1.283-El máximo esplendor y decadencia del imperio mongol

Mientras Francia absorbía la Provenza y el Delfinado, la Lotaringia se escindió en los señoríos independientes de Brabante, Flandes, Zelanda y Holanda, entre otros. Este proceso se agravó con la nueva costumbre de la división hereditaria de principados y ducados. En 1.267, Jubilai construyó Janbalik (en mongol “Ciudad Imperial”, la Cambaluc de “El Libro de las Maravillas” de Marco Polo, y de los europeos) al nordeste de la antigua Yen-ching, la actual Pekín o Beiying. Los mongoles habían asimilado toda la tecnología militar de chinos y árabes: artillería, lanzacohetes incendiarios de azufre y salitre, catapultas, arietes, torres de asalto, etc.. En 1.270, Luís IXº se enredó en la VIIIª, última de las Cruzadas “generales”. Su hermano Carlos de Anjou, que pretendía conquistar Bizancio -de cuyo trono había sido expulsado, nueve años antes, el emperador latino, Balduino IIº, su suegro, también Capeto, sobrino de Luís VIIº- y, quizás un imperio por el Norte de Africa, le convenció para que se dirigiera, esta vez, contra Túnez. En realidad Baybars, el sultán de Egipto, tras derrotar a los mongoles, después de 50 años de victorias consecutivas, era excesivamente poderoso. Carlos pensaba en él como un aliado contra Bizancio. Así que convenció a su hermano de que en Túnez podría contar con rápidos refuerzos desde Sicilia y Nápoles, y podría servir de base para futuras conquistas contra los mahometanos. Luís IXº desembarcó en la antigua Cartago, donde una epidemia de peste acabó con sus tropas y con él mismo. Le sucedió Felipe IIIº, que, tras reincorporar Poitiers, se enredó apoyando los derechos al trono de Castilla de los infantes de la Cerda, así llamados porque sólo tenían un pelo largo y crespo en el pecho. El monje Tekla Jaimanot convenció al rey de Etiopía de que abdicase en Yekuno Amlak, porque se decía descendente de Salomón y la reina de Saba.

Tras lo cual consiguió mayores poderes para los monjes y que aumentara su número. Llegó a decretar que un tercio de la tierra cultivable debía pertenecer al clero, otro tercio quedar a disposición del emperador salomónico y el resto repartirse entre la población, lo que se mantuvo hasta el siglo pasado. No es extraño que en dicho país hayan conseguido un gran peso los movimientos socialistas. Los árabes, siguiendo la pauta de antes del mahometanismo, intentaron, si no conquistar Etiopía, cuyo ejército de recluta obligatoria era muy poderoso, al menos dominar sus  puertos, lo que les llevó a guerras constantes. En vista de la resistencia encontrada buscaron controlar puertos más al sur, donde no existieran estructuras sociales tan evolucionadas. Produjeron con ello asentamientos permanentes en los que se mezclaron bantúes autóctonos, árabes e hindúes, aunque no desarrollaron organizaciones más avanzadas que las ciudades-Estados. La situada más al sur y más próspera de ellas fue Zanzíbar. Utilizaban una lengua común, que derivó hacia lo que conocemos como suajili, que aún se habla en la actualidad. En 1.271 fue coronado Gregorio Xº, que se planteó la reconquista de los Santos Lugares, convocando otra Cruzada. Para ello era imprescindible un nuevo emperador poderoso. Además, el creciente poder de Francia, y su dominio sobre el Sur de Italia, volvía a despertar los fantasmas del pasado. Así que forzó a los príncipes electores alemanes a tomar una determinación. Estos estaban en completo desacuerdo con dichas intenciones, pero la posibilidad de conseguir nuevos sobornos y concesiones a cambio de su voto les parecía interesante. En el 1.272, Inglaterra se enzarzó en la conquista del principado de Gales, a que había sido reducido el antiguo reino, poco a poco, por continuas acometidas de los barones, desde la conquista normanda del país.

