1.700: La Guerra de Sucesión española

Entonces conquistó Polonia, imponiendo un rey partidario suyo, y estimuló los sentimientos polacos contrarios a los rusos. Violando las regiones imperiales, conquistó el electorado de Sajonia, que retuvo durante un año. Sin embargo, ante la perspectiva de guerra de Sucesión en España, y la ambiciosa política sueca, Holanda y las demás potencias se retrajeron, dejándola sola. Murió el Patriarca de Moscú, Adriano, quedando el cargo vacante. Se firmó el Tratado de Paz de Constantinopla, por el que Rusia trasladaba sus fronteras desde la fortaleza de Azov hasta el Dniéster, a costa de Turquía. Ilonga Kibinda, en el interior de Africa, gracias a las armas de fuego conseguidas de los portugueses para cazar esclavos, fundó una dinastía que iba a dominar el imperio de Lunda. La colonización europea se adentraba hasta a 100 kmtrs. del Cabo de Buena Esperanza. Allí se asentó la Compañía Holandesa, desde donde realizaba expediciones marítimas a Calicut, Cochin y otros lugares de la India y Ceilán, controlando una sucesión de pequeños puertos hasta Bengala. Para entonces había pocos británicos en la India: un Gobernador de la Compañía de las Indias Orientales, los comerciantes de la misma y sus administrativos en cada ciudad. Además había comerciantes independientes, soldados y un representante de cada confesión religiosa, cuya principal actividad era, inicialmente, participar en los entierros. Las clases superiores cazaban, montaban a caballo y organizaban fiestas camperas. Utilizaban ropas y comidas hindúes. Casi no había prejuicios raciales y no eran extraños los matrimonios mixtos. Las continuas guerras civiles de Cambodia acabaron con el esplendor de la ciudad y el templo de Angkor, que iniciaron su decadencia definitiva. La muerte del rey-emperador Souligna-Vongsa supuso la división de Laos. Se hizo con el poder en Viat Chang (Vientiane) Sai-Ong-Jue, sobrino de aquél, aunque bajo dominio de Vietnam.

El monopolio holandés se centraba en el archipiélago indonesio, cuya sede principal estaba en Batavia, en la isla de Java. En ella se estableció un Gobernador General con amplísimos poderes, debido a la lejanía de la metrópoli y la imposibilidad de recibir instrucciones en un plazo de tiempo eficaz. Así tenía atribuciones para declarar la guerra a los príncipes indígenas. Bajo su mando se formó una casta de funcionarios locales. Nunca tuvieron el menor interés por la expansión religiosa. Al contrario que otros imperios coloniales, no eran conscientes de ninguna misión, más allá de la de hacer negocio, extender las redes comerciales y el régimen monopolístico, tanto sobre otras potencias europeas como sobre los propios indígenas y los comercianes tradicionales asiáticos. No sólo no se hizo el menor esfuerzo por asimilar a la población nativa, aculturizarla, como otras colonizaciones, sino que se basó en una rígida discriminación racial, excluyente. A pesar de todos los estímulos a la emigración, en Norteamérica sólo había 15.000 franceses, frente a 200.000 británicos, lo que significaba atraer reiterados ataques y guerras con aquellos, los cuales debieron utilizar tribus indias para reforzar su defensa, entregándoles armas de fuego y entrenándolas en su uso. En cambio, Hispanoamérica seguía estancada entre los 11 y 12 millones de habitantes, comparable a la que se calcula para la época pre-colombina (otrs cálculos, basados en los de los colonizadores españoles cuya exactitud no pede constatarse, duplican dichas ciras) para una superficie de más de 15 millones de km2. Además estaba muy concentrada en reducidas zonas, quedando inmensos espacios deshabitados, como los desiertos, las grandes sabanas, las impenetrables frondosas selvas tropicales, y el litoral pacífico, infectado de malaria y fiebre amarilla endémica.

