1.602: El imperio marítimo holandés

Para entonces los españoles ya comerciaban con China, que había alcanzado los 60 millones de habitantes. Las mejoras en la navegación y la Marina japonesa llevó sus rutas marítimas hasta el Sur del Mar de la China, y a establecer factorías comerciales en Annam, Siam, Luzón, Java y la península malaya. A finales de siglo, un grupo de cosacos, a las órdenes de los Stroganov, llegó a Corea, tras haber atravesado toda Siberia. Con ello consiguieron, nuevamente, la unificación comercial terrestre de Eurasia. Los europeos fueron recibidos amistosamente en Dai-Viet, la actual Vietnam, al contrario que en otras zonas del Sudeste asiático, donde los trataron con superioridad y desprecio, especialmente en Cambodia. Los jesuistas abrieron las primeras misiones en Faifo, un puerto muy frecuentado por extranjeros, que importaba, sobre todo, porcelana, té, papel, armas, azufre (para la pólvora) y plomo, y exportaba seda, maderas preciosas, pimienta y arroz, entre otros productos locales. En el interior de Africa se había creado el reino luba. La conquista española fue destructiva para la organización agrícola americana. Sus canalizaciones y sistemas de regadío, que era fundamentales, se abandonaron, dejando que se deteriorasen, o se destruyeron directamente. Esto originó una importante hambruna, aunque fue sustituida, al menos parcialmente, con la venta de productos metropolitanos. Esto originó un injustificado trasiego, inflacionario a ambos lados del Atlántico, aunque benefició al transporte y la construcción naval. De Castilla se enviaron simientes de cereales (trigo, cebada y arroz) frutas (naranjo, limonero y peral) caña de azúcar y cafeto, que llegarían a tener una capital importancia económica. Europa recibió maiz, patata, cacao, piña, tabaco y algodón.

Finalmente, Hispanoamérica volvió a logar el autoabastecimiento, tras la dislocación que los españoles habían llevado al sistema social y productivo de los anteriores grandes imperios. Exportaba azúcar, cacao, tabaco, algodón (tejido: estaba prohibida su navegación en rama, para evitar el peligro de explosión e incendio en barcos de madera, por la emisión de hidrógeno durante su desecado, como la paja de los campos) y palo tintóreo o de brasil. La fauna americana no era proclive a la explotación ganadera ni al trabajo agrícola rentable, por lo que se aclimataron vacunos, equinos, ovejas, cerdos y aves de corral, que se reprodujeron de modo sorprendente en explotaciones extensivas, en granes ranchos o incluso en praderas a campo abierto. Igual se haría más tarde en Tejas. De Castilla (es decir, principalmente, de Andalucía y Extremadura) se importaba trigo, aceite y vino en enormes proporciones, produciendo grandes latifundios de monocultivo de secano, sin faenas agrícolas, cuya consecuencia fue un campesinado proletarizado, empobrecido, sin tierra, que sólo trabajaba y percibía ingresos en las temporadas claves de siembra, poda o cosecha: los temporeros o jornaleros, que sólo cobraban el jornal o el destajo de los días que trabajaban, con todas las repercusiones sociales y políticas que ello originaría, tanto de sumisión a los señores, de los que dependía su supervivencia, como de odio, deseos de venganza por las humillaciones y padecimientos sufridos, y rebeldía acumulada. Esta situación reforzaba continuadamente la emigración de dichas zonas hacia las Indias. En el 1.600 se constituyó la East India British Company (Compañía Británica de las Indias Orientales) a imitación de la holandesa, que, a través de acciones, invertía los capitales acumulados por el comercio interior y la agricultura, cada vez más rentable, en aventuras asiáticas, repartiendo los beneficios conseguidos en proporción a lo aportado.

