1.915: La Gran Guerra se estanca

Alemania intentó que Afganistán se pusiera de su parte en la guerra, pero éste se mantuvo neutral. En la India se había expandido el comercio. A base de préstamos y empréstitos se venía realizando una importante labor de obras públicas, especialmente en puestas en regadío y trazado de carreteras y vías férreas. Estas alcanzaban las 35.000 millas. Sin embargo el algodón continuaba siendo la base económica, con centro en Bombay, Cholapur, Ajmedabad y Madrás. Le seguían el yute y el carbón. Poco a poco el hierro y el acero fueron acrecentando posiciones, así como la industria química, la harinería de trigo y de arroz, las azucareras y las cementeras. Además aumentaban los cultivos de índigo (de donde se extrae el añil) y de té, que se extendía por Assam, Bengala y el Sur de la India. Al salir Tilak de la cárcel, el Congreso Nacional volvió radicalizarse. Los moderados formaron la Federación Liberal, que, en unos 30 años, acabaría desapareciendo. El Presidente Yuan Chij-k’ai perpetró un golpe de Estado presidencialista, mediante la modificación por decreto de la Constitución china, reservándose todo el poder del Gobierno. El Parlamento fue sustituido por un Consejo de Estado. Desaparecieron las Asambleas Provinciales, y los Gobiernos civiles fueron sustituidos por Gobernadores militares. Aunque en principio esto le aseguraba su poder personal, estaba consolidando el caudillismo, que paralizaría al país y lo mantendría en guerra durante 20 años. A continuación se proclamó Presidente vitalicio. Japón carecía de carbón, petróleo, metales no férreos, níquel, bauxita, lana, o sólo disponía en cantidad insuficiente, como el hierro y el algodón, por lo que el principal objetivo de la economía japonesa ha sido asegurar el aprovisionamiento de todo ello, lo que lo lanzó a políticas expansionistas. Formosa fue su principal proveedor de arroz, azúcar, té y fruta. Tanto en Corea como en el Sur de Manchuria se inició la creación sistemática de industria pesada, minería y centrales eléctricas. Aprovechándose de la situación, al comprobar que los alemanes no tenían intención de llevar su Flota al Pacífico, y en base a los Tratados firmados con Gran Bretaña, Francia y Rusia, el 23 de agosto le declaró la guerra a Alemania, la otra potencia rival para sus intereses sobre China. Los japoneses se apresuraron a anexionarse las posesiones alemanas en Kingdao y la línea ferroviaria de la península de Chandong.

Tras un asedio de 43 días conquistaron el puerto de Kingdao, a los que siguieron las islas Marshall, Marianas, Palaos y Carolinas. En Japón se había tendido la mitad de la red ferroviaria existente en la actualidad. Australia, que también intervino en la guerra del lado de Gran Bretaña, como no podía ser de otro modo, consiguió que el 3 de septiembre capitulara la colonia alemana de Nueva Guinea. En Estados Unidos se aprobaron las leyes sobre la Comisión Federal de Comercio y la antitrust de Clayton. La reiteración de este tipo de leyes demuestra su inutilidad. Esto es debido a que conseguían hacerlas inoperantes mediante la legislación de los diversos Estados, sobornando a los congresistas estatales mediante los lobbies, “cabildeos” o grupos de presión u otras formas de corrupción menos legales y admisibles. Para entonces dicho país contaba con dos millones de mujeres asalariadas. Estados Unidos invadió lo que quedaba de Méjico, ocupando Veracruz, como ya había hecho contra el emperador Maximiliano Iº, tras, terminada la Guerra de Secesión y disponible todo el inmenso ejército movilizado, forzar a los franceses a abandonar su defensa, quedando el país desguarnecido y en guerra civil. Al parecer se trató de una estretegia del Gobierno mejicano, de atacar a Estados Unidos para incitar dicha invasión, con lo que pretendía que las masas se pusieran de su parte, restando apoyos a los revolucionarios en la guerra civil en la que estaban envueltos. Pero a Estados Unidos le vino de perlas semejante justificación para anexionarse otra buena tajada de territorio. Las inversiones estadounidenses en Iberoamérica alcanzaban los 1.500 millones de dólares, que aún no suponían ni la sexta parte del conjunto de las europeas. Sin embargo, frente a los escasos capitales nacionales, permitía marcar las directrices económicas de los distintos países neocolonizados. Toda Iberoamérica se convirtió en abastecedora de materias primas y mercado para la compra de las manufacturas a Estados Unidos. La independencia sangrienta y sacrificadamente lograda por ella quedaba puesta en entredicho de nuevo, ahora a favor de una nueva potencia, emergente ¿Fueron injustificados tales sacrificios? En Venezuela accedió a la presidencia Victorino Márquez, si bien era el dictador Juan Vicente Gómez el que seguía controlando el país. En el Frente del Este, durante 1.915 se sucedieron las victorias alemanas, aunque no modificaron las líneas del mismo en gran medida.

