1.164-La peculiar evolución inglesa

Enrique IIº de Inglaterra decidió acabar con la impunidad eclesiástica, cuyos numerosos crímenes eran tratados con benevolencia por los tribunales clericales. Así que intentó restringir su jurisdicción, lo que le llevó al enfrentamiento. Había conseguido que se nombrase arzobispo de Canterbury, tras haber hecho asesinar, según se cree, a su antecesor, a su amigo, compinche de correrías, juergas e injusticias, leal y magnífico canciller, administrador, Santo Tomás Becket, a lo que éste se opuso. Sin embargo, una vez consagrado, éste defendió con vehemencia los derechos eclesiásticos, por lo que Inglaterra cambió de bando y se unió a Federico Iº contra el Papa Alejandro IIIº: todos los partidarios de éste fueron desterrados de Alemania, incluyendo el arzobispo de Maguncia y muchos monjes cistercienses. Luís VIIº de Francia trató de debilitar el poder, que temía, de Enrique IIº de Inglaterra, intrigando todo lo que pudo. Así que apoyó a Becket en su insumisión. En el 1.164 se llegó a un acuerdo por el que se reconocía el derecho jurisdiccional y de imposición de penas en exclusiva al rey inglés. Becket, cambiando de opinión, criticó el acuerdo y excomulgó a los consejeros de Enrique IIº.

Sin embargo no eran tiempos para que la excomunión supusiese catástrofes nacionales, por lo que se vio obligado a reconciliarse para ocupar de nuevo su cargo, que utilizó para lanzar sermones contra el rey. Al parecer éste se quejó con cólera, lo que cuatro cortesanos interpretaron como deseo de que muriese y asesinaron al arzobispo. Enrique IIº debió hacer penitencia sobre su sepulcro y concesiones a la jurisdicción eclesiástica, aunque la felonía feudal y la alta traición seguían correspondiendo a la justicia del rey. Como compensación revisó las concesiones efectuadas a la Iglesia por Esteban de Blois, y se reservó los derechos de patronato y protección de templos y monasterios, con lo que mermó tanto el poder aristocrático como el clerical. Tras lo cual también delimitó la jurisdicción feudal, consolidando la regia, especialmente en los pleitos sobre propiedad de la tierra. Yendo aún más lejos, nombró jueces itinerantes y otorgó el derecho a recurso a los tribunales reales ante la denegación de justicia de los feudales, que permitía un proceso rápido ante un jurado popular y un juez más o menos íntegro. Con todo ello se formó una burocracia judicial que excedía y limitaba los privilegios de la aristocracia terrateniente.

Alfonso IIº, conde de Barcelona, fue coronado rey de Aragón, que, desde entonces, incluía todos los condados catalanes. En 1.168, Alfonso VIIIº, con 14 años, fue declarado mayor de edad. Pactó una alianza con Alfonso IIº de Aragón, mediante la cual consiguió recuperar de Navarra las ciudades riojanas. Las continuas guerras acabaron con Kiev, que no volvió a recuperar la dignidad principesca. Sus habitantes emigraron y quedó despoblada. Hasta el punto que los príncipes se establecieron en los bosques del Nordeste, donde se situaba Moscú. La población estaba dividida entre los comerciantes-guerreros varegos, la clase superior, y los campesinos eslavo-orientales. Los establecimientos comerciales de los primeros constituyeron un autogobierno pseudodemocrático de las ciudades. Poco a poco la propiedad de la tierra pasó a los príncipes y sus nobles, los boyardos. Las luchas entre éstos y su paulatino asentamiento cortesano estimuló el desarrollo de asambleas del pueblo y de aldea. Los boyardos consiguieron que éstas últimas no se convocasen, y que en las primeras sólo participasen sus habitantes libres. No obstante mantuvieron su importancia, sobretodo en Novgorod.

