1.419: La rebelión hussita

En 1.387, a la muerte de Pedro IVº de Aragón, heredaron la corona, sucesivamente, sus hijos Juan Iº y Martín Iº “El Humano”, con los que se extinguió la dinastía. A la muerte de Olaf sin descendencia heredó ambos reinos su madre, Margarita de Dinamarca. Geoffrey Chaucer, tras haber traducido literatura francesa, y a Dante, Petrarca y Boccaccio, comienza a escribir sus “Cuentos de Canterbury”, en los que, imitando al Decamerón, bajo la contradictoria y provocativa ambientación en las peregrinaciones a dicha ciudad, en las que refleja grandes similitudes con las de Santiago de Compostela, agrupa un conjunto de relatos de subido erotismo, además de trasmitir la cultura de su época, constituyendo una especie de parodia u oposición a la “Divina Comedia”, pero realizada en este mundo, en el presente, y no en la ultratumba, como recuerdo de glorias y amores pasados. La corte coreana impuso la moda Ming, abandonando la mongola. Wenceslao de Alemania, tras intentar mediar en la guerra de las ciudades, se puso de parte de los príncipes, consiguiendo la victoria definitiva en 1.388, que obligó a las ciudades derrotadas a romper su confederación. Tras una nueva derrota, Austria reconoció la independencia de los “8 territorios” confederados suizos. Estos aprovecharon su prestigio militar para anexionarse el Sur del lago Constanza, entrar en Saboya y al Sur del Gotardo. Sin ninguna administración central, al tiempo que cada cantón conservaba su autonomía, en política exterior mantenían una unánime decisión. El duque de Lancaster, Juan de Gante, casado con una hija de Pedro Iº, volvió a reclamar el trono de Castilla, invadiendo Galicia, donde también fracasó. Carlos VIº de Francia fue declarado mayor de edad. A pesar del acercamiento hacia China, al reclamar ésta la península de Liao-tung, los coreanos respondieron con una expedición militar para reconquistarla, que, lógicamente, acabó en derrota.

El General Yi Song-gye, del partido pro-chino, aprovechó la oportunidad para hacerse con la corona, tomando el nombre de T’a-yo, y fundar una nueva dinastía, que se mantendría en el poder más de cinco siglos. Trasladó la capital a Seul, que, en pocos meses, amuralló, construyendo palacios y edificios administrativos. La cultura china y el neoconfucianismo lo absorbieron todo. Se prohibió construir nuevos templos buddistas, o que hubiese esclavos en sus monasterios, se confiscaron sus propiedades territoriales y se puso impedimentos a la incorporación al monacato, con lo cual decayeron, así como el poder clerical. En 1.389 murió Urbano VIº, siendo sustituido por Bonifacio IXº, cuyas constantes peticiones de dinero le hizo perder apoyos. La aristocracia sueca, descontenta con Alberto IIIº, ofreció el trono a Margarita de Dinamarca y Noruega. Sin embargo aquél no aceptó dicha decisión, hasta que fue derrotado y hecho prisionero. Toda Escandinavia quedó unida en un solo reino, salvo breves periodos transitorios, hasta que, más de cuatro siglos después, Dinamarca se separó de la unión, y, al siglo siguiente, Noruega. Servia fue por completo aniquilada por los turcos. Aquél mismo día, un servio asesinó a Murad Iº, recayendo el sultanato en su hijo Baiasid, castellanizado como Bayaceto, Iº, que, en poco tiempo, sometió a Bulgaria. En 1.390 heredó el trono de Castilla Enrique IIIº “El Doliente”. Durante su reinado, el de Juan IIº y el de Enrique IVº “El Impotente”, la nobleza volvió a levantarse contra los monarcas, durante cuatro guerras civiles, la última de ellas extremadamente violenta. En 1.391, Tamerlán se dedicó a combatir la Horda Blanca, en Siberia occidental. Confiado en su poder terminaría proclamándose sultán, confirmando el sentimiento religioso del que intentaba revestir su imperialismo. Su ejército extendió el uso de las armas de fuego por todo el Oriente.

