1.793: Luis XVIº, guillotinado

A Guillermo IIIº le sucedió su hijo, Guillermo IVº, menor de edad, por lo que se nombró una regencia. Rusia había proseguido victoriosamente, en solitario, la guerra contra el imperio otomano. La situación de enfrentamiento europeo que se vaticinaba permitió a éstos firmar la Paz de Iassy, capital de Moldavia, en la actual Rumania, tras 41 años de guerras casi continuas, contra uno u otro adversario. La situación era muy diferente a la de 109 años antes, cuando los turcos sitiaban Viena. Catalina IIª había conseguido llevar sus fronteras desde el Bug al Dniéster. Prusia, aliada de Turquía, no osó enfrentarse a Rusia, pero movilizó sus tropas contra la débil Austria, debiendo intervenir Gran Bretaña para evitar el enfrentamiento, dada la situación de guerra contra Francia. Murió Mulay Mojammed de Marruecos. Ranyit Singj, de 12 años de edad, tomó el mando de los sikj en el Panyab. Formó un ejército disciplinado, utilizando los servicios de los Generales Ventura, italiano, para la infantería, Allard, francés, para la caballería, y Court y Gardner para la artillería. Con ello sometió al resto de las tribus. El Teniente Laxman, al mando de una expedición rusa, fondeó en Nemuro, en la poco poblada, sólo en el Sur, isla de Joakaido, en el límite del imperio japonés. Por encargo de Catalina IIª nuevamente intentaban establecer relaciones comerciales. Pero sólo obtuvieron permiso para hacer escala en Nagasaki, donde permanecían los holandeses. Haciendo uso de la Ordenanza del Noroeste, interpretada según las nuevas disposiciones de la Constitución federal, Kentucky fue aceptado como el 15º Estado de la Unión, tras haberse integrado, un año antes, Vermont, Les Monts Verts, como lo llamó el explorador Champlain. En 1.793, el héroe nacional polaco Tadeus Kosciusko encabezó la insurrección. Rusia y Prusia, dirigidas por Suvarov, se encargaron de reprimirla. Kosciusko fue encarcelado, y el rey, abandonado por Rusia, que ahora apoyaba a sus enemigos, abdicó. Pero, con ello, las potencias que habían acudido a “reponer el orden” no se dieron por satisfechas, retrocediendo hasta las fronteras acordadas, sino que se quedaron adonde habían llegado. Rusia se quedó con Polonia oriental y Curlandia, hasta el Bug y el Niemen, afluentes del Vístula, hasta el que Prusia llevó sus fronteras. Prusia llevó sus fronteras hasta el Vístula, el Bug y el Nieven, incluyendo Varsovia y parte de Cracovia.

Austria también reclamó “su parte”, recibiendo Galitzia occidental, incluyendo parte de Cracovia, Lublin, Radom, etc.. Finalmente Austria también reclamó “su parte”, recibiendo Galitzia occidental, que incluía parte de Cracovia, Lublin, Radom, etc.. En lo que se conoce como tercer reparto de Polonia dicho país desapareció de los mapas. Prusia se quedaría con Varsovia y Rusia llevaría sus fronteras hasta Brest-Litowsky, la misma posición que Stalin acordaría con Hitler. Esto es lo que consiguieron quienes se negaban a perder sus privilegios, a compartir el poder: perder todo su poder. Aunque pudieron conservar sus posesiones. Y también lo que ocurre cuando se intentan experimentos de “revolución desde arriba”, sin contar con una clase social que lo apoye, querer adelantarse a los tiempos, a las situaciones sociales. Luis XVIº fue llevado a juicio como traidor a la Patria, ya que se le encontraron unas cartas que demostraban que había mantenido contactos con los mismos aristócratas huidos que presionaron para que Prusia y Austria (recordemos que sus suegros eran reyes de dicho país) invadieran Francia. A Robespierre le costó trabajo conseguir los votos suficientes para ello y para su condena. Fue determinante la posición del primo del rey, Luis Felipe, Duque de Montpensier y de Orleáns, que, al desaparecer los títulos nobiliarios, había adoptado el nombre de Felipe Igualdad, y que, a la muerte del rey, del Delfín y de los hermanos del rey, se convertiría en el principal heredero, aunque él mismo también sería guillotinado al año siguiente. A partir del suyo los demás votos fueron nítidos en contra del depuesto rey. El 21 de enero fue ejecutada la sentencia en la guillotina. El nombre por el que conocemos dicho aparato deriva del cirujano Guillotin, diputado de la Asamblea Nacional, que propuso que se utilizara, como ya se hacía en algunos Estados alemanes, los Reinos Pontificios y Gran Bretaña, entre 3 y 5 siglos antes, por considerarlo un método más rápido y humanitario. Con ello los revolucionarios se quedaban sin su rehén. De inmediato Gran Bretaña, que había permanecido en la sombra, sin demostrar su posicionamiento, Holanda, el Imperio Alemán, España, Cerdeña y Nápoles formaron una segunda coalición e invadieron Francia. Ante estos hechos los “montañeses” desbancaron a los girondinos en la Convención.