Como ya no existían recursos ni posesiones imperiales que repartirse, era necesario que el candidato a emperador alemán tuviese suficiente patrimonio personal para invertir en su candidatura. Así había ocurrido con Ricardo de Cornualles y Alfonso Xº de Castilla, que dejaron exhaustos sus dominios sin alcanzar la elección. El candidato perfecto resultó ser el conde de Habsburg, que poseía la fuente de ingresos alsaciana. Cambaluc pasó a ser la residencia de invierno de Jubilai, mientras Xanadú seguía siendo la de verano. Sin embargo la administración del imperio se afincó en aquella. Tras 17 años, en el 1.273, Alemania volvía a tener un nuevo rey: Rodolfo Iº. Se opuso a su nombramiento el rey de Bohemia, que aspiraba a la dignidad imperial, tras haberse anexionado Austria y otros territorios imperiales, aprovechándose del interregno. Los mongoles ordenaron a Corea armar y equipar 900 buques, aportar 15.000 marineros y 53.000 soldados auxiliares, además de aprovisionar y armar a otros 10.000, para invadir Japón. Carlos de Anjou se consideró en condiciones de cumplir sus sueños imperialistas. Para financiar su campaña había abrumado de impuestos a los sicilianos. Consciente del peligro que se le avecinaba, Miguel VIIIº trató de esquivarlo impidiendo la convocatoria de Cruzada contra él. Para ello pactó con el Papa la unificación de las Iglesias Católica y Ortodoxa, lo que se llevó a cabo en el 1.274, en el Concilio de Lyon. A la muerte de Jaime Iº, en 1.276, heredaron sus hijos Pedro IIIº “El Grande”, Aragón, y Jaime IIº, Mallorca. Carlos de Anjou atravesó el Adriático Sur y en 1.277 se había consolidado en buena parte de los dominios bizantinos. Compró el título de Rey de Jerusalem, aunque nunca estuvo cerca de allí. Desde la reconquista mahometana de dicha ciudad no tenía ningún sentido, pero se continuaba heredando como dignidad prestigiosa.

Al invadir Irán los mongoles, un grupo nómada de turcos oguz se sometieron a los selyúcidas del sultanato de Rum. Este nombre parece una pretenciosa aspiración de revivir el Imperio de Roma. Es posible que los mongoles los respetaran para evitar una alianza de turcos y cristianos, lo que inmovilizaría un gran ejército, que necesitaban para mantener en la obediencia a sus dominios. Así que se conformaron con hacerles jurar fidelidad y que les pagarían tributo. Para ello nombraron administradores que vigilasen su cobro. Cuando el poder mongol disminuyó éstos optaron por independizarse. Jubilai tuvo escaso éxito en la invasión de Birmania. Como el rey de Bohemia se negó a jurar vasallaje a Rodolfo Iº, éste invadió sus territorios en el 1.278, y lo derrotó, resultando muerto en la batalla. Rodolfo Iº se apropió de Austria y otras posesiones del fallecido, para su patrimonio familiar, repartiéndolas entre sus hijos, como archiducados. De modo que los Habsburg dominaron desde Suiza y Baviera hasta el Danubio, incluida Viena y todos los pasos entre Alemania e Italia, lucrándose con sus intercambios comerciales, convertiéndose en la más poderosa familia alemana. A Wenceslao IIº, hijo del finado, se le permitió el dominio de Bohemia y Moravia, aunque bajo la tutoría del margrave de Brandenburg. Sin embargo Rodolfo Iº no consiguió que los Papas Gregorio Xº ni Nicolás IIIº lo coronaran emperador, a pesar de haberse comprometido a realizar otra Cruzada, y haber entregado la Romaña -que tampoco podía ya controlar, dado el debilitamiento del dominio alemán sobre Italia- a los Reinos Pontificios. Ni pudo impedir el distanciamiento de Borgoña y Lotaringia. En cambio se creó enemigos con su sistema fiscal, que, lógicamente, perjudicaba a las ciudades, ya que la nobleza era clase exenta. En 1.279, el emperador Sung, menor de edad, y su madre, fueron encarcelados en Pekín. Por primera vez en su historia, toda China y todas sus instituciones estaban en manos de extranjeros, a los que consideraban bárbaros.

