0451-Sin haber sido conquistada por Roma, en una Europa barbarizada, la conventualidad irlandesa se convierte en refugio del saber greco-romano

En contrapartida, el monasterio se comprometía a dar misas, hacer de hospital y escuela de dicho pueblo. De tal modo los monjes irlandeses se convirtieron, al menos para el pueblo en que vivían, en verdaderas eminencias. Desarrollaron el gusto por el saber y la divulgación científica y artística, cuando los obispos de Europa occidental eran mayoritariamente incultos. Dominaban el griego y propagaron el platonismo y el neoplatonismo. Cuando el cristianismo se había acomodado a sus respectivas poblaciones, los monjes irlandeses asumieron la evangelización de los germanos, extendiendo por el Imperio de Occidente sus monasterios y su visión de la cultura, cuando se consideraba que saber leer era propio de mujeres, de romanos, de “paganos”, algo poco viril, indigno de un guerrero. Al contrario de lo que se hacía en el resto de Europa, donde, siguiendo el modelo del cristianismo primitivo, y éste de los esenios, la confesión era pública, los irlandeses consiguieron imponer la confesión privada. A la propagación monacal colaboró la costumbre de los reyes y dirigentes comunales irlandeses de abdicar y retirarse a los claustros. Los monasterios estaban rodeados de gruesas tapias y su construcción era de tipo piramidal, sin ventanas al exterior.

Se construyeron cruces monumentales en piedra, de hasta 9 mtrs. de altura, sobre un podio o peana piramidal, con sus brazos como radios de un círculo o circunferencia centrado en la intersección de los mismos. En todas las paredes monacales se representaban, en bajorrelieve, escenas bíblicas, para su divulgación entre una población analfabeta, adaptando, en su conjunto, un aspecto similar a los pórticos en piedra de las estupas del arte gupta hindú. En el 434, Atila y Bleda, hijos de Mundzuk, se establecieron en Hungría, dominando toda la Europa no romano-cristiana, desde el Báltico hasta el Rin y el Danubio, excepto a los burgundios. Se trataba de un Estado federal, que incluía a los ostrogodos, gépidos, lombardos y eslavos. En Occidente, Aecio estaba encarcelado, acusado de conjura para derrocar a Valentiniano y su madre, Gala Placidia, quien terminaría de convertir en basílica de San Juan el palacio Laterano, futuro Letrán. Comprendiendo el peligro huno y la valía de Aecio, le volvió a entregar el mando militar. Guntjer, de la tribu de los gibicungos [1], rey de los burgundios, avanzó hacia el Norte, sobre la actual Bélgica, tal vez por incitación de Aecio.

Atila se vio impelido por sus aliados al cumplimiento de su compromiso de protección -el pacto de vasallaje- respecto del ataque de los burgundios. No hacerlo supondría el fin de la federación, pero dividir su ejército sería atraer al Imperio de Oriente contra ellos, para que los aniquilasen. Se le ocurrió una idea mejor: envió a Aecio parte de sus tropas, contra pago como mercenarios, a condición de que las emplease para detener a los burgundios, que habían incumplido su pacto con Rávena. Quizás con la intención de que aquellas aprendiesen las tácticas del mejor General de su época, pero también de distraer la atención de éste, alejarlo del escenario elegido por Atila para su avance, o llevarlo a una trampa. Sin embargo Aecio venció a los burgundios con pasmosa facilidad, en el 436, degollando a gran parte de ellos, incluido su rey y toda su familia [2]. En el 438, Teodosio [3] IIº promulgó el Codex Theodosianus, que recopilaba todos los decretos imperiales desde Constantino, lo que después imitarían tanto los germánicos como Justiniano. En el 439, los vándalos conquistaron Cartago.

El Imperio comprendió que debía aceptar la independencia de éstos: no eran federados, sino conquistadores, no se repartieron el país según la regla de la “hospitalidad” de los romanos, sino que expropiaron a éstos y a la Iglesia católica lo que se les antojó, originando una rápida diferenciación social, una clase dirigente no militar, con lo cual desapareció entre ellos la estructura germánica de castas, lo que tendría consecuencias negativas respecto de su supervivencia futura. No se distribuyeron por las campiñas abiertas, como solían hacer los bárbaros, manteniendo su vida tribal y su sentido de horda, sino que se concentraron en torno a las mayores ciudades. Es decir, tenían conciencia clara de afincamiento, y no de situación transitoria. Así, en el 442, Rávena reconoció la soberanía de dicho Estado germánico, el primero que lo logró, a cambio de que se concentraran en la actual Túnez, abandonasen Mauritania (o sea, el actual Marruecos) respetasen la Tripolitania, y asegurasen el suministro de cereales a Roma. A los burgundios supervivientes los reasentó Aecio en Saboya, con capitalidad en Ginebra, en el 443, como federados, lo que conllevaba su vasallaje y la obligación de colaborar recíprocamente en sus necesidades bélicas.

