1.618: La Guerra de los Treinta Años

Fernando de Estiria fue coronado rey de Hungría, puso en marcha sus ideas contrarreformistas en Bohemia, y cerró o destruyó las iglesias protestantes. Así que los lutheranos reunieron una Dieta (parcial, sólo convocando a los protestantes) que aprobó una queja a presentar en la Corte de Praga. Al hacerlo, unos aristócratas radicales arrojaron por las ventanas del palacio a los dos Gobernadores imperiales y a su secretario. Como este hecho no podía sino provocar un castigo, de inmediato reclutaron un ejército para defenderse. El duque de Saboya, que estaba en guerra contra España, envió en ayuda de los amotinados un contingente de mercenarios, al mando de Ernst Von Mansfeld. Así comenzó la Guerra de los Treinta Años, cuya crueldad, destrucción, pero, sobre todo, las pestes y hambrunas que provocó, redujo la población agraria en un 40%, y en un tercio la urbana. Brandenburg se hizo con el ducado de Prusia, aunque seguía siendo feudo de Polonia. Osmán IIº comenzó su reinado como sultán de Turquía. La federación manchú comenzó a expandirse. Sus jefes adoptaron el nombre dinástico de Jou Chin, es decir, los Chin Posteriores, lo que indicaba sus apetencias. Murió Jo Kyun, un coreano que escribió Jong Kildongyon, una novela en la que denuncia los abusos sociales y la corrupción de los funcionarios. La muerte del emperador Matías, en 1.619, dejó a su primo Fernando todo el poder para llevar a cabo sus pretensiones contrarreformistas. En Holanda la aristocracia intentó desalojar del poder a la burguesía. Se planteó un conflicto de competencias entre el Gobernador, aristócrata, monárquico y centralista, belicista, resuelto a reiniciar la guerra contra España, Mauricio de Nassau, que había heredado el título de Príncipe de Orange a la muerte de su hermanastro, y el Pensionario del Consejo, el pacifista, predispuesto a negociar con España una ampliación de la tregua, que tan buenos resultados había producido, republicano y federalista Jan Van Oldenbarnevelt.

Mediante una coalición de la nobleza con la baja burguesía y el campesinado, Nassau derrotó a este último, que fue “ajusticiado”. Los nobles bohemios, no sólo por sus convicciones religiosas, que, desde la apostasía de Enrique IVº de Francia, cada vez era más notorio que se trataba de un medio para acaparar poder, sino, también, por sus sentimientos nacionalistas, rechazaron a Fernando IIº, y eligieron rey de Bohemia a Federico Vº del Palatinado. Ante ello, el nuevo emperador Fernando IIº y el duque Maximiliano de Baviera pactaron una alianza, la Liga Católica, que obtuvo apoyo financiero del imperio hispano-portugués y los Reinos Pontificios. Polonia reclutó cosacos para ella, y Sajonia, a pesar de ser protestante, comprendiendo lo que estaba en juego, también envió tropas. El duque de Uceda envió los tercios españoles, con lo que abandonó la política pacifista de su padre, abriendo camino a la posterior reinstauración belicista del Conde de Olivares. Además recomendó al rey la unificación política con Portugal, en un solo Estado, lo que, sin duda, influiría en la reacción independentista de sus ciudadanos. Se permitió a los virginianos convocar una reunión de reprensentantes, lo que se considera el inicio de su actividad autónoma. Tras seis años intentando el dominio de Madagascar desde su base de Goa, la resistencia malgache, mestizos de marinos asiáticos y africanos, les hizo desistir. Igual les ocurriría a los holandeses y a los ingleses. Sólo los franceses consiguieron imponerse, con un alto coste en vidas humanas, mucho más tarde. Aún así no pudieron establecer fundaciones duraderas y romper el monopolio comercial nativo, basado en el desarrollo agrícola y económico logrado por los reyes procedentes de las tribus de los merina, que habían unificado la isla. Llegaron buques franceses a la Península de Malaca y a Japón. Murió el emperador Uan Li. A partir de entonces China entraría en continuos disturbios internos.

