1.520: La escisión lutherana

Los tlaxcaltecas le hicieron frente, pero, durante la batalla, Hernán Cortés les informó que se dirigía contra Tenochtitlán, con lo que no sólo cesó la lucha, sino que pudo contar con varios miles de indios como tropas auxiliares en dicho empeño: el odio generado por el despotismo y crueldad aztecas iban a operar en su contra. En Cholula descubrió que le habían preparado una trampa, ante lo que reaccionó cruelmente, de modo terrorista, asesinando a numerosos soldados y aristócratas aztecas. Moctezuma IIº se convenció de que estaba ante Quetzalcóatl, le envió obsequios valiosísimos, quizás para que desistiese de su propósito, cuando lo que hacía con ello era incentivar más su codicia, y le recibió en Tenochtitlán, según Sahagún, diciéndole que estuvo preocupado días y días mirando hacia el desconocido país del que llegaba, el país de las nubes (¿el mar? ¿el país de los huracanes? ¿el Caribe?) de la niebla, porque sus antepasados le habían dicho que volvería a su ciudad para sentarse en su trono. Le llevó a la cima de la pirámide mayor, enseñándole la ciudad, de modo que los españoles conocieron perfectamente cuáles podían ser las rutas de escape, los tres diques que separaban las aguas del lago, y los peligros que deberían sortear, incluso por la noche. Y todas las ciudades que rodeaban el lago. La distancia hacia la orilla era de unas dos horas. Los alojaron como huéspedes en el palacio del anterior monarca. Hernán Cortés continuó haciéndose pasar por el dios estrella de la mañana, del Este. Estaban en una ciudad de unos 300.000 habitantes, eran una insignificante minoría, una situación históricamente irrepetible. Pero que podía cambiar en cualquier momento, sin que sus cañones ni caballería le sirviesen de mucho. Antes de que ocurriera, junto con seis de sus oficiales más arrojados, apresó a Moctezuma IIº y se hizo dueño de la ciudad. Los aztecas nombraron nuevo emperador a Cuitlajuac, hermano de Moctezuma. Los españoles no se opusieron a ello, porque no tenían el menor interés en iniciar la confrontación.

Pero entonces intervino Velázquez, el imprudente y ambicioso Gobernador de Cuba. Quizás creía que Hernán Cortés había derrotado a una pandilla de salvajes (desde luego, con la escasa dotación con que contaba era difícil imaginar su proeza) en una inmensa extensión de terreno, y que su dominio era irreversible. Considerando que Cortés se había extralimitado en sus atribuciones, y que sólo al Gobernador (el único que entonces tenía España en América) le correspondía conquistar tanto territorio, envió a Pánfilo de Narváez con 1.200 hombres, para que le apresara y condenase. Hernán Cortés seleccionó a 250 de los suyos y marchó a su encuentro. Fue precisamente a Cempoala, donde sabía que podía contar con auyuda. Aprovechando la noche y la lluvia, bajo la cual no se podían utilizar las armas de fuego de la época, porque s mojaba la pólvora, rodeó a las tropas de Narváez que, en una pequeña escaramuza, perdió un ojo y fue apresado. A pesar de que actuaba con autorización de Carlos Iº para deponer al que consideraban como extremadamente ambicioso, pasaría varios años en prisión, en Veracruz. La mayor parte de los hombres de Narváez se pusieron a las órdenes de Hernán Cortés y se dirigieron a Tenochtitlán. Pero, para entonces, la situación había cambiado radicalmente. Se había corrido la voz de que los hombres blancos se peleaban entre ellos, por lo que, en todo caso, eran dioses menores. Al parecer los que quedaron en Tenochtitlán habían demostrado demasiada avidez por el oro, se habían opuesto a un festejo cruel, sádico, o al sacrificio de seres humanos o se habían comportado de forma despótica, despiadada, quizás violado a mujeres. Lo cierto es que la población se sublevó. Moctezuma IIº, posiblemente obligado por los españoles, trató de calmarla desde el palacio de su padre, pero sus anteriores súbditos le mataron a pedradas. Hernán Cortés consiguió dominar la situación, aunque su poder era ahora mucho más precario. Entre otras cosas no contaba con un rehén imperial.

