1.812: La segunda Constitución Española, la de Cádiz

De Miranda, al que los acontecimientos ya habían desengañado de su ambicioso proyecto de una Colombia unificada, y se conformaba, por entonces, con la consolidación de una república moderada en Venezuela, fue enviado a sofocar la insurrección antirrepublicana en Valencia, que resistiría año y medio de sitío. A partir de 1.812, la mortandad sufrida por su ejército, y el descenso de natalidad que provocaba una movilización militar tan numerosa y prolongada, hizo imposible a Napoleón disponer del 1.300.000 hombres con que contaba 6 años antes. En Cádiz, en la que, tras haberse reunido en Sevilla, se refugiaron las Cortes, se debatía la segunda Constitución española, fue sometida a un prolongado bombardeo, aunque resistió. Huyendo de él, los constituyentes pasaron en barco a Puerto Real, que había sido ignorada por los franceses. De forma que, puesto que se aprobó la Constitución el 19 de marzo, sus partidarios, para evitar represalias cuando fueron perseguidos, gritarían “¡Viva la Pepa de Puerto Real!”, por oposición a “Pepe Botellas”, motejo a José Bonaparte porque elevó el impuesto del alcohol, intentando disminuir su adicción entre los más pobres, así como aumentar la recaudación para ayudar financieramente a su hermano en sus guerras, a lo que se oponía reiteradamente, en defensa de sus súbditos. Aunque hay historiadores que mantienen que tal grito era falso, un invento imaginativo posterior. Estaba inspirada en la primera Constitución de la Francia revolucionaria, de 20 años antes. Establecía la división de poderes, con unas Cortes elegidas por sufragio universal masculino, que representaba la soberanía nacional, por encima de la voluntad del monarca. Reconocía diversas libertades y derechos humanos. Ha sido una de las Constituciones más liberales que ha tenido España. Posiblemente por la conspiratoria manera en que sus diputados fueron electos, muy sesgada (más bien autoproclamados) entre los que debió existir una elevada proporción de masones, con absoluto olvido de los menos politizados y la clase dirigente, que obedecía y consideraba legítimo a José Iº, lo que excluía a todos los conservadores, se adelantaba en exceso a su época, por lo que carecía de una base social adecuada en la que sustentarse. Esta sería su inmensa dificultad para llevarla a la práctica, por lo que su aplicación fue efímera.