Mauricio de Nassau, hijo y sucesor de Guillermo de Orange, continuó las guerras de éste, consiguiendo la importante victoria de la primera batalla naval de las dunas o de Nieuwpoort, contra España y el artificioso reino de Flandes, dentro de la denominada Guerra de Flandes o de los 80 Años, bajo el mando de su rey, el Cardenal de la Santa Cruz de Jerusalem, el archiduque Alberto VIIº de Austria, arzobispo de Toledo, Virrey e Inquisidor General de Portugal, hijo del emperador Maximiliano IIº y esposo, tras dejar los hábitos eclesiásticos, de su doblemente prima Isabel Clara Eugenia. Fue quemado vivo el predicador dominico y filósofo Giordano Bruno. Su influencia neoplatónica lo acerca al panteísmo. Partía de la concepción de un universo infinito, que consideraba la única sustancia existente, formado por mónadas. Emplea la hipótesis copernicana de modo especulativo. Continúa vinculado al medievalismo, con elementos ocultistas y mágicos, al tiempo que lucha por alcanzar la lógica aristotélica. Su gran erudición le lleva a posiciones contradictorias, aunadas bajo su entusiasmo estético. Cada vez se fue separando más de las autoridades eclesiásticas y teológicas, hasta ser condenado por la Inquisición. El modo abierto y libre de expresar su pensamiento le haría influir en Galilei, Spinoza y Descartes. La Dieta sueca designó rey al regente Carlos Vasa, como Carlos IXº, que inició una política expansionista, tendente a dominar todo el comercio báltico, que le enfrentó a Polonia, Dinamarca y Rusia. El monopolio que Portugal gozaba de posesiones africanas respecto del comercio europeo empezó a desmoronarse: los holandeses comenzaron a competir con ellos, llegando a apoderarse de alguna de sus factorías. En principo éstas fueron puertos y fortificaciones, suficientemente distantes de las mahometanas, el otro poder africano, por entonces más poderoso y asentado. En el siglo anterior habían ido conectando todo el litoral, incluso arriesgándose tierra adentro, buscando el control de los minerales, el marfil y las especias, pero, sobre todo, la depredación esclavista demandada por las plantaciones de Louisiana, las Indias occidentales británicas, el Caribe y Brasil, cuyos productos “ultramarinos” o “coloniales”, demandaba Europa en grandes proporciones y con elevada rentabilidad.

Millones de negros fueron trasladados forzosamente al otro lado del Atlántico en el siglo anterior y en los tres siguientes. La elevada rentabilidad de este inhumano negocio regaba todos los resortes, de forma que hasta muchos reinos africanos basaron en la captura de esclavos de las tribus vecinas su desarrollo económico, y el desvío de tal depredación respecto de sí mismos, si quiera fuese temporalmente. Además de Holanda, Inglaterra, Francia, Suecia, Dinamarca y Brandenburg, que estaban estableciendo posiciones en Africa, arrebatándoselas unos a otros. Los portugueses llegaron a comerciar con Japón, sin embargo la llegada de holandeses, que pusieron de manifiesto las divisiones políticas y religiosas de los europeos, y sus ansias de monopolizar el comercio, unido a la imprudencia de algunos misioneros, que no se resignaban a una actividad oculta, clandestina, y a las rivalidades entre jesuitas, franciscanos y dominicos, fueron el origen de la primera persecución contra los cristianos. Birmania se había hundido en la anarquía, sin que ninguno de los aspirantes consiguiera hacerse con el poder. Murió el hijo de Satza, sucediéndole en el trono de Cambodia un hermano de éste, tío, por tanto, del último rey. Al ser asesinado éste se produjo una violenta guerra entre el tercer hijo de Satza, sobrino, por tanto, del último rey, y Soriopor, que contaba con la ayuda de los ttai. Java estaba inmersa en un estado de guerra entre los distintos reinos que la formaban y sus adyacentes regiones de influencia. El reino del interior, Mataram, sabía que no podría derrotar al Estado comercial de Surabaya si no era acabando previamente con su poder económico. Así que no hizo el menor intento de disminuir la superioridad mercantil de Bali ni oponerse a la penetración porguesa, sin comprender los peligros que significaba. Surabaya, en su defensa, organizó la alianza de las ciudades costeras que no pertenecieran ni a uno ni a otro. Bali, como Estado hinduista, estaba en conficto con los Estados mahometanos, lo que provocó una confrontación que duraría un siglo.