Se impuso el servicio militar forzoso para todos los ciudadanos, y la obligación de obreros y artesanos de atender preferentemente las exigencias del ejército. Napoleón posiblemente no tenía mucha vocación de artillero, por lo que se tomó dos años de licencia. La revolución le cogió en Córcega, poniéndose de inmediato del lado de ella, por lo que se le nombró Comandante segundo de la Guardia Nacional de Voluntarios en la isla, a las órdenes de Jean-Baptiste Bernardotte, futuro Mariscal de Campo, concuñado suyo, tras casarse con la que había sido novia de Napoleón, Desideria (Désirée o “Deseada”) Clary, y rey de Suecia. Carlos IVº, ansioso por vengar la muerte del rey de Francia, pedía a sus Ministros la participación en la coalición reaccionaria. Ni Floridablanca ni Aranda accedieron a ello, pues los hechos demostraban la capacidad de resistencia de los revolucionarios. Así que los reyes nombraron Primer Secretario de Estado, Ministro Universal (Presidente del Gobierno) y Mariscal de Campo a Manuel Godoy, que, junto con su hermano, habían sido miembros de la Guardia de Corps, con cuya facilidad llegaron a ser amantes de las Infantas y de la reina. Siguiendo el deseo real, firmó el antinatural, aunque antifrancés, contrarrevolucionario, Convenio de Alianza con Gran Bretaña, en agradecimiento por lo cual (ante las negativas de los inteligentes Ministros anteriores de Carlos IIIº, a los que Carlos IVº odiaba por haberle desobedecido, así como a los partidos que les apoyaban) recibió el ducado de Alcudia con Grandeza de España de Primera Clase, fue nombrado Superintendente General de Correos y Caminos, Capitán General, Regidor Perpetuo de Santiago de Compostela, Caballero del Toisón de Oro, Gran Cruz de Carlos IIIº, gentilhombre de cámara en ejercicio y secretario privado de la reina, todo ello con las rentas que les eran accesorias. Napoleón, con la ayuda de un compañero de armas consiguió que se le nombrase Comandante de artillería en el sitío de la fortaleza de Tolón, donde los monárquicos se habían amotinado contra el terror jacobino y permitido el desembarco de tropas angloespañolas. Napoleón dirigió sus cañones con tal maestría, determinación, resistencia, tenacidad, capacidad de trabajo, esfuerzo y valor, soportando con frialdad el fuego enemigo, dándo órdenes a unos y otros y forzándoles a recuperar el muelle sucesivamente, así como asaltar la fortaleza, tomada por los enemigos, que se convirtió en el principal artífice del triunfo.