Manuel José De Arriaga dejó de ser Presidente de la República de Portugal. El General alemán von Sanders había sido enviado a la última misión alemana al Imperio Otomano, con intención de ayudar a la modernización y adiestramiento de su ejército en tácticas europeas, que no habían conseguido en 80 años. Cuando Ismail Enver, dirigente de los Jóvenes Turcos, ofreció su alianza a Alemania, Sanders presionó al máximo para que fuese rechazada. Opinaba que el ejército turco era demasiado débil, igual que el presupuesto con el que contaba, y sus mandos, procedentes de las clases altas, incompetentes. Sin embargo Alemania aceptó una alianza secreta, tal vez con el objetivo de impedir la entrada de buques rusos en el Mediterráneo, que suponía que podía ser un peligro para la Flota Austro-húngara y podía amedrentar a la italiana, estimulándola a mantener su neutralidad o ponerse del bando enemigo, o para llevar un escenario de guerra lejano, en Egipto o Irán, obligando a los británicos a dispersar tropas, pero la condicionó a que la dirección del ejército otomano estuviese supervisada por Generales alemanes. Sanders se opuso al ataque a la ciudad rusa de Kars, en el Cáucaso, pero Enver lo llevó a cabo, recibiendo la derrota de la Batala de Sarimakis, la peor sufrida por los turcos durante la guerra, en la cual los 190.000 otomanos (aunque más de la mitad eran tropas auxiliares) sufrieron 77.000 bajas (aunque algunas fuentes las elevan a 150.000, la mayoría de ellas, reclutas kurdos y armenios, por congelación o deserción por la errónea estrategia de atravesar los montes Allahüekber, en Armenia, en pleno invierno, sin prendas de abrigo adecuadas, a través de distintas rutas) en 6 días, más del doble de las rusas, cuyo General Yudénich contaba con la mitad de tropas que sus enemigos. Los turcos no se coordinaron adecuadamente, llegando a la batalla en contingentes separados, sucesivamente, que fueron destruidos unos tras otros.

Enver culpó de la derrota a los armenios, acusándolos de colaborar con los rusos y atacar la retaguardia y líneas de abastecimientos, lo que tendría consecuencias en las represiones futuras, con el antecedente de las masacres hamidianas o armenias, de 20 años antes, en las que Hamid IIº llevó a cabo sangrientas represiones, durante dos años, por la rebelión del cantón de Sasun contra el doble tributo (al Estado otomano y a los propietarios de la tierra y jefes tribales kurdos) la manifestación de Constantinopla exigiendo información oficial sobre lo ocurrido, la sublevación de Zeitum, en Cilicia, la de la provincia de Van, el incendio de la catedral de Urfa, en la que se habían refugiado 3.000 armenios, los asesinatos indiscriminados de armenios y cristianos, sirios y griegos, en toda Turquía, el ataque a la catedral de Erzerum, el armamento de tribus kurdas para que persiguieran a los armenios bajo la excusa de que poseían ilegalmente armas (por cierto: actualmente el denominado Estado Mahometano está capturando mujeres kurdas, las obliga a hacerse mahometanas y las vende como esclavas o esposas a sus combatientes que tengan suficiente dinero como para comprarlas) o la masacre de Bitlis. La derrota otomana dejó tal hueco en su sistema defensivo, en el Tercer Ejército Turco, el mejor con el que aún cuenta la República de Turquía, que permitió a los rusos importantes incursiones aquel verano por el interior de Anatolia. Simultáneamente otro pachá del triunvirato que gobernaba, y que había reducido el poder del sultán a meramente simbólico, atacó el Canal Suez-Port-Said, siendo rechazado con grandes bajas. A partir de entonces los alemanes exigieron dirigir directamente el ejército turco. Tratando de separar Turquía de los imperios centrales, los británicos intentaron convencer a los griegos, prometiéndoles los territorios que ambos conquistaran a los turcos (daban lo que no tenían ni les pertenecía) pero no lo lograron. Los aliados consiguieron la alianza del Presidente del Gobierno heleno para entrar en guerra, pero el pueblo no la quería, por lo que el rey le cesó. Así que aquél intentó un golpe de Estado, que fracasó, aunque consiguió establecerse en Creta.