Los holandeses se involucraron en la misma, utilizando las rivalidades para establecer bases para sus intereses comerciales. De todo ello se aprovechó la Batavia holandesa. Franceses, ingleses, y, en menor medida, holandeses y suecos, comenzaron a establecer colonias en Norteamérica. La despoblada España había impuesto rígidos controles a la emigración, que fluyó hacia las zonas más productivas de su inmenso imperio. De forma que no pudo abarcar aquellos territorios, después de haberlos explorado, dejándolos en manos de sus enemigos. Se encontraron, así, una climatología lluviosa y unas tierras fértiles en la costa Oeste, idóneas para la caza, la explotación de pieles, y las pesca, y que, tras su desforestación y roturado, permitió una próspera agricultura. La escasa población nativa, a pesar de su tenaz resistencia a abandonar sus territorios, fue derrotada por los colonizadores, a pesar de que los primeros de ellos que lograron sobrevivir fue con su ayuda, al brindarles alimentos y enseñarles técnicas de caza y primitivos cultivos de la fauna y flora autóctonas. Sin deseo de apoyarse en dichos nativos, de convivir con ellos, el desarrollo agrario se produjo de modo descentralizado, sin necesidad de tropas ni organización estatal, imperial, y, en menor medida, basado en el trabajo de esclavos. Apenas hubo mestizaje, que tanta importancia demográfica tuvo en la evolución del imperio español. Ni ninguna idea misionera, evangelizadora, lo que explica su intencionalidad exterminadora, por mucho que acusen de crueldad a los “métodos” cristianizadores iberoamericanos. Tras la despoblación de Extremadura y Andalaucia, cuyos efectos aún persisten an algunas zonas, comenzaron a llegar a Hispanoamérica importantes contingentes de asturianos, gallegos y vascos. Los jesuitas desplazaron a los dominicos de la enseñanza, a la que dieron un notable impulso, multiplicando el número de colegios y universidades: todas las ciudades importantes hispanoamericanas llegaron a tener un centro de estudios superiores.

Este hecho, junto a la estancia en América de Mateo Alemán y Tirso de Molina, produjo el alumbramiento de la literatura hispanoamericana, representada por el inca Garcilaso de la Vega (no confundir con su homónimo castellano) o sor Juana Inés de la Cruz. En 1.601, el jesuita italiano Matteo Ricci, tras ocho años predicando en el Sur de China y en Nankín, fue autorizado a hacerlo en Pekín, donde permaneció nueve años, hasta su muerte. Con su extraordinaria facilidad para las lenguas, su modestia, su tacto, y su constante esfuerzo por profundizar en el confucianismo, consiguió ganarse la simpatía de los funcionarios. Sin embargo esto no cambió el concepto que tenían de los “diablos extranjeros” (las barbas y bigotes rubios y pelirrojos eran distintivos demoníacos para los orientales) cuyo materialismo, ambición insaciable y falta de respeto hacia su cultura, que ellos estaban convencidos de que era infinitamente superior, producía odio a los que consideraban más piratas que comerciantes. Todo lo que España se ahorraba en guerras, en base a una política aislacionista, despreciativa respecto del resto del mundo, al contrario con la desarrollada por los tres últimos soberanos, se lo gastaba Felipe IIIº en lujos cortesanos y despilfarros. Como los jerónimos de El Escorial no le permitían al rey más poderoso de su época hacer fiestas en el monasterio, la Corte se trasladó a Valladolid, lo que consumió una fortuna. En 1.602, varias compañías se fusionaron para constituir la Compañía Holandesa de las Indias Orientales: la Vereinigde Oost-Indische Companieën. Su objetivo principal era mermar el poderío portugués. Para conseguirlo atacó Mozambique y Goa, aunque sin éxito. Se inició una nueva guerra entre turcos y persas, que duraría diez años. En 1.603, Tokugaua Ieyasu fue nombrado chogun por el emperador. Situó su Gobierno en Edo, que posteriormente se denominaría Tokio en honor a su familia. Siguiendo la costumbre todos los daimío debieron jurarle fidelidad y entregarle rehenes que residirían en dicha ciudad.