En 1.392, Carlos VIº comenzó a sufrir enajenaciones mentales, por lo que sus tíos volvieron a gobernar en Francia, bajo la dirección de Luis de Orleáns. El emperador del Sur abdicó en el Norte. Esto fue lo conseguido por el incumplimiento de su antecesor Go-Daigo: cincuenta años de guerras estériles por el control de medio país. El chogún Achikaga Yochimitsu empleó su engrandecido poder, consecuencia de tal reunificación, en lujos, fiestas, artes y suntuosas construcciones. Quizás por ello se empeñó en mejorar las relaciones diplomáticas y, sobre todo, comerciales, de Japón con China y Corea. En el 1.394 murió Clemente VIIº, siendo sustituido por el español Pedro de Luna, entronizado como Benedicto XIIIº. Los anteriores partidarios de Urbano VIº trataron de lograr un acuerdo para acabar con el cisma de occidente, pero el español se opuso a ello. Felipe “El Temerario”, además de la Borgoña, consiguió, por su matrimonio, Flandes, Nevers, Artois y el Franco Condado, convirtiéndose en el señor más rico de occidente. Le Kuy-li se proclamó regente único de Vietnam. Wenceslao de Alemania, en un arrebato, hizo arrojar al Moldava a Juan Nepomuceno, vicario general del arzobispo de Praga. Su hermano Segismundo, su primo Jobst de Moravia y otros aristócratas se coaligaron contra él. En el 1.396 lo apresaron, pero los príncipes electores presionaron a los bohemios para que lo liberasen. Los turcos derrotaron a los húngaros en Nicópolis. El Estado bizantino, reducido a su capital y algunas ciudades del Este de la Tracia, quedaba rodeado por el Imperio Turco. Tamerlán se consideró suficientemente fuerte para saquear desde el Cáucaso hasta Moscú, debilitando de modo irrecuperable a la Horda de Oro. En 1.397 los franceses recuperaron la ciudad de Brest, en cuyo asedio, según las Crónicas de Jean Froissart, se empleó artillería, que se iba imponiendo, para derruir sus murallas.

Margarita de Dinamarca, Noruega y Suecia consiguió que los tres consejos reales coronaran rey a su sobrino, Erich de Pomerania, que añadió sus propios territorios a dicho reino unido, pero aceptando que los derechos propios, leyes y consejos reales seguirían separados. En 1.398, Tamerlán se dirigió a la India, devastando Ddeli. Despedazó a 100.000 prisioneros hindúes, algo no superado hasta la actualidad. Aprovechándose de ello, el Norte de la India, Bengala y Jaunpur, entre otros, recuperaron su independencia. Como acostumbraba a hacer, las tropas de Tamerlán reconstruyeron Ddeli con mucha mayor fastuosidad. En el 1.399 murió el duque de Lancaster, y Ricardo IIº, su sobrino, intentó gobernar por sí mismo, despótica y caprichosamente, influido por opuestos grupos políticos, a merced de sus intrigas y traiciones. El principal instigador de la oposición era Enrique, hijo de Juan de Gante. El pueblo se sublevó, apresó al rey y lo obligó a abdicar precisamente en Enrique IVº, su opositor, que inició la dinastía Lancaster. El Parlamento ratificó dicha deposición y abdicación. Los mongoles asesinaron a Elbek, último descendiente de la dinastía Yuan. El poder en Italia estaba dividido entre los Reinos Pontificios, de Nápoles y Sicilia, los ducados de Milán, Saboya y Ferrara, y las repúblicas de Venecia, Florencia y Siena, entre otros. Florencia había consolidado su situación conquistando la Toscana, sometiendo a Pisa y desplazando a los milaneses del Valle del Arno. Los Medici se habían enriquecido mediante el comercio con Oriente y el monopolio del alumbre, adquirido a la Santa Sede. Constituían la mayor firma comercial y el mayor Banco de Europa. Poseían 300 fábricas de paños, en las que trabajaban 10.000 obreros. Mantenían un régimen monárquico disfrazado de formas republicanas, como hicieron Julio César, Augusto y sus sucesores en Roma.