Como no era consecuencia de un proceso revolucionario propiamente dicho, ni francesa, ni impuesta por Napoleón, sino por los que lo rechazaban como ocupante del país, y, a pesar de ello, era bastante radical respecto al liberalismo, al tiempo que, dada la alta participación de eclesiásticos de baja jerarquía (habían tenido mayor facilidad de movimiento y despertaron menos sospechas para acudir a su convocaoria; la alta se mantuvo fiel a José Bonaparte, lo que se olvidaría dos años después) en las Cortes de Cádiz, planteaba una equilibrada relación con la Iglesia católica, por lo que sería imitada por otros países. Especialmente por los futuros Estados de Hispanoamérica, tras su independencia, más que la Constitución estadounidense, difícil de entender para mentalidades reglamentistas, basadas en la Ilustración y un imperialismo controlador. También se imitó en algunos Estados italianos. Pero dicha Constitución no fue la única obra de las Cortes de Cádiz. Igual que había hecho José Iº (e intentó Godoy, el cual también dio una Ley autorizando el regreso de los sefardíes, posteriormente anulada al retorno al absolutismo, como casi todas las medidas liberalizadoras, lo que es de actualidad, puesto que, a semejanza de lo concedido por Estados Unidos a los israelitas con ascendientes de dicho país, Ruiz Gallardón les ha concedido la doble nacionalidad, como a los hispanoamericanos, lo que ha desatado un increíble número de peticiones) abolió la Inquisición, los vínculos entre señores y vasallos, los privilegios estamentales y la diferente condición jurídica relacionada con la alcurnia. Fue nombrado Primer Ministro el tory, es decir, conservador, Robert Banks Jenkinson, conde de Liverpool. George Stephenson, un peón minero que había aprendido a leer a los 18 años, inventó una lámpara de gas de seguridad, que se apagaba en presencia de gas grisú, antes de que éste explotara o intoxicase a los obreros. El príncipe Bernadotte, como no podía ser de otro modo, se encontró con una áspera oposición hacia su persona, que lo consideraba un esbirro de Napoleón. Debió esforzarse en demostrar su independencia respecto de éste y su lealtad a Suecia, su nuevo país. Así, junto con la enfermedad del rey, logró hacerse con la política exterior, incluso con el control del Gobierno. Por el Tratado de Abo consiguió el apoyo de Rusia para arrebatar Noruega a los daneses, con lo que más que compensaba, económica y demográficamente, no en superficie, la pérdida de Finlandia. En Prusia los judíos consiguieron la igualdad de derechos. Para preparar su invasión de Rusia, asegurando su retaguardia y sus líneas de comunicación y abastecimiento, así como ejércitos de apoyo, Napoleón pactó alianzas con Prusia y Austria. Es decir, una nueva coalición, aunque a la inversa. El bloqueo económico de Gran Bretaña también puede considerarse en el mismo sentido, aunque no fuese una expresión militar. Austria aportó 30.000 hombres, a las órdenes de Schwarzenberg. Prusia 20.000, bajo el mando del General Yorck. También aportaron tropas al ejército invasor francés la Confederación del Rin, España, Portugal, Croacia, Holanda, Suiza, el Gran Ducado de Polonia, que quizás lo hiciese con gusto, y Nápoles. Napoleón lo denominó “ejército de Europa”, y, el 22 de junio, con 475.000 hombres, atravesó la frontera rusa.

Exactamente el mismo día que lo iba a hacer Hitler, 129 años después. Era, por tanto, una auténtica gran guerra europea. Porque, además, Gran Bretaña continuaba en ella. De haberse quedado sola, en su insularidad y su guerra marítima, ahora iba a verse favorecida por esta aventura, muy analizada, pero que los hechos demostraron desacertada, de Napoleón. La IIª Guerra Mundial iba a reproducir una situación semejante, aunque frente a otro enemigo. Speranski fue apartado del Gobierno, las reformas terminaron y el cambiante Alejandro Iº se convirtió en un reaccionario hasta su muerte. Llegó a profesar una mística supraconfesional, lo que podría explicar su futura alianza con prusianos y austríacos, en la Santa Alianza, más allá de intereses comunes. Los rusos comprendieron que no estaban preparados para resistir a tan inmenso ejército, que llevaba una dotación artillera nunca vista. Quizás Napoleón había reflexionado sobre la derrota de los suyos en Bailén. O sobre la inmensidad demográfica rusa, y cómo conseguir superioridad sobre ella. Con tal experiencia y los cañones abandonados por los franceses en su retirada, Rusia se convirtió en la mayor potencia artillera del mundo, iniciando su tradición de tener siempre ventaja en artillería, en número de cañones, potencia, calibre y alcance,y así continúa hasta la actualidad, aunque no siempre la calidad de sus piezas y su capacidad de penetración estuviera a la altura de su época. Así que los rusos decidieron no oponerse a las tropas de Napoleón hasta no tener un ejército suficientemente grande y preparado, experimentado. Mientras tanto aplicaron la estrategia de “tierra quemada”, especialmente las cosechas (que Napoleón había calculado que estuviesen recogiendo, y utilizarlas para alimentar a sus tropas, lo que pondría a los rusos en el dilema de pasar hambre al año siguiente si optaban por reclutar un gran ejército) pero también todas las edificiaciones, para que no encontraran lugar en el que encontrar refugio en el campo, cuando llegasen las lluvias, el frío y la nieve, confiando en que las enormes distancias, la inclemencias meteorológicas y el hambre agotaran a los franceses, obligándolos a retirarse. En un rapidísimo avance por Bielorrusia, llegaron a Smolensk, en agosto, 155.000 invasores, donde encontraron la primera resistencia rusa, venciéndola.