Desde el Mar Negro al Mar de China, desde Siberia al Jimalaya, era poder de los mongoles. En China eran una insignificante minoría. Cambiaron la tradicional estratificación social, establecida legalmente en cuatro estamentos, haciéndola retroceder a una diferenciación étnica. Así los mongoles, que se calcula que eran unos 200.000, constituían la clase superior. A continuación se situaban los aliados centroasiáticos de los mongoles, que ocupaban gran número de puestos de altos funcionarios. Como el “bárbaro” Ajmed, Ministro de finanzas, un turco al que odian los historiadores chinos. O el Ministro Sengge, tibetano u oigur. Como, al contrario de la tradición china, asignaban directamente tales puestos, sin exigirles unas oposiciones, una carrera funcionarial, la burocracia perdió el prestigio conseguido ante sus ciudadanos, y quedó el antecedente de corrupción y despotismo que caracterizaría en el futuro a los mandarines, y aún pervive hasta hoy. También pertenecían a ella los prestamistas, despiadados usureros, que los chinos, que ya sufrían sus efectos desde tiempo inmemorial, llegaron a considerar demonios. Formaban un sindicato que financiaba los grandes proyectos del Estado. Estos dos estamentos eran clases exentas de impuestos. El tercero eran los “chinos del Norte”, correspondientes al reino Chin, en el que también incluían a los ju-chen, los kitan y los coreanos. El cuarto lo formaban los “bárbaros del Sur”, apelativo impropio con el que designaban a los súbditos del Imperio Sung, el último en ser conquistado, que englobaba a 60 millones de habitantes. Aunque los historiadores chinos consideran a sus dominadores como unos bárbaros, no fue ésta la visión de Marco Polo, que expresaba su admiración por ellos. Aunque parte de su relato puede ser exagerado, otra ha sido confirmada por documentos anteriores y pruebas arqueológicas. Como la existencia de grandes canales de navegación para el transporte de mercancías, tales como las cosechas de arroz, y viajeros.

Unos 40 años antes se habían enviado misioneros católicos como embajadores a lo que se llamó Catay, como la seguiría denominando Christoforo Colombo. Tal vez por deformación del nombre dinástico del janato Chagatay. Pero es Marco Polo el que da la más extensa y detallada información, que despertó las ilusiones, y ambiciones, de venecianos, portugueses y todos los europeos, incluyendo a Colón. Es cierto que comerciaban con perlas, rubíes y diamantes. Es posible que los palacios de oro de Pekín y Xanadú, de los que también dieron noticias algunos viajeros árabes, incluyendo los de otros reinos asiáticos, fuesen decoraciones interiores de madera dorada, como la sala del trono. Según “El libro de las maravillas”, había en ellos un parque salvaje de 25 kmtrs. cuadrados, donde los janes practicaban la cetrería tradicional mongola (que era con águilas reales, no con halcones) y cazaban leopardos y tigres. Que cogían grandes borracheras con vino de arroz y leche de yegua fermentada. Los silos en los que almacenaban granos, para repartirlo gratuitamente en épocas de necesidad. Esto formaba parte de la organización tradicional china y de su concepción confuciana y buddista de los deberes de los gobernantes. Su red de carreteras, con árboles que servían de señalización, durante las nevadas o tormentas de arena, y para dar sombra. Cada 50 kmtrs. había postas, hasta 10.000, con más de 100 caballos, dispuestos noche y día, y, cada 5 kmtrs., pequeñas aldeas, también con caballos preparados, donde vivían los mensajeros. Un correo, galopando sin descansar, y cambiando de montura en cada aldea, podía recorrer 80 kmtrs. por día, de modo continuado. Está probado el infanticidio de niñas para que el hijo mayor fuese varón. Entre los esquimales esta práctica estaba “justificada” en que los viejos necesitaban un hijo que cazase para ellos, pero en China ya estaba fuera de lugar, y forma partre de la ambigua consideración respecto de las mujeres, que se consideraban importantes cuando estaban cerca del poder, pero despreciables en los demás casos.

