1.848: El Tratado de Guadalupe Hidalgo

Por su parte el legitimismo conservador comenzaba a contestarse en la propia Austria. El 13 de marzo ciudadanos y estudiantes iniciaron la rebelión en Viena. El príncipe Metternich tuvo que dimitir y huyó del país. El Gobierno se vio obligado a prometer una Constitución y la convocatoria de una Dieta basada en ella. Los húngaros consiguieron un Ministerio independiente para ellos (a mí me recuerda los diversos Ministerios para Asuntos Indios) que sólo debía responder ante la Dieta. Chekia logró sus propias administración y representación popular para Bohemia. Venecia y Lombardía se independizaron. Así que, de inmediato, se llegó a promulgar y poner en vigor una Constitución en Austria. Pero no era lo que el pueblo quería, ya que no se habían elegido sus representantes ni la habían debatido. En lugar de acabar con las protestas las radicalizó aún más. De modo que la Constitución debió ser abolida. Y tambien las últimas reminiscencias de las antiguas leyes que aún sometían a los campesinos. Con lo que éstos se retiraron del proceso revolucionario. Y así permanecerían en el futuro. A partir de entonces el Gobierno vienés dejó de mostrarse condescendiente, al comprender que podía imponerse a un movimiento que quedaba disminuido. En Francia se convocaron elecciones a Asamblea Nacional para el 23 de abril, que ganó el partido republicano moderado. Lo cual hace dudar si Luis Felipe podía haberse mantenido en el trono cediendo a las pretensiones democratizadoras. Si es que no lo perdió todo por haber pretendido el poder absoluto. Las elecciones decepcionaron a los radicales, que habían llevado a cabo la revolución, garantizado el derecho al trabajo y el voto popular. Una experiencia que se iba a repetir en revoluciones futuras, y que pondría en cuestionamiento los métodos democráticos para lograr cambios revolucionarios. Los socialistas organizaron manifestaciones para conseguir una reestructuración del Gobierno, pero no dieron resultados: la burguesía hostil a los obreros contaba con una mayoría aplastante. En Cracovia se produjo una insurrección, que fue ahogada en sangre por tropas austríacas. Cristián VIIIº declaró en una carta abierta que anexionaba los ducados de Schleswig-Holstein, alegando la seguridad de Dinamarca. Ambos ducados, apoyados por el resto de Alemania, no sólo protestaron, sino que nombraron un Gobierno provisional, a imitación de lo ocurrido en Francia.

Obsérvese la diferencia del carácter social y político entre uno y otro caso: el nacionalismo y los derechos territoriales tradicionalistas frente a las aspiraciones democráticas obreras. La Dieta de la Confederación Germánica no sólo reconoció al Gobierno provisional, sino que confederó a ambos ducados. Prusia, arrogándose la consideración de brazo armado confederal, envió sus tropas a Jutlandia. Sin embargo las potencias europeas la forzaron a retroceder. Por el armisticio de Malmoe se obligaba a dicho Gobierno provisional a disolverse. Era evidente que Prusia, y, con ella, la Confederación Germánica bajo su férula, pasaban a considerarse un peligro para Europa. Lo cual significaba que la reunificación alemana no podría conseguirse pacíficamente. En toda Alemania se celebraron asambleas populares exigiendo satisfacción a las aspiraciones nacionalistas. Federico Guillermo IVº, impresionado por los sucesos de marzo en Alemania central, hizo algunas concesiones, como aprobar la convocatoria periódica de la Dieta unificada, federal. Pero ya no era suficiente. Ahora el pueblo exigía una Constitución parlamentaria, y la elección de representantes para toda Prusia. Nuevamente el rey volvió a ceder, declarándose a favor de Prusia, de Alemania y de la Constitución ¿Y de lo que quisiesen? Con tales antecedentes se celebró en Berlín un acto masivo en honor del rey, durante el cual se hicieron algunos disparos. Creyéndose víctima de una encerrona (quizás lo fuese) la multitud se enfrentó al ejército, que tomó el control de la situación. El odio acumulado fue tanto que Federico Guillermo IVº se vio obligado a licenciarlo. En su sustitución reclutó una milicia urbana, que tradicionalmente se había demostrado mucho más conservadora, para defender su palacio e imponer el orden en Berlín. Al mismo tiempo se proclamó dispuesto a hacerse cargo de la dirección de los asuntos alemanes. Los responsables políticos de los disturbios de marzo, generalmente miembros de las Dietas del Sur, consideraron que, tanto si lo hizo de buena fe como si era un mero gesto, debían contrastarlo. Así que invitaron a Hiedelberg a los miembros de la Dieta alemana y a otras destacas personalidades. Sólo acudieron 51, y, como era de esperar, todos liberales. Sin amilanarse lo más mínimo convocaron, a imitación de lo hecho en Francia, elecciones a una Asamblea Nacional alemana, con el mandato de preparar una Constitución unificadora.

