1.810: El imperio napoleónico

En poco tiempo los prusianos estuvieron en situación de volverse a enfrentar al emperador francés. También en Austria el Gobierno del conde von Stadion impuso reformas. Sin embargo, dado el poder de la aristocracia y el problema de los nacionalismos, debió apoyarse en aquella, lo que limitaba su capacidad de maniobra. Su principal objetivo, junto con el archiduque Carlos, era derrotar a Napoleón, por lo que, a imitación de lo que ocurría en Francia, decretó el servicio militar obligatorio, transformando el ejército, hasta convertirlo en “el pueblo en armas”, capaz de enfrentarse a los revolucionarios. Ideológicamente propagó la resistencia patriótica contra los franceses, con lo que, posiblemente, también pretendía contrarrestar los nacionalismos separatistas. Alejandro Iº se apoyó en Speranski para continuar con sus reformas. Este intentó un cambio general en la legislación, la administración pública y el sistema judicial. El bayá de la región danubiana Bayrakdar Mustafá, intentó liberar y reponer a Selim IIIº, pero sólo consiguió que asesinaran al sultán depuesto. Su meta era acabar con la excesiva autonomía de algunas instancias, especialmente las locales. En tal sentido consiguió eliminar el poder de los dere beys (“príncipes del valle”) en Anatolia, que eran casi independientes. En Tesalia neutralizó a Alí, bayá de Yannina. Sin embargo no pudo acabar con las aspiraciones independentistas. Un buque británico, bajo pabellón holandés, se presentó ante el puerto japonés de Nagasaki. James Madison fue elegido Presidente de Estados Unidos, que para entonces alcanzaba los 7’3 millones de habitantes, dos veces y media más que al independizarse. Cambió la prohibición de comercio ultramarino por la de sólo con Francia y Gran Bretaña. Pero como se trataba de los dos principales socios económicos estadounidenses, el cambio no fue muy beneficioso. Los acontecimientos en España y en el imperio portugués afectaron directamente a Hispanoamérica. Por todas partes se establecieron Juntas Provinciales, a imitación de lo que ocurría en la metrópoli. Pero, en principio, no se trataba de un movimiento independentista, sino legitimista, a favor de Fernando VIIº, al que consideraban su verdadero rey. Más curioso aún porque fue un movimiento mayoritariamente criollo, municipal en su mayoría, donde el criollismo dominaba.

La aristocracia y el funcionariado estaban paralizados, quizás incapaces de decidir entre el legitimismo de las abdicaciones o la intepretación de que éstas habían sido forzadas. Así como la duda sobre de qué lado iba a terminar la victoria y cómo favorecería a sus intereses. En tales circunstancias, el criollismo terminaría considerando que era una buena ocasión para hacerse con el poder real, pasando a una segunda fase, la de emancipación continental. Napoleón no podía permitir la situación española, por lo que reunió su Gran Ejército (Grande Armée) de 300.000 hombres, y arrolló a cuantos obstáculos se le interpusieron. Tomó Madrid y persiguió a los británicos, haciéndolos reembarcar en La Coruña. Considerando que lo que quedaba ya era fácil, aunque Zaragoza resistía un cerco de dos meses, dejó a su hermano José de nuevo en España y, en enero de 1.809, se dirigió contra Austria, en donde las noticias de la batalla de Bailén habían exaltado un levantamiento. Lanzaron una proclama a la insurrección de los ejércitos alemanes pro-franceses, que no dio resultado. El príncipe renano de Metternich-Winneburg, que se había refugiado en Viena cuando los francesos ocuparon la orilla occidental del Rin, representante de Austria en el congreso de Rastadt, embajador en Sajonia, Prusia y el Imperio Francés, fue nombrado Ministro de Asuntos Exteriores austríaco. Al contrario de lo que se preveía, la combatividad española fue tozuda. Zaragoza aún resistió un mes más, hasta que, abiertas brechas por la artillería en sus murallas, fue tomada al asalto. Gerona aguantaría 7 meses. La victoria de Ocaña parecía abrir a los franceses el camino hacia Andalucía. Pero entonces la guerra cambió de perspectiva, y la guerrilla de pequeñas partidas de paisanos se extendió por todas partes, llenándolo todo de crueldad, por ambos bandos, represalias y contrarrepresalias, minando la moral de los invasores. Gustavo IVº firmó la Paz de Fredrikshamm, por la que Suecia reconocía la conquista rusa, con la connivencia francesa, de Finlandia. Un grupo de Oficiales lo destituyó. Se formó un comité constitucional en sesión permanente, cuyos resultados, con algunas variaciones, persisten hasta la actualidad.

