1.688: La Declaración de Derechos inglesa

Con tal acúmulo conquistaron Ofen. Jacobo IIº nombró un Gobernador General, agrupando en un solo dominio, mediante control directo, las designadas colonias de la corona inglesa de Nueva Inglaterra (New Hampshire, Massachusetts, Rhode Island y Connecticut) Nueva York y Nueva Jersey. Con ello adquirieron una visión unitaria de rechazo al despotismo británico. En 1.687, la Santa Alianza consiguió la victoria de Mohács, con lo que se logró la expulsión de los turcos de Hungría. Murió el sultán otomano Mejmet IVº. El Chin P’ing Mei, casi un siglo después de haber sido escrito, fue prohibido en China como obra obscena. Aún hoy algunos países europeos lo consideran literatura pornográfica. Sir Josiah Child, gobernador de la East India Company, indicaba que ésta debía ejercer poder civil y militar para asegurar grandes ingresos, y un poderoso dominio británico en la India, bien estructurado e inexpugnable. Sin embargo, sus compatriotas tardarían decenios en asumir tales objetivos. El nacimiento de un hijo de Jacobo IIº abría la posibilidad de una dinastía católica en Gran Bretaña, por lo que la “revolución gloriosa” (por haberse producido sin derramamiento de sangre) inglesa derrocó al rey. El Parlamento, en nombre del pueblo soberano, según se indicaba en el texto, ofreció la corona, en 1.688, a Guillermo IIIº de Orange, Gobernador de Holanda, que era nieto de Carlos Iº Estuardo, yerno y primo de Jacobo IIº, y que desembarcó en Inglaterra con un ejército holandés. Con ello se volvió a constituir la alianza anglo-holandesa, que se podría considerar europea, puesto que unía a ésta a Austria, el Imperio Alemán, España y Saboya en contra de Francia, en donde el derrocado rey encontró refugio. La guerra, que duraría nueve años, se libró en el Palatinado. Los derrocamientos de Carlos Iº y Jacobo IIº, y la coronación de Guillermo IIIº imponían la idea de que la soberanía popular era superior a la del monarca.

El parlamentarismo inglés se hacía, con ello, heredero de la línea “democrática” que, con antecedentes indudablemente tribales, centro y Sudesteuropeos, como parece que existía entre los iberos, pero también entre pueblos celtas y germánicos, y hasta en Africa, materializada en consejos de ancianos, antecesores de los Senados o asambleas de seniles, consideramos basada en la república azeniense, reproducida en muchas polis del ekumene griego, en la República de Roma, las repúblicas renacentistas italianas, la Confederación Helvética, las Provincias Unidas del Norte de los Países Bajos, y que, en un ejercicio mixtificante, recogía la antorcha en la monarquía parlamentaria británica, que alumbraría al republicanismo estadounidense, y a la Revolución Francesa. El Parlamento inglés aprovechó su oportunidad para imponer una Declaración de los Derechos (Declaration of Rights) que debía aceptar como condición previa para la coronación del nuevo rey, a pesar del ejército que traía. Este, acostumbrado a relacionarse, no siempre de forma amistosa, con las instituciones democráticas de su país, y consciente de que no podía comenzar su reinado dando muestras de absolutismo, se vió obligado a aceptar. En ella se establecía que el Parlamento debía aprobar los impuestos, que sus miembros tenían libertad de expresión y que debían ser elegidos por sus propios estamentos, entre otros derechos. La Declaración de los Derechos del Hombre, a la independización de Estados Unidos, y la Declaración de los Derechos del Ciudadano de la Revolución Francesa, se basaban directamente en tales derechos del Parlamento inglés y sus miembros. Y, en estas, la Declaración de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Algo que, historiadores y no historiadores, suelen olvidar, ignorar, desconocer, despreciar u ocultar. Los parlamentarios ingleses quedaron divididos en tories, inicialmente aristócratas agrarios y alto clero anglicano, que defendían el absolutismo monárquico, y whigs, burgueses y puritanos, que propugnaban el parlamentarismo como expresión de la soberanía popular. Con ello, junto al sistema bicameral, se instauró el bipartidismo inglés. Y, tras varios siglos, una nueva dinastía continental se afincaba en el trono insular británico.