Aquella se reunió el 18 de mayo en la iglesia de San Pablo de Frankfurt. Eligieron Presidente al liberal Heinrich von Gagern, Ministro de Hessen-Darmstadt, quien declaró que la soberanía de la nación sería la base de la nueva Constitución. A petición de Austria se comprometió a proteger a las minorías idiomáticas no germánicas que residieran en territorio alemán. Gagern consiguió que se nombrase Vicario imperial al archiduque Juan de Austria, al que se le confirieron las atribuciones de la Dieta federal. Indudablemente era un gesto para atraerse al imperio austríaco, que no gustaría a Prusia. Rápidamente se demostró que tales atribuciones no impresionaban, ni eran tomadas en consideración, ni por los Estados alemanes ni por los extranjeros. Quedaba patente que se necesitaba algo más que declaraciones: un Estado poderoso, con prestigio y un gran ejército para hacerse respetar. Para atraerse a Prusia, posiblemente conociendo lo que su Gobierno debatía, la Asamblea Nacional alemana aprobó la cesión de Schleswig-Holstein, lo cual fue interpretado como una traición por los nacionalistas. La izquierda radical se rebeló contra la Asamblea Nacional en varios Estados de Alemania occidental. En Frankfurt entró en la iglesia en la que la Asamblea Nacional sesionaba, asesinando brutalmente a dos diputados: el príncipe Felix von Lichnowsky y el General Hans von Auerswald. Prusia y Austria tuvieron que intervenir para restablecer la situación. Como consecuencia del desencanto por las elecciones, en Francia se produjo una sublevación obrera en junio, que quedó ahogada en sangre. Con ello, la clase dominante quiso dejar claro que no consentiría un estado de revolución permanente. Se convocaron elecciones presidenciales que ganó Luis Napoleón Bonaparte.