Los imperios centralizados azteca e inca dependían excesivamente de su capital, de forma que, conquistando ésta, el resto del imperio quedaba paralizado. De todas las ciudades que los españoles fundaron en la inhóspita Centroamérica en sus primeros 20 años de conquista, sólo Panamá sobrevivió. Las demás, aún justificadas desde el punto de vista comercial y del transporte, debieron abandonarse por la dificultad para que los europeos resistieran sus condiciones de vida. Fernao Magalhaes, Magellan para los angloparlantes, había propuesto al rey de Portugal una expedición a las islas de las Especias (Molucas) descubriendo un paso por el Sudoeste, pero éste lo rechazó por contravenir el Tratado de Tordesillas. Así que se lo propuso al rey de España, que lo aceptó, ya que significaba compartir el monopolio luso “respetando” dicho acuerdo. Partió con 5 navíos (la misma cifra que la petición inicial de Colón, si bien éstos eran de mayor calado y capacidad de carga que las dos carabelas y la nao colombinas) 234 hombres y provisiones para dos años. De las islas Canarias pasaron a Sierra Leona para, cruzando el océano, llegar a Río de Janeiro. Todo ello significaba interferir en las rutas exclusivas portuguesas, según el Tratado de Tordesillas. La ventaja de tener al mando de la Flota a un portugués permitía recurrir al engaño, a la ocultación, al cambio de banderas, si fuese necesario. Francisco Iº de Francia, que controlaba el Norte y el centro de Italia y ansiaba arrebatar el reino de Nápoles a los españoles, también presentó su candidatura a emperador, tratando de evitar un mayor poder de Carlos Iº, y verse atenazado entre España y Alemania. El Papa, posiblemente acobardado por el dominio francés, o quizás temiendo la misma tenaza que Francisco Iº, le apoyó: un primer gesto enemistoso hacia el rey de las Hispanias que traería funestas consecuencias. Cuando Francisco Iº comprendió que no tenía posibilidades y que había hecho subir el precio de los votos, los sobornos, hasta convertirlos en un problema para su oponente, renunció a la puja. Entonces León Xº apoyó a Federico “El Sabio”, príncipe elector de Sajonia. Aparentemente, si hubiese tenido posibilidades de triunfo, era una buena elección, que impedía la tenaza que se estaba fraguando.

Pero tenía perspectivas muy dudosas: era volver a la política antimperial de siglos pasados, Sajonia era el centro de irradiación de las tesis de Luther, a quien su príncipe apoyaba y daba refugio -por lo que exigía concesiones para su protegido- entre ambos, Sajonia y el Papado, no sumaban suficiente poder como para enfrentarse ni a Carlos ni a Francisco Iº, y, en cambio, suponía afrentar a los dos. En tal situación, el Papa la complicaba más, al verse obligado a promover disputas públicas contra Luther, aunque en términos contemporizadores, sin condenarlo, aumentando así la confusión. Luther sacaba provecho de ello, dado su conocimiento, estudios, preparación, convencimiento, lógica y capacidad argumentativa. Peor aún: en la confrontación se fue creciendo, radicalizando sus posiciones, cambiando su inicial reformismo en ruptura. Así, en polémica con el Cardenal Cayetano, en Augsburg, un renombrado teólogo católico, había llegado a equiparar la fe con la gracia de los sacramentos. Más tarde asumió que los Concilios también podían equivocarse (lo que significaba, además de aceptar la evidencia de sus contradicciones, negar que el Espíritu Santo influía en ellos, y desistir de una posible organización democrática de la Iglesia Reformada) algo que inicialmente no defendía, por lo que sólo las Sagradas Escrituras podían servir de norma a la fe. Esto significaba, directamente, cuestionar la autoridad papal y de la jerarquía eclesiástica. Federico “El Sabio”, haciendo honor a su apodo, no siguió el juego, y, aunque con su voto en contra, Karl V fue definitivamente elegido. A su nombramiento controlaba el mayor poder europeo en muchos siglos, si bien los dominios imperiales estaban en pleno proceso de disolución, y debió luchar durante todo su reinado para mantenerlos unidos. Comprendiendo, finalmente, que había perdido el tiempo, y permitido la expansión y envalentonamiento del lutheranismo hasta donde no podía tolerar, en 1.520, León Xº publicó la bula Exurge Domine: “¡Aparécete, Señor!”.

