1.159-Papas, anti-papas, normandos, Hohenstaufen y güelfos

En el 1.134 murió Alfonso Iº “El Batallador”. Como no tenía descendientes, y su hermano era obispo de Roda-Barbastro, legó sus reinos a las órdenes militares del Santo Sepulcro, del Hospital y del Temple. Tanto la nobleza como el clero y los concejos municipales se opusieron a ello. Aprovechándose de tal desbarajuste los navarros eligieron rey a García Vº Ramírez, apodado “El Restaurador” porque era descendiente de los antiguos reyes de Pamplona. Mientras tanto una asamblea de magnates aragoneses eligió al hermano del testador, Ramiro IIº, apodado “El Monje”, aunque, por ser eclesiástico muchos se negaron a aceptarlo. Entre ellos Alfonso VIIº de Castilla, que, alegando que era nieto de Sancho IIIº “El Mayor” de Navarra y Aragón, conquistó Zaragoza, quizás como venganza por los problemas que en su reino había ocasionado el fallecido, su padrastro. Con ello se acabaron de inmediato las disputas, e incluso los catalanes estuvieron dispuestos a apoyar a Aragón, dada la amenaza que veían acercarse. Ramiro IIº se casó con Inés de Poitiers.

Enrique Iº, que tenía 20 hijos bastardos, designó como heredera al trono inglés a su único hijo legítimo, Matilde, conocida en Inglaterra como la reina Maud, viuda del emperador Enrique Vº [1] y casada posteriormente con el conde de Anjou, Godofredo “Plantagenet” [2]. En Inglaterra no había precedente de ninguna reina, por lo que se inició una guerra civil, en la que los barones y obispos, en 1.135, eligieron rey a su primo Esteban de Blois, nieto de Guillermo “El Conquistador”. Se produjo una anarquía general, hasta que Matilde se dio por vencida, trece años después. Alfonso VIIº, engreído por sus éxitos, se coronó emperador de las Hispanias. Todos los reinos cristianos peninsulares lo reconocieron, cada uno buscando sus propios intereses. García Vº de Navarra a cambio de que garantizase su independencia respecto de Aragón. El conde de Portugal, Alfonso Enríquez, a cambio de una mayor autonomía en relación a Castilla. En el 1.137, Ramiro IIº tuvo una hija, que prometió en matrimonio al conde de Barcelona, Ramón Berenguer IVº, al que designó príncipe de Aragón, le dejó la gobernación del reino y se retiró a un monasterio hasta su muerte.

El emperador bizantino, Juan IIº, consiguió reconquistar el Principado de Antioquía a los normandos, llegando a un pacto con el emperador alemán contra éstos. Para entonces, Fulco, conde de Anjou y rey de Jerusalem, había ampliado su reino por casi toda Palestina y Siria, dividiéndolo en cuatro Principados: de Jerusalem, Antioquía, Edesa y Trípoli del Líbano. En el 1.139, la designación de Enrique “El Soberbio” no mejoró la situación en Alemania, pues su hermano, Welfo VIº, continuó la lucha a favor de su sobrino, Enrique “El León”, entonces sólo un niño. Fue en esta guerra cuando se popularizó el grito de “aquí Welfo, aquí Waibling”, en relación a la fortaleza de los Hohenstaufen del Sur de Alemania, que los italianos transformaron en güelfos y gibelinos. Finalmente se acordó que Enrique “El León” recuperase el ducado de Sajonia, pero no el de Baviera, impidiéndole la conexión con Italia y la Toscana, con lo que mermaba su poder. Bohemia volvió a pertenecer a Alemania. Los romanos instituyeron una república, dirigida por un senado, a imitación del modelo republicano de la antigüedad, lo que sirvió de ejemplo a las futuras repúblicas italianas, por lo que se puede decir que comienza un renacimiento político, antecesor del cultural.

Se originó, con ello, un movimiento revolucionario que se hizo violento, de modo que el nuevo Papa, Eugenio IIIº, también tuvo que huir. Urdió una alianza con Conrado IIIº y el emperador bizantino, quien pretendía recuperar el Sur de Italia, y, todos ellos, acabar con el poder normando, que se había demostrado mucho más peligroso que el bizantino. Roger IIº no se quedó impasible, sino que entró en alianza con Welfo VIº y Francia. Ramiro IIº de Aragón y su futuro yerno, Ramón Berenguer IVº de Barcelona, cuya hermana estaba casado con Alfonso VIIº de Castilla, por el Tratado de Carrión, en el 1.140, convencieron a éste para que abandonase Zaragoza. En el 1.143, Alfonso Enríquez enfeudó al Papa el condado de Portugal, lo que suponía, de hecho, su independencia, ya que Alfonso VIIº no osó impedirlo ni invadir el nuevo feudo papal. En el 1.144, Edesa fue conquistada por los turcos. El imperio almorávide se desmoronaba, por lo que, en el 1.146, Alfonso VIIº consiguió incluso apoderarse de Córdoba. Esto provocó el desembarco en España de destacamentos almohades, que, llamados por el rebelde Ibn Kasi, se apoderaron de Sevilla, por entonces constituida en república oligárquica, y retomaron Córdoba.

