0533-La ensoñación de un Imperio Romano reunificado

En el 530, el vándalo Geliner, biznieto de Genserico, depuso a Jilderico, aliado de los bizantinos, lo que Justiniano consideró excusa para enviar contra él a su General supremo, Belisario. Amalasunta, hija de Teodorico El Grande, y regente de los ostrogodos, cedió Sicilia como base expedicionaria, de apoyo y avituallamiento, mientras durase la guerra contra los vándalos. El visigodo Amalarico fue asesinado en el 531. Ese mismo año, los francos Teodorico y Clotario se repartieron con los sajones el reino turingio. Los reyes francos se quedaron con la cuenca del Main. En el 533, el Imperio Vándalo fue aniquilado, después de 105 años, durante los cuales sus soberanos se proclamaban “reyes de tierra y mar”, aludiendo a su poder marítimo. Su ejército se incorporó al bizantino. A partir de dicha expedición, Belisario conquistó todo el Norte de Africa para Justiniano. Sin embargo la sorpresa de los romano-africanos fue mayúscula, al constatar que la presión fiscal de los bizantinos era mayor que la de los vándalos.

Si a esto unimos las disputas dogmáticas, la nostalgia de la aristocracia vándala por su poder perdido, y los levantamientos de los mauros (bereberes) que añoraban su independencia, se comprenderá que las condiciones estaban fijadas para la fulminante expansión del mahometanismo en la zona. La ostrogoda Amalasunta era más proclive a pactos de buena vecindad que a alianzas militares. Así que devolvió Provenza a los burgundios, con lo que los ostrogodos se vieron de nuevo separados de los visigodos, sin poder contar con su ayuda frente a la presión de los longobardos [1]. En el 534 murió su hijo Atalarico, por lo que se vio obligada por la nobleza a compartir su regencia con su primo Teodato. Ese mismo año murió el franco Teodorico Iº, sucediéndole su hijo Teodoberto Iº, el primer rey franco que acuñó monedas de oro, titulándose augusto. Consiguió defenderse de la ambición de su tío y derrotar a los burgundios, anexionándose su territorio, aunque les permitió cierta autonomía.

Teodato acabó convenciendo a Amalasunta de que ambos debían casarse, tras lo cual, viendo que no podía imponer sus decisiones, la asesinó en el 535, lo que Justiniano Iº utilizó como excusa para que Belisario conquistase casi toda Italia, en dirección de Sur a Norte, a pesar de la mediación del Papa Agapito Iº, que Teodato envió a Constantinopla con dicho fin. Los nobles ostrogodos, reunidos en asamblea militar, eligieron a Vitiges como rey. Para consolidar su autoridad se casó con Matasunta, hija de Amalasunta. Mientras, en un ataque en pinza, Justiniano atacó el Norte de Italia desde Dalmacia, y Belisario conquistó Roma en el 536, con la colaboración del Papa Silverio. Vitiges pidió ayuda al rey franco Teodoberto Iº, a cambio de cederle Provenza y Raetia, al Norte del lago Constanza, si bien esta última ya estaba bajo poder franco, pues había sido conquistada anteriormente a los alamanes. Teodoberto no sólo luchó contra los bizantinos, sino también contra los ostrogodos, siempre en su propio beneficio, no en el de sus inocentes aliados, conquistando Milán, Venecia y parte de Liguria. Vitiges, sitiado en Rávena, ofreció a Belisario la soberanía sobre los ostrogodos.

Pero, al abrir las puertas de la ciudad, rey y reina fueron apresados y llevados a Bizancio, junto con el tesoro real. Según la historiografía oficial japonesa, en el 538 se proclamó el buddismo como religión oficial del reino de Yamato, dominante en la mayor parte de Japón. Con ello la secta jinayana, la del “gran vehículo”, según la cual Budda asumía el sacrificio de renunciar a su propia salvación inmediata para favorecer la de todos los seres, completaba su expansión por los más extensos ámbitos poblacionales, excepto la India. En el 540 el reino longobardo o lombardo se había extendido entre Bohemia, Austria, Moravia y Hungría. Los italianos experimentaron que la presión fiscal de los bizantinos era superior a la de los ostrogodos, por lo que los nobles, reunidos en asamblea militar en el 541, eligieron como rey a Totila o Baduila, quien reconquistó Nápoles y todo el Sur de Italia. En el 546, el emperador bizantino pactó el asentamiento de los lombardos en Panonia. Les ordenó atacar a los gépidos, que estaban inquietando la frontera balcánica. Tal vez esperaba que ambos se aniquilasen mutuamente. Pero el inteligente rey Alboíno se alió con los ávaros, y no sólo derrotó a los gépidos, sino que los anexionó.