Sin embargo consiguieron expandirse hacia el Norte, lo que hoy llamamos Borgoña, por tal hecho. Los alamanes se establecieron en las regiones que habían abandonado los burgundios, alrededor de Worms. Genserico eliminó el derecho a la asamblea de la nobleza vándala, imponiendo su poder absoluto en cuestiones militares y civiles, y sustituyó la monarquía electiva por la sucesión dinástica, todo ello a imitación del retroceso ocurrido en el Imperio Romano-Cristiano, en que cualquier atisbo de democracia, si quiera fuese estamental, oligárquica, había sido sustituido por la tiranía. Lógicamente hubo descontentos entre los germánicos tradicionalistas, posiblemente alentados por la jerarquía católica. Genserico aplastó brutalmente cualquier levantamiento, expulsó a los obispos y limitó el culto católicos. En el 445, Atila asesinó a Bleda, quizás por desavenencias sobre si debían implicarse en atacar a los romanos o no. Desembarazado de éste, invadió los Balcanes, arrasando Moesia y Tracia. Teodosio IIº se vio obligado a pactar: les “entregó” ambas orillas del Danubio, que ya habían conquistado por sí mismos, y les pagó fuertes impuestos.

Tal vez en las negociaciones dio a entender que todo el Imperio de Oriente era tributario suyo, puesto que, al igual que los demás federados, éste le pagaba impuestos. Con ello hacía innecesaria una mayor penetración de las tropas hunas. Sobre esta época aparecen las primeras pruebas de que, a consecuencia de las relaciones comerciales y militares con Corea, se comienza a utilizar en Japón el alfabeto chino, que abre las puertas a la asimilación cultural, científica, legislativa y de organización burocrática de un Estado centralizado. En el 450 murió Teodosio IIº, sucediéndole su cuñado, el General Marciano, esposo de Pulqueria, hermana de aquél. Simultáneamente se extendía el monofisismo, impulsado por Dióscuro, patriarca de Constantinopla. Partía de la argumentación contra el nestorianismo, considerando que la sustancia divina de El Cristo habría absorbido a la humana, de naturaleza inferior. Como consecuencia, ésta, su fisiké, sería único y divino. Parecía bastante lógico y no podía atacarse desde lo manifestado por el credo nicense. Así que, en el 451, Marciano, emperador de Oriente, convocó el concilio de Calcedonia (Jalkedón, en Bitinia, en Turquía, frente a Constantinopla) para condenar dicha herejía y a sus impulsores, deponiendo a Dióscuro.

El resultado fue la escisión (cisma) de todas las antiguas Iglesias Orientales: la Copta (egipcia) la Apostólica Armenia, la Jacobita y la Ortodoxa Malankara, de la India. Veinte años antes, el concilio de Efeso (en Turquía) convocado por el emperador de Oriente, Teodosio IIº, al condenar a Pelagio [4], había resultado en la escisión de la Iglesia Católica Apostólica Asiria del Oriente, que ni reconoce a éste ni a ningún concilio posterior. Las disputas teológicas, en momentos tan dramáticos, podían tener trágicas consecuencias. Así, cuando se iniciaron movimientos para sustraerse a la autoridad del obispo de Roma, como ya había ocurrido con los donatistas o iluminados en Africa, Valentiniano promulgó un edicto por el que decretaba el primado de la cátedra de San Pedro en Roma sobre toda la Iglesia en el Imperio Romano-Cristiano de Occidente.

Justa Gratia Honoria, hija de Gala Placidia y Constancio IIIº, tal vez idealizando las narraciones amorosas de su madre con el rey visigótico, descontenta por el ambiente cuasimonacal en que la hacían vivir, o porque, siendo tan ambiciosa como su madre, creía que Atila llegaría a ser más poderoso que el emperador, a conquistar el resto del Imperio de Occidente, le escribió proponiéndole matrimonio. Atila comprendió las ventajas que se podían derivar de ello, de forma que así la pidió a Valentiniano IIIº, su hermano, el cual, también consciente de lo que eso podía suponer, se la denegó. Al mismo tiempo, quizás por instigación de Aecio, que se mantenía al frente de las tropas galas, el emperador Marciano dejó de pagarle tributo. Atila identificó claramente dónde estaba el peligro, atravesó el Rin con un gigantesco ejército, fundamentalmente formado por sus aliados germanos, y llegó hasta el Loira. Aecio le hizo frente en la comarca de Campi Catalaunici [5] al mando de tropas mayoritariamente mercenarias, formas das por alanos, sármatas, burgundios, francos y visigodos. En dicha batalla murió el rey de éstos, Dietrich Von Bern [6]. Atila quedó cercado por sus propios carromatos, lo que le impidió comunicarse con el resto de sus tropas, siendo derrotado.

