0035-Eratóstenes

Otros escribieron que el legado romano envió un legionario para llevarlo a su presencia, posiblemente para convencerle de que fabricara tales artefactos para los nuevos dominadores, pero que Arquímedes, que realizaba cálculos sobre la arena, no le respondió [1] así que, tras amenazarlo con su espada, acabó clavándosela. Según otros sí respondió: que no le molestase [2] que estaba ocupado. Otras versiones creen que realizaba círculos, quizás buscando una mejor aproximación para el número Pi. Al parecer había construido un recinto con arena en su jardín, que utilizaba como pizarra para sus estudios geométricos. El legionario debió pensar que se trataba de un viejo chiflado, jugando con la arena, a su edad. Así que, posiblemente, la pisara a conciencia, para llamar su atención y “demostrarle” lo “pueril” de su actitud, o por no darle importancia a lo que debió pensar que eran dibujitos para distraerse. Arquímedes se avalanzaría sobre él gritándole que no hollara sus círculos [3].

Si Arquímedes no sabía suficiente latín, o el legionario no conocía suficientemente el griego, debió creer que se negaba a aceptar el domino, el “derecho de conquista” de los invasores, y le dio el escarmiento que se “merecía”, a parte del odio que pudiese sentir si le sabía creador de las armas que habían prolongado el asedio durante 8 meses, con todas las bajas que podían haber provocado entre sus compañeros de armas. Uno de los primeros directores del Museión de Alejandría fue Eratóstenes, nacido en Cirene en el -276, posiblemente de ascendencia caldea, babilónica, y muerto en Alejandría en el -194. Era filósofo, matemático, pero, más que nada, geógrafo. Descubrió en la biblioteca un libro de viajes, en el que se indicaba la curiosidad de que, en el solsticio [4] de verano, a mediodía, cuando el Sol está más alto sobre el horizonte, en la ciudad nubia de Siena, la actual Asuán, se reflejaba en el centro de un profundo pozo, refulgiendo todas sus paredes, sin que proyectase ninguna sombra en ellas. Comprendió que esto sólo era posible si se situaba completamente vertical al mismo. Midió la sombra que, en semejante momento, proyectaba un obelisco en Alejandría, calculando que el ángulo que formaba con él era un arco de 1/50 de circunferencia. Es decir 7º 12’.

Como conocería los textos aristotélicos, tendría asumido que la Tierra era esférica y no plana, por lo que concluyó que tal hecho podía ser cierto, no una fabulación. A partir del teorema de Tales de Mileto de semejanza de triángulos, razonó que el ángulo que formaba la vertical del obelisco y la del pozo de Siena, como radios de dicha esfera que convergerían justo en el centro de ella, debía ser el mismo que el descrito por dicha sombra, ya que eran ángulos alternos internos de dos líneas paralelas [5] atravesadas por dos transversales: la prolongación de dichas líneas verticales, es decir, los divergentes radios de la Tierra, lados de un triángulo imaginario. Hay textos que comentan que consultó a los conductores de caravanas, otros que envió a un esclavo para que fuese a dicha ciudad en tal fecha y comprobase la veracidad de la narración [6] contando, dos veces, para contrastarlo, en viaje de ida y vuelta, los pasos que separaban dicho pozo del obelisco de referencia. Otros que utilizó para ello un regimiento de soldados, y otros opinan que dicha distancia ya estaba registrada en los libros de la biblioteca de Alejandría.

Si fuese cierto lo del esclavo debió tener una confianza completa en él -y éste prodigarle una inusitada fidelidad- puesto que debía darle bastante dinero para su alimentación, al menos, obligarle a aceptar los sacrificios y riesgos, por ejemplo, de ser asaltado por delincuentes, además del esfuerzo de caminar y contar sus pasos, y que no huyese con dicho dinero y buscara su libertad. Lo cierto es que, considerando una distancia entre ambas ciudades de 5.000 estadios egipcios [7] calculó una longitud de la circunferencia máxima de nuestro planeta de 39.614’4 kmtrs., cometiendo un error inferior al 1%. Ciento cincuenta años más tarde rehizo los cálculos Posidonio, obteniendo una cifra muy inferior, que el geógrafo Ptolomeo reprodujo en sus obras, y del que lo tomó Cristóbolo Colombo [8]. A partir de tales datos, por triangulación,  Eratóstenes supuso que la distancia de la Tierra al Sol era de 140 millones de kmtrs., y a la Luna de 123, cometiendo errores muy considerables, pero justificados por los toscos instrumentos de observación y medición que utilizaba. Con todo ello presentaba un Universo medible, conmensurable, inteligible, abarcable por la inteligencia humana: la razón como luz para entender, escrutar, explicar el Cosmos [9].


 [1] Puede que no entendiera latín, que estuviese mal del oído, concentrado en sus cálculos, que el legionario no se dirigiese a él con el debido respeto, o que Arquímedes no quisese diseñar armas para los invasores, o diera por supuesto que no le iban a perdonar los estragos que había causado a sus tropas y Armada, por lo que no podría evitar que lo matasen, y prefiriera acabar lo más rápida y filosóficamente posible.

[2] ¿Distrajese?

[3] Recuérdese que círculo, oikos, en griego, también significa recinto, hacienda, vivienda, habitat, patrimonio, riqueza. Es la raíz de Océano o Mar Circular, economía y ecología. Algo semejante al latín domus. Así que el romano pudo entender que negaba su “derecho” a entrar en sus propiedades, o, incluso, en su país, a hacerlo los romanos su dominio.

