0800-El Imperio Carolingio

Hoy se sospecha que su tumba podría contener los restos del obispo Prisciliano, también decapitado [1] junto con seis de sus seguidores y seguidoras, pero por hereje: toda una ironía. El gallego, bético o lusitano Prisciliano, obispo de Avila, fue decretado excomulgado por el emperador servio Flavio Graciano, a instancia del obispo de Mérida en conjura con otros más, entre los que estaba el sucesor de Osio, Higinio de Córdoba, porque Prisciliano defendía el ascetismo, el rigor en el cumplimiento de las normas religiosas, el monacato [2], el nombramiento de doctores o maestros eclesiásticos a laicos, permitir la presencia de mujeres en reuniones de lecturas religiosas, la interpretación personal (libre examen) a partir de la simbología y no de la literalidad de los textos bíblicos, la prohibición de que realizasen sacramentos, que pudieran hacerlo, los eclesiásticos que hubiesen adjurado del cristianismo en lugar de aceptar el tormento, el martirio, durante la gran persecución de Diocleciano, o que fuesen corruptos, y, supongo que fundamentalmente, la imposición del celibato y la pobreza eclesial voluntaria, oponerse a la vinculación de Iglesia y Estado, la opulencia, enriquecimiento y corrupción de la jerarquía eclesiástica.

Todo lo cual lo vincula con las herejías o sectas donatistas o iluminadas, que se extendieron fundamentalmente por el Norte de Africa, y perdurarían más de diez siglos en España. Hay que tener en cuenta que la rápida expansión del cristianismo en Africa Nordoccidental no se debió a la adscripción religiosa de sus seguidores, sino por considerarlo un movimiento político de oposición al emperador y a la dominación romana, O sea, un movimiento de liberación. Igual que debieron pensar los que pretendían la abolición de la esclavitud. O el incremento de los derechos de las mujeres. O la aceptación de la homosexualidad en el ejército. Todo lo cual fue apoyado, demagógica e hipócritamente, por las primeras jerarquías cristianas. Prisciliano consiguió por sus contactos y viajes que el magister officiorum (Mayordomo Mayor) imperial Macedonio anulase dicho decreto de excomunión, en ausencia del emperador, y que el procónsul Volvencio ordenase apresar al obispo de Mérida, por perturbador de la Iglesia, quien debió huir a Alemania para evitarlo.

Ante el cúmulo de herejías existentes y el levantamiento del Gobernador de Britania, el hispano Magno Clemente Máximo, que había desembarcado en la Galia con 130.000 legionarios, abandonando Britania [3], que derrotó y asesinó a Graciano en Lyon, hubo que llegar a un acuerdo de conveniencia para eliminar a Prisciliano. Pero los obispos se opusieron a que se condenara por herejía, ya que eso significaba el cierre de los templos seguidores de dicha doctrina, y supondría la pérdida de gran parte de la feligresía hispánica. Así que se decidió condenarlo por brujo, lo que conllevaba la expropiación de los bienes del patricio Prisciliano [4], aduciendo que había enseñado que las partes del alma se corresponden a los nombres de los Patriarcas, y las del cuerpo a los signos del zoodíaco, realizaba danzas nocturnas, aplicaba hierbas abortivas y astrología cabalística, y además, de gnosticismo, maniqueísmo, emanatismo [5] y unitarismo o “monarquismo” [6]. Para defenderse acudió al concilio de Burdeos, que no se posicionó claramente, salvo que destituyó a un obispo seguidor suyo. Pero, en el exterior del cónclave, la chusma lapidó a una seguidora de él.

En base a ello huyó a Treveris, en Alemania, donde Máximo había establecido su corte, sin saber que allí estaba refugiado el depuesto obispo de Mérida, quien tramó su tortura y condena por el prefecto de dicho emperador, y, tras su confesión que se ejecutase la sentencia de muerte de todo su grupo, los conocidos como “Los Mártires” [7], que serían trasladados por sus seguidores a Galicia. Sea como fuere, Finisterre dejó de ser el centro prehistórico de peregrinaciones mágicas o paganas, desviándose hacia Santiago de Compostela. Dicho fluir puso en contacto la iglesia hispánica con Roma, diferenciándo­se dos ritos, culturas y obediencias, el mozárabe y el católico, entre los fieles de uno y otro lado de las fronteras entre al-Andalus y los reinos cristianos. Un sínodo del 794, en Francfurt [8], condenó algunas resoluciones sobre el culto a las imágenes del IIº Concilio de Nicea, y aprobó la liturgia en lenguas vernáculas, en contra de la opinión de muchos eclesiásticos, que consideraban el latín (en todo caso, el griego) como única lengua sagrada: antecedentes del galicanismo, lutheranismo, anglicanismo, jansenismo y el IIº Concilio Vaticano.