Allí llegó un Cuerpo Expedicionario aliado, fundamentalmente a cargo de tropas australianas y neozelandesas, poco motivadas para tan distante, injustificada, e incluso injusta guerra, a su entender, actitud que compartían los franceses, miembros de la gendarmería, que estuvo muy mal dirigido, en un inhóspito y malsano terreno desértico, sin agua ni aprovisionamientos adecuados y víctimas de numerosas enfermedades locales, especialmente diarreicas, y las picaduras de millones de insectos, que se infectaban, llegando a producir la muerte cuando aún se desconocían los antibióticos. Impulsado por Churchill, como Lord del Almirantazgo, su intención era forzar el paso, bien hacia Rusia, consiguiendo aprovisionarla, bien a Servia, manteniendo su resistencia, y, de allí a Hungría y Polonia, aprovechándose del nacionalismo y del descontento popular, según se viera más factible, interrumpiendo las líneas de suministros hacia el Frente del Este. Era una especie de cuento de la lechera. Ante la alternativa de invadir un país neutral, tras haberlo criticado tanto y usarlo como justificación para entrar en guerra, decidieron no desembarcar en territorio griego, sino en el turco, cerca de Galípoli, en griego Kallípolis (“Ciudad bella”) en turco Gelibolu, en la península de igual nombre que abre el paso a Los Dardanelos y el Mar de Mármara, antiguamente llamada Quersoneso Zrakia o Tracio. Ante la llegada de la Flota anglo-francesa, que amenazaría directamente a Estambul, Enver accedió a entregar a los alemanes el mando de las tropas. En Galípoli las 4 Divisiones del ejército otomano (que llegaron a ser 13 al final de la campaña) más una División alemana, provistas de abundante artillería y dirigidas por dos inteligentes Generales alemán (von Sanders) y turco (Mustafá Kemal) quienes decidieron mantenerse a la defensiva, consiguieron detener las 6 Divisiones anglo-francesas (que llegaron a ser 16 al final de la campaña) que lograrían introducirse en Salónica, intentando amenazar a Grecia con la pérdida de territorios, ya que la promesa de extenderlos no les había dado resultado, hasta que, tras sufrir abundantes bajas y realizar grandes demostraciones de heroísmo, debieron reembarcar.