Este hecho, tanto como ser miembro del partido jacobino, le valieron su designación como el más joven General de Brigada de la revolución francesa. El reclutamiento en masa de tropas, y las insurrecciones y resistencias provocadas por los monárquicos y los sacerdotes que se negaban a jurar la Constitución, produjeron una gran agitación interior. Para controlar este estado de cosas, la Convención nombró diversos comités (del latín “enviado”, “comitiva”, “comisionado”, “encomendado”, la misma raiz que las palabras “conde” o “Comendador”) con amplias atribuciones y poder centralizado, dando marcha atrás a las anteriores medidas descentralizadoras. El principal fue el Comité de Salvación (Salud o Sanidad, traducen otros, utilizando una inadecuada literalidad) Pública, encargado de la “coordinación” interior y vigilar las depuraciones, que presidió Robespierre. Su obsesión era demostrar que no había ninguna diferencia de clase social, que todos iban a ser tratados en función de la unidad de la nación, la justicia y la virtud, a su criterio. Fijó precios máximos para todos los artículos y reguló las subidas de sueldos, prohibió todas las huelgas y todas las asociaciones. Todo París se reconvirtió a la industria de guerra, trabajando para el Estado. Una tecnocracia se adueñó de todo, dirigiendo la producción, el transporte, los abastecimientos, la distribución del trabajo, la movilización de tropas, la confección de uniformes, etc.. Toda una maquinaria militar incoherente con los deseos de derechos y libertades de ilustrados, enciclopedistas, liberales y revolucionarios de la primera época, cuando parecía que todo ello se había alcanzado. Pero lo cierto es que era la reacción necesaria a los avatares existentes. Sin tales medidas la revolución no habría podido sobrevivir, pasar a la Historia. Siempre es ésa la consecuencia del ataque a las revoluciones, si es que no consiguen derrotarlas directamente: así logran “demostrar lo malas que son”. A partir del 4 de diciembre la Convención instauró un régimen de terror. La simple sospecha bastaba para llevar a los acusados ante el Comité de Salvación Pública, que, extralimitándose en sus funciones, los condenaba a muerte si no obtenía de ellos una nítida declaración favorable a los revolucionarios. Se trataba de un abuso de derecho comparable al que actualmente se utiliza para condenar judicialmente a los que no rechacen mediática y públicamente el terrorismo, aunque las consecuncias no sean tan drásticas, tan inhumanas.

Las ejecuciones de tales sentencias se hicieron innumerables, constituyendo un espectáculo público. El terror, pero también el nuevo ejército revolucionario, se iban imponiendo como instrumento de dominio ante cualquier insurrección o resistencia. Ante ello, Danton, compañero de Robespierre en la dirección de los jacobinos, consideró que se estaban cometiendo excesos, y que ya no era necesario continuar por dicha senda. Se le acusó de enemigo del pueblo y de la virtud y se le condenó a la guillotina. Se dice que, llevado a ella, entre los múltiples gritos e insultos que debían soportar los condenados, alguien hizo alusión a la libertad, por lo que quien había ideado el lema de “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, comentó: “¡Libertad, libertad: cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”.  A Felipe Igualdad no le interesaba la república, que acababa con sus posibilidades hereditarias, por lo que participó en una conjura contra ella, por la que fue condenado a muerte: de nada le valió el voto a favor del guillotinamiento de su primo. Iba a probar en sí mismo tal experiencia. Sin embargo su hijo sí sacaría provecho de ello. La radicalidad se extendió por todas partes. El Consejo Municipal de París abolió las religiones cristianas. Cuando se le argumentó que el pueblo llano necesitaba un dios en el que creer para sentirse seguro, impuso solemnemente el culto de la diosa Razón, en un pequeño templete que construyeron al efecto. Había en ello mucho de burla, de caricatura, de desprecio al sentimiento religioso, y de demostrar lo fácilmente que podía manipularse. Pero también de contrasentido entre la racionalidad y la religiosidad. Sin embargo el Comité de Salvación Pública seguía admitiendo la existencia de un Ser Supremo y la inmortalidad del alma, en lo que la influencia masónica parece determinante.

