1.821: La independencia de Méjico

Para los Estados del Norte de la Unión la esclavitud no era de ninguna utilidad, puesto que lo que precisaban era mano de obra cualificada para sus fábricas. Al contrario: la esclavitud en el campo frenaba la demanda de aperos y maquinaria agrícola que su industria producía, así como la emigración de mano de obra barata a las ciudades, premisa del desarrollo capitalista en Europa. Así que comenzaron a prohibirla. Para entonces, 11 Estados, los de menor tamaño pero más ricos, habían abolido la escavitud, mientras otros tantos, los de menor población, la mantenían. Esto significaba que, conforme se incorporaban nuevos Estados, al ser la representación parlamentaria proporcional al número de habitantes, y, además, ésta se modificaba en los Estados previamente federados a consecuencia de los cambios demográficos producidos, los esclavistas se hacían cada vez más minoritarios en el Congreso. Sin embargo todos los Estados tenían dos senadores, fuese cual fuese su población. Maine se había separado de Massachussets. Se constituyó como Estado, abolicionista, y solicitó su federación, lo cual complicaba aún más el panorama. A Henry Clay se le ocurrió una solución que se adoptaría como “El compromiso de Missouri”: ambos Estados serían admitidos, a cambio de que Missouri se comprometiera a mantenerse neutral respecto de la esclavitud. Con ello los sudistas creían mantener el equilibrio en el Senado, que tiene derecho de veto sobre las decisiones del  Congreso, enfrentando 12 Estados abolicionistas a 12 que no lo eran, pero que, en realidad, uno de ellos simplemente se comprometía a no apoyar la abolición. De modo que, exceptuando a Missouri, Estados Unidos quedaba separado por el paralelo “ideológico” 36º 30’: la llamada línea Mason-Dixon. Por los ríos de las cuencas del Mississippi y del Ohio circulaban regularmente 60 vapores. Al Oeste de los Apalaches vivían 1.250.000 personas, un 12% de la población norteamericana. Una yeguada de tierra (propiedad robada a los indios) valía 2 dólares, pero una Ley del Suelo la redujo a 1’25 dólares. El levantamiento de Riego y la llegada de los liberales al poder en España no podía dejar de repercutir en Hispanoamérica. Tanto Gran Bretaña como Estados Unidos pasaron a apoyar sin tapujos a los independentistas. En Méjico recomenzó el movimiento revolucionario.

Sin embargo, su clase dirigente, aunque apoyaba la emancipación, quizás, más bien, el autonomismo, aceptaba la soberanía de Fernando VIIº, situándose en una posición que Sudamérica ya había superado 7 años antes. Hasta el punto de ofrecerle el acogimiento si se veía obligado a abandonar España. Tal vez con la idea de formar un imperio centroamericano semejante a lo hecho en Brasil. Bolívar fue nombrado Presidente de la nueva República de Colombia. El General Morillo, en Nueva Granada, recibió orden de negociar con éste, y todas las tropas españolistas se replegarían hacia Perú, que ahora estaba amenazada por el Sur y por el Norte. El Congreso aprobó la propuesta de armisticio siempre que incluyera el reconocimiento de la soberanía e independencia de la nueva República de Colombia. En Trujillo, en la misma casa donde 7 años antes había firmado el Decreto de “guerra a muerte”, Bolívar redactó el armisticio. Pocos días después de firmarlo en Santa Ana, Morillo fue relevado del mando y sustituido por el General La Torre. Posiblemente había ido demasiado lejos en sus reconocimientos, aunque la única alternativa posible a la continuación de las hostilidades era asumir la realidad de los hechos. En 1.821, Inglaterra había alcanzado los 12 millones de habitantes: casi se habían duplicado en 60 años. Las ciudades se convirtieron en tugurios infectos. En ellas la crítica social tomaba cuerpo y exigía una nueva, distinta y mejor organización social que acabase con la sobreexplotación de la mano de obra, las prolongadísimas jornadas laborales (incluso femenina e infantil) con miserables salarios, compatible con un desempleo atroz, como actualmente ocurre, algo que parece fuera de toda lógica, de toda “racionalidad”, dado que la propaganda ¿neo?liberal asegura que bajando los sueldos se garantiza el ¿pleno? empleo. Hasta hubo críticas a la destrucción irreversible de la naturaleza, fundamentalmente por la tala de madera para alimentar las máquinas de vapor, las herrerías o los pequeños hornos de fundición. Sin embargo la reacción obrera fue parcial, errónea, contra un maquinismo al que culpaban de todos sus males, sin comprender que, tras ello, estaba la organización social, el modo de producción capitalista y la estructura de la propiedad, en la que todo lo demás se basaba.