Era el mismo lema de la Inquisición, el cual continuaba con et judica causam tuam. Es decir, “y juzga tu causa”. Claro que, si Dios no aparecía por allí, los inquisidores le echaban una mano, hacían sus veces, investigaban, inquirían, interrogaban, torturaban, juzgaban, condenaban y expropiaban los bienes de los confesos, que se repartían con el rey y el Papa -al que le llegaba muy poca tajada, ya que estaba muy lejos y difícilmente podía controlarlo- todo en nombre de Dios. Aunque la escabrosa, macabra y repugnante ejecución de lo sentenciado, se cedía al “brazo secular”, que así se ganaba su parte de los beneficios, queriendo con ello los eclesiásticos quedar al margen de las consecuencias de su sentencia. En dicha bula se condenaban 41 de las tesis lutheranas. A partir de entonces se quemaron sus libros. Más tarde se excomulgó a Luther, ampliando el “derecho” de quemar libros a quemar a las personas que los escribieran, publicasen, leyesen o tuvieran en su casa, u otros que supusieran planteamientos similares. El kaiser Karl V, el césar Carlos Quinto (en Francia se acuñó y aún se utiliza el apelativo Quint, que no tiene etimología francesa, exclusivamente para dicho emperador) fue coronado en Aquisgrán. Los caballeros de la Orden de San Juan, asentados en Rodas, constituían un peligro para los nuevos dominios turcos. Selím preparaba la conquista de la isla cuando murió de peste. Le sucedió, sin nadie que pudiera oponérsele, el único hijo varón que había dejado vivo, Solimán Iº, al que los historiadores europeos consideran IIº, pues también computan con dicho nombre a un hijo de Bayaceto, soberano de un reino menor, a comienzos del siglo anterior. Para entonces la organización administrativa del imperio turco era perfecta, las arcas del tesoro estaba repletas, y todo apetecía mayor expansión. A Uu-tsung le sucedió Chia Ch’íng, que dio estabilidad el imperio chino, a pesar de las crecientes rivalidades entre los eunucos.

Los europeos llevaron antiguas enfermedades al Nuevo Continente, nuevas para él, produciendo una increible mortandad, que a veces se confunde con la crueldad de la conquista o el exceso de trabajo al que se forzaba a los nativos. Así se habla de epidemias de sífilis (“el amor del cerdo”, porque se creía que la causaba “joder la marrana”, la carne “prohibida” de los judíos) aunque otros afirman que el recorrido fue inverso, que su origen era americano. Es posible que parte de los estragos se debiesen a la gripe, o a las mismas pestes que ya eran casi inocuas para los europeos, descendientes de los que habían sobrevivido a brotes anteriores. En Méjico hubo una epidemia de viruela, nueva en el continente, de la que murió Cuitlajuac ¿Otro indicio de la animadversión de los dioses? Los aztecas pidieron consentimiento a los españoles para celebrar una fiesta religiosa, y les fue concedido. Sin embargo, no se sabe si es que llegaron a sacrificios humanos, u otras crueldades que los españoles consideraron excesivas; si es que cambiaron de criterio, tal vez por intervención de los sacerdotes; o por mera incoherencia o despotismo, pero o cierto es que se produjo una gran represión en la que fueron asesinados cientos de aristócratas aztecas. La situación se fue haciendo insostenible y, un mes después, Hernán Cortés debió dar orden de abandonar la ciudad: era “La Noche Triste”. Se ataron tejidos como los de sacos en los cascos de los caballos y ruedas de los cañones para no hacer ruido. No obstante, fueron descubiertos, y debieron luchar en esa situación de debilidad. Poco a poco consiguieron replegarse hasta los embarcaderos. Los aztecas elevaron los puentes o pasarelas para incomunicarlos. Cortés, que se había quedado el último, defendiendo la retirada de los demás, debió utilizar su pica para, usándola como palanca, llegar hasta la otra pasarela, con lo cual parece que fue antecedente del salto con pértiga. Los que intentaron llevarse “su” oro murieron ahogados en los canales o en el lago de Texcoco. Diezmados por los ataques de los aztecas y por el hambre, dispersos, el resto de los españoles llegaron a Tlaxcala. Se dice que Cortés lloró al comprender lo que habían perdido.

