1.721: El fin de la Guerra del Norte

El Banco de Francia emitió billetes (es decir: resguardos de depósito, de los cuales éste podía disponer mientras no fuesen reclamados) y la Compañía de Occidente acciones, cuyo precio se disparó por la fiebre especulativa, produciendo inflación de papel sin saneamiento económico. No obstante, la reducción de la Deuda Pública francesa, uno de los principales objetivos, se logró. Holanda precisaba una reforma política, para lo que se convocó una segunda asamblea extraordinaria. El problema fundamental era la ruina del Tesoro Público, ya que la mayoría de las provincias no contribuían suficientemente. La provincia de Holanda anticipó de sus recursos los pagos retrasados por otras, pero no fue bastante. El obstáculo fundamental era que, bajo una estructura casi confederal, no había recursos legales para exigir los cumplimientos obligacionales. Se propuso aumentar las competencias de los Consejos Ejecutivos de los Estados (estamentos) Generales, y prolongar los mandatos de los representantes de los mismos. Pero fracasó, de forma que las Provincias Unidas continuó siendo un pequeño Estado comercial, dominado por una reducida oligarquía aristocrática y burguesa, de grandes propietarios, que funcionaban como una casta, mientras su imperio y dominio de los mares seguía mermando, y, con ello, sus fuentes de ingresos. El problema religioso no se había superado en Polonia. Para Augusto IIº la situación era extremadamente difícil, ya que él mismo era un apóstata evangélico, un renegado que se había hecho católico para ocupar el trono. Polonia había sido devastada por los evangelistas, de modo que todas las religiones, excepto la católica, habían caido en el desprestigio. La Compañía de Jesús comprendió la situación y sacó provecho de ella, convirtiéndose en el mayor poder espiritual. En la Dieta de Grodno se advirtió sobre una contrarreforma católica, puesto que, según un artículo de los disidentes todas las iglesias evangélicas levantadas en los últimos 85 años podían derruirse.

Simultáneamente la coronación de la Madre de Dios -¿Puede tener madre Dios? ¿No sería El Cristo el que tuvo madre? Problemas de las confusiones de personas, que llegó a formar el lío, en España, que ha dado origen a la frase “se formó la de Dios es Cristo”, en lugar de Cristo es Dios- de Czestochowa aupaba el fanatismo religioso y el prestigio católicos. El príncipe Eugenio de Saboya conquistó Belgrado a los otomanos. Estos, agotados por tan continuadas guerras, cambiaron a una visión distinta de la vida. Es lo que se ha dado en llamar “periodo de los tulipanes”, en el que, igual que en otros países europeos, a los turcos les dio por cultivar tulipanes y dedicarse a realizar selecciones e hibridaciones para conseguir flores de colores raros. Pero lo importante es el nuevo desarrollo intelectual y cultural otomano, bajo una perspectiva europeista. Esta fue intensificada por la preeminencia de los aristocráticos griegos fanariotes, y llegó a afectar a las formas políticas y diplomáticas, implicando al imperio otomano en las complejas relaciones interestatales europeas. Ajmet IIIº llevó agua a Estambul desde el extremo Norte del Cuerno de Oro, creó cinco bibliotecas y mandó construir una fábrica de porcelana, que elevaría aún más el nivel técnico y artístico de la misma, siguiendo, como hacían los persas, la imitación del tan perfeccionado y demandado modelo chino. Los zungares invadieron y saquearon el Tibet. Para entonces la Compañía de Indias Orientales británica sólo contaba con tres factorías comerciales en la India: Bombay, Madrás y Fort Williams, cerca de Calcuta. Sin embargo, a semejanza con lo que hacía con el Decán y los maratta, el emperador mo-gol les confió la recaudación de impuestos, si bien limitada a unas pocas aldeas, que, en los primeros años, sólo supusieron unas 1.200 rupias.