Tanto el Estado como la Iglesia nacional anglicana, que, jerárquicamente, dependía de él y de la corona, se desentendieron de todas las consecuencias de dicho proceso. Murió Napoleón en Santa Elena, a los 52 años de edad. Se dijo que por cáncer de estómago. Sus partidarios acusaron a los británicos de haberlo envenenado. La verdad es que su cautiverio costaba una fortuna -como el de Hess en la fortaleza de Spandau, que moriría 160 años después que el emperador- y el motivo de mantener a éste con vida, evitar insurrecciones en su país, había dejado de inquietar. Análisis posteriores descubrieron que había gran proporción de arsénico en sus restos mortales, aunque era habitual que los poderosos tomasen pequeñas dosis diarias para “inmunizarse” por si se les intentaba envenenar. A imitación de lo que ocurría en España, en Portugal se aprobó una Constitución similar a la de Cádiz. Los británicos convencieron a Juan VIº de que regresara a Portugal, para lo que tuvo que ratificar la Constitución. De Riego fue nombrado Mariscal de Campo y Capitán General, si bien el Gobierno perdió la confianza en él acusándolo de republicanista. Diego De Alvear y Ponce de León, nieto del fundador de las bodegas Alvear en Montilla, había sido enviado a Río de la Plata como Brigadier. Establecido el virreinato del Río de la Plata, el virrey De Cevallos se distinguió por sus innovadoras medicas económicas, la entusiasta aplicación de la Pragmática de Libre Comercio de Carlos IIIº, que multiplicó el comercio de Buenos Aires, y que crearía la bases para la revolución argentina, disminuyó el contrabando, estimuló la agricultura, reguló el horario de las labores, la alimentación y el salario de los peones, persiguió el alcoholismo y los juegos de azar, si bien aprovechó el Tratado de Asiento para, a través del “comercio” británico, aumentar la importación de esclavos, ya que consideraba que la población activa disponible no era suficiente para el incremento productivo que pretendía, en resumen, uno de los mejores virreyes sudamericanos, aunque el resultado de su obra fue incrementar la apetencia británica y criolla por su independencia. Su escudo de armas incluía el lema “Es ardid de caballeros cevallos para vencellos”.

Su hijo sería Ministro de Hacienda del General Martín Miguel De Güermes (que reconquistó Buenos Aires a los británicos, y asaltó uno de sus buques, que había quedado varado, mediante una carga de caballería, lance pocas veces repetido en la Historia) mientras fue Gobernador de Salta, manteniendo la Guerra Gaucha, en la que sus gauchos defendieron el territorio desesperadamente, aunque los independentista de Buenos Aires lo consideraban un cacique insumiso a su Gobierno, que soliviantaba a los campesinos contra las clases propietarias, si bien dicha resistencia fue imprescindible para que persistiese la independencia argentina, tras tres derrotas consecutivas de los independentistas, y para que continuasen las campañas de De San Martín en el exterior, que consolidaron la independencia sudameriana. Bajo la dirección del General Cevallos, De Alvear participó en la “Guerra de Sacramento” o “Expedición de Ceballos” contra los portugueses por dicha colonia en el actual Uruguay. Se casó con una porteña con la que tuvo 9 hijos. Para evitar más conflictos con Portugal se le encomendó estudiar y delimitar la zona entre los ríos Paraná y Paraguay. De dichos estudios publicó “Demarcación de los territorios de España y Portugal”, en el que hace ostentación de sus conocimientos de latín, inglés, francés, italiano, portugués, tupí, guaraní, botánica (estos últimos aprendidos para perfeccionar la misión que se le había encomendado) geográficos, cartográficos, astronómicos, matemáticos, militares, navales y artilleros. Se supone que en esta época fue cuando nació su presunto hijo bastardo José De San Martín. Ascendido a Mayor General fue destinado a España, a donde regresó con su esposa y sus 9 hijos. El segundo comandante de la Flota cayó enfermo, por lo que, al ser el siguiente en el escalafón, debió sustituirle, pasando de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, a la nave capitana, junto con su hijo Carlos María, de 16 años, que sería segundo Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata tras su independencia. En la costa del Algarbe portugués se encontraron con una flotilla británica, que, a pesar del Tratado de Paz de Amiens, los declararon “buena presa” y exigieron su rendición. Es lo que se conoce como Batalla del Cabo de Santa María. Los españoles consideraron que se trataba de un error, que los habían confundido, puesto que ambas naciones estaban en paz, por lo que preparaon una chalupa para explicárselo.