Carlos continuó su presión contra el imperio mahometano, posible­men­te en alianza con el rey asturiano Alfonso IIº, desbordando la frontera pirenaica. Como hacía con los territorios fronterizos en disputa, lo constituyó en Marca [9], que denominó Hispánica. En el 795 abarcaba hasta el Ebro, incluyendo Pamplona y Lérida. Y, sus dominios totales, desde dicho río hasta el Elba, excepto los enclaves bretón, gascón y bohemio. También incluía las islas Baleares, Córcega, Cerdeña, y más de la mitad de Italia, junto con la sumisión del duque de Benevento. Sin embargo Roma era escenario de enfrentamientos rivales. En el 797, Irene acabó con su hijo Constantino. Para consolidarse en el poder redujo los impuestos, lo que causó la ruina imperial. El Papa, que ya no podía confiar en Bizancio para la defensa de sus posesiones y pretensiones, tampoco podía admitir que una mujer ocupase el trono imperial. Quizás relacionado con ello, en el 799, León IIIº fue apresado y enclaustrado por uno de los grupos rivales romanos, aunque logró escapar. Pidió ayuda a Carlos, que reunió una asamblea de romanos, francos y lombardos, para celebrar un simulacro de juicio al Papa, en el que se declararon sin fundamento las acusaciones que se le hacían.

Este maniobró para que dicha asamblea nombrase Imperator Romanorum al rey franco-lombardo, al que consideraba unificador religioso de Europa, y que, desde entonces, conocemos como Carlomagno, “Carlos El Grande”. A éste no le gustó, porque podía ser interpretado como signo de enemistad, de disputa del “exclusivo derecho” imperial, por Bizancio, y podía llevarle a un enfrentamiento con él, en provecho sólo de Papa. Así que Roma, sólo nominalmente, volvía a ser capital del Imperio, y el Papa conseguía poder amenazar al emperador de Oriente. El Mediterráneo quedó dividido en dos religiones monoteístas con sus respectivos imperios que les servían de soporte: al sur del Ebro y desde Turquía, los mahometanos, y al Norte los cristianos. Estos, a su vez, separados en dos sectas, representadas por los católicos [10] del imperio carolingio y otros reinos menores, y los ortodoxos [11], del menguado y decadente imperio bizantino. El centro de gravedad europeo se desplazó del Mediterráneo hacia el Norte, a Centroeuropa, hacia Aquisgrán, el palacio más utilizado por Carlomagno para dirigir sus campañas expansivas hacia el Este, y controlar a los peligrosos eslavos.

Teotijuacán, más extensa que las antiguas Azenas y Roma, que había llevado su influjo cultural desde el altiplano mechica hasta el Oeste de Guatemala, desaparece por un incendio. Se sospecha que los antecesores de los toltecas pudieron intervenir en ello. Tal vez se tratase de un enfrentamiento militar. Aunque la ciudad debió mantenerse durante algún tiempo, porque no se han encontrado restos de armas ni cadáveres dispersos. El 23 de diciembre del año 800, Carlomagno recibió del jalifa Jarún al-Raschid [12] las llaves del Santo Sepulcro. Con ello éste demostraba su tolerancia, le reconocía como custodio de los Santos Lugares, y se aproximaba a él diplomáticamente, quizás con la intención de fraguar un pacto para repartirse el imperio bizantino, aunque pudiese garantizar con tal pacto el respeto a los cristianos bajo dominio mahometano. Al día siguiente Carlomagno fue coronado emperador por el Papa, utilizando el rito bizantino: un cuestionamiento más del Imperio de Oriente. En el 801 envió a su hijo Ludovicus Pius, con un ejército franco-hispano, para conquistar Barcelona, que convirtió en capital de la Marca Hispánica. Para su defensa y gobierno instituyó el condado [13] de Barcelona.