Se crearon los virreinatos de Panamá y Nueva Granada, que comprendía Colombia, Ecuador y Venezuela (“Pequeña Venecia”, como se llamó al lago Maracaibo y a los muchos ríos navegables de la zona) anteriormente dependiente de Lima y, en parte, de Santo Domingo. La realidad se impuso y se autorizó el tráfico entre las colonias, aunque sólo entre algunos puertos privilegiados, bien resguardados por fortificaciones, en régimen de monopolio, y bajo el control de los consulados de Veracruz y Lima. Sin embargo, Buenos Aires seguía restringida a transportar sus mercancías por ruta terrestre a Lima. En parte la idea era conjuntar el tráfico mediante el sistema de Flotas, que permitían su mejor defensa, y, en la medida de lo posible, alejar las rutas marítimas del Caribe y, en términos generales, del Atlántico, infestado de piratas británicos. Pero también con una perspectiva de control y monopolio comercial y estatal. Gran Bretaña no podía consentir la recuperación del poder español, especialmente el marítimo, por lo que, en 1.718, sin previa declaración de guerra, una escuadra inglesa aniquiló a la española en el cabo Passaro, en Sicilia, al encontrarla dispersa y romper sus líneas en dos. Esta táctica de romper en dos las Flotas enemigas, la misma que utilizó la Santa Alianza, capitaneada por España, en la Batalla de Lepanto, seguiría repitiéndose por  los británicos contra los españoles durante casi un siglo. Aquellos contaban con un 40% más de cañones, y consiguieron hundir dos buques y capturar a otros 11, la mitad de los artillados hispánicos en aquella batalla, entre los que aún se encontraban galeras, sin contar los buques menores y de provisiones, todos en mal estado. A continuación organizaron la Cuádruple Alianza, junto con el emperador alemán y Francia, contra España. También colaboró Holanda, aunque no firmase ningún acuerdo: es lógico, porque le perjudicaba tanto el predominio español como el británico, algo que Francia y Austria no comprendían. Lo cierto es que España se vio obligada a devolver Cerdeña (llamada Sardinia o Sardina en otros idiomas, por lo que sus habitantes se denominan sardos) a Austria, aunque ésta la cambió por Sicilia. Con ello Austria restableció su poder en Italia, mermado por la ofensiva española. Tras los triunfos del príncipe Eugenio de Saboya sobre los turcos se llegó a la Paz de Passarowitz, por la que Austria alcanzó su máxima extensión, agregando el banato de Temesvar, la pequeña Valaquia y el borde septentrional de Servia. No volvería a conquistar más territorios a Turquía. Venecia debió renunciar definitivamente al Peloponeso.

Acosando la fortaleza noruega de Frederikshald, expuesto al fuego enemigo mientras alentaba a sus tropas, murió Carlos XIIº. Sin embargo, de inmediato se extendió el rumor de que había sido asesinado por el disparo de uno de los suyos, que, realmente, estaban exhaustos de guerras. Para sucederle, ya que sus derechos eran discutibles, su hermana Ulrica Eleonora tuvo que renunciar al absolutismo. Alejo, tal vez instigado por su madre, la despechada primera esposa de Pedro “El Grande”, se vio envuelto en conjuras contra el zar. Este permitió que su hijo fuese capturado y atormentado hasta la muerte, quizás para obtener el nombre de los conspiradores, como venganza hacia su anterior esposa, porque se suponía homosexual o para desincentivar, terroristamente, ninguna otra conjura u oposición a su segunda esposa o los hijos que tuvo con ésta como futuros herederos. El zar envió al italiano Beneveni para explorar las posibilidades de conseguir una ruta terrestre hacia la India, pero el informe de éste fue negativo, desmintiendo la fabulación de riquezas minerales de los janatos, y advirtió sobre su inestabilidad política. Terminó la invasión y el saqueo del Tibet por los zungares. La fundación de los fuertes Charles, San Luís y Nueva Orleáns consolidaba el dominio de la Luisiana, estableciendo una ruta comercial y estratégica desde Canadá hasta las posesiones francesas en Santo Domingo, Haití, Guadalupe y Martinica, con lo que rompía el dogal de la Hudson Bay Company y cortaba el expansionismo de las colonias americanas británicas, lo que hacía cada vez más inevitable el estallido de una guerra de grandes proporciones. Tratando de enfocar la política del equilibrio de poderes, en la que todos parecían coincidir, en su favor, el emperador alemán constituyó, en Viena, en 1.719, la alianza con el rey de Polonia, Augusto “El Fuerte”, para oponerse al expansionismo de Prusia y Rusia, objetivo que se demostró excesivo.