Los británicos consideraron que el plazo que les habían “concedido” estaba próximo a expirar y lanzaron una andanada de balas incendiarias (calentadas al rojo) una de las cuales llegó a la santabárbara del Nuestra Señora de las Mercedes, que explotó, hundiéndose con la esposa y ocho de los hijos de De Alvear, y todos los tesoros que traían a España. La empresa cazatesoros Odyssey descubrió y expolió el pecio, cuyo botín ha sido declarado judicialmente que pertenece a España, si bien aún no se ha conseguido ejecutar tal sentencia. De Alvear fue capturado y llevado a Gran Bretaña, aunque se le trató con toda condescendencia y honores, e incluso se le compensó en parte de sus tesoros hundidos, tal vez compadecidos por las pérdidas familiares que había presenciado desde la nave capitana, junto con su hijo superviviente. Durante el cautiverio, yendo a misa, conoció a una irlandesa con la que se casó y tuvo otros siete hijos: no los suficientes para reemplazar a los perdidos en la batalla del Cabo de Santa María. Vuelto a España se le encargó de la defensa artillera de Cádiz, evitando que los franceses pudieran entrar en ella, e incluso rindiendo a la Flota francesa anclada en la bahía. Reorganizó las milicas de Cádiz con un cuerpo de dos mil “Voluntarios distinguidos de Cádiz”. Posteriormente fue nombrado gobernador político-militar de la Isla de León (actual San Fernando) todo lo cual tendría importancia para que se pudiera aprobar la Constitución de Cádiz, hechos heróicos por los que Espronceda le dedicó su poema “A Don Diego de Alvear”. Ante el percal del sexenio absolutista se volvió a Inglaterra, donde había vivido “cautivo”. Al proclamarse de nuevo la Constitución de Cádiz, vlvió a Montilla. En Códoba se insubordinaron las tropas acantonadas, tratando de reimplantar el absolutismo. Así que organizó una milicia de voluntaros en Montilla, donde resistió a los sublevados hasta que llegaron refuerzos para derrotarlos. Durante la “década ominosa” fue encarcelado y desposeido de sus bienes y títulos, puesto en libertad y devueltos sus derechos y pertenencias en varias ocasiones. Inició una dinastía de políticos argentinos, iniciada por su hijo Carlos María, que tuvo diez hijos, y continuada por su nieto Torcuato, que tendría once hijos, y bisabuelo de Marcelo Torcuato, fundador de la Unión Cívica Radical y Presidente de Argentina, pero que no tuvo hijos. Metternich fue nombrado Canciller del Estado austríaco.