A la muerte de Isabel Iª, sin descendencia, le sucedió el que fue nombrado rey de Escocia cuando tenía una año de edad, en perjuicio de su madre, Maria Estuardo, a la que derrocaron por su nuevo matrimonio, del que sospechaban el asesinato de su anterior marido, además de por ser ambos católicos, y posteriormente decapitada por la ahora derecho causante. Así Jacobo Iº, tataranieto de Enrique VIIº de Inglaterra, instauró una nueva dinastía: los Stuart o Stewart, que significa senescal palaciego, mezcla del latín senex, “anciano”, y el germánico skalk, “servidor”, del que, deformado, derivan. En realidad debió heredar el trono Lady Ana Stanley, sobrina de Enrique VIIIº, según el testamento de éste. Pero debido al mayor peso de un rey ya coronado, aunque su experiencia como gobernante no era muy buena, y, posiblemente, para evitar una posible guerra insular, un Consejo de coronoación se decidió por éste en pocas horas. Fue el primero en adoptar el título rey de Gran Bretaña, ya que dominaba toda la isla. Educado en el calvinismo e hijo de una católica, que había perdido su cabeza, entre otras razones, por impulsar su propia religión, el carácter acomodaticio del nuevo rey le llevó a aceptar la condena tanto del catolicismo como del puritanismo calvinista, ya dividido entre presbiterianos (una secta religiosa de origen escocés de organización democrática, en contra de la visión oficial episcopaliana) brownistas e independientes, por la asamblea episcopal anglicana de Hampton Court, bajo su suprema autoridad. Con ello se reavivaron los enfrentamientos religiosos, que tomaron un carácter político, al provocar la división de los parlamentarios en distintos grupos. En dicha asamblea se autorizó la primera traducción de la Biblia al inglés, una versión bastante digna en cuanto a su precisión, que se continúa conociendo como versión King James, Versión del Rey o del Rey Jacobo. Habíendo ejercido el poder en Escocia de forma absolutista, no comprendía las limitaciones que el parlamentarismo imponía. Por todo lo cual intentó limitar tal poder.

Con dotes intelectuales (se le consideró “el bobo más sabio de la Cristiandad”) publicó varios tratados, entre los que mantenía que los reyes eran anteriores a todo, a ningún Estado o clase de hombres, leyes o Parlamentos, por lo que el título de rey no depende de éstos, sino que es el rey el que proclama las leyes y convoca a los Parlamentos y no éstos los que proclaman al rey. De forma que aconsejaba a su hijo que no convocase al Parlamento. Estaba con ello fraguando los antecedentes de la revolución de Cronwell y el advenimiento de la República de Inglaterra. El impulso contrarreformista de Rodolfo IIº había provocado levantamientos campesinos al Norte y al Sur de Austria, lo que mermó el prestigio del emperador y unió a los protestantes. Así en la Dieta mantuvieron que las controversias basadas en cuestiones religiosas no podían ser resueltas por sentencias judiciales, ni siquiera por la propia Dieta, sino por acuerdo amistoso entre las partes en conflicto. El emperador, precisado de mayores subsidios de guerra contra los turcos, no pudo negarse a su aprobación, aunque consiguió que se aplazara indefinidamente. El General Ambrosio de Spínola tomó Ostende para el reino de Flandes, restableciendo el equilibrio con los rebeldes Países Bajos. Sin embargo la guerra estaba acabando con la capacidad de resistencia de ambas partes. Murió Mejmet IIIº. Se publicó en la India “El libro de las guerras”, traducción al persa del Majabaratta, sobre cuyo original disputan su datación los historiadores hindúes y occidentales, que lo consideran posterior. En realidad es un relato histórico, aunque difícil de contrastar, de diversas confrontaciones tribales, más o menos noveladas o exageradas hasta lo legendario o mitológico. Pero los brajmanes se empeñaron en interpretarla en un sentido simbólico, convirtiéndolo en un texto religioso. Algo así como la poesía de Santa Teresa de Jesús, que puede leerse con ojos profanos, con resultado sexual, o místicos. Soryopor consiguió la victoria, condenó a muerte al legítimo heredero al trono cambodiano, y se proclamó rey, con el nombre de Barom Richi IVº. La economía del país estaba en manos de los comerciantes chinos, que impidieron que japoneses, españoles u holandeses se pudieran asentar en él. Hay muy pocas fuentes fidedignas sobre Cambodia en esta época.

