1.839: Comienza la Guerra del Opio

El increíble Talleyrand, un año antes de su muerte, consiguió ser rehabilitado por la Iglesia católica, reconociéndosele la dignidad cardenalicia, a pesar de haberse casado con su amante, tras pagar al esposo de ésta para que aceptase el divorcio, entre otras muchas demostraciones de vicio y corrupción. Murió F. L. von Marwitz, que defendía el patriarcado y las clases sociales (es decir, el feudalismo aristocrático) alegando patriotismo alemán. Mantenía que las reformas prusianas harían que el Estado se desintegrase debido a los intereses particulares y el egoísta afán de lucro. Por todo ello fue uno de los ideólogos del reaccionarismo del congreso de Viena. Gran Bretaña comenzó a intervenir en la política educativa hindú. Murió Bayiidou, rey de Birmania. Murió el chogun Ienari. En 18 años se habían producido 19 depreciaciones monetarias. Los daimio, que no podían acuñar moneda, y con sus ingresos limitados por la territorialidad de sus feudos, intentaban superar la situación emitiendo billetes convertibles en moneda, elevando la renta de las tierras o los impuestos, reduciendo el salario de sus vasallos, especulando en el comercio -mediante hombres de paja, ya que ellos tenían prohibida semejante deshonrosa actividad, basada en el engaño, en aprovecharse, simultáneamente, de proveedores y clientes- o endeudándose con los comerciantes de las ciudades. Los funcionarios samurai, además del recurso al crédito, tuvieron que desempeñar otros oficios o contraer matrimonio con herederas adineradas. Todo esto resquebrajaba el sistema y constituía una prueba de la incapacidad del mismo ante sus críticos, porque suponía el incumplimiento del código buchido, daba credibilidad a las clases comerciantes ascendentes y hacía a la aristocracia permeable a sus ideas. El hecho de que algunos daimio, como Mito, Chochu o Satsuma, hubiesen mantenido su poder económico a base de reformas, al tiempo que incrementaban su influencia política en el chogunado, agravaba las contradicciones, así como la envidia de los aristócratas empeñados hasta la ruina. La consecuencia fue la imposición de empréstitos obligatorios con los que se sangraba a estos destacados administradores. La burguesía, sobre todo comerciantes y banqueros, utilizaba su creciente poder, especialmente sobre sus deudores, para exigir participación política.

El campesinado, que ya no podía soportar más la presión que descargaban sobre él todas las clases superiores, se sublevaba constantemente, o huía a las ciudades. Lo cual, a su vez, producía disturbios en este creciente proletariado urbano. Fue el caso de Ochio Jeijachiro, en Osaka. Sin embargo la insularidad del Japón, la falta de rivalidad transfronteriza de otros países que pudieran sacar provecho de ello, como ocurria en Europa, permitía que el ejércio impusiera el orden, una y otra vez. Estados Unidos también fracasó en su intento de establercer relaciones comerciales con los japoneses. Michigan fue admitido como 26º Estado de la Unión. Como era abolicionista el empate continuaba en el Senado. Pero, para entonces, comenzaba a formarse un movimiento abolicionista ciudadano, que nunca fue muy numeroso, pero sí muy influyente, y que no se conformaba con tal situación, sino que pretendía la abolición a nivel federal. Se diseñó la trilladora mecánica. Finalmente España reconoció la independencia de Méjico. Rafael Carrera, al frente de una revolución indígena, derrotó a la aristocracia guatemalteca. Esta pidió ayuda al liberal Morazán -contradicciones de la Historia y la política- que no consiguió restablecer la situación. Guatemala se proclamó independiente, y Carrera su Presidente vitalicio. El resultado fue la disgregación de las Provincias Unidas de América Central, en pequeños Estados, cuya pervivencia, en aquella época, resultaba dudosa. En vista de ello, Carrera llegó a una alianza con la oligarquía terrateniente a la que había derrotado. Diego Portales, Presidente de Chile, tras organizar oportunamente la invasión de la Confederación de Bolivia y Perú, fue rechazado. Francia intentaba ser considerada nuevamente como gran potencia. No podía consentir el monopolio del comercio americano que las antiguas colonias continentales mantenían “heredado” de España, aunque ahora en beneficio de Gran Bretaña, su objetivo pretendido desde siempre, por más que propagase, transitoriamente, el libre comercio. El reconocimiento de indepedencia de España le dejaba las manos libres para intervenir en territorios que ya no eran considerados propiedad de una nación amiga. Además, la guerra contra los independentistas tejanos, especialmente lo que se consideró crueldad tras la toma de El Alamo, les había granjeado a los mejicanos la antipatía y la enemistad, interesadamente fomentada, de la población de Estados Unidos.