En lugar de seguir empleando la Flota conjunta en bombardear sucesivamente las fortalezas que protegían los Estrechos, forzando el paso naval prefirieron embarrancarse en lo que se denominó Batalla de Galípoli, Gallípoli, Los Dardanelos o Çanakkale, por el nombre de la ciudad turca en la orilla opuesta, en la boca de los Estrechos. Si bien es cierto que los turcos habían formado 11 barreras de minas explosivas submarinas, más dos redes antisubmarinas, al inicio y al final de Los Dardanelos, para cerrar el paso a la Flota y a posibles desembarcos, incluso a Submarinos desminadores procedentes de Rusia, que viniesen en su apoyo, lo que consiguió su objetivo de que olvidaran tal empeño. En ella, tras once meses de combate, turcos y británicos sufrirían un cuarto de millón de bajas cada uno, a los que hay que añadir unas 50.000 francesas. Semejante derrota afectó a la carrera política de Churchill, que permanecería alejado de puestos de Gobierno durante 23 años, imposibilitándole que impidiese la IIª Guerra Mundial. Los intentos de Turquía, con la ayuda de Alemania, de reconquistar los dominios británicos en Mesopotamia, Arabia y el canal de Suez-Port Said, fracasaron. Dado que las protestas de todos los países neutrales, incluso de Estados Unidos, por la interrupción de su comercio y libre navegación por los mares habían quedado en nada, no habían declarado la guerra a Gran Bretaña en defensa de tales principios, en febrero, Alemania declaró zona de guerra todas las aguas de soberanía británica, iniciando la guerra submarina contra buques mercantes y de pasajeros que navegasen por las mismas, de cualquier nacionalidad que fuesen. Como no podían apresarlos, como hacían los buques de superficie británicos, y estaban muy lejos de sus puertos, simplemente los hundían, sin previo aviso, sin darles oportunidad de que abandonasen sus naves ni delatasen su posición. Esto suponía aumentar el grado de crueldad e injusticia de este tipo de guerra. Todos los países contrincantes que disponían de tal Arma llegaron a emplearla con el mismo criterio. Pero Alemania fue la que inició dicha estrategia, tenía el mayor número de buques sumergibles y los empleó en la zona y contra el país que acaparaban el mayor tráfico marítimo. Además, su propaganda no podía llegar a las naciones neutrales con tanta facilidad como la de los aliados occidentales. Así que tal país se hizo particularmente odioso.

En tales condiciones fue hundido el “Lusitania”, un trasatlántico británico, causando 1.200 víctimas, casi dos tercios más que el “Titanic”. De ellas, sólo 139 eran ciudadanos de Estados Unidos. Este país amenazó con entrar en guerra, lo que forzó a Alemania a cejar en su guerra submarina ilimitada, sin restricciones ni reconocimiento de derechos. Desde antes de empezar la guerra, Italia estaba siendo presionada por unos y otros para ponerse de su lado. Así que, como si se siguiese en tiempos de Cavour, comenzó a subastar su participación. Finalmente, por el Tratado de Londres, se le prometía el Tirol meridional (lo que ellos denominaban Alto Adigio) Istria (incluyendo la ciudad de Trieste) y amplias zonas de Dalmacia. Además había un compromiso previo por la entrega de Libia, a cambio de su voto en la Conferencia de Algeciras. Lógicamente Austro-Hungría no podía acceder a iguales concesiones, porque siempre resulta más fácil regalar lo que tienen otros a quien se le encomienda que se lo arrebate, que dar de buen grado lo que está en tu posesión. Nadie esperaba que la participación italiana fuese de especial importancia, sin embargo obligó a las potencias centrales a inmovilizar gran cantidad de tropas en el río Isonzo. Hasta 12 ofensivas, 12 batallas, la última de las cuales también se conoce como Duodécima del Isonzo o Caporetto (en italiano) Kobarid (en esloveno) o Korfreit (en los idiomas germánicos) se repitieron en el mismo lugar, que los austro-húngaros, con la destacada participación de tropas croatas, que actuaron con gran energía, y un mínimo apoyo alemán, consiguieron contener. A lo largo de los 29 meses de las sucesivas campañas los italianos tuvieron 300.000 bajas, la mitad de las que sufrieron durante toda la guerra, sin incluir 275.000 prisioneros, y que provocaron deserciones masivas, que estuvieron a punto de llevarles a la derrota, salvada sólo a base de fusilamientos masivos, muchas veces injustos, como relata Hemingway en su “Adiós a las armas”, y 200.000 los austro-húngaros, un sexto de todas las que sufrieron durante la guerra. Sólo en la última batalla, la más violenta, se enfrentaron 35 Divisiones de los imperios centrales, al mando del General alemán von Below, y 41 italianas, al mando de Cadorna. Adolf Hitler había sido un niño enfermizo y mimado por su madre.