La posibilidad de convertirse en propietarios, de participar en los frecuentes repartos de tierras arrebatadas a sus dueños legítimos -los indios- la garantía de una existencia segura (frente a un Estado o imperio totalmente despreocupado, que no llegaba a afectar, a incomodar, a los colonos; aunque no frente a los indios, los malhechores o los ambiciosos, todo lo cual se ocultaba en la propaganda) sobre todo a partir de una autonomía administrativa y organización más o menos democráticas (dependiendo de cada colonia) desconocidas en Europa, así como la tolerancia religiosa (también diversa para cada colonia, lo cual se ocultaba igualmente, produciendo un áurea paradisíaca no siempre confirmada por la realidad) en una situación en que los europeos encaraban desarraigos por crueles guerras y persecuciones por motivos de religión, así como por la falta de trabajo, consecuencia de la revolución técnica agraria, especialmente en Inglaterra, origen del principal contingente, constituyeron un estímulo para la inmigración hacia Norteamérica. Esta llegó primero a Bermudas, San Cristóbal o Barbados, donde el tabaco, la caña de azúcar, el índigo y el algodón absorvían una gran cantidad de mano de obra y generaban una alta prosperidad. La otra cara de la moneda fue la llegada a Jamestown del primer cargamento de esclavos a Norteamérica. Conforme la población negra fue haciéndose cargo de los trabajos más pesados, presionando, involuntariamente, a la reducción de salarios, la emigración se fue redirigiendo hacia el Norte. En 1.620, los sajones ocuparon Silesia, también protestante. Mientras tanto, Tilly, Mariscal de Maximiliano de Baviera, acabó con el levantamiento y resistencia protestante en el Norte de Austria, se unió a las tropas imperiales y juntas cayeron sobre Bohemia, obteniendo la victoria de la Montaña Blanca, cerca de Praga.

El rey Federico huyó del país, y se produjeron terribles represiones. Yaiayetta o Chetta IIº sucedió a Barom Richi Vº como rey de Cambodia. El New England Council no fue operativo porque fracasó en conseguir colonos y capital. Sin embargo, después de 14 años, logró reunir en Southampton el pasaje del pequeño Mayflower (“Flor de Mayo”) a base de puritanos, sobre todo, gracias a un ventajoso acuerdo con la Virginia Company. Durante el viaje se acordó el Mayflower Compact, por el que la comunidad se regiría mediante una asamblea parlamentaria de la General Court, a imitación de la Iglesia estatal, de tipo fraterno. Dicho esquema sería reproducido por todas las fundaciones puritanas posteriores. En 1.621, el Parlamento multó y encarceló a Francis Bacon por venalidad, aunque el rey inglés lo indultó. En realidad, vanidoso, ambicioso, sin escrúpulos, actuaba como un monigote del monarca. Era una mente lógica, de amplísima cultura, pragmática, que defendió el empirismo, oponiéndose al idealismo aristotélico, por lo que constituye un precedente del mundo moderno. Para él la experiencia es la base de todo conocimiento, y las ciencias sirven para arrancar sus secretos a la naturaleza y dominarla. Afirmaba que el saber era poder. Adscribió la Historia a la cualidad humana de la memoria, la poesía a la imaginación, y la Filosofía a la razón. Inspirándose en el Señor de La Montaigne, escribió “Ensayos (intentos, esbozos, pruebas, ejercicios) de moral y política”. Y también sobre un utópico Estado ideal filosófico, en “Nova Atlantis”. Se supone que es el verdadero autor de los dramas atribuidos al actor, director y empresario teatral, William Shakespeare, de quien fue su amante. De hecho estuvo mucho tiempo en Italia, de cuyas bibliotecas depredó toneladas de libros, que se llevó a Inglaterra. Shakespeare, que no salió de ella, como mínimo necesitaría tales libros y su colaboración para escribirlos.