La Dieta, que agrupaba cuatro estamentos (nobleza, clero, ciudades y campesinos) era la máxima autoridad en el ámbito fiscal, compartía el poder legislativo con el soberano y controlaba el Consejo del Reino, elegido por éste, que se reunía periódicamente, asumiendo las tareas de Gobierno. Se otorgaba igualdad de derechos para ejercer cargos públicos. Era, por tanto, una mezcla de tradicionalismo (recuérdese que, durante un extenso periodo, Suecia fue uno de los países más progresistas) y liberalismo. Como rey nombraron a Carlos XIIIº, tío del anterior, que firmó la paz con Francia y Rusia. Prusia estaba paralizada por la ocupación francesa, y el zar pretendía sus propios intereses, que entonces consideraba que pasaban por la alianza con Napoleón. Este consiguió que las tropas austríacas se replegaran a Bohemia. Pero el archiduque Carlos logró vencerlo en Aspern: no sólo las tropas napoleónicas podían ser derrotadas, sino incluso el propio Napoleón. Ante tal hecho, un ejército ruso-polaco avanzó hasta Cracovia, aunque sin provocar al emperador. En el Norte de Alemania se organizó en cuerpo de voluntarios, que no obtendría resultados. También se sublevaron los tiroleses contra el dominio franco-bávaro, si bien los franceses terminarían aplastándolos. Finalmente el archiduque Carlos fue derrotado en Wagram, y debió replegarse. Por la Paz de Schönbrunn, Austria perdió Salzburg, la región del río Inn, Galitzia y las provincias ilirias, por lo que se quedó sin acceso al mar, lo que significaba que su Flota dejaba de serle útil. Tras tales fracasos von Stadion fue sustituido por el conservador príncipe renano Metternich, partidario del absolutismo y temeroso, con razón, de que el patriotismo fomentase a los nacionalismos separatistas. Napoleón acusó a Talleyrand de traición. Aquel año Napoleón se divorció de Josefina, cuya infertilidad era obvia, y sus celos y exigencia de fidelidad ya se le hacían molestos, después de la vida licenciosa que llevó mientras él combatía en Italia, lo que le hacían saber sus familiares, que nunca la aceptaron. Si los movimientos interiores de resistencia conseguían conectarse entre sí y con Gran Bretaña, el Imperio Francés sería excesivamente extenso como para atender a tantos Frentes. El Papa se negó a cerrar el puerto de Ostia a los británicos, aunque éstos eran mayoritariamente anglicanos, y a Francia se la considera el primer reino cristiano, tras la disolución del Imperio Romano de Occidente.