Los beneficios de la Compañía de Indias Orientales hacían que las peticiones de suscripciones les abrumasen. Sir Josiah Child, el más influyente en su administración, evitó una ampliación. Sin embargo la oposición parlamentaria consiguió que se declarase el derecho de todo comerciante a participar en la misma, a un mínimo de 5 libras. Murió el aristócrata inglés Robert Boyle, decimocuarto de los quince hijos del conde de Cork, afincado en Irlanda. Expuso que el volumen de los gases es inversamente proporcional a la presión que perciben, lo que se conoce como Ley de Boyle-Mariotte, aunque el químico francés publicase sus propias conclusiones años más tarde. Explicaba este hecho porque los cuerpos estaban formados por átomos y vacío, y que, en el caso de los gases, dicho vacío era elástico. Quizás conociera que los pintores medievales utilizaban el aceite de la planta de tornasol para, mezclado con ácido o con bases alcalinas, obtener diferentes colores, de lo que dedujo su prueba reactiva para, mediante el cambio de coloración, distinguir si una disolución era ácida o básica, y en qué proporción aproximada. Negó la teoría aristotélica, tomada, a su vez, de otros precursores, de que sólo existían cuatro elementos, separando, en cambio, los que consideraba sustancias químicas o elementos simples (y éstos de lo que eran expresiones energéticas físicas, aunque pudieran ser causadas por reacciones químicas, más o menos violentas, como el fuego) que no podían disgregarse en ningún otro, de los compuestos, consecuencia de las reacciones entre dos o más de los anteriores, tal como expuso en su obra “El químico escéptico” (The sceptic chemist) que acaba defnitivamente con las presunciones alquímicas e inicia la química moderna. Fue miembro fundador de la Royal Society. Murió el príncipe elector Federico Guillermo, tras haber convertido a Brandenburg-Prusia en el segundo Estado más poderoso del imperio alemán, sólo aventajado por los dominios personales y familiares del propio emperador, aunque sin haber logrado su objetivo de expulsar a los suecos de Pomerania Anterior. Tras derrotar a los otomanos en Hungría, la Santa Alianza prosiguió su expansión por los Balcanes, conquistando Belgrado. Para ello Polonia tuvo que entregar a Rusia algunas regiones y renunciar a pretensiones jurídicas sobre el territorio ruso.

Por fín Sang-yias Yia-tso hizo público a quién había designado su padre, Lob-sang Yia-tso, como sexto dalai lama, por lo que Tsang-yangt Yia-tso pudo tomar posesión de su cargo. A la muerte de Narai heredó el trono de Siam Fra Fretya, su hermano, que rompió relaciones con los europeos, expulsando a todos los franceses, entre ellos los jesuitas. Rhode Island y Connecticut dejaron de ser colonias de la corona. En 1.689, tanto Pedro Iº como sus amigos de juego habían crecido, por lo que constituían dos regimientos perfectamente entrenados y armados por los sloboda extranjeros. Con ellos podía enfrentarse a la guarnición de Moscú a las órdenes de Sofía, la regente. Sin embargo prefirió no hacerlo, no llevar de nuevo a Rusia a otra guerra civil. En lugar de ello encargó un barco a expertos holandeses. El mismo trabajó en su construcción. Simultáneamente adquirió los conocimientos teóricos necesarios, y se dedicó a viajar. Con ello aún se hizo más consciente del retraso de Rusia respecto de los avances europeos, convenciéndose de la necesidad de implantarlos en su país. Sofia comenzó a maniobrar para que se nombrase a un nuevo zar. Los Naryschkin supervivientes de la matanza no podían consentirlo, por lo que se produjeron enfrentamientos, durante los cuales toda la guarnición de Moscú, los boyardos y los altos funcionarios se pasaron al bando de Pedro Iº, de modo que la regente resultó destronada. Sin embargo los altos funcionarios y la familia materna del teórico zar continuaron ejerciendo el poder, como si sólo hubiese cambiado la forma de ejercer la regencia. Se firmó el primer Tratado entre chinos y rusos, en Niérchinsk, redactado en ambos idiomas, y, además, en latín, manchú y mongol, por el que se establecía la frontera en la región del Amur, soslayando la amenaza del expansionismo de ambos imperios. Actuaron como traductores jesuitas afincados en China.