En dicha época ya casi todas las provincias Norteafricanas se habían distanciado de Bagdad. Como en todas las grandes religiones, comenzaron a consolidarse sectas en el mahometanismo. Los malikíes o malikitas, seguidores de Malik ibn Anas, hacen una primitiva interpretación del Jadiz, o relación de sentencias tradicionales de Mujammad, según la praxis jurídica de Medina. Se extendieron por Egipto y el Norte de Africa, llegando hasta España, como minoritaria. La expansión del mahometanismo dejó de ser consecuencia de la conquista militar y la diferenciada imposición de tributos, basándose más en las relaciones mercantiles, que se hacían cada vez más importantes y prolongadas. Las rutas de comercio hacia oriente se convirtieron en el eje misionero mahometano. A través de España e Italia los intercambios se ramificaban por toda Europa. Incluso se constata una ruta Norte, desde Alemania al Mar Caspio. Atravesándolo se unía con la continua red de caravanas de la ruta de la seda. La Flota mercante mahometana en el Mediterráneo desplazó a la bizantina. En el Mar Rojo y el Golfo Pérsico se construyeron puertos, manteniendo nexos permanentes con la India, Extremo Oriente y China.

Así como por toda la costa africana, que, de esta forma, entra en la Historia participando, aunque, en términos generales, pasivamente, en el flujo cultural mundial. Todo esto puede estar relacionado con las fabulosas narraciones de navegantes, como la serie de relatos de Simbad El Marino, de “Las mil y una noches”. Los precios internacionales de los artículos de lujo (oro, especias; plantas, maderas y animales exóticos; perfumes, seda, marfil, pieles, piedras preciosas, o porcelana china, que los irakíes intentaban imitar) se determinaban a partir de los mercados de Bagdad. En la India también se produjo un desarrollo tecnológico, fundamentalmente en la industria textil y metalúrgica. Pero también en la agricultura, introduciendo métodos científicos para determinar las diferentes calidades de los suelos, intensificando su utilización, y para diversificar los cultivos. Así se consiguió mantener el nivel de vida del periodo gupta. Si bien se continuaba la exclusión de la enseñanza de los Vedas a las castas y clases inferiores, lo que perpetuaba su postergación cultural, económica y política, evitando estimularles a la revolución, a la exigencia de sus derechos. Se les seguía considerando impuros, intocables.

Bastaba con que te rozase la sombra de uno de ellos para obligarte a un baño purificador. O que te mirase para tener que anular su efecto mirando al sol. Quizás esto, y sus consecuencias, puede estar relacionado con el “mal de ojo”, que pudo llegar a España desde dicha zona a través de la cultura gitana. Por el contrario surge una clase nueva, ligada a las familias de las dinastías reinantes, muchas de ellas de procedencia extranjera, invasoras, que se autodenominaban “hijos de reyes”. Quizás dando a entender que eran bastardos o descendientes de éstos. Lo cual puede estar relacionado con la cultura gitana y su proclamación en iguales términos, o como hijos de faraones, o faraones ellos mismos. También aparecieron nuevas profesiones, que, igual que ocurría en Europa [14], se organizaron en gremios, que establecían la cantidad, calidad y precios de los productos a ofrecer. Y, tal vez vinculado con ello, extensas organizaciones comerciales, muy anteriores a la europea Liga Hanseática, de las ocas o los ánsares. En el 802, Irene fue depuesta por una rebelión palaciega.

Se alzó con el poder Nicéforo Iº, que aumentó los impuestos, extendió el servicio militar obligatorio a los campesinos pobres, obligando a sus respectivas comunidades rurales a pertrecharlos, recolonizó los Balcanes mediante estratiotai [15] recolocados desde la zona turca, con lo que mejoró la defensa contra los húngaros [16], ya que los eslavos no resultaban fiables, y redistribuyó los distritos administrativos, aumentándolos en número y disminuyendo su extensión, para impedir que sus poderosos gobernantes pudieran sublevarse y hacerse con el trono, como había hecho él mismo. En el 805, Carlomagno se anexionó el Sur de Jutlandia, como Marca Danesa [17]. Los templos buddistas se hicieron tan numerosos y ricos que, en el 806, se prohibió que se fundaran otros nuevos en Corea, así como que se hiciesen estatuas de Budda en oro o plata. Nicéforo y su hijo Estauriaco murieron en el 811, heridos durante una batalla contra Krum, jan de los húngaros. La viuda de Estauriaco trató de conseguir el trono, pero un golpe de Estado proclamó emperador a su concuñado, Miguel Iº Rangabé.

