0002-Orígenes del monoteísmo

Los humanos eran meras piezas del ajedrez bélico de los dioses. Peones del destino. De esta forma, al mismo tiempo, los dirigentes mortales se eximían de responsabilidad ante dichas hecatombes: sólo los dioses, que eran los que tomaban tales decisiones, los que podían impedirlas, eran culpables de lo que ocurriese. No la ambición de los que deseaban más amplios dominios, esclavizar a sus convecinos. Hacia el -3.000 los habitantes del Alto Egipto conquistaron el Bajo Egipto, unificándolo como el doble reino de la doble corona. Eran pastores incultos, analfabetos, posiblemente de raza negra, que lograron imponerse sobre los pacíficos, cultos, alfabetizados y agrícolas habitantes del norte, posiblemente emparentados con los sumerios. Los invasores reconocieron que la religión del Bajo Egipto era muy superior a la suya, que, posiblemente, debía ser de tipo animista, africana, muy atrasada. Así que aceptaron todos los dioses de los sometidos. Pero, en un arrebato de soberbia, de ostentación de poder, desconocido en cualquier otra parte, aseguraban que los reyes eran los padres de los dioses. Esto sólo pudo mantenerse durante unos tres siglos, tres dinastías. Cuando sucesivos golpes de Estado acabaron con tres dinastías, fue imposible seguir con tal pretensión: la del poder superior de los reyes al de los dioses, sus hijos. Así los reyes pasaron a ser hermanos de los dioses. Para garantizar su poder, en sustitución de una religión que ya no podía darles todo el apoyo que deseaban, acosados, a su vez, por una aristocracia, una poderosa clase sacerdotal, y los gobernadores de los “nomos” o provincias, cada vez menos dispuestos a obedecer a una monarquía centralizada y en declive, se dedicaron a la construcción de pirámides [1], que no eran otra cosa sino enormes demostraciones de fuerza, amenazadora y sobrecogedora propaganda de su poder. Tras la invasión de los hicsos, en el Imperio Nuevo, el Fa-Ra-Oj [2] pasó a ser hijo de los dioses, pero padre de los hombres.

Así que al faraón se le suplicaba llamándolo “señor nuestro y padre nuestro”. Esta costumbre fue llevada a Roma por Julio César y Cleopatra [3] VII, por lo que el padrenuestro debe especificar “que estás en los cielos”, para evitar confusiones con el que estaba en Roma. Entre los dioses más antiguos del panteón [4] egipcio estaba Horus [5]. Se le simbolizaba, como a Osiris e Isis, con la cruz de la vida [6]. Siempre fue un dios solar. Su mitología es muy complicada, ya que tuvo muchas reelaboraciones, durante su larguísimo culto. Al principio tenía vigor sobre el día y la noche. Así estaban las advocaciones Jor-yenti-yet [7], y Jor-up-chet [8]. Casi siempre se consideró su oponente o rival, a su hermano Sez, porque Jazor [9], hermana de ambos, prefería a aquél, a quien amaba, y detestaba a éste. Más tarde Jazor fue suplantada por Isis [10], que, al parecer, no era de procedencia egipcia, sino la misma Istar sumeria, de la que proceden la Astarté fenicia, la Afrodita griega, la Salambó [11] cartaginesa o la Venus romana. Sez odiaba a Horus, por lo que lo mató, envidioso del amor de Isis por él. Tras intentarlo ahogar en un ataúd, que flotó sobre las aguas del Nilo, lo descuartizó y escondió sus trozos por todo Egipto. Isis recorrió el país buscándolos, por lo que la consideraban la diosa del patriotismo y de la abnegación de las esposas. Cuando los tuvo casi todos, utilizando sus dotes de magia, le infundió el alma Ka [12] de Horus y le dio vida, denominándolo Osiris. Como no encontró el corazón, que, presumiblemente, Sez había quemado, para que nunca pudiese encontrarlo, no consiguió su vida plena: sólo podía ser el dios de la noche, de los muertos, de la orilla izquierda del Nilo, el poniente, reservado para construir tumbas, y, en las pinturas, se le representa amarillo o verde, colores de los muertos. Tampoco encontró su pene, quizás también quemado, por lo que Isis lloraba porque Horus nunca podría tener hijos. Zau, el mensajero de los dioses, anunció a Isis que sus llantos les habían conmovido y que concebiría un hijo.

