1.519: El imperio americano

Affonso de Albuquerque y Francisco de Almeida consiguieron derrotarla, conquistando Goa, que se convertiría en la principal base portuguesa en el subcontinente. Las intrigas y corrupción del eunuco Liu Chin, favorito  del  emperador  -aunque es a lo que se dedicaban todos ellos- obligó a Uu-tsung a desposeerlo, confiscando sus bienes. Procedente de una familia pobre, tenía un palacio que rivalizaba en lujo con el imperial, en el que se encontraron, además de innúmeros enseres valiosos o artísticos, 245.000 barras de oro, 5.583.600 de plata, 24 libras de piedras preciosas, dos servicios de mesa completos de oro, más 500 platos y 3.000 anillos y broches del mismo metal, y 4.062 cinturones con piedras preciosas. En conjunto un patrimonio que superaba el presupuesto anual del imperio Ming. Lo que demuestra el inmenso daño que los eunucos acarreaban con su corrupción, aparte de sus patronazgos e intrigas. Llegaron a tener derecho a castigar impunemente, incluso a condenar a muerte a los cortesanos, cuando, hasta entonces, los altos funcionarios estaban exentos de penas corporales. No es extraño que muchos burgueses se ofrecieran voluntarios para castrarse, para participar, junto con sus familias, en los entresijos de la política y la economía. Portugal desbancó a los árabes de su monopolio comercial secular. Su estrategia en Malaca dio perfecto resultado: absorbió buena parte de su comercio, y, con ello, de los ingresos del sultán, que reaccionó de modo extremadamente despótico con los comerciantes. Así que, cuando en 1.511 los portugueses conquistaron la península junto con la ciudad de Malaca, fueron recibidos con alborozo. Pero éstos no se conformaron con controlar el comercio, sino que también querían controlar sus mentes, cambiarlos de religión. En Filipinas, franciscanos, agustinos, dominicos y, más tarde, jesuitas, también intentarían hacerlo.

Recibieron el apoyo de los soberanos nativos, que, de esta forma, creían defenderse de la belicosidad de sus vecinos, sin comprender que el verdadero peligro estaba en el imperialismo. Quizás por ello los misioneros cristianos, en especial el inagotable San Francisco Javier, obtendrían notables éxitos, en especial en las islas de Flores y Ambon. Se asentarían en el puerto comercial de Manila, que conectaba con los dominios americanos españoles. De tal red comercial se excluía a los dominios mahometanos. Diego Velázquez inició la colonización de Cuba, que tardó tres años en ocupar. Fundó ciudades en las mejores ubicaciones, y desarrolló la ganadería y el cultivo del tabaco y la caña azucarera, llevada de Granada, la última posesión ibérica que mantenía la cultura árabe, que eran las mejores posibilidades económicas de la isla. Por entonces, y para ello, comenzó la importación masiva de esclavos negros a Hispanoamérica, que, junto con los numerosos colonos españoles y los indios originó en poco tiempo un amplio mestizaje, algo que no ocurrió en otras colonias europeas. Durante la regencia de Fernando “El Católico”, en dos años de campaña, se conquistó el Peñón de Vélez, Orán –punto terminal de la ruta del oro guineano y de sudáfrica- Bugía, Argel, La Goleta y Trípoli, lo que también frenaba el expansionismo norteafricano de Portugal. Aunque iban a ser conquistas efímeras. La necesidad de apostar más fuerte en Italia y América mermaron los recursos destinados a esta zona, permitiendo que los corsarios turcos, especialmente Barbarroja y Dragut, causar el desastre de la isla de Gelves (Dyerba) en Túnez, a pesar de la heroica defensa de las plazas fuertes tomadas por los españoles, y que extendieran su dominio por el Norte de Africa. Así, debió recurrir a las tropas allí empleadas, en 1.512, para combatir a los franceses en Italia y ocupar Navarra, cuyo trono, dominado por la dinastía francesa Foix-Albret, al que aspiraban Fernando “El Católico” y Luís XIIº de Francia, había quedado vacante.