En tales circunstancias, tras largas negociaciones, y para evitar consecuencias más peligrosas, ambos emperadores, del Sacro Imperio Romano y de Bizancio, en el 812, se reconocieron su legitimidad, recíprocamente. No obstante, desde entonces, al título de Basileios se le añadía “de Roma”, para dejar clara la preeminencia, aunque sólo fuese teórica, del bizantino sobre el Sacro Imperio Romano. Si el Papa esperaba más poder al nombrar a Carlomagno, se equivocó, porque éste no estaba dispuesto a dejarse manipular, como ocurriría con muchos de sus sucesores. Al contrario: tomó para sí, como emperador, la administración del  Patrimonium Petri, los futuros Reinos Pontificios, por lo que aquél perdió, transitoriamente, su poder temporal. En el 813, Carlomagno, que moriría al año siguiente, incapaz de aprender a escribir, tras muchos años de intentarlo, coronó como corregente y heredero a Ludovico, su único hijo legítimo varón superviviente. Es significativo que la ceremonia se celebrase en Aquisgrán, sin que interviniesen ni el Papa ni los romanos. Había unificado la legislación mediante los Capitularia, aunque reconoció los diversos derechos tribales.

Consolidó el feudalismo, al premiar con tierras, que le eran fáciles de conseguir, en sus muchas conquistas, a sus funcionarios y soldados distinguidos: con ello se debilitaba la posibilidad futura de un imperio centralizado. Para dominarlo necesitó crear una eficiente red de carreteras europeas, y un servicio postal de la administración, los misi dominici o “enviados del señor”, que recorrían a caballo el imperio, con estaciones, postas, o puestos, para el relevo de las caballerías. Sin embargo carecía de una adecuada burocracia, aunque algunos condes actuaban como funcionarios y jueces reales. El vasallaje se fue haciendo una institución cada vez más extendida, alejándose de la organización centralizada romana. Mediante ella, los hombres libres, voluntariamente, se ponían al servicio incondicional de un gran señor, para toda su vida, a cambio de lo cual éste se comprometía a defenderlos, incluso en los tribunales. Teniendo en cuenta las jurisdicciones aristocráticas, y la influencia de los nobles en las decisiones regias, debe comprenderse la utilidad y consecuencias disgregadoras, injustas, de privilegios y favores mutuos, una especie de mafia, que todo esto suponía.

En la cima de esta intrincada red de vasallajes sucesivos estaban los grandes terratenientes, eclesiásticos y seglares, que no se sometían a los funcionarios regios, sino sólo, personal y directamente, al monarca, por lo que eran los “hombres libres del rey”. Los que prestaban vasallaje al soberano eran utilizados para el servicio militar. La institución del vasallaje también se utilizaba en el Imperio Bizantino. A cambio de ello recibían tierras, con la promesa de movilizarse en el menor tiempo posible al ser requeridos. Este fue uno de los motivos de la expansión del mahometanismo: en tales condiciones, había siempre hombres rápidamente dispuestos a defender las fronteras de ataques de baja intensidad, como los nómadas del desierto, pero cuando se necesitó un ejército de inmensas proporciones y gran movilidad, no fue efectivo. Si los mahometanos rebasaban los límites, llegaban a sus tierras, eran propensos a entregarse y negociar el mantenimiento de la propiedad o el uso de las mismas, incluso cambiando de bando en el servicio de armas. Por otro lado, como ya ocurrió en el tardío imperio romano, para repartir tierras primero hay que conquistarlas. Carlos Martel acudió al expeditivo método de tomar las grandes posesiones eclesiásticas.

El vasallaje se fue haciendo hereditario, obligando a los sucesores, por lo que llegó un momento en que se confunde éste con el feudalismo. Y con ello también el de los cargos funcionariales o de mando en las fronteras o fortalezas. También el vasallaje se impuso en los cargos eclesiásticos, lo que comprometía la independencia de la Iglesia, que, en Francia, daría lugar al galicanismo, que anteponía la lealtad al rey a la del Papa [18], antecedente, a su vez, del lutheranismo y del anglicanismo. Este punto de vista, contrario al del feudalismo autonomista anglosajón, no podría acabar sino en la Guerra de los Cien Años, al producirse la contradicción de ser los reyes de Inglaterra, simultáneamente, duques de Normandía y vasallos del rey de Francia. Todo ello eran factores disociadores del imperio. Al final los señores feudales no administraban las tierras, haciendas, patrimonio, rentas y organización funcionarial y judicial regias, ni acuñaban monedas en beneficio del monarca, sino en el suyo propio.