Los españoles se asentaron en las zonas más ricas y fértiles, que eran las que contaban con mayor población amerindia, que seguía constituyendo el 80% del total, por lo que se produjo un desarrollo generalmente compartido, al contrario de lo que ocurría en el Norte. Y, del mismo modo, un intenso mestizaje. Esto demuestra que, excepto en casos aislados, como en el Caribe, en los que más se debe achacar a contagios de infecciones novedosas para ellos, como la gripe (hay quienes sostienen que la sífilis es de procedencia americana, aunque parece que los griegos ya conocían “el amor del cerdo”, suis-fileo, lo que sí es cierto es que tras la llegada de los españoles hubo una auténtica epidemia, que los indios se arrojaban al mar para aplacar la fiebre, causando una gran mortandad) que a las luchas con los conquistadores o la persecución, crímenes y atrocidades de éstos, no hubo un exterminio masivo de indios, como ocurrió en el Norte. La población blanca afincada, los criollos, como ya sucedía en el Norte, comenzó a entrar en contradicción con los “indianos”, los que sólo llegaron al Continente para acaparar riquezas, lo más rápido posible, bien estableciendo plantaciones o negocios, o ejerciendo cargos públicos de modo corrupto, para regresar al poco tiempo con las ganancias. Estos eran en buena parte aristócratas. La metrópoli confiaba más en ellos, a pesar de su corrupción, que en los criollos. Quizás porque sospechara que éstos acabarían rebelándose. Igual ocurría con los cargos eclesiásticos. Tal vez porque no creyesen que los criollos podían tener la adecuada preparación. O simplemente, porque es más fácil medrar, hacerse visible, estando cerca del poder, de quien decide los cargos, los nombramientos, que en la lejanía, en la que se ignoran los méritos e incluso su existencia. No digamos recomendaciones, servilismos y halagos a la superioridad. Todo lo cual creó envidias, odios y agravios comparativos. A los recién llegados, los que no tenían intención de afincarse, se les motejaba, con desprecio, de gachupines, cachupinos (al parecer derivado de los Cachopines, hidalgos de Laredo, Santander y Cantabria, del que el Quijote decía descender) gachines, en Méjico, y chapetones en Perú, zonas en las que los criollos habían llegado a ser mayoría en el clero, por lo que se implantó el turnismo en los cargos más importantes entre uno y otro grupo social.

Algunas órdenes religiosas hacían incluso distinción entre los que habían profesado en España y en América, para establecer alternancias, quizás buscando compaginar preparación, cumplir con los compromisos, la proximidad  con la feligresía y su aceptación por ésta. Mientras las misiones, inexplicablemente, seguían nutriéndose de religiosos llegados de España, el clero secular urbano fue haciéndose criollo. Poco a poco éstos fueron consiguiendo la administración local, sobre todo durante los reinados de Felipe IVº y Carlos IIº, en que, tanto como los títulos de hidalguía, que también aumentaron extraordinariamente, se compraban sin tapujos. Así se fue creando una clase social criolla de funcionarios, comerciantes y terratenientes hacendados, tan corruptos y explotadores como los “indianos”, pero mejor conocedores de las peculiaridades coloniales y los intereses creados. Todo esto significaba el incumplimiento de las Leyes de Indias recopiladas veinte años antes, que prohibían la excesiva concentración de tierras. Con ello los criollos fueron sustituyendo a la aristocracia y a los encomenderos, como clase dirigente colonial. Los grandes lartifundistas, propietarios de haciendas o plantaciones, de quienes dependían gran número de esclavos o trabajadores “libres”, se comportaban como auténticos caciques, como sigue ocurriendo en la actualidad. Estos, junto con los hidalgos, la baja aristocracia, representaban el mayor poder colonial. Las condiciones para la independencia, con cincuenta años de retraso respecto del Norte, se iban generando. En el nivel inferior de la pirámide social se encontraban los funcionarios de los escalafones inferiores, los pequeños comerciantes, los artesanos, los maestros, oficiales, peones no especializados, en su mayoría mestizos, y los escalvos, en su mayoría negros, pero también indios.