Enfrentado a la doble amenaza, al doble envite, en dos países, dos escenarios distantes, éste aceptó devolver, pacíficamente, el Rosellón y la Cerdaña, reduciendo la tensión, al eliminar una causa de guerra en su propio territorio. Martin Luther recibió los doctorados de Teología y Biblia, y comenzó a estudiar griego y hebreo, ya que estaba convencido de que había errores de traducción en la versión latina de la Vulgata, a los que achacaba parte de las incoherencias de los diversos textos. Por Turquía se extendió el chiísmo, introduciendo un nuevo peligro disgregacionista. Bayaceto IIº había demostrado sus preferencias por el príncipe Ajmet, por lo que los jenízaros de Estambul se rebelaron, obligándolo a abdicar en Selim Iº, apodado “El Riguroso”. Las profecías de Nostradamus repiten el término Celim, que algunos de sus intérpretes, relacionándolo con Selene, el nombre griego de la Luna, lo achacaron a una posible expansión mahometana a finales del siglo vigésimo. Yo creo que, como tantos otros pasajes de sus cuartetas, sólo se referían a sus sentimientos de angustia y zozobra por cuanto ocurría en su época o en el inmediato pasado, más fáciles de intepretar en su momento que después de cinco siglos. La elección de los jenízaros se demostró rápidamente acertada para sus pretensiones. En contra de la política seguida por su padre, retomaba las aspiraciones de su abuelo, creyéndose sucesor de Alejandro Magno. Para ello, antes que nada, necesitó consolidar su poder absoluto. Lo que requería la eliminación de cualquier rival a la corona. Sobrepasó la costumbre iniciada por Mejmet IIº asesinando, no sólo a sus hermanos, sino a sus sobrinos y a cuatro de sus cinco hijos varones, anticipándose en ocho años a los problemas que al superviviente pudieran presentársele. Derrotó a Ismail, acabando con su aureola de divinidad o, al menos, infalibilidad, y con el expansionismo persa.

Después de dos años se consiguió reprimir una revuelta de campesinos, bajos funcionarios y burgueses contra los ricos terratenientes y el emperador de China en Sichuan. Las tormentas llevaron un barco con colonos desde Sevilla hacia Cuba hasta la península del Yucatán. Fueron apresados y llevados a presencia de un cacique maya, que ordenó el sacrificio a los dioses de todos los náufragos, excepto de Jerónimo de Aguilar, cuyo color de piel le hizo gracia y lo conservó como bufón. En casi todos los pueblos primitivos el albinismo se considera una maldición, ya que carecían de buena visión, no soportaban el sol, no podían guerrear ni cazar, y les era difícil trabajar en el campo, por lo que asesinaban a los así nacidos. Pero entre algunos pueblos centroamericanos se consideraba un buen augurio de los dioses. Se les alimentaba sin que tuviesen que trabajar ni ir a la guerra, permaneciendo en el poblado, con las mujeres, cuando los demás hombres faenaban el campo o estaban en campaña. No es extraño que en estas poblaciones la prevalencia de albinismo sea inusitada. Quizás fue de modo semejante como prosperaron la raza blanca o los individuos de tez sonrosada, que fácilmente se queman con el sol, de pelo rubio u ojos claros, con visión deficiente cuando la insolación es elevada, en el Norte de Europa y por todo el Continente, más allá de su mejor camuflaje durante las glaciaciones, una vez que el uso de pieles de animales o vestimentas y las armas lanzables a larga distancia hacía indiferentes el color de la piel, cabellos y ojos propios. Así que fue el albinismo lo que permitió a Jerónimo de Aguilar aprender la lengua nativa, llegando a ser guardián del serrallo. Los sermones de fray Antonio de Montesinos motivaron las Leyes de Burgos, que intentaban proteger a los indios. Siguiendo la tradición de la “reconquista”, de las tierras y sus habitantes se hacían repartimientos o encomiendas entre la corona, los conquistadores y aquellos a los que el rey deseaba beneficiar o premiar. Sin embargo se trató de evitar la extensión del feudalismo, tal vez para evitar fuerzas centrífugas, separatistas, por lo que las encomiendas eran “temporales”, a dos o cuatro “vidas” o generaciones.

Esto situaría a Hispanoamérica en mejores condiciones para una revolución liberal que en la metrópoli, igual que ocurriría con Estados Unidos de (Norte)américa respecto de la suya. Las Leyes de Indias insistían en que los indios eran “encomendados” para conseguir su desarrollo material (civilizarlos) y espritual: mediante el bautismo y la propagación del catolicismo. Debían trabajar cinco meses para sus patronos, tras los cuales eran “emanciapados” durante 40 días. Quedaban excluídos niños, ancianos y embarazadas. El salario se fijaba en dos pesos de oro anuales. Sin embargo los encomenderos no le entendieron así, y tras cumplir las formalidades que creían, como forzarlos al bautismo, los trataban propiamente como esclavos. Los religiosos denunciaron repetidamente la inadecuación de la realidad a la teoría. En 1.513, apoyados por ejércitos extranjeros, los Medici reconquistaron Florencia, imponiendo el Gobierno de Lorenzo IIº, mientras su tío era pontificado como León Xº. Se publicó “El Príncipe”, de Niccolò di Bernardo dei Machiavelli. Se dice de él que es la base del absolutismo. En realidad es una crítica muy soterrada, en función de las circunstancias de su tiempo, de cuanto se hacía. En cada capítulo, menos en el último, se dan las pautas de cómo puede un dirigente conseguir el máximo poder: construir fortalezas, aterrorizar, reclutar y armar un gran ejército, etc.. Excepto en el primero, se argumentaba los motivos de la inutilidad de cuanto escribió en el capítulo anterior, y proponía una política alternativa. En el último se expone que la única forma de que un dirigente consiga sus fines es haciendo que su pueblo lo ame, le esté agradecido, aunque sin dar muestras de debilidad, sin dudar en poner en práctica los castigos que considere necesario (esto lo escribía alguien que había sido torturado y encarcelado en dos ocasiones, por defender la República teocrático-democrática florentina, cuya Constitución fue redactada por Savonarola, y por conjurarse contra los dictadores Médicis) pues de lo contrario estará alentando futuras insurrecciones. Lo escribía cuando Lorenzo IIº había recuperado el dominio sobre Florencia y, soterradamente, le instigaba a luchar por la reunificación italiana, aconsejándole el modo en que podía concluir con éxito y de forma duradera tal empresa.