El General Giglielmo Pepe se puso al frente de la insurrección carbonaria. El rey de Nápoles había llamado secretamente en su ayuda a los austríacos. El congreso de Laibach aprobó la intervención en Italia, cuando el movimiento revolucionario llegaba a Piamonte y al reino lombardovéneto. El rey Victor Manuel Iº, creyendo irreversible el triunfo de la revolución, renunció al trono, a favor de su hermano Carlos Félix. Ayudado por los austríacos, éste consiguió reinstaurar el antiguo régimen, en contra de una Constitución casi idéntica a la de Cádiz, proclamada por los Oficiales. Los austríacos fueron extemadamente crueles en el reino aliado lombardovéneto. El General Pepe fue derrotado en Rieti por las tropas austríacas, que, al entrar en Nápoles, iniciaron un fuerte movimiento reaccionario. Estalló la insurrección griega, con aspiración balcánica, en Iassy, en Moldavia. El jefe de la sociedad secreta que la encabezó fue el príncipe Alejandro Ypsilanti “El Joven”, que fue derrotado en Dragachan y debió refugiarse en Austria. Taokuang fue coronado emperador manchú. Missouri fue admitido como el 24º Estado de la Unión, según el compromiso del año anterior. El Tenientegeneral y masón sevillano Juan O’Donojú -hijo de Richard O’Donnohue, descendiente de huidos de Irlanda durante las persecuciones de los católicos por Jorge IIº- que había luchado en el sitio de Zaragoza y fue Ministro de la Guerra por las Cortes de Cádiz, fue apresado y sufrió terribles torturas al retorno de “El Deseado”. Tras la revolución de Del Riego, los liberales consiguieron que sustituyese al “virrey provisional” de Méjico, el Mariscal de Campo Francisco Novella. Este había sido impuesto por un grupo de Oficiales, que depusieron al Almirante y Capitán General Juan Ruiz De Apodaca, que había conseguido dominar prácticamente la insurrección, derrotando y fusilando al guerrillero liberal navarro e insurgente independentista mejicano Francisco Xavier Mina Larrea y otorgar entre 55.000 y 60.000 indultos para los rebeldes. Los militares españoles en Méjico eran asolutistas, incluso el propio virrey. Cuando los liberales alcanzaron el poder en España, los virreinatos se reconvirtieron en provincias, como habían hecho las Cortes de Cádiz.

Así que el Almirante Apodaca pasó de ser virrey a Jefe Político Superior de Nueva España. Al aceptar tal cargo sus subordinados lo consideraron traidor y lo destituyeron. Uno de éstos fue Agustín De Iturbide. Yendo más lejos, enviado a combatir al rebelde Vicente Guerrero, se pasó a su bando en el “abrazo de Acatempan”, se hizo cargo de todo el ejército revolucionario y proclamó el Plan de Iguala, no sólo independentista, sino completamente revolucionario, que proponía la igualación de todas las clases sociales, pero constituyendo a Méjico como monarquía, en la propia persona del rey o alguno de sus hermanos o primos, posiblemente a imitación de lo ocurrido en Brasil, y con el catolicismo como única religión autorizada: una absoluta incongruencia. En este tiempo el Ejército “Trigarante” (porque se comprometió a garantizar los tres puntos del Plan de Iguala, jurando fidelidad a la religión, a la independencia y a Fernando VIIº: más incongruencias) formado por todos los rebeldes y la mayoría de los antiguos realistas, lo que parecía constituir la mejor certeza de coneguir la ansiada paz, había recorrido el país sin casi oposición, propagando el independentismo y el apoyo al Plan de Iguala, de forma que a los realistas absolutistas sublevados sólo les quedaba Ciudad de Méjico, Veracruz, Durango, Chihuahua, Acapulco y la fortaleza de San Carlos de Perote, y sus restantes tropas estaban siendo derrotadas en sucesivas escaramuzas. Este ambiente se encontró O’Donojú. Como todos los liberales en todas partes del mundo era proclive a la independencia colonial. Así que ordenó el cese inmediato de hostilidades y firmó los Tratados de Córdoba con De Iturbide, que practicamente implantaban el Plan de Iguala, pero añadiendo la frase de que, si ninguno de los Infantes o Archiduques aceptaban tal nombramiento, las Cortes imperiales (?) designarían a cualquier otro, lo que dejaba la opción de que fuese él mismo. O’Donojú  murió poco después, posiblemente envenenado, los mejicanos se consideraron independientes, pero el Gobierno español respondió que O’Donojú carecía de poderes para firmar tales acuerdos y no los reconoció.