Los negros, procedentes de la importación de esclavos africanos, junto con mulatos y zambos (mestizos de negros y amerindios; inicialmente se les denominó “chinos”, apodo que también se continúa entre inmigrantes a Estados Unidos, casi como insulto, por el carácter rasgado de sus ojos; hay una teoría que establece un origen común de ambas razas desde la amarilla, como adaptación paulatina a la insolación, a través de las razas cobriza o piel roja, norteamericana, aceitunada, iberoamericana, y la negra, en Africa, lo que podría explicar tal hecho; las distintas representaciones étnicas en las pinturas egipcias, blancucios o amarillentos para los que parecen de rasgos sumerios, de cráneo afeitado y nariz larga, los negros nubios, generalmente esclavos, de pelo rizado, y los “puros” egipcios, rojizos, más bien chatos, de pelo rizado cuando no se afeitaban el cráneo, especie de etnia intermedia de las anteriores, parecen corroborar tal tesis; en Méjico se les denomió lobos, y en la costa oriental hispanoamericana garífunas o misquitos, posible deformación de los que poblaban la Costa de los Mosquitos, y cambujos a los mestizajes sucesivos) sumaban el 10% de la población. Ante la falta de decisión de los demás, Luís XIVº aprovechó para dar el primer paso, aceptando el testamento del fallecido rey, e impuso, en 1.701, a su nieto como Felipe Vº de España. Esto originó la alianza de las potencias proclives al reparto del imperio, no sólo de los territorios americanos y del Flandes español, sino incluso de Italia, por la que tenía apetencia el emperador alemán, a las que se unió Federico Iº, rey de Prusia y príncipe elector de Brandenburg. Constatada la esterilidad de Guillermo IIIº, la Ley de Establecimiento o Act of Settlement declaró heredera al trono británico, tras la muerte de éste, a su cuñada (hermana de su esposa) Ana Estuardo, que era viuda del príncipe (elector, desde 8 años antes) Ernesto Augusto de Hannover, nieta de Jacobo Iº Estuardo e hija del destronado Jacobo (o James) IIº. La Ley especificaba, además, que en ningún caso podría reinar un católico en Gran Bretaña, lo que impedía la sucesión a su hermanastro Jacobo Francisco Eduardo, que, por ser varón, tenía mayores derechos. Se trataba de un triunfo de los whigs, que, mediante sus argumentaciones religiosas, sectarias, consiguieron el apoyo de algunos tories. Con ello iban a entronizar en Gran Bretaña a la casa de Hannover, a la que los whigs estaban vinculados. Además dicha Ley “aprovechaba” para imponer nuevas limitaciones al poder del monarca, que pasaban a engrosar los del Parlamento.

Federico Iº de Prusia reiteró su compromiso a Augusto IIº a garantizar los derechos de Polonia sobre dicho ducado, incluso el de reversión, a pesar de lo cual la Dieta polaca se negó a ratificar el acuerdo sobre la declaración de dciho país como reino. Se fundó el college de Yale. Las colonias británicas en Norteamérica, tan diferenciadas en cuanto a su origen, su modo de administración, su tolerancia o fanatismo religioso, o su desarrollo económico, se caracterizaban, en aquella época, por su exigencia de autonomía política, más o menos adquiridas mediantes sus constituciones, autogobierno o self-government, su vinculación a su metrópoli, a la que se dirigían directamente con sus peticiones políticas, su hostilidad hacia los indios y hacia los franceses. Todos ellos rasgos que las distinguían del resto de colonias europeas. El Gobernador, ya fuese designado por la corona, por los colonos propietarios o por los ciudadanos libres, debía contar con el Consejo de Representantes del territorio, generalmente distribuidos en dos cámaras, al estilo inglés, que continuamente reclamaban ampliar sus facultades legislativas y presupuestarias, mermando las prerrogativas del ejecutivo. La lejanía de los órganos de decisión metropolitanos impelía a la extralimitación en la toma de decisiones más allá de su ámbito competencial. Comenzó a evidenciarse lo pernicioso de la abolición del Edicto de Nantes y la emigración de muchos hugonotes, no sólo por sus repercusiones económicas, sino también para la convivencia pacífica en Francia: en 1.702 se sublevaron, en Cévennes y Languedoc, dirigidos por Jean Cavalier, los camisards, o “descamisados”, como se llamaba despectivamente a los hugonotes de dicha región, indudablemente de estratos sociales bajos, al contrario de lo que había caracterizado a esta secta tiempo atrás. Tal como estaba establecido, a la muerte de Guillermo IIIº le sucedió, como reina de Gran Bretaña, su cuñada, Ana Estuardo.