Tras las muertes de su hermano Napoleón Carlos, su tío Napoleón Iº, su primo Napoleón IIº (emperador por unos días, tras la abdicación del padre de éste, hasta que las tropas aliadas volvieron a entrar en París, y Rey de Roma, apodado “El Aguilucho”, por ser el hijo del Aguila Imperial) su hermano Napoleón Luis (rey Luis IIº de Holanda, por una semana, tras la abdicación del presunto padre de ambos, por oponerse a reclutar un ejército contra Rusia, hasta que Napoleón Iº la invadió para conseguirlo, anexionándola a Francia) su tío José Iº de España y Luis Iº de Holanda, su padre putativo, Luis Napoleón Bonaparte era considerado por los partidarios de su dinastía heredero de todos esos reinos. Tal hecho (el ilusionismo de un IIº Imperio fRancés unificador de Europa) así como su encarcelamiento, no sólo le ayudarían a hacerle popular, sino que pudieron granjearle el apoyo de los monárquicos, como mal menor contra una república que rechazaban, que habían proclamado los radicales sin votarla ni pedirles su opinión. Un congreso eslavo enfatizó la conciencia nacionalista de los checos, que se rebelaron en Praga. El príncipe Windischgrätz los aplastó sangrientamente. Radetzky volvió a someter a los territorios italianos al dominio austríaco. La autonomía húngara quedó abolida, su Dieta disuelta y el país bajo ley marcial. Kossuth fracasaba en todas sus operaciones, aunque el ejército austríaco encontraba gran resistencia. Austria intentó enviar tropas auxiliares en su apoyo, pero una multitud democrática, simpatizante de los nacionalistas y la libertad de los húngaros, lo impidió, volviendo a sumir a Viena en nuevas revueltas durante octubre. La Corte y gran parte de las instituciones debieron huir a Olmütz, lo que permitió que los revolucionarios se hicieran con la capital imperial. Johann Strauss padre compuso una Marcha de la Libertad para festejarlo. Ocho días tardaron las tropas en reconquistarla. Cuando Radetzky, el brazo armado de la represión, entró en Viena con sus tropas Strauss le cambió el nombre, cobarde y servilmente, a Marcha de Radetzky, como se sigue conociendo, impropiamente. Los parlamentarios más populistas debieron trasladarse a Kremsmünster. Con ello se alejaron del foco revolucionario, que perdió la influencia de éstos.

Finalmente, el 27 de octubre, la Asamblea Nacional alemana contó con un borrador de Constitución, que prohibía a todos los Estados que componían Alemania que pudiesen formar un Estado unificado con otros territorios no alemanes, aunque sí admitía que compartiesen un mismo rey o dinastía. Esto era un dilema para Austria, que debía decidir si quería ser alemana o mantener la cohesión terrtorial y política de su propio imperio. Optó por esto último. Parecido problema se podía plantear a Prusia. Quedaban nítidas dos posibilidades: una “gran Alemania”, con todos sus componentes, incluidos los territorios dominados fuera de la misma, o una “pequeña Alemania”, que no uniese a todos. Y, dentro de ésta última, si se quedaban fuera Austria, Prusia o ambas. Era evidente que, la que consiguiera expulsar a la otra, lo dominaría todo. El Primer Ministro austríaco, Schwarzenberg, declaró que tanto Alemania como Europa necesitaban un Imperio Austríaco unido y cohesionado. El Parlamento incompleto reunido en Kremsmünster redactó una Constitución para todo el imperio, lo que suponía entrar en contradicción con los planteamientos del proyecto constitucional federal de la Asamblea Nacional alemana de Frankfurt. Y también la anulación de la Constitución húngara. Al mismo tiempo, sin el apoyo de Metternich, que realmente reinaba en su nombre, se obligó a abdicar al enfermo y débil mental Fernando Iº en su sobrino Francisco José. Los relativos éxitos militares de Kossuth, designado Vicario del imperio, aunque sólo fuesen de tipo defensivo, magnificados por el espíritu romántico y, como suele ocurrir, por el nacionalismo, le llevaron a proclamar el destronamiento de la dinastía Habsburgo-Lorena. Austria, cuya Constitución habia calmado el proceso revolucionario, pidió ayuda a Rusia, que, de inmediato, dado el peligro de que la situación húngara “contaminase” la polaca, invadió Hungría. Con ello resultaba que el peligro de la revolución había quedado conjurado. En España los procesos revolucionarios hallaron algún eco, que fueron reprimidos por la actitud despótica de Narváez. En Dinamarca se exigía una Constitución para todo su territorio, incluyendo los ducados de Holstein y Schleswig, que estaban adscritos a la Confederación Germánica. Suecia y Noruega, unidas desde 34 años antes, también se vieron afectadas. Particularmente Estocolmo, cuyos disturbios fueron sofocados por Oscar Iº.