Guillermo IIIº restituyó la situación anterior a las colonias norteamericanas, lo que supuso demorar sus incipientes deseos independentistas. En 1.690, Rhode Island, notable por su tolerancia y libertad religiosa y la radical separación entre Iglesia y administración civil, Connecticut y Massachusetts recibieron sus cartas de libertad, aunque con algunas modificaciones: el rey nombraría a los Gobernadores, y no sería necesario pertenecer a la Iglesia estatal (congregacionista) puritana para ser ciudadano y poder votar en las asambleas. Junto con Virginia y New Hampshire formaban las charter colonies, por haberse desarrolado a partir de tales cartas de libertad, otorgadas a Compañías capitalistas para su explotación mercantil. Por el contrario Maryland, Carolina, Nueva York, Delaware, Nueva Jersey, Pennsylvania y Georgia eran proprietor colonies, por corresponder a concesiones de privilegios reales a individuos o familias determinados. La Iglesia católica llegó a su momento culminante en China, alcanzado una feligresía de unas 200.000 personas. Lo que significa que no se alcanzó el 1 por mil de su población. El objetivo de los jesuitas, como en el resto de sus misiones “evangelizadoras”, era convertir a personas dirigentes, chinos o manchúes, de gran prestigio, a partir de los cuales realizar bautismos masivos, con tales referencias. En tal aspecto fracasaron en China. Tal vez por el problema de la poligamia. Así que se dedicaron a las masas populares, lo cual les granjeó la desconfianza de los funcionarios confucianos y de las clases elevadas. Sin embargo, su mayor éxito fue en relación a la transferencia de cultura, ya que sus elevados conocimientos de matemáticas, física, medicina, idiomas, cartografía, artísticos, así como fundidores de cañones, causaron admiración a los chinos. En 1.691, los británicos de Nueva Inglaterra conquistaron la Acadia francesa. New Hampshire, Massachusetts, Nueva York y Maryland fueron declaradas colonias de la corona inglesa.

Esto significaba que Maryland quedaba sometida a la Iglesia estatal anglicana, en detrimento de los católicos. K’ang-jsi inició la conquista de Mongolia exterior. En 1.692, la Flota combinada anglo-holandesa destruyó la nueva Marina de guerra francesa, en La Hogue. Pennsylvania y Delaware fueron declaradas colonias de la corona británica. En 1.693, los franceses destruyeron Heilderberg y regiones de Suabia. Hannover pasó a ser el noveno principado electoral. Carlos XIº disolvió la Dieta sueca, cumpliendo sus amenazas, aunque ésta no hubiese dado ningún motivo últimamente para ello. Por todo el país se establecieron pequeñas granjas y fincas reales o censitarias, que aprovisionaban y daban alojamiento al ejército permanente. Las levas se sustituyeron por una estricta recluta dividida por regiones. Se hacían maniobras periódicamente para adiestrar a los soldados. Para costear todo ello, Carlos XIº redujo el patrimonio real enfeudado, decomisando bienes a la alta aristocracia. El círculo de caballeros de Livonia se opuso a tal medida, por lo que el rey suprimió la autonomía administrativa del territorio. En 1.694 murió Sofia. La ficción de la regencia ya no podía mantenerse, de modo que Pedro Iº, que tanta paciencia había demostrado, con 22 años de edad, comenzó a hacerse con el control de Rusia paulatinamente. Nombró para altos cargos a extranjeros del barrio de Sloboda. Por ejemplo, al escocés Patrick Gordon, como consejero y profesor militar, o al ginebrino François Lefort. Y decidió hacer una revolución desde arribar, europeizar Rusia. Obligó a los boyardos a afeitarse la barba, imponiendo un tributo especial a quienes no lo hicieran, del que estaban exentos clérigos y campesinos, así como a vestir a la europea. El año comenzó a contarse desde enero, y no desde septiembre. No se trataba de una reforma planificada, sino de raptos impulsivos y, al mismo tiempo, pruebas de fuerza respecto de la resistencia que habría de vencer.