Frente a la coalición veneciano-normanda, Bizancio pactó con Génova y Pisa. No obstante tuvo que terminar transigiendo a las pretensiones venecianas, al comprender su superioridad naval. Nuevas invasiones de tribus nómadas del Norte, entre las que se encontraban los aztecas, acabaron con el imperio tolteca de la mítica Tula. Sus pobladores se dispersaron, lo que podemos rastrear por su idioma, el najuatl. Entre ellos los pipil y los nicaro. Los primeros se asentaron entre El Salvador, Honduras y Guatemala. Los segundos en el lago que los españoles llamaron Managua o Nicar-agua, cohabitando con los chorotega, también emigrantes norteños. Hubo frecuentes hallazgos de oro, por lo que los españoles denominaron a su litoral Costa Rica, y, más tarde, al refundirla con Panamá, Castilla del Oro. Del espacio comprendido hasta Perú, donde los españoles admiraron la cultura incaica, no sabemos casi nada, puesto que no hubo el menor interés por profundizar en la historia de estos pueblos, más retrasados culturalmente, que no habían llegado a desarrollar escritura. En Colombia estaban los muiscas, que formaban parte de los pueblos chibcha. Eran grandes metalúrgicos, sobretodo del oro, con técnicas de fundido, repujado y dorado superficial sobre cobre.

Cebaban una raza de perros como complemento alimenticio a la caza, la pesca, los pavos, maíz, cacao, batata, calabaza y mandioca. Bebían cerveza de maíz y vino de palma y de frutas. La cultura megalítica de San Agustín, en el alto Magdalena, se extinguió. Sin embargo, en el altiplano de Bogotá, junto con los quimbayas del curso medio del Cauca, los cultivos tropicales sentaron las bases de un gran Estado. En Tiajuanaco, un misterioso santuario, de escasa población, en Bolivia, y en Juari, centro político densamente poblado, algo más al Norte, en la provincia de Ayacucho, también se produce un desplazamiento del poder teocrático, sacerdotal, por el civil, político. Dicha sustitución se produce de forma violenta, tras etapas de conflictos. El crecimiento poblacional alentó el separatismo, lo que se observa en la ruptura de la unidad religiosa, que determina la segregación político-económica. Como reacción se van a producir influjos imperialistas, igual que en Centroamérica. Además de los edificios religiosos y administrativos, se ejecutan grandes construcciones de viviendas y almacenes, que llegan a tener parques y jardines, en fortificaciones o pequeñas ciudades amuralladas, en las partes altas de los valles costeros o en los cruces de caminos.

Esta innovación demuestra las frecuentes sublevaciones de los pueblos sometidos y cómo en esta etapa de desarrollo, se mezclan auge económico, poder civil, ambición, descreimiento religioso, imperialismo y aumento de la belicosidad. Se funda Chanchán, futura capital del reino chimú, igual que otras ciudades en zonas alejadas de los fértiles valles fluviales, lo que demuestra el alto precio alcanzado por tales terrenos. El crecimiento demográfico y social hace que, excepto los tejidos suntuarios y la orfebrería de oro y plata, todo se “industrialice”. Por ejemplo, la cerámica se produce exclusivamente mediante moldes. La cultura artística desaparece, lo que indica un profundo cambio en la estratificación social, una gran homogeneidad entre los diversos estamentos y su renta disponible, y el carácter práctico de sus miembros, poco propensos a los lujos de la minoría explotadora. En el 1.171, Abu Ya’kub Yusuf, sucesor de Abd al-Mu’min, se instaló en Sevilla, consiguiendo que todo al-Andalus pasara a formar parte del imperio almohade, que, desde entonces, se puede entender como hispánico.

Siria se hizo tan poderosa que, tras luchar contra los cruzados, los selyúcidas enviaron a su General Yusuf a la conquista de Egipto, terminando con la dinastía fatimí. Luis VIIº de Francia continuó intrigando contra Enrique IIº, sonsacando a los tres hijos de éste a que se rebelasen. Recordemos que su madre era francesa, y toda la familia había sido maltratada por el déspota rey inglés. Una insurrección de 1.173 dio a Enrique IIº la oportunidad de aprobar impuestos de defensa, según el patrimonio y número de reenfeudamientos, lo que acababa con la franquicia tributaria de la nobleza: el feudalismo comenzaba a ser puesto en entredicho en Inglaterra, cuyo soberano tenía fuentes de ingresos suficientes para costear sus funcionarios y soldados mercenarios. Federico Iº derrotó a los romanos, y el Papa Alejandro IIIº tuvo que buscar refugio en el reino normando. Pero otra epidemia de peste obligó al retorno del ejército alemán, de modo que todas las ciudades lombardas se unieron a la liga de Verona y construyeron un fuerte en Piamonte, que el emperador no pudo conquistar. Yusuf eliminó a los herederos de Nur al-Din, se proclamó sultán tomando el nombre de Salaj al-Din [1] y fundó su propia dinastía, la ayubí.