Atemorizado por la caída de Edesa, el Papa Eugenio IIº pidió a San Bernard de Clairvaux [3] que predicase la IIª Cruzada, en el 1.147, que acabaría en el 1.149, sin resultados positivos, puesto que alemanes y franceses, tras sufrir graves pérdidas, regresaron sin haberla reconquistado. Estúpidamente, Conrado IIIº, iniciador de la dinastía Hohentaufen, se enroló en ella, en lugar de resolver los múltiples problemas de su imperio. En este ambiente cruzado, Alfonso VIIº, al mando de castellanos, aragoneses, catalanes, navarros y naves pisanas y genovesas, conquistó Almería, que estaba bajo el dominio de Ibn Mardanich, al que los cronistas cristianos denominan “El Rey Lobo”, al que los almohades habían reconocido su soberanía. En el 1.148, Ramón Berenguer IVº tomó Tortosa, un puerto pirata. Allí situó una poderosa Flota, que impidió que las tierras del interior pudiesen recibir ayuda por el Ebro, lo que le permitió conquistar fácilmente desde Mequinenza y Fraga hasta Lérida y las comarcas de la baja Tarragona. En el 1.150 se celebró la boda entre éste y su prometida, Petronila, la hija de Ramiro IIº “El Monje”. Sancho VIº de Navarra sucedió a García Vº.

El agustino Arnaldo de Brescia, que pretendía evitar la intromisión eclesiástica en la vida secular, tratando de que la Iglesia se centrase en una austera espiritualidad, reactivó la revolución romana. Al objeto de acabar con el poder temporal del Papado, el senado se había ofrecido a coronar emperador a Conrado, y que se asentara en dicha capital. Pero esto suponía poner en cuestionamiento el orden feudal, por lo que prefirió que lo coronase el Papa, a cambio de la reconquista de Roma. Sin embargo no pudo conseguir sus objetivos porque murió en el 1.152, legando el reino a su sobrino Federico de Suabia. La nobleza, sorprendentemente, lo ratificó, como Federico Iº, apodado “Barbarroja”, Barbarossa [4] en italiano, Rotbart en alemán, lógicamente por el color de su barba. Quizás porque, dado que su madre era güelfa y su padre Hohenstaufen, ya había hecho gestiones para recuperar la paz entre ambas familias -incluso defendiendo a los güelfos contra su tío, el emperador Conrado- y en todo el imperio. Devolvió Baviera a Enrique “El León”.

Siguió invistiendo eclesiásticos según su conveniencia política, con total desprecio al concordato de Worms, y alegría de “sus” obispos, que, pasadas las confrontaciones con el Papado, volvieron a ser consejeros, funcionarios y jefes militares del rey. El Papa Eugenio IIIº le ofreció la corona imperial a cambio de que controlase a sus enemigos romanos y normandos. Así que Federico “Barbarroja” fue coronado rey de Lombardía, en Pavía, aunque Milán y otras ciudades le ofrecieron resistencia, obstaculizando su avance hacia Roma, que no pudo conquistar. Sin embargo capturó al fanático Arnaldo de Brescia y se lo entregó al Papa, para que ejecutase su muerte. El nuevo Papa, Adriano IVº, el único pontífice inglés, cumpliendo el acuerdo, lo coronó emperador, tras lo cual, conseguido su objetivo, Federico Iº se volvió, sin más, a Alemania, donde se casó con la heredera del Franco Condado de Borgoña. Bizancio comprendió que nada iba a conseguir de la Cruzada, que estaba dirigida especialmente contra su recuperado poder, por lo que se opuso a ella. Esto provocó la hostilidad de Francia y el Papado. Manuel Iº, el emperador bizantino, trató de conseguir, frente a ellos, la amistad del nuevo emperador alemán.