Magalhaes buscó un paso hacia el Oeste, explorando el Mar del Plata, tan extenso que parecía un brazo oceánico. Al constatar que era la confluencia de varios ríos, lo intentó por el Sur de la Patagonia. El racionamiento de los víveres sin encontrarlo ocasionó un amotinamiento en tres de las naves. Sus cabecillas fueron ahorcados o abandonados en la costa. Creyeron ver luces entre el hielo, por lo que denominaron a la zona Tierra del Fuego, aunque debía ser reflejo de las estrellas, ya que los indios de la región ni conocían el fuego ni tenían madera ni otros combustibles. Finalmente encontraron el Estrecho que los españoles conocemos como De Magallanes, zona de hielos, vientos, corrientes y contracorrientes, de especial dificultad. De forma que, al hallar el Mar del Sur, les pareció Pacífico, nombre que prosperó, aunque la experiencia demostraría que no era así, que está dominado por tifones y enormes tempestades. Como no encontraron ninguna isla pasaron hambre, cogieron el escorbuto y el agua se les pudrió. En 1.521 las tropas de Carlos Iº derrotaron a los comuneros en Villalar. Antes de que la situación se calmase, Francisco Iº aprovechó para invadir Navarra. Pamplona, tras una heroica resistencia, se rindió. Allí fue herido el Capitán Iñigo de Loyola. Los franceses sitiaron Logroño, que resistió hasta la llegada de más tropas, con las que se pudo rechazar la invasión. Magallanes llegó a las Molucas o Malucas, y descubrió las que llamó islas Filipinas, donde fue atacado por los nativos, causándole la muerte. Al menos eso es lo que contaron los supervivientes. Juan Sebastián Elcano, que ya se había amotinado en otras ocasiones, se hizo cargo del mando. Llegaron a Borneo con sólo un barco, e iniciaron la ruta de regreso. Siguiendo los plantes de Magallanes, decidieron costear Africa, lo que suponía internarse en dominios exclusivos portugueses. Cortés analizó que era necesario reconquistar Tenochtitlán, para lo cual construyó 13 bergantines armados con cañones. Envió a su ejército contra la capital, como maniobra de distracción, mientras los tamanes, con gran sigilo y de noche, pasaron con los bergantines las montañas entre Tlaxcala y el valle de Méjico. Cuaujtemoc (“El águila que se abate”) no se sabe si sobrino o cuñado de Moctezuma IIº, llevaba varios meses organizando la resistencia.

Eximió de obligaciones tributarias a las tribus sometidas: cuando resulta imposible cobrar algo, lo más rentable es perdonar las deudas. Fabricó largas picas, como las que usaban los españoles, que resultaban tan efectivas contra la caballería. Pero no esperaban el ataque a través del lago, que la lucha definitiva iba a darse en su propia ciudad. Durante tres meses se combatió casa por casa, azotea (por donde entraban en las casas, que no tenían puertas, por medio de escaleras) por azotea. Los españoles abrieron boquetes en las paredes, utilizando la pólvora, para pasar de una casa a otra, incluso como si fuesen bombas de mano, para despejar el camino tras abrir cada boquete. En tal situación las ballestas se demostraron más útiles que los arcabuces para enfrentarse a los arcos y flechas, dada su más rápida recarga. Demolieron construcciones y asolaron el terreno para poder emplear la artillería. En las últimas casas sólo encontraron muertos de hambre y apestados, puesto que la epidemia también combatió a los indios. Siete años más tarde uno de ellos escribió una poesía anónima en la que relata las lanzas rotas, las casas sin techo, las paredes rojas de sangre, igual que los arroyos, y con sesos adheridos. Karl V instó a Inglaterra y al Papa a atacar a Francisco Iº, con quien ya se estaba enfrentando en el Milanesado. El retorcido canciller Wolsey, comprendiendo los entresijos de la situación, intentó un alto el fuego. Mientras, su rey, Enrique VIIIº, escribió contra Luther, por lo que León Xº le concedió el título de defensor de la fe. Karl V convocó una Dieta alemana en Worms, en la que incluyó la discusión sobre el lutheranismo. El Nuncio papal pidió la condena a Luther, sin oírle, puesto que ya había sido excomulgado. Pero Federico “El Sabio”, duque de Sajonia-Wittenberg y Gran Maestre de la Orden Teutónica, consiguió que el emperador permitiese que se defendiera, otorgándole un salvoconducto para ello. Luther demostró un gran valor acudiendo, a riesgo de ser apresado y quemado vivo, como habían hecho con Huss, a pesar del salvoconducto y las garantías del emperador.