Aquella noche Nef, el fantasma sagrado, poseyó a la diosa y la dejó preñada, sin que perdiese su virginidad. Es el más antiguo relato que se conoce de una diosa-madre-virgen, que se repite en varias culturas. Al hijo nacido lo llamó Horus. Como diosa-madre se la representa de pie o sentada en un trono, con Horus niño en brazos, que se chupa un dedo, o al que amamanta. En la mayor parte de las versiones, posteriores, racionalizadas, Osiris es el Sol del atardecer, del ocaso, la promesa de la resurrección y la vida eterna, mientras Ra y Amón son el Sol en su máximo poder, al mediodía, y Horus el Sol naciente, sobre el horizonte, el dios de la juventud y la esperanza en el futuro. Osiris creó a la Humanidad de barro, moldeándola en un torno de alfarero [13], y enseñó a los egipcios la agricultura, la cerámica y la escritura. Era el hermano-amante de Isis, odiado por Sez, reservando para Horus el papel de hijo. Isis, Jazor, Zot y el fantasma de Osiris, que lo visita por las noches, se encargan de educar y entrenar a Horus, que iba creciendo en fuerza y sabiduría, hasta poder derrotar a Sez. Consiguió reunir un ejército que embarcó Nilo arriba, por lo que Sez le envió un diluvio. El barco de Horus resistió, así que Sez lo atacó en forma de hipopótamo gigante con fauces de cocodrilo. Horus lo arponeó [14]  matándolo. Otras versiones narran que, vengado Osiris, llegaron a un acuerdo para repartirse Egipto. Esto demostraría que Horus es un dios predinástico, propio del Bajo Egipto, y el odio y desprecio que éstos sentían por los invasores. Más tarde, cuando éstos ya están inculturizados, tal vez durante las dinastías de faraones nubios, Egipto queda en poder de Horus y Nubia de Sez, lo que probaría el desprecio de los egipcios hacia los negros. Posteriormente, cuando las tribus libias sean el principal temor de los egipcios, Horus será el Señor de las tierras fértiles y Sez del desierto. O se reparten el día y la noche, del dios de la luz y el príncipe de las tinieblas.

Por último, Sez quedó como dios de los infiernos, del inframundo, de la oscuridad, en los que tramaba su venganza haciendo pecar a los hombres, hasta conseguir un ejército de seguidores con el que pudiese recobrar su imperio. Los animales se repartían entre uno y otro mundo: el cerdo era un animal demoníaco, y no se podía sacrificar a los dioses. Para las versiones más antiguas, más mistéricas, Isis es madre, hermana y amante del mismo Horus, bajo dos o tres diferentes denominaciones, personalidades, formas o apariencias. Osiris, Horus y Nef son padre, hijo y espíritu simultáneamente. Horus es principio y fin de la historia [15], de la mitología. Pero el primer conocimiento histórico que tenemos sobre un planteamiento monoteísta, radical, intolerante y excluyente, corresponde a  Amenofis IV,  que reinó entre  el  -1.379  y  el  -1.362. Su madre, su esposa y su hija menor se llamaban Nefertiti [16]. Por sus largos cuello y nariz muchos han creído ver ascendencia hebrea [17], dando tal origen al monoteísmo. Pero también pudo ocurrir al revés: que los esclavos fugitivos llegaran a Israel y allí fundasen una nueva religión, basándose en la creada por Amenofis. Tras su muerte todos sus documentos y construcciones fueron destruidos, tratando de borrar su historia, como si nunca hubiese ocurrido, por lo que carecemos del directo conocimiento de hechos tan relevantes. Su deformación física y craneal [18] hacen pensar en un individuo enfermizo y, quizás, deficiente psíquico. Decretó que el Unico Dios Verdadero era Atón, y todos los demás, por tanto, eran falsos dioses. Cambió su nombre por el de Eknatón [19] y construyó una nueva ciudad entre Menfis y Karnak [20], a la que denominó Aketaton [21]. Mantenía que Atón era un espíritu y, por tanto, invisible, pero que un buen símbolo era el sol, que daba la vida a las cosechas y la quitaba en el desierto, cegando a quienes osaran mirarle.