Que la casa de Hanover estaba más interesada en su “verdadera” patria que en sus dominios británicos se puso en evidencia durante la Guerra del Norte, en la que Gran Bretaña forzó a Suecia a entregar Bremen y Verden a Hannover, en lugar de garantizar las provincias bálticas a los suecos, para impedir el peligroso progreso comercial ruso. No obstante, Stanhope reorientó la diplomacia ayudando a Suecia, y colaborando militarmente en el continente, a fin de aislar a Rusia. El éxito del plan de Walpole para el saneamiento económico, superando la difícil situación creada por la quiebra de la Compañía de los Mares del Sur, le llevó de nuevo al poder, haciéndose con el dominio de los whigs, y, con ello, del Parlamento, convirtiéndose en el primer Premier de Inglaterra. España aprovechó la conflictiva situación europea y el pacifismo del nuevo Gobierno británico para reconquistar, no sólo Cerdeña, sino también Sicilia. La política del equilibrio de poder suponía guerras constantes. Para tratar de evitarlas se intentó estimular la actividad diplomática, mediante amenazas por parte de cada alianza constituida. Como los Estados con pretensiones hegemónicas no podían ceder a éstas, el resultado era, incluso, anticipar las guerras. La alternativa era una diplomacia negociadora, a la que, al final, había que llegar tras haber sufrido guerras consecutivas: es lo que se llamó “el concierto (la concertación o consenso) de las naciones”. Carlos VIº de Austria, fundó la Compañía de Oriente, en Trieste. Se descubrió el yacimiento arqueológico de Herculano, en las laderas del Vesubio, villa romana opulenta similar a la cercana Pompeya, en Nápoles. Produjo una conmoción similar a la de los descubrimientos romanos que propiciaron el primer Renacimiento en Italia. Su rey, el futuro Carlos IIº de España, incentivaría las excavaciones de ambas, lo que debió influir en sus gustos artísticos, monumental y de mecenazgo sobre todo ello. Augusto “El Fuerte” comprendió hasta qué punto tenía al enemigo en casa en forma de tropas rusas. El hundimiento de Suecia dejaba a Pedro Iº sin rival posible en el Este europeo. Así se había consolidado en Mecklenburg, cerca de Polonia, y planeaba invadir territorio sueco. Inglaterra envió ayuda militar a Suecia, mientras Austria, consciente de su incapacidad militar, intentaba la diplomacia. De modo que firmó en Viena un pacto con Polonia, concertando el matrimonio del príncipe elector de Sajonia con una hija de José Iº.

Comprendiendo lo comprometido de la situación, el hábil Pedro Iº se retiró de Mecklenburg y, parcialmente, de Polonia. Farruj-siiar también fue asesinado por los dos hermanos Sayyid, así como los tres sustitutos que pusieron en su cargo. Hasta que Mujmad chaj hizo lo que éstos querían: que dejara en sus manos el poder real mo-gol. Carolina del Sur fue declarada colonia de la corona inglesa. En 1.720 Suecia firmó la paz con Prusia, que se adueñó de Pomerania Anterior hasta Peene, además de otras ciudades e islas. Dinamarca se quedó con el resto de Pomerania Anterior, las posesiones de Holstein-Gottorp en Schleswig y los beneficios aduaneros sobre el Sund, entre otras posesiones. Quizás para conseguir más apoyo frente a la aristocracia, en la Dieta sueca se nombraron representantes, además de la nobleza, el clero, y la burguesía, de campesinos, lo que supone algo realmente insólito. Ulrica Eleonora cedió el trono sueco, eligiendo la Dieta para sucederla a su esposo, Federico Iº de Hessen-Kassel, que debió aceptar determinadas limitaciones. De esta forma se implantó en Suecia una Constitución que podría considerarse “liberal”, contrapuesta al absolutismo imperante por doquier.  Por el Tratado de Postdam, Prusia y Rusia acordaron mantener la situación oligárquica en Polonia, incluido el derecho de veto, que impedía reformas políticas. Mediante dicho derecho de veto aristocrático Rusia consiguió que Polonia abandonase la Alianza de Viena, acordada en su contra. Federico Iº, que no veía interés en la aventura africana, tal vez porque le asquease la trata de esclavos, cedió a Holanda todas las posesiones prusianas en dicho Continente. La política expansionista manchú buscaba la anexión de zonas despobladas en la parte aún no conquistada de China, Mongolia o Manchuria, para que sirviesen de zona de seguridad frente a ataques procedentes de Asia Central.