Con excepción del retorno de Francia al republicanismo, bajo la presidencia de Luis Napoleón Bonaparte, que tampoco parecía ningún peligro a los reaccionarios, la creación del reino de Bélgica y la ocupación de Cracovia por Austria, todo parecía volver a la época del Congreso de Viena. La alianza de Rusia, Prusia y Austria parecía enseñorearse de toda Europa, con la inhibición británica, que seguía inmersa en extender su imperio extracontinental. Rusia llevaba la voz cantante, como baluarte contrarrevolucionario, ejerciendo un control sobre la política prusiana que ningún analista de la época, excepto Karl Marx, acertó a comprender. De esta forma el fatuo Nicolás Iº se consideró, no sin motivo, como el verdadero vencedor sobre los procesos revolucionarios, a raiz de lo cual exigió a los demás Estados continentales, en especial a sus aliados, Prusia y Austria, un comportamiento subordinado, cuya única y lógica consecuencia no podía ser otra que el paulatino distanciamiento de éstos. Gran Bretaña contemplaba todos estos hechos y concluyó que había llegado el momento de cambiar de estrategia, implicándose en la política continental. A la muerte de Mujammad Ali le sucedió su nieto Abbas Iº, que mantuvo la autonomía egipcia frente al imperio turco. En Argelia se habían establecido 100.000 colonos europeos, que no harían sino aumentar rápidamente. Francia también abolió la esclavitud en sus colonias. Constituyó las factorías de Grand Bassam y Assinie en la Costa de Marfil. Y, la Marina francesa, la “Ciudad Libre” (Libreville, a imitación de Freetown) para acoger a los esclavos libderados. El tekrur El Jadch Omar mantuvo una “guerra santa” contra los mandingo (una tribu africana especialmente perseguida y explotada por los negreros, dada su fortaleza física, por lo que obtenían los mejores precios en las subastas como esclavos) y los bambara, en el curso superior del Níger, hasta que se topó con los intereses coloniales franceses. También España tenía en Africa ecuatorial las colonias de Río Muni, Fernando Poo y la isla de Annobón. Murió Mujammad chaj. Le sucedió Nasir ud-Din como chaj de Irán, que empleó su reinado en perseguir al babismo. El asesinato de dos Oficiales británicos reprodujo los enfrentamientos con los sikj. Murió Ttie-Tri, sucediéndole Tu-Duc como emperador de Vietnam, mucho más hostil a los extranjeros, por lo que no sólo prohibió las misiones, sino que ofreció recompensa por asesinar a los forasteros.

El botánico alemán Ludwig Leichhardt murió intentando atravesar Australia de Sur a Norte, antes de que las tropas de socorro enviadas en su auxilio encontrasen su expedición. Por el Tratado de Guadalupe Hidalgo, extrarradio de la ciudad de Méjico, terminó la Guerra de Méjico o (primera) Guerra de Intervención Estadounidense, según los distintos puntos de vista. Por él Estados Unidos se quedaba con el Estado de Tejas, situando la nueva frontera en el río Bravo o Grande del Norte, lo que significaba duplicar el territorio que había tenido como provincia mejicana, además de Nuevo Méjico y (la Alta) California, a cambio de 15 millones de dólares, lo mismo que había ofrecido sólo por correr la frontera ampliando el territorio de Tejas, sin el coste de una guerra ni nada. Aunque es cierto que el Gobierno de Méjico no podía aceptar dicha “oferta”. Observado con perspectiva histórica, desde los resultados que hoy conocemos, desde luego habría sido mucho mejor aceptarla. Pero el pueblo se les habría echado encima, acusándoles de traición y cobardía. Mantener la guerra precisaba llenar las arcas gubernamentales, lo que sólo se podía hacer apropiándose de los bienes eclesiásticos, como se había hecho en Europa durante siglos -primeramente en los países lutheranos- lo que tampoco pareció bien a los más exacerbados católicos. Sólo tras la derrota, tras las muertes, sufrimientos y costes ocasionados, en cambio, el pueblo, resignadamente, estuvo en condiciones de aceptar la realidad de las circunstancias. El Tratado obligaba a Estados Unidos a respetar las propiedades y derechos de los habitantes mejicanos, y, en el plazo de año, otorgarles ciudadanía estadounidense, así como la prohibición de que Estados Unidos vendiese armas a los comanches, todo lo cual incumplió absolutamente, como siempre ha hecho Estados Unidos con la parte que no le convenía de todos los Tratados que ha firmado siempre: se quedó con la mayoría de sus propiedades, en muchos casos tras prolongadísimos e injustos juicios, y sólo discrecionalmente otorgó la nacionalidad a quien le pareció. Para Estados Unidos el resto de la Humanidad no tiene mejores derechos que los indios pieles rojas, y como tal la trata. Y aún así hay quien sigue firmando Tratados con ellos o, más ilusorio aún, creyendo en sus promesas, arriesgando sus vidas y sufrimientos por ellas, algo que la Historia demuestra que no acostumbran a cumplir. El último caso el de la anexión de Crimea por la República Federativa Rusa.