La Cámara de los Comunes autorizó que todos los ingleses pudieran comerciar con las Indias Orientales, salvo prohibición expresa del Parlamento. Se fundó el Banco de Inglaterra. Murió Safi IIº, siendo sucedido por Jusaín Iº en el trono iraní. Infludo por los dirigentes chiítas ortodoxos inició una persecución contra todos los que no eran mahometanos, y contra las sectas sufí y sunní. Murió Souligna-Vongsa, rey de Laos. Había conseguido reunificar la independizada región de Lan Chang casándose con la hija de su emperador, Le Ttanj-tong, bajo el acuerdo de considerar súbditos de Laos a los que habitasen casas construidas sobre pilotes que tuvieran galerías de adorno, y súbditos imperiales los demás, independientemente de su lugar de residencia. Bajo su reinado llegaron el holandés Gerrit van Wuysthof y el jesuita piamontés Giovanni Maria Leria, que escribieron narraciones del país, entonces desconocido por los europeos, aunque los analistas consideran que no son fidedignas. Pennsylvania y Delaware dejaron de ser colonias de la corona inglesa. En 1.695 murió Christian Huygens, que había sido diplomático holandés en Paris, aunque terminó afincándose en Londres. Esto le permitió conocer y polemizar con los mayores “nuevos filósofos” (científicos) como entonces se denominaban, de su época, pertenecer a la Royal Society y a la Academia de las Ciencias francesa. Perfeccionó lo cálculos probabilísticas de Descartes, por los que éste había ganado fortunas inventando juegos de apuestas no limpios, no equitativos, para divertir a los aristócratas, ideando el concepto de esperanza matemática. Huygens esbozó las bases sobre la derivada segunda. Descubrió las fórmulas de cálculo del movimiento circular y la fuerza centrífuga, lo que tendría importancia en el desarrollo de la Ley de Gravitación Universal, que debía equilibrarla, que, sin embargo, siempre negó. Expuso las teorías del centro de oscilación y del principio de conservación de las fuerzas vivas, antecedente del de la conservación de la energía, centrándose en las colisiones de partículas.

Ayudado por su amigo, el judío sefardí (descendiente de expulsados de Portugal) excomulgado del judaísmo, crítico racionalista de la religión, Baruch Spinoza (también conocido alterando su nombre como Benedict, Benedicto o Benito De Spinoza) como pulidor de lentes, construyó telescopios de hasta 37 metros, aéreo, es decir, sin tubo, sostenido por pilotes y cuerdas, para evitar el combado de la madera, con los que constató la existencia del anillo de Saturno, descubriendo la sombra de dicho planeta sobre él, y cómo cambia su iluminación al trasladarse en su órbita solar; el mayor satélite del mismo, Titán; y, mediante un medidor de ángulos de gran precisión, el tamaño aparente de todos los planetas y satélites conocidos. Que en la Nebulosa de Orión existían estrellas diminutas. Concluyó que la luz, igual que el sonido, podía explicarse como un movimiento ondulatorio (lo que entraba en contradicción con que éste no podía propagarse en el vacío, según se constataría experimentalmente, y la luz sí) con lo que podía calcular y predecir la reflexión y refracción, simple y doble. Todo ello le llevó a una áspera polémica con el agrio Newton, que mantenía la teoría corpuscular, que sí explicaba la propagación de la luz en el vacío, sin soporte para la vibración ondulatoria, aunque no podía explicar la refracción y la interferencia. Las tesis de Huygens resultaron vencedoras, puesto que podían demostrarse muy fácilmente, hasta que Plank y Einstein pusieron sobre el tapete la preeminencia de Newton respecto de la propagación de la luz en el vacío. Muy joven, Huygens solucionó problemas matemáicos, como la forma de una cuerda sujeta por sus extremos, lo que tendrá aplicación para el cálculo de tensiones de las catenarias, imprescindibles para las redes de cableados aéreos o la construcción de puentes colgantes. Construyó el primer reloj de péndulo. Miembro de la Royal Society y de la Academia de las Ciencias francesa, fue profesor de Leibniz. La alta rentabilidad del tráfico esclavista llevaba a los europeos a Africa, descoyuntaba las tradicionales organizaciones tribales, pero daba nuevo poder a las que antes habían demostrado capacidad militar, ambición y la misma falta de escrúpulos que los “civilizados” europeos.