Los ingleses, más basados en su nacionalismo que en evidencias, niegan este hecho, asegurando que ni la mentalidad, la ideología, ni la personalidad reflejada en tales obras es la de Bacon. Sin embargo, éste era un auténtico farsante, falto de escrúpulos, por lo que no se puede conocer su auténtica personalidad, ni los intereses que podía perseguir escribiendo dichas obras. Se presentan en ellas las diferentes personalidades, que sufren por la contradicción entre sentimiento y razón, y no por la predestinación, como ocurría en el teatro griego clásico, o el francés de su época. De alguna forma muestran la inutilidad, lo negativo de los sentimientos frente a la fría, calculadora y despiadada razón, más allá de la idea de justicia. De cualquier modo, hay que mencionar que no es el único candidato para dicha autoría. Por ejemplo, el editor anónimo de algunas poesías, más tarde modificadas y reeditadas como obras de Shakespeare. A la muerte de Felipe IIIº de España, y IIº de Portugal, le sucedió su hijo Felipe IVº de España y IIIº de Portugal, que entregó rápidamente los poderes a Gaspar De Guzmán y Pimentel, conde de Olivares, posteriormente engrandecido como duque (el más alto nivel aritocrático en España, quizás para igualarlo al de privados anteriores) de Sanlúcar, posiblemente por consejo de sus enemigos ante el rey, dada la rivalidad entre ambas localidades vecinas sevillanas, por lo que se negaba a utilizar dicho título. Así que sus enemigos comentaron al rey el desprecio que suponía no hacerlo, por lo que decidió comenzar a firmar como Conde-Duque de Olivares, título que no existe en España, antepone el de menor rango al de mayor nivel, y omite la denominación de éste. Como entonces dicha ciudad se denominaba Sanlúcar del Alpechín, que, por considerarlo un nombre ofensivo, más tarde se cambió por el del aledaño arroyo o rivera de La Mayor, su ingenioso y enemigo Quevedo lo motejaba de Conde de Olivares y Duque del Alpechín. Este era un hombre belicoso, que aspiraba a reimponer el dominio español y la religión católica, sin considerar la situación financiera del país: era el oponente simétrico para Mauricio de Nassau. Sólo que Holanda nadaba en la abundancia: su control de las finanzas y los mares le aseguraba una fuente ingotable de ingresos.

De inmediato inició la persecución de la administración anterior, acusada de corrupta, llegando a ajusticiar en la Plaza Mayor de Madrid a Rodrigo Calderón, popularmente conocido como “valido del valido” duque de Lerma, ya que a éste le protegían los recién recibidos hábitos. No tuvo tal prevención el hijo de éste, el duque de Uceda, que moriría en la cárcel, a pesar de la oposición del rey. Todo esto lo hizo, en un principio, muy popular: no dejaban de ser medidas demagógicas. Protegió la industria y el comercio nacionales, iniciando una política que, si inicialmente era necesaria, acabó, al continuarse con ella, en el aislamiento económico del imperio hispano-portugués. Intentó centralizar la administración, recortando autonomía a los diferentes reinos, lo que influyó en el sentimiento nacionalista, más instigado que auténtico, por los que perdían atribuciones con ello. Su objetivo era el reparto más ecuánime de las cargas de las guerras, y sin ceder a mecanismos más democratizantes. En realidad su objetivo era erróneo, pues se aferraba a un Imperio Alemán y unas posesiones flamencas insalvables, cuando debió centrarse en la recuperación económica y hacendística, y al mantenimiento de las posesiones ultramarinas ibéricas, mediante la recuperación de la hegemonía naval, construyendo mayores Flotas, dada la intromisión holandesa en el Caribe. Para Flandes iba a ser un año trágico: expiraba la Tregua de los Doce Años y los reyes Alberto e Isabel Clara Eugenia no tenían hijos. Tal como estaba estipulado, a la muerte del rey, Flandes retornó al imperio español.

Isabel Clara Eugenia, por concesión de su sobrino, Felipe IVº, permaneció como Gobernadora hasta su muerte: la que había podido ser reina de España (si no hubiera sido por la oposición aragonesa a la soberanía femenina) de Portugal, y sus respectivos imperios, de Francia y de Inglaterra, moriría como una monja, dedicada a tareas meramente burocráticas, y siempre inmersa en guerras, que detestaba. Tal como estaba previsto, España reclamó también la soberanía a los Estados Generales de las Provincias Unidas del Norte de los Países Bajos, obteniendo su lógica y esperable negativa. De inmediato una Flota española derrotó en Gibraltar a la holandesa. En Bohemia fueron ajusticiados 28 cabecillas del levantamiento y se produjeron extensísimas confiscaciones represoras, hasta el punto que la pequeña nobleza checa prácticamente desapareció, lo que tendrá repercusiones en el aumento del poder de la burguesía, la industrialización y el liberalismo de esta zona. De dichas confiscaciones se aprovecharon los grandes terratenientes que habían permanecido fieles al imperio, quienes, de modo gratuito o con mínimas inversiones, se quedaron con las tierras expropiadas, o las revendieron con grandes beneficios. Algunos acumularon con ello inmensas fortunas, como Albrecht Von Wallenstein. Simultáneamente se impuso la contrarreforma, expulsándose a los clérigos protestantes. Tropas españolas y de la Liga Católica ocuparon Renania-Palatinado, que se entregó a Maximiliano de Baviera a título de príncipe elector. El Mariscal Tilly avanzaba con su ejército hacia Westfalia, y el protestantismo parecía que iba a desaparecer de Alemania como los hugonotes se habían esfumado en Francia. En guerra contra Polonia, Gustavo IIº Adolfo de Suecia conquistó la Livonia y Riga. Jsi-tung fue coronado emperador de China. Permitió que los eunucos, dirigidos por su jefe, Uei Cheng-jsien, lograsen la máxima dictadura. Aunque éste fue asesinado, el poder de sus seguidores no disminuyó, y tampoco los enfrentamientos con las academias de funcionarios, a pesar de la amenaza manchú.

