0023-Demócrito, atomistas, socráticos, megáricos y estoicos

Según tal tesis todas las cosas surgen por la distinta combinación de átomos, partículas diminutas, invisibles e indestructibles de una única materia pura [1], aunque con distintas formas, pesos, medidas, cantidades y situaciones, que se mueven girando por la eternidad en un infinito espacio vacío: el no ser. A partir de tales supuestos surge la alquimia griega, que, a través de la Edad Media, desembocará en la química moderna. Los choques e infinitas combinaciones atómicas daban origen a agregaciones de materia, a todas las cosas e infinitos mundos, que así surgen, se deterioran o desaparecen, sin orden ni concierto. Algo parecido a la teoría cuántica, aunque ésta admite la determinación probabilística. Consideraba que el alma era también material, compuesta de átomos. Se cree que, en realidad, fue alumno de Anaxágoras. Igual que Empédocles intentó unificar los opuestos criterios de Parménides y Heráclito.

Su concepción de la ética buscaba la consecución de la felicidad [2] o alegría, por lo que se le conoce como “El Alegre”, mediante la tranquilidad, la moderación y la superación de los miedos. Euclides nació en Megara, ciudad aliada de Esparta en la Guerra del Peloponeso, situada en el Atica y cercana a Azenas [3], frente a la isla de Salamina, en el -450, aproximadamente. Tal vez por las vicisitudes de tal guerra se marchó a Azenas, donde murió en el  -380. Según Platón, formó parte del círculo de discípulos y amigos que dio compañía a Sócrates durante su suicidio. Trató de aunar el pensamiento eleata con el socrático. Para él Dios, Razón, Mente, Sabiduría y Virtud eran la misma cosa, algo eterno e inalterable, que no tenía oponente [4], no había concepto negativo que se le asemejara -puesto que no admitía la existencia de un no-ser, ya que, si existía, era ser [5], lo que ampliaba a la negación de la existencia de contrarios, o sea, cualquier concepto dialéctico- rechazando, con ello, el zoroastrismo.

Sus principales discípulos fueron Eubúlides de Mileto, Ictias, que encabezó la escuela megárica, y Trasímaco de Jorintos, maestro de Estilpón, que, a su vez, fue maestro de Zenón de Citio, fundador de la escuela estoica [6].


[1] El Ser.

[2] En griego hedoné.

[3] De la que hoy es un barrio.

[4] En hebreo satán.

[5] Se trata, en realidad, de un problema semántico, de tipo gramatical, sobre las limitaciones idiomáticas de los verbos ser y existir, y sus formas sustantivadas y adjetivales. Modernamente usamos la palabra “vacío”, con lo que se resuelve dicha paradoja semántica, dejando de utilizar la palabra ser, la misma a la que se trata de oponer o negar, mediante los conceptos no-ser o nada.

[6] Así llamados porque se reunían a la sombra del atrio, en griego stoa, que daba paso al ágora, mercado a las afueras de Azenas, en cuyo recinto se reunía la asamblea popular o ecclesia. Se le encargó a Polignoto de Zasos (Thasos, para los angloescribientes) que lo pintara en fresco, por lo que lo llenó de escenas de la conquista de Troya, las luchas de las amazonas (posiblemente basadas en el hecho de que las sármatas solteras, pertenecientes a una tribu desgajada de los escitas, guerreaban junto con los hombres, a caballo, disparando flechas) y las batallas de Maratón y Oinoe o Sikinos (en la que la ciudad de Argos venció a Esparta, obteniendo un riquísimo botín que se empleó en embellecer el santuario de Apolo en Delfos) que, por su sorprendente colorido, que rompía con el anterior estilo severo, se conoció como “el atrio coloreado”, o polícromo, en griego stoa poikilé.

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