Pero Aecio no le persiguió, permitiéndole que regresase a Hungría en el 452. Tal vez porque esperaba que dicha labor la hiciesen los federados de los hunos, que, tras la derrota de éstos, lo más lógico es que rompiesen su alianza. O quizás porque temía del poder conseguido por los germanos, y quería elegir entre dos posibles coaliciones, en caso de necesidad. O porque comprendió que su propia vida dependía de que el peligro huno permaneciese vigente. Si fue así se equivocó, porque, quizás por su negativa a exterminarlos, o temiendo el prestigio popular que había conseguido, Valentiniano y su madre lo asesinarían. Atila consiguió mantener el respeto de sus aliados, pero no que le pagasen impuestos, por lo que su pueblo pasó hambre. Así que, ese mismo año, atravesó los Alpes, saqueó Aquilea (se supone que es la actual Venecia) y se dirigió a Roma. El Imperio Romano-Cristiano de Oriente aprovechó la ocasión para recuperar la frontera del Danubio. Quizás por la desnutrición, por el esfuerzo de la travesía y el brusco cambio de clima, o por los insalubres pantanos del Véneto, la epidemia se cebó con el ejército de Atila.

El Sumo Pontífice San León Magno, que conectó políticamente con los países atacados por las tribus germánicas, en el 453 evitó el saco de Roma, negociando la retirada de Atila. Según algunos autores a cambio de un inmenso tesoro [7]. Según otros asustándolo con todas las insignias y potestades eclesiásticas, acudiendo rodeado de incienso, en silla gestatoria, llevada a hombros por sus subordinados, seguidos de portadores de inmensos abanicos de plumas de avestruz [8], en medio de la bruma de tierras pantanosas. Atila fue asesinado en el 453, tras su matrimonio con Jildiko [9], de la que se sospecha. Algunas tribus hunas [10] permanecieron en Hungría, a la que dieron nombre, mestizándose con tribus germanas o esteparias, como los ávaros. Pero la mayoría, dirigidos por los hijos de Atila, Dengizich e Irnek, se retiraron al sur de Rusia, donde se mestizaron con los turcos tártaros, originando el pueblo búlgaro actual. Al visigodo Teodorico El Grande le sucedió Teodorico IIº, que continuó luchando contra los suevos, por orden de los romanos. En el 455 fue asesinado Valentiniano IIIº, sin dejar descendencia, con lo que se extinguen las dinastías teodosianas. Le sucedió el senador Petronio Máximo.

Si se pretendía con ello recuperar el poder civil, volver a las instituciones republicanas, ni eran el momento ni el personaje oportuno. Los burgundios expandieron los territorios que se les habían asignado, conquistando Lyon, hasta la costa. Genserico había pactado con Valentiniano un matrimonio dinástico entre ambos imperios, pero el asesinato de éste lo impidió [11]. Su Flota dominaba y pirateaba el Mediterráneo: conquistó las islas Baleares, Córcega y Cerdeña, atacó e incendió las costas griegas, desembarcó en el Tíber y saqueó Roma durante varios días. Todo lo cual iba a ser antecedente de la futura piratería berberisca. Además de un gran botín, se llevó tesoros artísticos, e incluso a los propios artistas. Con ellos los vándalos embellecieron Cartago, llegando a la fastuosidad que hoy muestran sus ruinas, comparable a la Roma coetánea, cuyo dominio mantuvieron. Por ello se acuñó la expresión vandálico, que, por tanto, en parte es injusta: hacían lo mismo que los demás bárbaros, e incluso que los romanos, antes y después, pero, igual que éstos, habían adquirido un infrecuente gusto por el arte y la belleza.