Después se formó la leyenda de que los mejicanos dejaban pasar sus fronteras a los indios (y forajidos) que les servían de santuario, con lo que justificaron futuras invasiones y anexiones de más territorio de Méjico, cuando eran los estadounidenses quienes los armaban: la libertad de empresa, sean cuales sean los daños que produzcan. Igual que la británica Guerra del Opio. Estados Unidos adquiría, se anexionaba, 3 millones de kilómetros cuadrados más a la Unión, dándole una anchura de 4.000 kmtrs., entre los océanos Atlántico y Pacífico, si bien los territorios interiores seguían sin arrebatar a los indios. Méjico perdía la mitad de lo que había heredado del imperio español. De Nuevo Méjico se terminarían disgregando los actuales Estados de Nevada, Utah, y parte de Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. Establecida la nueva frontera, Estados Unidos lindaba con Iberoamérica, por lo que comenzó a intervenir política y militarmente en ella, interpretando la doctrina de Monroe en términos indisimuladamente imperialistas. Su objetivo consistió en desplazar a Gran Bretaña como monopolizadora de su comercio e inversiones, de la misma forma que ésta había desplazado a España incentivando el independentismo colonial. Desproporcionada venganza por la ayuda que ésta prestó a los independentistas estadounidenses. Unos días antes de la firma se hizo público que se había descubierto oro en California. Según la novela “El Zorro” -personaje legendario basado en los movimientos guerrilleros que trataban de revertir la anexión a Estados Unidos, pero al cual en dicha novela se le cambia de bando, como si fuera un insurgente contra el Gobierno de Méjico- estadounidenses y mejicanos corruptos ya explotaban secretamente dichos yacimientos, cuya producción se colocaba en Estados Unidos. Wisconsin fue admitido como Estado, abolicionista, de la Unión. Con ello, depués de 3 años, volvía a restablecerse el equilibrio en el Senado: 15 Estados esclavistas contra otros tantos abolicionistas. Sin embargo, Wilmot, congresista por Pennsylvania, presentó una moción para prohibir la esclavitud en los nuevos territorios adquiridos a costa de Méjico.