Era amiga de Sarah Jennings, esposa de John Churchill, nombrado Ier. conde de Marlborough (nombre deformado en la cancioncilla española como “Mambrú se fue a la guerra” y como Marlboro, derivado del nombre de la calle donde estaba situada dicha fábrica de tabacos de Philip Morris) y consejero privado por su antecesor, por haberse puesto de su parte, abandonando al destronado rey, si bien posteriormente, tal vez por evidenciarse sus simpatías jacobitas, es decir, por el destronado Jacobo IIº y su hijo varón, fue apartado de la Corte y expulsado del ejército, llegando a permanecer 5 semanas apresado en la Torre de Londres. Sarah Jennings tuvo gran ascendencia sobre ella a través de sus consejos. De inmediato Marlborogh fue nombrado Capitán General de los ejércitos ingleses, holandeses y alemanes contra Francia, debido a la Guerra de Sucesión Española. Como en Holanda ninguna institución parlamentaria había tomado parecidas previsiones, el cargo de estatúder quedó vacante. Y con ello comprobaron que el Estado funcionaba perfectamente sin él. Pedro Iº, tras reorganizar su ejército, conquistó Ingria a los suecos. Murió Jusein Köprülü, el visir turco. La falta de autoridad de los emperadores viet había dejado al país dividio en dos: ambos reconocían formalmente la autoridad imperial, pero la familia Trinj gobernaba el país por su cuenta, desde Janoi, y la familia Nguyen dominaban el Sur, pretendiendo extenderse por el Mekong cambodiano. Ante tal debilidad imperial, Nguyen Fu’d’c-chu pidió al emperador de China que lo invistiese a él emperador de Dai-Viet. Pero el emperador Ch’ing no quiso implicarse en un enfrentamiento con la dinastía Le y el poder establecido en el Norte de Vietnam. Así que Nguyen Fu’d’c-chu se proclamó quoc-chua, equivalente al chino uansui, y al japonés bansai, es decir ¡diez mil años! que en el antiguo sistema de numeración chino tenía la connotación de infinito, inconmensurable, en el sentido de ¡larga vida! Como fórmula de salutación imperial. Nueva Jersey fue declarada colonia de la corona inglesa. En 1.703, un potente ejército francés forzó los pasos de la Selva Negra, invadiendo Baviera y amenzando el Norte de Italia.

Por el Tratado de Methuen se impuso el mercantilismo inglés, absolutamente lo opuesto al libre mercado que siempre ha propugnado dicho país cuando podía beneficiarse de ello, al obtener preferencias aduaneras respecto de las importaciones lusas, especialmente de sus vinos, el monopolio de sus exportaciones y el privilegio (no para todos, sólo en exclusiva ¡discriminación positiva!) de libre comercio con Brasil. Con lo que Portugal se convertía en un imperio subordinado. Como han descrito muchos analistas, “un imperio para otro”. Esta es la explicación de que durase tanto tiempo: porque convenía y aprovechaba al Imperio Británico. Murió el microscopista inglés Robert Hooke. Observando el corcho y los vasos de tejidos vegetales, comprimidos por el crecimiento de la corteza y capas exteriores de los troncos, ramas y pedúnculos, hasta adoptar una forma exagonal, por lo que denominó, propiamente, células, es decir, celdillas, a dichos espacios compactos o vacíos. Más tarde se descubrió que las que hoy conocemos como células vegetales también tenían la misma forma, por igual motivo, por lo que se amplió a ellas dicho nombre, alterando su significado. Sobre los pantanos del Neva, en la recién conquistada Ingria, Pedro Iº edificó el primer puerto de Rusia. Para ello hubo que construir canales, desecar parte de los pantanos y talar parcialmente sus bosques, con cuya madera se construyeron los muelles y la primera Flota rusa, para cuyo fin empleó a alemanes, que quisieron consagrar la nueva ciudad como Piotrgrad, en ruso, en homenaje al zar. Ante el rechazo de éste de tal pretensión, la denominaron Sanktpetersburg, en alemán, aduciendo que se refería al apóstol. A la muerte de Mustafá, Ajmet IIIº fue coronado sultán otomano. El príncipe Eugenio de Saboya, presidente del Consejo de Guerra austríaco, convenció a prusianos y holandeses para combatir en el Danubio, derrotando a los franceses en 1.704, en Höchstädt.