Igualmente triunfaron, con 130.000 hombres, en la batalla sobre el río Borodino, tras lo cual, con 110.000 hombres, el 15 de septiembre, ocuparon Moscú. Sorprendentemente sin encontrar más resistencia. Es decir, avanzó más del doble de rápido que Hitler, a pesar de no tener tanques, aviones, medios mecanizados, camiones ni ferrocarriles. Y, además, consiguió tomar la capital, en lo que Hitler fracasó. Claro que tampoco encontró una resistencia continua de un ejército moderno, extenso, ideologizado y bien dotado. Ni tampoco pretendió un despliegue en línea, por todo el país, y no con uno, sino con tres vectores distintos de avance, hacia Leningrad, Moscú y Stalingrad, simultáneamente, perdiendo mordiente con ello. Siguiendo su estrategia de tierra quemada, los rusos incendiaron Moscú, por cincuenta puntos distintos, la mayoría de cuyas casas eran de madera. Hasta el día 20 el fuego no se extinguió. Quizás porque ya lo había consumido todo, incluso el Kremlin, que debería ser reconstruido, más que por que hubiese ninguna forma de sofocarlo. Así que la ciudad no podía servirles de refugio durante el invierno. Al contrario: en cuanto cortasen sus líneas de abastecimiento se convertiría en una ratonera. Así le ocurriría a Hitler en Stalingrad, 130 años más tarde. En lo que ambos se equivocaron fue en suponer que, conquistando Moscú (en el caso de Hitler, al Este de Moscú, utilizando la línea “defensiva” entre el Dvina del Norte y el Volga, poco efectiva, porque, en invierno, dichos ríos se congelan) el Estado ruso se disgregaría, se diluiría, cesando su resistencia. No era ésta la experiencia que Napoleón debía haber adquirido en España. Es propio de países atrasados no reconocer la vinculación respecto de su capitalidad. Por ejemplo, así ocurre actualmente en Afganistán. De modo que Napoleón ofreció la paz al zar, sobre la base del “sistema de Tilsit”. Todos sus éxitos habían sido calculados por el Generalísimo Kutuzov, que sería proclamado “Salvador de la Patria”, quien los consideró transitorios, siguiendo la estrategia de los partos de no empeñar la victoria a una sola batalla definitiva. El barón von Stein, asesor del zar desde que debió huir de Alemania y refugiarse en la Corte rusa, le recomendó que rechazase tal paz. Después de 5 semanas sin obtener resultados de sus negociaciones, el 19 de octubre Napoleón optó por retirarse.

