0009-Los pitagóricos

Llevaban túnicas y la estrella pentagonal de 5 puntas, que los distinguían, daban ejemplo de estricta moralidad y asumían gran parte de la mística órfica. Creían en la transmigración [1] de las almas, en seres superiores o inferiores, según la virtud alcanzada, por lo que eran vegetarianos, ya que se oponían a la muerte de los animales, que podían contener almas humanas. Para ellos la religión tenía dos facetas, una pública, cuya utilidad era imponer la piedad, la virtud, la represión, el comportamiento estrictamente ético al populacho, y otra privada, sectaria, para los iniciados, que debían instruirse en las ciencias, desarrollarlas, especialmente la matemática, la música y la astronomía, pero cuyo conocimiento debía estar reservado, ocultarse, a las multitudes, que no sabrían extraer conclusiones acertadas de ellos, y podía hacer dudar sobre las creencias religiosas.

Sus sucesores llegaron a hacerse tan odiosos por su actitud política contraria a las reformas, que los demócratas los encerraron en la casa de uno de ellos y los quemaron, no restaurándose una nueva comunidad, neopitagórica, hasta el siglo I A.N.E.. A Pitágoras se le atribuye un método gráfico para la triangulación, o Teorema de Pitágoras, mediante la construcción de cuadrados adosados a los lados de un triángulo, que permite el cálculo aproximado de la hipotenusa, o media cuadrática, o cualquier cateto, para cualquier número, aunque no sea “pitagórico” [2], sin necesidad de utilizar cuerdas anudadas, como hacían los egipcios, o las tablas pitagóricas, como parece que hacían los sumerios [3], en ambos casos muchísimo antes, sin que sepamos exactamente cuánto, de que Pitágoras naciese. Para los pitagóricos las matemáticas, y la música, que entendían como una aplicación matemática, que puede formularse como tal, eran el origen, el fundamento y la norma que explicaban el Universo.

Como desconocían el número 0, el espacio vacío, creían que la unidad era el principio de todo, que era número par e impar al mismo tiempo, que de él derivaba el 2, que representaba el punto, el tres a la línea, el 4 a la superficie, y el 5 a los cuerpos, que tomaban vida, se hacían inteligentes, esféricos, grandes y astronómicos, nada de lo cual es cierto. Sumando y multiplicando los 3 primeros se obtiene 6, y restándolos se anulan. Sumando los cuatro primeros números se obtiene el diez, que era su número mágico [4]. Los diez cuerpos celestes [5] giraban insertos en esferas de vidrio, que formaban el espacio exterior intersideral, interplanetario y celestial, que resbalaban lubricadas por un “éter sutilísimo” o aceite transparente, cuyo roce emitía un sonido, harmonía de los mundos o música celestial, que sólo personas de especial sensibilidad [6] podían oír. El tamaño de las esferas celestes interplanetarias estaba determinado por los cinco cuerpos sólidos poliédricos perfectos [7], más la esfera, conjugados o inscritos cada uno dentro del siguiente. Este conocimiento se consideraba debía permanecer oculto a los no iniciados, puesto que podía ser peligroso.

Kepler, Pastor de la Iglesia Reformada -lo que los católicos hispanos denominan “protestante”- Doctor y profesor de Teología, tratando de comprobar dicha tesis, descubrió que los planetas siguen órbitas elípticas, no inscribibles en ninguna esfera o figura geométrica perfecta, con velocidades variables, que deceleran y aceleran periódicamente, aunque pueden ser representadas mediante fórmulas matemáticas, lo que originó su descreimiento religioso, ya que le parecía algo tan imperfecto que no podría ser obra de ningún dios. A partir de sus reflexiones, aplicando su método de cálculo diferencial e integral, Newton llegó a la conclusión que era la relación de las masas de los cuerpos celestes lo que determina su trayectoria orbital, formulando su ecuación de la gravitación [8] universal.


 [1] Metempsicosis.

[2] Aquellas parejas de números cuyos cuadrados suman otro cuadrado perfecto.

[3] Se ha encontrado un fragmento de una relación sumeria con parejas de “números pitagóricos”, aunque falta el fragmento que debía formar la tercera columna, que debía contener la suma de sus cuadrados, o la raíz cuadrada de la misma, es decir, la hipotenusa de un triangulo rectángulo cuyos catetos tuviesen las medidas de la pareja de números de las columnas anteriores.

[4] Para los sumerios era el 7, el siguiente a su cifra fundamental, el 6, que representaban como un ángulo, como la V del 5 romano volcada hacia la derecha, por lo cual la semana sigue teniendo 7 días (a través de los hebreos) y las herraduras 7 oficios y clavos. Y también el doce, que permitía la mayor parte de las operaciones matemáticas. Es decir, la extracción de factores comunes, método que utilizaban para la multiplicación y división abreviadas -ya que no conocían los algoritmos que actualmente usamos- mediante multiplicaciones y divisiones parciales, desplazando y sumando o restando los resultados parciales, muy cómodos con la numeración decimal, incluido el cero, de origen hindú, pero complicadísimo con sus sistemas numerales no dígitos. Por eso dividían el día en doce horas, la hora en 60 minutos, el año en doce meses y 360 días, igual que los grados de la circunferencia. En cambio el 13 era un número desgraciado, el posterior al “perfecto” número 12, y que no permitía ninguna operación matemática “perfecta”.

[5] El Sol, la Luna, los siete planetas entonces conocidos, y la esfera de las estrellas.

[6] ¿Los acúfenos de los locos? Obsérvese la similitud con los cantos de sirenas o pájaros que enloquecían a los marineros.

[7] Tetraedro, hexaedro, octaedro, dodecaedro e icosaedro.

[8] En latín gravitas significa “peso”

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