El Mariscal Villars garantizó, por escrito, a Cavalier y sus seguidores la libertad de conciencia. Sin embargo con ello no cesaron los levantamientos, que eran, en cierto sentido, una continuidad de los enfrentamientos de La Fronda, de carácter más social que religioso, y que ocuparon las mejores tropas francesas, cuando se las precisaba en otros Frentes. En todo caso era una manifestación del descontento generalizado, la oposición al absolutismo centralista y a los lujos cortesanos. Simultáneamente el archiduque Carlos había unido a su causa a Cataluña, Aragón y Valencia, proclamándose rey de España en 1.705, en Barcelona. Parece incoherente que los catalanes se alinearan en contra de Francia, después de haber recibido ayuda de ella para su República. Pero dicha experiencia les había hecho comprender que Francia en absoluto deseaba su independencia, sino que, tarde o temprano, acabaría con la pantomima y se la anexionaría directamente. Por otra parte las tropas de ocupación se portaron mal con la población, y, finalmente, abandonaron a la República Catalana cuando convino a Francia, volviendo a la unión dinastía hispánica. Tras la llevada a cabo con Francia cualquier posibilidad de independencia, de recibir apoyos exteriores, sería mucho más contingente. Los ingleses, valiéndose de un traidor, que les abrió, de noche, la puerta de la fortaleza, se adueñaron de Gibraltar. Murió el emperador Leopoldo Iº, tras haber conseguido la integración administrativa y política de sus territorios patrimoniales. Le sucedió el archiduque José, que, simultáneamente, se ciñó la corona de San Esteban, signo que sería tradición de la doble monarquía austro-húngara. La decadencia del poderío otomano hizo que las autoridades locales, los dere bey (“príncipe del valle”) actuaran por cuenta propia. Sobre todo en las regiones asiáticas, pero también en el kurdistán, Anatolia y el Norte de Africa. Esto se sumaba a un sentimiento nacionalista, que comenzaba a rechazar el dominio turco.

Tanto esto como la experiencia de que ni Argelia ni Marruecos habían sido castigadas por su osadía, contribuyó a que Jusaín, el bey de Túnez, se hiciese  independiente, iniciando una dinastía que llegó hasta la constitución de la república y su independencia de Francia, 252 años después. Por otro lado, Inglaterra había comenzado a operar en el Mediterráneo, demostrando sus apetencias también por dicho ámbito, con la conquista de Tánger en el decenio anterior. En China se produjo la “controversia de los ritos”. Los jesuitas plantearon al Vaticano si podían transigir con el tradicional culto chino a los antepasados. La respuesta fue negativa. A partir de entonces, a pesar de todo el aprecio que habían conseguido en la Corte, comenzaron a recibir actos de hostilidad. El comerciante japonés Yodoya Saburoemon, uno de los más ricos del país, presidente del mercado de arroz de Doyima, un barrio de Osaka, fue condenado por ostentación por la aristocracia militar, con la incautación de sus bienes, que resultaron ser 121 millones de ryo, cuando el patrimonio del chogún eran 8 millones de ryo. En 1.706, Marlborough derrotó a los franceses en Ramillies, en Flandes, y el príncipe Eugenio de Saboya lo hizo en Turín. Murió Juan IVº, sucediéndole Juan Vº, que sería muy influido por el marqués de Pombal, Sebastiao Jose de Carvalho e Mello, con quien se introduce en Portugal el despotismo ilustrado. Augusto IIº se avino a renunciar a la corona polaca, a cambio de recuperar Sajonia, mediante la Paz de Altranstädt. Federico de Prusia podía haber aprovechado para hacerse con Pomerania, en alianza con polacos y sajones, o con los suecos. Pero el núcleo principal de su ejército luchaba por entonces en el Sur del Imperio, defendiendo la pretensión del archiduque Carlos al trono español, por lo que los diplomáticos de la gran alianza, en contra de los influjos franceses, pudieron convencerle para que no entrase en la guerra del Norte, que se habría convertido en una auténtica guerra europea, como la de los Treinta Años, y habría acabado con el Imperio. Murió Yasu Iº “El Grande”, rey de Etiopía.

