0022-De Sócrates a Demócrito

Platón y Jenofonte, discípulos suyos, nos han transmitido su discurso de defensa [1] en el juicio, cuyos textos presentan divergencias [2]. Según Platón, el inicio del asunto fue la respuesta del oráculo de Delfos [3] de que Sócrates era el mayor sabio de Grecia, contradictorio con la afirmación de ignorancia que éste hacía, por lo que respondió con la paradoja sobre si los dioses podían mentir, sobre el límite de la omnipotencia o poder divino y la realidad de los hechos, e hizo un razonamiento según el cual los dioses se equivocaban, los políticos eran unos impostores, los poetas eran unos presuntos visionarios y profetas, incapaces de entender sus propias obras, y los artesanos [4] unos pretenciosos, con lo cual se enfrentaba a toda la ciudadanía. Según Jenofonte la pitonisa no le señaló como el más sabio, sino como el más honesto, lo que parece más adecuado para su uso en su defensa y para los razonamientos y paradojas que concluyó de ello. En el juicio dijo que no lloraría [5] para pedir que se apiadasen de él, que prefería la muerte.

Negó haber corrompido a nadie con sus enseñanzas, puesto que nunca había dado clases. Muchos familiares de los presuntos corrompidos testificaron para defenderlo. Acusó a Aristófanes, que actuó como testigo de la acusación, de haber corrompido [6] a los azenienses para ponerlos contra él. Condenado a muerte [7], tal vez para obligarle a huir, a exiliarse, prefirió el suicidio, rodeado de sus amigos y discípulos, bebiendo cicuta [8], posiblemente ante la desesperanza por la falta de cordura de sus conciudadanos, el incremento del poder y la ascendencia social de los conservadores y la desilusión ante lo que preveía como el fin de la democracia, precisamente al valerse de ella quienes pretendían eliminarla. O quizás darles una última lección. Tras beberla, sus últimas palabras fueron pedir que se sacrificara un gallo al médico Asclepio [9], hecho dios [10] de la medicina. La ofrenda de un suicida ¿para su curación?: todo un sarcasmo. Pero también puede entenderse como una demostración de lo injusto del veredicto, que lo declaraba impío, inmoral y propagador del ateísmo.

Demócrito nació en Abdera de la Tracia en el -460. Se trasladó a Azenas, posiblemente huyendo del dominio persa, y allí enseñó hasta su muerte, en el -371. Defendía el atomismo como doctrina fundamental, que decía haber aprendido de su maestro, Leucipo, del que carecemos de más referencias.


[1] Apología, que, inicialmente, en griego, significaba bella oratoria, propia de Apolo, dios de la poesía y la retórica, pero siglos más tarde llegó a suponer justificación o ensalzamiento.

[2] Jenofonte escribió su texto -semejante a otros muchos que no han perdurado, bajo la impresión producida por lo ocurrido- mientras luchaba como mercenario en Pérgamo, tras haber recorrido Persia hasta las costas del Mar Negro, que relató en “El Anábasis o Retirada de los 10.000” mercenarios, permitida por Artajerjes después de haber asesinado a todos los generales griegos, tras la muerte del hermano menor del Rey de Reyes, aspirante al trono persa -por instigación de la madre de ambos- Ciro el Joven, quien los había contratado, y desde allí que continuaran hasta el Egeo, ya que serían mcho más peligrosos, mortíferos, en suelo persa. De modo que su conocimiento de los hechos es indirecto.

[3] Donde la “pitonisa”, sobre un taburete de piel de serpiente pitón, en un pozo con emanación de gas natural, profetizaba palabras inconexas e incomprensibles, que sólo los sacerdotes de Apolo sabían interpretar.

[4] Ya anteriormente había puesto en duda la democracia, argumentando que los sistemas electoral o por turnos rotativos utilizado para designar a los funcionarios (también se aplicaba a los jurados) impuesto por Pericles, no se emplearía para escoger a un artesano para que hiciese determinado trabajo.

[5] El llanto era una estrategia típica de defensa ante la heliaia, tribunal (“el gran jurado”, podríamos traducir) de Azenas de 500 miembros, de todas las clases sociales, para inspirar conmiseración, expresar arrepentiemiento y compromiso de no reincidir. Pero, para mí, la referencia directa era a Pericles, para entonces viudo, que, según algunos autores, lloró -desusadamente, pues era casi insensible, lo que tal vez aprendió de Sócrates- para defender a su amante Aspasia, acusada de corromper a las mujeres azenienses para satisfacer las perversiones de éste. Posteriormente sólo se le vio llorar a la muerte de sus dos hijos, en cuatro días, durante la epidemia de peste, que ya había matado a su hermana y que terminaría con él. Pero es posible que dicho juicio no llegarse a existir, que sea invención de los que pretendían enturbiar su recuerdo y la propia idea de la democraca. Sí se condenó a sus amigos, el escultor Fidias, que murió en la cárcel, y a Anaxágoras, quien se vió obligado a exiliarse. Al advertirles que no lloraría, que prefería la muerte, estaba poniendo al tribunal ante las posibles consecuencias de una condena, haciéndole reflexionar sobre ello.

[6] Con su obra “Las Nubes”, en la que ponía en boca de Sócrates, con estilo satírico, que los dioses no existían, que eran las nubes las que traían las lluvias, éstas el agua, y ésta la vida y los alimentos. Por lo tanto era a las nubes a las que debíamos dar las gracias y adorar, y no a los dioses.

[7] Según algunos relatos fueron necesarias dos votaciones. En la primera resultó absuelto, por unos cuantos votos. Pero hizo tal jactancia sobre ello, de lo inadecuado de un tribunal que representaba la estratificación social y no a expertos juristas, que estimularía a darle una lección. Y así lo hicieron, quizás esperando cada uno que los demás miembros del jurado alterasen también y compensasen sus votos respectivos, cuando los conservadores pidieron una segunda votación, ya que no se había respetado el orden formal para pedirlo (posiblemente se había preguntado primero a los plebeyos, burgueses y comerciantes, que les eran en su mayoría favorables, lo que alegarían que podría haber influido en el voto de los posteriores, cuando la norma era que expresasen su voto primero los aristócratas y los ciudadanos de mayor fortuna, los que pagaban más impuestos, lo que se conocería tras la revolución liberal como democracia censitaria, según el censo fiscal, o democracia burguesa) con lo que los favorables a su condena vencieron, también por unos cuantos votos. Puede ser mera retórica de quienes le apoyaban para probar lo difícil y contingente de emitir un veredicto claro y justo en este caso.

[8] Cocimiento destilado, concentrado, de exudado de savia de adormidera, la misma planta de cuyas semillas se extrae el opio, la heroína y la morfina. El tribunal, siguiendo la costumbre de la época respecto de los ciudadanos distinguidos, le dio la opción del suicidio para evitar la afrenta, el deshonor y un mayor sufrimiento en la cárcel, la espera y la ejecución pública de la sentencia. Aunque también pudieron haberlo hecho para darle una oportunidad para huir.

[9] Latinizado como Esculapio.

[10] Mediante la ceremonia de la apoteosis o teogenia. Previamente era necesaria su designación como héroe. Algo semejante a lo que hace la Iglesia Católico, que primero designa beato y luego santifica.

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