Wenceslao nombró a un Visconti duque de Milán y príncipe del Imperio. Esto y su falta de energía hizo que, cambiando de criterio, los príncipes lo depusieran como rey de Alemania en el 1.400, sustituyéndolo por el conde palatino Ruperto IIIº. Este era un hombre culto, que había fundado la universidad de Heidelberg, y honrado, pero poco dotado para gobernar: tal vez era esto lo que los príncipes deseaban. De modo absurdo, los bohemios siguieron reconociendo a Wenceslao como su rey. Le Kuy-li se proclamó emperador de Vietnam, cambió su nombre de familia por el de Jo, e instauró una nueva dinastía. Trató de reorganizar la economía introduciendo el papel moneda. Igualmente a imitación de la tradicional política china, impuso un límite a la extensión de las explotaciones agrícolas individuales. Con las tierras sobrantes realizó una reforma agraria, entregándolas a campesinos sin propiedades. Tanto él como su sucesor, su hijo, impusieron lecciones gratuitas en las ciudades. Reformaron las leyes penales, suavizándolas, y pusieron los cimientos de un Ministerio de Sanidad. Ricardo IIº de Inglaterra murió en prisión, muy posiblemente asesinado. Como suele ocurrir, las rutas comerciales transmitieron la ideología en Brunei, nombre que se deformó en Borneo: los comerciantes árabes lograron el primer sultanato mahometano. Y desde allí se extendieron por todas las islas del Sudeste asiático. China tenía 65 millones de habitantes. En 1.401, Enrique IVº dictó la Ley que condenaba a la hoguera a los herejes, y, sintiéndose seguro en el poder, comenzó a perseguir a los lolardos. Consciente de que el Parlamento lo había afianzado en el trono, respetó los derechos parlamentarios. En 1.402, el explorador Juan de Bethencourt, tesorero de Carlos VIº de Francia, realizó en las islas Canarias un asentamiento europeo, en una expedición organizada por Enrique IIIº de Castilla. Tamerlán inflingió una terrible derrota a los turcos en Angora, la actual Ankara: un nuevo hecho fortuito, es decir, inesperado, que alargaba la vida, otra vez, contra todo pronóstico, al Imperio Romano de Oriente. El sultán Bayazeto Iº, apresado, murió en cautividad, y, durante algunos años, el Imperio Turco fue exclusivamente europeo. Los mongoles seguían considerándose los “legítimos” dueños de China. El emperador Chu Yuan-chang envió nueve expediciones militares contra ellos.

Reorganizó la administración china, con una paciencia y escrupulosidad no esperadas en un campesino analfabeto, acostumbrado a sus aplastantes victorias militares. Dividió el imperio en 15 provincias, tal como, con pocos cambios, las conocemos en la actualidad. Eliminó la mayoría de las subdivisiones, ahorrando muchos funcionarios. Su obsesión, sobretodo conforme se fue haciendo viejo, tal vez, precisamente, por ser analfabeto, era que estaba formando un funcionariado que se confabulaba contra él. Quizás por ello suprimió el cargo de canciller, lo cual produjo graves problemas cuando se careció de emperadores de gran valía. Periódicamente realizaba “purgas” arbitrarias contra los altos funcionarios, lo que, al final de su vida, hay que valorarlo como que, al menos, no tuvo efectos negativos. Mantuvo los seis departamentos o Ministerios: administración civil, economía, obras públicas, culto, ejército (con sus propios subdepartamentos de obras públicas y administración, en particular en las provincias y zonas de fronteras) y justicia. Además estaba la censura, organización independiente que servía de control de todas las autoridades centrales y regionales, el tribunal supremo y el centro oficial de estudios. Este tenía como objetivo realizar los exámenes confucianos al funcionariado, y mantenerlo en la lealtad y sumisión ideológica. El absolutismo Ming eliminó la interpretación de Meng-Tsé (Mencio) aunque más tarde la reimplantó censurada del “exceso” que otorgaba a los derechos del pueblo y de los funcionarios frente al emperador. Como todo absolutismo consiguió el aislamiento del soberano y su saturación de responsabilidades.