No sólo no se retractó, exigiendo que se le convenciese con argumentos bíblicos o razonamientos, ya que no creía ni en el Papa ni en los Concilios, sino que se negó a “negociar” los puntos concretos, insistiendo en que su doctrina era un todo conjunto, lo que en absoluto había sido así desde un principio. Sin embargo, el emperador, en base a la división de los apoyos con los que podía contar cada parte, no se determinó a proscribirlo, aprobando una tregua de tolerancia hacia sus seguidores, por lo que lo consideraron un triunfo moral. Comprendiendo las implicaciones políticas que esto conllevaba, con la Dieta en fase de conclusión, tal vez por exigencia papal, que negaba al emperador derecho a pactar o juzgar cuestiones teológicas, éste consiguió respaldo para un decreto de proscripción de Luther y sus textos, prohibiendo que se le prestase apoyo, lo cual catradecía lo aprobado “democráticamente” en la Dieta. Luther, previendo lo que podía ocurrir, tal vez avisado por Federico “El Sabio” de Sajonia, huyó, secretamente, de noche y disfrazado, al castillo de Wartburg, propiedad de éste, que le continuó protegiendo. Allí, vestido de seglar, se dejó la barba, se hizo llamar Junker Jörg (Caballero Jorge) y tradujo al alemán el Nuevo Testamento. En una carta a Philipp Schwarzerdt (que cambió su apellido al griego Melanchthon, de igual significado ¿Negrero?) mantiene que al hombre le es imposible dejar de pecar, y que incluso es necesario pecar, ser un gran pecador, pero sin perder la confianza en que Dios te salve. Y, mientras tanto, los turcos conquistaban Belgrado. En 1.522 Letonia y Estonia se sumaron a la Reforma lutherana. Por entonces se extendía la comprensión de los inmensos beneficios de dicha “reforma”, al expropiar los bienes eclesiasticos. Igual que había ocurrio con los templarios ¿Nudeva venganza de ultratumba de éstos? En los cantones germánicos de Suiza, Huldreich Zwingli (castellanizado como Zuinglio) comenzó a predicar una reforma en la línea de Erasmo de Rotterdam. Pero, al poco tiempo, fue ganado por la visión lutherana. Más aún: asumiendo de ésta el rechazo a la transustanciación eucarística, llegaba más lejos, al negar la presencia de Cristo en ella.

La disputa con el clero le llevó a su enfrentamiento radical con él. El Papa no podía continuar contrariando a Karl V, por lo que colaboró con su ejército a la derrota francesa en Bicoca, en la que, a un coste bajísimo, los franceses sufrieron una matanza. Desde entonces decimos que una ganga es una bicoca. Ante tal situación Inglaterra declaró la guerra a Francia e invadió los Países Bajos. Elcano regresó a Sevilla, mientras se celebraba la misa de difuntos por ellos, dde modo que, al presentarse en la catedral, con sólo 18 hombres, de ellos 6 vascos o cántabros, 5 italianos o rodios, 2 onubenses y 2 portugueses, los creyeron fantasmas: demostró que la tierra es esférica y América un Continente distinto de Asia. Como habían tenido que eludir los buques y puntos de aprovisionamiento portugueses, muchos habían muerto de hambre, de sed o desintería, por beber agua en mal estado. En 1.523, Thomas More, que ya era miembro del consejo secreto de Enrique VIIIº, fue nombrado presidente del Parlamento inglés. Las Germanías, que nunca se habían coordinado con los comuneros, al quedarse solas contra las tropas reales, así como por el cambio de situación económica que supuso el fin de los pagos a los corruptos príncipes electores, todo lo cual les hizo perder adeptos, terminaron siendo derrotadas. Sin embargo, Carlos Iº, tal vez frustrado por la situación en Alemania, comprendiendo que acabaría degenerando en guerra, porque no quisiese más divisiones en sus reinos, había llegado a asumir su parte de españolidad, o a adquirir suficiente madurez y experiencia de gobierno, aceptó parte de las exigencias de comuneros y las hermandades armadas de germanías, desposeyendo los cargos otorgados a sus amigos y preceptores flamencos corruptos: si lo hubiese hecho tres años antes podría haber evitado dicha rebelión. Gustavo Iº Vasa fue coronado rey de Suecia. Venciendo la resistencia popular impuso la Reforma lutherana, bajo cuya excusa expropió los bienes monacales, que empleó en una profunda remodelación del Estado y pagar los créditos a la ciudad hanseática de Lübeck.