Así que, como primera provisión, Francia envió una Flota para “infligir a la invencible Buenos Aires un castigo ejemplar que será una lección saludable para todos los demás Estados americanos”. De modo que bloqueó su puerto hasta conseguir un Tratado comercial favorable. Igual haría Estados Unidos con Japón 15 años después. Tras el bloqueo de Buenos Aires la Flota hizo lo propio en Uruguay, donde organizó un ejército insurgente que tomó la capital. En 1.838, Francia se vio obligada a abandonar Ancona, con lo que su influencia sobre el nacionalismo italiano disminuyó aún más. El movimiento obrero inglés, cada vez más poderoso, al que denominaban cartismo, tomó como máximo objetivo la consecución del sufragio universal masculino. Quinientos boers, dirigidos por Petrorius, en cuyo honor la iudad de Petroria lleva tal nombre, protegidos por sus carretas de bueyes puestas en círculo, derrotaron al caudillo zulú Dignan y entre 10.000 y 20.000 zulúes y tribus aliadas en la batalla del Río Sangriento, causándoles 3.000 muertes contra sólo 3 heridos, gracias al magnífico emplazamiento que eligieron y al uso de fusiles y un pequeño cañón contra las lanzas de los nativos. Gran Bretaña consideraba una amenaza la expansión rusa hacia el Este. Ya 36 años antes, temiendo una alianza en tal sentido con Napoleón, impulsó un golpe de Estado que derrocó al chaj de Afganistán, sustituyéndolo por su hermanastro, el chaj Chuyaj al-Mulk. Sin embargo, 6 años después las cosas volvieron a estar casi como antes. Así que decidió reinstaurar al derrocado, para que su reino frenase dicha expansión rusa hacia la India. Hasta que consideró que la mejor garantía era su dominio directo e inció su conquista, para unirlo a sus posesiones hindúes. El contrabando de opio entre la India y China llegaba a las 40.000 cajas anuales, a pesar de los continuos y rigurosos decretos promulgados por los gobernantes manchúes. Finalmente encomendaron su control a Lin Tse-jsu, funcionario especialmente insobornable. Posiblemente no estuvieran tan preocupados por la salud pública (aunque también, pues, en otro caso, no tenían más que haber autorizado su cultivo en su propio territorio) y la delincuencia relacionada con el comercio ilegal de la droga, como por mantener la autoridad, que estaba siendo burlada, despreciada por funcionarios corruptos, y restablecer el comercio ventajoso, ya que el opio equilibraba las exportaciones de seda, té y porcelana.