Para su colaboración creó un Gran Secretariado, que cada vez fue teniendo mayor importancia. Realizó un catastro de las tierras de cultivo y un censo, en los que basó su reforma impositiva, que supuso una elevación de las cargas sobre la producción. Al final del periodo mongol, la necesidad obligó a volver al trueque de productos naturales. Muy lentamente se fue recuperando el pago en papel moneda y en plata. Al recargo impositivo añadió la obligación de servidumbre militar sobre las propiedades rurales. Más tarde dicha obligación se podía redimir con dinero. Prohibió que los eunucos supiesen leer e interviniesen en política, bajo pena de muerte: con ello se intentaba evitar los males que llevaron a China a ser conquistada por los mongoles. O así lo creyó. En 1.403, el usurpador Yung-lo sustituyó dicha dinastía, refundando la Ming. En Corea, bajo el emperador T’ae-yong, se impuso la imprenta con caracteres metálicos móviles en alfabeto chino, sustituyendo las planchas, bloques o tipos de madera o de arcilla, medio siglo antes de que, en Europa, lo hiciese el que conocemos como Gutenberg. En Samarkanda, en la Gran Bucaria, actual Uzbequistán, Tamerlán recibió gran número de embajadores, entre ellos de China, y de Enrique IIIº de Castilla en dos ocasiones, con intención de alcanzar una alianza contra los turcos. En la segunda, el embajador Ruy González de Clavijo, relató su viaje en un libro, en el que describió las grandiosas construcciones que había realizado en dicha ciudad, comparable en muchos aspectos al que Marco Polo dictó a su compañero de prisión, el escritor Rustichello de Pisa, si bien éste debió exagerar no poco dicho relato, algo más de un siglo antes. Tamerlán, después de conquistar Siria y eliminar a los osmanlíes, dirigió su “guerra santa” contra China, lo que no pudo completar, puesto que murió en el 1.405, tras haber engrandecido Samarkanda con fastuosos edificios, y conseguir la máxima expansión del mahometanismo, aunque éste no pudo convertirse en la religión única de Asia. En 1.406 China invadió Vietnam, bajo el pretexto de reponer la dinastía derrocada. Le Kuy-li, su hijo, en el que había abdicado, y su corte, fueron hechos prisioneros. Se prohibieron los usos y costumbres vietnamitas, que fueron sustituidos por los chinos, incluso en los ropajes.

Las obras literarias vietnamitas más importantes fueron confiscadas y llevadas a Pekín. Se elevaron los impuestos y se implantaron trabajos forzosos. El comercio pasó a manos chinas, que se adueñaron de las viejas rutas comerciales vietnamitas. Todo ello produjo una sublevación, encabezada por Le Loi, que durante años dirigió un movimiento guerrillero. A la muerte de Enrique IIIº de Castilla le sucedió Juan IIº, hijo del anterior y de Catalina de Láncaster, hija del duque de Láncaster, Juan de Gante, hijo a su vez de Eduardo IIIº y padre de Enrique IVº de Inglaterra. Durante su minoría de edad regentó Castilla su tío Fernando de Antequera, hermano del difunto Enrique IIIº. Por el inmenso y rico imperio timurí se produjeron peleas de familia y rebeliones palaciegas, hasta que el cuarto hijo de Timur, castellanizado como Tamerlán, el chaj Rukj, ocupó el poder, en 1.407, reconquistando el Irán Arabí y Azerbaián. Los timuríes no sólo protegieron la arquitectura y las artes, sino que en sus centros de enseñanza se estudiaba, no sólo teología y derecho mahometanos, sino ciencias naturales, a pesar de los prejuicios que se les achacan como mongoles y tártaros. No menos intransigente que el español Benedicto XIIIº, fueron los Pontífices de Roma Inocencio VIIº y Gregorio XIIº, respectivamente, por lo que 24 Cardenales y muchos obispos y teólogos celebraron en Pisa, en 1.409, un Concilio. Como no pudieron hacer renunciar a ninguno de los otros dos, no les quedó otra salida que nombrar a un tercer Papa, Alejandro Vº, al que sucedería, en el 1.410, Juan XXIIIº. A la muerte de Ruperto IIIº, los electores se dividieron entre Segismundo y su primo Jobst de Moravia. Como Wenceslao, hermano y primo, respectivamente, de los anteriores, no había renunciado, resultó que la cristiandad tenía, simultáneamente, cuatro emperadores, contando con el bizantino, ya de ridículo poder, tres Pontífices y un Patriarca de Constantinopla. Polacos y lituanos aniquilaron un ejército teutón en Tannenberg. En el 1.411, a la muerte de Jobst de Moravia, Segismundo de Luxemburg quedó como único emperador de Alemania, de hecho.