Su padre, Alois Hitler, 23 años mayor que su madre, tercera esposa de éste, un autoritario oficial de aduana austríaco, con grandes bigotes, que imitaba al kaiser, se creía todo un militar y hacía ostentación de sus uniformes. Era hijo ilegítimo, por lo que, durante 39 años, llevó el apellido materno, Schicklgruber. Los aliados tratarían de explotar tal hecho bombardeando las ciudades alemanas con panfletos que saludaban como “Hola (Heil) Schicklgruber”. Sin embargo era injusto, puesto que finalmente el presunto padre de Alois, un molinero ambulante, 18 años después de enviudar, se casó con la madre de éste. Sin embargo no fue hasta 20 años después de la muerte de su presunto padre y 30 después de la muerte de la anterior esposa de aquél, cuando se reconoció legalmente a Alois como hijo, de forma que Hitler ya no tendría tal apellido al nacer. Sin embargo el presunto padre de Alois, así como la abuela de Hitler por línea materna, se apellidaban Hiedler. Se sospecha que el verdadero padre de Alois era el hermano de quien lo reconoció, Juan Nepomuceno, bisabuelo materno de Adolf, que había prosperado como granjero tras casarse con una mujer 15 años mayor que él, ya que lo adoptó y crió como su hijo, y, a su muerte, le legó una buena parte de sus ahorros, pero que no querría reconocerlo como tal para no estropear su matrimonio. También es posible que lo hiciese por compasión, ya que un molinero ambulante no le podía dar una vida estable a un niño entonces de 10 años. Al parecer, tal apellido, como los de Hüttler, Hittler o Hitler derivan de hütte (choza) y significarían campesino, labriego, de ínfima categoría. Desconozco cuándo ni por qué se modificó tal apellido. Juan Nepomuceno también era conocido como Johann Nepomuk Hüttler. Una nieta de éste estuvo sirviendo y amancebada mucho tiempo con su sobrino (o hijo) Alois, antes de casarse con él, tras el fallecimiento de su segunda esposa. Cuatro años después nació Adolf. Sin embargo, durante los juicios de Nürenberg, un nazi declaró que el verdadero padre de Alois era un judío de Graz, al que la madre de éste lavaba sus camisas. Sin embargo hoy se duda de historia, puesto que entonces los judíos habían sido expulsados de toda la provincia. Alois se casó por primera vez a los 36 años, con una adinerada enferma de 50, hija de un funcionario de aduanas, lo que le ayudaría a ascender en su profesión.

Tras muchas infidelidades, entre ellas con las sirvientas de una posada en la planta baja de donde vivían, su primera esposa emprendió acciones legales en su contra y se divorció de él. Estuvo después amancebado con una de dichas sirvientas, de 19 años de edad, que sería su segunda esposa, pero no podía casarse porque la Iglesia Católica no aceptaba el divorcio. Algo debió sospechar porque exigió que se despidiera a la criada de 16 años, prima de Alois, y futura madre de Adolf, que debió buscar residencia en un lugar alejado. Tras la muerte de su primera esposa se pudo casar con la segunda, con la que ya convivía como si fuese su esposa, y reconoció al hijo que había tenido con ella. Al nacimiento de su segunda hija, aquella sufrió una afección pulmonar, por lo que Klara, la prima de su marido, volvió a la casa para cuidar de ella y de sus dos hijos. Tras la muerte de la segunda esposa, con 23 años, y la dispensa papal, se pudieron casar. Aún después de eso continuaba llamándole tío, lo que hace sospechar que el parentesco jurídico no era el verdadero, aunque tal vez se acostumbró a llamarlo así por la diferencia de edad. Cinco meses después nació el primer hijo de Klara, al año siguiente una hija, al siguiente otro niño, que murió poco después, de difteria, junto con sus dos hermanos. Dos años después nació Adolf, que sería como el hijo mayor de Klara, cuando su marido tenía 51 años. Cinco después nació su quinto hijo (además de los otros dos del anterior matrimonio) al año siguiente Paula, y cinco años más tarde su último hijo, que falleció poco después de sarampión. Alois se jubiló con 58 años, tras 40 de servicio, compró una pequeña granja, se arruinó y se alcoholizó. Al parecer maltrataba a sus hijos y a su esposa, delante de aquellos. Los dos varones mayores también tenían relaciones violentas, por lo que Alois Jr., que al parecer también se llevaba mal con su madrastra, se marchó de la casa con 14 años. Se fue a Irlanda, donde fue encarcelado varias veces por robo. Adolf es una contracción de adel (“noble”) y wolf (“lobo”) por lo que, terminada la Iª Guerra Mundial, se haría llamar Wolf, Herr (“Señor”) Wolf o Tío Wolf por sus amigos íntimos. Con este último apodo lo llamaban la hija y nietos de Richard Wagner, hermana y sobrinos de la esposa de Chamberlain, Primer Ministro británico que debió dimitir tras el comienzo de la IIª Guerras Mundial, acusado por Churchill de haberla incentivado con su política de “apaciguamiento” de semejante monstruo.