Fue apresado, y los Reinos Pontificios anexionados por Francia. Rusia inició una guerra contra Turquía que iba a durar 6 años. No consiguió sus objetivos, que eran los principados del Danubio. Pero sí Besarabia y tres provincias transcaucásicas. Gran Bretaña abolió los trabajos forzados e inició una política liberal hacia los indígenas, lo que amenazaba con dejar sin mano de obra negra a los boers. El Gobernador Metcalfe concertó con Ranyit Singj el Pacto de Amritsar, que estuvo en vigor durante 20 años. Por él se delimitaban las esferas de influencias británicas y sikj. Al Oeste del río Satalucha (Sutlej, para los angloparlantes, también conocido como Sutlech o Satlech) se formó la Unión de Estados Orientales del Panyab, Patiala and Eastern Panjab States Union para los británicos, P.E.P.S.U. en siglas. Murió Rama Iº, sucediéndole su hijo Rama IIº como rey de Siam. Rompió la línea anterior al intensificar las relaciones comerciales con los europeos. Robert Fulton patentó su barco de vapor y diseñó uno de guerra, de inmensas proporciones, que ocultaba las vulnerables paletas dentro del casco, que no llegaría a construir. En 1.810, Napoleón intentó unir matrimonialmente su imperio con el ruso. Los manejos de Londres y quizás también de Talleyrand, y los incoherentes vaivenes, promesas e incumplimientos del zar, lo desviaron hacia María Luisa de Austria, la hija de Francisco IIº, el último emperador alemán, a quien su Ministro de Asuntos Exteriores, von Meternich, convenció para que se la entregara, evitando la ocupación su país. Consiguió con ello tiempo para preparar un nuevo ejército y esperar nuevas oportunidades. Estas surgirían tras la derrota francesa en Rusia. La situación en España parecía dominada, igual que el levantamiento austríaco, por lo que aparentemente su imperio se consolidaba. La Junta Suprema Central, presionada por el avance francés, debió abandonar Aranjuez y refugiarse primero en Sevilla, y luego en Cádiz, la única ciudad que resistió, debido a la estrecha península, único acceso terrestre hacia las murallas de Puerta de Tierra, lo que dificultaba el despliegue artillero. La Constitución de Bayona establecía una Cámara de representantes. Las circunstancias de la guerra impidieron que se celebraran elecciones con suficiente garantía, o justificaron no hacerlas. Los liberales comprendieron que era su oportunidad y las convocaron por su cuenta, en lo que consiguieron el apoyo del movimiento popular nacionalista.

No hicieron lo mismo los tradicionalistas, fundamentalmente la alta aristocracia, que consideraba que el rey legítimo, por las sucesivas abdicaciones, era José Bonaparte, y a él debían sumisión, algo que en el lustro siguiente se “olvidó”, puesto que Fernando VIIº no podía enfrentarse a todos. Esto reforzó aún más la primacía de liberales y reformistas en el país. De esta forma reunieron 300 diputados, elegidos de forma secreta por minúsculos consejos de notables (liberales, burgueses, patriotas independentistas respecto de los franceses) reunidos clandestinamente para tal fin, de casi todos los reinos del país, pero que eran muy poco representantivos. Es decir: no muy diferente a como Napoleón había convocado la reunión constituyente de Bayona, sin que el pueblo participase directamente en la elección de sus representantes. En Cádiz hubo incluso representación del criollismo americano, por el expeditivo método de proponer su participación en las deliberaciones a todo el que desembarcaba de buques procedentes de las colonias. Así el espíritu liberal, independentista, revolucionario, recibiría decisivo un impulso desde la propia España. Es lógico que las constituciones de muchas repúblicas hispanoamericanas imatasen la que se estaba deliberando entonces. En vista de ello, como reacción, José Bonaparte intentó convocar elecciones, que no llegaron a materializarse. Luis Bonaparte renunció al trono holandés, porque consideraba que el bloqueo comercial sería perjudicial para sus súbditos. Un italiano, un corso, no podría comprender que su hermano renunciara a lo que le había regalado, anteponiendo otros intereses a los de la familia. Así que Napoleón  reaccionó integrando a Holanda y a la costa Norte de Alemania en territorio francés. Esto serviría de antecedente al II Reich y a Hitler para sus dominios del Norte de Francia y su anexión de Holanda. Gran Bretaña también constató que la pérdida del comercio europeo supondría su ruina. Para entonces sus exportaciones rebasaban los 50 millones de libras al año: había aumentado un 25% en sólo 8 años. Sin embargo, con el bloqueo de los puertos continentales, apareció el desempleo forzoso y el desabastecimiento alimentario. Los ludditas, que culpaban de la situación a las máquinas, iban a comenzar sus ataques contra ellas.