Y también la hospitalidad, sobre todo en las zonas desérticas o frigoridesérticas, aunque no se ha conseguido averiguar si esto incluía la entrega de las esposas (siguieron siendo polígamos, o, con más exactitud, poligínicos, hasta tiempos muy recientes) y muchachas jóvenes como agasajo a los viajeros, mientras permanecían en sus propiedades. Para no estorbar su disfrute, el padre de familia salía de caza hasta la fecha en que los viajeros le hubiesen informado que ya habría partido. Sin embargo entre los esquimales, respecto de los de su raza, durante los veranos, la época en que los hombres debían desplazarse al círculo polar para acumular caza para el invierno, a veces acompañados de sus esposas más recientes, era costumbre habitual, que producía jactancia, orgullo, a los esposos que pudieran presumir de ello, hasta el siglo pasado. Está constatado que el infanticidio femenino es concomitante con el desprecio hacia las mujeres, y que suele conllevar compartir éstas, de algún modo, ante la consecuente escasez de ellas. En 1.281 Carlos de Anjou consiguió pactar con Venecia la conquista total de Bizancio, con la colaboración del Papa Martín IVº. Los mongoles ordenaron a Corea preparar otros 900 buques y abastecerlos para una flota de invasión de 40.000 soldados, en un nuevo intento de conquistar Japón. En ambas ocasiones se hicieron mundialmente famosas las guerras defensivas de los caballeros nipones, dirigidas por los “administradores” de la familia Joyo. Sin embargo, años después, los sacerdotes que recorrían el país pidiendo limosnas, achacaron las victorias a un Taifune (tifón) kami-kase (viento divino) que había dispersado ambas Flotas. No obstante las medidas de defensa, que se prolongaron prudentemente durante casi 40 años, contribuyeron a la bancarrota japonesa. Jubilai volvió a tener escaso éxito en la invasión de Java, tras haber fracasado estrepitosamente en sus dos campañas contra Japón. En 1.282, Eduardo Iº volvió a invadir el principado de Gales, dividiéndolo en condados. Los sicilianos tramaron la insurrección contra el insoportable dominio francés. Tradicionalmente se achaca al odio despertado por el abuso de soldados franceses al cachear a una novia ante su prometido y los invitados a la boda, por si ocultaba armas, cuya posesión se había prohibido a los isleños.

Se cree que Miguel VIIIº de Constantinopla, cuyos dominios estaban siendo invadidos por Carlos de Anjou, influyó en dicha insurreción contra los franceses, para hacerles levantar el campo en territorios bizantinos. Lo cierto es que, tomando como señal el toque de oración de vísperas, es decir, vespertino, del atardecer, organizaron una cruel matanza contra todo aquél que les pareciese hablar con acento francés. Lo que se conoce como “Vísperas sicilianas”. En un mes habían recuperado la isla. Pedro IIIº estaba casado con una hija de Manfredo, el anterior rey de Sicilia, lo que iba a ocasionar cuatro siglos de constantes guerras con Francia. Sabiendo que Carlos de Anjou preparaba su ejército para reconquistar la isla, los sicilianos le ofrecieron el trono al rey aragonés. La Plana de Vich había sido lugar de continuas correrías, ataques y depredaciones por ambos contendientes. Cuando fue dominio andalusí, por parte de los catalanes, y, tras su invasión, por parte de aquellos. En tales circunstancias era imposible la explotación agrícola. El territorio se pobló de cazadores montañeses, a los que se unieron forajidos andalusíes: un conjunto de indeseables que se denominaban almogávares [1] y que mezclaban toscas herencias de ambas culturas. Conforme la expansión hacia el Sur progresó, la zona quedó protegida, por lo que resultaba lastimoso que un terreno útil para la agricultura no estuviese adecuadamente explotado. Teniendo en cuenta la resistencia que los almogávares habían opuesto a las correrías andalusíes, se decidió emplearlos en operaciones militares. Así lo hizo Pedro IIº en Francia, aunque no consiguieron darle la victoria. Más tarde, Jaime Iº los utilizó para conquistar las islas Baleares y Valencia. El problema es que eran tan temibles en la guerra como en la paz. Así que era preferible asignarles un enemigo para que se entretuvieran, canalizando sus destrozos y matanzas hacia ellos. Pareció una perfecta idea enviarlos a Sicilia, lejos. Allí se nutrieron con huestes normandas, montañeses, delincuentes y mahometanos, que los normandos habían permitido que continuasen residiendo en la isla, tras su conquista.