No fueron los holandeses ni los británicos, exclusivamente interesados en conseguir negocio y poder, es decir, negocio futuro, los primeros en enviar misiones protestantes a la India. Fue Federico IVº, rey de Dinamarca, que envió a Heinrich Pluntschau y a Bartholomäus Ziegenbalg. Su primer problema fue el pésimo comportamiento de los cristianos allí afincados, el desprestigio que habían producido a su religión. Felipe Vº, en 1.707, derrotó directamente al archiduque en Almansa: si su antecesor pretendía evitar guerras a España al dejársela en herencia, se equivocó, aunque los hechos demostrarían que iba a ser la apuesta destinada a la victoria. Inglaterra y Escocia se unificaron políticamente, más allá de la unión dinástica. Si no fue posible anteriormente fue por no haber consultado con ella la Ley de Establecimiento, lo que les llevó a desconocer, inicialmente, el nombramiento de la reina Ana, aunque, por supuesto, coincidían en que ningún católico debería volver a reinar sobre su territorio. Murió Aurangseb, después de conseguir, tras muchos siglos, reunificar la India, desde las altiplanicies afganas hasta el extremo Sur del subcontinente. Para ello organizó un ejército de 500.000 hombres, que acampaba sobre una superficie de 30 millas y disponía de 250 mercados dentro del propio campamento. Reformó los impuestos, siguiendo las líneas de Akbar, como ya había hecho cuando, con 18 años, su padre lo nombró Gobernador de las regiones reconquistadas del Decán. Eliminó 70 capítulos de tributos. Por ejemplo, por bañarse en el Ganges, lo que parece un acercamiento a los hinduistas. En realidad el objetivo que pretendía era evitar la huida de los campesinos, ahogados por las tasas, y que se abandonaran las tierras productivas. Por el contrario recrudeció la exacción recaudatoria, y llevó a cabo enérgicas medidas represivas para mantener la ley y el orden, y benefició el mahometanismo frente a los hinduistas. En tal sentido impuso el doble de tributos a éstos que a los suyos, siguiendo la tradición de los árabes, les prohibió la construcción de nuevos templos y derribó muchos de los existentes.

Además de otras prohibiciones, que podemos considerar mojigatas, como la fiesta persa del año nuevo solar (equivalente a la festividades egipcias de Ra, Amón y Horus, imitadas por los griegos en los cultos a Helios y Apolo, imitados a su vez por la Navidad cristiana) la música en la Corte, las danzas en público, las bebidas alcohólicas, o la prostitución, incluso la “religiosa”, tradicionalmente relacionada con algunos cultos y templos. Para velar por ello se nombró un defensor de la moral. Con todo lo cual consiguió, como pretendía, que muchos hinduistas se hiciesen mahometanos, lo que, para algunos historiadores, impidió que éstos desapareciesen, engullidos por la masa tradicionalista. Pero también supuso la ruptura del equilibrio de fuerzas, en que su imperio se basaba, originando la rebelión de turaníes (turcomanos) iraníes, afganos, rachput, sikjs, marattas e hindúes, mahometanizados o no. Esto, junto con la concentración en el esfuerzo unificador, permitió que la administración se relajase y corrompiese, entregándose las clases superiores a la anarquía y la ilegalidad. La pintura mo-gol, tras haber llegado a su cenit, en la “época de los tulipanes”, en la que no había un cuadro, un dibujo, en el que no apareciese, a veces en los sitios más insospechados, tal planta o flor, inició su decadencia. Aparecen escenas eróticas y nocturnas, y predilección por los contrastes entre el negro y el blanco, que podrían deberse a la influencia de los holandeses. El trono mo-gol pasó a Bajadur chaj Iº. Durante su reinado los iraníes se aliaron con el resto de grupos dominantes. Tras la derrota del barato Chivayi, los supervivientes de su familia fueron deportados y cautivos a la Corte mo-gol. Allí Chaju recibió educación, hasta que se le permitió regresar a Barato, en las colinas Yaintia, en el actual Estado hindú de Megalaya. Desde entonces los reyes marattas fueron vasallos de los mo-gol, a los que pagaban tributos. Se inició la costumbre de delegar el poder efectivo en Primeros Ministros o Pechua, que llegaron a formar dinastías brajmánicas familiares.