Pero las aspiraciones de ambos a una soberanía universal [5] lo impidió. En el 1.153, el arzobispo de Canterbury consiguió un acuerdo entre Esteban de Blois y Enrique de Anjou-Plantagenet, hijo de Godofredo y de Matilde, que ya se había apoderado de Normandía y de la soberanía feudal de Bretaña, posesiones de su madre, los condados de Anjou y Maine, heredados de su padre -y que el año anterior se había casado con Leonor, condesa de Poitou y de Aquitania, y duquesa de Gascuña y Guyena (divorciada del rey de Francia, Luis VIIº) que aportó sus posesiones al matrimonio- por el que ambos se reconocían como rey y sucesor, respectivamente. Al año siguiente Enrique IIº sería coronado, instaurando en Inglaterra la dinastía Anjou-Plantagenet, que se mantendría casi dos siglos y medio, con lo que las relaciones entre ambos países ribereños del Canal Inglés [6], que ya habían tenido enfrentamientos por sus vinculaciones dinásticas y los dominios en territorio francés, se dirigían hacia la guerra de los 100 años. Porque Enrique IIº tenía más posesiones en Francia que el rey Luís VIIº: dominaba toda la costa atlántica, desde Normandía hasta los Pirineos.

De inmediato estallaron insurrecciones en los amplísimos territorios de Enrique IIº, que él complicó aún más invadiendo Escocia e Irlanda. Todo ello lo mantuvo alejado del Gobierno, lo que puso a prueba y fortaleció la administración establecida por Enrique Iº, mediante el nombramiento de funcionarios de gran preparación, especialmente en materia legal, como Tomás Becket. En el 1.157, a la muerte de Ibn Mardanich, los almohades se anexionaron sus territorios, retomando Almería. Alfonso VIIº legó Castilla a su hijo Sancho, que intentó arrebatar La Rioja a Navarra, y León a Fernando. En el 1.158, Federico Iº coronó rey al duque de Bohemia. Volvió a Italia para recuperar los derechos y propiedades imperiales que las ciudades lombardas estaban usurpando. Estas se sometieron, excepto Milán, que fue completamente destruida, debiendo sus habitantes establecerse fuera de sus murallas. El emperador bizantino, Manuel Iº, renunció al Sur de Italia para concentrarse en la recuperación de los Balcanes, mucho más fáciles de reforzar y necesarios para su seguridad patria. El éxito obtenido llegó al enfrentamiento con las posesiones venecianas, por lo que éstos no dudaron en aliarse con los normandos contra él.

Sancho IIIº de Castilla dejó la corona a su hijo Alfonso VIIIº, de 3 años de edad, con lo que la nobleza llevó la anarquía al reino. Tanto Fernando IIº de León, su tío, como Sancho VIº de Navarra, se aprovecharon para conquistar diversas plazas de Castilla. Entre ellas, Fernando IIº tomó Toledo durante algún tiempo, además de enfrentarse con Alfonso Enríquez de Portugal por cuestiones de límites, si bien acudió en su auxilio cuando los almohades sitiaron Santarem. En 1.159, a la muerte de Adriano IVº, los cardenales pro-sicilianos eligieron Papa al canciller Rolando, enemigo del emperador alemán. Tomó el nombre de Alejandro IIIº. Los favorables a Federico Iº, que ya eran minoría, eligieron a un pariente de éste, Víctor IVº. Sin embargo, en el sínodo de Pavía, en el 1.160, se ratificó a éste, por lo que Alejandro IIIº debió huir a Francia, que, junto con Inglaterra, trataron de impedir la acumulación de poder imperial. Se fundó la Universidad de París. En el 1.162, Alfonso, el hijo de Ramón Berenguer IVº y Petronila, la hija de Ramiro IIº “El Monje”, fue coronado como conde de Barcelona. En el 1.163, Federico Iº consiguió que el rey de Dinamarca, Valdemar, le jurase fidelidad, igual que el de Polonia, tras una campaña militar contra él.

En Italia se fraguó la liga comunal veronesa, dirigida por Venecia contra el Imperio Alemán. A la muerte de Víctor IVº le sucedió otro antipapa, Pascual IIIº, también afecto a Federico Iº. Canonizó a Carlomagno.


[1] Con quien se había casado teniendo 11 años, y él 39 años de edad.

[2] Deformación del latín “planta de la genista”, con que se adornaban el sombrero los peregrinos, tal vez para espantar los mosquitos, camuflar el mal olor de la sudoración por las caminatas o travesías a caballo o en carros y la acumulación de personas, en malas condiciones de higiene, o para hacer ostentación de peregrinaje. Posiblemente la boda se fraguó para defender los derechos dinásticos de la heredera, dada la potencia militar de los Anjou. Ella tenía entonces 25 años y él 14 años de edad.

[3] Castellanizado como Bernardo de Claraval.

[4] Este sería el nombre en clave elegido por Hitler para la invasión de la Unión Soviética, ya que se suponía que su tumba era una montaña al Este de donde poseía su palacio campestre, alpino.

[5] Es digna de reflexión la consecuencia de haberse dividido el Imperio Romano y del césaro-papismo respecto de las aspiraciones europeas de un imperio mundial, “ecuménico”.

[6] De la Manche o Manga para los franceses, erróneamente traducido como Canal de la Mancha, tal vez pensando en El Quijote.

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