Los puritanos pasajeros del “Flor de Mayo”, que se denominaron Pilgrim Fathers (“Padres Peregrinos”) fundaron Plymouth. En 1.622, el ejército español derrotó en Fleurus a los protestantes que, al mando de Ernst von Mansfeld, habían penetrado en Flandes. Murió el sultán otomano Osmán IIº. Los portugueses encontraron mayor resistencia en Africa oriental que en la occidental. Tal vez su relación con los árabes habría deparado en mayor organización social y conocimiento militar. Además, la colonia de El Cabo colmaba las apetencias de aquellos para un punto de apoyo, de aprovisionamiento naval, en el comercio hacia la India. Así que no insistieron en el Este. Esto permitió a los mahometanos campo libre para avanzar, estructurar sus puntos de aprovisionamiento y monopolizar el comercio de esclavos en la zona durante dos siglos. Con ayuda de una Flota inglesa el safaví chaj Abbas expulsó a los portugueses de la isla de Ormuz, en la entrada del Golfo Pérsico. También los expulsaron de Mascarte los árabes del Estado marítimo de Omán, de modo que a los portugueses sólo les quedó Mozambique en dicha ruta. Sin embargo fueron los ingleses los que se apropiaron del comercio en el Golfo Pérsico. En 1.623 fue coronado Murad IVº como Puerta Sublime. La conquista por Abbas “El Grande” de Irak central, e incluso de Bagdad, le impulsaría a llevar a cabo importantes reformas en el imperio otomano para podr hacerle frente. En Amboina se sometió a terribles torturas a 18 ingleses, acusados de conspirar contra Holanda. Casi todos fueron ajusticiados, por lo que Inglaterra se retiró de lo que hoy es Indonesia. Colonos brasileños fundaban Gurupá, extralimitándose, de nuevo, respecto de la línea de demarcación con el imperio hispánico.

Acabada la etapa de regencia, lo primero que hizo Luís XIIIº fue asesinar a Concino Concini, lo que le granjeó el odio eterno de la reina madre, María de Médicis, que, desde entonces, empleó todas sus energías en fraguar conjuras contra su hijo. Sus razones tendrían. Ambos. Tratando de mantener su poder, maniobró para que se nombrase miembro del Consejo Real al Cardenal Armand-Jean Du Plesis, duque de Richelieu. Fue el más completo de sus errores, puesto que, defensor a ultranza del absolutismo monárquico, las redes de espías del Cardenal descubrieron todas las intrigas urdidas por quien lo había encumbrado, y las aniquiló. Quizás fuera esta obsesión absolutista la que llamara la atención y ganase la confianza real. Lo cierto es que, en 1.624, Richelieu comenzó a gobernar en Francia. Su primer cometido fue fraguar un sistema de alianzas para romper la tenaza de los Habsburg. Pero su concepción política asbolutista, centralista, con un exhaustivo control económico, necesario para mantener un ejército permanente, le llevó a incumplir el estatuto jurídico especial de los hugonotes. Se podría comparar con el conde-duque de Olivares-Sanlúcar, aunque había algunas diferencias. Este era soberbio y ligero de lengua, lo que le granjeaba enemigos innceseriamente. Mientras que Richelieu, quizás por deformación profesional, era reservado, disimulado, engañoso, y conseguía que nadie (por ejemplo, la reina madre) conociese sus verdaderas intenciones hasta que era demasiado tarde para estorbarlas. El conde-duque era cambiante, del injustificado optimismo a la melancolía y la depresión. Así no era posible un adecuado análisis situacional. Todo lo contrario del reflexivo y taciturno Cardenal. Este tuvo la inteligencia de mantener a Francia al margen de la intervención directa en las guerras, mientras no fue estrictamente necesario o vio alcanzables sus objetivos, limitándose a la diplomacia y al influjo económico, lo que, a la postre, resultaba más barato.