Para consolidar dicha unión se casó con la hija del último rey gépido. Para huir de la proximidad de los ávaros, con quienes habían comenzado las disputas territoriales, y para sorpresa de los bizantinos, atravesaron la frontera e invadieron Italia, cuya conquista los propios bizantinos estaban ultimando. Tras la conmoción por el asesinato del visigodo Amalarico, que produjo graves enfrentamientos entre la nobleza, incluidos los obispos, católicos y arrianos, Teudis consiguió que se le aceptara como rey, pero fue asesinado en Sevilla, en el 548. Ese mismo año Justiniano envió a Belisario, que estaba luchando contra los sasánidas, a Italia. Totila era mucho más capaz que todos sus demás oponentes, por lo que no hizo progresos. A Teudis le sucedió Teudiselo, como rey de los visigodos. También sería asesinado en el 549. Le sucedió Agila, que debió enfrentarse a la oposición católica, dirigida desde Córdoba. Cosroes Iº declaró ilegal la secta “comunista” de un tal Mazdak, derivada de la maniquea, e hizo asesinar a todos sus dirigentes, lo que evidencia el temor que tales planteamientos originaban, puesto que los sasánidas fueron muy tolerantes con el zoroastrismo, el cristianismo, el buddismo, el propio maniqueísmo y el judaísmo.

Aunque a veces sobrevinieron persecuciones de cristianos -a los que se consideraba posibles aliados de los bizantinos- o incluso de todas las religiones no mazdeistas, por entender que la unificación religiosa aumentaba el poder del imperio. Cosroes dividió la administración del Estado en Ministerios, lo que posteriormente imitarían los árabes abasidas. Los bávaros, tribu escindida de los francos, que constituían el Reino del Este u Oësterreich [2], aceptaron de nuevo depender de éstos. En el 551, Justiniano envió un nuevo ejército a Italia, bajo el mando del eunuco armenio Narsés, que, atacando desde el Norte, conquistó toda Italia. En el 552 las tribus del Asia Central vuelven a reunificarse, esta vez bajo la dirección de los t’u-kiu. A mi entender existe una confusión entre lo que los romanos llamaron turscum -que parecen estar emparentados con los etrurios, los etruscos- los tirsenos, los tirrenos, los habitantes de Tiro, y los t’u-kiu, a todos los cuales, cuando poblaron la actual Turquía, se les conoce como turcos, aunque supongan diferentes etnias y culturas. Es cierto que hay vinculaciones lingüísticas y culturales, aunque pocas, entre los anteriores pobladores y los futuros conquistadores de Turquía.

Pero estas similitudes bien pueden deberse al influjo de los asiáticos escitas, que llegaron a dominar, sucesivamente, ambas zonas, así como Armenia. En el 553, Justiniano volvió a convocar otro concilio en Constantinopla, en un nuevo intento de reconstruir la unidad. Ya que no había dado resultado el de Calcedonia, pretendía esta vez el consenso. Sin embargo, el obispo de Roma, Vigilio, se opuso enfurecidamente, ya que sería contradecir a las resoluciones del concilio anterior. Así que Justiniano se enfrentó a él. Era una situación muy semejante a la del kaisser Karl V, el católico emperador del Sacro Imperio Romano Germano, hijo de Juana la Loca, la reina española, respecto de los lutheranos. En definitiva, la teología interfiriendo sobre las necesidades políticas del imperio. Por tanto el monofisismo continuó propagándose, tal vez con apoyo imperial. En Occidente llegó a las diócesis de Milán y Aquilea. Aún sobrevive entre los jacobitas siríacos, en Armenia, la India, y las Iglesias copta y etíope. En el 554 fue asesinado el visigodo Agila. Le sucedió Atanagildo, que, siendo también arriano, era simpatizante de los católicos, a cuyo frente se había sublevado contra su antecesor.