Portugal, tras una campaña de cinco años, que inició simultáneamente a la de los españoles, había tomado algunas plazas norteafricanas, muchas menos y de menor importancia en comparación, pero que, sumadas unas conquistas y otras, hicieron temer a Egipto y Venecia por sus rutas comerciales. Así que unieron sus Flotas contra la portuguesa. Pero, para entonces, la superioridad naval de ésta la hacía invencible en el mar. Tras su victoria continuó estableciendo factorías comerciales por todas las costas africanas. Siguiendo el ejemplo fenicio de dos mil años antes, evitaron todos los riesgos posibles, instalándose en lugares de fácil acceso y defensa, especialmente en islas del litoral, que tuviesen agua potable y fruta para evitar el escorbuto y servir de aprovisionamiento en sus navíos. Las penetraciones hacia el interior fueron crueles, terroristas, intentando amedrentar para que los nativos no llevasen a cabo represalias contra sus trabajadores de las factorías del interior. Y casi siempre obtuvieron los frutos apetecidos. Vasco Núñez de Balboa era un noble arruinado, que llegó a América debido a sus deudas. Enérgico, inteligente, valeroso, codicioso, prudente y cauto. Aunque, según otros, sólo sabía manejar la espada, las armas de fuego y perros feroces: tenía uno que había cazado tantos indios que le asignaron el sueldo de oficial. Sin embargo está probado que consiguió la amistad, al menos de algunas tribus, y llegó a casarse con la hija de un cacique. Posteriormente muchos españoles hicieron lo mismo, con lo que obtenían valiosa información y los porteadores que necesitaban. Y así se fue formando una nutrida población mestiza que tendría una importancia crucial en la independencia hispanoamericana, bajo el mando de los criollos. Tras la aniquilación de los indios en la costa atlántica, el hambre se adueñó del campamento español, por lo que decidió aventurarse hacia el interior. Según los indios, el entonces llamado Mar del Sur debía encontrarse a unas 30 millas. Aunque había que atravesar la serranía, a 700 mtrs. de altitud, y la jungla pantanosa, plagada de mosquitos, enfermedades e indios hostiles. Con dicho objetivo partió de Santa María de la Antigua con 190 españoles y 600 indios.

Tras 24 días de marcha y haber perdido 123 españoles y 477 indios, divisaron el mar desde las cumbres. Cuatro días después tomaba solemne posesión del Mar del Sur y de todas sus tierras adyacentes, según el reparto papal con los portugueses, de 20 años antes, de todo lo descubierto y por descubrir. Lo mismo hacía Ponce de León en la península de Florida. La colonización se extendió por los territorios más fructíferos: Anájuac, Panamá y Tierra Firme. Tras derrotar a Venecia y asegurar sus fronteras occidentales mediante tratados de paz, el sultán otomano, en 1.514, se dirigió a expandir su imperio hacia el Este, asesinando a los que se negaban a aceptar su dominio. El chaj de Persia, Ismail, atemorizado ante el victorioso ejército turco, retrocedió continuamente, tratando de evitar el enfrentamiento, mediante la estrategia de tierra quemada. Con ello no sólo creaba problemas de abastecimiento a éstos, sino que hacía dudar a los jenízaros sobre los beneficios de los botines y repartos de tierras prometidos que pudieran conseguir. Así que llegaron a sublevarse, debiendo reprimirlos mediante tropas auxiliares balcánicas y la caballería sipaji o cipaya. Finalmente, los persas debieron hacer frente a la invasión, siendo derrotados por la superior artillería otomana. Sin embargo, el ejército turco ya estaba agotado y desmoralizado, por lo que el único resultado práctico fue consolidar la frontera. En 1.515, los hermanos Luís IIº de Bohemia y Hungría y Segismundo Iº de Polonia se vieron obligados a pactar con Maximilian Iº el matrimonio de Luís y Ana, hijos del primero, con María y Fernando, nietos del emperador. Con ello se apostaba por una recuperación de Bohemia y Hungría para los Habsburg. Los dominios de los jogalia (yogalaichiai en lituano) o jagellón (yaguielonovie en polaco) aún eran plenamente feudales. En Polonia, el Senado lo formaban los aristócratas ministrables, los alcaides de los castillos y los obispos. Sólo podían ser diputados los nobles inferiores.