En cambio, el conde-duque, tal vez alentado por los triunfos militares imperiales, llevó a España a soportar el peso de continuas guerras, cuando, ni la situación económica heredada, que no hizo nada por remediar, ni la demográfica, lo justificaba, agotando la capacidad de aguante de sus gobernados. Además tenía el antecedente del desprestigio y desconfianza producidos por privados y conjuras anteriores, lo que limitaba su capacidad de acción y, sobre todo, de encajar desastres, derrotas, que debía, imperiosamente, resarcir con hipotéticas futuras victorias, aumentando el coste de la apuesta. Como dice el refrán: “el que juega por necesidad pierde por obligación”. La idea imperial de Richelieu le llevó a retomar la colonización norteamericana. Valones protestantes fundaron Nueva Amsterdam, pronto convertida en un centro comercial cosmopolita, dentro de la región de Nueva Holanda, talando sus bosques. Para defenderse de los indios contruyeron una empalizada, que rodeaba al poblado hasta los muelles. Al camino de ronda interior a dicha empalizada lo denominaron calle del muro, o de la muralla, que, tras su conquista por los ingleses, tradujeron como Wall Street. En ella fundaron un almacén de depósitos, en los que se acumulaban mercancías para su embarque o distribución, se tasaban, se concedía préstamos sobre ellas y se subastaban, fijando sus precios. Es lo que los españoles denominamos Lonja de contratación. Pero los holandeses lo llamaban Boürse, castellanizado como Bolsa. Mientras tanto, desavenencias internas en la Compañía de Virginia, así como disputas con los funcionarios reales respecto del cobro del impuesto sobre el tabaco, llevó a la disolución de la misma, sin haber llegado a distribuir un solo dividendo. Virginia fue declarada colonia de la corona inglesa y se le nombró un Gobernador real y un Consejo de Estado, que convivía con la persistente asamblea de freemen: libres respecto de compromisos con la extinta Compañía y que no eran criados, siervos ni esclavos, lo que significaba que eran propietarios de terrenos, que habían podido participar en el reparto de los mismos. Una Flota de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales se apoderó de la Bahía de Todos los Santos y la ciudad del Salvador, con intención de dominar Brasil.

En 1.625, la Asamblea de la Baja Sajonia eligió como jefe supremo al rey Cristian IVº de Dinamarca, duque de Holstein. A la muerte de Jacobo (Jaime o Santigao) Iº heredó Gran Bretaña su hijo Carlos Iº, educado en el anglicanismo episcopaliano y la imposición del absolutismo: en sus cuatro primeros años de reinado disolvió tres veces el Parlamento. Wallestein se convirtió en el segundo General imperial, merced a su apreciable labor de reclutamiento y a sus éxitos militares, por lo que recibió el ducado de Friedland, en el Noreste de Bohemia, con tales privilegios que pudo regirlo como un príncipe. Para abastecer a su ejército y financiarlo instaló manufacturas, actividad más rentable que la agrícola, por lo que sentó las bases para el desarrollo capitalista y fabril de Chekia. Había comprendido perfectamente la evolución hacia el absolutismo y la necesidad de un ejército permanente, bien armado. Y la relación ejército, economía y finanzas, con lo que se anticipaba a la aristocracia del despotismo ilustrado, orientada a satisfacer las necesidades de la monarquía. Según el adagio de “la guerra alimenta (financia) a la guerra” se dedicó al saqueo y a imponer contribuciones a los territorios que ocupaba, con las que pagar sus soldadas. Breda, feudo de los Nassau, en el Brabante holandés, había sido conquistada 44 años antes por Felipe IIº, que sólo pudo retenerla durante 9 años. Desde entonces los holandeses la habían convertido en una moderna fortaleza, diseñada para resistir un asedio artillero. Al General Spínola se le ordenó tomarla. Los franceses comenzaron a considerar una tarea imposible colonizar el extremo oriente, dada la hostilidad holandesa. En cambio se asentarían en Madagascar, desde donde se extendieron hacia Arabia y las costas hindúes. Los franciscanos, que se habían encargado de la evangelización de los indios de las colonias francesas, llegando hasta el martirio, fueron sustituidos por los jesuitas. Una Flota hispanoportuguesa recuperó Bahía de Todos los Santos y Salvador, expulsando a los holandeses.

