1.198-El chogunado japonés.

Quizás también influenciado por la imposibilidad de subsistencia autónoma de las viudas, excluidas de la sucesión hereditaria para que no sintiesen estímulos de asesinar a sus maridos. O la idea de la vida de ultratumba junto con sus parejas, continuando sus relaciones mundanas. Pero tampoco se puede excluir el uso de drogas o la presión social o familiar, incluso promesas exigidas por el propio difunto, para que se reprodujese tal comportamiento martirial. Lo cierto es que los varones no actúan en reciprocidad ante la incineración de sus esposas. Esto lleva a resaltar el contradictorio comportamiento hindú con el mundo femenino. A un trato sumamente respetuoso, superando al europeo o al chino, que tenía su reciprocidad en la forma de relación de la esposa respecto del marido, sin que esto supusiera un mayor sometimiento, sino, al contrario, un elevado concepto de la mujer, se superponía el hecho de que las esposas tenían asumido que su misión era ofrecer el máximo bienestar a su cónyuge, lo que incluía no sólo los cuidados hogareños, sino placer sexual, aparte del trabajo que debiesen hacer para colaborar en el sostenimiento de la familia.

Tanto el marido como los demás familiares, especialmente los varones, debían velar por que las mujeres no fueran independientes, y estuviesen de continuo absorbidas por las faenas domésticas, como forma de garantizar tanto su fdelidad como su castidad y la pureza de sus pensamientos. El marido podía destituir o repudiar a la esposa, o castigarla a una posición social inferior, por ejemplo, por ser esteril o adúltera, pero sólo en casos gravísimos se consideraba justificado que dejase de proveer a su sustento o la expulsase del hogar familiar. El único éxito de la IIIª Cruzada fue la reconquista de Acre. Sin embargo Felipe IIº se negó a entregarla a Guido de Lusignan, rey de Jerusalem, que había iniciado el cerco antes que los demás. Ricardo Corazón de León, en cambio, apoyó tales pretensiones, lo que supuso la disensión de los cruzados. El rey francés se fue con sus tropas, y lo mismo hicieron los alemanes, tras haber insultado Ricardo Corazón de León gravemente a Leopoldo de Austria. Así que los ingleses se quedaron solos, consiguiendo algunas victorias contra Saladino que les permitieron recobrar algunas ciudades costeras, con las que recompusieron el Reino de Jerusalem, que perduraría aún un siglo más, aunque no recuperaron la capital.

De modo que Ricardo Corazón de León pactó con Saladino el libre peregrinaje a Tierra Santa, con lo que dio su misión por conclusa y regresó. En el 1.192 naufragó, arriesgándose a cruzar Alemania, disfrazado. El duque de Austria lo capturó y lo entregó al emperador alemán, que lo mantuvo prisionero hasta obtener un elevado rescate, su juramento de fidelidad y el fin de su alianza con Tancredo de Lecce. A la muerte de éste, Enrique VIº se coronó en Palermo como rey de los normandos. Felipe IIº Augusto aprovechó todo esto para ir mermando las posesiones inglesas en Francia. La caballería turca llegó, sin ninguna resistencia, hasta Bengala, la actual Bangla Dech. Según la leyenda, en el 1.194 (otras fuentes lo retrasan a 10 años después) Chac Yib Chac, señor de Chichén Itzá, durante un banquete nupcial, raptó mujeres, lo que recuerda al romano de las sabinas, y produjo la ruptura de la Liga Mayapán. Entre ellas estaba la esposa del jefe de Izamal. Hunac Ceel, señor de Mayapán, se vio obligado a castigar la osadía, para mantener su autoridad. Con tropas auxiliares mechicas, venidas de Tabasco, conquistó Chichén Itzá. Parece una reproducción de la guerra de Troya.