Así llegaron a formar un nutrido ejército, que asumió las conductas almogávares, que ya no eran propiamente hispánicos. Carlos de Anjou sufrió repetidas derrotas ante éstos y tropas aragonesas y sicilianas. Por ello Martín IVº excomulgó a Pedro IIIº. Sin embargo la debilidad de Bizancio ya era manifiesta, por lo que, aunque se salvó de la invasión francesa, turcos y servios ocuparon su lugar. Ajmed, el odiado Ministro de finanzas del janato de Yuan, fue asesinado. La conquista por el Gran Jan Jubilai del imperio chino de la dinastía Sung desestabilizó todo el Sudeste asiático. Obtuvieron ventaja de ello los tai, que compensaron los territorios perdidos a manos de los mongoles expandiéndose a costa de sus vecinos, especialmente de los jmer, a los que impusieron deportaciones masivas. Estos optaron por aliarse con los mongoles para restablecer el equilibrio. Sin embargo, una vez logrado, parcialmente, quizás para evitar la intromisión en su política, Yayavarman VIIIº ordenó asesinar al embajador mongol. En resultado fue, en 1.283, una expedición de castigo por parte del emperador Yuan. Angkor pudo resistir, pero los jmer debieron hacerse tributarios suyos. Yayavarman decretó la reimplantación del brajmanismo, persiguiendo sangrientamente a los buddistas y destruyendo las imágenes religiosas. Según el relato de un viajero chino, los jmer habían recuperado su elevada cultura, sus dirigentes hacían ostentación de lujo y riquezas, especialmente de joyas, y se había extendido entre ellos la costumbre de que las jóvenes fuesen desfloradas por monjes buddistas. La adopción de la rama jinayana, con su doctrina de renuncia y resignación, colaboró, junto con las guerras con los tai, al decaimiento del imperio y cultura jmeres. Hasta el punto de que su capital, Angkor, terminaría abandonada y engullida por la jungla. Los mongoles ordenaron a los coreanos construir 650 buques, proporcionar 10.000 soldados y abastecer de arroz a una nueva Flota de invasión de Japón.

En 1.284, tras la muerte de su hermano mayor, Sancho IVº “El Bravo” se rebeló contra su padre, para evitar que el trono pasara a sus sobrinos, los infantes de la Cerda. Sólo Sevilla permaneció leal a Alfonso Xº, que murió en ella, dándole su lema, que aún luce en su pendón, en forma de jeroglífico de una madeja, entre las sílabas NO y DO, queriendo indicar NOMADEJADO. El nuevo rey castellano, en un comportamiento aparentemente esquizofrénico, pero que obedecía a su rivalidad respecto de Aragón, apoyó a los franceses en sus guerras en el Sur de Italia, y, en relación a Francia, se alió a los ingleses en contra de ella. Así protegía las exportaciones laneras hacia Flandes e Italia, respectivamente. Jubilai volvió a tener escaso éxito en la invasión de Birmania. En 1.285, Felipe IVº, apodado “El Hermoso”, sucedió a su padre, Felipe IIIº. Por su matrimonio con Juana de Champagne y Navarra heredó tales territorios. Para recuperar otros territorios franceses argumentó razones jurídicas, evitando la guerra. Así hizo respecto de Valenciennes, el obispado de Verdún, el ducado de Lotaringia y el arzobispado de Lyon. Carlos de Anjou intentó probar suerte cambiando de escenario, por lo que invadió Aragón, cosechando una aplastante derrota. La financiación de todas las campañas provocadas por la corona siciliana obligó a Pedro IIIº a compensar a los estamentos con grandes concesiones en las Cortes de Zaragoza. A su muerte heredó el trono su hijo, Alfonso IIIº “El Franco”. El sultán de Egipto era consciente de que, en cuanto tuviese las manos libres, el “rey de Jerusalem” se dirigiría a la reconquista de los Santos Lugares. Así que fraguó una alianza con el rey aragonés, financiando parcialmente la guerra en Sicilia a cambio de un compromiso de ayuda en caso de promulgación de una nueva Cruzada: a esto había dado lugar la injerencia política del Papado, y el indiscriminado uso de las excomuniones con tal finalidad. Los cham habían conseguido independizarse de los jmeres, de los que seguían temiendo su reconquista, tanto como de ser anexionados por los tai. La irrupción mongol disminuyó el poder de sus enemigos, por lo que Indravarman Vº se mostró dispuesto a admitir la hegemonía de dicho imperio. Sin embargo el Gran Jan Jubilai le impuso que se presentara en su corte para que le rindiese homenaje de sumisión.