Aseguraba que todos los hombres, tanto el rey como todos sus súbditos, eran hijos de Atón, y que, por tanto, las relaciones humanas debían encauzarse por el amor fraterno. Abolió la esclavitud. Escribía misivas diplomáticas en las que llamaba hermanos a todos los reyes de Oriente Medio. Se divorció de su esposa, que, al parecer, le fue infiel, lo que no resulta muy sorprendente, dado su físico contrahecho y su vehemencia religiosa, fanática, que quizás no le dejaran energía ni dedicación para nada más. Lo que sí es admirable es que, no sólo no condenó a los adúlteros, sino que continuase manteniendo con ella una relación amistosa, demostrando verdadera capacidad de perdonar las ofensas, y que incluso le pidiese consejo. Recordemos que Henry VIIIº de Inglaterra, casi 5.000 años después, tenía un modo muy diferente de “anular” sus matrimonios y “reponer” su orgullo y honor presuntamente perdidos. Eknatón se negó a entrar en guerra contra los hititas, por lo que éstos se apoderaron de grandes extensiones de su territorio, en Siria e Israel. Es lógico que su General en Jefe, Jorenjeb, con la ayuda del Sumo Sacerdote de Amón, cuyo poder y religión habían quedado relegados y presuntos en falsedad, organizasen un golpe de Estado, asesinaran al faraón y a todo su familia, excepto a su hija Nefertiti, y a su hermano, Tut-Ankj-Amón, menores, casaran a ambos, sobrina y tío, repusieran el culto de la antigua religión y persiguiesen a todos los esclavos para devolverlos a la obediencia. Quizás sea éste el pasaje que la Biblia reproduce como el Exodo, la persecución de los judíos y el cruce del Mar Rojo. A partir del siglo VIº A.N.E. se produce un hecho que conmueve el mundo antiguo: unas hordas de jinetes procedentes de Asia central, montados a caballo, con armas de hierro, se expandieron en todas direcciones.


[1] Tal vez derivado del griego pyros, que significa fuego, por la cúspide de la de Keops, rematada en granito rosa, que refulgía a muchos kilómetros de distancia, como flotando en el aire. Quizás la misma raíz que el puerto del Pireo, de Azenas, y los montes Pirineos.

[2] “Casa grande del dios Ra”, es decir, templo, palacio, y su habitante, el rey; es la misma etimología que la isla de Faros, en la que una hoguera de aceite en la torre de dicho templo recordaba por la noche al dios Sol, lo que los navegantes utilizaban como guía.

[3] En macedonio, “La Gloria de su Padre”.

[4] En griego, conjunto de todos los dioses.

[5] Esta es la transcripción latina. Los egipcios lo representaban por dos jeroglíficos o “signos sagrados”: un halcón con la doble coronal de Egipto, y un maestro sentado, que los egiptólogos denominan J y R y leen Jor, o Jer Ur, que significaría elevado, altísimo. Los griegos lo conocían como Joros. En árabe halcón es al-jor, el rápido, ya que es el animal más veloz del planeta, especialmente la subespecie gerifalte, que alcanza los 400 kmtrs./hora en sus picados para abatir sus presas, y que, en lugar de emigrar de sur a norte, como casi todas las aves, lo hace desde Arabia a las Islas Canarias, siguiendo la ruta del sol, como el ave Fénix o fenicia, de los griegos. Aunque en otras zonas del mundo tiene recorridos distintos, habitualmente circulares. Siempre se creyó que era el ave que podía volar más alto. De dicha palabra proceden la castellanas azor y ahorro, el que se gasta rápido.