Así que los cereales debieron ser subvencionados, lo que obligó a subir los impuestos, lo cual iba a influir en las tesis de David Ricardo y la evolución del liberalismo económico y su deformación en neo¿liberalismo? Los hechos demostraron que el bloqueo perjudicaba a ambas partes. Que, a corto plazo, los productos comercializados por los británicos eran insustituibles. De modo que se activó un lucrativo contrabando, que ahora trascendía de la ilegalidad para convertirse en acto de resistencia nacional ante el invasor. Durante mucho tiempo, sobre todo en España, continuaría siendo bien visto, como una especie de derecho, más que como trasgresión ilegal. Si, en un principio, Francia consiguió compensar la llegada de mercancías británicas, incluso beneficiarse de ello, activando su potencial económico, las señales de crisis llegaron a ser más notorias en el Continente que en Gran Bretaña. Por ejemplo, el desabastecimiento, la inflación de precios, la pérdida de poder adquisitivo, la falta de financiación, el desempleo, y, al final, el hundimiento de los precios, lo cual iba a hacer reflexionar a los economistas clásicos sobre el carácter cíclico del comportamiento económico del capitalismo, de sus depresiones y crisis sucesivas, y a sus críticos de la imperfección, malignidad, comportamiento “enfermizo”, del mismo. El propio Napoleón comprendió el problema de desabastecimiento que se producía. Igual que Alejandro Iº. Por lo que incumplió su compromiso de bloqueo ¿Influiría en ello la sensación de desaire tras haber elegido Napoleón a una princesa austríaca, y no rusa, como consorte o formaba parte de su personalidad inconstante, oportunista, que rechazaba cualquier tipo de obligación? El emperador no podía tolerar el incumplimiento ruso, que incentivaba a los demás países a hacer lo mismo. De modo que comenzó a preparar la invasión de dicho país. Entonces las consecuencias del bloqueo económico se hicieron más evidentes. En especial porque necesitaba prendas de abrigo, paños de buena lana, para el ejército que estaba formando contra Rusia. Así que concluyó un complejo, meditado y beneficioso sistema de licencias y concesiones para la importación de dichos productos, de importancia estratégica para sus planes. Lo cual significaba reconocer que la estrategia del bloqueo comercial, en el sentido del aprovisionamiento militar, había fallado.

Todo esto hizo perder la confianza en Napoleón, tanto dentro como fuera de Francia. Von Hardenberg acabó con todas las formas de sometimiento, declarando que todos los prusianos eran libres (era un decir) de forma que no sólo eliminó las limitaciones personales de los campesinos, sino que se les permitía adquirir tierras. Wilhelm von Humboldt reorganizó la enseñanza superior. Tras del bachillerato habría un examen que serviría de prueba para el ingreso en la Universidad. Fundó la de Berlín, como centro de libertad académica, de investigación y de enseñanza. Al mismo tiempo, Pestalozzi reformó la enseñanza general básica, de acuerdo con el desarrollo natural de las facultades del niño. Dada la enfermedad del viejo Carlos XIIIº de Suecia, que no tenía sucesores, y buscando el apoyo de Francia y una dirección militar si estallaba la que se veía venir y temía guerra contra Rusia, obtuvo de la Dieta la elección del Mariscal Jean-Baptiste Bernadotte, cuñado de José Bonaparte, y, por tanto, concuñado de Napoleón (su esposa había sido la primera novia conocida de éste: Désirée Clary, hija de ricos comerciantes sederos de Marsella, igual que su hermana, la reina de España consorte; con quien estuvo dispuesto a casarse, hasta que conoció a Josefina) nacido en Pau, en Bearne, en la Navarra francesa, transpirenaica. La revolución lo había cogido en Córcega, de modo que a sus órdenes se integró Napoleón en la misma. Fue embajador en Viena, y Ministro de la Guerra con Barras. El único Mariscal que se había atrevido a oponerse a Napoleón en algunas decisiones. Por ejemplo, al golpe de Estado del 18 de Brumario. Sin embargo aceptó el mando del ejército que aplastó la revuelta campesina, contrarrevolucionaria, aventada por los británicos, de la Vendée. Fue nombrado Gobernador de Hanover, tras su ocupación. Como reconocimiento a su apoyo a la victoria de Ulm, comandando un Cuerpo de Ejército desde Hanover, Napoleón, entonces también rey de Italia, le nombró Príncipe de Pontecorvo, una ciudad enclave territorial pontificio en pleno reino de Nápoles. Fue el más pacifista de sus Generales. Fue severamente reprendido por Napoleón por no haber movido su Cuerpo de Ejército con suficiente rapidez como para participar en las batallas de Jena y Auerstädt.

