0013-De la constancia energética termodinámica, a la ambivalencia materia-energía y el mundo de los sueños

Al asumir el movimiento permanente, la mutabilidad, de todo, está aceptando que las normas constituyentes pueden alterarse, que la democracia es posible, lo que lo sitúa en el bando de los progresistas. Para él el elemento precursor del Universo fue el fuego. Si consideramos equivalentes fuego y energía, que la Gran Explosión o Big Bang proyectó al Universo toda la materia en forma de plasma incandescente, su propuesta puede aceptarse como acertada. Para Heráclito dicho fuego no se consumía [1], sino que se autorreproducía constantemente de sí mismo. Si aceptamos que materia y energía son conceptos equivalentes, el teorema de la conservación de la energía [2] y la constante conversión de materia en energía y viceversa, dicha afirmación, oscura en su época, mistérica, incomprensible, nos parece hoy completamente adecuada a la realidad. Sustituyó el concepto Dios por el concepto logos [3], una razón o norma que dirigía el mundo, resolviendo todas las oposiciones, contradicciones, dentro de su misma unidad, dialécticamente.

El príncipe Siddarta [4] Gautamá [5], hijo del rey Sudjodana, según la leyenda, nació hacia el -560, entre la India y Nepal, fue concebido “sin mancha”, entrando en el seno de su madre en forma de elefante blanco [6], y recorrió, predicando, haciendo milagros, fundando conventos de monjes y monjas y comunidades de adeptos, por todo el norte de la India. Murió hacia el -480, pasando directamente al nirvana eterno sin más reencarnaciones, por lo que se le apoda el Budda [7]. En aquella época los pequeños reinos hindúes, en constante lucha entre sí, y azotados por los ataques y la expansión escitas, estaban dominados por la ambición. No sólo la guerra, sino todo tipo de intrigas y crímenes, hasta el asesinato entre hermanos o el parricidio, se consideraban aceptables para conseguir el poder.


[1] ¿Recuerda esto la zarza del monte Sinaí? Hoy sabemos que las plantas utilizan la evaporación del agua por los estomas del envés de las hojas para crear un vacío que bombee la savia alimenticia desde las raíces. Si la temperatura impide la evaporación, como en los frigoridesiertos, las plantas se marchitan por falta de nutrientes, si es que pueden resistir la congelación. Donde el agua es escasa, como en los desiertos cálidos, las hojas se sustituyen por espinas, que impiden la evaporación, pero crean diferencias electrostáticas que atraen la savia rica en minerales. Si una nube cargada eléctricamente entra en contacto con plantas espinosas se produce un chisporroteo, fuego fatuo, fuego de San Telmo (como en los mástiles y vergas de los barcos) o efecto fosforecente, que podría interpretarse como arder sin consumirse.

[2] La energía (y quizás, también, la materia, o la energía/materia) no se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma, cambia de una a otra forma, modo, de aplicación, de apariencia, como se nos aparece, evidencia, a nuestros sentidos.

[3] La versión castellana del eu-anguelios de San Juan comienza con “En el principio era el verbo”. En latín verbum significa palabra, por lo que la traducción aparentemente correcta sería: “En el principio existía la palabra. Y la palabra era Dios. Y la palabra estaba (junto) con (o de parte de) Dios. Y la palabra se hizo carne (se encarnó) y habitó entre nosotros”. Lo mismo significa locum, también en latín, de donde provienen las palabras locutor, locutorio, locuaz, etc.. En griego logos puede interpretarse como palabra, pero también como pensamiento, entre otras acepciones. Si fue éste el término empleado en el original griego, otra posible traducción sería “En el principio existió el pensamiento. Y el pensamiento era Dios. Y el pensamiento estaba con Dios. Y el pensamiento se hizo carne (tomó la forma de carne, se revistió de carne, se encarnó; lo contrario de desencarnarse o descarnarse, quedar sólo los huesos) y habitó entre nosotros.” Pero, si San Juan era seguidor filosófico de Heráclito o los atomistas, otra posible traducción sería: “En el principio existía la razón. Y la razón era Dios. Y la razón estaba (junto) con (o del lado de) Dios. Y la razón se hizo carne (se encarnó) y habitó entre nosotros”. Lo cual supone una visión distinta del evangelista gnóstico.