Se calcula que, de los 400 millones de habitantes que constituían la población china, 2 millones eran fumadores adictos al opio. Devendranatt Tagore, miembro de la Brajma Sabba, de Ram Mohan Roy, fundó la sociedad Tattvaboddini Sabba, en la que consiguió integrar a gran número de personas ricas e influyentes. Se basaba en los Vedas, pero también admitía principios de deísmo natural. Kechabcandra Sen creó un nuevo movimiento social sobre bases más racionalistas. Proponía diversas reformas sociales, entre ellas la educación de la mujer y permitir que las viudas volvieran a casarse. Criticaba el desenfreno y la poligamia. Muchos brajmanes se integraron en tal movimiento, aunque más tarde surgieron cismas. Seis años antes, López de Santa Anna y sus Oficiales se habían comido unos pasteles en un restaurante propiedad de un francés, sin pagarlos, por lo que éste presentó una reclamación de 60.000 pesos. Quizás incluyese desperfectos en el local, que debía ser de oro, dada la indemnización solicitada, por trifulcas y peleas durante la francachela. Además los mejicanos habían fusilado a otro francés, bajo la acusación de piratería. De modo que la misma Flota que había tomado Montevideo bloqueó Veracruz, donde llegaron a reunir 50 buques de guerra, y a todos los puertos del Golfo, lo que dejaba a Méjico sin sus principales ingresos fiscales, apresando varios de sus buques, auténtica piratería -como la que sigue sufriendo Cuba- con la exigencia libre comercio y navegación para Francia, y 600.000 pesos como indemnización por los daños ocasionados a sus ciudadanos por los enfrentamientos revolucionarios y otros 200.000 de gastos de la Flota del bloqueo. Pasados 8 meses iniciaron el bombardeo del fuerte de San Juan de Ulúa y de Veracruz, que se rindieron. Es lo que se conoce como “guerra de los pasteles”. Bustamente pidió al derrocado López de Santa Anna que recuperase las posesiones perdidas. Este consiguió empujar a los soldados franceses hasta el muelle, donde una bala de cañón lo dejó sin pierna. Organizó un sepelio del miembro amputado con toda pompa y solemnidad, encabezado por él mismo, al que acudió toda la población con gran sentimiento, con lo que recuperó su aureola de heroicidad.

El pueblo le cantó el tradicional corrido de “La cucaracha” (una guerrillera de tez oscura, tal vez como la que se le supone a López de Santa Anna) que no podía caminar porque le faltaban las patitas, según la versión edulcorada, aunque la original se refería a marijuana que fumar. Ante el poco espacio de maniobra que les quedaba, los franceses reembarcaron sus tropas y volvieron a bombardear ambos objetivos, por lo que López de Santa Anna debió retirar las suyas. Francia consiguió que Estados Unidos colaborase en el bloqueo. Todo esto era perjudicial para el Imperio Británico, por lo que envió su Flota de las Indias Occidentales para expulsar a los franceses. Con ello López De Santa Anna volvió a demostrar sus cualidades militares y políticas, recuperando su prestigio y poder, perdidos junto con Tejas. En 1.839 terminaba la primera guerra carlista, gracias a la actuación del General Espartero, liberal exaltado, progresista, mediante el llamado “abrazo de Vergara”, en la campiña de dicho pueblo de Guipúzcoa, entre éste y el General carlista Maroto, frente a sus respectivas tropas, por el que corroboraron el Convenio de Oñate de dos días antes, promovido a instancias de lord John Hay, que comandaba las fuerzas expedicionarias británicas, aliadas, junto con su Marina, del bando cristino o isabelino. Por tal Convenio se amnistió a todos los sublevados, e incluso se integró a los carlistas en el ejército nacional, respetándose la graduación y sueldos que les hubiesen asignado, además de comprometer al Gobierno a respetar los fueros vascos y navarros e indemnizar a las viudas y huérfanos de los carlistas fallecidos en la guerra. Esto creó un núcleo en el mismo contrario a la Constitución de Cádiz y a los progresistas que decantaría sus intervenciones futuras. Y creó un precedente por el que los futuros sublevados han esperado siempre la amnistía y reincorporación a sus cargos militares y políticos, incluso el mantenimiento de derechos y privilegios, a pesar de sus sediciones, crímenes y deslealtades. Lo cual continúa incentivando, reiteradamente, a repetirlos, a continuar cometiéndolos.