Fue nombrado Gobernador de los pueblos hanseáticos, con cuyo cargo dirigió la guerra contra Suecia, a través de las islas danesas, en la que fracasó tanto por falta de transportes como por la deserción de las tropas españolas, puesto que ya se había iniciado la llamada Guerra de la Independencia. Durante ella se distiguió por haber liberado a muchos prisioneros de guerra suecos, ganándose el afecto de dicho pueblo. Durante la batalla de Wagram retiró a sus tropas sajonas, en contra de las órdenes de Napoleón, por lo que fue relevado del mando, y a pesar de ello, en la orden del día atribuyó dicha victoria al valor de sus soldados sajones, lo que fue rechazado por Napoleón. Era, por tanto, un personaje bastante contradictorio. Curiosamente el barón Mörner, que le hizo el ofrecimiento, a título personal, sin contar con nadie, de que optara a dicha sucesión a la realeza, fue arrestado por tal atrevimiento, con toda lógica, a su vuelta a Suecia. Napoleón lo consideró un absurdo, sin ninguna posibilidad de materializarse, de forma que, finalmente, fue sorprendido por los acontecimientos, ya que tal propuesta fue ganando adeptos, hasta que Bernardotte fue nombrado Príncipe de la Corona. Contaría con que iba a tener también a Suecia bajo su control. O que sería su aliada. O, por lo menos, que se mantendría neutral. De modo que no impidió que su arribo a la Corte sueca. La situación política y militar hizo que todas las reformas rusas quedasen paralizadas. Para entonces Speranski sólo había conseguido crear un Consejo del Reino, máxima instancia consultiva sobre legislación y política interior. Murió Nampoina, siendo sucedido por su hijo, Radaza Iº, como rey jova, que continuó su política unificadora de Madagascar. Gran Bretaña lo reconoció como soberano y le entregó armas y dinero, para bloquear el acceso a los franceses. China, una vez más renaciendo sobre sus cenizas, como ave fénix, había alcanzado una nueva cima política y cultural. La dinastía Ch’ing había llevado al imperio a su máxima extensión. Las relaciones con las potencias occidentales se desarrollaban, igual que en Japón, a través de estrechos postigos, en los puertos de Macao y Cantón, y sólo a través de comerciantes chinos: co-jong. Sin embargo, la inglesa Compañía de las Indias Orientales había encontrado un resquicio por el que romper tal restricción, aprovechándose del vicio. Así, en los últimos 30 años había conseguido introducir, ilegalmente, 5.000 cajas de 65 kgrms. cada una, anualmente, de contrabando de opio. Tras varias modificaciones, Hispanoamércia había quedado constituida en 4 virreinatos (Méjico, Nueva Granada, de extensión superior a la actual Colombia, Perú y Río de la Plata) y 3 capitanías generales: Venezuela, Chile y Cuba.

A imitación de lo que ocurría en España, por toda Hispanoamérica se constituyeron juntas, en algunos casos con el apoyo del virrey, en otros en oposición a los que se mostraban obedientes a José Iº: Caracas, Chuquisaca (la actual Sucre) Bogotá, Santiago de Chile o Buenos Aires. Dada la tendencia aristocrática a someterse al poder real, fuese de la dinastía que fuese, y de los terratenientes indianos a desentenderse de la política, puesto que su objetivo era acumular riquezas y volverse con ellas a España cuanto antes, en dichas juntas obtuvieron la supremacía los criollos. Todas tuvieron, inicialmente, el objetivo de mostrar su lealtad al rey Fernando VIIº, que consideraban legítimo, rechazando su abdicación por estimarla obtenida con violencia, bajo amenzas (y no estaban muy lejos de la realidad, aunque también hubo dinero de por medio, aunque no menos amenazadora y violenta había sido la anterior abdicación de Carlos IVº durante el motín “popular”, instigado por el propio Príncipe de Asturias, en Aranjuez) y su oposición a someterse a los franceses. Los criollos impulsaban dicho proceso, que suponía extender la fase de insumisión por todo el imperio hispanoamericano, se hicieron con la mayoría de las juntas y, tras proclamarse partidarios de Fernando VIIº, organizaron ejércitos, “por lo que pudiera ocurrir” (el antecedente de las invasiones de los británicos en Río de la Plata era una buena excusa, aunque, para entonces, éstos eran aliados de la Junta Suprema Central española) y establecieron representación diplomática con Gran Bretaña y Estados Unidos. A la Junta Suprema Central, en España, pidieron igualdad entre todos los ciudadanos españoles (es decir, blancos “de ambas orillas” y mestizos) en Hispanoamérica, supresión de monopolios y privilegios, libertad en la agricultura, industria y comercio, separación de las atribuciones judiciales de virreyes y Gobernadores (o sea, la revolución) creando tribunales de apelación. En Querétaro, ciudad de Méjico, Quito, Caracas, La Paz, Cartagena de Indias y otras ciudades y regiones, ya se habían producido levantamienos independentistas.