Un relato portugués indica que eran polígamos, lo que resulta poco revelador, porque la gran mayoria de la Humanidad lo era por entonces, excepto los europeos, que simultaneaban la monogamia hipócrita con el adulterio y la prostitución mercantilizada, como hoy la “cultura occidental” ha impuesto en todo el mundo, aunque añadiéndole la propaganda masiva sobre la promiscuidad de las mujeres, que se presenta como feminismo, modernidad, igualdad de derecho y “la verdadera revolución”, cuando, igual que la “obligatoriedad” del trabajo por cuenta ajena, no es más que una nueva forma de sometimiento, de explotación, de engaño, para ellas. En este caso, de prostitución gratuita, para beneficio masculino. Como cuando cada vez que se ha propagado la propiedad colectiva de las mujeres, como “superación” de la propiedad individual que era el matrimonio monogámico. Samuel de Champlain fue nombrado primer Gobernador de Canadá. Tomó posesión para Francia de Acadia (redenominada posteriormente Nueva Escocia por los británicos) y Nueva Francia, en Terranova. En 1.604 fundó Port Royal, en Acadia. A la muerte de Boris Godunov, en 1.605, la alta aristocracia y los boyardos trataron de regresar a la situación anterior a Iván IVº, sumiendo al país en una conmoción que impidió más expansiones, que fueron sustituidas por una estrategia defensiva, tratando de asegurar lo ya logrado. Para ello se fundó una cadena de colonias kosacs, desde el Caspio hasta el Altair, que protegiesen el Volga y Siberia occidental de los kazajos. A Godunov se le culpaba de haber asesinado a Dmitri, y, simultáneamente, se propagaba que éste había sobrevivido, apareciendo diversos falsos Dmitri con pretensiones dinásticas. Se formaron diversos Partidos apoyando a cada uno de ellos y las potencias vecinas de Rusia los utilizaron en su beneficio. Se publicó “El ingenioso (¿juego de palabras con ingenuo?) hidalgo Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes Saavedra. Sus dos apellidos toponímicos pueden ser indicio de ascendencia judia. En tal caso, la “mancha” de dicho hidalgo podría ser, además de otro indicativo topónimo, tal ascendencia “impura”.

Parece ser que el auténtico personaje, Alonso Quijano, era un rico terrateniente de Ciudad Real, que está enterrado en el extremeño monasterio de Guadalupe, que tanto influyó en la cristianización de Méjico, cuya advocación es allí tan popular, y que legó la mayor parte de su fortuna a la Iglesia, a cambio de lograr un expediente de limpieza de sangre que protegiese a sus descendientes. Estos alegaron locura de su progenitor para anular su testamento. El resultado fue que la Inquisición (como exclamó el propio Caballero de la Triste figura en una mañana de niebla, tras palparla: “¡Con la Iglesia hemos topado, querido Sancho!”) se les hechó encima, y no consiguieron recuperar su dinero, sino morir encarcelados y torturados por judaizantes ¿Quiénes eran los locos y quién el cuerdo? En todo caso la obra refleja la situación española, que se enfrenta a la ruina en medio de aventuras fantásticas, sin base real, con unas pretensiones caballerescas, de pasado esplendor, de las que no obtendrá ningún beneficio. Todo el itinerario del Quijote muestra lugares en los que hubo sinagogas o comunidades judías de alguna importancia, criptojudíos o falsos conversos, de modo que también puede ser un mapa oculto del judaísmo resistente. Se ha analizado que Don Quijote podía padecer de depresión congénita, lo que conllevaría tal megalomanía, afanes de grandezas, espiritualismo y fracaso e inadecuación a la vida cotidiana, y que relejarían la propia personalidad de su autor. En Inglaterra se descubrió la conjura católica de la pólvora (Gunpowder Plot) que intentaba asesinar al rey y a los parlamentarios. La elevación de impuestos y la venta de títulos nobiliarios y cargos en la administración pública, hicieron sospechar que Jacobo Iº intentaba formar un ejército permanente y administrar el presupuesto del Estado sin rendir cuentas ni aprobación del Parlamento. Esto unió a la pequeña nobleza, gentry, y la alta burguesía presbiteriana, que se configuró como oposición parlamentaria bajo la denominación de grupo religioso no conformista. Murió Akbar, sin haber logrado expulsar a los portugueses de Guyerat, adueñarse del Sur de la India ni reconquistar los antiguos dominios mongoles en Asia central, como era su sueño. Le sucedió su hijo Yajanyir. Igual que ocurría en Europa, en la India el concepto de equilibrio de poderes tomaba cuerpo.