Sin embargo, los terratenientes, el principal apoyo de los españoles, ante la situación en Méjico y el dominio de los liberales en España, abrazaron la independencia decididos a sacar partido de ella, y la posibilidad de reconquistar el país se hizo imposible. Maracaibo se declaró independiente, apresó a la guarnición realista y solicitó incorporarse a la nueva República de Colombia. El General La Torre proclamó la ruptura del armisticio y movilizó a sus tropas. Urdaneta se hizo fuerte en Maracaibo, Bolívar ocupó la provincia de Barinas y, junto con los jinetes de Páez y las tropas de Bermúdez, planeó la confluencia sobre las realistas que se interponían hasta Caracas. Así se llegó a la batalla de Carabobo, el día de San Juan. La Torre debió replegarse a Valencia y, después, a Puerto Cabello. El día de San Pedro, Bolívar volvía a entrar triunfante en Caracas, tras siete años de ausencia. Había culminado su plan de reconquistar Venezuela desde Nueva Granada, a través de las cordilleras y los llanos, desde el río Magdalena, en un avance de 2.000 kmtrs.. A continuación decidió dirigirse contra Ecuador. San Martín, siguiendo los planes que había concebido varios años antes, desembarcó en Paracas, conquistó Pisco y la victoria de Maipú le permitió conquistar Lima, aunque no consiguió dominar el altiplano de Perú ni de Bolivia, ni Quito. En Brasil, ya bastante revuelto por las guerras de independencia hispanoamericana, Juan VIº dejó a su hijo Pedro, como regente, que se vio en graves apuros ante los primeros intentos republicanos e independentistas criollos. En 1.822 murió William Herschel, músico profesional, autor de 24 sinfonías, originario de Hannover, descubridor del planeta Urano y sus satélites Titania y Oberón, de los 15 que hoy se conocen, situados a doble de distancia desde la Tierra que Saturno, del que también descubrió sus sexto y séptimo satélites, de los 59 que hoy se conocen: Mimas y Encélado. Para ello construyó él mismo diversos telescopios reflectores, pues sostuvo que este sistema era más perfecto que las lentes, que producían distorsión cromática por el efecto de la refracción (Newton opinaba igual) calculando y puliendo él mismo sus espejos, hasta fabricar uno de 120 cmtrs. de diámetro, en el interior de cuyo tubo su familia celebró su misa de requiem. Fue el más grande y potente durante 50 años, hasta que lord Rosse construyó el “Leviatán”, de 198 cmtrs..

Para que comprendamos lo que eso significa recordemos que el del Monte Wilson, 150 años posterior, tiene 254 cmtrs. de diámetro, y que el Observatorio Espacial Herschel de la Agencia Espacial Europea, el mayor telescopio puesto nunca en órbita, para la observación infrarroja, 230 años posterior, mide tres metros y medio de diámetro. Herschel descubrió la radición infrarroja, invisible al ojo humano, pero que transmitía calor. Demostró que todo el sistema solar se desplazaba en el espacio galáctico en dirección a la estrella “fija” Lambda de Hércules. Catalogó 2.500 nebulosas, descubriendo que muchas de ellas eran espirales. Infirió la forma lenticular de la Vía Láctea. Propuso la doctrina de los universos-islas. Fernando VIIº continuó conspirando para restablecer el absolutismo. Por ejemplo, instigó una sublevación de la guardia real, que debió ser sofocada por la Milicia Urbana de Madrid. Castlereagh se suicidó a causa de una depresión nerviosa. Le sustituyó al frente de la política exterior británica el liberal tory George Canning, que dio un cambio decisivo a la misma. A partir de entonces la diplomacia secreta se sustituyó por la transparencia, intentando involucrar a la opinión pública en apoyo a la que él pretendía: la implicación británica en la independencia griega y sudamericana. En tales circunstancias se reunió el congreso de Verona, que aprobó el envío de tropas francesas para acabar con la democracia en España, con la única protesta de Gran Bretaña. En tales circunstancias se reunió el congreso de Verona, que aprobó el envío de tropas francesas para acabar con la democracia en España, con la única protesta de Gran Bretaña. Al no desear una estructura centralizada, que estimulase a los liberales a exigir una Constitución, el rey de Prusia debió apoyarse en los distritos. Murió von Hardenberg, Primer Ministro prusiano. Analizó que la revolución había despertado las fuerzas dormidas en Francia, acabando con la miseria, la debilidad y los prejuicios. Que era erróneo aferrarse a lo antiguo para contrarrestarla. Al contrario: esa era la mejor forma de activarla. Concluía que la fuerza de los principios liberales era tan grande que el Estado que no los aceptase marcharía hacia su ruina. Por lo que proponía una revolución “bien entendida”, que ennobleciera al hombre por la sabiduría del régimen: principios democráticos y monarquía (no se puede olvidar que Prusia era una monarquía) era su receta. O sea: la monarquía parlamentaria.