Al negarse a hacerlo envió un ejército invasor, que desembarcó en Champa, con la alianza de los jmeres y Annam, lo que posteriormente conoceríamos como Vietnam. Contra todo pronóstico los cham consiguieron resistir sin grandes pérdidas. Quizás por ello los annamitas llegaron a la conclusión de que era posible resistir a los mongoles. Se autorizó a los nobles a recurrir a la fuerza para que los vagabundos cultivasen los campos baldíos, y a los príncipes imperiales a reclutar nuevas tropas, con lo que duplicaron su ejército, hasta los 200.000 hombres, con los que rechazaron a los mongoles. El sentimiento anti-mongol llevó a una nueva asimilación cultural china en el país. Con ello el confucianismo se extendió por Vietnam, aunque la casa imperial continuó siendo buddista. Jubilai volvió a tener escaso éxito en la invasión de Birmania. La muerte del heredero al trono mongol, en 1.286, y la catastrófica derrota del ejército del Gran Jan Jubilai ante Annam, hizo olvidar nuevos intentos de invadir Japón. Los soldados mongoles tenían prohibido casarse con chinas, dada la resistencia de su población hacia ellos. Así que impusieron a los coreanos un tributo en forma de doncellas, para atender a tal fin. El rey de Corea, casado con una mongol, tomó una segunda esposa, según la tradición de su país. Ambas entraron en pugnas constantes. El emperador mongol ordenó encarcelar a la segunda esposa y a su padre. Esto no logró la armonía matrimonial, por lo que la pareja fue llamada a Pekín, donde permaneció internada 10 años. La corte coreana fue objeto de continuas y sangrientas intrigas palaciegas, mientras sus costas eran saqueadas por piratas japoneses, que también atacaban a los mongoles, a su vez atosigados por crecientes revueltas chinas. En 1.290 se hizo con el trono sueco Magnus Ladulas, tras haberse enfrentado y hecho asesinar a sus hermanos. Muerto Balban se reprodujeron las luchas por la sucesión. En ella participaron los poderosos aristócratas visires. El jefe de la oposición encarceló al joven sultán, y se coronó como Jalal-ud-din Firuz.

Las dos ramas de la familia imperial nipona llegaron a un acuerdo de repartirse el poder, abdicando cada 10 años a favor de la otra. A la muerte de Rodolfo Iº, en 1.291, los príncipes electores rechazaron a su hijo Alberto, temerosos del poder que estaba acumulando su familia, y se decantaron por Adolfo, el irrelevante conde de Nassau. Su principal objetivo fue incrementar sus posesiones patrimoniales, lo que le llevó a enfrentarse con el arzobispo de Maguncia respecto del dominio de Turingia. Entre el Rhin, los Alpes y el Jura se formó una democracia autónoma, fundada en el juramento eterno de los campesinos de los cantones alpinos de Uri, Schwyz y Unterwalden, para defender sus libertades y costumbres tradicionales, cuyo documento conservan los suizos como acta fundacional de su Estado, y que fue capaz de resistir los envites del Imperio Alemán, con demostraciones de decidido valor. Que unos campesinos llegasen a esta sorprendente decisión hay que basarlo en la escasa romanización y penetración bárbara, facilitada por su agreste orografía y la severidad climatológica, a la decadencia del sistema feudal, que fue dejando terrenos de escasa productividad agraria sin control del dominio señorial, y a la imitación de las cercanas repúblicas de Italia. Así como al aumento y enriquecimiento de la burguesía comercial, consecuencia del tráfico con Italia a través del paso de Sankt Gotthard o Gotardo, en alemán “La Fuerza (dureza) de Dios”. Todo ello es un verdadero antecedente del liberalismo. A la muerte de Alfonso IIIº le sucedió su hermano, Jaime IIº. Osmán Iº, hijo del legendario caudillo oguz Etrogul, fue extendiendo el reino otomano por Turquía, a partir del reino Rum, a base de incursiones de saqueo. Camino de China llegó a la India Juan de Monte Corvino, el primer misionero europeo. Jubilai volvió a tener escaso éxito en un nuevo desembarco en Java, en 1.292, por lo que decidió centrarse en el imperio Yuan, renunciando a ninguna futura expansión. Sus sucesores continuarían dicha política, que supone el abandono de lo que se había convertido en obsesión ancestral dominadora mongol. En 1.293, la Horda de Oro llevó a cabo una expedición de castigo contra el principado de Moscú. Desde la India llegó a China el primer misionero europeo, Juan de Monte Corvino.