Sin embargo, la única vez que triunfaron los sediciosos carlistas, bajo el mando de Franco, con el concurso de Hitler, Mussolini, las tropas mercenarias, falsamente denominadas “regulares”, marroquíes, y los carlistas, además de voluntarios portugueses (el Gobierno portugués apoyó todos los levantamientos carlistas) e irlandeses, se condenó a los defensores de la democracia, la libertad y el Gobierno legítimo, constitucional, anulando la Constitución, los derechos ciudadanos, que no se recuperarían hasta 39 años después, incluido el derecho a la vida, a la integridad física, al alimento, la sanidad, las medicinas, unos ingresos mínimos, el trabajo, a todos los derrotados, lo que ocasionó un total de dos millones de muertos, en su mayoría de hambre y enfermedades tras la postguerra, mientras se enviaba trigo, aceite y dinero a Alemania e Italia, en pago de los ejércitos regulares y armas enviados por los nazifascistas. Nada de aministía, perdón ¿Por qué delito? ¿Por defender o apoyar, simplemente votando, la legalidad constituida, democrática? Ni reinserción social, ni siquiera de maestros que habían enseñado la Constitución, que fueron fusilados o, con mejor suerte, desterrados o expulsados de su profesión, que se les prohibió ejercer. Ni tampoco a los jueces, algo que, ilusamente, no se hizo con los fascistas tras la recuperación democrática. Fernández-Espartero fue nombrado duque de la Victoria, con grandeza de España, y, en tiempos de Amadeo Iº, príncipe de la Victoria, con tratamiento de alteza real. El final de la guerra era esperable desde tres años antes, cuando el propio Fernández-Espartero consiguió el triunfo del actual barrio portuario de Bilbao, Luchana, cruzando en barca su ejército, inesperadamente, durante la noche, tras la destrucción por los carlistas de los puentes, la ría del Nervión, bajo un temporal de granizo, nieve, una imensa nube que los cubría, el fuego de la artillería y fusilería enemigas, vientos huracanados y olas inmensas, con el apoyo artillero de las Armadas españolas y británicas, y tomar tres fortines artillados, consiguió romper el sitio de Bilbao y derrotar a parte del ejército carlista, especialmente de su inmenso parque artillero, lo que pareció a éstos tan inexplicable que consideraron que había habido traición, lo que desmoralizó a sus tropas. Ninguno de los dos abrazados tenía potestad para llegar a tal acuerdo, por lo que algunos carlistas no lo reconocieron.

Como el General Cabrera, que prolongó la guerra tres años más. Se refugió en el Maestrazgo, por lo que se le apodó “El tigre del Maestrazgo”, tal vez por su forma oculta de atacar, hacer gran daño y desparecer sin dejar rastro. Hasta que Fernández-Espartero lo derrotó en Morella, por lo que recibió el ducado de Morella y el Toisón (vellocino) de Oro, orden de caballería fundada por Felipe IIIº de Borgoña, abuelo de Felipe Iº “El Hermoso” de España, para combatir a los turcos y liberar los Santos Lugares de su poder. Sin embargo Cabrera logró huir a Cataluña con la mayor parte de su Ejército del Norte, perseguido y derrotado por el General Leopoldo O’Donnell.El escocés Robert William Thomson, onceno de doce hermanos, había sido predestinado por sus padres a ser pastor lutherano, a lo que se negó por la dificultad que tenía para aprender latín. Con 14 años abandonó la escuela y se fue a vivir con un tío suyo en Estados Unidos. Dos años después, a su vuelta, su padre, que tenía un molino de abatanado de lana, le puso un taller. Estudió por su cuenta química, electrícidad y astronomía, ayudado por un tejedor que tenía conocimientos matemáticos. En un año había desarrollado un sistema de rodillos para que la humedad del lino lavado no pasase a la urdimbre, una sierra de cinta que tuvo un éxito inmediato, y un estudio sobre la aplicación del movimiento de rotación elíptica en una máquina de vapor, que no se perfeccionaría hasta después de su muerte. Tras haber sido aprendiz de mecánico pasó a trabajar en una empresa de ingeniería civil, en la que diseñó un detonador eléctrico para explosivos. Con ello se los podía estallar a distancia y de inmediato, mientras que las mechas tardaban un tiempo impreciso, difícil de determinar, podían estar humedecidas, interrumpidas, rotas, cortadas o apagarse, de modo que, pasado un tiempo inconcreto, había que investigar qué había fallado, lo que provocaba muchas muertes en las actividades relacionadas con explosivos, como la minería o las obras públicas. Pero su mayor descubrimiento fue la cámara neumática paralas ruedas de vehículos, que patentaría en Francia 8 años después, cuando tenía 25 de edad.  El bayá de Egipto y el sultán otomano entraron en guerra.