Sus habitantes se retiraron hacia el Sur, a sus territorios originarios, en las selvas húmedas de Chiapas, El Salvador y el Norte de Guatemala. Hasta allí fueron perseguidos, debiendo refugiarse en la isla de Flores, cercana a la antigua Tikal, donde constituyeron un reino que prevaleció casi cinco siglos, resistiendo al resto de tribus mayas e incluso a los españoles. Las ciudades-Estado maya-toltecas se enzarzaron en guerras civiles, consecuencia de la desunión de las diversas casas dominantes, lo que, a su vez, podría estar relacionado con la estratificación social de origen étnico, y su escasa mezcla y trabazón cultural. El resultado fue la desaparición de la cultura maya-tolteca. Los Cocomes de Mayapán consolidaron su poder sobre todo el Yucatán, con ayuda de tropas mejicanas, lo que los hizo odiosos ante el resto de los mayas. Sin embargo Chichén Itzá no desapareció, a pesar de perder población y dejar de ser sede política. Al contrario, aunque ya ni la arquitectura ni la escultura reflejaban la magnificencia y antiguo valor, alcanzó su máximo esplendor, gracias a ser centro de peregrinaje, en cuyo cenote o cueva freática hundida se seguían realizando sacrificios y ofrendas al agua, hasta su conquista por los españoles.

Se han encontrado, entre dichas ofrendas, objetos propios de la cultura coclé, de Panamá, lo que demuestra la extensión de los intercambios comerciales. Sancho VIIº, apodado “El Fuerte”, heredó el reino de Navarra. Cuando Alfonso VIIIº decidió, por fin, dirigirse de nuevo contra los almohades, en 1.195, había suscitado tantos recelos que ni leoneses ni navarros accedieron a ayudarle, por lo que sufrió la severa derrota de Alarcos, cerca de Ciudad Real. A consecuencia de ello firmó una tregua con los andalusíes. En la cumbre del poder germánico, Enrique VIº llenó Italia, incluida Sicilia, de funcionarios alemanes, aspirando a dominar el resto de Occidente. Pero ni el Papa ni la aristocracia estaban conformes con tal idea, por lo que, a pesar de sus promesas, en el 1.196, nombraron rey a su hijo Federico, de dos años de edad. Enrique VIº murió en Sicilia, al parecer de fiebres palúdicas. Su esposa asumió la regencia, entregando Sicilia al poder feudal del nuevo Papa, el inteligente Inocencio IIIº, que se consideraba el auténtico emperador de Occidente. A consecuencia de ello, en 1.198, la mayoría de los príncipes alemanes eligieron al hermano menor del emperador, Felipe, duque de Suabia, casado con una princesa bizantina.

Como reacción, los güelfos, encabezados por Adolfo, arzobispo de Colonia, eligieron al hijo de Enrique “El León”, Otón IVº, sobrino de Ricardo Corazón de León, como antiemperador. Con ello, el Imperio Alemán y los Hohenstaufen entraron en una nueva guerra civil, de diez años de duración, y, a consecuencia de ella, en declive. Inglaterra apoyó económicamente a éstos, lo que provocó la alianza de Francia con los güelfos, que también contaron con el apoyo de Inocencio IIIº. Ningún Papa ha ejercido nunca mayor influencia política. Pero, con ello, dejó de ser la autoridad indiscutida de todos los reyes y emperadores, sino que pasó a ser un rival o un aliado más, lo que tuvo su importancia para preparar el ambiente en el que se desarrollaría el lutheranismo. Pedro IIº sucedió a Alfonso IIº como rey de Aragón. Su alianza con Alfonso VIIIº evitó que la de portugueses, leoneses, navarros y almohades acabasen con Castilla. A raíz de ello Alfonso VIIIº firmó la paz con su primo Alfonso IXº de León, por la que éste se comprometió a casarse con Berenguela, hija del rey castellano. Su hijo sería Fernando IIIº de Castilla y León. No obstante la guerra siguió contra Navarra, por la que Alfonso VIIIº se anexionó Alava y Guipúzcoa.