Como todos estos territorios habían asumido la Constitución mejicana -al contrario que Tejas, que había pagado una compensación para que no les fuera obligatoria la abolición de la esclavitud- eran libres o abolicionistas, por lo que no pudieron ser integrados en Estados Unidos hasta después de la Guerra de Secesión, de modo que tampoco colaboraron con los federales durante la misma. Méjico consiguió retener la Baja California y una pequeña franja costera que unía dicha península a Sonora. Si a todos estos territorios les unimos todos los Estados centroamericanos, hay que concluir que la gestión de los libertadores de su herencia de Nueva España fue catastrófica: habían perdido un 60% del territorio originario en menos de 25 años. La destitución de Taylor llegó tarde: efectivamente ya había conseguido popularidad suficiente para ganar las elecciones presidenciales. En 1.849, la frustrada Prusia, considerando que ya no atraía la atención de Europa, y más segura frente a intentos revolucionarios, cuya oportunidad parecía haber pasado, invadió de nuevo Dinamarca. Austria hizo gestiones contra los partidarios de la “pequeña Alemania”, que pretendían crear un nuevo imperio, cohesionado mediante una monarquía hereditaria, a semejanza de lo que había intentado Napoleón Iº, excluyéndola a ella. Si embargo no consiguió sus objetivos. El 28 de marzo se aprobó la nueva Constitución imperial, que establecía una Cámara de representantes del pueblo y otra de los Estados miembros. Es decir, una fórmula cuasi federal. El 3 de abril eligieron a Federico Guillermo IVº de Prusia emperador del II Reich. Estaba claro que a éste no le gustaba la Constitución aprobada. Que, a pesar de sus declaraciones y concesiones, se oponía al liberalismo y deseaba un trono absolutista. Así que, tras algunas meditaciones, y presiones austríacas en el sentido de que legítimamente debía corresponderle a la dinastía Habsburg, rechazó la corona imperial el 28 de abril. Esta actitud unió a los desairados nacionalistas a los opositores liberales en la Asamblea Nacional prusiana. Quizás pretendiendo alterar la situación hasta una alternativa republicana, o amenazando con ello, y dada la inexistencia de una Constitución prusiana, la Asamblea Nacional intentó desposeer al monarca de su mando sobre el ejército: era una confrontación de poderes. Federico Guillermo IVº reaccionó cesando a sus Ministros liberales. Esto originó manifestaciones masivas.

El General Wrangler marchó con sus tropas sobre Berlín para hacerse con la situación, lo que se logró, entre otros motivos, porque la Asamblea Nacional carecía de quorum suficiente para tomar decisiones. Así que la misma quedó disuelta. Las tropas rusas y austríacas derrotaron a los húngaros en junio. Kossuth debió huir. Austria llevó a cabo una dura represión. El misionero escocés Livigstone inició una exploración del interior de Africa, que duraría cinco años. Llegó desde Kuruman, en Sudáfrica, hasta el lago Ngami, la cuenca superior del Zambeze, el lago Dilolo y, por el Kasai y el Cuanza, hasta Luanda, en la costa. Barth fue el único europeo que volvió sano de la expedición de Richardson al Sudán. Aportó importante información sobre el Chad, el Norte de Nigeria, Níger y Mali. A continuación inició otra, que le tomaría 6 años. El Gobernador General Dalhousie estaba convencido de que la civilización se demostraba en la administración y las reformas occidentalizantes, rechazando que los hindúes la hubiesen alcanzado alguna vez. Su primera medida fue anexionarse el Panyab. Los sikj se refugiaron en la ciudad de Multan, que tardaría un año en tomarse, tras un largo bombardeo. A partir de entonces el Panyab quedó completamente dominado, convirtiéndose en uno de los principales núcleos del dominio británico en la India. Y, a continuación comenzó a organizarlo y modernizarlo. Consiguió convertirlo en un territorio de primer orden en la India, hasta el punto de que, en la rebelión de los cipayos, se mantuvo leal a Gran Bretaña. Sin embargo fracasó en su intento de conseguir una sociedad plural, integrando a todos los grupos sociales, con lo que se hacía previsible el futuro drama de la India. Los estudiantes del Elphinstone College fundaron una sociedad científica y literaria que actuó insistentemente en la promoción de la educación femenina. Durante esa década estuvo activa en Bombay una especie de masonería, formada por hindúes cultos, que violentaban conscientemente las normas de castas, intentando crear un estado de opinión contrario a ellas. Mariano Ospina Rodríguez redactó el primer programa de Gobierno del hasta entonces conocido como sector ministerial o moderado, que se considera fundación del Partido Conservador de Nueva Granada. En 1.850, el imperio chino había entrado en franca decadencia.