Además sus victorias daban prestigio y poder económico -al imponer tributos a los avasallados- a la dinastía manchú, que aún era considerada extranjera. En cambio no tenían gran interés por su importancia económica, como zonas de cultivo o colonización o para el comercio exterior. Algunos historiadores también consideran que, comprendiendo la estrategia de Rusia y Gran Bretaña de apoderarse de Asia, pretendían tomar su parte en el reparto, y hacerse poderosos, tomar posiciones, frente a ello. En realidad el imperio manchú vivía muy de espaldas al mundo, se consideraba por completo autosuficiente y se creía inexpugnable e invencible. Por una u otra razón, K’sang-jsi envió un cuerpo expedicionario al Tibet, eliminó a los zungares y dejó una guarnición en Lasa. Bayi Rao fue el segundo Primer Ministro o Pechua maratta, cuyo ámbito territorial conseguiría extender. Pedro de Villasur inició una expedición desde Santa Fe a Nebraska, siguiendo un sendero indio. Fue atacado por los pauni, que acabaron con los 34 miembros de la expedición. Sólo dejaron vivo a un monje para que sirviese de advertencia a la colonia de Nueva España. Efectivamente el imperio español no volvió a adentrarse más al Norte en el futuro. En 1.721, por la Paz de Nystad, se concluía la Guerra del Norte. Rusia consolidaba sus conquistas y su supremacía en el Báltico, en detrimento de Suecia. Esta, completamente agotada, aún conservó su territorio nacional, Finlandia, excepto Carelia, Pomerania occidental y la ciudad y alrededores de Wismar. No volvería a entrar en guerra durante 20 años. Dinamarca retuvo Noruega, Islandia, las islas Faroes, el ducado de Schleswig, los condados de Oldenburg y Delmenhorst, las posesiones en Groenlandia, las islas de Santo Tomás, San Juan y Santa Cruz, en el océano Indico, y la colonia de Guinea. No volvería a entrar en guerra durante 86 años. Al contrario que en Suecia, la diversidad de idiomas y culturas, con predominio administrativo y cultural alemán, suponían una evidente debilidad y motivo de desunión. Murió Stanhope, el anterior dirigente whig. Sir Robert Walpole fue nombrado Lord del Tesoro, dirigiendo el Gobierno con sólo el apoyo de los parlamentarios realistas, para lo que utilizó el patrocinio, y la corrupción, de un grupo de fieles colaboradores.

Augusto IIº persistía en su intento de implantar la monarquía absolutista y hereditaria en Polonia, mediante la cesión de parte del territorio polaco entre los países vecinos para que le prestaran ayuda. Es decir, el propio rey electo de Polonia comenzó la política de repartos de dicho país. Pedro Iº frustró tal intento al hacerlo público. Tras 21 años vacante, el Patriarcado de Moscú fue reemplazado por un Colegio Administrativo del Santo Sínodo. El zar, además, promulgó el “Reglamento espiritual”, por el que privaba a la Iglesia rusa de cualquier autonomía institucional y jerárquica y se nombraba un Senado eclesiástico. Para dejar mayor evidencia de su subordinación, todos los órganos eclesiales estaban controlados por el Procurador Superior, un funcionario laico. El episcopado sufrió coacciones para aceptarlo. El significativo poder alcanzado por el zar se expresó en el cambio de su titulación, que pasó a ser la de emperador de todas las Rusias. Con ello no sólo trataba de evidenciar la vastedad de sus dominios, su extensión plurinacional, sino que comportaba una reclamación a la herencia, no sólo del Imperio Romano de Oriente, sino incluso del decadente, casi desaparecido, Sacro Imperio Germano Romano, que se consideró continuador del de Occidente. Es decir, una pretensión de nuevo imperio “universal”. Aunque en los antiguos dominios tártaros de Kasán, Astraján y Siberia lo siguieron denominando zar. Fue en el Báltico, en las nuevas provincias conquistadas, y en los Tratados con Prusia, Holanda y Suecia donde las circunstancias políticas obligaron a reconocer el nuevo título. Se produjo una rebelión en Taiwán, que fue terriblemente reprimida por los machúes.