Pero éstos fueron consiguiendo prestigio y poder, mediante su mandato representativo vinculante, hasta el punto de que la Constitución exigía su consentimiento para la aprobación de las leyes, llegando a intervenir en política interior, declaraciones de guerra y negociaciones de paz. A la muerte de Luís XIIº heredó el trono de Francia Francisco Iº, hermano de Margarita de Navarra. De inmediato invadió el Milanesado con un poderoso ejército, que derrotó en Marignano a la guardia suiza de los Sforza. Los suizos sufrieron tales bajas que no volvieron a intentar ninguna expansión exterior. Martin Luther fue nombrado vicario de los agustinos, teniendo a su cargo once conventos. Alepo y Damasco se rindieron a los turcos sin resistencia. Sin embargo los mamelucos se negaron a reconocer la soberanía de Selim, por lo que éste llevó la guerra a Egipto. En 1.516, por orden del arzobispo de Maguncia, el dominico Johann Tetzel comenzó a predicar indulgencias plenarias en Alemania, a cambio de limosnas (“el óbolo de San Pedro”) para sufragar la construcción de la nueva basílica del Monte Vaticano, que Julio IIº se habían empeñado en construir, reedificando el antiguo templo, de época romana, sobre la presunta tumba o lugar de tortura del apóstol, pero que lo único constatado es que servía para las asambleas tribales y por cohortes de clases sociales (32, formando mayoría con 17 de sus representantes, por orden de mayor a menor patrimonio, de forma que a los últimos, los más pobres, rara vez llegaban a pedir su opinión, su voto) pero, sobre todo, para inaugurar las campañas militares, augurando, vaticinando, éxitos, mediante el sacrificio de animales y la observación de la forma de sus vísceras, y despedir el ejército, formado a los pies de la colina, en el Campo de Marte, el dios de la guerra. Tradicionalmente habían sido los dominicos quienes se habían dedicado a tales recolectas. En realidad sólo una pequeña parte de lo recaudado llegó a Roma, quedándose el arzobispo con el resto. Originariamente el pago por las indulgencias era la sustitución de la penitencia impuesta tras la confesión, a los ricos o a personas de elevado prestigio, mediante el reparto de limosnas a los pobres, o colaborar con las garantías o expansión de la Iglesia o del poder de ésta.

Posteriormente se convirtió en la auténtica compra de la intercesión eclesiástica, mediante oraciones o misas (no muy diferente al pago de éstas para los difuntos) para acortar o redimir el tiempo de estancia en el purgatorio. Mientras el primero se podía entender como lenidad o injusticia en la penitencia, a favor de los ricos o poderosos, con idea de hacerles menos gravosa, humillante, su aceptación del cristianismo, y favorecer la consolidación del mismo, esta última práctica podría calificarse directamente como simonía: compra de beneficios espirituales mediante la entrega de dinero, con el atenuante de la intermediación de la oración o las misas, lo que era contradictorio con el automatismo y cuantificación temporal de tales indulgencias que se propagaba. La torpe predicación de Tetzel presuponía la preeminencia eclesiástica incluso sobre el infierno y el juicio divino, materias que parecían fuera del alcance y competencia humanas. Ciertamente es igual que cualquier otra indulgencia plena de las que se siguen concediendo en la actualidad, como comulgar los primeros viernes de mes, etc.. La explicación clerical es que tal actitud conlleva un interés por la salvación que hace que el buen cristiano termine cambiando su comportamiento, hasta el punto de que la pretendida intermediación se hace innecesaria. Lo cual podría ser contradicho por la experiencia del estilo de vida de algunos personajes conocidos. Tras mucho cavilar, finalmente Fernando “El Católico” decidió cumplir su compromiso con su primera esposa, legando Aragón, Castilla, Sicilia, Nápoles, Granada y Navarra (de la que se había adueñado antes de que el rey de Francia pudiera reaccionar, a la muerte sin hijos del rey de ésta, aunque pervivía su viuda, suegra de él, y su hija, esposa de Fernando “El Católico”, pero no era costumbre que las mujeres heredasen reinos, al menos en Aragón) a su nieto Carlos, que, por deseo de su difunto padre, Felipe Iº, continuaba formándose en Gante, como duque de Borgoña y Flandes, y conde del Franco Condado, más para ser emperador de Alemania que para ser rey de las Hispanias. Con ello desheredaba a sus hijos habidos con su segunda esposa respecto de Aragón, Sicilia y Nápoles, directamente heredados por él, pero, sobre todo, de Navarra, que le correspondían de derecho por herencia materna.