[6] Rematada por un asa o argolla, inicialmente un triángulo “invertido”, apoyado, unido a los brazos de la cruz, por uno de sus vértices. Representaba el Nilo, el único gran río que las primitivas culturas conocían cursar de sur a norte, acabando en una letra griega delta limitada por el mar Mediterráneo, y atravesado por el recorrido del sol. Algunos consideran que es la cruz divisoria en cuadrantes o estaciones zoodiacales, con una deforme órbita elíptica solar superpuesta Si fuese así coincidiría con el signo de muchas religiones, por ejemplo las de Norteuropa, una cruz superpuesta sobre un disco o corona circular, o inscrita en dicha corona o circunferencia, que luego sería asimilado por el cristianismo.

[7] Horus, o el dios-sol, de la mañana.

[8] De donde parece que proviene el nombre de Júpiter, el más luminoso astro de la noche, tras de la Luna.

[9] Así es como la conocían los griegos. Su nombre egipcio era Jut-Jor, es decir, “El Templo de Horus”. Era la diosa de la Luna, la magia, la ciencia y la paciencia. Regaba, protegía y hacía fructificar el árbol de la sabiduría o de la ciencia, cuyas ubres amamantaban a los faraones. Se le atribuía la creación de Egipto y su protección. Consolaba a los egipcios afligidos, recordándoles que debían soportar este mundo con la esperanza de una resurrección más feliz. Se la representaba con cuernos de ternera, que también puede ser signo lunar, y, entre ellos, el disco solar o lunar. Puede ser una mitificación de la desecación del inmenso pantanal del Nilo, tras lo cual se introdujo la ganadería vacuna y, después, la agricultura. Es la equivalente de la griega Afrodita, la fenicia Astarté y la semítica Astoret, de la cual podrían derivar todas las demás. Modernamente se especula si Azenas no fue refundada como tal, tras un periodo de decadencia y abandono -quizás a consecuencia de la explosión del volcán de Zera, isla Santorini para el imperio veneciano, posible origen del mito de la Atlántida y su hundimiento, y tal vez del salino Mar Muerto- como una colonia egipcia, tal vez de huidos tras el fin de la revolución de Ejnatón y su represión. Esto explicaría el sentimiento democrático de los azenienses, ciertamente extraordinario en el mundo helénico, por más que se quiera presentar como su signo de identidad (piénsese en Esparta y todas las demás tiranías helénicas) el amplio conocimiento de sus intelectuales, y sus contactos culturales y mercantiles con Egipto. Dentro de dicha especulación el nombre de Azenas podría ser una deformación de Jazor.

[10] Este era el nombre griego. Los egipcios la llamaban Ast, que significa trono, que, en sus representaciones, figura sobre su cabeza.