Por un lado los emperadores mo-gol, conscientes de su esencia extranjera, minoritaria, precisaban la alianza de los príncipes rachput, la tolerancia respecto del hinduismo, mayoritario, y el entendimiento con los safavíes. Así, mientras éstos suponían un escudo de seguridad que impedía a las tribus de Asia central llegar a la India, los sultanes mo-gol preservaban a Irán de los ataques afganos, al mantenerlos a raya, con lo cual éstos pudieron concentrarse en sus luchas con los otomanos. Fue así como pudo desarrollarse el comercio exterior en la zona. Yajanyir era un hombre contradictorio, alcohólico, a pesar de ser fanático mahometano, cruel y vengativo, pero con elevado sentido artístico y como estadista. Comenzó su reinado yugulando una rebelión de príncipes afganos en Bengala, derrotó a los rachput de Meuar, rechazaría los ataques de los sultanes del Decán e iniciaría la expansión hacia el Sur y el Noreste, en el Punyab. Favoreció a los iranios, que constituyeron un fuerte contingente de sabios, artistas y soldados para su imperio. Prohibió el comercio de drogas, de aguardiente de arroz, los juegos de azar y los matrimonios mixtos entre mahometanas e hindúes, bajo pena de muerte. Anaukeptlun, nieto de Bayinnaung, consiguió hacerse con el poder en Birmania, imponiendo el orden y reconquistando las provincias que se habían independizado. Durante su reinado, ingleses y holandeses establecieron factorías comerciales en sus costas. Especialmente los ingleses penetraron en tres provincias del país. En 1.606 se produjeron enfrentamientos religiosos en Donauwörth, ciudad imperial sureña de mayoría protestante. Rodolfo IIº encomendó a Maximiliano, duque de Baviera, la defensa de los católicos. Al fracasar las negociaciones, el emperador promulgó una proscripción, en cuyo cumplimiento Maximiliano ocupó dicha ciudad, confiriendo su administración a comisarios bávaros, mientras la retenía hasta que se pagasen las costas de la proscripción. Ante tal situación bélica y de inestabilidad, el Emperador se vió obligado a pactar la Paz de Zsitva Torok, por la que los turcos garantizaban su dominio sobre Hungría y Rumania. Al parecer los jerónimos consintieron en permitir las fiestas reales, por lo que la Corte volvió a El Escorial, consumiendo otra buena fortuna.

Uno de los falsos Dmitri, con el apoyo financiero y militar polaco, se apoderó de Moscú. Sin embargo, sus pretensiones occidentalizantes (recordemos lo que ocurriría en España durante el motín de Esquilache) provocaron una revuelta que lo derrocó. Los boyardos proclamaron zar a Vasili Schujski, pero la aristocracia funcionarial rehusó apoyarlo, así que se vió sin base política suficiente, por lo que llamó en su apoyo a los suecos, lo cual provocó la intervención de Polonia, puesto que comprendía la poderosa alianza que podía consolidarse en su contra. Yajanyir reanudó los contactos con los jesuitas, les devolvió la iglesia de Lajore, y les autorizó un seminario en Agra, para consagrar a 20 postulantes. Permitió las procesiones y otras manifestaciones públicas de los cristianos. Tenía una Biblia traducida al persa y adornaba su trono con imágenes de santos, aunque no renunció ni a su religión ni a la poligamia. La “Reina Virgen” concedió cédula real a la Virginia Company, impulsada por un antiguo miembro de la Muscovy y de la East India Company, para realizar fundaciones entre los grados 35 y 40 de latitud Norte, para lo cual requerían un compromiso personal, como colono, o aportación de fondos mediante la compra de acciones, cuyo nominal era el coste de establecimiento de uno de ellos. Fue de las primeras empresas que adoptaron esta forma de participación en el capital social. Cada colono debía costearse el viaje, así como el de su familia y criados, si bien se permitía el pago aplazado, o mediante compromiso de trabajo, recibiendo una acción por cada uno. Las tierras que se conquistaran se repartirían, en determinado plazo, entre el número de acciones “liberadas” de los compromisos personales, de prestación de trabajo, o financieras, por pago aplazado. Es decir: sólo a los propietarios (no a sus familias o criados, aunque éstos daban derecho a mayor número de acciones) “libres” de compromisos. Los que se quedaran en Inglaterra podrían alquilar tales tierras u obtener licencias para comerciar, que podían venderse. También recibió cédula de fundación el New England Council. En 1.607, los holandeses se establecieron en la isla que los portugueses habían denominado Formosa, actual Taiuán, que no formaba parte del imperio Ming. Desde allí comenzaron a comerciar con China.