El comercio internacional, innecesario en un imperio de tal envergadura como era el franco, volvió a debilitarse entre los reinos europeos, a lo que contribuyó también el dominio mahometano en el Mediterráneo, y el normando-vikingo respecto de las rutas inglesas y escandinavas. Con ello Europa volvió a empequeñecerse, como había ocurrido en la decadencia del imperio romano. Las conexiones que ganaba por el Norte y el Este las perdía en rutas marítimas, lo que conllevó a un reforzamiento del feudalismo, cuando parecía que se iba a salir de él, a entrar en un esperanzador periodo casi renacentista. Carlomagno unificó el sistema europeo de pesas y medidas y reorganizó la emisión monetaria mediante el complicado patrón doble bimetálico oro-plata, necesario al escasear en sus dominios las minas del primer metal. En su época los estribos metálicos sustituyeron a los de cuero, lo que dio ventaja a su caballería, al conseguir mayor estabilidad a los jinetes. Igual que, anteriormente, los chinos habían conseguido superioridad militar al idear estribos de madera, en forma de pedales con perfil como de bastón clavados a la cubierta de tela, con la que evitaban el contacto con el sudor del lomo de su montura.

También se documenta en esta época la extensión de las herraduras, lo cual también mejora la eficacia de la caballería. En el 814, el emperador bizantino León Vº “El Armenio”, pactó con Omurtag, sucesor de Krum, la estabilización de las fronteras búlgaras. Ludovico, apodado Pío [19], creyó necesario coronarse nuevamente, o le convencieron de ello. Lo hizo, en Reims, el Papa Esteban IVº, en el 816. Con ello deshizo la labor de su padre de demostrar que el nombramiento de los emperadores no era prerrogativa del Papado. No contento con ello sustituyó los consejeros que había nombrado su padre por eclesiásticos, expulsó de la Corte a sus hermanas, encarceló a sus hermanos bastardos y cegó a sus sobrinos, los hijos de sus hermanos difuntos. Así evitaba conjuras palaciegas, pero quedaba completamente sujeto a la información que los eclesiásticos quisieran suministrarle, y nada de eso podía evitar una guerra civil. Convirtió en ley las resoluciones sinodales que obligaban a la reforma religiosa y monástica, a fin de acabar con la corrupción. Ese mismo año un grupo de mahometanos españoles conquistó Egipto, durante un breve plazo.

En el 817, Luis “El Piadoso” hizo coronar, como coemperador, a Lotario, su primogénito, y también a sus hijos Pipino, como rey de Aquitania, y, a Luis, de Baviera y el Sudeste eslavo, por lo que a éste se le apodó “El Germánico”, condicionado a que, tras su muerte, se sometieran a la obediencia de Lotario, como heredero universal. Igualmente garantizó que no se interferiría en la elección de pontífice, al contrario de lo que había hecho Carlomagno. En el 819, ordenó devolver a la Iglesia todas las tierras repartidas de dicha procedencia. También devolvió las tierras incautadas a los duques sajones y frisones. En cambio, cuando él las entregaba en premio o señal de agradecimiento, no lo hacía en feudo, sino en propiedad incondicionada. Con todo lo cual la Hacienda imperial disminuyó, y, con ello, su poder. Prohibió a los condes que cobrasen el costo de sus desplazamientos, en cumplimiento de sus funciones, a los habitantes del condado que administraban. Quizás para reponer su autoridad, se hizo coronar por el Papa, una vez más, en Roma. Esto suponía cuestionar la coronación de Reims, postergándola respecto de aquella, lo que disgustaría a los francos. En Gran Bretaña se estaba produciendo una evolución distinta a la continental.

Las luchas entre bretones y anglo-sajones había reforzado el derecho tribal, en defensa del individuo, de sus miembros, frente al derecho señorial, consolidándose como derechos de clase, o más bien, de casta. Mientras en el resto de Europa, aliado con los vestigios del derecho romano, el derecho de conquista y el poder absoluto, dictatorial, de los emperadores, habían acabado con los derechos de tribus. Sin la referencia al poder imperial, que ratificaba la intromisión y coronación papales, en Gran Bretaña el poder regio estaba vinculado a las relaciones tribales germánicas y escandinavas, por las que el rey era primus inter pares, es decir, gobernaba de común acuerdo con los grandes del reino, que formaban su consejo consultivo. Este es el fundamento de las leyendas de Arzur, Artis o Arturo y sus “caballeros de la mesa redonda”, que refuerza el sentido de la igualdad. La Common Law [20] se fue extendiendo por toda la isla británica.