Es posible que tras este hecho estuviese Francia y su intento de expansión mediterránea, así como de aumentar su influencia sobre esta tradicional base de intercambio con el comercio hindú. Lógicamente, Gran Bretaña, para consolidar su dominio, actuó en sentido opuesto, poniéndose del lado de Turquía. Quizás temiendo que una mayor influencia británica le supusiera el cierre de Los Dardanelos, Rusia también se puso de su parte. Para evitar que ésta pudiera conseguir compensaciones unilaterales en los Balcanes, Austria también apoyó a Turquia. Y, en ayuda de aquella, también intervino Prusia, que trataba cada vez más de aparecer como igual o superior a Austria, en su estrategia de conseguir la hegemonía sobre la Confederación Germánica. Obsérvese la similitud con los hechos que iniciaron la Iª Guerra Mundial, aunque reorganizados de distinto modo. La crisis económica se superó. Durante ella la burguesía consiguió alcanzar posiciones de privilegio en los Estados burocráticos de Centroeuropa. Con lo que aumentó y se radicalizó la oposición republicana, hasta el punto de denostar el liberalismo económico. La crisis del Próximo Oriente hizo cambiar de estrategia a Rusia. Hasta entonces había formado una coalición con el resto de potencias reaccionarias, que también estaban interesadas en mantener el reparto de Polonia. Además, conseguía con ella impedir que Austria, quizás con la colaboración de Prusia, acabara con el Imperio otomano, y se quedase con los Balcanes. Ahora la rivalidad quedó evidenciada, y sólo el sistema de alianzas múltiples evitó la guerra. Nicolás Iº pretendía el mantenimiento de un orden estable, continuando en la línea del congreso de Viena. Sin embargo su aplastamiento del movimiento de liberación polaco lo había hecho odioso a los ojos de los europeos. Gran Bretaña, que no descartaba que, al final, tuviese que intervenir para apoyar al Imperio otomano, lo que tampoco atraía las simpatías de los ingleses, hizo todo lo posible por presentarlo como un pretexto provocado por el expansionismo ruso. Majmut IIº volvió a enfrentarse al bayá de Egipto, y su ejército, en continuo plan de modernización, volvió a demostrar su ineficacia, siendo derrotado en Nesib. El sultán murió en medio del desastre, por el que Mujammad Alí se quedó con la Flota turca. Le sucedió su hijo Abd ül-Mechid Iº como Puerta Sublime. Francia apoyaba a Mujammad Alí, mientras que el sultán recibía el apoyo de Gran Bretaña y Rusia.