Simultáneamente se iniciaron negociaciones para reconocer la independencia de los Países Bajos. Sin embargo, España insitió en que se respetara el derecho al ejercicio público del catolicismo en las provincias del Norte, y en la renuncia al comercio con las Indias, lo que hizo fracasar las mismas. Walter Raleigh, tras explorar desde Florida a Terranova, logró para la Virginia Company el primer asentamiento inglés permanente en Norteamérica. Tras dedicarse a destruir el monopolio hispano-luso en América, al fracasar en una expedición en la Guayana, sería encerrado en la Torre de Londres y ejecutado, como muestra de “buena voluntad” de James Ist respecto de España, y que le supuso la enemistad con sus súbditos lutheranos. El primer Gobernador de Virginia fue el capitán John Smith, que fundó Jamestown, en honor a Jacobo Iº. Los protestantes alemanes se negaron a aprobar más subsidios de guerra hasta que no se les ofreciesen determinadas garantías. Fracasadas las negociaciones, exigieron que se confirmasen todos los territorios de los que se habían adueñado desde el levantamiento protestante, durante el último medio siglo. Como tampoco esto se le concedió, abandonaron la Dieta, excepto el protestante príncipe de Sajonia. Para muchos historiadores eso supone la desaparición, de derecho, del Primer Imperio Alemán. Para otros suponía un paso más en el camino del absolutismo. Lo que estaba claro es que llevaba a la Guerra de los Trienta Años. El problema se agravó porque, a partir de 1.608, Rodolfo IIº comenzó a sufrir ataques de enajenación mental. Así se formó la Unión Protestante, que incluía varias ciudades imperiales sureñas, e inició sus contactos con Francia. William Hawkins se presentó en Surat como enviado de Jacobo Iº, para conseguir privilegios comerciales de la Corte mo-gol. Sin embargo las intrigas portuguesas lo hicieron fracasar. En 1.609, las Provincias Unidas del Norte de los Países Bajos, tras el fracaso de las negociaciones de independencia, y favorecidas por el pacifismo del duque de Lerma, llegaron a una tregua de doce años con España: una muestra de debilidad de ésta, que suponía el reconocimiento, de hecho, de la independencia, lo que aprovecharon para consolidarse, y explotar sus posesiones en Africa del Sur, ambas Indias y el Sudeste asiático, lucrándose inmensamente con ello.

Las guerras de la independencia, con sus necesidades financieras, habían convertido a su burguesía en la clase dominante en su país. La pequeña república era el territorio más densamente poblado y su Flota comercial se había convertido en la mayor del mundo. Dominaba todo el Báltico y se atrevía a interferir en las posesiones ultramarinas hispano-portuguesas. El giro comercial de mayor envergadura se descontaba (refinanciaba) o pagaba en Amsterdam, lo que llevó a la constitución del Banco de Cambio. También el reino de Flandes, después de tantos años de guerras, prosperó inmensamente con la paz. En España se procedía a la expulsión de los “moriscos”, hortelanos descendientes de andalusíes, a los que se acusaba de colaborar con los piratas berberiscos y falsa conversión al cristianismo, hecho que la Inquisición sólo había podido demostrar en casos aislados, por muy cuantiosos que fuesen. Todos los estamentos sociales alentaron y acogieron con satisfacción la medida, sin importarles su justicia o sentido ético. Quien más se opuso a ello fue la nobleza terrateniente de Aragón y Valencia. Pero no por escrúpulos morales, sino porque se trataba de una mano de obra sumamente barata. La piratería no sólo no disminuyó, sino que se incrementó, ya que los expulsados, conocedores del terreno, se prestaron, entonces, a integrar tales tripulaciones. La unidad religiosa fomentó la intolerancia, con las repercusiones políticas que esto traería para el futuro del país. La pérdida de unos 300.000 braceros, que practicaban la más rentable y tecnificada agricultura de la época, tuvo repercusiones sobre la economía española, cuyo general desfase a los nuevos procedimientos del resto de Europa ya era evidente. Sólo los viñedos habían sabido asimilar dichas innovaciones. Demográficamente había que sumarlo a la sangría que estaba significando la colonización americana y las guerras interminables. En simetría al comportamiento protestante, el duque Maximiliano de Baviera formó con los príncipes-abades, los electores eclesiásticos de Colonia, Maguncia y Tréveris, los obispos del Sur de Alemania, y casi todos los Estados católicos, excepto Austria y Salzburg, la Liga Católica, que rápidamente consiguió el apoyo español.