El calendario heredado de los romanos, deformado por el cristianismo, fue reemplazado por otro que comenzaba con la Revolución, y que cambiaba el nombre latino de los meses -Octubre o mes ocho, Noviembre o mes nueve, Diciembre o mes diez, Enero, Janeiro, January o Janvier, dedicado a Jano, el espíritu creador masculino, Febrero, dedicado a Febo o Apolo, Marzo, el mes en que se inauguraba el año (augurando victorias el Augusto, jefe de los augures, ante las tropas dispuestas para partir en el Monte Vaticano o de los vaticinios) la primavera, el deshielo y las campañas militares, a Marte, el dios de la guerra, etc.- por el de los fenómenos meteorológicos, cosechas o faenas agrícolas que se producían a lo largo del año: vendimiario, brumario, frimario (“escarchado”) nivoso, pluvioso, ventoso, germinal, floreal, pradial, mesidor (de la mies, de la cosecha) termidor (“caluroso”) y fructidor. Obsérvese que las terminaciones cambian según la estación o trimestre. Cada mes tenía 30 días, por lo que había que añadir 5 días (6 los años bisiestos, añadiendo un bis-sextus) que eran festivos, igual que el primitivo calendario romano, hasta que se modificó para evitar la inmoralidad y las borracheras, crónicas, saturnales o bacanales (dedicadas a Cronos, el dios del tiempo, semejante al Saturno romano, o a Baco, dios de la alegría y del vino) de tantas fiestas continuadas. Para los revolucionarios fueron Fiesta de la Virtud, Fiesta del Talento, Fiesta del Trabajo, Fiesta de la Opinión, Fiesta de las Recompensas y Fiesta de la Revolución. En vez de computar los días por semanas, siguiendo el calendario sumerio, se computaban por décadas: primidi, duodi, tridi, cuartidi, quintidi, sextidi, septidi, octidi, nonidi, década, teniendo en cuenta que los días de la semana en francés, menos el domingo, terminan en –di, posiblemente derivado del latín dies, que significa día, igual que en inglés todos los días de la semana terminan en –day. La propuesta del nuevo calendario, “racionalizado”, fue realizada con el concurso de varios matemáticos y astrónomos, entre ellos Laplace. Como sustitutivo a los nombres de santos o festividades religiosas para designar los días del mes, como era habitual en la época, se les otorgaron diversos nombres, que también sustituían a los numerales.

Por ejemplo, vendimiario, con el que empezaba el almanaque, conmemorando la proclamación de la Iª República Francesa en el Jeu de Paume, “Juego de la palma” (frontón de pelota vasca, gascona o valenciana, en el que se la golpea con la palma de la mano, antecedente de la pelota-paleta, cesta-punta y tenis, derivado del francés tenez! “tenga” o “ahí la lleva”, palabra que los ingleses leían como “tenís”) estaba formado por los nombres franceses de uva, azafrán, castaña, cólquida, caballo, balsamina, zanahoria, amaranto, chirivía, tinaja, patata, flor del papel, calabaza, reseda, asno, dondiego de noche, calabaza de otoño, alforfón, girasol, lagar, cáñamo, melocotón, nabo, amarilis, buey, berenjena, pimiento, tomate, cebada y barril, algo bastante irracional y dificultoso. Por si fuera poco los matemáticos también consiguieron que se cambiase el sistema numeral de base diez o decimal (de dígitos o digital, por el número de dedos) por el más “racional” duodecimal, que permitía realizar las más complicadas operaciones matemáticas (por ejemplo, la división) con suma facilidad, aunque suponía la locura para la mayor parte de la población, habituada al sistema decimal y analfabeta. Estas complicadas tonterías, además del guillotinamiento de héroes populares de la revolución, produjeron el desencanto en los ciudadanos. Las amenazas externas e internas llevaron a la economía a un régimen coercitivo, dictatorial, en el que el principal objetivo era el abastecimiento, por encima de todo. A la muerte de Timur, Afganistán debió ceder Jorasán (en persa, “Donde sale el sol”) a Irán, comenzando su declive y desintegración. El clan Mujammadsay se impuso en diversas partes. Los uzbekos se quedaron con el Norte. Los sucesores de Timur dejaron 44 hijos luchando por el trono, lo que acabó con el impero durraní. Sin embargo pronto los británicos iban a comprender que tal debilitamiento no suponía unas fronteras más seguras, sino, por el contrario, la amenaza de la influencia rusa sobre Persia. Los sikjs conquistaron Panyab y Pechauar, en sánscrito Puruchapura, “Ciudad de Hombres”. Los ingleses se beneficiaron de todo ello. Gran Bretaña intentó del imperio chino ampliar su limitada misión comercial y los derechos portuarios de Cantón, infructuosamente. Las reformas de Matsudaira Sadanobu, consejero del chogun Ienari, llevaron al pleno apogeo la era Kansei.