Quizás porque, mientras estaba implicado en Rusia, lord Wellington volvió a España, lo que suponía amenazar Francia. En cuanto las tropas salieron de Moscú, el ejército ruso, antes desaparecido, huyendo y ocultándose constantemente, hizo su reaparición, persiguiéndolas por campo abierto, causando incesantes bajas, aunque sin plantear ninguna batalla en línea, definitiva, sólo acosando las retaguardias, con ataques de caballería, generalmente, que se retiraba antes de que se organizase el contrataque, forzando una marcha continua, extenuante, pero que avanzaba poco terreno. El plan de Napoleón era defenderse en Smolensk, como campamento de invierno, para retomar la campaña al año siguiente. Hitler, 131 años después, planteó igualmente resistir el invierno para reemprender el avance con el buen tiempo, aunque sin retroceder en sus posiciones. Napoleón comprendió que Smolensk también podía ser incendiada. En el mes de noviembre, al cruzar el río Beresina por Studianka, Kutuzov planteó una cruda batalla, bloqueándolo con tres Ejércitos, lo que supuso una auténtica catástrofe para los franceses. Napoleón consiguió forzar el paso, pero le llegaron noticias de que el General Malet se había sublevado en París, por lo que abandonó a sus tropas, como ya hizo en Egipto, con la intención de restaurar el orden y reclutar un nuevo ejército. Había estudiado minuciosamente las temperaturas de los últimos 50 años, calculando el margen con el que contaba antes de que llegase el “General Invierno”, como lo llamaban los rusos. Pero, igual que le ocurrió a Hitler, aquel invierno llegó, meteorológicamente, antes, y fue más frío que ningún otro durante aquel siglo. Se cree que, de los que ocuparon Moscú, sólo salieron de Rusia 1.000 hombres, 60 caballos y 9 cañones. Y realmente es un milagro que tan escasas fuerzas pudiesen escapar de sus perseguidores. Lógicamente porque no marcharon solas, sino que se les fueron uniendo las guarniciones de retaguardia, que habían ido mermando el gran ejército inicial. La interpretación de las multitudes fue que Dios había castigado la soberbia de Napoleón. Los rusos, como harían 132 años más tarde, no se conformaron con expulsar a los invasores de su país, sino que les perseguirían por el resto de Europa. Napoleón había encomendado al General prusiano Yorck la defensa del flanco Norte. Los rusos pactaron con él no atacarle a cambio de que no interviniese.

Yorck decidió ir más lejos, y buscó la seguridad retirándose de la batalla, por lo cual presentó a su rey la dimisión, y éste la aceptó. Puede que fuese una forma de justificarse ante Napoleón, cuando aún se desconocía la envergadura de su derrota. No obstante, el rey de Prusia no ordenó a su ejército que volviera a unirse a los franceses, sino que lo trasladó a Breslau. Las exportaciones británicas habían descendido a 43 millones de libras al año, un 14% en dos años: había conseguido resistir el bloqueo continental, aunque no se puede decir que no le afectara, que no le hiciese daño. Sin embargo el precio de los cereales se había triplicado a lo largo de 20 años, a pesar de las elevadas subvenciones. Estas, los gastos de la guerra y la ayuda, militar, armamentística y financiera, a sus coaligados, obligaron a la subida de impuestos. De modo que puede decirse que el resultado del bloqueo económico fue de empate: todos fueron perdedores. Lo que ocurre en todas las guerras, aunque la euforia del triunfo, la victoria, y las adquisiciones y compensaciones conseguidas ofusquen el análisis objetivo, porque unos hayan sido más perdedores que otros. A menos a corto plazo. Tras seis años de guerra, Rusia había conquistado a los turcos los principados de Moldavia, Valaquia y Besarabia. Finalmente, por la paz de Bucarest, se apoderó firmemente de esta última. Posiblemente el Reino Unido temía un excesivo poder de los boers en la colonia de El Cabo, por lo que redujo el tamaño de las concesiones de tierra de 3.000 a 500 hectáreas, extensión aún latifundista. Con ello los ánimos se encresparon aún más. Siam incitó a los hermanos del rey de Cambodia a rebelarse contra él, que debió huir. Vietnam y Siam acordaron el futuro del país, y que Ang Chan IIº residiese en la ciudadela de Fnom Penj. Luisiana pasó a ser el 18º Estado de la Unión. Gran Bretaña llevó a cabo su bloqueo naval contra Francia sin ninguna consideración ni discriminación. Quizás con añadida saña contra Estados Unidos. Tal vez influyese en ello la sospecha de que la venta de La Luisiana correspondía a una alianza secreta con Francia. Lo cierto es que tal bloqueo, a la mayor potencia que admitía el libre comercio manteniendo su neutralidad, le causó un enorme perjuicio, acabando con la esperanza de lucrarse de dia neutralidad. Esto hizo reverdecer las simpatías hacia los revolucionarios franceses. Como suele ocurrir, los resultados de las posturas violentas pueden ser los contrarios de los que se desean.