Joseph Beschi continuó la labor misionera y estudiosa de Roberto de Nobili en la India, junto con Britto, discípulo de éste. En Luang Prabang, otra de las regiones escindidas de Laos, se adueñó del poder Kitsaratt, primo de Sai-Ong-Jue, que dominaba Viat Chang o Vientiane. En 1.708, Marlborough, junto con el príncipe Eugenio de Saboya, continuaban la guerra en Flandes, obteniendo la victoria de Oudenaarde. Agadya fue coronado rey de Dajomey. Con las armas de fuego conseguidas de los europeos para la captura de esclavos negros sometió a pequeños Estados limítrofes. Fue asesinado Govind Sinj, que había convertido a los sijs en una orden religioso-militar, del tipo de los templarios. Para fortalecer el espíritu de hermandad les impuso una especie de bautismo, bebiendo agua santificada, y de comunión. Para entonces eran un poderoso movimiento, dispuesto a la lucha para conquistar la India. Tsang-yang Yia-tso se mostró poco adecuado para la vida monástica. Entre otras cosas se considera autor de canciones populares amorosas. Así que, durante un viaje a Pekín, lo asesinaron. El 7º dalai lama, su sucesor, comenzaría los enfrentamientos con China, a resulta de los cuales el Tibet pasaría a ser un protectorado chino, y el emperador manchú haría nombrar un dalai lama suficientemente sumiso. Se reorganizó la East India Company, fusionándose con su principal competidora, adoptando el lema “Para gloria de nuestra nación, bienestar de nuestro pueblo, mejora de nuestra navegación y del intercambio legal (la de las indias occidentales nunca se preocupó por tal legalidad: pretendía romper monopolios de las demás potencias europeas, mientra que, en las orientales, crearlo; a favor de Inglaterra, siempre) para bien de nuestro Bienestar Común” (en inglés Commonwealth) antecedente del uso político que terminaría teniendo tal designación.

No se menciona ni al rey ni a Dios, por lo que excede los posicionamientos típicos del despotismo ilustrado, y se podrían considerar auténticamente liberales. La Compañía lograba cada vez mayores beneficios, importando índigo, salitre, pimienta, azúcar y, a veces, seda cruda. Exportaba a la India productos acabados, metales nobles, pañería negra de alta calidad, mercurio y cinabrio. Inglaterra superó a Holanda en el comercio hindú, debido a su hábil diplomacia, su excelente administración en Bombay y Surat, el establecimiento de tribunales de justicia y un sistema monetario que funcionaba razonablemente. Para mantener su independencia se fortificaron los puntos de apoyo y se les dotó de suficiente guarnición. En 1.709, Marlborough y Eugenio De Saboya volvían a salir triunfadores en Malplaquet, una de las batallas más importantes del siglo. Carlos XIIº reemprendió la guerra contra Rusia, pero fue derrotado en Poltava. Con un reducido resto de tropas, se vio obligado a refugiarse en el imperio otomano, en Demotika. Trató de convencer al sultán para atacar a a Rusia, pero éste dudaba sobre los riesgos que ello suponía. Polonia, ya deshecha por la Guerra del Norte y la de Augusto “El Fuerte” por el trono, que consiguió recuperar, padeció una terrible epidemia, que duraría 4 años. Pedro Iº se dedicó a modernizar y ampliar su ejército, y construir una poderosa Marina de guerra. Para ello necesitaba la instrucción en las técnicas precisas, y la adecuación del poder del zar, que se hizo absolutista. Sin embargo, dadas las posiciones de debilidad desde las que partía, lo hizo, no desde una perspectiva voluntarista, al estilo del Rey-Sol, o retornando a la idea medieval del designio divino, lo que lo habría puesto en manos de la retrógrada Iglesia rusa, tradicionalista, sino propagando la necesidad de que todos los ciudadanos colaborasen en beneficio del Estado. El zar pasaba a ser un impulsor de los cambios en beneficio del pueblo, al servicio del mismo.