Denominó con derivados de wolf varios cuarteles generales, como la “Guarida del Lobo”, que habitó durante varios meses durante las campañas decisivas, así como Divisiones y un modelo de avión de combate. Obligó a su hermana menor, Paula, a ocultar su verdadero apellido durante los juegos Olímpicos de Garmisch, utilizando el de Wolff. Paula consideró que esto le obligaría a dar largas e imposibles explicaciones a sus conocidos, por lo que se inscribió como frau Paula Wolff, haciendo ver que era su apellido marital. Cuando ocupó puestos elevados en la política adquirió un pastor alsaciano, raza a la que en España se denominaba, impropiamente, “mixto lobo”, por el parecido con tal hibridación. Frecuentemente daba muestras de cariño hacia su perro, al que envenenaron para que no cayese en manos de los soviéticos y probar la rapidez y efectos indoloros del cianuro que les habían facilitado a Eva Braun y a él, si bien, tras la muerte de su perro y su entonces esposa, no utilizó la suya: según las fuentes occidentales se suicidó con una pistola disparándose en la boca, según las investigaciones soviéticas, tras esperar cinco minutos, su mayordomo entró en la habitación, se oyó un disparo y salió informando a los demás que Hitler se había suicidado, tal como esperaban. Adolf jugaba a uno u otro lado de la frontera alemana, a policías y ladrones, en los que tomaba el papel de jefe, manteniendo amigos de ambas nacionalidades. Su padre quería que fuese funcionario, pero él odiaba todo lo que su padre pudiese desear, someterse a cualquier tipo de reglas. Tres años más tarde murió Alois, por lo que Adolf quedó huérfano muy joven y su madre, su hermana menor y él debieron sobrevivir con una mísera pensión. Tres años más tarde se le diagnosticó un tumor en el pecho a Klara, que debió sufrir dolorosos tratamientos con yodoformo, hasta que murió. Adolf cedió la pensión a su hermana menor para que pudiese estudiar, y se marchó a Viena, donde ejerció de acuarelista, llevando una vida bohemia en el barrio judío, donde más barato era el alquiler. Cinco años después, según las Memorias de la esposa de Alois Jr., se fue a vivir con ellos a Liverpool, en una casa que sería destruida en el último bombardeo alemán de dicha ciudad, prófugo del servicio militar, pero hoy se cree que fue un añadido de los editores para vender mejor el libro.