Propuso a Federico Guillermo IIIº “hacer desde arriba lo que los franceses habían hecho desde abajo”. En realidad, esta “revolución desde arriba” que proponía no era sino la continuación del reformismo ilustrado, llevado a sus últimas consecuencias. Si la revolución no llegó a prender en los Estados alemanes fue porque ya habían llegado mucho más lejos que la Francia ilustrada en sus reformas. Porque sus déspotas habían conseguido mantener a raya a la aristocracia, de forma que ésta no pudo impedir que se siguiera adelante con las mismas. Y así los alemanes continuaron apoyando a tales déspotas. Se podría decir que así ocurrió hasta la caída del régimen hitleriano. Incluso durante la República Democrática Alemana, la antigua Prusia, donde se había hecho la revolución, comunista, desde arriba, hasta el derribo del muro de la vergüenza. Si la Revolución Francesa y las victorias napoleónicas propagaron las reformas liberales, los mismos triunfos y el dominio francés encendieron el espíritu nacional. Por activa y por pasiva se puede decir que Napoleón fue el primer artífice de las reunificaciones italiana y alemana, tanto como el destructor del Imperio Alemán: paradojas de la Historia. El nombramiento de Canning como Ministro de Asuntos Exteriores llevó a los Estados que componían la Santa Alianza a la total oposición a la política exterior británica, convirtiéndose en un bloque absolutamente conservador. Hasta que la crisis del Medio Oriente ucraniano, separó también a Francia, en un sentido más liberal, de Austria y Rusia, rompiéndose la idea de solidaridad internacional impuesta por Metternich. A pesar de su primera derrota, los griegos habían alcanzado tal sentimiento de unidad y nacionalismo que, sin amilanarse, se rebelaron por todo el país y convocaron un Congreso nacional urgentemente en Epídauro, en el que declararon la soberanía del pueblo heleno, su independencia y el inicio de un proceso constituyente. Como consecuencia de la labor de propaganda realizada, tal hecho tuvo una repercusión continental. Consiguirían filohelénicos tanto entre los conservadores como entre los liberales. Por ejemplo, Luis Iº de Baviera o Chateaubriand, que celebraron con entusiasmo el acontecimiento. En Ginebra comenzaron a reunir voluntarios para luchar con los independentistas. Entre ellos lord Byron.