Las Guerras de Coalición contra Francia favorecieron a Canadá, que encontró un mercado seguro para su pesca, trigo y madera hacia una Europa desabastecida, compensando con creces la decadencia del comercio peletero, consecuencia del fin de los lujos en Francia. La hiladora mecánica iba a suponer una revolución en la industria textil. En Estados Unidos, Whitney inventó una máquina desmotadora, capaz de separar la fibra de la semilla del algodón por medios mecánicos. La conjunción de ambas hizo que el algodón dejara de ser artesanal para convertirse en una planta industrial. A partir de entonces las grandes plantaciones de algodón comenzaron a ser rentables, y, gracias a la esclavitud, Estados Unidos pudo competir en precio con la producción hindú. Hasta 1.794, ocho años después de su muerte, no entró en vigor el Derecho Común de Prusia, que Federico IIº intentó imponer, bajo las premisas de que la Ley debe proteger a los más débiles, abolía la tortura e implantaba la independencia judicial. Tal vez los acontecimientos que se sucedían en Francia lo frenaran al principio, pero, junto con la legislación austríaca y toscana, terminaran por impulsarlo. Ante el fracaso del asalto y bloqueo del puerto de Tolón, Godoy envió al General Ricardos, que, aprovechándose de la sorpresa francesa, cuyas tropas defendían la frontera Norte, llegó hasta Perpiñán. Pero, tras algunos éxitos iniciales, el contraataque francés acabó con la vida de Ricardos, y las tropas españolas fueron expulsadas de Francia. Y de Figueras, Irún, San Sebastián, Bilbao, Vitoria, y Miranda de Ebro. Así que las tropas revolucionarias llegaron a Cataluña, Navarra y País Vasco, aunque pudieron ser detenidas en su avance. El 9 de Thermidor (27 de julio) Maximilien Robespierre fue apresado, acusado de tiranía ante la Convención, condenado a muerte y guillotinado al día siguiente: era la única forma de acabar con el terrorismo de Estado, eliminando a su insaciable impulsor. Y, ciertamente, aquél, el Estado del terror, se desintegró de modo sorprendente. La juventud protagonizó una reacción antijacobina: los gorros frigios fueron arrojados a los arroyos, y se destruyeron a mazazos las estatuas de los héroes revolucionarios. Los girondinos volvieron a París y se abolieron las medidas nacionalizadoras.

Estos, los dantonistas y los monárquicos que escaparon de la guillotina, junto con los nuevos ricos, que se habían aprovechado de la inflación y el abastecimiento militar, con inmensos beneficios, estaban interesados en consolidar la situación, por lo que pactaron la conquista del poder. El Comité de Salvación Pública desapareció, y así como el partido jacobino. Napoleón fue encarcelado durante dos semanas, posiblemente por su amistad con el hermano menor de Robespierre. Quizás esto le hizo plantearse la necesidad de dar fin a todo aquel proceso de vaivén, garantizar la estabilidad, la moderación, evitar radicalismos, que producían tanta oposición, y establecer un Gobierno fuerte, continuado, acabando con tal anarquía. Es decir, abjurar del jacobismo. Murió el marqués de Condorcet, Marie-Jean-Antoine-Nicolas Caritat, filósofo de la Historia, a la que consideraba un progreso gradual, indefinido e ilimitado, desde la ignorancia, las tinieblas y la barbarie hasta la civilización. Pero negaba que dicho proceso evolutivo estuviese dirigido por un Ser Superior. Era optimista en cuanto al progreso, aunque con limitaciones, pues reconocía que la línea ascendente llegaba a detenerse, e incluso a retroceder, en ciertas épocas. Establece que el progreso se debe basar en la reforma de las Constituciones, la educación, especialmente sobre la ciencia de la Naturaleza y del hombre. Y la supresión de todas las religiones. Johann Gottlieb Fichte publicó “Teoría de la ciencia”, en el que, a partir de las categorías apriorísticas kantianas, unifica todo el universo en una fuerza espiritual eterna que denomina Ego, “el yo”. Con lo que, nuevamente, se inventa un sustituto a la divinidad, que parecía haber empezado a estar mal vista. Todas las formas o categorías cognoscitivas, incluso la conciencia del deber, serían expresión de ese “Yo” absoluto, conciencia trascendental, científica y moral. Cada hombre constiuye un “yo” relativo o conciencia individual. Todo lo demás, la materialidad del universo, sería la negación, el resto, lo que quda fuera del “yo”. El proceso cognoscitivo se dividiría en una fase de concienciación o autorreconocimiento (traducido al lenguaje cartesiano equivaldría al “pienso, luego existo”) otra de enfrentamiento al “no-yo”, según la cual la materia vendría a ser la resistencia al proceso de idealización, y, por último, la asimiliación del “no-yo” reconociéndolo como creación suya. De alguna forma es otro modo de panteísmo, algo rocambolesco.