Así ocurrió con Achanti, Dajomey y los yoruba, que se impusieron sobre las zonas y tribus colindantes gracias a las armas de fuego conseguidas con la caza y venta de esclavos. Osei Tutu consiguió un nuevo engrandecimiento de Achanti, por medio de conquistas, sometimientos, negociaciones y federaciones. Mustafá fue coronado Puerta Sublime del imperio otomano. En 1.696  murió Juan IIIº Sobieski. Nuevamente Francia y Austria presentaron sus candidatos al trono. Pero resultó elegido el principe elector de Sajonia, Augusto IIº, apodado “El Fuerte”, mediante elevados sobornos y tras convertirse al catolicismo, expulsando al aspirante francés, el príncipe Conti. K’ang-jsi completó la conquista de Mongolia exterior. Inglaterra creó el Board of Trade, que, junto a la confirmación y el endurecimiento de las múltiples Leyes de Navegación, pretendían reglamentar, restringiéndolo, el comercio con las colonias, ya atosigadas por una balanza o balance comercial negativo y la escasez de capitales inversores, en beneficio de la metrópoli: la falta de adecuada solución a tales problemas originaría el incipiente independentismo americano. Los cristianos aún serían influyentes en Vietnam, a pesar de las matanzas, puesto que su rey volvió a prohibir su religión “opuesta a los principios naturales, perjudicial para la razón y perturadora del espíritu”. De Frontenac, Gobernador de Canadá, consiguió reconquistar Acadia, mientras d’Iberville devastó por mar los asentamientos británicos en Terranova, acabando con los puntos de apoyo de la Hudson Bay Company. Por iniciativa sueca, en 1.697, se iniciaron negociaciones que concluyeron en la Paz de Rijswijk, en la que Francia consiguió dividir a los aliados en su contra, pactando separadamente con Inglaterra, Holanda y España, que recuperó casi todas sus “reuniones”, la más importante de las cuales era Luxemburg. Luís XIVº logró mantener Strassburg y Alsacia, aunque tuvo que devolver las demás “reuniones”, como Lorena, que volvió a restablecerse en ducado, y varias ciudades alemanas, que pasaron de nuevo al Imperio. Todas las fortalezas de Francia en la orilla derecha del Rin debieron ser demolidas. Tales cesiones demostraban que la hegemonía francesa había llegado a su agotamiento, y comenzaba su declive.