Su derrota en Nicópolis le hacía temer la posible invasión otomana a través de Hungría. Así que pretendió que el Papa promulgase una nueva Cruzada contra los turcos. Pero ¿qué Papa? En 1.412, dos años después de la muerte de Martín Iº de Aragón, sin descendencia, se decidió, de modo ejemplar, una reunión de compromisarios que, en Caspe, con gran influencia del depuesto Papa Benedicto XIIIº, sentenció que debía coronarse a su candidato, Fernando Iº de Antequera, de la dinastía Trastámara, reinante en Castilla, de la que era regente, durante la minoría de edad de su sobrino Juan IIº. De modo que era una forma de unir dinásticamente los dos mayores reinos ibéricos, tratando de conseguir la paz, puesto que semejante alianza debería desincentivar cualquier futuro intento de pretensión al trono o invasión inglesa o portuguesa. A la muerte de Margarita de Dinamarca, Noruega y Suecia, Erich de Pomerania hizo efectivo su trono. En 1.413, Enrique Vº sucedió a su padre en Inglaterra y en la persecución de los lolardos, que incrementó despiadadamente. Mejmet, hijo de Bayaceto, derrotó a sus hermanos Isa y Musa, a base de prometer más poder a la aristocracia, con lo que acabó con el interregno, restableciendo el dominio otomano en Turquía tras haber sido fuertemente amenazado por mongoles y mamelucos. Cumpliendo sus compromisos restableció la tradición gazi, según la cual las poblaciones fronterizas hacían incursiones de saqueos en los países limítrofes, como se había hecho desde tiempos de Roma y Bizancio. Así se formaron marcas, que se quedaban con los impuestos con la excusa de las guerras religiosas. Segismundo comprendió que su primera misión era acabar con el cisma de Occidente, para lo cual forzó un nuevo Concilio en 1.414, en Constanza. Pero había un problema más: el reformador religioso, pero también político, un nacionalista checo, Juan Huss, considerado un santo en vida por los bohemios, había conseguido gran ascendencia popular, ya que pedía la desaparición de las diferencias de estamentos, y la igualdad de todos los hombres ante la ley. Es lógico que una sociedad feudal considerase que la desaparición de la aristocracia y de la servidumbre no podía acarrear sino la anarquía. De siempre se ha considerado anarquismo cualquier movimiento revolucionario, contra la autoridad establecida.

Pero, analizado con visión actual, resulta que estaba anticipando, en más de tres siglos, el liberalismo. La universidad de Praga, que ya era puramente checa, se convirtió en suprema instancia teológica. Al retirarse el ejército de Tamerlán de la India se produjeron continuas guerras, hasta que Jisr Jan consiguió hacerse con el sultanato, fundando la dinastía sayyid. A la muerte de Tezozomoc, rey de Azcapotzalco, sus hijos se disputaron el trono, con la intervención, mediante intrigas, de los aztecas. Maxtla, uno de los contendientes, ordenó el asesinato de su rey, Chimalpoteca, lo que desencadenó la guerra entre los mercenarios y sus contratantes. Tezozomoc, quizás gracias al apoyo de los aztecas, había enviado al exilio a Nezajualcóyotl (“El coyote que ayuna”) rey de Texcoco, que aprovechó la circunstancia para regresar, ofreciéndose a cubrir la retaguardia azteca. Azcapotzalco quedó destruida, y con ello la hegemonía tepaneca. En cambio Tlacopán, de la misma tribu, sobrevivió, entrando en la alianza de las tres ciudades, que, bajo el dominio azteca, imperaron sobre el valle de Méjico. La Iglesia Católica consideraba a Huss un hereje. Segismundo lo atrajo al Concilio, con engaños, en 1.415, otorgándole una carta imperial de inmunidad, quizás con la esperanza de que una parte convenciera a otra, y evitar otra nueva fuente de división de la cristiandad, cuando los turcos amenazaban con invadir Hungría. Pero el Concilio tenía asuntos más importantes, de índole más política que religiosa, que discutir de teología. Así que, en lugar de debatir, quizás para dar una demostración de poder, de autoridad, de unidad, amenazando a quienes se opusiesen a sus designios, lo juzgó como hereje, y lo quemó vivo, despreciando las seguridades e inmunidad comprometidas por el emperador: un pésimo precedente, como se demostraría en menos de un siglo, durante la reforma lutherana. A la muerte de Wenceslao, su hermano heredó el reino de Bohemia y el margraviato de Brandenburg.