Cristian IVº no actuó con la debida celeridad, a pesar de que Tilly estaba aislado, dándole la oportunidad de que le derrotase, en 1.626, en Lutter, junto a Barenberg. Desde entonces el imperio danés entró en imparable retroceso. El victorioso Wallenstein se unió a Tilly, llegando ambos hasta Jutlandia. Con ello todos los príncipes del Norte de Alemania, exceptuando el de Mecklenburg, pactaron con el emperador, abandonando al rey de Dinamarca. Tras un año de sitio, Breda se rindió. Felipe IVº encargó a Velázquez que inmortalizara tal momento, en el cuadro popularmente denominado “De las lanzas”. Las verticales picas españolas, a la derecha de la imagen, frente a las inclinadas de la izquierda, la ciudad humeante, difuminados su muralla y sus baluartes pentagonales en sus cinco vértices, bien como muestra de perspectiva aérea o de humo, de pólvora o de fuego, destrucción, eliminación, y la actitud del holandés, en ademán de arrodillarse, indican su derrota. El caballo de Spínola, vuelta la grupa a los holandeses, con una pata trasera levantada, en gesto de cocear, refuerza tal idea. Spínola, a pie, al contrario de lo que cabría esperar de un triunfador, sujeta al derrotado para que no se postre, le sonríe y se inclina, mostrando una notable cortesía y condescendencia, tal vez diplomacia, pero también orgullo, alegría indisimulable, sarcasmo. Un viejo alto oficial observa con sorpresa y admiración semejante condescendencia, quizás compadeciéndose del humillado, y valorando la escena como ilógica, fuera de lo esperable, hipócritica, o inmerecida o que no provocaría agradecimiento por parte de los holandeses, mientras otro, algunos arcabuceros y piqueros, pícaros o picardos, vigilando de reojo a éstos, de cuya aceptación de la derrota recelan, desviando su posición corporal de tal condescendencia, que no parecen compartir, reprochan con sus ojos al espectador que sea testigo de lo que parece que consideran una muestra de debilidad, y un holandés amonesta o alecciona a alguien de los suyos. Murió Nurjasi, jefe de la federación manchú. Le sucedió Abajai. En 1.627, las expulsiones se extendieron a los nobles protestantes bohemios, y también a la ciudadanía y el campesinado.

Todo su territorio pasaba a ser propiedad patrimonial, heredable, de la familia Habsburg. Su Asamblea perdía virtualidad, sustituida por una administración centralizada dirigida desde Viena. Con todo ello el potencial militar de la Liga Católica se hizo tan desproporcionado que la Unión Protestante se disolvió. Murió el emperador chino Jsi-tsung. El hambre y el simultáneo aumento de la presión fiscal habían originado un levantamiento en la provincia de Chenxi, encabezado por Li Tsu-ch’eng y Chang Jsien-chung. Murió el emperador de la India Yajanyir. El clan maratta, en el que había un pequeño número de brajmanes de alta capacidad intelectual, eran originarios de las regiones montañosas al Sur y Suroeste de Bombay. Sus capas dirigentes habían sido funcionarios y soldados de los sultanes del Decán, sobretodo de los Bbonsle de Biyapur. Se habían apoderado desde el Jat occidental hasta las costas de Konkan, y desde la India central hasta el Decán. Sivayi se convirtió en su jefe. Se creó la Compagnie de la France Nouvelle, que acapararía el comercio peletero norteamericano durante casi cuarenta años, estimulando la ambición colonial. Así, desde Nueva Escocia, los escoceses tomaron Port Royal. El desarrollo de Plymouth no fue destacable, aunque los Padres Peregrinos habían conseguido para entonces pagar todas sus deudas. Los puritanos más prominentes organizaron la Massachussetts Bay Company, sindicato de obligacionistas que consiguió un privilegio real para asentamiento de colonos en Norteamérica, con la peculiaridad de que, por primera vez, no se exigió que su sede social estuviese en Inglaterra. En 1.628, el ensoberbecido Wallenstein, a pesar de no tener un sólo barco, se hizo nombrar Generalísimo del Mar Báltico y del Océano.