El príncipe Eugenio de Saboya derrotaba a los turcos en Zenta, por cuenta de Austria, consolidando con ello la doble monarquía austro-húngara, recién constituida. Los otomanos perdieron Transilvania y sufrieron la rebelión de los cristianos balcánicos. Sin embargo, cuando se dirigía a Sarajevo, el emperador detuvo al príncipe de Saboya, porque las noticias, que resultaron prematuras, de la inminente muerte de Carlos IIº de las Hispanias, hacía prever la inmediata guerra con Francia. Carlos XIIº sucedió a Carlos XIº como rey de Suecia. Aunque era menor de edad, dadas las negativas experiencias anteriores, aquel mismo año fue declarado mayor de edad. Su hermana se casó con el duque de Holstein-Gottorp, que intentaba librarse de la soberanía danesa, en lo que implicó a Suecia. Tras derrotar al candidato francés, electoralmente y en el campo de batalla, Augusto, principe elector de Sajonia, se proclamó rey de Polonia, como Augusto IIº. Mustafá nombró visir a Jusein Köprülü. Rusia pretendía un acceso al Mediterráneo a través del Mar Negro, por lo que conquistó la fortaleza de Azov a los otomanos. Tras comprobar que los beneficios conseguidos en Vietnam no colmaban lo esperado, los ingleses cedieron la zona de influencia a los holandeses, quienes tampoco constataron grandes perspectivas, dadas las limitaciones impuestas a su comercio, que se limitaba a vender mercancías de lujo a la Corte y armas a los bandos rivales, los Trinj y los Nguyen, quienes casi siempre acababan venciendo. Un nuevo amotinamiento de la guarnición de Moscú, en 1.698, dio a Pedro Iº la oportunidad que esperaba, vengándose de ellos con extrema violencia. En 1.699 murió Cristián Vº, sucediéndole Federico IVº como rey de Dinamarca. El revanchismo danés le llevó a buscar alianzas en el Este europeo contra Suecia. Austria dejó de llevar las riendas de la política del equilibrio de poderes, esbozada en el entorno renacentista italiano, para ser sustituida por Holanda y Gran Bretaña, sobre todo por el impulso antifrancés que tanto Oliver Cromwell como Guillermo de Orange, que consolidó la política del equilibrio, habían instigado. Cada vez que un Estado continental alcanzaba la preeminencia, los demás encontraban en Gran Bretaña un aliado contra ella. De esta forma se convirtió en árbitro de la política europea.

Todo el Continente, dispuesto a ensarzarse en guerra por el trono de España, no tenía interés en reactivar la Santa Liga. Así que se firmó el Tratado de Paz de Karlowitz con Turquía, por el que Austria se quedaba con Hungría, incluida Transilvania, aunque sin Temesvar, Croacia y gran parte de Eslovania, con lo cual conseguía su ansiada salida al mar, haciendo retroceder las fronteras otomanas hasta antes de Solimán “El Magnífico”. Sin embargo, tal Tratado no trajo la paz en dicho Frente, hasta que las guerras napoleónicas obligasen a relegarlo. La decadencia otomana estimulaba las ansias expansionistas, a su costa, de Austria y Rusia. Francia y Suecia, sobre todo esta última, enemigas de las anteriores, la apoyaron e incluso la sonsacaron a nuevas guerras. En cambio Holanda e Inglaterra, a las que había concedido privilegios comerciales para contar con su apoyo marítimo, se limitaron a impedir un desequilibrio de poder en la zona, por medios diplomáticos. Mientras tanto, Rusia surgía como gran potencia. En principio en sustitución de la decadente Suecia, pero, poco a poco, integrándose en el entramado de las alianzas europeas, hasta llegar a alcanzar una destacada posición continental, especialmene por el impulso de Pedro “El Grande”. Necesitado constantemente de tropas en la frontera, el imperio otomano no pudo controlar las levantiscas provincias, de las que los señores locales se hicieron dueños, imponiendo tributos suplementarios, en su propio beneficio, que aumentaban el desempleo y la hambruna, lo que favorecía las epidemias de peste y el odio hacia todo lo turco. Comprendiendo lo que ocurría, Pedro Iº, a sugerencia de Augusto “El Fuerte”, rey de Polonia, formó con ésta y con Dinamarca una liga contra Suecia, de la que esperaba conseguir la salida al Báltico, ya que, de momento, resultaba imposible respecto del Mar Negro. En Hispanoamérica los yacimientos minerales empezaron a agotarse. Entonces comenzó a dársele importancia a la explotación agraria.