Es lo que se conoce como crisis de Oriente. El sultán decidió establecer radicales reformas que cambiaran tal orden de cosas. Reciben el nombre de “organización feliz” (lo que las conecta con la visión ilustrada) en turco tanzimat-i hayriyye, que da nombre al periodo siguiente. En la Casa Rosada (en turco Gülhane) palacio de Estambul, se firmó el “documento sublime” que las iniciaba. Suponían la abolición del arrendamiento de impuestos, la reforma fiscal y garantía legal para todos. Es decir, ya no se trataba sólo de reformar el ejército, sino el derecho, la administración y la enseñanza, según esquemas europeos. Para ello fue fundamental la ayuda extranjera y la colaboración de Mejmet Rechid, que sería gran visir en seis ocasiones. Los boers fundaron la República Independiente de Natal o Natalia. Gran Bretaña se hizo con Aden, que también utilizaría para el recalado y repostaje de sus Flotas. La Compañía de las Indias Orientales obtenía beneficios suculentos importando artículos de lujo chinos. Pero estos exigían el pago en oro. Intentaron introducir sus propios productos, como hacían en otros países, para conseguir un negocio redondo. Pero los chinos no apetecían nada de lo que se les pudiera ofrecer. Y menos a los precios que los británicos proponían. Hasta que descubrieron una debilidad: el opio, mercancía prohibida en China, Gran Bretaña y la India. Sin embargo ¿quién se va a preocupar de pequeñeces cuando hay mucho dinero de por medio? Así que se autorizaron plantaciones de adormidera en la India y en Birmania, exclusivamente para la exportación de contrabando a China. Lin Tse-jsu localizó un alijo de nada menos que 20.000 cajas de opio en manos británicas, en Jong-Kong, las confiscó y quemó, expulsando a los extranjeros que las poseían. Desde el punto de vista actual, y también en relación al rigor de los decretos de prohibición, fue una medida muy suave, diplomática, que evidenciaba deseos de evitar un conflicto internacional. Sin embargo, Gran Bretaña, que veía peligrar con tal control su balanza o balance comercial, reaccionó de un modo que hoy nos parece desproporcionado, brutal, pero que forma parte de la intencionalidad de dominio imperialista que trataba de imponer. Alegó que habían destruido propiedad privada y, en defensa de un pretendido libre comercio, iniciaron la que se llamaría Guerra del Opio, de dos años de duración.

Murió Ranyit Singj, una de las personalidades hindúes más destacadas de su época, junto con Ram Mojan Roy. Ambos pretendieron la integración de todos los grupos sociales y religiosos. Y ambos fracasaron. A partir de entonces la decadencia se aceleró. Se instaló como regente de la región de Luang Prabang el lao Suk Som, que actuó con suma delicadeza para no provocar ningún conflicto con los siameses. El velocípedo, especie de bicicleta que se accionaba empujando con los pies en el suelo, se había hecho popular. Como las ruedas de madera se desgastaban con el uso, se las recubrió con una llanta de hierro, como se hacía con las de los carros y carrozas. Pero transmitía directamente las irregularidades del terreno al coxis y a la columna vertebral. El caucho, el mismo que utilizaban los indios para sus pelotas, dada su elasticidad, se empleaba para impermeabilizar lonas, componente del calzado, pegamento, goma de borrar, instrumental médico, conectando tubos o inhaladores de gases medicinales. Así que se sustituyó la yanta de hierro por un recubrimiento de caucho, material más elástico que amortiguaba las irregularidades del terreno. Pero, con el frío, el caucho natural se cristalizaba, endurecía, cuarteaba y rompía. Y con el calor se reblandecía, se hacía pegajoso y acababa esparciéndose por el suelo. El estadounidense Charles Goodyear descubrió, accidentalmente (se gastó los ahorros familiares en años de experimentos, por lo que su esposa le prohibió continuar con ellos; para comprobarlo lo perseguía hasta su laboratorio, por lo que, al oir la puerta, lanzó el trozo de caucho, que había recubierto de azufre para evitar su oxidación, a la estufa de carbón, para que se quemase) tras muchísimos ensayos fallidos, que, calentándolo con azufre, se carbonizaba parcialmente y las cadenas moleculares lineales se entrelazaban, haciéndose resistente a todos los elementos. Considerando que era como introducir el caucho en un volcán, denominó al proceso vulcanizado. Como el material era muy duro y maloliente continuó sus experimentos hasta producir un material más fino, delicado y casi inodoro: el látex, con el que se fabricaron preservativos, abaratando los anteriores de tripa de animal o látex hindú, prendas, colchones y formando parte de los trajes espaciales.