En el 1.176 los lombardos terminaron derrotando a Fedrico Iº. Por la Paz de Venecia, del año siguiente, se vio obligado a reconocer los Reinos Pontificios a Alejandro IIIº y una tregua de 6 años con las ciudades lombardas y de 15 con los normandos, aunque retenía las propiedades toscazas. También se coronó rey de Borgoña. Los dos alfonsos, continuando con su alianza, conquistaron Cuenca, con la que se quedó Castilla. Con ello Aragón dificultaba una contraofensiva almohade sobre sus recientes avances en Teruel, pero también estrechaba el espacio para un futuro expansionismo. En el 1.179, en el tercer Concilio de Letrán, Alejandro IIIº impuso que la elección de Papa precisara mayoría de dos tercios de cardenales. Con ello daba estabilidad al nombramiento, dificultaba las presiones e intromisiones, y que hubiese antipapas. Pero también que se llegara a un acuerdo, por lo que, a veces, se dilataría en exceso. Además, se amplió la protección de la “Paz de Dios” a vidas y cuerpos de sacerdotes, monjes, clérigos, monasterios, peregrinos, comerciantes y campesinos, sin olvidarse de los animales de tiro.

Los alfonsos firmaron el tratado de Cazorla, por el que se repartían las futuras conquistas: Aragón se anexionaría Valencia, y Castilla se quedaría con Murcia. Un tremendo error que limitaba la expansión futura aragonesa, pero que entonces no se comprendió, porque conquistar Valencia se veía como algo muy lejano e hipotético, y Alfonso IIº centraba sus aspiraciones en la expansión ultrapirenaica. Este reparto anticipado de los territorios a conquistar iba a sentar un precedente para futuros imperialismos, como la conquista de América, Africa y Asia, cuya última demostración fue el fin de la IIª Guerra Mundial. El Imperio Jmer, tras ser el más poderoso de Asia después del Chino, entró en un periodo de decadencia. Se especula si el origen fue la conversión de Jaranindravarman IIº al buddismo, ya que, hasta entonces, los únicos dioses jmer eran sus reyes. A pesar de lo cual eran constantes las guerras sucesorias. Se construyeron templos aún más grandiosos [2] para la nueva religión, en lo que se agotaron los recursos del reino. No sólo los financieros, sino los laborales. Las castas inferiores vivían en plena esclavitud: de los reyes, de la nobleza o de los monasterios. Así se dejó el mantenimiento de los canales, que se obstruyeron.

Quizás sea la misma explicación que para el fin de la cultura maya. Sin embargo se produjo una reacción bajo Yayavarman IIIº, que pasó de una situación desesperada, con tierras improductivas y ciudades en ruina, a la anexión de Vietnam, Birmania y la península Malaya, lo cual es contradictorio con la doctrina buddista del “gran vehículo”, a la que sometió el país. Edificó más templos, monasterios, centros de peregrinaje buddista, una nueva y suntuosa capital, cerca de Angkor, con un enorme lago artificial y cuatro hospitales, numerosas calzadas, paradores y hospitales en todas las provincias, que admitían indiscriminadamente a las cuatro castas en que se dividía el país. La mujer aristocrática tuvo siempre una posición privilegiada. Desempeñaron puestos muy importantes en la corte y, según los chinos, poseían gran cultura y conocimientos científicos, especialmente sobre astronomía. En 1.183, por la Paz de Constanza, Federico Iº renunciaba a recuperar las posesiones y derechos imperiales respecto de las ciudades lombardas, cuya liga reconoció, así como su autogobierno, con sólo el formalismo de un juramento de fidelidad y el pago de una compensación por las regalías.