No cabe duda de que en él bebieron Hegel e incluso Freud. Durante la anarquía imperante en Irán, Aga Mujammad, un kayar, tribu de lengua turca, fue acaparando poder. Finalmente debió huir de la Corte del send Lutf Alí Jan, apoyado por las tribus del Norte. Poco después regresó para conquistar Esfaján y Kirman, donde se había refugiado Lutf Alí Jan. Mandó cegar a los 20.000 hombres que lo poblaban, incluido Lutf Alí Jan, y esclavizó a todas las mujeres. Tras reunificar Persia se proclamó chaj, iniciando la dinastía kayar. Holanda también intentó ampliar sus derechos aduaneros y sobre el puerto de Cantón respecto del imperio chino, y tampoco lo consiguió. El año IIIº de la revolución (1.795 P.C.) la Convención otorgó el Gobierno a un Directorio compuesto por cinco miembros. El poder legislativo se dividió en dos Cámaras: el Consejo de los Quinientos, que, a imitación de una de las últimas reorganizaciones políticas azenienses, debatiría las leyes, y una Asamblea de Ancianos (Senado) que las aprobaría. Prusia pidió la paz, llegándose al acuerdo de Basilea, por el que Francia llevaba sus fronteras hasta el Rin: los prusianos cedían lo que no era suyo. Más aún: les convenía disminuir el poder de Austria y empujarla a la guerra contra Francia. A cambio Prusia podría quedarse con lo que quedaba de Polonia: Francia cedía lo que no era suyo, castigando con ello a la aristocracia polaca, contraria a la revolución, al constitucionalismo, e incentivaba una guerra entre aquélla, Rusia, Prusia y Austria, que alejaría las tropas de éstas de la frontera francesa y las mantendría entretenidas un tiempo, que podría dedicar a la conquista de Italia. Maquiavelismo en estado puro. Aunque, desde la óptica francesa, revolucionario.

Al firmar la Paz de Basilea, España recuperó los territorios perdidos durante la guerra de coalición contra los revolucionarios. A cambio debió entregarles la parte que aún le quedaba de la isla de Santo Domingo. Así los franceses aumentaban su campo de operaciones contra los esclavos negros sublevados, arrinconarlos en las montañas e impedir que pasasen a uno u otro lado de la frontera. Desde una perspectiva colonial parece irrefutable que la metrópoli podía disponer de sus territorios a su albedrío. Pero los tiempos habían cambiado, y los independentistas propagaron la idea patrimonial que España tenía de ellos, con total desprecio a los intereses y deseos de los ciudadanos americanos. Por la recuperación de los territorios que dicha paz significaba, Godoy fue nombrado Príncipe de la Paz, recibió cuatro Grandezas de España, siete grandes cruces de Carlos IIIº, diez bandas de Mª Luisa, fue nombrado Regidor Perpetuo de Madrid, Cádiz, Málaga, Reus y Ecija, caballero 24 de Sevilla, caballero Gran Cruz de la Orden de Cristo, caballero de la religión de San Juan, protector de los Reales Academia de Nobles Artes, Instituto de Historia Natural, Jardín Botánico (fundado por Carlos IIIº, a colación del Museo del Prado, que fue iniciado con la herencia de la reina Cristina de Suecia, la hija del paladín del lutheranismo, la cual abdicó al convertirse al catolicismo tras enamorarse, aunque se sospecha que era bisexual, del embajador español, casi 30 años mayor que ella, a un obispo que se sospecha que también fue su amante, a cuya muerte fue a parar a la familia Farnesio, a la que pertencía la madre de dicho rey) Laboratorio Químico y Observatorio. Al parecer tales nombramientos se “justificaban” en que querían apoyar el intento de éste de limitar el poder de la nobleza, quizás para evitar una situación semejante a la que ocurría en Francia, para lo cual debían situarlo en posición preeminente respecto de la aristocracia, para que ésta no se le rebelara. Si se comparan los territorios recuperados, su importancia estratégica para la defensa y la unidad patria, así como su valor económico y demográfico, indudablemente había sido un buen cambio. Si se compara la situación con la existente antes de atacar a los revolucionarios, indudablemente se había perdido media isla productora de caña de azúcar. Así lo vieron los españoles y culparon de ello al favorito.