Martin Luther, ayudó a unas monjas a huir de su convento, que iban a entregarlas a la Inquisición por lutheranas, y se amancebó con la monja que le cuidaba, internada en un convento desde que tenía 5 años y su padre se casó en segundas nupcias, conducta que tanto había criticado anteriormente, respecto de los sacerdotes católicos que se amancebaban, con monjas o con seglares. Luther terminaría contrayendo matrimonio con ella. Con lo cual estaba autorizando semejantes conductas en otros clérigos pasados a la Reforma religiosa, acabando con la controversia sobre tal cuestión. Completada la conquista de Méjico, se formó el triángulo entre este país, Panamá y Cuba, núcleo del imperio hispanoamericano. Hacia el Sur, para eludir confrontaciones con los portugueses, la expansión seguiría la ruta del Mar del Sur, el Océano Pacífico, que se asentaría en la zona central andina, en el centro del imperio Inca, posterior virreinato de Perú, continuando, por vía terrestre, hacia el Norte, a Ecuador, y hacia el Sur, a Chile, hacia la cuenca del Amazonas y a la costa Atlántica, al Sur de Brasil, hacia el Mar del Plata y Nueva Granada. En 1.524, Gian Petro Caraffa, futuro Paulo IVº, entonces obispo de Chieti (en latín Theate) cofundó la Orden de los Teatinos, por la ciudad donde se inició, dedicados a atender a los enfermos y apresados. Pero también aleccionaban, amablemente, sobre la fe católica, al tiempo que exigían la reunificación de la Iglesia, a partir de una reforma interna que impusiese exámenes rigurosos a los eclesiásticos, para evitar los clérigos incultos, poco preparados, y suprimir las dispensas, impidiendo la acumulación de riquezas, concubinatos y otras incoherencias el clero, donde ejemplo de ello al asumir sus votos, que ya entonces eran obligatorios, sin ser cléridos. Francisco Iº movilizó un gran ejército e invadió el Milanesado. Las tropas imperiales debieron retroceder, refugiándose en Pavía, donde resistieron, a pesar de las brechas abiertas en sus murallas por la artillería y los minados franceses, hasta la llegada de un nuevo ejército imperial. La situación era cómica, porque, siendo inferiores en número, consiguieron sitiar a los sitiadores.

El navegante italiano Giovanni Verrazano exploró por encargo del rey de Francia las costas desde La Florida hasta el Cabo Cod, descubriendo la desembocadura del Hudson. Se creó el Consejo de Indias, especie de desgajo del Consejo de Castilla que asumía todas sus atribuciones ultramarinas. De modo que las colonias adquirían un estatuto semejante al de un auténtico reino. Estaba asesorado por un cronista, un cosmógrafo y un matemático. Como los poderes legislativo y ejecutivo permanecían en manos reales, era, en principio, un órgano meramente consultivo, como todos los heredados del medievalismo. Pero su facultad de proponer leyes y nominaciones de funcionarios le daba un inmenso poder. Era tribunal de apelación en las sentencias importantes de las Audiencias o Casa de Contratación respecto de las colonias, y tomaba juicio de residencia, es decir, sobre su conducta mientras desempeñaron tales cargos, a los altos funcionarios coloniales. Su inmensa y meticulosa legislación, regulando hasta los menores detalles de la actividad colonial, es encomiable, aunque, por ello mismo, tanto como su amplitud temporal, sujeta a cambios en las modas y perspectivas políticas y filosóficas, produjeron numerosas contradicciones en las Leyes de Indias. Al quedarse Santo Domingo sin Gobernador, la Audiencia se hizo cargo de sus competencias, creando un antecedente que sería muy repetido, y que iba a servir como justificación a la independencia sudamericana. La situación de guerra en Europa hizo aumentar los precios agrícolas. Además, muchos campesinos alemanes habían adquirido experiencia militar combatiendo con los landsknechten (siervos de la gleba o servidores del país, según se interprete) suizos, que, armados con un hachón y sólo con un peto, eran ágiles y temibles. Como la doctrina de Luther alentaba a la desobediencia frente al Papa y las autoridades eclesiásticas, creyeron que tenían el mismo derecho a acabar con el poder absoluto de los señores feudales: se consideraban preparados y pertrechados para ello.