El Parlamento inglés continuó evolucionando. Cada vez tuvieron más importancia los commons o “comunes”, así llamados tanto porque les afectaba el derecho común inglés, y no el señorial, como porque defendían las propiedades comunales, en oposición a las señoriales, representando al bien común de condados, ciudades y villas. Influyó en ello las necesidades tributarias, fruto de las constantes guerras inglesas. Como la sostenida contra Francia desde 1.294 por la posesión de Guyena, en las que ya los ingleses no utilizaron ejércitos feudales, sino mercenarios. Eduardo Iº prohibió la exportación de lana a Flandes, paralizando su industria textil, lo cual provocó, como esperaba, un levantamiento flamenco contra los señores feudales franceses. Ese año murió el franciscano inglés fray Roger Bacon, que intentó completar la investigación lingüística de los escolásticos con las ciencias naturales. Así realizó descubrimientos en óptica, sobre la fuerza motriz del vapor de agua, los principios de sustentación aerodinámica, en el que se basa la aviación, o sobre buques sumergibles. Fue catedrático de filosofía en París, y publicó una gran enciclopedia y un compendio de estudios de teología. La lealtad de la monarquía coreana respecto del imperio mongol se puede valorar porque una embajada de Corea fue la única representación extranjera, ni de ningún otro dominio o país, en los funerales del Gran Jan Jubilai. Los reyes coreanos tenían una autonomía política muy limitada. Hijos y esposos de princesas mongolas, solían vivir más tiempo en China que en Corea. Para la aprobación de impuestos, cada vez más oprobiosos, en Inglaterra, era necesario el voto favorable de los “comunes”, tal como se recogió en 1.295, en el Model Parliament. A su vez, dichos parlamentarios ingleses, a cambio de cada nueva aprobación de dichos tributos, fijaban condiciones que suponían un aumento de su poder. A la muerte de Sancho IVº heredó el trono su hijo, Fernando IVº, menor de edad, bajo la regencia de su madre, María de Molina.

Asumiendo la inutilidad de las excomuniones, el Papa entregó Córcega y Cerdeña, que no eran suyas, pero que así lo consideraba, como todas las islas del mundo, en base a una falsa concesión de los emperadores romanos, a cambio de que Jaime IIº renunciara a Sicilia. Así lo hizo, a favor de su hermano Fadrique (Federico) IIIº. La conquista de Cerdeña supuso la guerra contra Pisa, que la controlaba. En su ciudad de Alguer aún se habla catalán. En ella se emplearon los almogávares, que volvieron a incrementar sus efectivos con reclutas sardos. Córcega había sido condenada por el Papa, por venderles armas a los norteafricanos. En respuesta, mientras otros reinos cristianos eran obligados por la Iglesia a reprimir a los piratas, los corsos les dieron refugio, por lo que aún se dice patente de corso, es decir, inmatriculación en dicha isla, ser corsario, como sinónimo de piratería. A pesar de lo cual los genoveses, que tenían intereses en ella, impidieron su conquista. Firuz se demostró débil, incapaz de imponer su autoridad, por lo que, en 1.296, su sobrino Ala-ud-din Jalji, castellanizado como Aladino, lo decapitó y conquistó Deli. Se hacía llamar Alejandro IIº. Osado caudillo militar, rechazó a los mongoles que, habiendo llegado hasta la capital, no supieron sacar partido de sus victorias. Consiguió reconquistar el Sur de la India, castigando a los independentistas con la destrucción de sus santuarios. Les impuso indemnizaciones de 100 elefantes, 7.000 caballos y los tesoros estatales, para cuyo transporte se necesitaron 1.000 camellos. Entre tales tesoros estaba el diamante Koj-i-nor. De los que escaparon tomó venganza en sus familias. En una ocasión decapitó a todos los hijos de los fugitivos en presencia de sus madres. Para impedir cualquier oposición acabó con los derechos, posesiones y rentas de los privilegiados. Prohibió las reuniones de la aristocracia y sus matrimonios sin su consentimiento. Impuso tales tributos que sólo quedó oro en manos de la alta nobleza y los grandes banqueros y comerciantes.

Consideró a todos los hindúes como clase inferior, basándose en las teorías de Kasi Mugis-ud-din de Bayana, aunque éste consideraba bárbaras y contrarias al mahometanismo el sometimiento y la tortura. A cambio reguló los precios de granos, pan, legumbres, ganado, tejidos y esclavos, lo que sólo tuvo virtualidad en Deli.


[1] Posiblemente del árabe al-mus al-gabar, “los hombres que causan disturbios”, aunque otras tesis mantienen que gabar significa “altivo”. Antes de entrar en combate proferían gran griterío, y frotaban sus armas con sílice para afilarlas, haciendo saltar chispas, todo lo cual amedrentaba a sus enemigos.

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