El político y filósofo de la Historia chino, conocido como “escolástico”, Chu Jsi, presentó un sistema normativo de leyes éticas y formas prácticas de comportamiento social basado en una sociedad jerarquizada y multiestratificada, bajo un régimen absolutista de corte patriarcal. Aparece en esta época la costumbre de vendar los pies y poner calzado metálico a las niñas para hacérselos pequeños, que, aún siendo ilegal, continúan practicándolo los campesinos. Lo justificaban en la elegancia de los pequeños pasitos, infantiles, que les obligaban a dar. Pero, en realidad, era una forma de sumisión femenina, que las impedía huir o defenderse adecuadamente. Es decir, fue una regresión respecto de la dinastía T’ang, cuando las damas de las cortes jugaban al polo. La mujer se había convertido en un objeto doméstico de lujo. La imprenta permitía la divulgación de las matemáticas, la química, la medicina, la farmacopea y la ingeniería, civil y militar. Así se descubrió el salitre y la pólvora, y se realizaron autopsias de cadáveres. Se produjo un espíritu burgués, de hombre universal. Posiblemente el renacimiento europeo esté influido por los contactos de venecianos con la China.

Se produjo literatura para las clases inferiores, en prosa conversacional, como los “apuntes al pincel” (pi-chi) con aforismos sobre vivencias, sentimientos u observaciones artísticas o políticas. En Corea (Koryo) como reacción frente a los peligrosos vecinos, los nómadas kitan, tras conseguir mantenerlos a raya en sucesivas campañas militares, y construir fortalezas y una gigantesca barrera defensiva, se produjo una mayor aproximación a la cultura china. Como la población coreana, y su capacidad adquisitiva, era inferior a la china, las tiradas de los libros era de menor envergadura, por lo que se sustituyeron las planchas únicas de madera huecograbada en la imprenta, por tipos móviles metálicos, cuatro siglos antes que se produjese la revolución de la imprenta y la bibliografía europeas. El clero había acumulado un enorme poder. Sólo en la capital había 70 monasterios. Así que se produjo el inevitable enfrentamiento con la aristocracia. La consecuencia fue un golpe de Estado militar, que llevó a Corea a la dictadura. Por el contrario, en Japón, una serie de guerras civiles dieron el poder a familias de aristócratas militares y terratenientes. Esto supuso el distanciamiento respecto de la cultura china, incluso que ideasen su propia vía del budismo zen.

Se impuso la figura del Chogun, es decir, el Generalísimo, nombrado por el emperador, generalmente bajo presión, y que aunaba el poder militar y el civil, alejado de la corte y la residencia imperial. El vasallaje feudal se transformó en una especie de espíritu caballeresco, similar al que existía en Europa, bajo la figura del hidalgo guerrero samurai. Se perdió el elegante refinamiento aristocrático anterior, y Japón se sumió en un ambiente práctico y simplista, pragmático. Los cargos administrativos se hicieron hereditarios. La familia Fuyiuara consiguió un poder absoluto del Gobierno, desde su propia cancillería privada, o, incluso desde el monasterio, cuando se hicieron monjes. Siete miembros de la misma llegaron a ser emperadores. Sin embargo sólo contaban con su propia guardia familiar, y, a veces, la del palacio imperial. Porque el emperador japonés, que era al mismo tiempo dios y sumo sacerdote de su propia religión, a pesar de este aparente poder omnímodo, resulta que, para mantenerlo, estaba limitado en sus actuaciones, en sus decisiones, por un estricto comportamiento ético, para que fuese compatible con dicha divinidad y dignidad eclesiástica.

Así que no debía verse implicado en acciones controvertibles, que debía descargar en el poder casi absoluto de su jefe del Gobierno. En cambio, las familias aristocráticas de la periferia, al margen del poder administrativo y los enfrentamientos cortesanos, acumulaban extensas propiedades por las que no pagaban impuestos. Para mantener tal situación adiestraban militarmente a sus vasallos, cuya lealtad absoluta y el caballeresco cumplimiento extremo del deber, hasta la muerte, se compensaba con un feudo. Así el feudalismo se expandió por Japón. Mucho se ha especulado sobre por qué le hizo, en la misma época, por todo el mundo. En realidad no es así: un análisis más atinado advierte que los momentos fueron distintos, aunque su amplia permanencia temporal, en distintos ámbitos, hizo que hubiese muchas coincidencias. Más que una especie de casualidad o designio divino, habría que evaluar que debe considerarse al mundo como una realidad globalizada, desde hace muchísimo tiempo, aunque la información fluyese entonces mucho más lentamente. Pero, sobretodo, que se trata de una etapa, necesaria, del desarrollo y estructuración social, política y económica, conforme se llega a determinados grados evolutivos.