Rusia también demostró sus simpatías y ofreció su apoyo, a lo que Austria se opuso, temiendo que lo aprovechase para conquistar nuevos territorios en los Balcanes, que codiciaba para su exclusiva propiedad, así como para que tal independentismo no se propagase en su propio imperio, por ejemplo en Hungría. Esta rivalidad llevaría a la Iª Guerra Mundial, a la desaparición de las tres dinastías y los tres imperios implicados en la disputa. Ante semejante situación, Gran Bretaña prefirió la neutralidad, aunque en el futuro (y en secreto) no se comportase como declaraba. Todo esto supuso la quiebra del sistema de solidaridad europea establecido por Metternich. Los genízaros fracasaron en el Peloponeso en su intento de sofocar la rebelión. Entonces intervino Mujammad Alí, Gobernador de Egipto, cuyas múltiples victorias contribuyeron al descrédito de los genízaros. La estadounidense American Colonization Society promovió el asentamiento en Monrovia de esclavos negros liberados. Las guerras entre Birmania y Siam continuaron hasta que Gran Bretaña decidió invadir aquella, encontrándose el camino allanado para tal fin. Un Congreso Constituyente declaró el Imperio de Méjico, y a De Iturbide como emperador Agustín Iº. Tras la reunión en Guayaquil de De San Martín y Bolívar, éste obtuvo permiso para operar en la zona Andina, donde los realistas habían recuperado todo Perú. Así que envió a su lugarteniente, el venezolano Antonio José De Sucre, que obtuvo el triunfo en Pichincha, por el que consiguió la independencia de la Presidencia de Quito, actual Ecuador. Después de ganar las batallas de los volcanes Bomboná y Pichincha, esta última por las tropas de De Sucre, Bolívar entró triunfalmente en Quito. Su dominio se extendía hasta la Guayana, incluyendo Ecuador, la actual Colombia y Venezuela. De San Martín dominaba Argentina y Perú. Ambos libertadores se encontraron en Guayaquil, cuando ya esta ciudad se había incorporado a la nueva República de Colombia. Posiblemente por discrepancias políticas, San Martín entregó su Gran Ejército de los Andes a Bolívar, y volvió a Europa. Quizás no se encontrase capacitado para la política, apoyase otro candidato menos ambicioso que Bolívar, o no desease entrar en una guerra entre libertadores y nuevas repúblicas. Moriría 29 años después en Francia.

La provincia de Maracaibo había sido invadida por el General Morales, mientras en el Alto Perú, La Serna, el último virrey, organizaba la resistencia. Bolívar se encontraba a 3.000 kmtrs., en distintas direcciones, de ambos lugares ¿A dónde acudir primero? Además, el Congreso le pidió que se presentase en Lima, hacia el Sur, más cerca del Alto Perú. De modo que entregó el mando del ejército a De Sucre, al que debía gran parte de sus últimas victorias. Este se dirigió directamente hacia el Sur, a impedir la reunión de los ejércitos realistas. Tras su negativa a abandonar el país y renunciar a la regencia, como los independentistas le exigían, el regente convocó un Consejo representativo de las provincias brasileñas, que se convertiría en asamblea constituyente. Pero, comprendiendo que no podía acabar con el independentismo, el regente decidió ponerse a su frente, rompiendo relaciones con Portugal y su rey, su padre, siendo proclamado emperador constitucional de Brasil, como Pedro Iº. La capacidad militar y, sobre todo, naval, portuguesa, era entonces muy inferior a la española. Además, Gran Bretaña, aliada de los portugueses desde su apoyo a la reconquista de Lisboa, en tiempos del dominio mahometano, también tenía intereses en Brasil, que se convertiría en zona de su influencia imperialista. O, mejor expresado, neoimperialista. Dada la permanencia dinástica y confluencia de intereses británicos, su independencia fue fácil y tranquila. Y tan relativa y parcial, un mero cambio de amos, como en la demás Iberoamérica. Así que no hubo la menor resistencia al cambio de situación. Ni tampoco ningún proceso revolucionario: se mantuvieron las mismas instituciones, estructura social y de poder. Esto obligó a Pedro Iº a buscar un equilibrio entre los poderosos hacendados, los ganaderos del Nordeste y los azucareros del Sur, y el funcionariado y la burguesía comercial urbanos. Contrariamente a lo que ocurría en la mayor parte del mundo, aquellos propugnaban el liberalismo económico, en el sentido de librecomercio –si bien manteniendo el esclavismo- que, mediante la reciprocidad con Gran Bretaña, les asegurase sus exportaciones, aunque dejara el país en manos de la primera potencia comercial de aquel siglo, mientras los otros, que seguían vinculados a Portugal, mantenían un conservadurismo nostálgico, aspirando a a continuar con las restricciones reglamentistas coloniales.

Pronto los hacendados conseguirían un auge económico que difícilmente iba a poder continuar, puesto que se basaba en el esclavismo que Gran Bretaña combatía. Las concesiones a los británicos, en compensación, supusieron el déficit comercial y la penuria financiera permanentes, que precisaron continuas emisiones de papel moneda y su constante depreciación.

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