Abogados, juristas y clérigos, bien desde el principio del pactismo (de Dios con Su pueblo y del rey con el suyo) o del populismo (la soberanía radica en la comunidad, la autoridad no puede ser despótica y, de serlo, aquella tiene derecho a la rebelión, lo que constituye una deformación del derecho de behetría medieval contra los señores feudales, representado, desde el punto de vista sentimental, en “Fuenteovejuna”, de Félix Lope De Vega y Carpio) según la escuela teológica española, mas tarde asumida por Spinoza, de que al faltar el rey se anulaba el compromiso de sumisión y la soberanía retornaba al pueblo. Pero fue en Méjico, posiblemente influido por la proximidad geográfica al antecedente de Estados Unidos, donde se dio el salto definitivo a la etapa siguiente. Las exportaciones del virreinato de Méjico quintuplican las del Río de la Plata. El criollo Miguel Hidalgo, sacerdote de la iglesia de la ciudad de Dolores, en Guanajuato, que había sido perseguido por la Inquisición por sus ideas avanzadas, salió a la calle con un estandarte de la Virgen de Guadalupe, y convocó a los mestizos e indios a la insurrección, directa, gritando en contra del Gobierno de Madrid y el virrey, ambos profranceses. Es lo que se conoce como “el grito de Dolores”. Seguidamente ocupó Celaya, Guanajuato, Valladolid, Coahuila, Nuevo León, Nuevo Santander y Tejas, encomendando la revolución a la Virgen de Guadalupe, cuyo estandarte convirtió en su bandera. Tal vez esto influyese a Belgrano al diseñar la bandera de Argentina con iguales colores, como en el Reino de Sevilla (provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva) posteriormente modificado o rechazado, los de la Inmaculada y Purísima Concepción de la Virgen María Madre de Dios Nuestro Señor: blanco y celeste, símbolos de pureza. Ante tal extensión, Hidalgo constituyó en Guadalajara un Gobierno insurgente. Reunió un ejército de indios y se lanzó hacia la capital, con intención de conquistarla. Fue derrotado y ejecutado. Antes de ello, comprendiendo la superioridad del ejército que se dirigía contra él, escribió a José Mª Morelos y Pavón que le ayudase con otra insurrección al Sur: es lo que se conoce como “el grito de Morelos”. Esta estrategia de doble Frente acompañaría a todos los procesos revolucionarios mejicanos durante siglo y cuarto.