Tras otra campaña contra Italia, en el 1.186 casó a su hijo Enrique, al que nombró rey de Italia, con Constanza de Sicilia, hija de Roger IIº, y tía y heredera del nuevo rey normando, Guillermo IIº. El nuevo Papa, Urbano IIIº, comprendiendo el peligro que ello significaba, de un posible ataque en pinza, organizó la oposición al Imperio Alemán, que Federico Iº desbarató al conseguir la alianza de Francia. Sin embargo, Enrique IIº de Inglaterra se puso del lado de su yerno, Enrique “El León”, y del partido güelfo. En el 1.187, Saladino conquistó el reino de Jerusalem. Tras muchos conflictos fronterizos, en el 1.188, a la muerte de Fernando IIº de León, heredó el reino su hijo, Alfonso IXº. Su primo, Alfonso VIIIº de Castilla, aprovechó para invadirlo. Se llegó a un rápido acuerdo de paz, pero todos los reinos cristianos españoles comprendieron el peligro de la belicosidad castellana, por lo que se firmaron sucesivos pactos en su contra, implicando incluso a Aragón. En el 1.189 murió el normando Guillermo IIº, sin descendencia. En lugar de sucederle su tía, se eligió rey de Sicilia a Tancredo de Lecce, hermanastro de su antecesor, con el apoyo del Papa y de Ricardo Corazón de León, que había sucedido a su padre, Enrique IIº.

La última estupidez de Federico Barbarroja fue ponerse al frente de la IIIª Cruzada, que parecía más favorable que las anteriores. Fue predicada como reacción por la pérdida del reino de Jerusalem. Le acompañó en la misma Ricardo Corazón de León, que, en sus diez años de reinado, sólo permanecería siete meses en Inglaterra, con lo que se consolidó la estructura funcionarial heredada. Para pagar la Cruzada, y, posteriormente, el rescate de Ricardo Corazón de León, se impusieron los diezmos de Saladino, odiosos para el pueblo. Otra fuente de financiación fue la venta de derechos municipales, que permitió a los enriquecidos comerciantes burgueses tener su propia administración, haciéndose con privilegios comerciales y aduaneros. También participó en ella Felipe IIº “Augusto” de Francia. Estos lo hicieron atravesando el Mediterráneo. Federico Iº llegó por tierra, antes que los demás, conquistó la ciudad de Ikonion, en Turquía, y murió ahogado en 1.190, en el río Salef, en Cilicia, en Turquía. Desmoralizadas, muchas de sus tropas regresaron. Le sucedió su hijo Enrique VIº, que debió enfrentarse a los güelfos, dirigidos por Enrique “El León”. En la cruzada tomó el mando el duque Leopoldo Vº de Austria.

En 1.191, Enrique VIº obligó al nuevo Papa, Celestino IIIº, a coronarle emperador. Pero debió hacer volver a Alemania a su ejército, por una nueva epidemia de peste, desde Nápoles. Desde la ciudad de Jur, al Norte de Kabul, se impuso una nueva dinastía, que conquistó el Sind, Lahore y Deli. Por primera vez los hindúes plantearon una alianza defensiva única de todos sus reinos, pero, retrasados en su tecnología militar por su aislamiento, fueron derrotados en Tarain por Mujammad de Jur. En el Sur de la India continuaron la existencia independiente diversos reinos, que mantuvieron una poderosa Flota, controlando el Golfo de Bengala. Gigantescas organizaciones internacionales canalizaban el comercio a China, Java, Sumatra y el Golfo Pérsico. En varios de dichos reinos gobernaron soberanos buddistas. En Ceilán se desarrolló el regadío, construyéndose el mayor pantano ceilandés de la historia, de 18 kmtrs. de longitud, el “mar de Parakrama”, deformación del nombre del soberano que lo edificó. Toda la India se vio sometida a dos actitudes peculiares, probablemente de influencia tibetana: el tantrismo y el éxtasis. El éxtasis era la consecuencia de la visión divina. Para explicarlo se utilizaba la analogía del orgasmo o de la drogadicción.