Sin embargo sus muchas deudas le obligaron vender las patentes sin lucrarse de ellas, aunque su comprador tuvo la decendia de poner su nombre a la compañía que los fabricó y comercializó. Por intermediación de los británicos, Francia y Méjico llegaron a un acuerdo, por el que éste pagaría los 600.000 pesos de indemnización a los ciudadanos franceses, pero no los gastos del bloqueo ni daba ninguna garantía a los extranjeros (aunque los británicos sí mantenían su trato comercial de favor, su monopolio, que era lo que deseaban) y Francia devolvía los buques apresados. La fama conseguida por López de Santa Anna en “la guerra de los pasteles”, a pesar de lo dudoso de sus resultados, lo llevó de nuevo a la Presidencia. Otro de los motivos de confrontación en las repúblicas independizadas del imperio español fue el religioso. La Iglesia Católica se había puesto del lado imperial. Esto, unido a las tendencias laicistas de los revolucionarios, muchos de ellos miembros de la masonería, no podría tener otro final que un agrio enfrentamiento. Era propio del liberalismo, así como de la masonería, promover una enseñanza laica, arrebatarla del monopolio eclesiástico, sujeto a la censura y a los dogmas, por encima de cualquier evidencia científica. Este proceso llevó a una guerra civil en Nueva Granada, de tres años de duración. Chile organizó una segunda invasión de Perú, obteniendo la victoria en Yungay, por la que impuso el Gobierno de Agustín Gamarra en dicho país. En 1.840 murió Federico Guillermo IIIº, sucediéndole Federico Guillermo IVº. Comenzó a actuar como si fuese rey de toda Alemania, lo que estimuló las esperanzas de los reunificadores. Atenuó la censura, intentó promulgar una Constitución, llevó a Berlín a 98 diputados de las provincias, a las que amplió sus derechos, formando unas comisiones unificadas, a partir de las cuales proyectó reunificar en una sóla las ocho Dietas existentes en su territorio. Acabó con el conflicto con la Iglesia católica originado por las detenciones realizadas tres años antes, cuando ésta exigió que se le atribuyese más autoridad. Es decir, la Iglesia católica pretendía el retorno al pasado. Dado que su hermano Guillermo, Austria y Rusia se oponían a tales reformas, su materialización quedó postpuesta mucho tiempo.

Fernández-Espartero no podía consentir que el triunfo contra los carlistas solo aprovechase a los liberales moderados, obligó a la reina madre, que para entonces ya había parido seis de los ocho hijos que tendría con el Sargento Muñoz -cantaban los carlistas: “se quejaban los liberales / que la reina no paría (con Fernando VIIº) / y ha parido más muñones / que liberales había”- a dimitir como regente, y obtuvo del Congreso su nombramiento para tal cargo. Aunque no cambió la Constitución de tres años antes, la interpretó desde una visión progresista. Los desarrollos tecnológicos, que el capitalismo inglés aprovechaba de inmediato, conllevaron la fundación de nuevas empresas de elaboración algodonera, hilaturas y tejidos, especialmente en Manchester, condado de Lancashire. El capital requerido inicialmente para ello era bajo, igual que los salarios, que rozaban el mínimo vital imprescindible, debido al excedente demográfico, por lo que los beneficios fueron inmensos, atrayendo a más fortunas, tanto de burgueses como de aristócratas, a tal negocio. Con todo ello el liberalismo aumentaba el número de adeptos. La actividad comercial ultramarina asumía un movimiento circular, que algunos denominan triangular, desde hacía varios siglos. En los últimos se iniciaba en Inglaterra, como dominadora de los mares, llegaba a Africa, donde se transportaban esclavos a las plantaciones americanas, y, de éstas, en forma de algodón, tabaco y azúcar, fundamentalmente, volvía a Inglaterra, desde donde se reexpedían, como productos elaborados, con amplios márgenes comerciales, a Europa, América y Africa. En la Convención de Londres las cuatro principales potencias fimaron un pacto sobre la situación en Oriente Medio, sin comunicarlo siquiera a Francia. Esta, reclamando la posición internacional que le negaban, amenazó con entrar en guerra: habían pasado los años de paz y acuerdo, de diplomacia más o menos sigilosa del congreso de Viena. Los restos de Napoleón fueron trasladados de Santa Elena a París, a la iglesia de Los Inválidos (de guerra) depositándolos en una pequeña urna de mármol negro. Se le hicieron unas de las primeras fotografías. Se analizaron pelos, en los que se descubrió restos de arsénico, lo que reavivó la tesis de que había sido envenenado. Si bien es cierto que muchos estadistas tomaban pequeñas cantidades de venenos (como hace la medicina homeopática para curar enfermedades) para habituarse a ellos y evitar que los asesinasen de tal modo.