Después de diversos negocios fracasados, Alois Jr. abandonó a su familia y volvió a Alemania, donde trabajaría de barbero, se casó de nuevo e hizo comunicar a su anterior esposa que había muerto. Pasada la Iª Guerra Mundial intentaría reconciliarse con ella y su hijo, que se fue a vivir a Alemania, donde conseguiría algunos trabajos por mediación de su tío. Al descubrirse su bigamia fue encarcelado, pero consiguió que se le declarara inocente por el testimonio favorable de su legítima “primera” esposa. Extorsionó a su tío Adolf amenazándole que publicaría que era nieto de un emigrante judío comerciante, para conseguir puestos más elevados. Al fracasar en ello, consideró que su permanencia no era segura, por lo que se marchó a Estados Unidos, donde fue Oficial farmacéutico de su Armada, cambiándose de apellido. Adolf, en Viena, mantenía que los judíos sólo eran personas de otra religión, rechazando que debieran discriminarse. Se emborrachaba y peleaba con ellos, y pedía préstamos a sus usureros. Una prostituta judía le contagió la sífilis. Esta enfermedad produce elevada sudoración, irascibilidad, comportamiento colérico, megalomanía y afán de grandeza, pérdida de reconocimiento de la realidad, un mundo ilusorio y fantasioso, depresiones nerviosas, parálisis facial y de las extremidades, todo lo cual concuerda con su evolución personal. Como en aquella época no había antibióticos, acabó en manos de un charlatán curandero, que, además, se las daba de adivino, lo que tendría gran repercusión en su vida y en el curso de la Historia. Como no quería ser reclutado, huyó a Berlín, desertando de sus obligaciones patrióticas en plena guerra, además de impagar los préstamos pendientes a los usureros judíos. Todo ello puede explicar su odio personal a los judíos. Allí se encontró que había desaparecido todo ambiente artístico, que todo lo inundaba el militarismo, el nacionalismo y el patrioterismo. Así que, influido por ello, se enroló voluntariamente, lo que no había querido hacer en su Patria, mientras vivía en Munich, en el Ejército de Baviera. Sirvió como mensajero, lo que le mantendría cercano a los puestos de mando, la mitad del tiempo en retaguardia, en Francia y Bélgica.

Estuvo presente en la primera Batalla de Yprés, la del Somme, donde fue herido, unos dicen que en los testículos, perdiendo uno de ellos, otros en la ingle y otros en un muslo (sobre Franco corren las mismas elucubraciones) recibiendo la Cruz de Hierro de 2ª Clase (al final de la guerra recibiría la de 1ª Clase, una distinción extrañamente otorgada a un Cabo, así como la Medalla de Herido de Guerra) la de Arras, en el Departamento del Paso de Calais, y la de Passchendaele, o tercera Batalla de Yprés. Tras la Iª Guerra Mundial su medio hermana Angela puso una casa de huéspedes para estudiantes judíos, a los que defendió de los antisemitas. Cuando Hitler comenzó a escalar puestos políticos la contrató como ama de llaves. Tal vez para sacarla de dicha casa de huéspedes. Esta se fue a vivir a sus aposentos con sus hijas, Geli y Elfriede. Adolf tuvo relaciones muy posesivas, dominantes, respecto de su sobrina Geli, sobre todo desde que supo que mantenía relaciones sexuales con el conductor de su coche, tras lo cual prácticamente la tuvo secuestrada y debía estar acompañada siempre por un hombre de su confianza. Se sospecha que mantuvo relaciones sexuales con ella, 19 años menor que él, incluso después de comenzarlas con Eva Braun, a la que conoció como modelo de un estudio fotográfico, y que era 23 años menor que él. Lo cierto es que Geli terminó suicidándose. Hitler hizo de su habitación una especie de capilla, que visitaba con frecuencia, en la que permanecía muchas horas encerrado. Se dice que fue la única mujer a la que amó, aparte de su madre. Geli admiraba los uniformes militares, especialmente los húsares de caballería, por lo que prohibió tales uniformes, igualando los de todos los Cuerpos, que diseñó el mismo, hasta las botonaduras, con iguales y mínimos distintivos e insignias, todo lo cual es propio de un ejército moderno, y también más barato. A pesar de lo ocurrido su hermanastra continuó siendo su ama de llaves si bien le impidió que lo acompañase en el último desplazamiento a Berlín, y la dejó al cuidado de su residencia de verano, hasta que ésta fue destruida por un bombardeo de precisión estadounidense, que habían recibido errónea información de que Hitler se encontraba allí, tras lo cual Angela trató de huir del avance soviético. Igualmente Hitler mantuvo otras relaciones con mujeres, frecuentemente hijas de altos cargos de su Partido, a las que siempre les proponía el amancebamiento.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s