[11] En España se han hallado varios templos de Isis. Se supone que era a la procesión de Salambó a la que Justa y Rufina no querían dejar pasar, retirando sus cacharros de loza expuestos para la venta. Imaginemos qué ocurriría en la actualidad si alguien tratase de impedir el paso a una cofradía sevillana. Los seguidores de la diosa le rompieron los cacharros y las hermanas volcaron las parihuelas de ésta, por lo que las querían ahorcar, lo que impidió la guardia pretoriana llevándoles a la cárcel, aunque allí fueron torturadas, violadas y decapitadas, o dejadas morir de hambre en un pozo, según distintas versiones, al declararse cristianas y negarse a adorar al divino emperador. Otros autores aseguran que la procesión eran de Adonis, el Adonai de los judíos, habitualmente traducido como Señor, lo que confiere connotaciones sexuales, ya que era el dios fenicio de la belleza, para los griegos de la belleza juvenil. Por ejemplo, a él dedicaban los judíos la Fiesta de los Tabernáculos, pequeñas tabernas o tiendas de campaña, en cuyo interior mujeres y hombres derramaban sangre y semen para fecundar la tierra, frecuentemente desflorando vírgenes, o torturando y violando a esclavas o mujeres dispuestas a tal liturgia (semejantes a las orgías y “agonías” o combates, de donde proceden las luchas de gradiadores, fúnebres, etruscos) antes de la siembra. Los sacerdotes se empeñaron en acabar con tal rito, y predicaron que la Sagrada Salem (en griego Iero-Salem) no podía profanarse con el sexo, de modo que debía practicarse en el campo, en tabernáculos o tienda de campaña, tras lo cual las mujeres debían lavarse, hacer abluciones, los hombres arrepentirse, ayunar y meditar durante tres días (para que se les quitasen las ganas de repetir) y ambos rezar, purificándose, antes de volver a entrar en Jerusalem.

[12] Los egipcios creían en multitud de almas. Todos los seres vivos las tenían. Las plantas, a las que consideraban los seres más simples, sólo tenían una, correspondiente a la vida vegetativa, que les servía para respirar, crecer y vivir. Los animales, según su orden jerárquico, podían tener más. El ser humano, que consideraban superior, tenía doce, agrupando todas sus facultades volitivas e intelectivas. La Ka o doble correspondía a la vida animal, el pálpito, el movimiento, y aseguraba la resurrección y la vida eterna, siempre que encontrase un cuerpo con iguales rasgos que el difunto, como una momia o una estatua, para encarnarse con tal imagen. Por eso los ricos, además de momificarse con todas las garantías, utilizaban varios sarcófagos, hasta siete, que era un número de la suerte, encajados unos en otros, todos antropomórficos, además de hacerse estatuas, de forma que si la momia se estropeaba siempre tendrían algo sobre lo que reencarnarse. Quizás pueda parecer absurdo que una persona pudiera tener más de un alma, pero muchas personas creen eso en la actualidad, aunque no sean conscientes de ello. Por ejemplo, los cristianos que creen en los fantasmas. Así, mientras una está en el cielo, el purgatorio o el infierno, puesto que el limbo ha sido abolido por los Papas, otra se pasea por los castillos o traspasa paredes de los palacios abandonados. A menos que en el cielo, el purgatorio o el infierno den permisos para divertimentos fantasmales. Otro tanto podría decirse de los cristianos que llevan flores a los cementerios o hablan con sus difuntos, sabiendo que ya sólo quedarán los huesos.

[13] Es una versión más “moderna” de un mito centroafricano, según el cual un dios quiso cruzar el río Congo, para lo que hizo muñecos del barro de la orilla (que es de color negro) les dio vida y les ordenó que talasen árboles, construyesen una gran balsa o barca, y remasen.

[14] A Horus y a Isis se los representa con un arpón de pescador, que tenía un biergo, bidente o tridente, para recoger los peces muertos, en el extremo opuesto, en la mano.

[15] Alfa y omega, dirían los griegos.

[16] Que significa “la belleza de afuera”, lo que parece indicar su procedencia extranjera.

[17] Tutmosis IIIº había conquistado Canaam en el -1.483.

[18] Parece que se trataba de una moda, consiguiendo tal aspecto a base de apretar la cabeza de los niños con ajustados vendajes, que también existió en distintas zonas de América, pero que podía afectar a su capacidad mental.

[19] “El Servidor de Atón”. Los angloescribientes escriben Akenaton.

[20] A la que los griegos llamaron Tebas por su parecido con los palacios de piedra del rico barrio de Luxor, en dicha ciudad helénica.

[21] “El Lugar del Poderío de Atón”. Quizás debiera pronunciarse Ektatón.

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