Pero lo cierto es que Francia también estaba derrotando a los austríacos, adueñándose de sus zonas de influencia italianas ¿Podía España haberse negado a “castigar” a los revolucionarios por el guillotinamiento del rey de Francia, también Borbón? ¿Qué habrían interpretado entonces los españoles? ¿Cómo habrían reaccionado? El pueblo consideró excesivo, injustificado el título de Príncipe de la Paz, lo que aumentó su odio hacia él. Más aún el del Príncipe de Asturias, consciente de que había ahora una posible alternativa a su herencia al trono. Sin embargo, además de una admiración desproporcionada hacia su valido, los reyes intentaban situarlo por encima del resto de la nobleza, que lo atacaba continuamente, acusándole, entre otras cosas, de carecer de títulos cuando llegó a Madrid, aunque tenía conocimientos de matemáticas, humanidades y filosofía. Así trataban de defender sus reformas, de mantenerlo en el poder, superando los enfrentamientos en los partidos de Floridablanca y los aragoneses, en quienes no confiaban. Aunque también es innegable la ambición del privado. En Francia se promulgó una nueva ley electoral que mantenía un sistema indirecto, de segundo nivel, lo que garantizaba la potenciación de la mayoría, pero retrocediendo hasta los censos fiscales, la democracia censitaria o burguesa. Todo ello aseguraba la mayoría a los moderados de la alta burguesía. La revolución seguía involucionando, desde la radicalidad del período del terror hasta un moderantismo liberal, que iba separándose de las expectativas ciudadanas, traicionándolas. Todo lo cual iba a distanciar,  aún más, a la población respecto del Gobierno, revolucionario descafeinado. Ahora el miedo era hacia la anarquía popular y los monárquicos. Estos y los demás contrarrevolucionarios, el 5 de octubre, así como el hambre que reinaba en la ciudad, provocaron una insurrección en París que las tropas no pudieron reprimir. El banquero Paul Barras, representante de la alta burguesía, el más prominente de los miembros del Directorio, llamó a Napoleón, quien, sin más miramientos ni escrúpulos dirigió unos cañones, facilitados por el joven Oficial de Caballería Joachim Murat, que llegaría a ser su cuñado, cargados con metralla, contra los insurrectos o, meramente, manifestantes. Ya no volvería a haber más demostraciones populares en París hasta después de que fuese deportado.

A continuación lo enviaron contra la revuelta de los campesinos monárquicos en la región de Vendôme, que se oponían a la constitución del Directorio. En honor de su triunfo se nombró así la plaza y se erigió en ella la columna conmemorativa, que narraba gráficamente, en forma helicoidal, dicha acción, al estilo romano. A partir de entonces se convirtió en el mando militar de confianza del Directorio. La ya impopular Convención se disolvió. Murió Maazu, rey de Nupe, entre Níger y Nigeria. Europa, es decir, “el mundo civilizado”, sólo conocía el Norte de Africa, poco más allá del límite del desierto, sus costas y las zonas de depredación para la captura de esclavos. Pero tal perspectiva iba a cambiar. Mungo Park inició una exploración del interior de Africa que duraría dos años. Los boers habían ocupado el Great Fish River, 800 kmtrs. al Norte del Cabo de Nueva Esperanza. Aga Mujammad chaj invadió Azerbaiyán, Armenia y Georgia, arrasando Tiflis. Miles de georgianos fueron esclavizados. Conquistó Yorasán, pero no pudo someter a Afganistán. La Compañía Holandesa continuó su política de reparto de dividendos sin una base económica ni contable que lo justificara, alcanzando una media de 3’7 millones de gulden. Como consecuencia había contraído una deuda de 119 millones de gulden, que hacía inviable su continuidad. Esto significaba un duro golpe para Holanda, una cuarta parte de cuyo comercio provenía de Asia. El cierre de la Compañía iba a suponer, además de la pérdida de los ingresos debidos a los dividendos repartidos, la de los préstamos que no pudieron satisfacerse, los impuestos que su actividad arrojaba al Estado y los salarios y puestos de trabajo que mantenía. Se produjo una tercera rebelión de los Miao en Yünnan, y en las zonas fronterizas chinas de Guichou, Sichuan y Junan, que duraría dos años. Fue terriblemente reprimida por los manchúes. Jefferson pretendía, como muchos estadounidenses, pagar la ayuda recibida de Francia aliándose con ella durante las Guerras de Coalición. Con muy buen criterio, dado que carecían de una Armada capaz de enfrentarse a la británica en una guerra intercontinental, ni podían contar con el apoyo franco-español, lo que hubiese permitido a Gran Bretaña desquitarse, o, incluso, replantearse la reconquista de sus antiguas colonias, Washington se oponía a ello, propugnando mantener la neutralidad.