Por fin se permitió al puerto de la Ciudad de Nuestra Señora La Virgen de los Buenos Aires (Patrona de los mareantes) que, ciertamente, tenía la dificultad de peligrosos bajíos, en los que se perderían muchas naves en el futuro, la arribada de mercancías por valor de 700.000 pesos, procedentes de otras colonias españolas. El clérigo noruego Hans Egede comenzó la colonización permanente danesa en Groenlandia. En 1.722, los afganos, que se habían hecho independientes bajo Mir Uais, invadieron Persia, al mando de Majmud, sucesor del anterior, conquistaron Esfajan y acabaron con el safaví Jusaín Iº y todo su imperio. También murió Sunderland, con lo que Walpole se quedó sin rivales. A partir de entonces se centró, siguiendo la anterior política, en minar el poder torie, que aún era sólido en los municipios ingleses. Se basó para ello en el intrigante duque de Newcastle, que se dedicó a redistribuir los cargos, especialmente los municipales, tras las vacantes por muertes. Establecida la paz (en realidad nunca fue total) con los turcos por el Tratado de Passarowitz, Eugenio de Saboya se quedó vacante, por lo que Carlos VIº de Austria lo nombró Gobernador General de los Países Bajos (quizás también intentaba alejarlo del poder, dado su inmenso prestigio popular) cuya recuperación económica intentó. También fundó la Compañía Imperial de Ostende, con intención de participar en el comercio indiano. Obsérvese cómo casi todas las potencias entraban en la competencia comercial internacional mediante la entrada de participación de capitales burgueses. Sólo los imperios ibéricos continuaban con estructuras ya anacrónicas.

España, contrariada por la adjudicación a Gran Bretaña de Gibraltar en el Tratado de Utrecht, y por el exceso de aquella en la aplicación del “asiento”, dio las máximas ventajas a la Compañía de Ostende, quizás con el fin de que Austria la apoyase a acabar con el contrabando inglés. Vana pretensión, ya que la Flota austríaca carecía de envergadura suficiente para enfrentar, ni siquiera en unión de la española, a tal enemigo. Ni tan siquiera para asegurar el éxito comercial de la Compañía de Ostende ni la de la Sociedad Comercial de Oriente, a pesar de las ventajosas condiciones mercantiles de la Paz de Passarowitz respecto de los turcos, ni para dar protección a su escasa Flota mercante. Con lo que no fueron de utilidad para disminuir la acuciante situación económica austríaca. Pedro “El Grande” estableció la lista de categorías, que dividía a Rusia en cortesanos, militares y civiles, cada una estructurada en 14 rangos, de los cuales los 8 primeros, los más importantes, se reservaban a la aristocracia con carácter hereditario. Para formar parte de la lista, de la que dependía toda la consideración social, se tenía que haber servido al Estado. Cualquier persona, por humilde que fuese, podía hacerlo, y progresar en su carrera, hasta llegar a adquirir títulos de nobleza en relación a sus elevados cargos. Esto supuso un espíritu continuista, reglamentista, cerrado, de sumisión al zar, que elevó el poder de éste y de la aristocracia, simultáneamente, concediendo estabilidad al país, pero que también impidió la iniciativa privada, la autonomía personal, y el desarrollo de una clase burguesa, con sus consecuencias para el progreso económico, político y social del país. En definitiva, pospuso una evolución, una revolución, que, cuando se produjese, debía ser terrible. El desmoronamiento del imperio safaví fue percibido por sus vecinos, que aprovecharon la ocasión para invadir Persia. Pedro “El Grande” conquistó Daguestán y Azerbaiyán, hasta Bakú.