Y también, de todos sus reinos, a Fernando, el hermano menor de Carlos, al que él había criado y educado en España, y con el que tenía gran confianza, aunque aún era un niño, y tal herencia hubiese ocasionado problemas de gobernación, además del incumplimiento de la última voluntad de la anterior reina de Castilla, lo que podía ser invocado por la “nobleza” y originar una nueva guerra civil. Muerto su titular recuperó la presidencia del Consejo de Regencia, esa vez sobre todos los reinos de éste, el Cardenal Cisneros. Diego De Solís, navegando por la costa atlántica, llegó a la margen uruguaya del Río de la Plata. En 1.517, Martin Luther, quizás por sus propias tensiones personales, tal vez extrañas para la disciplinada vida monástica, se había planteado, con amargura, la imposibilidad de triunfo humano sobre los soberbios poderes del demonio, quien llegó incluso a enfrentarse a Dios. Así que concluyó que el hombre sólo podía conseguirlo con la ayuda de Dios. Lo cual llevaba a otra pregunta: ¿por qué Dios iba a ayudar a unos y no a otros a lograrlo? Obsérvese que dicha visión es puramente medieval, muy alejada del optimismo, confianza en el ser humano y distanciamiento de la directa influencia divina, propios del Renacimiento. En cambio, como muchos renacentistas defendía un conocimiento directo, por parte de los creyentes, de los textos sagrados, como hacían los judíos o los mahometanos. Aunque debidamente traducidos a las lenguas vulgares, vernáculas. Luther introdujo la interpretación mediante el análisis de la etimología de las palabras utilizadas, en lo que fue innovador. Pero se quedó varado en la consideración de que Dios había perdonado los pecados de su pueblo (quizás excepto en el caso del diluvio universal) conmovido por su fe. Llegó a la conclusión de que todos los auténticos creyentes, en especial los que creían en el justo juicio de Dios, alcanzarían su ayuda y, con ella, la salvación, independientemente de sus actos o sus muchos pecados. Quizás era una conclusión muy acomodaticia, tranquilizadora, para su propio comportamiento.

Y no muy distante respecto de las recurrentes decisiones de los Concilios, en los que, desde la primera persecución de la secta de los iluminados, se reiteraba que los prelados, por muy corruptos, pecadores y desalmados que fuesen, podían perfectamente administrar los sacramentos (lo cual es contradictorio con que se estuviese y se esté cercenando tal “derecho” a los que contrayesen matrimonio) y ejercer sus cargos, incluso el del Papado, y éstos tendrían pleno efecto, dada la intercesión del Espíritu Santo sobre todos los consagrados en sus decisiones y actuaciones eclesiásticas. Las indulgencias contravenían directamente, por tanto, la conclusión de Luther de la salvación directa mediante la intercesión divina. En esto Tetzel llegó a Jüterborg, cerca de Wittenberg. Así que, la víspera del día de Todos los Santos (en inglés All hallows eve, “víspera de todos los espectros o halos”, deformado en Halloween) clavó en la puerta de la iglesia mayor, la de Todos los Santos, la palatina, de dicha ciudad universitaria, 95 tesis o argumentos en contra de las indulgencias plenarias, para que la viesen todos los feligreses durante las celebraciones del día siguiente. Con ello, para algunos historiadores, comienza al Edad Moderna en Centroeuropa. Luther envió copia a su propio obispo y al arzobispo de Maguncia, presuntamente con la intención de abrir un debate sobre sus ideas, más que como desafío rupturista. Sin embargo, la intolerante polémica desatada y las mutuas y radicales condenas esgrimidas por ambos bandos, concluirían de tal modo. Para Luther el compromiso del creyente era personal, con Dios, como se reflejaba en el Antiguo Testamento, de modo muy similar al mahometanismo, lo que, como en ellos, excluía la necesidad de una jerarquía eclesiástica. Además mantenía que el poder político es otro de los instrumentos del poder divino para establecer su justicia en la tierra. Otra visión puramente medieval, que refleja cómo el Renacimiento no había acabado plenamente con los fantasmas del pasado, sobre todo en el Centro, Norte y Este de Europa, al que no había terminado de acceder. Posturas inconsistentes con la disciplinada actitud monástica.

Al defender la relación entre poder civil y divinidad, y, simultáneamente, negar la jerarquía eclesiástica, estaba, tal vez sin comprender el alcance de todo ello, otorgando un poder inmenso a los dirigentes aristocráticos, que éstos supieron ver y aprovechar inmediatamente. Si bien esto no iba a poder mantenerse en el futuro. Porque, por otro lado, tal visión individualista, junto con el estímulo a la participación en la política, como instrumento de la divinidad para imponer la justicia en la Tierra, que hay que reconocer que no se ha cumplido, conlleva un impulso hacia la democracia, visión a la que el propio Luther se opuso, exigiendo que se utilizasen los más crueles métodos contra ello. Un emperador decidido a romper con el Papado podía haberse beneficiado de ello. Al no hacerlo, serían los factores centrífugos, disolventes, del Imperio, los que se pondrían en marcha, estimulando a los príncipes electores a sacar partido de la situación. Contradictoriamente, las tesis de Luther producían una renacentista libertad de acción, superando los católicos arrepentimiento, penitencia y represión de los actos. En tanto que él era bastante conservador en cuanto a la disciplina, posiblemente por influjo de sus vivencias monacales, a la obediencia a las autoridades civiles, y contrario a ninguna reforma social. El resultado no podía ser otro que el absolutismo de los dirigentes políticos, que aprovecharon las posibilidades que les brindaba la nueva religión, y el consiguiente estallido de las guerras religiosas. La Reforma lutherana se difundió rápidamente, ayudada por las posibilidades divulgadoras de la imprenta, por casi toda Alemania, excepto por el Oeste. El Consejo de Regencia estaba dividido. Unos proponían mantener la regencia mientras la reina vivieses, o, al menos, hasta asegurarse la mayoría de edad y cordura de su hijo Carlos, pero exigiendo que viniese de inmediato a España, recibiendo educación y contacto con su reino, para conocder sus leyes y costumbres, y la forma de pensar de sus vasallos. Otros que, por simetría con lo ocurrido con Fernando de Aragón, había que ceder la regencia a su consuegro Maximiliano de Austria. Pero esto tenía el inconveniente de que ya era de avanzada edad y estaba muy lejos como para controlar los reinos hispánicos, además de que podía tener ambiciones de adueñarse de las posesiones italianas.