Especialmente en relación con el modo de explotación agropecuario. Incluso los grandes monasterios, sobretodo los de la capital, mantenían sus propios ejércitos mercenarios, para apoyar sus exigencias al Gobierno o enfrentarse a otros monasterios o terratenientes. El guerrero (es decir, la aristocracia militar, los señores de la guerra, según el ideal caballeresco) debía vivir ascéticamente, como un monje, entregado a su oficio, considerando que su propia vida no le pertenecía, sino que era un regalo de su señor. Es lógico que el corolario de todo ello sea el suicidio en caso de incumplimiento o fracaso. Así se comprende el espíritu “viento divino” [1]. Por esta época se implantó el jarakiri, es decir, rajarse el vientre, como la única forma noble de morir, si no era en combate. Los Fuyiuara pronto necesitaron aliarse con unos y otros. Aunque sólo fuese para evitar que sus enemigos se concentraran y uniesen. Japón se inundó de sangre y horror, y, su literatura, de relatos heroicos, de fidelidad y desinterés. El país se sumió en el estancamiento, a todos los niveles, dada la similitud de fuerzas de todos los grupos políticos.

Del equilibrio de poder de los clanes Fuyiuara y Minamoto, sacaron provecho los Taira, dirigidos por Kiyomori, que consiguió ser nombrado gran canciller, y que su nieto fuese emperador. Los Taira fueron derrotados por los Minamoto. En medio de tal ambiente de guerras civiles, destrucción, inestabilidad, incapacidad de un Gobierno eficaz, surge una literatura abstracta, escapista, de evasión, basada en los “apuntes de pincel” chinos. Como ejemplo el “Libro de Cabecera”, de la dama de la corte Sei Chonagon, que ofrece una visión femenina, cortesana, interesada por las relaciones galantes, los escarceos amorosos, la promiscuidad sexual, el ruido de los pelos o arenilla atrapados por la pluma al escribir, al desplazarla sobre el papel, o del amante al huir precipitadamente, la lectura, una bandeja nueva, un helado de frutas con jarabe de azúcar, lavarse el pelo, vestirse, el olor del incienso, esperar por la noche, etc.. Todo un anticipo de lo que iba a ser la literatura cortesana francesa seis siglos después, o la visión feminista de la siguiente centuria.

Simultáneamente aparecen pinturas en rollos, antecedentes de las tiras cómicas, que ilustran libros, especialmente caballerescos o de hazañas bélicas, vidas ejemplares de monjes, fábulas de animales, o humorísticas, satíricas, incluso anticlericales. Surge la advocación de Budda Amida, siempre sonriente, bonachón, regordete, que desciende a la tierra para llamar a los hombres a la salvación, sin cuya intermediación es imposible alcanzarla, opuesta al concepto zen, propio de los samurai. La similitud con el cristianismo, sobretodo con el lutheranismo, es evidente. Esta advocación se popularizó porque todas las demás sectas acabaron asumiendo tal concepción salvadora. En toda Europa, particularmente en Francia, donde se produjo más que en otras partes un incremento poblacional y de nuevas tierras roturadas, se estaba produciendo un crecimiento económico.