Tras sesenta años de reinado, murió K’ang-jsi, dejando el imperio chino en la máxima extensión y poder económico de su milenaria historia. Disfrutaba de un gran respeto por parte de las potencias europeas, especialmente de Francia, en base a su “absolutismo ilustrado” y sus progresos científicos, sobre todo en economía, aunque partían de informaciones idealizadas y exageradas. Dado el reimpuesto confucianismo ortodoxo, China no obtuvo ningún nuevo avance intelectual, aunque sus ciencias y artes continuaban a un elevado nivel, pero, más que nada, el inmenso imperio gozó de una administración estable y relativamente poco corrupta, que mantuvo la unidad interior y la prosperidad económica. Los manchúes tan sólo eran un 2 % de la población, pero su sistema de la doble provisión, un manchú y un chino, en todos los cargos, en la administración y el Gobierno, dio una asombrosa credibilidad y confianza en el sistema, que se apoyó en la neutralidad o simpatía de la baja aristocracia colaboradora, a la que se le respetaron sus propiedades e impulsó a hacer carrera funcionarial. Además redujeron los impuestos, lo que supuso un considerable alivio tanto para los terratenientes como para los campesinos. No menos importante fue mantener guarniciones, manchúes, mongoles y chinas, en todos los puntos estratégicos. La Compañía Holandesa llevaba 9 años repartiendo dividendos del 36%, de media. En 1.723 fue coronado emperador manchú Yung-cheng, hijo del anterior, que consolidó su dominio. Proclive al buddismo, promulgó edictos contrarios a los cristianos. Murió Felipe de Orleáns, sustituyéndole en su regencia el duque Luis Enrique de Borbón. Luis XVº, entonces con 13 años de edad, estaba comprometido con la española Infanta María. El rey estaba enfermo, y, según el Tratado de Utrecht, si moría sin descendencia, la corona pasaría a los Orleáns, los rivales de los duques de Bourbon.

La Infanta española tenía 9 años, por lo que no era solución al problema que se presentaba para la familia del regente. Su celo por obtener partidas cada vez más elevadas de impuestos, llevaba al Directorio Superior de Finanzas y al Comisariado General de la Guerra a continua rivalidad, por lo que Federico Guillermo Iº los fundió en un único Directorio General. Con  ello se produjo la confusión de la administración civil y militar, que hicieron de Prusia un Estado auténticamente militarista. Se promulgaron los estatutos de la Dieta sueca. La debilidad demostrada por Persia frente a Rusia, así en como evitar que ésta continuase su peligrosa expansión hacia el Sur, llevaron al pacífico y dubitativo Ajmet IIIº a una campaña que duraría diez años. Más de lo que le quedaba de vida. En ella se conquistaría el resto del Azerbaiyán que habían dejado los rusos y el occidente iraní. Achraf, sucesor de Majmud, al mando de los afganos, y Tajmasp, hijo del chaj Jusaín, de los iraníes, ofrecieron una ineficaz resistencia. Se suprimió el virreinato de Nueva Granada. En 1.724 se celebró el congreso de Cambrai, siguiendo la política del “concierto europeo”, con la finalidad de impedir la entrada de Austria en el comercio americano. Como no dio resultado se volvió a la política de alianzas. El matrimonio de Felipe Vº con la intrigante Isabel Farnesio no le había mejorado de sus depresiones. Quizás incluso había empeorado. Así que decidió abdicar en su hijo mayor, Luis Iº, habido con la fallecida María Luisa de Saboya. Con ello España se alejaba de las maquinaciones de Isabel Farnesio y entraba en una senda de tranquilidad. Sin embargo a los siete meses el rey enfermó y murió ¿Envenenado? Y su padre, en condiciones aún más depresivas, debió recuperar la corona, tal vez por instigación de su esposa. Rusia amplió el respaldo al Tratado de Postdam, implicando a Suecia en el mantenimiento de los derechos aristocráticos en Polonia.