Demostrando mayor capacidad táctica que Hidalgo mantuvo su insurrección durante más tiempo, evitando en cuanto pudo un enfrentamiento directo con las tropas que se enviaron contra él. Hasta que el fluctuante Agustín De Iturbide, entonces leal a José Iº, lo derrotó y ejecutó su muerte. El venezolano Francisco Miranda había recorrido Estados Unidos y las cortes europeas buscando ayuda para la independencia de Hispanoamérica: sólo los estadounidenses y británicos se mostraron dispuestos a ello. Con la ayuda de tales Gobiernos intentó un desembarco en Venezuela que fracasó. Miranda formó un ejército independentista en Venezuela, en el que se integró De Sucre, natural de Cumaná, hijo del Capitán General de Cuba, con sólo 15 años. Ante tales hechos se formó en Bogotá un Congreso Supremo. En Río de la Plata, Saavedra y Belgrano instituyeron un “cabildo abierto”, en el que, teóricamente, podían participar todos los vecinos, pero, dado que la mayoría tenían que cubrir una jornada laboral o atender sus fincas, el dominio fue de la burguesía comercial criolla, y, tras su disolución, Saavedra constituyó una Junta Patriótica, que ya era de facto, independiente. En Perú, que se mantuvo siempre fiel a España, el virrey José Fernando Abascal y Sousa envió tropas a oros virreinatos para derrotar a los rebeldes. En 1.811, la Iglesia católica francesa llevó a cabo un Concilio nacional. Tras él, Napoleón cerró las escuelas y seminarios católicos, siguiendo las ideas ilustradas. Esto supuso reavivar el conflicto con ella. Inició la recluta de otro Gran Ejército (Grande Armée) esta vez de 700.000 efectivos, más que nunca antes en la Historia. Quizás con exclusión de las hordas mongolas y sus aliados, si bien tales cifras pueden estar muy exageradas, y se mezclen combatientes, esposas, que también galopaban para impresionar a los enemigos, ampliando la visión terrorista de la inmensa fuerza de choque, así como los ancianos, incluyendo sus carromatos, todos los cuales se desplazaban conjuntamente. Nació el hijo de Napoleón y María Luisa de Austria, al que le otorgó el título de rey de Roma, como era tradición para los herederos del Sacro Imperio Romano Germánico. Su destino sería vagabundear, expulsado de la Corte vienesa, despreciado por su madre y el morganático segundo esposo de ésta, tras declararse nulo, cometido bajo amenaza, adulterando el libre consentimiento, el matrimonio anterior.

Con lo que aquél pasaba, de ser heredero imperial (en realidad su padre abdicaría en él, siendo un niño, tras la derrota de París, por lo que fue el emperador Napoleón IIº durante algunos días, hasta que Talleyrand “coronó” al hermano de Luis XVIº) incluso posiblemente de Austria, a hijo ilegítimo. Así que se dedicó a conspirar, buscar dinero para financiar golpes de Estado, sobornar a los militares, jugar para conseguir tales fondos, ser engañado, perderlos, y dar sablazos a diestro y siniestro, sucesivamente. Lo que dio origen a la frase “hablando del rey de Roma…”, que algunos alteran por “el ruin de Roma”. Jorge IIIº padecía púrpura, llamada así por el color entre rojizo y violeta de la orina y la piel, una enfermedad que puede afectar, de modo intermitente, a la capacidad mental, por emplo cuando es debida a meningococis. Algunos achacan a ello un comportamiento tiránico, y, consecuencia del mismo, la independencia de Estados Unidos. Lo cierto es que, aparte de su deseo de gobernar personalmente, lo que era propio de su época, aunque ya no en Inglaterra, y menos con su enfermedad, el mal trato que dispensaba, también intermitentemente, a su familia, en especial a sus hijos mayores varones, y de la intención de mantener sus posesiones americanas, lógicas de cualquier potencia imperialista, no se portó especialmente despótico respecto de sus colonias ni de su reino. Pero sí de modo muchas veces extravagante, y con reiterados conflictos con su esposa y sus muchos hijos. Aunque, tras normalizarse su enfermedad (su orina volvió a tomar el color ordinario) el trato con su familia fue muy amoroso y arrepentido, finalmente se le consideró no apto para reinar y se impuso la regencia de su hijo, el futuro Jorge IVº. El desprestigio que todo ello acarreó a la corona estimuló, e impidió evitar, los enfrentamientos entre el Gobierno, el Parlamento e incluso los grupúsculos extraparlamentarios. Fueron las elevadas reservas británicas las que consiguieron salvar la economía imperial del bloqueo del comercio impuesto por Napoleón. El legendario Ned Ludd y sus seguidores, los “ludditas”, en un erróneo y simplista análisis, iniciaron sus “asaltos a las máquinas”, a las que culparon de la situación económica. Un edicto abolió las prestaciones personales, a cambio de la entrega de un tercio de la tierra que cultivasen, con lo que desaparecían los principales privilegios de clase en Prusia.