Entre sus causas se puedan señalar la consolidación del ciclo trienal de cultivo de cereales, rastrojo,  barbecho y cambio de plantación a hortalizas (en España se continuó, durante siglos, con el ciclo bianual, de año y vez, que multiplicaba el tiempo y las tierras en barbecho, lo que sorprendía a los “turistas” románticos) el collar de cuero endurecido para las caballerías -con herraduras- que les permitía tirar del pesado arado de hierro con ruedas, sin estrangularse, y a más velocidad que los bueyes. Sus efectos fueron pasar, según se calcula, de 46 millones de habitantes a mediados del siglo XIº, a 61 al fin del XIIIº. La actividad económica en Francia se vio potenciada por las ferias de la Champagne y Flandes, de carácter suprarregional, que impulsaban el crédito y la transformación de aldeas en ciudades, incrementando el poder de la monarquía frente a la nobleza, especialmente por constituir una inapreciable fuente de impuestos para el rey. Comprendiendo la conveniencia del proceso, éstos concedieron amplios privilegios a las ciudades, especialmente en Francia. En el 1.199, Mujammad Al-Nasir heredó el califato almohade, elevándolo a una nueva fase de poderío.

Como su tregua con Castilla estaba próxima a expirar, los reinos cristianos ibéricos fraguaron una alianza colectiva. Inocencio IIIº la fomentó, propugnando una Cruzada peninsular, que predicaron los monjes del Cister y el arzobispo de Toledo. Comprendiendo la situación, los almohades tomaron la iniciativa, conquistando el castillo de Salvatierra. A la muerte de Ricardo Iº, apodado “Corazón de León”, que, previamente había derrotado y asesinado a sus otros hermanos, quienes se habían rebelado contra él repetidamente, combatiendo por la fortaleza “La Galante”, en Francia, lo que presagiaba la inminente guerra de los cien años, heredó el trono inglés su hermano Juan Iº Fitz-Roy (en franconormando, “hijo de rey”) apodado “Sin Tierra”, porque, siendo el menor de los cinco hermanos, su padre no le legó posesiones territoriales. Como Ricardo Iº no se fiaba de sus otros hermanos, fue él quien le sustituyó durante su expedición militar a Tierra Santa, así que también lo hizo mientas permaneció en cautiverio. Plagó el país de cargos vendidos, corruptos, déspotas, recargando al pueblo con impuestos, que, posteriormente, justificó con la recaudación para el rescate del rey.

Pero lo cierto es que no tenía ningún interés en ello, las cuentas nunca parecían ser suficientes para tal fin. Así que fueron las órdenes mendicantes y la baja nobleza, descontenta con la situación, quienes se encargaron de colectar y negociar la liberación del rey. Juan Iº fue pérfido, tanto en política interior como exterior. Y aún en su vida familiar. Repudió a su primera esposa y se casó con Isabel de Angulema, por lo que reclamó los derechos hereditarios de ésta. La causa se llevó ante el rey de Francia, que lo llamó a juicio. Como comparecer suponía aceptar la sumisión feudal, no lo hizo, de modo que el tribunal sentenció en su contra, cediéndole tales derechos a Arturo, hijo de su hermano mayor. Indudablemente la intención era provocar la guerra entre los ingleses, puesto que éste tenía más derecho a la corona que su tío. Iniciada ésta, Arturo fue apresado y asesinado. Sin embargo Felipe IIº Augusto derrotó a Juan Iº, que perdió Normandía. Sobre esta época se abrió el paso de San Gotardo, entre Suiza e Italia. A través de él, el tráfico comercial produjo en la primera, no sólo una clase burguesa, creciente y en continuo enriquecimiento, sino la conciencia de su diferenciación respecto de sus convecinos transalpinos.

Es decir: las bases de un incipiente nacionalismo que, desde unas posiciones de inicial retraso económico, social y político, la llevaría a unos derroteros progresistas, para su época, y a enfrentarse al Imperio Alemán. En el 1.202, en una carta de Inocencio IIIº al rey de Francia, le reconoce que los reyes no tienen ninguna autoridad superior a ellos en la Tierra, por lo que son emperadores en sus reinos. Es decir, está reconociendo que han desaparecido tanto la autoridad imperial como la papal, así como los derechos supranacionales que estos se atribuían. El Estado feudal irá siendo suplantado por un Estado de funcionarios, que pueden ser sustituidos en cualquier momento por la libre voluntad del monarca, según el modelo burocrático francés, con un redoblado poder de la realeza, con las excepciones de Italia y Alemania, que caminarán por los senderos de la desunión y los localismos. Bizancio perdió Chipre y continuos territorios en los Balcanes. Su feudalismo tardío había llegado a unos extremos desconocidos en el resto de Europa. Así la aristocracia no sólo era clase tributariamente exenta, sino que habían conseguido la inmunidad penal para todos sus actos. En sus territorios crearon su propia administración, incluida la de la justicia.