En el Norte de la India y en Nepal son frecuentes las imágenes de lingas, es decir, falos, y también de vulvas, que se consideran signos propiciatorios de buena suerte, felicidad o fecundidad, lo cual conecta con pinturas rupestres paleolíticas. Los templos hindúes se plagaron de bajorrelieves con las más explícitas y diversas escenas pornográficas. Quizás sea éste el origen de representaciones cristianas semejantes. Por ejemplo, en el monasterio de Liébana. La tradición piadosa trata de explicarlo en que mostraban actitudes pecaminosas, para que se rechazaran, aunque no parece que esa deba ser la misión de un recinto sagrado. O bien que intentaban distraer con ellas a los demonios, para que se mantuviesen sin entrar en su interior o sin tentar a fieles y a monjes.

La secta de los iluminados, y también, especialmente, los versos de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, hacen referencias equívocas a las relaciones entre el alma y la Divinidad, que tienen su correlato en salmodías de “El Mejor de los Cánticos”, habitualmente traducido como “El Cantar de los Cantares”, que hoy sabemos que reproducía la música y, en algunos casos, sólo variaban algunas palabras, respecto de las canciones picantes con que los invitados incitaban al desposado, mientras esperaban a que se les mostrase la sábana con las evidencias de la consumación del matrimonio, y del desfloramiento de la novia. Ya en las tapias que rodeaban las primitivas estupas, siglos atrás, se representaban escenas atribuidas a experiencias buddistas, entre ellas princesas que se masturbaban presionándose sus pechos [3] o excitándose los genitales con ramitas flexibles como de adelfas u otros vegetales. En un caso la figura femenina, con los pechos desnudos, toda adornada de larguísimos collares de perlas, o algo semejante, y con sólo unos pantalones o taparrabos, tal vez transparentes, aparece agarrada a una rama, colgando de ella, quizás para impedir que el éxtasis, o el orgasmo, la derribase al suelo, mientras utilizaba la ramita masturbatoria.

En un cuadro muchos siglos posterior, de cuando los mogol mahometanos dominaban la India, pero la cultura hindú volvía a resurgir a partir de las clases populares, entre los muchos de bailarines y músicos que proliferaron en dicha época, se ve una mujer, que siempre se ha interpretado que está bailando, al son de un violinista apoyado en un árbol. Pero la figura femenina, aunque completamente vestida, con un velo o tocado sobre su cabello sin nada en la otra mano y sin tocarse zonas genitales o erógenas, aparece agarrada a una rama, colgando de ella. Posiblemente los hinduistas sabían interpretar perfectamente su significado, la actitud, impropia para un baile, superando la censura mahometana. Tanto las relaciones sexuales, la enajenación del orgasmo o de las drogas, se interpretaban como anticipos mundanos del éxtasis de la futura unión con las divinidades. Aunque sin duda se basaban en culturas arcaicas, al expresarse de modo tan explícito produjeron el rechazo popular poco tiempo después, considerándose actitudes supersticiosas e inmorales, cuando cambió el punto de vista religioso y ético, tal vez por influjo del mahometanismo.

Pero, antes de ello, como se propagaron tanto entre hinduistas como entre buddistas, el resultado, sorprendente, fue sedimentar la tolerancia entre todas las religiones, excepto con los intransigentes mahometanos, descendientes de los fanáticos invasores turcos. Por la misma época se expandió la costumbre de que las viudas se incinerasen en la propia pira funeraria del difunto. Es posible que, en origen, fuese un suicidio voluntario, una demostración de amor.


[1] Castellanizado como Saladino.

[2] Eran templos-montañas, que llegaban incluso a imitar la forma orográfica del derredor. Como el de Angkor Vat, el mayor templo del mundo, aunque éste dedicado a Krichna, la encarnación de Vichnú.

[3] Lo que parece asemejarse a pinturas cristianas de Vírgenes amamantando a Su Hijo, o lanzando chorros de leche a Este o a determinados santos.

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