El mismo tipo de mesa que, tras meses de debate, aceptaron los negociadores de la retirada estadounidense de la guerra de Vietnam, sin llegar a reconocer mutuamente la existencia de dos naciones separadas, el derecho de Estados Unidos a interferir en las decisiones del Gobierno de la República “Independiente” de Vietnam del Sur [21], ni la representatividad del Frente Popular de Liberación [22]. Mientras en Europa continental los reyes consideran que su poder se basa en el apoyo de los señores feudales, con los que serían solidarios hasta la decapitación de Luis XVIº y la implantación de la República Francesa, en Gran Bretaña comprenden que es el mantenimiento del derecho tribal popular lo que les permite conseguir suficiente apoyo contra la nobleza. Una especie de vestigio de la confrontación legendaria de britanos contra anglosajones y normandos. Así los reyes se convierten en sus máximos defensores, sustituyendo a la tribu en la defensa de los derechos individuales frente a los señoríos.

Esto les confiere un poder distinto y mejor cimentado que en el resto de Europa: es el origen de la democracia británica, la colaboración interclasista, que llega hasta el tradeunionismo y el laborismo, y a la supervivencia de la monarquía respecto de la mayor parte de las naciones del mundo, pero también a la asunción del parlamentarismo, lo que se resume en la frase de que “el rey reina pero no gobierna”, que hoy nos parece absolutamente lógica, pero que era incomprensible, una contgradicción, hasta hace muy pocos años, durante el franquismo y las monarquías absolutistas españolas. Y también está en la base de la defensa de la libertad individual, motivo por el que fue excomulgado el monje británico Pelagio. Sus puntos de vista fueron reproducidos por el monje germánico Godescalco, hijo de un conde y entregado de niño a un convento, en el que murió confinado, a pesar de haber sido excomulgado (lo que debería haber roto cualquier tipo de poder eclesiástico, cristiano, sobre él) luchando por su derecho a la libre elección de su estilo de vida, y no a ser esclavizado por la decisión de su padre. Y, a consecuencia de ello, también por sus criterios sobre la predestinación divina, lo que constituye un precedente del lutheranismo.

Numerosos sínodos, durante su confinamiento y tras de su muerte, debieron repetirse para condenar tal doctrina, que se fue extendiendo. Si en el siglo VIIº, Northumbría, apoyada en el asentamiento de la cultura cristiana, en lo que habían colaborado los monjes irlandeses, alcanza la preeminencia respecto de los otros siete reinos británicos, en el VIIIº, Mercia se convierte en el reino preeminente, coronándose sus reyes como si fuesen emperadores anglosajones.


[1] En realidad no hay información fidedigna sobre la muerte del apóstol Santiago. La fuente básica es el “Hechos de los Apóstoles”, evidentemente manipulado. Por lo menos es notorio que está censurado, que falta texto, y se sospecha que se haya modificado o intercalado parte de lo que se presenta como versión actual, dadas algunas incoherencias. Es posible que en los archivos secretos del Vaticano se conserven pruebas de ello o versiones más antiguas. Otras referencias históricas, menos específicas, prueban que alguien del mismo nombre (Yacob) fue Sumo Sacerdote del templo de Jerusalem, que se opuso a la multitud, o al Sanedrim, quizás con motivo del levantamiento contra los romanos, tal vez relacionado con la incautación del tesoro del templo por parte de estos, por lo que fue decapitado, o apaleado, o se le dejó caer por las escaleras del tempo, o se le colgó de la muralla, según las distintas fuentes. O, quizás, todo ello sucesivamente. Si fue así, tanto si se puso de un lado de la insurrección como del otro, o respecto del incipiente cristianismo, influiría en la decisión de éste de separarse como secta de la tradición moisíaca, contituyéndose como religión distinta, en el concilio de Jerusalem. Claro que, siendo Yacob un nombre tan vulgar entre los judíos, bien pudiera tratarse de dos o más personajes distintos. Incluso que ninguno de ellos tuviese ninguna vinculación con los apóstoles.

[2] Con un talante libertario, no conventual.