Genserico también se llevó a Africa a la viuda y la hija de Valentiniano IIIº, casando a ésta con su hijo Junerico, lo que justificó en el anterior pacto matrimonial no materializado. El Imperio de Oriente, envuelto en luchas intestinas, confrontaciones teológicas –bizantinismos- y ataques a sus fronteras, no pudo evitar nada de lo que ocurría ni influir en ello. En el 457, Mayoriano sustituyó a Petronio Máximo, al que se culpó de no haber impedido la conquista de Roma. El nuevo emperador intentó expulsar a los vándalos, en lo que fracasó, por lo que nombró jefe del ejército al suevo Ricimer o Ricimero, cuya primera medida fue sustituir al emperador por Libio Severo. A la muerte de éste, León Iº, emperador de Oriente, designó emperador de Occidente a Antemio, General de Oriente. Ambos intentaron acabar con la Flota vándala, que continuaba sus conquistas y su pirateo, enviando a la suya, formada por 1.000 naves, que transportaban 100.000 soldados perfectamente entrenados, bajo el mando de Basilisco, cuñado de León. Mientras tanto se envió a Marcelino, patricio de Dalmacia, a reconquistar Cerdeña, y tropas egipcias y libias, al mando del prefecto Heraclio, directamente contra Cartago.

Genserico comprendió la superioridad del dispositivo y pidió 5 días para convencer a sus nobles de que debían rendirse. Pero por la noche los vientos cambiaron, lo que aprovechó para incendiar todas las naves orientales. Los vándalos reconquistaron Cerdeña y todo quedó igual. Los jutos se habían asentado en lo que hoy llamamos Jutlandia. Al Sur de ellos los anglos, en Schleswig, en la desembocadura del Elba. Y al Sur de ellos los sajones, saxos o sachsen. Según una narración, posterior en casi tres siglos, del monje benedictino San Beda, al quedarse Britannia desguarnecida de tropas romanas, Vortigern de Kent les pidió ayuda para derrotar a pictos y escotos. Y así lo hicieron. Pero, después, también expulsaron a los celtas britannos, hacia el Oeste, e incluso, obligaron a algunos a cruzar el Canal de la Manga [12] y establecerse en lo que hoy conocemos como Bretaña francesa. Es lo que suelen hacer casi todos los extranjeros a los que se pide “ayuda”. Debían ser gentes de tradición marinera, puesto que continuamente recibían refuerzos de sus zonas de procedencia, y utilizaron las cuencas fluviales para su expansión.

Los jutos ocuparon Kent, los sajones Sussex, Essex, Middlessex y la mayor parte de la costa Sur, y los anglos, tal vez en coalición con los frisones, la costa Este, hasta el estuario del Humber. El visigodo Teodorico IIº no sólo luchaba a las órdenes de los romanos, sino también en su propio beneficio, consiguiendo salida al mar Mediterráneo francés, en el 462, para su reino. Cuatro años después fue asesinado por su hermano Eurico, un ambicioso sin escrúpulos, hábil político y fanático arriano, que le sucedió en el trono. Fue él el verdadero fundador del reino visigodo, luchando contra la aristocracia galo-romana y los obispos católicos. Expandió su reino hasta el Ródano, por el Norte, y, paulatinamente, por casi toda Hispania, empleando muchas veces años enteros en el sitio de las ciudades fortificadas. En el 470, el rey vándalo Genserico y el visigodo Eurico se aliaron contra ambos imperios romano-cristianos. En el 472, durante unos disturbios callejeros, murió en Roma el emperador Antemio. Le sucedió Anicio Olibrio, a quien Ricimer ordenó asesinar. Le sucedió Julio Nepote.

En el 474 fue coronado Tarasicorisa, que adoptó el nombre de Zenón, como emperador de Oriente, por el Patriarca de Constantinopla: era la primera vez que un Patriarca coronaba a un emperador y no al revés. Concertó también con Genserico el reconocimiento de la independencia y paz eterna de su reino, a cambio de que eliminase sus medidas anticatólicas, entre ellas devolviendo sus propiedades a la Iglesia de obediencia romana –nada se pactó respecto de las propiedades seglares- y permitiese el retorno de sus obispos. Comprendió que los monofisitas dominaban las más ricas provincias orientales, por lo decidió seguir con ellos una inteligente política de tolerancia, que, a su vez, debía garantizar la unidad política, no sólo del Imperio, sino de Europa. Le apoyó en ello Acacio, Patriarca de Constantinopla. Pero no el Papa. En el 475 toda Hispania, excepto Galicia, en poder los suevos, y el País Vasco, que se mantenía independiente, como organización tribal, sin unidad política, estaban ocupada por los visigodos, por lo que ambos emperadores, Nepote y Zenón, reconocieron a Eurico como soberano de tales territorios, con capitalidad en Tolosa. Nepote fue depuesto por el General Orestes, descendiente de germanos, quien hizo nombrar augusto a Flavio Rómulo, hijo del anterior.