Tal vez los aristócratas que apoyaban tal opción pretendían aprovecharse precisamente de tales inconvenientes para conseguir privilegios y prebendas para ellos. Otros mantenían que debía declararse de inmediato la mayoría de edad de Carlos de Gante, como era el deseo de éste, estimulado por sus consejeros flamencos. Posiblemente quienes apoyaban tal opción también esperaban sacar provecho de ello, de un muchacho que casi no sabía hablar español, no conocía nada del país, y que les necesitaría para recibir consejos y ocupar los puestos más importantes. La Historia les demostraría lo equivocado de tales pretensiones. El reino de Navarra, disconforme con el dominio castellano-aragonés, rápidamente lo reconoció como rey, tal vez tratando de incitar una guerra civil que favoreciese su unión con Francia, tal como deseaban. El Justicia Mayor de Aragón impidió el gobierno del arzobispo Alonso de Aragón, hijo bastardo del fallecido rey, al que había otorgado el de dicho reino en su testamento hasta el arribo de su nieto, alegando que sólo podía ejercerlo el heredero al trono. La Audiencia Real de Aragón lo confirmó, contradictoriamente, puesto que sí autorizaba tal gobierno pero como curatela (tutoría) de la reina Juana. El Justicia Mayor también se negó a ello, puesto que el difunto rey había tenido un hijo varón con Germana de Foix, que tenía prevalencia al trono sobre su hermanastra. La Diputación del Reino de Aragón, dada la imposibilidad mental de la reina, apostaba por el nombramiento de Carlos como rey. Pero todas las instituciones aragonesas coincidían en que era previo que jurase respetar sus fueros y libertades para reconocerlo como tal. En Nápoles y Cerdeña no hubo problemas, pero en Sicilia tuvo que intervenir el virrey de Nápoles para evitar que se aprovechasen para la secesión. Para entonces Carlos ya se comportaba como rey en Flandes, firmando incluso el Tratado de Noyón, beneficioso para Francisco Iº de Francia, al que le entregaba territorios, lo que tendría consecuencia respecto de los aristócratas perjudicados respecto del separatismo flamenco, para pacificar el territorio durante su ausencia. Y otros eran partidarios de nombrar rey, de inmediato, a su hermano Fernando, criado en España, educado directamente por su abuelo materno, y conocedor del país.

Posiblemente también con intención de sacar partido de él, al que quizás conocieran personalmente, aún tenía 13 años y podían considerarlo fácilmente manejable. Con ello se estarían violentando los testamentos de Isabel Iª y Fernando Vº de Castilla y IIIº de Aragón, y las leyes sucesorias tradicionales y las instituidas por Alfonso Xº en el Código de las Siete Partidas. Los más audaces, despiertos y rápidos fueron los partidarios de la mayoría de edad del príncipe Carlos, que se presentaron en Bruselas, ejecutaron su propuesta y lo coronaron rey. Se trataba de un golpe de Estado en toda regla, puesto que la reina aún vivía y no había sido desposeída, aunque las Cortes de siete años antes, al confirmar la regencia de su padre, reconocían que no podía reinar por sí misma. De modo que hubo dos cortes simultáneas de los mismos reinos, en Flandes y en Castilla. El Cardenal Cisneros, anciano y enfermo, continuó con su política de evitar una guerra civil, a la que la aristocracia estaba dispuesta, de modo que aceptó los hechos consumados como inevitables, entre otras razones porque el Papa León Xº ya se había anticipado a reconocerlo como tal por bula pontificia, y acudió al puerto de Santander, a pesar de tener 80 años de edad y su delicado estado de salud, a recibir a Carlos Iº, de sólo 17 años. Sin embargo una tormenta lo llevó a Asturias, por lo que nunca vería al Cardenal Primado de España, Regente e Inquisidor General de Castilla. El rey, que no sabía castellano, le comunicó que deseaba gobernar por sí mismo (lo que no era cierto, puesto que delegó en su ambicioso asesor, el Cardenal Adriano de Utrecht, futuro Papa) a pesar de su minoría de edad, exigió su renuncia y se negó a despachar con él ningún asunto de Estado. Poco después Cisneros falleció. Algunos mantienen que fue amante de la reina Isabel, por despecho de las infidelidades de su esposo. Instauró la obligación de identificarse mediante un apellido familiar (que podía ser el del padre o el de la madre, según el que tuviese mayor abolengo) ya que era frecuente el uso de motes o el de lugar de procedencia, tradición judía, o cambiarlos a su gusto, lo que hacía difícil la filiación de cada cual y presuponer lazos familiares. Como militar participó activamente en la invasión de Granada y fue el conquistador de Orán.

