o de Chochu había modernizado su ejército, equipándolo con modernas armas inglesas. Respaldado en ello organizó un golpe de Estado militar, que fracasó. El chogun envió contra él una expedición de castigo, que fue derrotada. El 13 de junio se aprobó la 14ª enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que otorgaba plenos e iguales derechos a todas las personas nacidas en la Unión (no a los inmigrantes) sin establecer ninguna distinción por derechos de nacimiento, raza, sexo ni ningún otro, y que a ninguna persona se le podía privar de su existencia, libertad o propiedades sin un proceso judicial previo y con plenas garantías. Una lástima que, ni entonces, particularmente en lo que respecta a los derechos civiles de los negros, ni menos actualmente, se cumpla, con sólo pronunciar la palabra “mágica” terrorismo. Más tarde, cuando se establecieron leyes anti-trust, en contra de la corrupción, el monopolio y otros abusos de dominio de mercado e imposición de condiciones a los consumidores, interpretando que las sociedades también eran personas, jurídicas, se utilizó esta enmienda para obstaculizarlas. Igual que en la actualidad, cuando han conseguido que se considere a las personas físicas como personas, ante una Corte Suprema plagada de los más retrógrados elementos por Reagan y (am)Bush, mediante una Ley que reducía la edad de jubilación de los existentes a 65 años, y su sustitución, por primera vez en la Historia, sin consenso entre los Partidos mayoritarios, aprovechando que el electorado les había dado, estúpidamente, la mayoría absolutista, de forma que las empresas y asociaciones pueden hacer donativos a las campañas electorales (en España eso es corrupción, aunque los miembros del Partido Popular, enjuiciados por ello, aún no han sido condenados) asegurando que los vencedores sean los que hayan pactado con ellas. Una nueva crisis internacional dejó sentir sus efectos económicos en Iberoamérica. Al terminar su Guerra de Secesión, Estados Unidos puso en práctica su “doctrina Monroe” y el “destino manifiesto” (¿el dominio del Continente, del mundo?) exigiendo a Francia que abandonara su aventura mejicana.

Comprendiendo que su oportunidad había pasado, que no había conseguido consolidar su dominio mientras Estados Unidos estaba incapacitado para intervenir en Méjico, Napoleón IIIº prefirió hacerlo antes que ser derrotado. Fue un fracaso más de su política. Sin embargo, Maximiliano Iº, convencido por los irrealistas realistas mejicanos, y por su propia concepción quijotesca, creyó que tenía posibilidades de resistir. La Escuadra española anunció que bombardearía Valparaíso, el puerto de Santiago de Chile, dando un plazo de 4 días para que lo abandonasen sus 40.000 habitantes y las Flotas británica y estadounidense, que amenazaron con hundir los buques españoles. Méndez Núñez respondió que España prefería honra sin barcos que barcos sin honra, sin considerar que dentro de los barcos hay seres humanos. A pesar de la amenaza dichas potencias optaron por evacuar los muelles, procediéndose a “recuperar la honra” mediante el bombardeo, que destruyó el puerto, sus almacenes y las mercancías contenidas, la Marina mercante, el predominio comercial y marítimo del Pacífico sudamericano chilenos, aunque no hubo víctimas, dada la previa evacuación. No obstante, el puerto de San Antonio que no fue atacado, permitió recuperar el comercio y resurgir el de Valparaíso. Chile lo consideró una cobardía, dado que tal puerto no estaba protegido. Ofendido por ello, además de cumplir las órdenes recibidas, Méndez Núñez se dirigió a El Callao, que entonces era el puerto más fortificado de Sudamérica, contando con 50 cañones, 14 de ellos costeros, de gran calibre. Volvió a dar otro plazo de 4 días y lo atacó con 6 Fragatas, una Corbeta y varios transportes, que sumaban 300 cañones. En una hora se había destruido uno de los fuertes peruano. Sin embargo la batalla duró seis más, sin que se pudiese anular la artillería de los otros fuertes. En honor a tal “proeza” existe en Madrid la Plaza de El Callao. Murieron 43 españoles, y 157 resultaron heridos. Cuatro Fragatas españolas, de madera, seriamente dañadas, debieron dirigirse a Filipinas. El resto puso rumbo al Atlántico, abandonando las islas Chinchas, origen de la guerra, donde los buques acorazados peruanos hundieron un bergantín español, previamente evacuado. Dos días más tarde apresaron una Corbeta española.

Más tarde una Fragata española apresó en Madeira a un Crucero chileno de la clase Super Alabama, de 2.000 toneladas, entregado por Gran Bretaña, a falta de dotarlo de artillería. Ambas partes consideraron que habían obtenido la victoria. Sin embargo la caída de la dinastía borbónica estuvo muy influenciada por estos hechos. Sería la Armada, con base en Cádiz, la que iniciase el pronunciamiento revolucionario. En 1.867 Nebraska se integró como el 37º Estado de la Unión. En el mandato de Andrew Johnson, Estados Unidos terminó adquiriendo Alaska a Rusia, por 7’2 millones de dólares, alcanzando su límite Norte actual. También se adueñó, puesto que estaba deshabitado, del atolón de Midway, a “mitad de camino” en medio del océano Pacífico, lo que tendría gran importancia para su expansionismo imperialista, puesto que lo utilizó para el repostaje de carbón, e innegable valor estratégico, como se demostraría durante la IIª Guerra Mundial. Estados Unidos invadió directamente Méjico. Maximiliano Iº fue fusilado por orden de Juárez. Con ello Francisco José Iº perdía a su hermano, uno de los herederos más cercanos a la doble corona austro-húngara. Semejante fracaso hizo perder aún más popularidad a Napoleón IIIº. En España se promulgó un Real Decreto que prohibía las recomendaciones en las tramitaciones de los asuntos del Estado. El propio proceso económico impelía a Gran Bretaña a una continua expansión imperialista. En los demás países occidentales se iba a producir el mismo efecto. El sistema parlamentarista, tanto como el grado de prosperidad global alcanzado, la acumulación de capitales, que permitía a las clases dirigentes ser “generosas” a cambio de conseguir seguridad y continuidad para sus negocios, fue solventando, paulatinamente, los más graves efectos del capitalismo más desalmado. Se consiguió, casi desde el principio, que las inquietudes sociales no se dirigieran contra el Estado. El propio sistema liberal, de inhibición respecto de los problemas económicos y sus repercusiones, parecía asumido por las multitudes, que pedían reformas, especialmente desde planteamientos sindicales, pero que se resignaban a su situación, sin aspirar a ningún cambio político trascendental. En tales circunstancias, tanto el partido conservador como el liberal se disputaban el voto popular compitiendo por proponer leyes favorables a los trabajadores, que mejorasen paulatinamente su situación.

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