A cambio de una fuerte suma, cedió en empeño la Marca de Brandenburg a Federico de Hohenzollern, burgrave de Nuremberg. Enrique Vº reanudó la guerra contra Francia, derrotando a sus ejércitos en Azincourt, donde se empleó, por primera vez, gran número de cañones en campo abierto, y en Meaux, con lo que conquistó todo el Norte del país. Carlos de Orleáns fue apresado. Los portugueses conquistaban el estratégico puerto de Ceuta, cerrando el paso a la expansión castellana en Africa. En 1.416 murió Fernando Iº de Aragón, antes conocido como de Antequera, sucediéndole su hijo, Alfonso Vº “El Magnánimo”, que unió a sus reinos el de Nápoles. A resultas del Concilio, que duró cuatro años, Gregorio XIIº renunció, pero no Juan XXIIIº ni Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor, el Papa Luna, Benedicto XIIIº, a pesar de que, tanto el rey de Alemania como el de Aragón fueron a visitarle a Perpiñán para convencerlo. Así que fueron depuestos por el Concilio de Constanza, que declaró a Benedicto XIIIº hereje y antipapa, y, en 1.417, se designó Papa al Cardenal italiano Otón Colonna, como Martín Vº. Benedicto XIIIº se refugió en el castillo de Peñíscola, antiguo castillo de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón ¿otra venganza más de los templarios, templiers en francés, desde un siglo antes contra los Papas de Aviñón? dado que el ejército francés sitió la sede papal de Aviñón, ante el inefectivo corte de su apoyo económico, de donde escapó secretamente, puesto que a un súbdito aragonés, que, además, era maño y ejercía como tal, difícilmente podía hacerlo obedecer el rey de Francia. En Peñíscola permaneció hasta su muerte. Allí envió Martín Vº a un legado con la misión de envenenarle, pero fracasó. En 1.419 se extendió por Bohemia la noticia del ajusticiamiento de Juan Huss, que se había ocultado al pueblo. De esta forma, mientras la nobleza, laica y eclesiástica, seguía siendo fiel a Alemania y a Roma, en coherencia con sus propios intereses, se originó un movimiento popular, tanto antigermánico como anticatólico, preludio del lutheranismo, que acabó en una guerra de 17 años de duración. El escritor coreano Pyon Ke-rang, reflexionando sobre la revolución que significaba la imprenta, predecía que ya no habría ningún libro que no pudiera imprimirse, ningún hombre que no pudiese estudiar, y que no habría límites para la literatura y la ciencia.

Juan “Sin Miedo”, hijo de Felipe “El Temerario” de Borgoña, fue asesinado, heredando sus posesiones su hijo, Felipe “El Bueno”, quien pactó con los ingleses, tras la victoria de éstos en Azincourt, el Tratado de Troyes, en 1.420, por el cual el futuro rey de Inglaterra se casaría con una hija de Carlos VIº de Francia, y heredaría el trono de éste. Es decir, comprometía algo a lo que no tenía derecho ni autorización. Pero sí un fuerte ejército para hacer “bueno” dicho Tratado, apoyar a los ingleses en su pretensión. De lo que había aprendido de los reyes de Alemania, Felipe “El Bueno” no intentó extender sus dominios por pactos matrimoniales, sino por el más rápido procedimiento de la compra y la amenaza. Así, tras extinguirse la rama colateral borgoñona, se hizo con los ducados de Brabante y Linburg, compró Holanda, Zelanda (la “Tierra del Mar”, Zeeland) y el ducado de Luxemburg (al nieto del emperador Carlos IVº) con lo que se Borgoña se convirtió en una de las más poderosas potencias de Europa. Carlos VIº fue incapacitado por sus ataques de locura, siendo sucedido por Carlos VIIº, bajo la regencia de Bernardo de Armagnac. El nuevo rey terminó enfrentándose al regente y a sus seguidores, entre los que estaba la reina madre. Los hussitas se dividieron en utraquistas, moderados, que se caracterizaban por pedir la comunión con vino (sub utraque specie, “y bajo la otra especie”) también para los laicos, y otra radical, denominada taborita, que instalaron su cuartel general, más tarde convertido en ciudad, en una colina, que denominaron Monte Tabor. Estos rechazaban todos los posicionamientos de la Iglesia cristiana que no tuviese su fundamento literal en las Sagradas Escrituras.