Así que, invocando el tradicional y constitucional derecho “divino” a levantarse contra los señores déspotas (semejante al derecho de behetría castellano) se unieron en insurrección, en un programa muy común en cuanto a exigencias políticas, jurídicas y económicas, aunque, según las regiones, aunque había diferencias en el plano teológico. Pedían, por lo común a todos ellos: elegir y deponer a los pastores eclesiásticos, y que éstos explicasen íntegramente el Evangelio, no unas partes sí y otras no; reducción de los diezmos eclesiásticos; abolición de la servidumbre; libertad de caza y pesca en todas las fincas; propiedad comunal de los bosques que no hubieran sido adquiridos por autoridades eclesiásticas o civiles; rebaja del alquiler de la tierra; restablecer los linderos de las tierras comunes (se supone que las que hubieran sido usurpadas por señores, laicos o eclesiásticos) en especial de las dehesas de pasto. Era un programa auténticamente revolucionario, que, de lograr imponerlo, acabaría con el sistema feudal. Pero se mostraban dispuestos a desistir si se les demostraba que era incompatible con la palabra de Dios. Es decir: lo mismo que había hecho Luther frente a la Dieta de Worms. Aunque contravenían el principio lutherano de considerar al Papa como el propio Anticristo (este improperio ya se lo habían lanzado los pontífices y antipapas unos a otros durante los cismas) y a sus seguidores como enviados del demonio, mantenían la obediencia a la autoridad “establecida por Dios”. En 1.525 el Consejo de Zurich apoyó las ideas de Zuinglio, asumiendo las funciones de la autoridad eclesiástica. Basándose en la imitación al Antiguo Testamento, destruyeron las imágenes, prohibieron los cantos ceremoniales y la música de órgano en los recintos sagrados, limitándose los sacramentos y las festividades. Impusieron la limosna, lo que asemejaba a la visión farisaica y mahometana; la celebración de la cena litúrgica, imitando a los esenios o nasreos; e instituyeron una jurisdicción matrimonial que terminó controlando la moral de todos los ciudadanos.

Debido a que muy pocos obispos y jerarquía eclesiástica se habían pasado a la Iglesia Reformada (lógico, dada la tendencia de lso reformados a expropiar los bienes eclesiásticos de los que ellos se beneficiaban) Luther tomó la relevante decisión de poner la administración eclesiástica en manos de las autoridades civiles que le apoyaban. Esto supuso una fuerza determinante en su favor, ya que les daba opción éstas a “administrar”, lucrarse y apropiarse de las inmensas propiedades y rentas de la Iglesia. A la muerte de Federico “El Sabio”, soltero, aunque con tres hijos, le sucedió su hermano Juan como príncipe elector. Luther, poco a poco, fue convenciendo al Cardenal Alberto de Brandenburg, Gran Maestre de la Orden Teutónica. El mismo que había ordenado la predicación de las indulgencias, quedándose con gran parte de lo recaudado. Primero que cejara en su recobro. Después que se uniera a la Iglesia Reformada. Y, por último, que secularizara la Orden Teutónica, sometiéndose, como duque de Prusia, a la soberanía de Polonia, lo que restaba poder y apoyo al emperador. Thomas Müntzer, que no sólo era reformador religioso, sino social, que negaba la validez del bautismo en los niños (por lo que sus seguidores se denominaron anabaptistas o “sin bautismo”, lo cual era falso, puesto que lo solían hacer dos veces) obligando a repetirlo de adulto, cuando se tuviese uso de razón, capacidad de aceptación voluntaria de la doctrina y sus consecuencias, se había propuesto imponer el reino de Dios en la Tierra, lo que significaba un Mundo justo. Así se hizo cargo de la revolución campesina, al principio disciplinada, pero que degeneró en desordenadas correrías. Luther no era un reformador social, sino un conservador, precisaba del apoyo de la nobleza que le era favorable para su triunfo, era contrario al anabaptismo (en realidad el bautismo, como todo sacramento, no era para él más que la exhibición externa de la fe, cuya sinceridad interior era la única garantía de salvación) y, sobre todo, porque en el círculo de sus propagadores estaban artesanos, burgueses y predicadores ambulantes, por lo que temía que, si se implicaban en disquisiciones teológicas y les prestaban oídos, el movimiento reformista se disgregaría en múltiples disquisiciones doctrinales.

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