[4] En sánscrito “El que ha alcanzado sus objetivos”.

[5] El segundo nombre, entre los nobles, en aquella época, repetía el de un mítico vidente veda, indicando que descendían de él. En su caso el del sabio Gótama.

[6] Para los brajmánicos, Budda era el avatar, o sea, la encarnación terrenal, del dios preservador, bondadoso, Visnú, “El trabajador” o “El omnipresente”, según distintos dialectos arcaicos (otras sectas también lo consideran creador y destructor del Universo, al desdoblarse su personalidad en sí mismo, Brajmá, el creador, y Sivá, el destructor, que no serían sino partes, otras personalidades, del mismo Visnú) que vino a la Tierra en sus avatares Rama (que al raptar a la que sería su esposa Indirá, “La belleza”, “Esplendor”, generó la guerra que se narra en el Ramayana, semejante a la Guerra de Troya) Krisná, un dios pastor -recordemos que el príncipe Paris, el que raptó a Helena (que no era de Troya, a donde se la llevó, sino esposa del rey de Esparta) Alexander para los hititas, y del que se han encontrado Tratados de Paz y Amistad con varios reinos, entre ellos Esparta, vivió como pastor hasta que fue elegido por Zeus para emitir el juicio sobre qué diosa era la más bella, dando fin al enfrentamiento surgido por la manzana de oro de la diosa Discordia, Eris, con la inscripción “para la más bella”, como venganza por no haber sido invitada, para evitar peleas, a la boda entre Tetis, la personificación del Mediterráneo, madre del mítico Aquiles, vulnerable sólo en el talón, por donde lo sujetó al sumergirlo en la sangre del drágon, lo que lo asemeja al Sigfrido germánico-escandinavo, y Peleo- y encarnación de la serpiente divina, extensión o desdoblamiento de la personalidad de Visnú, para que le sirviese de sirvienta -¿tendrá algo que ver con la que le robó la flor (quizás antecedente del mito europeo de la mandrágora, planta venenosa, mortífera, alucinógena y medicinal, narcótica, analgésica y cicatrizante, emparentada con la patata, utilizada en rituales mágicos) o el fruto (quizás antecedente del mito del tubérculo de la mandrágora, que puede parecer un hombrecillo o manipularse para que lo parezca) según las versiones del mito sumerio, de la inmortalidad a Gilgamech, mientras este dormía, caído en sopor, agotado por el esfuerzo del buceo para recogerla, o por las emanacones de ciertas plantas; la que entregó a Eva o Haba la manzana del árbol de la ciencia del bien y del mal; o la que salió del mar para matar a Laocoonte y sus hijos?- y Varaja, un cerdo o jabalí gigante que olfateó la Tierra entre el fango y la colocó en el centro del Universo. Todos nosotros, todo nuestro universo, uno de los millones que se forman con su respiración, somos el sueño de Visnú mientras duerme, y desapareceremos cuando se despierte. Según los Vedas está estrechamente asociado a Indra (tambíen dios de los mitanos, lo que lo sitúa en el centro religioso de las razas denominadas arias, indogermanas o sánscritas, y lo relaciona con las antiguas Persia, Caldea, Sumeria, Asiria y el Imperio Hitita) y cuyo vehículo es el elefante blanco. Indra sedujo a la esposa de Gótama, quien lo castigó llenando su cuerpo de vulvas. Tras hacer penitencia y pedirle perdón, Gótama las cambió por ojos, con los que puede escrutar todo el Universo y sus criaturas. También se le denomina Jari (“El que quita el pecado, el sufrimiento”) de modo que Mata-Jari significa, pretenciosamente, “La madre de Jari, o sea, Visnú, el Dios Supremo”.

[7] “El Iluminado”, “El Despierto” “El Despabilado”, “El inteligente”, “El Vigilante”. Lo cual es contradictorio con su representación reclinada, acostada, durmiendo, postura por la que toma la tradición mítica, precedente, de Visnú o Brajmá, y su sueño creador y director, que da vida, nos hace actuar, dirige nuestras vidas, a nuestro Universo, y que durará hasta que se transforme en pesadilla y lo despertemos.

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