Se decretó la elección libre de la profesión, la igualdad ante la Ley, una restringida libertad comercial y se suprimieron los gremios. El bloqueo comercial con Gran Bretaña, decretado por Napoleón, terminó haciendo bajar los precios de los cereales en Prusia oriental, entre un 60 y un 80%. Muchos puertos y rutas europeas quedaron despoblados. Así el puerto de Königsberg sufrió un descenso del 60% en su tráfico. Mujammad Ali acabó con los mamelucos asesinándolos. Inició una guerra, que duraría dos años, por la que sometió a los uajjabíes árabes. Los pequeños Estados del interior de la península de Malaca consiguieron zafarse de las pugnas por las costas, ambicionadas por los europeos, como paso obligado hacia China. Por tal motivo Gran Bretaña estableció una factoría comercial en el puerto de Penang. Comprendiendo la necesidad de mantener relaciones amistosas con los Estados del interior, siguió los principios de Stammford Raffles, de no inmiscuirse interviniendo en sus problemas, a pesar de los ataques de piratas y la competencia comercial china. Durante más de medio siglo esta estrategia le dio resultados. En Japón se abandonó la rígida censura a las ideas occidentales. Incluso en el observatorio del chogunado se creó un grupo de traductores oficiales de textos de occidente. A partir de entonces apareció un grupo de seguidores de las doctrinas occidentales que, cautelosamente, comenazaron a criticar el sistema científico, militar y administrativo japonés. Incluso entre las tropas Tokugaua. Por ejemplo, Tokugaua Nariaki, de una línea colateral de la dinastía, daimi-o de Mito, expresaba su preocupación por la ineficaz gestión de los consejeros ancianos, mientras llevaba a cabo reformas en los territorios de su ámbito. Paralelamente, el movimiento kokugaku, desde una perspectiva a la vez sintoista y nacionalista, radicalizó sus críticas al militarismo del chogunado. Defendía la veneración del divinizado tenno, por lo que le irritaba el desplazamiento y desprecio abusivo al que se sometía al emperador. Sin embargo hay que tener en cuenta que tales posturas en absoluto negaban la consistencia del sistema feudal. Las 12 tribus indias expulsadas de Ohio por la Paz de Greenville también abandonaron sus “reservas” en el Territorio de Indiana, que, mediante sucesivas ventas, Estados Unidos había reducido a un 20% de su extensión inicial.

En vista de ello, el jefe chouni Tecumsej formó una federación de tribus que no buscaban la guerra, sino impedir nuevas ventas. Como no estaba dispuesto a aceptar ninguna restricción, el Gobernador de Indiana, William Henry Harrison, atacó el campamento principal de la federación, en Tippecanoe River, causándoles una grave derrota. Hidalgo fue, finalmente, vencido. La Inquisición le anuló su consagración sacerdotal para que pudiera ser fusilado. Los franceses, que tenían asumido desde hacía mucho tiempo que el poder eclesiástico debía subordinarse al civil, y, por tanto, al militar, llegado el caso, no necesitaban tantos miramientos en España. Así terminó, en Chihuahua, el Padre de la independencia mejicana. Mejor estratega y estadista, Morelos continuó su obra. El 28 de febrero, Artigas se sublevó en Uruguay. El 15 de mayo se formó una Junta en Paraguay. Se reunieron los Congresos constituyentes de Venezuela y de Cundinamarca, en distintos lugares de Nueva Granada, que aprobaron sus respectivas constituciones republicanas. El 5 de julio, la Junta de Caracas declaró la independencia de Venezuela. Coro, Maracaibo y Guayana no sólo no secundaron la revolución, sino que se convirtieron en focos de la resistencia imperial. En Valencia, la segunda ciudad por su importancia, se produjo una insurrección contra la recién proclamada República de Venezuela, formó un ejército y lo envió contra la rebelde Caracas. La Flota realista bloqueó la costa venezolana, en vista de lo cual Caracas envió embajadores a Gran Bretaña y Estados Unidos para interceder por la libre navegación y el libre comercio, algo que las guerras napoleónicas no estaban respetando en ninguna parte. El Capitán de la Marina de guerra española, Domingo Monteverde, salió de Coro, reclutando hombres a su paso, hasta alcanzar unos seiscientos, y se dirigió contra Caracas.

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