En tal sentido se llegó al Tratado de Jay o de Londres, por el que Estados Unidos y Gran Bretaña acordaban solucionar sus discrepancias amistosamente. Jefferson y sus partidarios se opusieron a él, pero perdieron la votación en el Congreso, que supuso la primera gran división política, antecedente de la constitución de los futuros grandes partidos políticos. Los Estados norteños, sobretodo, se plantearon la necesidad de intercomunicarse. Virginia, Tennesee y Kentucky abrieron camino hacia el Oeste. Por ejemplo la “ruta salvaje”, de Richmond a Louisville. O entre Carolina del Norte y Tennesee. Por la Paz de Greenville, Estados Unidos expulsó a 12 tribus indias de Ohio, confederadas con los iroqueses, que se establecieron en el Territorio de Indiana. Con ello los miami se quedaron sin aliados, y tuvieron que refugiarse en Florida. En 1.796 abdicó el emperador de China, Ch’ien-lung, tras sesenta años de reinado, ya que no quería superar el mandato de su abuelo K’ang-jsi. Moriría tres años después, a los 88 de edad. Le sucedió Chia-ch’ing. De inmediato se reavivó la rebelión del Loto Blanco, con mayor virulencia que antes. El nuevo emperador debió emplear el ejército manchú y tropas auxiliares de los terratenientes para realizar campañas de gran envergadura, hasta que logró derrotarlo por completo. En Francia se descubrió la “conjura de los iguales”, un movimiento cuasi comunista que precisó la intervención del ejército para sofocarlo. Su caudillo, Gracchus (nombre de la familia de dirigentes demócratas revolucionarios de la República romana preimperial, castellanizada como los Gracos) Babeuf, fue condenado a muerte. La criolla, de la Martinica, Mª Josefa (Yeyette para los amigos) Rosa Tascher de la Pagerie, se había casado con el Vizconde de Beauharnais, mucho mayor que ella. Tras tener dos hijos se separó de él, hecho que le salvó la vida y la de éstos, cuando su marido y ella fueron condenados a la guillotina, por orden de Robespierre. Además de que concedió favores sexuales a sus carceleros para que retrasaran la ejecución de su sentencia, de modo que pudiesen continuar disfrutando de su prisionera. Tras la caída del régimen del terror, conseguida su libertad, se dedicó a dar fiestas orgiásticas para los nuevos dirigentes revolucionarios, recuperar el tiempo y la posición social perdidos, adaptándose al nuevo régimen hasta el punto de llegar a ser la amante de Barras.

En una de sus fiestas, que entonces eran ya sociales, conoció a Napoleón, y se casó con él, mucho más joven que ella, tres semanas más tarde, al comprender la influencia que tenía en el Gobierno, y que Barras no tenía la menor intención de casarse con ella. Este, que ya empezaba a recelar de la ascendencia de Napoleón, no opuso el menor obstáculo. Incluso favoreció tal boda, recomendándole que rompiera su noviazgo con Désirée. Este, que ya empezaba a recelar de la ascendencia de Napoleón, no opuso el menor obstáculo. En el ejército popular francés, a imitación de lo ocurrido en Estados Unidos, no se tenía en cuenta la clase ni la cuna, sino sólo la capacidad y los méritos militares. Esto originó una nueva generación de Oficiales, en sustitución de los aristocráticos. Estaban dispuestos a todo, en ellos el arrojo y la capacidad de arrastrar a las tropas al ataque eran sus principales virtudes. Tendrían menores conocimientos, experiencia y disciplina militares, pero en cambio, tras las primeras matanzas, adoptaron una forma de guerra sumamente flexible, que se adaptaba al terreno, el cual debían reconocer previamente, y no improvisar, heroica y despreciativamente, como hacían los aristócratas. Se cubrían mejor, resistiendo a la artillería y a los fusileros, y causaban graves daños a los ejércitos que decidían lanzarse al asalto contra ellos.

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