[4] “El Sol está parado”, ya que, durante 5 días, su cenit o máxima altura sobre el horizonte, permanece estable, hasta que cambia su recorrido, comenzando de nuevo a aumentar su ascenso, en el de invierno, o su descenso, en el de verano. Si se toma una fecha determinada, oficialmente, es para repartir el año en periódos más o menos iguales, y dar cierta simetría con los equinoccios, o igualdad de horas solares y nocturnas. De modo que indicar que la “muerte y renacimiento, resurrección, del Sol” coincidía con la fiesta de Helios, el dios solar griego, Apolo, de los romanos, o la Natividad, o con la fiesta de las hogueras, San Juan, no es tan erróneo.

[5] Los rayos del Sol. Ya los griegos habían supuesto que debía ser tan grande y lejano que sus rayos llegaban paralelos a nuestro planeta, dado que la sombra que las gaviotas proyectaban sobre las playas, al cernirse, en vuelo estático, flotando, empujadas por el viento y en lucha contra él, como cometas, vigilantes de las manchas oscuras en el mar que indicaban pesca factible, eran del mismo tamaño que su envergadura, de punta a punta de las alas, real.

[6] Verdadero empirismo.

[7] Cada uno de ellos de 300 codos de 52’4 cmtrs.. Para él era insignificante que dichas ciudades no estuviesen en el mismo meridiano, puesto que no tenía indicios de que la Tierra no fuese una esfera regular, sino que estaba achatada por sus polos geográficos.

[8] Para mí que se trata de un pseudónimo, puesto que la etimología del nombre, en griego Jristóforos, y presunto apellido, daría el significado de “El Palomo Portador del Cristo”, aludiendo a la leyenda sobre la vida de El Budda, según la cual un gigante lo ayudó a cruzar el Ganges, y que sería asimilada por la tradición cristiana. Considero que Colón actuó como espía de los Reyes Católicos en los archivos de mapas portugueses, carteándose con todos los confesores de la reina Isabel, en los monasterios de Guadalupe, donde los Reyes Católicos veraneaban, en la Rábida del puerto de Palos de Moguer, hoy de la Frontera, al haberse alejado la orilla, ambos cercanos a la frontera portuguesa, y en la Chartreuxe de Sevilla, en comunicación con los reyes, que asediaban Granada y los proveían de suministros y refuerzos constantes, venganza histórica de cómo los reyes de Granada ayudaron al invasor Fernando IIIº, del que se habían hecho tributarios, en su conquista de Sevilla. Por ello conocería el ardid portugués de multiplicar por dos la distancia de sus rutas secretas, produciendo la desorientación (si se prolonga un arco de curva también se distorsiona el ángulo del derrotero necesario) de quienes pretendiesen copiarlos, y desincentivando a los que quisieran seguirlas, dada tal lejanía. A partir de dicho “truco”, dividió por dos todas las distancias de los mapas portugueses, se tratara o no de rutas secretas o conocidas, fuesen originales o derivasen de los italianos (los pisanos habían colaborado con los portugueses en su exploración de las islas Canarias y Cabo Verde, con intención de obtener la primacía en el comercio del oro de Guinea y circunvalar África, hasta Asia, acabando con el monopolio de los venecianos a través del sultán de Egipto, el Mar Rojo y el Océano Indico, o el de la Liga Hanseática a través de la Horda de Oro y Siberia) además de calcularlas en leguas castellanas o portuguesas, pero equiparándolas al valor de las leguas árabes, con lo que disminuía el resultado final, y basarse en la concreción del meridiano o grado geográfico de longitud del planisferio del geógrafo Ptolomeo, más reducido y erróneo que el calculado por Eratóstenes, presentó un proyecto aparentemente viable para navegar hacia Ceilán y Japón, en dirección Oeste, con suficiente provisión de agua y comida frescas, no podridas ni contaminadas, en los barcos de la época, de escasa capacidad de carga. La Junta de Geógrafos castellana descubrió tales errores y lo rechazó, por lo que Fernando de Aragón se negó a que su reino financiara dicho viaje. Sin embargo Isabel de Castilla se dejó convencer por sus confesores, que tenían plena fe en Colón, posiblemente porque les había enseñado sus mapas secretos, o por sus argumentos de bautizar salvajes, incluido el heredero del Gran Jan o el Emperador de la China, y acumular oro para costear una guerra contra los turcos, liberar a la cristiana Armenia, la Tierra del Preste Juan según Marco Polo, que los portugueses habían confundido con la sorprendentemente cristiana y desconocida Etiopía, y reconquistar Bizancio y Jerusalem. Para cometer tal locura, Colón debería estar seguro de que había tierras a dicha distancia, en medio del Mar Oikíanos (Circular) de los Atlantes griegos, fuesen o no las Indias, y de que había en ellas las minas de oro que pretendía que había utilizado Salomón para ornamentar el primer templo de la Sagrada, en griego Iero, Salem. De otra forma no tiene justificación posible que falseara de tal modo los cálculos, arriesgando su propia vida.

[9] En griego, “Orden”, resultado de separar el agua de la tierra, del primigenio barro del Kaos, tal como se explica, con distintas palabras, en el primero de los dos relatos de la creación, según la Biblia.

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