Por ello, fanáticamente extremistas, se creían los únicos auténticos seguidores de la Biblia, y que en el juicio universal, que esperaban inmediato (lo que les anulaba ningún temor a la muerte o a los sufrimientos, que todos deberían padecer en breve: obsérvese la similitud con el movimiento macabeo, esenio, los seguidores del camino de la perfecta justicia o nazreos, y el cristianismo primitivo) Dios les encargaría la ejecución sus castigos. Contra los demás, lógicamente. Así que no es extraño que se anticiparan un poco. En tales circunstancias resulta casi imposible derrotar a un ejército fanático y suicida, como ya había ocurrido con los primitivos mahometanos. Con toda lógica se extendieron entre los campesinos y ciudadanos más oprimidos, igual que había ocurrido con los primitivos cristianos y las sectas que podemos considerar precedentes. Martín Vº proclamó una Cruzada contra dichos herejes bohemios. Estos, dirigidos por el caballero Juan Ziska, derrotaron a los ejércitos que se remitieron en su contra. Situó cañones en carros acorazados, elegía un terreno ventajoso y los colocaban en círculo, convirtiéndolos en posiciones fortificadas móviles: un antecedente de los tanques. A su muerte volvieron a dividirse en un partido radical y otro algo más moderado, dirigidos por Procopio “El Mayor” y “El Menor”. Siguieron derrotando ejércitos alemanes, extendiendo el terror y la inseguridad por los países vecinos, mediante campañas organizadas de robos y saqueos. La falta de prestigio, autoridad, medios financieros y. por tanto, capacidad de reclutar y remitir ejércitos imperiales, pasaban ahora factura. Murad IIº sucedió a Mejmet Iº, implicando al Imperio Turco en la conquista de Hungría, que pareció inacabable, lo que otorgó una nueva oportunidad de supervivencia a los bizantinos. El tercer hijo de Juan  Iº de Portugal, Enrique, apodado “El Navegante” -aunque nunca llegó a realizar largos trayectos- aprovechando su desahogada y libre posición, como miembro de la familiar real, pero sin obligaciones de Gobierno ni ambición por conseguirlo, ya que era el tercero en la línea sucesoria, obsesionado, no por las riquezas, sino por el conocimiento científico, acumuló relatos de viajes, libros sobre cálculo de los grados, cartas e instrumentos de navegación, e instigó la expedición a las islas Madeiras o de las maderas.

Atraído por la matemática y la astronomía, fundó en Sagres una escuela de navegación, sobre bases científicas, la primera del mundo, e impulsó la exploración de la costa africana. Aprovechando que el genovés Manuel Pesogno prestaba servicios como Almirante para el rey Dionis de Portugal, contrató navegantes de dicha república, y estimuló la construcción de una Flota. Su idea era de cruzada, llegar hasta la cristiana Armenia, la Tierra del Preste (arcipreste) Juan, de Marco Polo, que pedía urgente auxilio ante la amenaza mongol. Quizás con la intención de, tras ayudarla, continuar la conquista de los Santos Lugares. Como el Mediterráneo resultaba impracticable, pleno de intereses creados entre distintas Armadas, como la turca, y Flotas piratas, su ruta prevista era la circunnavegación de Africa: estaba convencido de que, por algún punto al Sur de ella, los océanos Atlántico e Indico se unirían. En 1.422, Enrique VIº, de la casa de Lancaster, de 8 meses de edad, sucedió a su padre, en la fase más crucial de la guerra de los cien años. El Gobierno de Inglaterra quedó en manos del duque de Gloucester, y la guerra en Francia en las de Bedfort, que llegó hasta Orleans. Entonces aparece una muchacha, Jeanne Darc (quizás deformación de Dark, “Oscuro”, lo que podría significar que tenía antepasados ingleses) y no D’Arc o De Arco, como habitualmente se transcribe, natural de Domremy, en el Mosa superior. Decía oír voces en nombre de Dios que ordenaban atacar a los sitiadores, en campo abierto, sin necesidad de acumular un gran ejército, al contrario de lo que recomendaba la aristocracia. Así lo hicieron, sólo unos pocos, convencidos del apoyo divino, y, sin acampar para reponer fuerzas, cruzaron el río, que los sitiadores consideraban impracticable, y atacaron por sorpresa y con fanatismo a los ingleses, poniéndolos en fuga antes de que pudiesen organizar su defensa y contrataque. En contra de las recomendaciones de la aristocracia, y sin esperar a reunir un gran ejército, se dirigió a recuperar Reims. Fue herida por una flecha en el asalto a la muralla, propagando los sitiados, a grítos, que había muerto, de forma que, cuando volvió a asaltar las murallas, la consideraron bruja e invencible, reconquistando la ciudad en la que se coronaban los emperadores carolingios. De modo que convenció al Delfín que aceptase su coronación, por ella, en dicha ciudad, incumpliendo el Tratado de Troyes, en el que no había participado.

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