Las Cortes de Castilla lo confirmaron como rey, pero pidiéndole que aprendiese castellano, dejara de nombrar extranjeros para cargos públicos castellanos, prohibiese la exportación de metales preciosos y caballos (la raza cartujana, desarrollada en Sevilla, aunque luego se llevó la remonta a Jerez de la Frontera, más cercana a las islas del Guadalquivir, anegables, para cuya ganadería de toros, seleccionados para no ahogarse y resistir el calor y la sed, seleccionados en dicha ciudad, se habían desarrollado tales caballos, se demostró dócil, noble, sufridora, resistente, arma de guerra de la más avanzada “tecnología” de la época) y se diese un trato más respetuoso a la reina, que estaba recluida en Tordesillas, como si estuviese apresada. Cuando Carlos Iº conoció a la viuda de su abuelo, Germana de Foix, de 29 años, se enamoró de ella, manteniendo unas apasionadas relaciones, a las que se atribuye el nacimiento de una hija, que sería educada en la corte de Castilla. En su testamento, Germana se refiere a ella como “la Infanta Isabel”, título que no le correspondía, e hija del “emperador”. Selim conquistó El Cairo, ejecutando a Tumanbey, el sultán mameluco. Con ello los turcos cerraban el paso al comercio marítimo hacia el Golfo Pérsico y Extremo Oriente, colapsaban la fuente de poder de Venecia, se erigían con el control de los mares Mediterráneo y Rojo hacia la India y abrían las rutas africanas. Los portugueses, beneficiados con lo anterior, que quedaban con el monopolio de las rutas a la India y a China, llegaron a Guangchou, el Cantón de “El Libro de las Maravilllas”, de Micer Marco Polo. Obtuvieron autorización oficial para comerciar, pero se la retiraron al poco, por su trato arrogante hacia las autoridades.

Leonardo da Vinci se estableció en Francia, en el castillo de Claux, como pintor, arquitecto e ingeniero de Francisco Iº. En 1.518, partiendo de Cuba, Grijalva exploró la costa mejicana. Carlos Iº, escarmentado por los abusos en las Antillas, revisó las Leyes de Burgos, prohibiendo los repartimientos de las nuevas conquistas. Las cédulas reales, simultáneamente, ordenaban el respeto a la libertad de los indios y la recaudación de grandes cantidades de oro y plata, necesarias para las guerras europeas. Como los indios temían al trabajo en las minas, no había otra forma que forzarlos a ello. Así, tanto Hernán Cortés como el propio rey en Perú tendrían que autorizar nuevas encomiendas. Dichas cédulas, que reflejaban las capitulaciones habidas, otorgaban la gobernación al jefe expedicionario, que, como fueron los casos de Colón, Cortés o Pizarro, al completar su empresa eran confirmados en sus cargos, que eran hereditarios y no sólo conferían poderes administrativos, sino judiciales, de mando militar, reparto de tierras e indios, todo propiamente aristocrático, y participación entre un 5 y un 10% de las rentas reales obtenidas. Al consolidarse la colonización se suprimió el carácter hereditario, se les sometió a inspecciones, se les asignó un sueldo, se recortaron sus atribuciones y prerrogativas, y, en cuanto fue posible, se les sustituyó por funcionarios procedentes de España. Igualmente se les mermó su facultad judicial, al nombrarse Audiencias que, originalmente, como en España, eran tribunales de apelación de las sentencias dictadas por los “oidores” (jueces de primera instancia) alcaldes, corregidores y gobernadores. En América evolucionaron hasta convertirse en órganos asesores, que hacían las veces de Consejos, Cancillerías o incluso Cortes. Se produjo otro levantamiento de campesinos, bajos funcionarios y burgueses contra los ricos y el Gobierno, en Yiangchi, lo que demostraba la peligrosa situación en que se encontraba el imperio chino.