Todo ello revitalizó los sentimientos revolucionarios. El conde Molé fue sustituido como Primer Ministro. Luis Felipe fue apropiándose poco a poco de nuevos derechos, apoyándose en la burguesía comercial, ya que se había demostrado que la aristocracia había perdido su ascendencia social, y carecía de amplitud demográfica como para vencer electoralmente. La política del “justo medio”, así como el equilibrio interior, habían llevado a los partidos políticos a un moderantismo que socavaba su poder. Aunque no eliminaba las tensiones internas. Al contrario: legitimistas, bonapartistas y republicanos comenzaron a expresar su oposición a la “monarquía de julio”, y a la democracia censitaria, que había dejado todos los frutos de la “Revolución de Julio” a la burguesía más próspera. Se iniciaba un movimiento de pequeños burgueses y obreros, que se sentían capaces de conseguir el poder, dada la victoriosa experiencia de los hechos de julio de diez años antes. Las clases menos favorecidas comenzaron a organizarse en Francia, pero, sobre todo, en Alemania, especialmente mediante los círculos obreros. A consecuencia de la crisis de Oriente, Francia se sintió poderosa como para reclamar la extensión de su frontera, nuevamente, hasta el Rin. Pero las circunstancias habían cambiado. Ahora el ambiente que dominaba en Alemania no era el revolucionario, ni siquiera el liberal, el constitucionalista, sino el nacionalista. Unos años antes la propuesta francesa hubiera recibido el apoyo de muchos sectores progresistas, deseos de formar parte de su esfera de influencia. Pero ahora sólo estimuló a la creación de un Frente único nacional que pretendía una Constitución panalemana, con participación popular. Entre otras razones para oponerse a las ansias expansionistas francesas, a su costa. Francia y Alemania encabezaban las explotaciones mineras. El ferrocarril y los barcos de vapor impulsaron no sólo el tráfico comercial y la migración de mano de obra, necesaria para abastecer y estimular la industrialización, a bajo coste, sino la siderurgia. El tendido de líneas, la necesidad de material rodante, de calderas y maquinaria, necesitaba ser satisfecho. A su vez, los productores de hierro y acero impulsaron esta actividad, sobre la base de la modernización y sus indiscutibles ventajas, pero tambien para asegurar su propia expansión.

Si en Europa occidental el constitucionalismo había ido paralelo a la consolidación del nacionalismo, en la oriental, a un nivel inferior de desarrollo, en todos los sentidos, y con menor experiencia como Estados soberanos, constituyeron visiones distintas. Para consolidar su propaganda sobre el derecho a la independencia, el nacionalismo buscó hechos diferenciales. No le interesaban los derechos de todos, de la Humanidad, sino establecer sus propias fronteras, sus propios dominios, postergando a tal consecución cualquier logro en los derechos ciudadanos o su nivel de vida. Es lógico que fuesen los señores feudales los iniciadores de tales movimientos independentistas. Necesitaban señas de identidad en las que apoyar tales diferencias.

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