Es lógico que todo ello degenerase en continuas guerras y pretensiones de cambios dinásticos. Y, en tales circunstancias, que no estuvieran en condiciones de resistir los avances turcos. Inocencio IIIº concluyó que la situación era propicia para enviarles una nueva Cruzada, que no sólo conquistase los restos del Imperio de Oriente, sino que acabase, militarmente, con el Cisma, poniendo a todos los cristianos bajo el dominio papal. Comprendiendo la ambición que ocultaba, y dada su negativa experiencia respecto de Cruzadas anteriores, los bizantinos se opusieron a la IVª, lo que supuso un más abierto enfrentamiento respecto del Imperio Alemán y el Papado. Venecia se había aprovechado de anteriores ataques a Constantinopla, expandiendo su dominio naviero y comercial por el Mediterráneo. Desde entonces, hacía más de un siglo, gozaban de libre comercio, con exención de impuestos, en el Imperio Bizantino. Por tal motivo cada vez eran más frecuentes los levantamientos populares, ya que los emperadores carecían de capacidad para imponer sus deseos, contra los que denominaban latinos. En cambio Egipto era uno de los mercados más lucrativos para los venecianos.

Su dogo, Enrico Dandalo, se ofreció a financiar la empresa y a transportar en sus barcos a los cruzados. Pero, en lugar de llevarlos contra Egipto, como se había acordado, los dirigió contra la ciudad dálmata de Zara, rival comercial de Venecia, en contra de los deseos de Inocencio IIIº. Aprovechando la oportunidad, el coemperador Alejo IVº pidió ayuda a los cruzados para deponer a su padre. Al Papa también le pareció una ocasión única. Así que conquistaron Bizancio y entronizaron al nuevo emperador. Sin embargo, cuando pretendió recaudar los impuestos para pagar las compensaciones acordadas con los cruzados por su ayuda, el pueblo se sublevó, y lo asesinó. De modo que los cruzados conquistaron y saquearon Bizancio, en el 1.204, repartiéndose casi todos sus territorios imperiales entre cruzados y venecianos. Así se creó el Imperio Latino de Constantinopla, que se mantendría durante 57 años. Se coronó emperador a Balduino Iº de Flandes, en la Santa Sabiduría[2], aunque sólo dominaba parte de la capital, de Tracia, de Turquía y algunas islas. La mayoría de los principados que se formaron  obedecían a Bonifacio de Monferrato, que dirigía la Cruzada. Tras conquistar Macedonia y Tesalia se autoproclamó rey de Tesalónica.

El poder conseguido por Venecia se evidenció cuando Tomás Morosini, compatriota del anterior, fue designado primer Patriarca latino de Constantinopla. El despotismo de los cruzados y su continuo desprecio hacia la religión, cultura y costumbres bizantinas incrementó el odio de la población, por lo que el objetivo de unificar el cristianismo se alejó, en lugar de alcanzarse. Y aún así se propagó que la Cruzada había sido un éxito. Un yerno de Alejo IIIº Anguelos, Teodoro Lascaris, se autoproclamó rey de Nicea, conquistando territorios a los cruzados. En el año 1.205, en alianza con el zar de Bulgaria y la población rebelde de Tracia, Lascaris los derrotó en Adrianópolis. Ante tal ocaso de Constantinopla surge el protagonismo del patriarcado de Moscú, que vino a sustituir los antiguos de Antioquía y Alejandría, como contrapuntos a Roma.


[1] En japonés  kami-kase. Hace referencia a un mítico huracán que enviaron los dioses para dispersar la Flota de invasión coreana, salvando a Japón de la derrota.

[2] En griego Jaguia Sofía, habitual y erróneamente traducido como Santa Sofía.

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