En ésta los enfrentamientos religiosos se habían agravado, llegando los protestantes a destruir un colegio jesuita. Para reprimir tales hechos se creó el Tribunal de Sangre de Torún, que vengó lo sucedido con penas de muerte, confiscación de iglesias, y prohibición a los protestantes de actuar en política, todo lo cual contravenía el Tratado de Oliva. Suecia y Rusia firmaron un pacto. Los turaníes, dirigidos por Nisam-ul-Mulk, desplazaron del poder a los hermanos Saiid en el imperio mo-gol. Este reintrodujo los impuestos personales y anuló los pactos firmados con los maratta y los rachput, que beneficiaban a dichas etnias. Acabó haciéndose Gobernador del Decán, que independizaría convirtiéndola en Jaidebarad. Con todo ello la India quedaba mucho más dividida y enfrentada entre sí, facilitando la toma de control por los británicos. En 1.725, Luis Enrique, duque de Bourbon, atendiendo a sus intereses y rivalidades familiares, rompió el compromiso de Luis XVº con la Infanta española. La única princesa de edad semejante al monarca que encontró disponible fue María Leszczynska, hija del pretendiente al trono polaco. Era un matrimonio con pocas ventajas, ya que suponía el desprecio a España, que, unido a la traición a las esperanzas que la unión dinástica con Francia había suscitado, al sumarse ésta a la Cuádruple Alianza de siete años antes, reaccionó del modo que más pudiese dañar y atemorizar a los franceses: comprometiendo al heredero español con María Teresa Habsburg, heredera al trono austríaco, mediante el Pacto de Viena, lo que parecía inconcebible dada la conquista de España de Cerdeña y Sicilia, sólo seis años antes. La Guerra de Sucesión española iba a tener continuidad directa en la sucesión austríaca. El Pacto de Viena había sido obra maestra del aventurero belga duque de Ripperdá, nuevo favorito de Isabel Farnesio y Primer Ministro de España, al perder ésta su confianza en Alberoni.

Como el estrechamiento de relaciones entre Austria y el imperio español afectaba al comercio británico, la diplomacia inglesa reaccionó acercándose a Francia y a Prusia, lo cual era una coalición terrible. Tanto que Rusia, disgustada por la irrupción comercial inglesa en el Báltico, se sintió amenazada, aliándose con Austria, junto con Polonia, a la que forzó a ello. Ahora la situación variaba, y Prusia, siempre acomodaticia, consideró conveniente cambiar de bando. Entonces los que se vieron amenazados fueron los países escandinavos, que optaron por el lado inglés. Ante la explosiva situación, Austria trató de apaciguar a Gran Bretaña. España, incomprensiblemente, en tan breve plazo, reajustó sus relaciones con Francia, con cuya alianza, aprovechándose de las guerras de sucesión de Polonia y Austria, obtendría los reinos de Nápoles-Sicilia y Parma-Piacenza, en detrimento de Austria, que, además, se veía amenazada por la política expansionista italiana del ducado de Saboya. Los rivales de Walpole, a los que se les excluyó de responsabilidades gubernativas, por lo que se les denominó outs, se organizaron y reunieron por separado, comenzando la subdivisión tradicional de la Cámara de los Comunes. Carlos Federico, duque de Holstein-Gottorp y sobrino de Carlos XIIº de Suecia, se casó con Ana, la hija del zar. Organizó un Partido palaciego en Rusia que apoyase su pretensión al trono sueco. A Dinamarca también le pareció un peligro tal expansión de la influencia rusa. Suecia negoció una alianza defensiva con el zar, pero las pretensiones de éste y del Partido holsteniano lo hicieron imposible. Así que Suecia y Dinamarca cambiaron su política exterior. Pedro Iº enfermó. Comprendiendo que la situación era irremediable, Menchikov, uno de sus directos colaboradores, estuvo influenciando para que se aceptase a Catalina, su segunda esposa, como emperatriz.