Si la tierra no hubiese estado en manos de latifundistas su pregresión habría sido muchísimo más elevada. Los campesinos eran en su inmensa mayoría mestizos e indios. Se fueron afincando en las zonas rurales recientemente colonizadas, igual que antes los centros de crecimiento poblacional habían sido las explotaciones mineras, necesitadas de provisiones agrícolas. Conforme los yacimientos se agotaban los mineros emigraban a otros nuevos, y, con ellos, lo hacían cierto número de colonos, que, con su esfuerzo, roturaron muchas zonas incultas. Así, en las montañas del Norte de Méjico, se realizó una portentosa colonización. Es característico de Hispanoamérica este sucesivo poblamiento y despoblamiento migratorio. Las tierras cercanas a los núcleos poblacionales, generalmente minifundistas, se dedicaban a la agricultura de consumo: maiz, mandioca, patata (que se extendía desde las montañas chilenas hasta el altiplano central mejicano) plátanos o bananas, y yuca, base alimenticia de los indios, además de los cereales del Viejo Continente introducidos por los españoles, que supusieron un gran avance en las técnicas de irrigación. Los productos “coloniales” y “ultramarinos” (azúcar, café, cacao, vainilla, tabaco, algodón) para ser exportados provenían de grandes plantaciones. En 1.700 murió, sin hijos, el inepto Carlos IIº de las hispanias, que había decidido testar por el príncipe francés, contraviniendo la tradicional alianza imperial española, que hubiese supuesto la continuidad de las guerras. Es decir: era una apuesta por la paz. Por la paz con Francia. Todas las monarquías europeas ya habían forjado planes para este esperado evento. Los candidatos que reunieron más apoyos fueron el archiduque Carlos de Austria y Felipe de Anjou, nieto de Luís XIVº. La corona española llevaba implícita, además de Flandes, todo su imperio colonial: un verdadero premio para quien la lograse.

Guillermo IIIº de Inglaterra, defendiendo los intereses de las potencias navales sobre las que dominaba, pretendía el reparto del imperio español, lo que hacía practicable la conquista de tales colonias. Argumentaba que era el único medio de mantener el equilibrio de poderes europeo. Y no le faltaba razón. Aunque era una propuesta manifiestamente interesada, para sus ambiciones. Austria, absurdamente, se unió a los que pretendían el repartimiento. Tal vez con la intención de conseguir el apoyo británico. Suiza, incumpliendo su compromiso de neutralidad, se opuso a Francia. A cambio del permiso para considerarse reino en las regiones de Prusia oriental, fuera de los límites del Imperio, coherente con la potencia alcanzada, Brandenburg se comprometió con éste a proporcionar tropas si terminaba estallando la guerra de Sucesión hispana. En la disputa por la herencia del principado de Neuenburg, en Suiza, Luís XIVº tenía mejor derecho que el rey Federico Iº de Prusia y príncipe elector de Brandenburg, pero Berna ayudó a éste a conseguir sus propósitos. En este ambiente de beligerancia, Francia concluyó que debía abandonar sus pretensiones en el extremo oriente. Tras conseguir la alianza de los ambiciosos Augusto IIº “El Fuerte” de Polonia y Sajonia, que pretendía adueñarse del Sur y Este del Báltico, y Pedro Iº de Rusia, que deseaba un acceso a dicho mar, ya que había renunciado, transitoriamente, a conseguirlo en el Mar Negro, a costa de los turcos -puesto que Austria se había retirado de la coalición anteriormente formada- Dinamarca declaró la guerra a Suecia. Polonia atacó a los suecos en Riga, dando comienzo a la guerra del Norte, que duraría 21 años. Para conseguir la integración de Brandenburg en tal alianza, Augusto IIº tuvo que reconocer el derecho del príncipe elector a proclamarse rey de Prusia, sin el consentimiento de la aristocracia polaca. Carlos XIIº resistió en sus posiciones y atacó por sorpresa a Dinamarca, que tuvo que aceptar la paz. También derrotó al zar en Narva, con lo que dislocó la coalición.

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