Una Flota española fue aniquilada en Matanzas, en Cuba, por los holandeses. Hasta entonces España no había perdido un solo galeón en combate, lo que demostraba que habían dejado de ser resistentes a los progresos en artillería. Los tiempos estaban cambiando. Las líneas de comunicación del imperio hispano-portugués quedaron interrumpidas, la llegada de las Flotas de Indias se hizo cada vez más azarosa, y hasta los piratas de la isla de La Tortuga se atrevieron a atacarlas. Y, con ello, la llegada de la plata y el oro americanos, necesarios para costear las guerras, más imprevisible. El rey Gustavo Adolfo de Suecia quería aprovechar las derrotas y pérdida de prestigio de Dinamarca para recuperar los territorios de ésta en Escandinavia, algunas islas del Báltico y el monopolio naviero y comercial por el mismo, por lo que interpretó el nombramiento de Wallastein como una declaración de intenciones, de oposición, de rivalidad, a su proyecto. Aprovechando los enfrentamientos entre los ingleses, Richelieu tomó La Rochelle, la más fortificada plaza de los hugonotes, cuya magnífica bahía podía recibir aprovisionamiento marítimo. Carlos Iº se vio obligado a reconocer una petición (más tarde se traduciría como declaración) de derechos del Parlamento inglés, que, aunque respetaba todos los formalismos, constituía una auténtica exigencia al rey de respetar los derechos fundamentales del pueblo. En especial sobre los encarcelamientos sin juicio (como hoy se hace con los “sospechosos” de terrorismo) y la imposición de mayores tributos sin autorización parlamentaria. Como la concepción de la época aseguraba que el rey no podía equivocarse, no se le podía juzgar, los Comunes se concentraron contra el favorito del monarca, George Villiers, duque de Buckingham, al que se acusó de alta traición, y terminaría asesinado.

Carlos Iº reaccionó encerrando en la Torre de Londres a todos los dirigentes de la oposición de los Comunes, y persiguiendo judicialmente cualquier desviación respecto del anglicanismo episcopaliano, ante la temida Cámara de la Estrella, tribunal que hacía las veces de la Inquisición anglicana, bajo formas más jurídicas, que se centró en los representantes puritanos. Simultáneamente intentó anglicanizar a la Iglesia Reformada escocesa. Todo ello produjo la huida de miles de puritanos a América. Chaj Yajan llegó al trono mo-gol en la India. Como primera disposición asesinó a todos sus parientes varones. Atajó con rapidez y contundencia varias rebeliones de gobernadores. Fue coronado Ch’ung-Chen, que sería el último emperador de la dinastía Ming. Siguiendo con los planes del Gobernador del Paraguay de controlar los territorios hasta la línea de demarcación del Tratado de Tordesillas, se fundó la misión de Yapeyú, que iniciaría una serie de ellas que llegarían hasta Santa Catarina. Para entonces los portugueses tenían once misiones de Guairá y diez en los cursos medios del Paraná y el Uruguay: ambos imperios iban a entrar en contacto tras más de un siglo de colonización americana. Tales concentraciones humanas, ricas explotaciones agropecuarias, ya que los jesuitas no se conformaban con propagar la religión católica, sino que también les daban provechosas enseñanzas y ejemplo en la organización práctica, productiva, económica y social, pronto fueron codiciadas por los cazadores de esclavos. Aunque los indios no tenían la resistencia racial de los negros para continuados trabajos extenuantes, su productividad en las plantaciones era más baja y su esperanza de vida era aún inferior, se supone que de unos 35 años, la misma que un gorila, un chimpancé o los esclavos romanos en Israel, según recientes investigaciones, su inferior precio de mercado y el menor coste alimenticio equilibraban, lógicamente, la rentabilidad de la inversión, al tiempo que hacían ésta más asequible para las pequeñas explotaciones. Las tribus salvajes del Amazonas, del sertao brasileño y del Chaco se convirtieron en objeto de depredación, como las africanas.

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