El ejército le llamó “augústulo” [13], en un despectivo juego de palabras, y se llegó a un acuerdo de repartirse Italia, lo único que quedaba del Imperio de Occidente, y ni siquiera completo, entre los militares. Lógicamente, el augusto se opuso a tal reparto de “su imperio” entre los bárbaros, por lo que el ejército nombró soberano al General Odoacro, príncipe esciro [14] y jefe de los hérulos [15], quien, en el 476, logró conquistar Rávena, deponiendo a Rómulo. Posiblemente intentó que se le nombrase emperador, pero sólo se le aceptó como virrey, es decir, bajo el mando de un jefe superior. Sin embargo, con el apoyo del Senado romano y el Papa Félix IIIº, logró mantener parcialmente la unidad. Ya no volvería a nombrarse a ningún otro emperador de Occidente, cuyo imperio desaparece de la Historia. Nepote fue asesinado en Dalmacia, a donde había huido tras ser depuesto. Odoacro lo utilizó como justificación para conquistar esta provincia, que dejó de pertenecer al Imperio de Oriente. Los ostrogodos habían nombrado rey a Dietrich /Teodorico, que había pasado su juventud en la corte de Constantinopla, donde fue llevado como rehén.

En sus imágenes aparece con lujosas vestimentas bizantinas y corte de pelo al estilo godo, demostrando su intención de utilizar ambos medios de poder.


[1] ¿Será el nombre de esta tribu, posteriormente deformado por las tradiciones orales, el origen semántico de los nibelungos?

[2] Coincide con el relato de la saga de Guntjer, del cantar de los nibelungos.

[3] O Zeodosios

[4] Un monje britano o irlandés, admirado por su santidad, pero que nunca fue clérigo, que dejó el monacato y mantuvo que la gracia divina no podía ser causa de salvación, puesto que eso sería acabar con el libre albedrío, convertir a la Humanidad en autómatas de Dios, hacerla irresponsable de sus actos e injusta la justicia divina, que así salvaría a unos y condenaría a otros sólo por su capricho: lo mismo que mantendría la Iglesia Católica mil años después respecto de las herejías previas y agrupadas en el lutheranismo. Algunos historiadores mantienen que sus restos, tras ser decapitado, son los que se conservan en Santiago de Compostela, a donde lo llevarían sus adeptos, bajo la creencia de que se trata del apóstol.

[5] La similitud semántica con Cataluña no puede ser más clara, sin embargo desconozco ninguna relación entre dichas zonas geográficas, salvo que en ambas estuvieron asentados los visigodos. Dicho nombre se ha deformado actualmente en Champagne, castellanizada como Campania, Campaña, Champaña o Champán, especialmente su vino espumoso, invento monacal.

[6] Castellanizado como Teodorico El Grande ¿de Berna?

[7] Lo que volvería a repetir el 455 respecto de los vándalos, aunque en dicha ocasión no le dio ningún resultado: el astuto Genserico se quedó con el soborno y, además, saqueó e incendió Roma.

[8] Todo ello al más puro estilo faraónico, como el que, según algunos historiadores, llevó Cleopatra VIIª a Roma cuando fue a convivir con Julio César, embarazada de él, uno de los motivos por los que éste pudo ser asesinado.

[9] La Crimilda o Brunilda de las leyendas de Sigfrid. Los nibelungos, los enanos del Rin, con su oro, su tesoro, posiblemente el recibido de San León ¿incluiría también el anillo papal? muy bien pueden ser los propios hunos, ya que éstos y sus caballos eran de pequeña complexión, aunque muy resistentes y sufridos.

[10] Mayoritariamente los magiares.

[11] ¿Sería ésta la causa de dicho asesinato?

[12] Para los ingleses el Canal Inglés, para los franceses de la Manche, que incorrectamente castellanizamos como “de la Mancha”.

[13] Es decir, “emperadorcillo”. Que el primer rey, el legendario Rómulo, y el último augusto de Roma llevasen el mismo nombre puede haber influido en que la profecía de San Malaquías termine con Petrus Romanus (ver http://rescatextos.blogspot.com.es/2013/07/las-profecias-de-san-malaquias-un.html y http://rescatextos.blogspot.com.es/2013_03_01_archive.html, publicados por mi hijo) reproduciendo el nombre del legendario primer obispo de dicha ciudad, y que debe corresponderse con el actual Francisco Iº.

[14] O esquiro. Se trata de una tribu germánica que emigró de Polonia a los Cárpatos, donde fueron absorbidos por los hunos, hasta que, al disolverse dicha confederación, quedaron de nuevo libres.

[15] También germánicos procedentes de Escandinavia y aliados de los godos.

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