Los Tratados comerciales sobre la base de la desigualdad impuestos por las potencias occidentales, no sólo evidenciaron la pérdida de poder chino y desacreditaron a la dinastía manchú, sino que abrieron las puertas a la corrupción administrativa respecto de los extranjeros, y sus influencias culturales. Las misiones cristianas se expandieron y el ejército cada vez era más consciente de su incapacidad. Murió el emperador Taokuang. En tal situación, en medio de constantes conflictos, las potencias occidentales forzaban reiteradas concesiones. Todo ello produjo la asoladora guerra civil de los T’ai-p’ing, que duraría 16 años, costando millones de muertos. Se llegó a la Paz de Berlín entre Prusia y Dinamarca, por la que aquella abandonaba a Schleswig-Holstein, que sufrieron una aplastante derrota en Idstedt. Schleswig quedó anexionada, y tanto Austria como Prusia forzaron a Holstein a someterse. Alemania había alcanzado las condiciones económicas para seguir la senda británica. Federico Guillermo IVº aprobó para Prusia una Constitución que establecía un Senado y una Cámara de representantes según el derecho electoral de las tres clases sociales. Es decir: pleno feudalismo. El incumplimiento por parte de Federico Guillermo IVº de las promesas reiteradas, desde el principio de su reinado, de hacerse cargo de la dirección de los asuntos alemanes, más o menos explícitamente, defraudó a unos y otros. La mayoría de los diputados abandonaron la Asamblea Nacional de Frankfurt, o fueron reclamados por sus respectivos Gobiernos. Los que quedaron establecieron la sede asamblearia en Stguttgart, donde fueron violentamente disueltos por el Gobierno de Württemberg. Ante tales hechos, al archiduque Juan no le quedó otra opción que dimitir como Vicario imperial. Prusia comprendió que era su oportunidad de retomar la situación desde su propia perspectiva: conservadora y a su conveniencia. Como primera medida propuso la unión de los príncipes alemanes, de tipo confederal. Es decir, una visión absolutista que obviara a los representantes populares. Lógicamente, Prusia la encabezaría, aunque se comprometía a mantener con Austria relaciones especiales. Esta se opuso, con igual lógica, a tal “solución”, que así quedó en nada. Al contrario: pretendiendo reactivar la Confederación Germánica, Austria convocó una comisión de la Dieta federal, con atribuciones ejecutivas.

Esto suponía la existencia, en la práctica, de dos Gobiernos federales: uno con sede en Prusia y otro en Austria. A esto se unió el problema sobre la Constitución de Hessen, que enfrentaba a sus príncipes. Prusia prefirió ceder, por la Paz de Olmütz, todos sus proyectos de reunificación, a favor de Austria, accediendo a que se restableciese la antigua Dieta bajo primacía austríaca. Con ello se consiguió evitar una guerra que parecía inminente y esperar futuros acontecimientos. Pero la reunificación alemana entraba en un camino del que no tendría salida. Para entonces los ferrocarriles unían Londres con Glasgow por un doble trazado, por las costas Este y Oeste, pasando por los núcleos industriales de Newcastle, Leeds, Manchester, Liverpool y Birmingham. Otro ramal llegaba hasta Cornualles, uniendo Bristol. Desde Dublín tres líneas atravesaban Irlanda, hacia Belfast y las costas Oeste y Sur. París estaba unido con Nantes, El Havre, Amsterdam y Strassburg. Esta ciudad y Dusseldorf hasta el Báltico. Munich, Berlín, Danzig y Koningsberg. Trieste, Viena y Varsovia. Moscú y Sanktpeterburg. El Imperio ruso contaba con 63.687.000 habitantes, Francia con 35.800.000, Prusia con 34.300.000, el Imperio austríaco 30.727.000, el Reino Unido de la Gran Bretaña 27.700.000, Italia 24.348.000, el Imperio otomano 17.400.000, España 15.674.000, Suecia 4.880.000, Bélgica 4.337.000, Portugal 3.500.000, Holanda 3.057.000, Suiza 2.393.000, y 1.415.000 Dinamarca. El Reino Unido soportaba un tráfico portuario de 12.000.000 de toneladas de registro bruto, Francia 4.200.000, el Imperio austríaco 3.000.000, Italia 2.500.000, el Imperio ruso 2.000.000, Holanda 1.700.000, Alemania y España 1.300.000, Suecia 1.000.000, y 650.000 Bélgica. El desarrollo industrial precisaba grandes cantidades de carbón, tanto para la producción de acero como para obtener energía de las máquinas de vapor. Inglaterra fue pionera y hegemónica en su producción. Poco a poco el resto de Europa se sumó a ello, especialmente Alemania, cuyas riquísimas minas de las cuencas del Ruhr y el Sarre, de Aquisgrán, y, más tarde, de la Silesia superior, la convirtieron en la primera proveedora. El reino yoruba, dominado por los fulbé, se fragmentó en ocho divisiones. Al Sur del río Congo persistían los reinos baluba, balunda y bakunda, si bien tanto su seguridad interior como su prosperidad como intermediarios comerciales habían entrado en decadencia.