Cuando murió el zar, incomprensiblemente sin designar sucesor, Menchikov se hizo con el Regimiento de la Guardia y con el apoyo del Partido cortesano de Holstein-Gottorp, el aspirante a la corona sueca, de modo que una asamblea de dignatarios reconoció a Catalina como sucesora al trono de Rusia, vacante desde la noche anterior. El Senado se resistió a ratificar a una mujer como emperatriz, pero la movilización de la guardia de palacio terminó por convencerlo. No obstante la posición de Catalina Iª era inestable, por lo que se vio obligada, en una asamblea posterior, a designar sucesor al trono a un nieto de Pedro Iº y su primera esposa, así como a aceptar la creación del Verchovnyi Tainyi Soviet (Consejo Superior Secreto) del que formaron parte Menchikov y Ostermann, y que iría arrebatando poderes al Senado. Ostermann proseguiría la política exterior de Pedro Iº. Los fulbé, un pueblo nómada similar a los tuareg, fundaron varios reinos en la zona del Sudán. Tras hacerse mahometanos los de Futa Dyalon nombraron rey a Karamoko Alfa. En 1.726, el Cardenal André Hercule De Fleury derribó al duque de Borbón, convirtiéndose en Primer Ministro de Francia. Su principal objetivo fue evitar las guerras, que tanto daño habían hecho al país. Sin embargo no se abstuvo de participar en la de Sucesión de Polonia, si bien con una mínima intervención militar consiguió sus objetivos políticos. Mientras Austria lograba más y más poder, alcanzando su máxima extensión territorial, aunque por países dispersos, algunos de ellos incomunicados y distantes, imponiendo su voluntad a los Estados del imperio, Carlos VIº no supo contener la decadencia del conjunto. La existencia y creciente poder de Prusia suponía un contrapunto al poder austríaco. Las sucesivas uniones dinásticas de Holanda y Hannover con Inglaterra, y de Sajonia con Polonia, durante el tiempo que duraron, contribuyeron a diluir la preeminencia austríaca.

Por si fuese poco, su economía se acercaba peligrosamente a la ruina, a pesar de su expansionismo por los Balcanes, logrados gracias a los anteriores triunfos del príncipe Eugenio de Saboya que incluían el Banato y Belgrado. Murió el rey Maximiliano IIº Enmanuel de Baviera, tras haber hecho de su reino una potencia destacable, convirtiéndose en rival del emperador y contribuyendo a la pérdida del predominio austríaco. Le sucedió Carlos VIIº Alberto. Catalina Iª implicó a Austria en la garantía de los derechos aristocráticos en Polonia y en la de las fronteras mutuas, lo que significaba que se vería envuelta en caso de ataque turco a Rusia. La población japonesa había aumentado un 50% en siglo y cuarto, para estancarse después. El 80% de la ella era campesina. Aunque siempre había habido familias campesinas ricas, y de ellas surgieron bastantes familias samurai, no sólo subió el nivel de vida rural, sino el número de familias ricas y la diferencia entre unas y otras, dentro de la misma comunidad, lo que acabaría fomentando la discordia. La productividad agraria, y, con ella, la producción de arroz, se había duplicado, debido a la explotación de nuevas tierras, la mejora de la irrigación, mediante canales y terrazas y la regulación de los ríos construyendo presas, así como el creciente empleo de herramientas y útiles de hierro, de animales de tiro, de abono natural, las mejoras en las semillas y el aumento de la mano de obra, consecuencia del largo periodo de paz. Entre la mitad y los dos tercios de la producción correspondía a los terratenientes. La mayoría de ellos se dedicaba, al menos en parte, a los cultivos industriales o industrializables, como el algodón, el té, el cáñamo, el añil, la soja, especialmente destinada a las salsas, pero también a las industrias del cuero, la sal o el papel. Todo ello, así como el crecimiento poblacional, podría explicar las carestías alimentarias. Y, con ello, del enriquecimiento de unos, mientras que la mayoría de los labriegos apenas superaba el nivel de subsistencia.

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