Que el imperio alemán estaba próximo a despedazarse lo demostró la muerte de Juan Guillermo, duque de Jülich-Cleves, por cuya herencia no sólo pelearon los alemanes, sino también Francia, Saboya, Inglaterra y España. Se fundó Santa Fé, que marca el punto más nórdico de la colonización hispanoamericana, muy en el interior de lo que hoy es Estados Unidos de (Norte)américa, sin contar los inmensos territorios, casi un tercio del conjunto del país, que han arrebatado a Méjico tras de su indepndencia. En 1.610, Enrique IVº de Francia fue asesinado por el fanático católico Ravaillac. En su pueblo los hugonotes habían quemado iglesias, utilizado sus pilas de agua bendita como pesebres y cometido toda clase de abusos. Las guerras religiosas llevaron a su familia a la indigencia. Le acogieron sus tíos, canónigos de la catedral. Entró en un convento del que lo expulsaron por no poder soportar su extrema austeridad. Trató de cuidar de su madre, abandonada por su marido y resto de hijos, pero fue encarcelado por no poder pagar deudas. Decía ver a Dios que le pedía que convenciese al rey de que reprimiese a los herejes, pero los guardias les impedían la entrada a palacio. Así que robó un cuchillo en un albergue para menesterosos, se abalanzó sobre la carroza real y apuñaló al rey. Fue torturado durante varios días y sentenciado por magnicidio. En la plaza le quemaron el pecho, las caderas y las piernas con un hierro al rojo. La mano asesina se le quemó con azufre ardiendo. Sobre las quemaduras le echaron una mezcla de aceite y resina hirviente y plomo derretido, tras lo cual fue atado de manos y pies a cuatro caballos para que lo despedazaran. Habitualmente esta tortura conllevaba el concurso de un carnicero que, con un hacha, conseguía la división en cuatro cuartos, dejando unida la cabeza a los pulmones, corazón, que se veían palpitantes, y tubo digestivo, desprovistos de sus recubrimientos, hasta que se completase el desangrado. Parece que en esta caso no fue así, sino que simplemente le arrancaron los miembros, terminando después de quemar todos los restos hasta hacerlos cenizas.

Si al principio de su reinado Enrique IVº se debió concentrar en defender sus derechos hereditarios contra España y en superar los enfrentamientos religiosos, y su Ministro, el duque de Sully, en sanear la economía, el rey dedicó los últimos 10 años a un ambicioso plan para destruir el poder de los Austrias. Su hijo Luis XIIIº continuaría tal proyecto. Durante su minoría de edad se encargó de la regencia su madre, María de Médicis, que muy pronto dejó las tareas de Gobierno al aventurero florentino Concino Concini, a imitación de lo que se hacía en España. El pacifismo del duque de Lerma no era casual: toda Europa estaba hastiada de sufrimientos y muertes. Por todas partes surgían voces pacifistas, incluso en las más altas instancias. Por ejemplo, los reyes de Flandes, Isabel Clara Eugenia Habsburg y el archiduque Alberto Habsburg, o las nuevas generaciones de gobernantes, tras las muertes de Isabel Tudor y Enrique de Borbón. Desgraciadamente iba a durar muy poco tiempo, por culpa de la ambición -como siempre- personificada, esta vez, entre otros, por Richelieu, e impulsada, o disfrazada, por la intolerancia religiosa. Un segundo falso Dmitri se proclamó zar. De la conmoción producida se aprovecharon los polacos, que llegaron a Moscú sin apenas resistencia.

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