[3] Que ya nunca más volvería a ser dominada por Roma, nunca se volverían a enviar legionarios a dichas islas: el imperio ya no estaba en condiciones de hacerlo.

[4] Y de sus seguidores senatoriales, de buenas y adineradas familias, en cierta medida, aunque también tenía muchísimo seguidismo popular.

[5] Que las almas estaban almacenadas hasta que se les asginaba un cuerpo, momento en que el demonio las podía corromper, a la venida a la Tierra de éstas, al incorporarse a sus cuerpos, lo que sería una interpretación alternativa al pecado original, que no tendría una base sexual.

[6] Que defendía la unicidad de Dios, considerando meras apariencias las otras personas de la Trinidad, en lo que confluiría con Baruch Spinoza, con catorce siglos de anticipación.

[7] En gallego Os Mártires. Monseñor Guerra Campos alega que esta denominación se transformó en Os Martores, en Pontevedra, donde estarían enterrados. Pero que continúen allí los demás no exime el traslado de Prisciliano a los ancestrales centros de peregrinaje de Finisterre o sus cercanías.

[8] “Fuerte franco”, igual que Frankenstein es “Fortaleza de los francos”.

[9] Delimitación geográfica para su defensa y organización militar, marquesado, a cuyo mando estada un marqués.

[10] “Los universales”. En realidad es una denominación posterior, anacrónica para emplearla en dicha época, lo que se hace frecuentemente por comodidad y delimitación conceptual. Igual que referir el apodo de Papa exclusivamente para el obispo de Roma, cuando se les aplicaba a muchos otros, incluso a los bizantinos, aunque entre éstos se acabó imponiendo el apelativo de Popes, tal vez para diferenciarse.

[11] “Los correctos”, “los rectos”, “los puros” o “auténticos”.

[12] Aharón “El Justo”, conocido como déspota misógino, asesino de sus esposas y aficionado a las narraciones pornográficas, por culpa del cuento de “La mil y una noches”, cuand, en realidad, fue un gobernante ejemplar.

[13] Otra delimitación militar, igualmente de origen romano: el territorio conferido a un comite, “enviado”, “comisionado”, “comisariado” para tal misión, conde.

[14] Puede ser mera consecuencia del desarrollo técnico, social y económico, puesto que ya los romanos tenían el precedente de los colegas, los que regulaban conjuntamente su profesión, por ejemplo los abogados, los médicos, en sus colegios. Pero también pudieron influir las relaciones culturales vinculadas a los flujos comerciales o migratorios, y a los pueblos invasores.

[15] Campesinos-soldados, a los que se les entregaban tierras en propiedad familiar a cambio de que estuviesen listos para la movilización militar inmediata. Innegable antecedente del ejército feudal fronterizo turco.

[16] Recordemos que, en cierta proporción, eran descendientes de los hunos.

[17] Danmark.

[18] Que llegaría hasta el cisma de occidente y al Papado de Aviñón, causa, a su vez, del lutheranismo y anglicanismo.

[19] Castellanizado como Luis el Piadoso. Más bien era un estúpido mojigato, completamente entregado al poder eclesial.

[20] “Ley o Derecho Común”, que se iba extendiendo por toda la isla, excepto Escocia, con independencia de su tribu o raza de origen. Así la burguesía acabó exigiendo una Cámara de los Comunes, desgajada del órgano consultivo medieval. Por el contrario, la aristocracia de origen normando, mantendrá sus derechos a legislación y procesos judiciales, y Cámara separados, de los Lords, con escaños adscritos al territorio, fundo, feudo o título nobiliario, heredables, hasta tiempos muy recientes, democratizados por el Primer Ministro Major, sucesor de Margaret Thatcher, que impuso la obligación de ser elegidos mediante sufragio y eliminó la restricción de que fueran aristócratas, de modo que se convirtió en un simple Senado, perdiendo su carácter estamental originario, aunque conservase dicho nombre, ya anacrónico.

[21] Que, en repetidas ocasiones, había llegado a acuerdos con el Frente Popular de Liberación, o Viet-Ming, que Estados Unidos, su “aliado”, debía anular mediante sucesivos golpes de Estado de militares que les fuesen sumisos, hasta que éstos comprendían la realidad de la situación, y el proceso volvía a repetirse.

[22] Al que los semánticos de la C.I.A. motejaban Vietcong, para resaltar que eran comunistas, como los que tenían el control del Delta del Mekong.

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