En tales circunstancias se llegó a lo que los estadounidenses denominan “segunda guerra de independencia”. El objetivo, coherente con los deseos de “continentalidad”, era la anexión de Canadá. Sin embargo, el ejército estadounidense no se demostró al nivel de sus pretensiones expansionistas. En cuanto conoció tales hechos, deseando vengarse por la dura derrota experimentada en el río Tippecanoe, Tecumsej y sus 6.000 guerreros supervivientes se aliaron a los británicos. Morelos conquistó Oaxaca. El Jueves Santo, un tremendo terremoto destruyó gran parte de Caracas. El clero, favorable a los realistas, propagó que era un castigo divino contra los revolucionarios, lo que fue asumido por la aterrorizada población. Ante tales circunstancias, el Congreso decretó la pena de muerte contra los traidores a la insurrección, y nombró Generalísimo a Francisco de Miranda. Más tarde le atribuyó también el poder civil, designándolo Dictador. A Bolívar se le encargó la defensa de Puerto Cabello, pero una sublevación de los prisioneros realistas resultó triunfante y perdió la ciudad. Miranda, ante un ejército indisciplinado, debió capitular frente a los realistas. Traicionado por los suyos, entre ellos Bolívar, quizás por su distinta concepción respecto del derrotero revolucionario, que le culpaban por haber capitulado, se el entregó a Monteverde, quien lo envió a España. El que sería conocido como “El Precursor” moriría en el penal de Cádiz. La independencia de Venezuela parecía derrotada. Entonces Bolívar escribió, en Cartagena, su “Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño”, conocida como el “Manifiesto de Cartagena”, en el que llama a una nueva campaña insurreccional. Paraguay contaba con una gran mayoría mestiza y una escasa población blanca. José Gaspar Rodríguez de Francia inició una experiencia insólita, continuada, en cierta medida, por “Los López”, Carlos Antonio López y su hijo, Francisco Solano: apoyarse en la población mestiza. Con tal base social, protegido por las regiones montañosas, la frontera brasileña y la insurgente Argentina, y en el corazón de iberoamérica, lo que lo hacía inaccesible a las tropas imperialistas, estableció una cruel dictadura. A partir de ella propagó el nacionalismo, el progreso y la modernización, todo lo cual servía para consolidar la independencia paraguaya y su propio poder.

Sin inmiscuirse en las convulsiones vecinas, aislado del movimiento unificador, que no le interesaba, y de la solidaridad con los demás independentismos, mantuvo el orden, activó el comercio, del que las guerras de independencia y convulsiones de los países limítrofes estaban necesitados, y una relativamente elevada industrialización, para lo existente en la época. En 1.813 murió el italiano Giuseppe-Ludovico Lagrangia, más conocido como Joseph-Louis De Lagrange, discípulo aventajado de Euler, el único que lo superó en volumen de textos escritos, quien racionalizó y formuló matemáticamente las leyes de la mecánica, estudió la libración (oscilación o bamboleo) de la Luna, descubrió anomalías en las órbitas de los satélites de Saturno, en los puntos en que se encontrarían otros satélites posteriormente, la resolución de ecuaciones binomiales de enésimo grado, demostraciones de enunciados de Fermat, relaciones entre energía cinética y potencial, demostración del Teorema de Taylor, etc.. En sus estudios se basarían Laplace y Cauchy, entre otros, para sus avances matemáticos. El 31 de enero Buenos Aires declaró la independencia de Argentina. La retirada de Rusia y la práctica desaparición del Gran Ejército fue la señal para toda Europa de que había llegado la oportunidad de desquitarse de los franceses. Es lo que se conoce como guerras de liberación, semejantes a lo que en España se conoce como guerra de la independencia española, aunque la duración de ésta fue más del triple que el año o par de años y el carácter intermitente de las demás. Es cierto que algunos países llevaban muchos años luchando contra Francia, pero no habían llegado a enfrentársela, de forma continuada, ni habían sido invadidos, o habían llegado a expulsar las fuerzas de ocupación, hasta aquel momento.

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