Justiniano consideró dicho levantamiento ocasión para intervenir en Hispania. Atanagildo comprendió las intenciones de los bizantinos, sus antiguos aliados, y trató de expulsarlos, consiguiéndolo sólo en parte. Su sucesor, Leovigildo, les reconquistó la Bética, Murcia y Alicante. Los hispano-romanos y los visigodos se regían por dos códigos distintos, obedecían a dos diferentes Iglesias que se consideraban cristianas, y tenían prohibido casarse los de una etnia con los de la otra. Sin embargo, los sucesores de Eurico habían respetado a los católicos y sus derechos. Como había ocurrido en otros reinos germanos, los visigodos sustituyeron la monarquía electiva tradicional por la hereditaria, según las normas del decadente Imperio Romano, lo que significaba acabar con las asambleas de ciudadanos libres y sus derechos políticos. Esto explica, en parte, la frecuencia de los magnicidios y las revueltas de la nobleza en Hispania. En el 555 murió, sin descendencia, el franco Teobaldo Iº, que había heredado el trono de su padre, Teodoberto Iº. Así que su tío Clotario, el último hijo de Clodoveo superviviente, consiguió reunificar todo el reino.

Sin embargo, a su muerte, el reino volvió a quedar dividido entre cuatro hermanos: Cariberto Iº, Guntram, Sigiberto, casado con Brunilda, y Chilperico, casado con Galsvinta, ambas hijas del visigodo Atanagildo. En el 566, los lombardos invadieron Italia. En el 567, a la muerte de Cariberto, sus otros tres hermanos se enfrascaron en una guerra civil de 20 años de duración, tras la cual  se consolidaron Chilperico en Neustria [3], Sigiberto en Austrasia [4] y Guntram en Borgoña [5], como reinos separados. Mientras tanto, la nobleza, incluida la eclesiástica, se hizo inmensamente poderosa, sus territorios eran casi independientes y lo que de verdad reinó fue la guerra entre ellos, las luchas dinásticas, los asesinatos y la injusticia. Leovigildo abolió la prohibición de los matrimonios mixtos y ordenó la recluta militar obligatoria entre godos e hispano-romanos, aunque bajo la primacía de la caballería visigoda, de la que se extraían los jefes militares. Con tal inmenso ejército conquistó Galicia a los suevos. Nombró corregentes a sus hijos, Hermenegildo, casado con la hija de un rey merovingio, católico, y Recaredo. En el 569, los lombardos habían conquistado Aquilea, Verona, toda la cuenca de Po y Milán.

En el 572, tras varios años de sitio, conquistaron Pavía. Ese mismo año, Alboíno murió asesinado por su esposa, tal vez por venganza por haber derrotado a su padre y dominado a su pueblo, los gépidos. Le sucedió Chef, que fue asesinado a los pocos meses, tras lo cual los lombardos quedaron bajo el poder de 15 duques. Chilperico repudió a su esposa, asesinándola después, para casarse con su concubina Fredegunda. Brunilda, para vengar a su hermana, indujo a su esposo, Sigiberto, para que luchase contra su hermano. Este consiguió conquistar París, pero fue asesinado en el 575, posiblemente a instancias de Fredegunda. Le sucedió Childeberto IIº, siendo regentado por la aristocracia. Instigado por los obispos católicos, en especial San Leandro, Hermenegildo sublevó la Bética contra su padre. Leovigildo debió sitiar Sevilla, desviando el río, que pasaba por las actuales Alameda de Hércules y las calles Sierpes y San Fernando, bordeando la muralla, y lo canalizó por la actual dársena. La falta de agua ocasionó una epidemia de cólera, por lo que la ciudad se rindió y Hermenegildo fue encarcelado. Igual que hizo la coalición de “liberadores” de Irak, algo a lo que no se habían atrevido los nazis.