Los reyes batutsi de Ruanda, Luajuyiri, y de Buganda, Sunna IIº, impidieron la penetración en Zanzíbar de los árabes, que intentaban mantener el comercio de esclavos con Oriente Medio. El descubrimiento de importantes yacimientos de oro en Transvaal hizo que muchos colonos británicos emigrasen allí, y que el Reino Unido desease anexionarlo. Jung Jsiu-ch’uan, un campesino que había fracasado en las oposiciones a funcionario, que se hacía llamar “hermano menor de Cristo”, reunió en tres años 30.000 seguidores, campesinos pobres, mineros, piratas, desertores del ejército, y minorías étnicas miao y yao, con los que formó la Sociedad de los Adoradores de Dios, uniendo elementos cristianos mal interpretados, antiguas místicas chinas, tendencias revolucionarias campesinas y nacionalistas contra los macules. Profetizó el advenimiento del reino celeste de la gran paz, en chino t’ai-p’ing t-ien kuo, y los lanzó a la rebelión en Guangxi, que se difundió con gran rapidez. Se proclamó rey celestial, y a sus cinco subordinados, entre ellos un carbonero, los denominó reyes. Su base social eran grupos formados por 25 familias. Abolió la propiedad privada, por lo que se le considera antecedente del maoísmo. Las tierras, divididas según su fertilidad, se distribuían para ser trabajadas, como en el régimen comunero. Por ejemplo, en España. Las cosechas, una vez retirado lo que las familias de los trabajadores requerían para su sustento, pasaban a graneros y cajas comunales. Limitó el poder de los mandarines. Hombres y mujeres tenían los mismos derechos, lo que resultaba inconcebible para la baja aristocracia confuciana. Por tanto las mujeres estaban también obligadas al servicio militar e, igualmente, podían ser funcionarias. Era obligatorio que se casaran, aunque podían escoger marido, lo cual era completamente revolucionario para una sociedad en la que los padres acordaban el matrimonio de sus hijas. Prohibió la deformación de los pies (esta tradición tuvo su origen en un zapato ortopédico diseñado para enderezar los pies de una princesa zamba, cuyo padre obligó a todas las mujeres de la Corte a utilizarlos iguales, para que ésta no se viese diferente) la prostitución, el opio, el tabaco, el alcohol y las coletas, al estilo manchú, dejándose la melena suelta. Hasta entonces casi todo el té que importaba Gran Bretaña procedía de China. Pero las plantaciones hindúes comenzaban a sustituirlo. En la primera mitad del siglo hubo siete crisis alimentarias graves en la India.

Candakumara sustituyó a Suk Som como regente de Luang Prabang, continuando con la política anterior de cautela respecto de Siam.

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