Es decir, estaba anticipándose a lo que se denominaría despotismo ilustrado, paso necesario para el liberalismo. Dividió a Rusia en ocho gobiernos. La tribus afganas, que eran sunníes, al mando de Mir Uais, se rebelaron contra la persecución religiosa del chaj Jusaín Iº y se independizaron de Irán. Murió el chogún Tsunayachi, del que la historia japonesa resalta como fanático buddista, que quiso imponer, mediante crueles castigos a los humanos, que éstos tratasen bien a los perros. El creciente comercio había agotado la capacidad de producción de metales preciosos. No vió otra solución que depreciar  el valor de las monedas de oro y plata, como hacían los europeos, lo que produciría una tremenda inflación de precios, que exasperó a los campesinos y samurai de rango inferior. Sin embargo, los comerciantes y banqueros maniobraron de modo que aumentaron sus ganancias. En 1.710, los tories se hicieron con el poder en Inglaterra, e iniciaron conversaciones secretas con Francia. El archiduque Carlos tomó Madrid, pero, semanas más tarde, tras las victorias de Felipe Vº en Brihuega y Villaviciosa, debió abandonarla. Francia consiguió sofocar la rebelión de los “descamisados”, que, en gran número, debieron huir a Inglaterra. Prusia se mantuvo fiel a su neutralidad en la Guerra del Norte, incluso cuando tropas danesas, rusas y polacas atravesaron su territorio para atacar a los suecos en Pomerania. Mientras Carlos XIIº permanecía aislado en territorio turco, Pedro Iº, con un modernizado gran ejército, aprovechó para conquistar Livonia, Estonia y Curlandia, concediendo capitulaciones especiales a los estamentos, los caballeros alemanes y a los magistrados de las ciudades, que conservaban su autonomía, todo lo cual quedaría confirmado en la Paz de Nystad.

A imitación de ello introdujo la autonomía administrativa de los estamentos, mediante Cámaras aristocráticas, colegios de jefes de distrito, que también estableció, juntas de ciudades y corporaciones, con lo que extendía el derecho y la terminología alemanas imperantes en el Báltico a toda Rusia. Firmó con Augusto IIº una Paz Eterna por lo que las comunidades ortodoxas polacas pasaban a depender de los exarcas rusos de Kíev. Al poco tiempo las prescripciones del sínodo ruso tenían más influencia entre los ortodoxos polacos que las disposiciones de su soberano electo. Pedro “El Grande”, enardecido por sus victorias y atraido por las promesas de Demetrios Kantemir, hospodar de Moldavia, invadió el imperio otomano, pero quedó cercado en Prut, por un ejército turco muy superior. El zar, bastante deprimido, debió ser cuidado por una campesina analfabeta, Catalina, descendiente de lituanos. Utilizándola como intermediaria negoció la paz con el desleal Gran Visir Baltadchy Mejmet bayá, al que problablemente sobornó, a cambio de entregar el estratégico puerto de Azov. El sultán trató de conseguir ventajas también para Suecia, pero no se llegó a ningún acuerdo en tal sentido. China alcanzó los 116 millones de habitantes: había duplicado su población en poco más de un siglo. En 1.711, los tories destituyeron a Marlborough. Murió el emperador José Iº, sucediéndole el archiduque Carlos. Una nueva unión imperial con España era contraria a las pretensiones de las potencias marítimas, por lo que perdería apoyo de sus aliados. El problema religioso, que aún no estaba resuelto en Suiza, terminó por estallar. El motivo fue una carretera a través del condado de Toggenburg, región sometida al dominio del príncipe-obispo de St. Gallen, por la que los cantones del interior, católicos, esperaban romper el cerco de los exteriores, protestantes. La Guerra del Norte había obligado a aumentar el ejército ruso, y, con ello, los impuestos.

Pedro “El Grande” había introducido, entre otros, un impuesto personal, algo realmente progresista, en sustitución de la contribución por fincas. Creó un Senado, como órgano central supremo, formado, en principio, por nueve antiguos aristócratas. Para garantizar su reforma fiscal, evitando la defraudación sistemática y los abusos de las autoridades, creó en el Senado el cuerpo de fiscales, dotado de una extensísima red de funcionarios, que llegaron a tener su propio Partido. Concedió premios a la población por denunciar a los infractores. Igualmente reformó la economía, sobre la base del mercantilismo, fomentando la producción nacional (minería, siderurgia, manufacturas) mediante la coerción estatal y la protección de la iniciativa privada, lo cual producía efectos contradictorios, y también las exportaciones. Construyó grandes canales, entre ellos el del Báltico al Volga, evitando la navegación por el Mediterráneo y el paso por el Bósforo, controlado por los turcos, con lo que impulsó el desarrollo del interior y el comercio hacia el Este. No ostante la situación social no mejoró. Incluso puede decirse que empeoró. Continuaba la servidumbre y el sistema de trabajo forzado o recluta: el mismo con el que se construyeron las pirámides y las obras de irrigación en Egipto, que no era propiamente esclavitud.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s