Al parecer Hermenegildo se había hecho católico y, al no aceptar la comunión de un arriano, lo cual se interpretaba como cambio de secta, apostasía, fue decapitado. En el 584 fue asesinado Chilperico, rey de Neustria ¿venganza de Brunilda? Bizancio trató de sacar provecho de la desunión de los lombardos, bajo el mando de 15 duques, por lo que se alió con los francos para atacarlos conjuntamente. Los lombardos reaccionaron proclamando rey al hijo de Chef, Autario, quién fraguó la alianza con los bávaros casándose con su princesa Teodelinda, que era católica. Esta mantenía muy buenas relaciones con el Papa, lo que aprovechó a los lombardos, y con el irlandés San Columbano, al que autorizó a fundar monasterios en Italia. De forma que el renovado espíritu misionero de los irlandeses, con su peculiar visión del cristianismo, llegó hasta el Mediterráneo, expandiéndose por Europa Occidental. Los lombardos, aunque originalmente sólo realizaban figuras geométricas, como los mahometanos, eran asiduos al culto de San Miguel [6] alanceando a un dragón, que se terminó considerando imagen del demonio [7]. Igual que los bizantinos, aunque con menor profusión. Sin embargo los británicos representaban con la misma iconografía a San Jorge.

Igual que los españoles respecto de Santiago [8] salvo cuando se le presenta en su versión más habitual, como “matamoros”. Todo lo cual hace suponer, junto con la leyenda de los nibelungos, muy similar en este punto a la de Aquiles, invulnerable, excepto por sus talones, de los que lo cogió su madre para bañarlo en la sangre del dragón, en una mitología balcánica sobre dicho animal mítico. A Leovigildo le sucedió Recaredo que, en el 587, durante el IIIer Concilio Episcopal de Toledo, se hizo católico, junto con la mayoría de la nobleza y el obispado arrianos. Recuérdese que, como órganos militares que eran en principio, asistía a ellos toda la nobleza, es decir, los mandos militares y todos los obispos, sin discriminar si eran ortodoxos, católicos o heréticos para una u otra Iglesia. Hay tradición de que Leovigildo, en su lecho de muerte, recomendó la unificación religiosa bajo el catolicismo, ya que la imposición del arrianismo había resultado fallida. Igual que con Diocleciano respecto de Constancio Cloro y Galerio. El lombardo Autario, en otra hábil maniobra diplomática, consiguió que los francos cambiaran de bando, aliándose con él.


[1] ¿Barbas largas?

[2] Afrancesado como Autrich, castellanizado como Austria.

[3] Deformación de Neuereich, o “Nuevo Reino”.

[4] Deformación de Oësterreich, o “Reino del Este”.

[5] Deformación de Burgundia.

[6] En hebreo, Mika o Mija-El significan “Justicia”, “Castigo” o “Sentencia de Dios”, tal vez en el sentido de justiciero, ejecutor o verdugo. Rafa-El es “Camino de Dios”, y Gabri-El es “Mensajero de Dios”. Surge con ello una confusión con el griego angelios, que significa “enviado”, “embajador”, “heraldo”, de origen germánico, her-ald, “el señor noble o justo” -del que derivan Gerald y Gerardo- el que, con vestimentas y caballo blancos intermediaba en evitar las guerras, elegir el lugar, la fecha y la hora de la confrontación, a campo abierto, recorría el campo de batalla, con plena inmunidad, asegurando que se luchase con nobleza, contaba los muertos y proponía el fin de las hostilidades, la declaración de vencedor y vencido, y las condiciones de rendición, que procuraba que fuesen humanitarias y dignas, notificando a las poblaciones implicadas los resultados y las bajas producidas: un mensaje que podía ser bueno, glorificante, o catastrófico. Así que angel, en hebreo, terminó siendo, impropiamente, “enviado, mensajero de Dios”.

[7] Quizás por similitud con las arpías griegas. Se desconoce el origen etimológico de Luzbel, sin embargo hay una raíz hebrea semejante, luft, que significa “juicio” o “castigo”, “condena”.

[8] En hebreo Yacob, en francés Jacques, en inglés James, en gallego Sant Yago, en catalán Jaume, castellanizados como Jaime o Jacobo, todos los cuales se celebran el mismo día.

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