Leonardo da Vinci murió en 1.519, después de haber dibujado, durante los últimos años, visionarias escenas sobre el fin del mundo, con futuristas armas de guerra, muchas de ellas voladoras. También murió Maximilian Iº. Su nieto Karl V decidió heredar su imperio, uniéndolo a sus posiciones hispánicas, idea que debió abandonar para “convencer” a los príncipes electores de que votasen por él. Sus súbditos españoles, ya muy disconformes con los altos cargos entregados a sus amistades extranjeras, debieron sufragar el coste de los correspondientes sobornos. Tal cúmulo de circunstancias hizo estallar durante su ausencia, simultáneamente, el movimiento comunero en Castilla, y de las germanías (hermandades) gremiales militarizadas en Valencia y Mallorca. Al agotarse los escasos yacimientos de oro y la mano de obra indígena antillanos, por las enfermedades llevadas por los colonos, para las que carecían de adecuadas defensas e inmunización, así como por su escasa resistencia al trabajo excesivo continuado, al que no estaban acostumbrados, en aquellas condiciones de temperatura y humedad, se hizo necesaria la expansión por Tierra Firme. Es decir, lo que no eran islas. También partiendo de Cuba, Pineda realizó otra exploración de las costas de Méjico. Hernán Cortés vivía aburrido en la plantación conseguida gracias a su matrimonio, en la isla de Santo Domingo, de la que había obtenido una pequeña fortuna. Algunos marineros, traían noticias de grandes ciudades y palacios en el Yucatán, y los fabulosos tesoros de la “costa rica”. Así que contrató a entre 400 y 555 aventureros (según las diversas fuentes) y algunas carabelas y se dirigió a Méjico. Allí fundó la ciudad de la Veracruz. Muchos colonos antillanos, al comprender sus escasas posibilidades en dichos territorios, emigrarían a lo que anteriores exploraciones habían denominado Tierra Firme. Hay que subrayar que tales exploraciones y colonizaciones suponían incumplir el monopolio conferido a la familia Colón.

Tras agotar las baratijas que llevaban para “comerciar” con los indios, decidió quemar sus naves para que sus hombres dejaran de pensar en volver y se decidieran a adentrarse en el imperio azteca. Estos, como todos los indios, eran sufridos y resignados. Todo lo habían conseguido con sumos esfuerzos y sacrificios. Tenían un sentido trágico de la vida. A los recién nacidos les recitaban poesías en las que se les avisaba que habían nacido para sufrir, ser infelices y recibir desgracias, tristezas e infortunios. Es normal que no tuviesen un gran apego a la vida, que estuviesen dispuestos al sacrificio, bien en honor a los dioses bien en el campo de batalla, lo que podría explicar su ascensión triunfal. Pero, como suele ocurrir, al establecerse sólidamente en el poder, las clases acomodadas comienzaron a disfrutar de los lujos, y a ceder, condescendientemente, el “honor” de los sacrificios a los más desesperados de la vida, los menos privilegiados. De forma que la aristocracia militar termina siendo inútil para lo que fue concebida. Según la leyenda, Quetzalcóatl (“La serpiente con plumas”) visitó la región de la aurora (es decir, de color de oro o rojizo, por donde sale el Sol, por el Este, por donde está España, al otro lado del océano) en la que desapareció en la rojez (la sangre) y se deshizo en humo a finales del primer milenio. Pero habría de regresar reclamando su trono. La inundación y ahogamiento de Ajuizotl parecía el primer presagio de que había llegado tal momento. Aquel año se conmemoraba el nacimiento y muerte de Quetzalcóatl: era el año uno, ce acatl, “primera caña”. En una época en que, en Europa (y entre los incas) los estudios eran privilegio de algunos ricos, segundones, los que no heredarían las tierras ni se dedicarían a guerrear, era asombroso que todos los niños aztecas, fomentado por la organización del Estado, tenían instrucción escolar, conocían la historia de sus antepasados, de sus soberanos y sus cultos religiosos.

En cuanto Jerónimo de Aguilar tuvo noticias del desembarco de europeos en la costa, huyó del poblado maya, en el que hacía de bufón y guardián del serrallo, y se presentó ante Hernán Cortés, que, de ésta forma, se encontró con un inesperado intérprete. Por si fuera poco, en sus correrías hacia el interior, un jefe tarasco, posiblemente en agradecimiento a los abalorios que le había regalado, le entregó a Malinche, una joven muy inteligente, que procedía de una zona de habla nájuatl, a la que sus padres habían vendido como esclava, por lo que Hernán Cortés se encontró con dos intérpretes, del castellano al maya y otra del maya al azteca. Así como información sobre costumbres, supersticiones y profecías aztecas, y cómo los pueblos dominados acumulaban odio por los oprobiosos impuestos que les hacían pagar. Al poco tiempo Jerónimo de Aguilar le enseñó castellano a Malinche, por lo que ésta pudo traducir directamente. Hernán Cortés encontró el primer “Grueso Cacique” en la ciudad totonaca de Cempoala, que podría tener unos 23.000 habitantes. Pactó con él su colaboración para luchar contra los aztecas. De esta forma, con su retaguardia protegida y contando con expertos tamanes, porteadores, que conocían los caminos y senderos, pudo avanzar con sus cañones hasta el valle de Méjico.

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